SER REVOLUCIONARIO

Zuleica Romay Guerra
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Mientras Hiram hablaba, yo pensaba que entre las guerras de esta época que nosotros no podemos darnos el lujo de perder están las guerras por el poder de las palabras y por la capacidad de asignación y legitimación de los significados. No es un secreto que la enconada batalla ideológica que libramos hoy, también se da en el terreno del lenguaje y de la interpretación: de las palabras, los hechos y los símbolos.
Nosotros a veces somos víctimas o participantes de esa tendencia de la mentalidad humana que es el avance del pensamiento conservador; tiene que ver con la posición social, con la edad, con la actividad social que realizamos, con nuestros ideales y nuestra filosofía de la vida. A veces, cuando mencionamos a los conservadores pensamos en los neocons que auparon a Ronald Reagan y a los Bush, otorgándoles poderes imperiales. Pero también hay una visión conservadora en Cuba de lo que es ser revolucionario, como la hay en cualquier otro lugar en que haya sectores de la sociedad dispuestos a luchar por transformarla.
Es la de aquellos que se resisten a cambiar lo que debe ser cambiado; que sobredimensionan los obstáculos y minimizan sus fortalezas y reservas; no creen en la capacidad transformadora dela gente organizada; y desconfían de los jóvenes. Para andar conservadoramente por la vida, poniendo límites al empeño transformador de los demás, no es necesario ser una figura política, un súper empresario, o el dueño de un monopolio radiodifusor. Son perspectivas que puede asumir cualquier persona, incluidas algunas que se autodefinen y se comprometen con proyectos indudablemente revolucionarios.
A veces nos cuesta entender que toda sociedad en desarrollo resemantiza constantemente su vocabulario, a la par que renueva su arsenal de símbolos. En nuestro caso, eso incluye el significado de ser revolucionario. Pero cuando alguien te dice que ser revolucionario es preservar las conquistas de la Revolución, tú tienes que estar inconforme, porque lo que la Revolución ha dado a los cubanos de hoy ha sido conquistadoa lo largo de medio siglo. Como proceso de transformación radical de las personas, las relaciones sociales y de la sociedad misma, la Revolución tiene que lograr nuevas conquistas, tiene que redefinir nuevas metas y tiene que construir nuevos símbolos.
Mi generación se nucleó en torno a un sistema de símbolos,algunos de los cuales a mi hijo le resultan ajenos o le dejan totalmente indiferente. Mi generación emblematizó vestuarios y coreó consignas que hoy han perdido parte de su poder movilizador. Mi generación cantó cancionesque nos quemaban el pecho comouna brasa, y que para mi hijo y sus amigos pueden resultar una especie de arqueología musical.
A mí me parece que si algo nos está fallando con la gente más joven,es que nosotros nosiempre los exhortamos a ir más adelante y les decimos que la Revolución es conservar lo ya conquistado. Eso no es la Revolución, porque el día que nosotros nos conformemos con preservar lo conquistado, empezamos a perder la Revolución. Creo que nosotros no siempre somos conscientes de que esta Revolución -en un sentido dialéctico-, agotó parte de sus discursos, su lenguaje y sus símbolos. Todo eso tiene que ser permanentemente reelaborado, enriquecido; ¡revolucionariamente subvertido!, a tenor con los cambios que la propia sociedad va experimentando.
Con las mejores intenciones,a veces no logramos movilizar a las personas para hacer cosas sencillas en beneficio de todos. Yo sí creo que en este país vive gente mayoritariamente revolucionaria. Se demuestra cada vez que un ciclón amenaza pasar por La Habana. Porque no nos confundamos:en ningún otro país la gente hace lo que aquí:“oye ven para acá que si se te cae el techo…esta es tu casa”, Esa actitud altruista, solidaria, que por cotidiana a nosotros nos parece normal, muestra que hay en nuestra gente una fibra revolucionaria. También es cierto que hay gente desmotivada, hay gente desorientada porque no hemos redefinido lo suficiente cuáles son las metas de orden social que deben ser asumidas, y sobre todo concretadas,a nivel individual.
Somos conscientes de la trascendencia de nuestras políticas socialesy nuestros indicadores de mortalidad infantil, escolarización, acceso a la cultura y justicia social. Pero siempre debo preguntarme: a mí, revolucionaria cubana que vivo en la esquina de Tejas, ¿qué me toca hacer? Alguien me tiene que convocar, estimular a que yo identifique,entre un amplio abanico de posibilidades, mi aporte personalal empeño colectivo;algo que me incentive a luchar por alcanzar esas metas. Los que fueron jóvenes en los 60 lo tuvieron, los que fueron jóvenes en los 70, también; y nos duele que ahora haya jóvenes que solo tienen expectativas y propósitos de orden individual.
Ese consenso sobre cuáles son las nuevas metas de la Revolucióndebemos construirlo entre todos, pues bien se aprecia que nuestro proyecto revolucionario ha entrado en una fasede reconstrucción de consensos. Me atrevo a decir que la inmensa mayoría estamos de acuerdo en qué queremos, pero hay diferentes opiniones sobre cómo lograrlo. Esono evidencia ningún trauma, sino que es parte del mecanismo de funcionamiento de una sociedad participativa como la nuestra. Sobre todo hay que dejar que los muchachos –yo, como tengo un hijo de 24 años a ustedes les digo muchachos-, hay que dejar que los muchachos se impliquen en la construcción denuevos consensos.
A veces nos parece que los planteamientos que hacen son inmaduros, que son extremos, que están absolutizando. Y les decimos:“No compañero, usted no sabe historia de Cuba, porque usted no sabe que en tal etapa sucedió tal cosa”. Yo he observado que muchas veces los jóvenes sí lo saben, pero tienen otra interpretación. Ese tipo de debate se da hoy en cualquier familia cubana.
Por eso creo que el ser revolucionario es, ante todo, una condición; pero es una condición concientizada a escala individual y conceptualizada también de forma individual. En este país puede haber tantos conceptos de Revolución como personas dispuestas a que nuestra sociedad se mueva siempre hacia delante y no retroceda en lo que ha logrado. A algunos esa flexibilidad le puede parecer muy relativista, pero es lo que he observado a nivel popular. No creo que sea fácil poner de acuerdo a variaspersonas, con total exactitud, en qué significa ser revolucionario. ¡Ah!, yo creo que la gente sí pudiera estar de acuerdo en qué habría que hacer o qué actitud habría que asumir ante la vida para reconocerse revolucionario.
Hay muchachos que escriben canciones que horrorizan a la gente de mi generación; y ellos dicen que son revolucionarios. Ellos asumen que es su contribución a los cambios que la sociedad necesita. Que su manera de aportarle a este país es esa. Y una, si no está de acuerdo con ellos, tiene el derecho y el deber de discutirlo, pero utilizando también los códigos de comunicación y el universo simbólico de los jóvenes de hoy. No puedes creer que baste con hablarles de las luchas independentistasdel siglo XIX, o decirles que este país fue otro después de la victoria de Girón. Algunos reaccionan como si les contaras historias lejanas, con las que no se sienten emocionalmente conectados.
Entonces, a mi me parece que si nuestras instituciones revolucionarias, nuestro sistema de educación, las organizaciones sociales y políticas promovieran este tipo de discusiones-porque ya se sabe que no podemos hacer un referéndum para llevar a votación el significado de un término-, lograríamos lo que aquí se está pidiendo…. que seamos capaces de hallar nuevos significadosen las palabras, los conceptos, las representaciones sociales y los símbolos que nos han traído hasta aquí.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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