La agenda del desarrollo

Dr.C. Juan Triana Cordoví

(Transcripción íntegra de las palabras pronunciadas el 18 de septiembre en el espacio Dialogar, dialogar, que auspicia la AHS y tiene lugar los penúltimos miércoles de cada mes a las 4:00pm en el Pabellón Cuba. Revisadas y corregidas por el autor)

Los temas los voy a tratar en forma de pequeños mensajes. Son dos grandes temas: El proceso de actualización, su evolución  y su dinámica —de ahí no voy a decir nada, porque de eso va a hablar Ariel Terrero—, solo voy a decir algo bien reducido. Y el segundo tema son los problemas no resueltos de este proceso de transformación de la economía cubana, que hemos llamado proceso de actualización.

Comienzo por el primero de los temas. Quisiera subrayar que, desde mi perspectiva, este proceso de transformación que tiene en esta fase de actualización su etapa actual, en realidad su historia no comenzó en el 2010, comenzó mucho antes: en 1990. Por tanto si queremos entender lo que está ocurriendo hoy, tenemos que de alguna manera hacer historia, no la voy a hacer hoy aquí, pero definitivamente ha sido un proceso largo de transformaciones que ha acompañado una crisis de la cual nuestro país no ha salido. Llevamos más de 20 años en crisis, administrando una crisis —lo dijo Raúl— y es algo que en algún momento tiene que terminar definitivamente. Por eso estos temas del desarrollo son tan relevantes a la hora de mirar a nuestro país actualmente y pensar qué es lo que debemos hacer.

Lo otro es que, como todo proceso, es un proceso vivo, es un proceso complejo, un proceso que involucra a toda la sociedad y a todos sus sectores y evidentemente hay un tema que está permanente arriba de la mesa, que es esa relación entre las ideas y la realidad y quiénes ponen los límites en esa relación. Es muy difícil en realidad, creo que es un proceso constantemente innovador por las propias características que tiene, por las propias características de nuestro país, por esa triple condición de ser un país subdesarrollado, pobre y bloqueado. Entonces esto hace que seamos innovadores.

Hasta ahí lo que yo quería decir del proceso en general.

En cuanto a los problemas no resueltos.  Creo que hay un grupo de problemas importantes no resueltos. Desde mi perspectiva, se puede explicar perfectamente por qué algunos de ellos no están resueltos.

Creo que el primero de esos problemas es la relación entre la política económica de actualización —como lo entendemos hoy— y la economía política de la transición socialista, este es un tema no resuelto, ahí hay un grupo de asuntos de los cuales se puede estar hablando días, hay cursos de posgrado sobre este tema que pueden durar 6 meses. Por ejemplo el primero: ¿Cuales son los rasgos que definirán al socialismo cubano? Si alguien lo sabe que levante la mano y nos lo diga, para resolver un problema, ¿no? No lo sabemos con precisión.

Siempre he sostenido que nosotros nos aproximamos más al socialismo por la negación que por la afirmación. Ya sabemos qué cosa no es el socialismo o sabemos que cosa queremos que no sea nuestro socialismo, pero no sabemos bien, estamos en una situación de medio incertidumbre en cuanto a qué es lo que queremos que sea de una manera total, no como un esbozo grande sino ya como una fotografía con todos sus detalles; lo cual me parece además lógico (o sea, que sea un esbozo en vez de una foto de alta definición), por este mismo asunto de que es un proceso muy innovador y muy vivo.

El segundo asunto de este tema de las políticas económicas, de la actualización y la economía política, es: ¿qué entender por medios de producción fundamentales? No debemos caer en la trampa de decir que el socialismo es la propiedad del estado sobre los medios de producción fundamentales, sino que, en algún momento, eso tenemos que concretarlo y decir: los medios de producción fundamentales para el socialismo que queremos son estos y estos no son medios de producción fundamentales. Y por lo tanto, sobre esa base ya concreta se pueden definir políticas y acciones concretas sobre este asunto.

Por ejemplo: ¿es Coppelia un medio de producción fundamental, o no es Coppelia un medio de producción fundamental para el socialismo que queremos? Parece una cosa baladí, pero Coppelia es un centro de riquezas, ¿pero es fundamental o no es fundamental para el socialismo? ¿Es una fábrica de zapatos fundamental para el socialismo o no es fundamental? Porque al final hay que definir políticas concretas, porque la economía se construye ladrillo a ladrillo.

Lo tercero: ¿cómo ejercer de forma efectiva la propiedad social  sobre los medios de producción que están en manos del estado? Una pregunta rapidita, para incentivar la inteligencia: ¿Son las OSDE —esta institución supraempresarial que hemos creado ahora para manejar las empresas— las que van a resolver ese problema? ¿Y si no son las OSDE, qué tipo de institución es la que va a permitir ejercer la propiedad social sobre los medios de producción desde el estado?

Lo cuarto: ¿Cuáles son los límites entre lo social y lo estatal, lo colectivo y lo privado? ¿Dónde están? ¿Quién los pone? Durante mucho tiempo la prensa manejó la idea de que un dirigente de la Revolución dijo que el 50 % del empleo, el 40 % de la producción o algo así… ¿Es ese el límite? ¿Alguien lo sabe en realidad? ¿Eso es lo que nos conviene para el socialismo que queremos cuando definamos qué cosa es el socialismo que queremos? Esos son asuntos de la economía política que no están resueltos aún. Yo creo que en mucho y con mucha razón no pueden estar resueltos hoy, no está escrito  cómo hacer el socialismo cubano en 10 minutos, nadie lo ha escrito todavía.

Un segundo aspecto que tiene que ver con los problemas no resueltos es el de la agenda de desarrollo, que fue por lo que más me convocaron aquí.

Yo voy a preguntar algunas cosas:

1. ¿Es posible el socialismo sin el desarrollo? De hecho, lo que se nos enseñó durante mucho tiempo en la economía política era que sí, que era posible el socialismo en un país subdesarrollado. Después la vida demostró que parece que no es así. De hecho los países que sí han alcanzado el desarrollo en los últimos 25 años lo han hecho desde el capitalismo, no desde el socialismo, y para colmo de males, aquellos que eran socialistas y de pronto nacieron al capitalismo, se vieron más atrasados que muchos de los países que habían sido capitalistas durante mucho tiempo. Por lo tanto eso le plantea a nuestra ciencia y a nuestro esfuerzo una cuota alta en términos de solución teórica.

2. ¿Es posible desarrollarse sin crecer? También durante mucho tiempo en Cuba se esparció la idea de que era posible el desarrollo sin el crecimiento económico. Hoy parece que la vida ha demostrado, si somos marxistas y materialistas dialécticos, que no es posible alcanzar el desarrollo sin el crecimiento. Los países que han sido exitosos —eso está ahí documentado, hay pruebas, es la realidad— en este esfuerzo de desarrollo, han logrado tasas de crecimiento mayores casi siempre del 6% durante períodos de 20- 25 años. Ahí hay un grupo de alrededor de 18 países que lo han hecho, y han pasado de un status de país muy pobre a país emergente en desarrollo.

3. ¿Qué hace falta para crecer? Una pregunta importante en un país que crece a una tasa del 3%, o sea estamos a la mitad de esa tasa deseada. ¿Qué nos hace falta para crecer? Hay un grupo de ideas sobre eso: nos hace falta ahorrar, nos hace falta inversión extranjera; pero nos hacen falta también un grupo de condiciones macroeconómicas que garanticen que el crecimiento sea estable, y sin esas no podemos crecer. Hoy Cuba tiene grandes distorsiones macroeconómicas todavía no resueltas, que algunas de ellas no nacieron en el año 90. Siempre hablamos de la doble circulación monetaria, de la sobrevaluación de la tasa oficial de cambio en Cuba, pero la sobrevaluación de la tasa oficial del peso cubano viene desde 1959, exactamente desde 1958, que era cuando Cuba tenía que haber devaluado su moneda. Desde entonces lo hemos arrastrado y realmente ha sido desde la fiscalidad desde donde se han asumido una parte  importante de los problemas monetarios. Esa es una de ellas. La otra es que esto influye además en otros problemas como el de los precios relativos; y lo otro es que evidentemente esos precios tienen que estar influenciados por las condiciones internacionales, cosa que durante mucho tiempo nuestra economía evitó.

Yo sé que todavía hoy hay muchos compañeros, y eso se ve mucho sobre todo en el noticiero, que aspiran a que el boniato se pueda vender de nuevo a  20 centavos y le echan  la culpa a la oferta y la demanda, pues quitémonos esa aspiración, nunca se volverá a vender el boniato en Cuba a 20 centavos, a menos que nos estemos muriendo absolutamente todos de hambre, porque sencillamente los costos de producción del boniato han aumentado. Cuando el boniato se vendía 20 centavos los guajiros compraban el petróleo en la bolsa negra a 2.00 pesos el litro, hoy tiene que pagar 10 pesos; si el precio del petróleo se ha multiplicado por 5, nadie puede pretender que el precio del boniato no se multiplique por 5, por 6 o por 8.

Por lo tanto, más allá de la oferta y la demanda, que a veces juegan algún papel, hay que entender que los costos de producción también juegan un papel. Cuando el guajiro tiene que pagarle a un jornalero 50 pesos diarios por trabajar de 7:00 de la mañana a 2:00 de la tarde, no se puede pretender que el boniato se vuelva a vender a 20 centavos en los agros. Habría que pretender poder comprarlo con un salario adecuado, pero no al revés. Cosas como esa tenemos que entenderlas en el tema del desarrollo; o sea, las condiciones macroeconómicas son fundamentales porque si no alteran las señales de la economía y se asignan recursos a aquello que no es eficiente y se desperdician recursos.

Lo otro que, con relación al desarrollo, tenemos que preguntarnos es: ¿quiénes deben ser los agentes del desarrollo? Durante mucho tiempo en Cuba, por la manera en que asumimos la economía, fue el estado el principal responsable como agente del desarrollo, pero hoy nuestra economía es mucho más diversa, en aquellos tiempos el estado era el 90 % de la economía, la propiedad estatal abarcaba prácticamente toda la economía, con excepción de algunas islas en la agricultura y en flete, en la transportación por camiones. Hoy no es así.

Entonces, si hoy hay una diversidad de formas productivas, una de las cosas que tenemos que entender es que todas esas formas productivas deben ser o pueden ser agentes del desarrollo. La pregunta es cómo incorporarla de manera proactiva a ese proceso de desarrollo y eso no está resuelto y no está resuelto porque muchas veces nuestra propia cultura, esa que todavía tenemos y que nos hala hacia atrás, nos impide ver las oportunidades que esas diversas formas dan a nuestra economía y de hecho eso después se plasma en instituciones, regulaciones que existen y que muchas veces impiden que esas formas participen.

Lo más notorio que tiene que ver con la discrecionalidad que era algo que iba a decir después, pero lo puedo decir ahora, es lo que divulgó hace muy poco el periódico y la gaceta oficial ampliando la participación en las ventas de los hoteles a los campesinos privados. Nos demoramos dos años para aprender que los campesinos privados también podían venderles a los hoteles pero ahora que lo ampliamos le dijimos a los campesinos que podía vender huevos de gallina y de codorniz, de pato no. Por lo tanto el guajiro que tenga una cría de patos cerca de un hotel no podrá venderle los huevos de pato al hotel. Eso es discrecionalidad positiva, que es una de las cosas peores que puede pasar en la economía, que es cuando a uno le norman qué puede hacer y todo lo que no está normado que se puede hacer, está prohibido hacer. Y por lo tanto le van pasando por delante oportunidades de negocio una detrás de otra, que no se pueden aprovechar.

Eso pasó con el objeto social que creo que anda por ahí cerca su funeral.  Le decíamos a una empresa hasta en la moneda que tenían que comerciar y si tenía un negocio fabuloso en otra moneda, no lo podía hacer y lo perdía sencillamente. Nadie ha sacado la cuenta de cuánto cuesta eso, nadie jamás ha sacado la cuenta de cuánto dinero el país tuvo que gastar en importaciones porque los campesino privados no podían venderle a los hoteles. Son de las cosas que cuestan en el desarrollo. Eso me lleva al tema de las instituciones y el desarrollo, o sea, evidentemente este es un proceso donde se actualizan muchas cosas pero donde se crean muchas cosas nuevas.

La economía hoy en nuestra sociedad es tan nueva, pero tan nueva, que hay muchas cosas que no se pueden actualizar porque antes no existían, han sido creadas y habrá que crear otras. Por ejemplo la expansión de las relaciones de mercado lleva a crear instituciones para que el mercado funciones bien. Ahí no hay que actualizar nada, no existían.

En Cuba no hay un organismo que regule la competencia, no lo hay, ¿por qué? Porque durante décadas no aceptamos la competencia. Bueno pues ahora hay que aceptarla, porque hoy un cuentapropista, una cooperativa puede hacer lo mismo que una empresa estatal y mejor, pero si yo le doy el monopolio a la empresa estatal, pues entonces nunca el cuentapropista o la cooperativa, podrá competir con ella y entonces asignaremos recursos de manera errónea a una empresa estatal que los desperdicia, que los usa ineficientemente porque no podemos contratar a un cuentapropista.

El ejemplo de las cooperativas no agrícolas es especial ¿Quién decide qué cooperativa se aprueba?: el organismo de referencia, que es juez y es parte. Ha ido funcionando, pero deberá cambiar. Tenemos que ir aprendiendo en ese proceso. Estamos en los primeros pasos, imagino que después esto se abra, que sea mucho más fluido, que la gente por vocación propia se una para montar un negocio cooperativo y no tenga que esperar a que lo apruebe el ministerio de cualquier cosa, porque si no el proceso se tarda mucho.

Evidentemente a nosotros nos hacen faltan reglas para sustituir la discrecionalidad positiva y nos hace falta que funcionen mejor un grupo de instituciones que ya existen y que sí hay que actualizar, entre ellas la planificación —solo lo voy a enunciar—; porque con el estilo de planificación que tiene Cuba hoy, no es posible avanzar en lo que queremos: no es suficientemente dinámica, no es suficientemente flexible, para manejar tantas formas de propiedad diferentes. Con esto voy terminando.

Lo que me queda con relación al desarrollo es que tenemos que definir qué país queremos. Yo creo que el presidente Raúl ha avanzado en esa definición, todos desfilamos el 1ro de mayo bajo una consigna de lo más impresionante: “Queremos un país socialista próspero y sostenible.” El asunto está en quién le pone el cascabel al gato.

Alguien me puede responder ahora, ¿qué es ser próspero en Cuba?, o mejor aún, ¿qué es ser próspero en La Habana y qué es ser próspero en Mayarí Arriba?

El tema de la prosperidad no es tan fácil. Yo creo que es muy útil decir que el socialismo está asociado a la prosperidad de las personas, pero en Cuba la varilla de la prosperidad está muy alta. Mientras que en Bolivia una familia se considera próspera si su hijo puede matricular en una escuela, en Cuba eso lo resolvió la Revolución hace 40 años —40, no 10, no 20, hace 40. Y mientras que en un país como El Salvador una familia se considera próspera si de los 3 niños que nacen uno o dos llegan a la edad de adultos, en Cuba prácticamente llegan todos, porque nuestra tasa de mortalidad es de menos de 5 por mil nacidos vivos. Eso lo resolvió la Revolución hace 30 años. Entonces cuando ustedes cogen los índices de bienestar que usa Naciones Unidas, ya Cuba pasó esa varilla, estamos en el nivel alto, por lo tanto la varilla de la prosperidad en Cuba es muy alta y muy distinta a otros países y mucho más compleja, pero necesariamente tenemos que ser un país próspero y aunque parezca contradictorio, las personas no se perciben a sí mismas como prósperas, por disfrutar de esas condiciones que acabo de mencionar.

Para mi ser próspero es que el P12 (el ómnibus que me trae y me devuelve todos los días) pase cada tres minutos por frente a mi casa, por ejemplo; pero en Mayarí Arriba ser próspero es lograr que un camión serrano pueda sacarlo a uno una vez al día hasta la carretera. Son dos tipos de prosperidad totalmente diferentes y en ese sentido es complejo y lo subrayo porque la meta del desarrollo no es una meta simple, es una meta compleja.

Yo quería terminar además, porque creo que he hablado mucho, con una frase de Martí que he dicho muchas veces, la repito cada vez que puedo, porque no es una frase, es mucho más que eso y casi siempre los cubanos llegamos a un Martí cercenado; alguien, de una manera u otra, nos lo corta en pedazos y nos lo sirve en el aderezo que más convenga. Esta es una frase que el profesor Lázaro del Departamento de Desarrollo de la facultad de Economía me hizo ver una vez y yo creo que es una frase magnífica, dice: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre —es la frase famosa que todos conocemos: “ser culto para ser libre—, pero en lo común de la naturaleza humana se necesita ser próspero para ser bueno”.  De eso se trata, de lograr una sociedad buena, pero para lograr una sociedad buena tenemos que ser una sociedad próspera, de no ser así no lo vamos a lograr. De la miseria salen miserables y de vez en cuando algún virtuoso; pero las revoluciones no se hicieron desde la miseria, no es la miseria lo que las provoca, las provoca la desigualdad.

Los miserables, los que apenas tienen para comer prácticamente no tienen tiempo para pensar en revoluciones, tienen que dedicar el tiempo a pensar en buscar un pedazo de pan. Es por esto que casi siempre las revoluciones la lideran aquellos sectores de la sociedad que están por encima de esas necesidades básicas: los sectores medios de la sociedad. Esa es la historia de la Revolución Cubana, desde Céspedes hasta hoy. Por eso hace falta ser próspero para además poder pensar en el futuro. Si solo tenemos que pensar en el presente, en lo cotidiano, en las necesidades vitales, no podemos proyectar el futuro.

Muchas gracias (Aplausos).

Intervenciones durante el debate

Creo que lo primero que hay que preguntarse es si realmente existe un ambiente tal que permita que haya nuevos actores con nuevas maneras de pensar, creo que ese es el asunto.

Lo segundo que quiero decir es que yo aprecio que desde el liderazgo político del país, especialmente desde Raúl Castro, una actitud muy abierta hacia la discrepancia, lo ha dicho muchas veces. El Presidente ha intentado introducir la cultura de la discrepancia en un país intolerante, definitivamente intolerante. Esa es nuestra realidad, podemos tomarla y pintarla del color que queramos, pero hemos sido intolerantes. Todos los que estamos aquí y tenemos más de 20 años hemos sido intolerantes en algún momento de nuestra vida, y nos criamos sobre la base de la intolerancia. Y esa es una cultura difícil de desarraigar, especialmente cuando los funcionarios públicos muchas veces se atribuyen el papel de Dios y no el de ser servidores públicos, que es lo que son, ahí hay una inversión total de roles: un funcionario público es un servidor público, no es al revés; pero muchas veces se convierten en interpretadores de Dios o, como dice Silvio, en aquella antológica canción “Resumen de Noticias”, se convierten en  “perseguidores de nacimientos”.  Sobre esa base habría que hacer el análisis.

Creo que hoy hay más espacio, definitivamente hay muchas más oportunidades que hace diez años. Pero nos queda mucho por andar en ese camino, muchísimo por andar.

A mí me cuesta mucho trabajo pensar que desde los funcionarios que han trabajado por 20 años en una misma institución se pueda hacer una transformación realmente revolucionaria de la misma, mucho trabajo me cuesta pensarlo, muchísimo. Generalmente existe la tendencia a crear el futuro proyectando el pasado, y el futuro no se construye proyectando el pasado. El futuro en sí mismo es algo diferente al pasado, aunque lo contenga, pero diferente al pasado.

Lo otro que quiero decir, con relación a este asunto, es que los procesos revolucionarios necesitan de la juventud, como el cuerpo necesita de la sangre. Y yo si estoy convencido de que si la Revolución no la hubieran llevado a cabo y no hubiera triunfado la guerrilla de Fidel Castro, con jóvenes de menos de 40 años en su liderazgo, en su inmensa mayoría, esta no fuera la Revolución que tuviéramos. Y eso sí es generacional, netamente generacional. Nosotros, los que tenemos más de 55 nos podremos esforzar en ser muy revolucionarios, pero no somos ni fisiológica ni mentalmente capaces de llevarlo a cabo con la consecuencia que hace falta. La Revolución fue un parte aguas, un cataclismo social, económico, ideológico, político – en el sentido en que removió los cimientos de nuestro país-  y eso solo se podía enfrentar desde la fortaleza de la juventud sin compromisos, lo digo clarito, no me gusta dejar dudas en lo que pienso. Si Fidel Castro, en vez de tener 33 años, hubiera tenido 63, no hubiera hecho la Revolución que hizo, estoy convencido de eso, absolutamente convencido. Por eso la juventud sí hace falta y hace falta que lidere esos procesos y hace falta que sea una juventud que le podamos limar algunos lóbulos cerebrales, algunas circunvalaciones ahí, pues también ha sido condicionada por nuestras maneras de apreciar y enfrentar los nuevos retos y ponerle otras definitivamente.

Lo otro que quiero decir es que, evidentemente, no solo hacen falta nuevos actores asumiendo nuevos roles, sino definitivamente, hace falta identificar cuáles son los roles que nos hacen falta de esos actores.  Esa es mi idea sobre eso (Aplausos).

Mire, yo entiendo perfectamente la pasión con que usted habló; creo que usted no fue el único que lloró, hubo muchos que lloramos, a muchos nos costó más que llanto, hubo varios que, al menos desde su ámbito discutieron todo lo que pudieron discutir. Lo voy a decir igual, desembozadamente, como siempre lo he dicho: para mí fue un error, o fue el clímax de los errores cometidos con la producción azucarera.

Sé que una vez, en una conferencia que yo hice en biotecnología, algunos biotecnólogos se pusieron bravos porque dije que si la biotecnología existía en Cuba y el turismo, se lo podían agradecer a la caña de azúcar, y que la estatua que tenía que estar en el Polo Científico era la de un machetero, no la de un científico, porque esos dineros salieron de allí, de la producción azucarera que, en las peores condiciones del mundo y de la economía mundial, siempre dio dinero; cuando el azúcar se vendía a un centavo la libra, daba negocio.

Porque, además, el azúcar es como un banco, usted puede dejar de cortarla este año y cortarla el año que viene, si los precios están buenos, porque además es una fuente inagotable de otros productos de los cuales el azúcar es uno.

Cuba logró un gran desarrollo en el estudio de todas las potencialidades de la producción azucarera, desde alimento animal, pasando por energía hasta la sucroquímica, o sea, hasta la química y la alcoquímica y hasta la producción de alcoholes, no solo para divertirnos tomando aguardiente que hace falta  —también la vida hay que adornarla de vez en cuando—, sino para producir polímeros, esas investigaciones están en el CENIC, yacen todavía ahí, a mí me las pasó el compañero que las hizo, con los estudios de factibilidad hasta la propia puesta en marcha de la fábrica, eso está ahí.

Es cierto además que, en un momento determinado la coyuntura de precios del azúcar nos fue muy mala, pero el mercado es sobre todo malo, cuando no estamos preparados para enfrentarlo.  Eso nos pasa ahora con el níquel.  No sé si hemos creado un fondo de estabilización del níquel cuando los precios tenían picos de 52 000, no sé qué se ha hecho, si las autoridades en algún momento crearon un fondo de estabilización para mantener la industria funcionando.  Porque lo que está claro es que la industria del níquel no se debe parar, ahora, para no pararla hay que asumir, en un momento determinado, los ciclos de baja de la producción.

Algunos países como Chile, que tienen una tradición minera, han lograr crear un fondo de estabilización que solo puede ser utilizado si el Congreso en pleno lo autoriza, y eso facilita —estoy hablando del Chile neoliberal, para que nos entendamos— que cuando los precios bajen haya un recurso para mantener la producción, para que las fábricas no se cierren.

Con el azúcar nunca se hizo, el azúcar fue la vaca lechera que nunca alimentamos bien, de la cual lo sacamos todo y nunca le dimos nada.  Y, lógicamente, llegamos a esa decisión en el momento en que, realmente, los precios del azúcar comenzaban a subir; el azúcar comenzó a subir los precios a finales del 2004 y logró tener precios siempre estables al alza hasta hace unos meses.

Si sacamos la cuenta del dinero que Cuba dejó de ingresar solo por la exportación de azúcar, suponiendo que hubiéramos logrado exportar unos 2 millones, 2 millones y medio de toneladas de azúcar por año, estamos hablando del precio de 500, 600, 700 dólares la tonelada en algunos picos de precio, o sea, 27 centavos la libra de azúcar.  Ese era el precio que nos pagaba la Unión Soviética a nosotros, con eso se hizo este país, a ese precio en aquellos tiempos se hizo este país; con eso se hicieron las secundarias, los hospitales, las universidades, los centros de investigación, esta cultura fabulosa que tenemos, estos músicos agradables que tenemos hoy, se hizo con azúcar, no fue con otra cosa, fue con azúcar que es lo que Cuba ha exportado toda su vida.  Nosotros somos una azucarera, no más que eso; a veces ahora somos un pedacito de playa, pero somos sobre todo una azucarera y eso lo olvidamos.

Olvidamos otra cosa de la historia que es triste que la hayamos olvidado, y es que el sector azucarero cubano fue el alma máter del proletariado, en un país con chinchales, las grandes industrias eran las grandes industrias del azúcar; donde el proletariado se podía organizar de mejor manera era en la industria azucarera y donde surgieron nuestros principales líderes obreros fue en la industria azucarera, y eso también lo olvidamos.

Realmente hay un grupo de errores importantes cometidos.  Yo le voy a dar datos: en 1963, después de haber perdido el mercado norteamericano, la producción de azúcar bajó a 3 millones de toneladas.  En 1964 se firmó el acuerdo con la Unión Soviética para producir 22 millones y medio de toneladas hasta 1970, y en 1966 ya Cuba volvió a producir 6 millones de toneladas; o sea, en tres años, sin cortadoras brasileñas, a golpe de mocha, Cuba recuperó en tres años la producción azucarera y la volvió a montar en 6 millones de toneladas, en tres años subió 3 millones de toneladas.

Nosotros llevamos 5 años tratando de alcanzar 2 millones de toneladas y no lo hemos logrado, a pesar de AZCUBA; yo respeto a todos los compañeros que trabajan allí, porque bueno muchos de ellos tienen mi edad y han trabajado abnegadamente en el sector. Mi generación tiene una relación de amor y odio por el azúcar, porque nos pasamos tres, cuatro, cinco años de nuestra vida cortando caña seis, siete meses, después hacíamos el curso en dos y tres meses más o menos; eso fue así, incluso tenemos esa relación.  Pero yo lo entiendo perfectamente, creo que realmente es una de las grandes riquezas que Cuba hoy no está aprovechando al máximo, entre otras cosas, por temas tecnológicos, por ejemplo. Debemos tener un atraso tecnológico en la industria azucarera total y absoluto, y la tristeza es que hoy vengan los brasileños a enseñarnos a producir azúcar, eso creo que es la parte más triste, la parte trágica de este asunto, la más trágica de todas, es que tengamos que recibir brasileños para que nos enseñen a producir azúcar, siendo nosotros quizás el país con más tradición en producción azucarera del mundo. Es lo que les puedo decir.  Creo que, al menos hoy, existe la idea clara de que es una industria que hay que recuperar, y eso es bueno, podremos discutir después la manera de recuperarla, porque para todo hay que aprender.  Y, definidamente, cuando uno desarticula un sistema productivo, le cuesta mucho trabajo volver a rearticularlo.  Es una de las experiencias más interesantes que hay.  Por eso los países se cuidan mucho de desarticular los sistemas productivos.

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Los cubanos, genéticamente, somos eufemistas, nos gustan los eufemismos, nosotros al robo le decimos desvío de recursos, es una cosa increíble: si un tipo agarra un aire acondicionado de su oficina para su casa eso no es desvío de recursos, eso es robo, pero desvío de recursos suena bonito, entonces es más cómodo.

Hay que entender que estamos creando una cultura nueva y que en esa cultura nueva hay un proceso de gestación.  A veces cuesta mucho trabajo aceptar palabras que para mucha gente son muy duras, como por ejemplo propiedad privada, negocios privados, pequeñas empresas. Evidentemente un paladar que emplea a 15 personas no es un cuentapropista, eso es un negocio particular con todas las de la ley. Pero lamentablemente todavía nos pasa eso.

Yo no quiero decir mucho de la prensa porque tengo a uno aquí, pero a la prensa le pasa mucho, a veces porque quizás nadie les haya dicho que no tienen que pedir permiso, pero están acostumbrados a pedir permiso para todo, entonces yo no quiero meterme en otro mundo, yo tengo el mío, y ahí hay que entender esas cosas.

Hay diferencias sustanciales entre el sector no estatal y el sector privado.  Hay cosas que pueden ser no estatal y no ser privadas, el sector cooperativo es otra cosa, el cooperativo es más afín a nuestra manera de ver el futuro, por lo menos la mía.  En Viet Nam no sirvió, quitaron todas las cooperativas, no hay una, desaparecieron y dejaron la propiedad privada, incluso en la producción de arroz. Viet Nam es el segundo exportador de arroz del mundo sobre la base de producción privada de arroz, no de producción cooperativa.  O sea, son procesos diferentes y son categorías diferentes.

Soy optimista, si no fuera optimista ya me hubiera suicidado o no estaría aquí, para que nos entendamos. Y sí creo que la Revolución tiene la capacidad de rehacerse constantemente, de hecho eso es parte del proceso revolucionario, estarse reconstruyendo sistemáticamente; a veces perdemos de vista eso.  La  Revolución es un fenómeno vivo, totalmente vivo, no hay ningún esquema donde se pueda meter y encerrar el proceso revolucionario. A veces lo interpretamos mal, eso nos trae realmente grandes problemas. Evidentemente, no ahora con estos cambios, antes, sin cambios, también había intereses.

Es falso pensar que antes de 1989 esta era una sociedad homogénea donde todo el mundo recibía lo mismo, pensaba igual y todo el mundo era feliz.  Eso es mentira, sino no hubiera habido el proceso de la titimanía, el de las casas de descanso, el de la chapa estatal para los carros, no, no, no, no. Aquí las maneras de obtener derrames por la izquierda de la economía estatal han sido muchas, y eso hacía la diferencia entre las personas; a veces lo hemos admitido y otras no, pero de que ha existido, ha existido, a veces con una pintura roja, a veces con una pintura verde, pero ha existido, y eso también tenemos que entenderlo, no porque sea ni más malo ni más bueno, sino porque es parte del comportamiento humano.  No será muy natural, pero es lo más humano que hay en el mundo, y que se crean intereses en torno a una posición, en torno a un sector, en torno a una manera de desempeñarse, es lo más normal y humano del mundo, que quede claro, no vayamos a buscar al ser humano ideal que eso no existe, y eso pasa en Cuba socialista, en Cuba revolucionaria y pasa igual en la Francia neoliberal que existe hoy.

Los intereses sí existen y condicionan los procesos, sin lugar a dudas condicionan los procesos, condicionan su velocidad, a veces condicionan su profundidad.

El presidente de Cuba ha repetido públicamente decenas de veces el tema de la resistencia a este proceso de cambios. ¿Y cuál es el partido de la resistencia en Cuba, cuál es el grupúsculo de la resistencia? No lo hay: somos todos, todos somos resistentes. Porque se nos está cuestionando nuestra propia cultura y nuestra propia manera de haber sido y eso nos hace ser resistentes, porque además todos pensamos que el Estado tiene que seguir proveyéndonos todo y que si no es desde el Estado no se puede generar empleo. Y eso es falso, la vida lo demostró.

A este Estado desde 1990 hacia acá le costó mucho trabajo generar el empleo que al país le hacía falta; y en los últimos años quien ha generado empleo ha sido el sector privado o el sector no estatal. ¿Y eso es malo? Pues pienso que no, pienso que eso es bueno. Pienso que eso, de hecho, alivia al Estado, lo descarga, pero además, genera otras potencialidades y alinea a personas que no necesariamente tienen que estar dentro de la propiedad estatal, en función de un país mejor, donde haya más posibilidades, más actores y más capacidades de participar.  Este proceso ha abierto esas oportunidades inmensas. Hay quien las ve, hay quien no las ve; hay quien las sabe aprovechar, hay quien no las sabe aprovechar.

Que se va a producir un proceso de diferenciación. Ya se produjo antes, se va a volver a producir. Pero hace falta que ese proceso de diferenciación sea funcional al propósito de que este país siga siendo socialista e independiente, eso es lo que hace falta. Y si hay diferencias, bienvenidas sean, siempre que sean así. Es mi idea sobre eso.

Yo sí pienso que desde el sector privado, si el tipo trabaja mucho y se es muy bueno y es exitoso, y gana mucha plata, qué bueno. Si es acá el camarada campesino que lo veo vender sus cerezas, que es un producto exótico, y se las vende a la cadena Meliá y le pagan un montón de dinero, y con eso puede irse de vacaciones a Isla de Pinos: fantástico. ¿Por qué no?

Y eso me lleva a lo último que quería decir que es el tema de los agentes del desarrollo.

¿Qué es lo próspero? Bueno, Naciones Unidas tiene un indicador, el índice de bienestar percibido, y hay un grupo de categorías para darlo, se puede hacer. Pero lo que está claro es que los países avanzan cuando sus sectores sociales se mueven desde la indigencia hacia la pobreza, de la pobreza a la clase media, y de la clase media a las clases altas. Y ese proceso es ineludible en Cuba, pongámoslo como lo queramos poner, pero es ineludible. Hay que saberlo aprovechar.

Lo que sí podemos es decidir cuál es el sector de ingresos medios que nosotros queremos, cuál es el que nos es más funcional a este socialismo. Que ese sector medio esté compuesto por el científico de biotecnología, por el físico brillante, por el guagüero vanguardia, ¿por qué no?, también hay guagüeros así.  Yo lo que les quiero decir es que ese es el sector que tenemos que promover. Yo no le tengo miedo a esa diferencia. Yo le tengo miedo a la igualdad a ultranza, a la igualdad sobre la base de la falsedad, a eso sí le tengo miedo. Esa otra diferencia, sobre la base del producto del trabajo, de la capacidad de la gente para producir, de facilitarles la vida a las personas, a esa le doy la bienvenida definitivamente. Y creo que sobre esa nuestro Estado sí tiene que actuar y tiene que hacer definiciones para generar incentivos positivos hacia esa diferencia.

Yo creo que hay que aprovechar mejor esas capacidades de las que se hablaron, de nuestro capital humano. Creo que es una vergüenza que tengamos todavía 186 categorías de trabajo por cuenta propia, y que ninguna de ellas incluya el trabajo altamente calificado, por ejemplo. Ahí estamos desperdiciando un enorme potencial, en sectores donde el Estado no es capaz de generar el empleo que hace falta. Eso hay que revisarlo profundamente, a mi juicio, para poder permitir que también esos sectores de alta calificación, desde posiciones no estatales, puedan contribuir a ese socialismo que si bien no tenemos la foto completa, sí tenemos un dibujo general de lo que queremos hacer.  Es mi idea sobre eso y en ese sentido soy optimista.

Creo que en los últimos tres años se ha hecho mucho más de lo que se hizo en los 20 anteriores, sin lugar a dudas. Hay cosas que no han dado los frutos que tienen que dar, a veces uno se desespera, hay medidas que todavía no impactan en los resultados del producto bruto; pero, sin lugar a dudas, han sido tres años en que, cuando usted enumera los cambios, es una lista de más de 70 diferentes acciones generales que cambian maneras de comportarse y el contenido de nuestra economía.

Eso no es fácil, si estudiamos profundamente los procesos de cambio de muchos países, veremos que en muchos casos han tomado un tiempo largo.  Hoy miramos a China, pero no nos damos cuenta de que los cambios en China comenzaron en 1978 y hoy nos impresionamos con China, pero comenzaron allá y se pasaron 10 años en un lleva y trae terrible. Porque hay que acomodar la sociedad y a la gente que está en esta sociedad, y no es fácil, no es fácil salir de profesor para convertirse en vendedor de croquetas; pero quizás uno sea un mal profesor y un exitoso vendedor de croquetas, ¿por qué no?, puede pasar. Siempre hay una discusión en relación con eso, hay quien estudió ingeniería porque le “tocó” estudiar ingeniería, pero su vocación era ser cómico, compañeros, y hoy son magníficos cómicos.  ¿Ustedes han visto cuántos de los cómicos cubanos son ingenieros?, increíble. Y quizás  si hubiera hecho un puente se hubiera caído, y nos mantienen riéndonos constantemente, eso es fantástico, fantástico.  Hasta el pobre Pánfilo que no tiene el carro, que le celebró el cumpleaños a la carta; claro, él le pudo celebrar el cumpleaños a la carta, pero los obreros azucareros cubanos nunca han podido hacerlo, lamentablemente (Aplausos).

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Primero, los oídos hay que prepararlos para poder oír algunas cosas, creo que eso hay que entenderlo; no todos los oídos están suficientemente preparados para entender algunas palabras, eso explica en parte que todavía no entendamos bien el alcance de los Lineamientos.

Yo quería referirme a un tema más sustancioso, a mi juicio, que es el tema de la democratización de los procesos de transformación de que estamos hablando.  Les voy a decir algo: he estudiado 18, ninguno ha sido democrático, ninguno se ha consultado con el pueblo, ni el de Corea del Sur, ni el de China, ni el de Viet Nam, ni el de Singapur, ni el de Indonesia, un poquitico más democrático el de Brasil, un poquitico. Quiero decirlo porque hay que distinguir bien entre lo que es la participación real de la gente y lo que entendemos nosotros por democratización y las dinámicas que implican estos procesos que generalmente han sido procesos dirigidos desde un liderazgo que lo ha hecho bien y que ha logrado que esos procesos, en muy corto tiempo, le den resultado a la gente y que la gente pueda percibirlo.

Por eso cuando decimos una tasa de crecimiento del 6% no es porque nos guste el número, o del 7%, no es porque nos guste el número, es porque si usted crece todos los años el 1% se demora 60 años en duplicar el producto, ¿y cuándo la gente toca el resultado de esa transformación?, dentro de 60 años, serán los hijos de nuestros hijos o los nietos, si acaso. Pero cuando un país crece al 6% promedio, en 10 años duplica el producto, entonces la gente también tiene una manera de participar en los resultados de aquello que se está haciendo.

Otra manera de participar es que cuando a usted le abren las fronteras y lo dejan convertirse en cuentapropista, trabajador privado o seguir siendo trabajador del Estado, de hecho le están dando una oportunidad que antes no tenía, y eso también es participar, que quede claro; porque el día que a mí no me acomode ser profesor universitario y quiera convertirme en carnicero, que es lo que me gusta, pues fantástico, ahora tengo la oportunidad que antes no tenía. Yo quiero también que eso se entienda, porque es muy bonito hablar de la participación, es muy lindo hablar de la democracia de los procesos, pero es muy difícil implementarla con la suficiente dinámica para que responda a la dinámica de los procesos que hay que hacer.

Si el gobierno consultara cada uno de los cambios que se han hecho en este país, no se hubieran hecho 5 en estos tres años, estuviéramos discutiendo todavía —mira qué interesante— una de las primeras medidas que tomó Raúl que fue la de entregar la tierra a los campesinos, no, peor, estuviéramos discutiendo el precio de la leche, y las vacas estuvieran sin producir; hubiéramos sacado a discusión pública cuál es el precio que debemos ponerle a al litro de leche que producen nuestros campesinos: seis meses de discusión, después lo discutimos en el Parlamento, y al final no tenemos leche.

Pongo una cosa muy burda: hay procesos más sustanciales, como este, ¿cuáles son las formas de propiedad?  Salió en los Lineamientos, lo pueden leer, incluso se deja abierto:  propiedad cooperativa, propiedad estatal y otras formas de propiedad; porque, por ejemplo, puede haber una propiedad —y es lo que hemos sostenido siempre, que el gobierno no tiene por qué manejar ninguna actividad de comercio, ni mayorista, ni minorista, ni TRD, ni churrera, para mí todo eso hay que sacarlo del Estado—, una fórmula que sea muy interesante:  una tienda grande, un consorcio gigantesco como TRD, con una parte de la propiedad que sea de los trabajadores, otra del Estado y otra de una cadena de tienda extranjera que cargue con ese costo brutal que es mantener inventarios, pagar CVP, soportar robo y pagarles a los trabajadores, ¿y esa qué forma de propiedad es?  Mixta, pero no es mixta del Estado con un consorcio extranjero, es mixta del Estado con sus trabajadores y con una compañía extranjera.  ¿Y puede pasar o no puede pasar?  ¿O es que tenemos que cerrar la realidad?  ¿Vamos a sacarlo entonces a discusión?  ¿Cuántos meses nos demoramos?  Entonces yo creo que hay cosas que se pueden discutir que son las cosas sustantivas, que se pueden llevar a discusión.  Los Lineamientos son una cosa sustantiva; cuando hagan algunos cambios en la Constitución, que son sustantivos, hay que discutirlo, eso está claro, es constitucional, hay que discutirlo. Hay otras que no hay que discutir, a mi juicio.  El Código de Trabajo hay que discutirlo, por ejemplo, y habría que discutir el Reglamento que lo implementa, porque ese código depende en más de 26 capítulos de un reglamento que yo no conozco; bueno, eso hay que discutirlo, es sustantivo, es el futuro.  Hay cosas que no son sustantivas de este proceso y a mi juicio no hace falta discutir.  Esa es mi idea sobre cuáles son los límites de ese proceso y hasta dónde es funcional que sea mucho más democrático o menos democrático.

Creo que este por lo menos ha permitido la participación de muchos, como nunca antes.  Oscarito dijo 20 años, porque es muy joven, yo puedo decir que en los últimos 45 años que tengo y en los 38 de dar clases de economía, jamás he visto ningún proceso donde haya habido tanta oportunidad de participar y dar criterios con una puerta tan abierta a oír criterios, nunca en la vida, es la primera vez que lo veo en muchos años, de verdad que sí. Con todo lo que uno puede criticarle, con todo lo que uno puede estar en desacuerdo, con todas las cosas que uno quiere que sean mejores, que yo creo que es normal. Pero si algo hay que reconocerle a ese proceso, a mi juicio, hoy, a este que estamos viviendo, es que ha sido un proceso con puertas abiertas a escuchar criterios, y, sobre todo, con ojos y orejas atentos a aprender sobre la marcha, y hay muchas cosas que se han ido rectificando sobre la marcha, cosas que antes no pasaban, se ha sido muy pragmático, y eso también es un mérito de ese proceso. Es mi idea sobre eso (Aplausos).

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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