LA FRONTERA DE LOS CAMBIOS EN LA ECONOMÍA CUBANA[1]

Dr. José Luis Rodríguez

Asesor del CIEM

 

I

    A partir de la experiencia histórica acumulada, la construcción del socialismo ha sido conceptuada como el camino hacia lo ignoto y el caso de Cuba no ha sido una excepción en esa búsqueda.

   Justo en los mismos años en que se produjo el triunfo revolucionario cubano, se desarrollaba un intenso debate en torno a las reformas económicas a aplicar para trascender las debilidades ya identificadas entonces del modelo socialista soviético, que era predominante.

   Esos debates tuvieron una repercusión en Cuba a través de las discusiones emprendidas por Ernesto Che Guevara entre 1963 y 1964 que retomaron el debate sobre la vigencia de la ley del valor y el papel del mercado en la construcción del socialismo, específicamente en las condiciones del subdesarrollo que caracterizaba a la Cuba de entonces.[2]

   Se puso entonces de manifiesto que la búsqueda de un modelo socioeconómico óptimo en esas condiciones enfrentaba obstáculos adicionales a los que se podían encontrar en los  países socialistas europeos de mayor desarrollo relativo.

   En efecto, Cuba debía enfrentar un nivel de deformación estructural en su economía consagrada a la producción de azúcar, con una agricultura caracterizada por el latifundio mayormente de propiedad extranjera, dependiente del mercado norteamericano y en condiciones que impedían la diversificación de la economía.

   Por otro lado, el atraso social asociado a esta realidad económica, con sus secuelas de analfabetismo, enfermedades, desempleo y desigualdad, contrastaban agudamente con un patrón de consumo que replicaba el de la sociedad norteamericana, sin contar con la base económica mínima indispensable para respaldarlo, engendrando subjetivamente en la población cubana una demanda insatisfecha sin límites.

   Finalmente, la economía cubana debía luchar por salir del subdesarrollo en medio del bloqueo económico de Estados Unidos, que impuso –además de una pesada carga económica- hábitos de dirección propios de una economía de guerra, muy alejados de una gestión eficiente.[3]

   En estas condiciones, la Revolución cubana se vio impedida de acumular los recursos indispensables para su desarrollo a partir únicamente del ahorro interno y al mismo tiempo, asumir el pago de una deuda social enorme. Al igual que la mayoría de los países, solo mediante un financiamiento externo que en este caso brindaron los países socialistas y –en particular la Unión Soviética-[4] sería posible iniciar el cambio estructural indispensable, al tiempo que se aseguraban los servicios sociales básicos y se compensaban parte de los negativos efectos del bloqueo norteamericano.

   También al igual que otros países socialistas, Cuba trató de acelerar las transformaciones asumiendo una temprana estrategia de industrialización sustitutiva de importaciones entre 1961 y 1963, que no encontró el equilibrio indispensable para triunfar. Vendría entonces una etapa necesaria de creación de condiciones para el desarrollo industrial a partir del crecimiento agrícola y de la producción azucarera que cubrió desde 1964 hasta 1975, para emprender a partir de entonces, una nueva fase de industrialización en los marcos de la división internacional socialista del trabajo que duraría hasta 1989.

   Pero el proceso de construcción socialista en Cuba se concibió también como una transformación profunda de las relaciones sociales de producción. Para ello la política económica que acompañó este proceso de desarrollo atravesaría por diferentes etapas centradas en la búsqueda de una adecuada combinación entre los aspectos económicos y sociales para lograr un verdadero desarrollo integral.

   A lo largo de los primeros 30 años de Revolución, Cuba ensayó diversas vías para la construcción del socialismo que giraron en torno al tratamiento a dar a las relaciones monetario-mercantiles en un contexto de fuerte compromiso político y solidaridad social. En esencia, se trataba de lograr un desarrollo humano superior sin desconocer los requerimientos materiales para ese empeño y las contradicciones que emergían en ese proceso.

   Se atravesaron etapas de un fuerte peso de los factores de movilización política, que engendraron –en sus momentos más extremos- concepciones idealistas del desarrollo (1966-1970). De igual modo, existieron períodos en los que –buscando una racionalidad económica indispensable- los incentivos económicos –también en sus aplicaciones más  extremas- abrieron un espacio desordenado a la copia del cálculo económico soviético lo que provocó negativas consecuencias (1976-1985).[5]

   La búsqueda de una síntesis adecuada de esos enfoques, partiendo de que en el socialismo la política debía tener prioridad y que los factores económicos debían concebirse como condición necesaria pero no suficiente para una sociedad superior, marcó el camino de una experiencia preñada de dificultades, pero aleccionadora para toda la sociedad.

   Mientras fue posible combinar el esfuerzo doméstico con la solidaridad internacional, en base a una filosofía del desarrollo únicamente puesta en práctica por el socialismo a escala mundial, se logró crecer a un ritmo promedio anual del 4,4% hasta 1989, lo que permitió contar con los recursos indispensables para alcanzar un elevado desarrollo social y una incipiente transformación estructural de la economía.

   Más allá de aciertos y deficiencias de la política económica, la creación de condiciones mínimas para cierto desarrollo alcanzadas por el país hasta finales de los años 80 se vieron frenadas abruptamente por la desaparición de la URSS y de los países socialistas europeos entre 1989 y 1991.

   Esa catástrofe provocó que el país entrara en una crisis económica sin precedentes denominada en Cuba como un Período especial, al combinarse en la misma la desaparición del campo socialista, el recrudecimiento del bloqueo económico de Estados Unidos y las propias insuficiencias del modelo económico cubano

   Ante esta situación, el país adoptó una estrategia para resistir los efectos de la crisis al menor costo social posible y reinsertar la economía cubana en las nuevas condiciones de la economía nacional e internacional, contando con el consenso político indispensable para ello.

    El impacto de la crisis llevó a que el PIB cayera un 34,8% entre 1990 y 1993; se redujeran las importaciones un 75%; y se desató una enorme presión inflacionaria al elevarse el déficit fiscal al 33% y aumentar la liquidez monetaria en manos de la población al 66% ambos medidos en relación al PIB, con la consecuente expansión de la economía informal, a lo que se añadió una fuerte caída en las inversiones y la productividad del trabajo, todo ello unido a la agudización de las tensiones sociales, en medio de un deterioro muy agudo del nivel de vida de la población.

   En otro sentido, las medidas que se adoptaron para enfrentar la crisis conllevaron importantes cambios en las relaciones sociales de producción, marcadas por la contracción de la propiedad social –vista como propiedad estatal- frente a la expansión de la economía no estatal integrada por la propiedad mixta, cooperativa y privada, en un proceso de apertura limitada a la economía de mercado.

   A pesar de las presiones externas ejercidas entonces para que Cuba tomara el camino hacia el capitalismo, los cambios efectuados se concibieron en todo momento como un retroceso inevitable pero no irreversible.

   Contra la mayoría de los pronósticos y a pesar de los graves problemas enfrentados, la economía cubana logró frenar la crisis e iniciar un proceso de recuperación gradual a partir de 1994-95, pero a un elevado costo.

   En efecto, el nivel de PIB de 1989 solo se recuperaría a la altura del 2004, lo cual representó 15 años perdidos para el crecimiento del país; la descapitalización en todos los sectores de la economía resultó muy elevada, con tasas de acumulación que descendieron como promedio del 26 al 17% desde los años 90; y los ingresos salariales de los trabajadores en términos reales se situaron muy por debajo de los niveles previos a la crisis, en tanto que la distribución de ingresos medida a través del coeficiente GINI pasó de 0,25 a un estimado no inferior a 0,40 a lo largo de los últimos 25 años.[6]

    Por último, en la misma medida en que las modificaciones de la política económica durante los años 90 fueron adoptadas para contrarrestar los efectos puntuales de la crisis, las mismas no conformaron una reforma económica integral previamente concebida, por lo que muchos problemas ya presentes en el modelo económico cubano de los años 80 permanecieron sin modificaciones sustanciales.

II

   A mediados de la pasada década el país había superado una parte de los negativos efectos del Período especial,  pero permanecían sin solución graves problemas estructurales.

   Un balance de esa situación mostraba tanto aspectos positivos como negativos.

   Desde el punto de vista de lo logrado se destacaba lo siguiente.

   -Se recuperó el nivel del PIB de 1989 alrededor del año 2004, aunque su composición se inclinó excesivamente al sector terciario, que pasó a representar el 81% del mismo.

   -Se recobró parcialmente el equilibrio financiero interno al reducirse a términos razonables el déficit fiscal que ha fluctuado entre el 3 y el 4% del PIB  y disminuir la liquidez en manos de la población que se ubicó sobre el 40% del Producto, cifra aún reflejo de presiones inflacionarias no resueltas.

   – Se elevaron los niveles nutricionales de la población superando los alcanzados en los años 80.

   – Se impulsó la matrícula del tercer nivel de enseñanza, lográndose un 15% de graduados universitarios en el total de los trabajadores.

   – Se mejoraron parcialmente los niveles de eficiencia energética y la efectividad de las inversiones, aunque esta última se encontraba aún por debajo de lo indispensable.

   Por otro lado, los aspectos no superados del período especial reflejaban graves insuficiencias.

   – Se ha mantuvo el desbalance financiero externo a un nivel no sostenible en el tiempo.

   – Persistió un bajo nivel de eficiencia económica, con cifras aún muy reducidas en el crecimiento de la  productividad del trabajo.

   – Los incrementos de la producción agropecuaria e industrial resultaron muy pobres, manteniéndose un grupo importante de renglones por debajo del nivel anterior al período especial.

   – Persistían importantes restricciones al consumo y una visible desigualdad en la distribución de los ingresos.

   – Se evidenciaba en la gestión económica estatal fenómenos de excesiva centralización, burocratismo e insuficiente participación de los trabajadores en el proceso de toma de decisiones.[7]

   Al estallar la crisis económica internacional en 2007-2008 el país se vio enfrentado a una situación financiera crítica, al combinarse la elevación de los precios de los alimentos y los combustibles a niveles insoportables; la presencia de fenómenos meteorológicos muy negativos y los efectos acumulados de los problemas no resueltos en el Período especial.

   El balance de la situación mostró ya a la altura del 2007 que se requería una transformación de mayor calado en la política económica a partir de dos de los obstáculos fundamentales a superar: el desbalance financiero externo[8] y la baja eficiencia económica interna.[9]

   En este sentido es necesario apuntar que el impacto de la crisis contribuyó a agudizar aún más el déficit de la balanza de pagos a partir del 2008, cuando ya se registraba un deterioro acumulado del 15% en el poder de compra de las exportaciones,  que representó 10 mil 900 millones de dólares entre 1997 y el 2009. A ello podría sumarse el recrudecimiento del bloqueo económico norteamericano con las medidas adoptadas por la Administración de George Bush en mayo del 2004, llevando su impacto a lo largo de los años a 104 mil millones de dólares hasta el 2009.[10]

   También debe tomarse en consideración que los huracanes que azotaron el país entre 1998 y el 2008 motivaron una pérdida de 20 mil 564 millones de dólares.

   Finalmente, la amortización de la deuda externa se hacía sumamente complicada en estas circunstancias, teniendo en cuenta que la misma alcanzaba los 12,310 millones de dólares en el 2009, lo que representa un 19,8% del PIB, un 25% de la cual tenía vencimientos entre el 2010 y el 2015.[11]

   Por otro lado, desde el punto de vista interno se había  registrado en los últimos años un retroceso en la eficiencia económica, expresada en los insuficientes niveles de productividad alcanzados, la que mostraba un crecimiento ya mencionado del 42% entre el 2000 y el 2008. En estos resultados influían un conjunto de factores, entre los que cabe destacar la descapitalización de la economía derivada del período especial durante los años 90, los desequilibrios macroeconómicos mantenidos y deficiencias de diversa naturaleza en el sistema de dirección de la economía.[12]

III

   A partir del 2008 para la dirección del gobierno cubano se hizo evidente la necesidad de un rediseño de la política económica que permitiera superar las secuelas del período especial y las insuficiencias del modelo económico vigente hasta 1989.

   De hecho hubo un cambio conceptual importante a nivel de la estrategia económica para esta nueva etapa. Se pasó así de una estrategia de resistencia frente a la crisis y de reinserción en las nuevas realidades económicas que primó desde 1990, a otra de mayor complejidad que se caracterizaría por la creación de condiciones para un desarrollo sustentable a corto plazo.

   Para los cambios que se decidió emprender se utilizó el término “actualización del modelo económico cubano” subrayando que las transformaciones transcurrirían en los marcos del socialismo, evitando así el uso del término “reforma económica” que pudiera dar a entender una transición a la economía de mercado.[13]

   Luego de una amplia discusión popular, los Lineamientos de la política económica y social aprobados en abril del 2011 implican un grupo de transformaciones fundamentales.

   En primer lugar, se reconoce un mayor espacio a las relaciones monetario-mercantiles y a la propiedad no estatal en el sistema de dirección de la economía, en el que -no obstante- predominará la planificación.

    Esta decisión reconoce una realidad objetiva, tomando en cuenta el discreto nivel de desarrollo que ha alcanzado el país y la imposibilidad de que la gestión de la economía socialmente más eficiente transcurra con elevado nivel de centralización y únicamente bajo la propiedad estatal. Por otro lado, se precisa concentrar los esfuerzos del sector público en la promoción de los sectores donde se encuentra el mayor potencial de desarrollo del país.

     No obstante se corren riesgos, ya que aunque son explícitos  los propósitos de no desarrollar un modelo capitalista, deben adoptarse medidas que permitan neutralizar de forma efectiva las negativas consecuencias del mercado, especialmente en lo referido a la emergencia de ingresos no provenientes del trabajo útil a la sociedad por la vía de la especulación; la promoción de los ingresos monetarios como objetivo prioritario para los trabajadores y el aumento de la diferenciación social.

    En tal sentido, los mecanismos indirectos de control de la economía no estatal mediante la política fiscal, comercial y financiera resultan decisivos, así como políticas compensatorias para atenuar los efectos de la diferenciación social a partir de ingresos no provenientes del trabajo, a lo que se suman los factores de movilización política y control popular que deben jugar un papel esencial.

   En segundo lugar, se reitera el papel fundamental de la propiedad estatal como el elemento motriz fundamental del desarrollo, al tiempo que se define un nuevo espacio para la gestión de la propiedad cooperativa, la propiedad mixta y la propiedad privada.[14]

   Esta diferenciación entre propiedad y formas de gestión supone también una clara definición de los mecanismos económicos que aseguren que el destino de la ganancia gestionada por operadores no estatales, bajo fórmulas de usufructo de la propiedad estatal, no se acumule crecientemente como capital.[15]

    En tercer lugar, se promueve la separación entre las funciones estatales y empresariales, unido a la descentralización de la gestión económica estatal a las empresas y territorios, asegurando la participación de los trabajadores en la misma. Al respecto se destaca la necesidad de asegurar que esa participación se materialice en el proceso de toma de decisiones en la producción y los servicios, donde pueden jugar un papel fundamental los sindicatos y las estructuras del Poder Popular a nivel de base.

   Por último, se otorga un mayor peso al consumo personal en los mecanismos de estimulación y se racionaliza el consumo social, especialmente en lo referido a los subsidios generalizados y las gratuidades indebidas. En este sentido, resulta indispensable un adecuado balance en los ritmos y proporciones del cambio propuesto para asegurar que se mantenga la solidaridad social y la equidad, compensando la situación de los segmentos poblacionales en desventaja social, al tiempo que se vincula más directamente la satisfacción de las necesidades con la retribución al trabajo.

   Transformaciones de la política económica y social de tamaña envergadura requieren un tiempo mínimo indispensable para su ejecución. Pero –por otra parte- las presiones  de la población producto de las agudas carencias acumuladas durante el período especial, reclaman una aceleración de los cambios y una mayor visibilidad de sus impactos positivos a corto plazo.

    Si se toma en cuenta que los obstáculos fundamentales para el despegue pueden sintetizarse en el desbalance financiero externo y en el bajo nivel de la productividad del trabajo, resulta evidente que se requiere de una política muy inteligente para superar estos obstáculos y –al mismo tiempo- comprometer a la población en los ajustes requeridos logrando el consenso político indispensable para asumir los costos que ello supone a corto plazo.

   Para lograr esos objetivos, la aplicación de la actual política económica y social partió de eliminar una serie de prohibiciones y flexibilizar las relaciones entre el Estado y la población, al tiempo que se sentaban las bases organizativas e institucionales para dar solución a los problemas más apremiantes.

   Especial atención ha requerido en este sentido la producción agropecuaria, que se ha procurado estimular desde el año 2008 mediante la entrega en usufructo gratuito de las tierras ociosas, calculadas en más de 2,3 millones de hectáreas –alrededor del 35% de la tierra agrícola del país- y de las que ya se han distribuido más de 1,5 millones de hectáreas. También se ha iniciado la liberalización de la gestión productiva y de comercialización, tanto para las cooperativas como para los campesinos privados y se han elevado los precios de acopio.

    Parejamente se ampliaron las facilidades para el ejercicio del trabajo privado por cuenta propia, que se triplica entre el 2010 y el primer semestre del 2013, alcanzando 436,342 trabajadores hasta el presente. Igualmente se inició en julio de este año la creación de cooperativas en el sector no agropecuario, con un peso mayoritario en el sector del comercio y los servicios.

   Junto a la apertura del empleo en el sector no estatal,[16] se ha venido reduciendo de manera gradual el subempleo presente en el sector público.

   Finalmente, se introdujo una nueva Ley Tributaria y se puso en práctica este año una nueva Ley Migratoria de honda significación política y social.

   Algunos de los efectos más inmediatos de las decisiones adoptadas se pueden apreciar en los siguientes datos, medidos en porcientos en relación con el PIB.

 

                                         2008   2009   2010   2011   2012

*FBCF (+)                     15,9    12,0    13,0    12,8    10,0

*Gastos fiscales          78,1    75,6    70,0    67,4    71,9

*Déficit fiscal              -6,9     -4,9     -3,6     -3,8     -3,8

*Liquidez M2               41,5    41,8    40,5    38,6    42,3

*Importaciones            32,4    20,6    23,9    22,4  19,3

*Balance EXP/IMP       -5,0     2,3        6,1      3,4    2,1

(+) Formación Bruta de Capital Fijo.

Fuente: ONE (2012) y ANPP (2012) y estimados del autor.

 

   En estos datos se observa el esfuerzo por reequilibrar financieramente la economía, mediante la reducción sostenida de los gastos del Presupuesto del Estado, aunque crece la masa de liquidez en manos de la población.

   En relación al saldo financiero externo, se registra una reducción relativamente notable de las importaciones, y se transforma el déficit en un superávit comercial.[17]

   Al mismo tiempo se registra una disminución en la Formación Bruta de Capital Fijo, sujeta a la necesidad de recursos adicionales y a una mayor eficiencia del proceso inversionista.[18]

   El presente año 2013 comenzó para la economía cubana signado por la huella de destrucción que dejó a su paso el huracán Sandy a finales del pasado año, cuyos estragos cifraron en cerca de siete mil millones de dólares.

   De tal modo, se produjeron un grupo de ajustes en las metas de crecimiento para el actual año.

   El resultado global del primer semestre del 2013 mostró un crecimiento de 2,3% en el PIB, y se pronostica que el año cerrará entre 2,5 y 3,0% cifras inferiores a la tasa prevista originalmente de 3,7%.

   Durante el año se ha reportado que se cumplirá el pago de las deudas planificadas, a pesar de los problemas financieros que se confrontan.[19]

   También impactará positivamente en la situación financiera externa, el acuerdo alcanzado con Rusia en febrero para condonar una parte sustancial de la deuda con la antigua URSS.[20]

   En el balance financiero interno, se prevé una reducción del déficit presupuestario a sólo el 14,6% del nivel previsto, lo cual lo situaría en el 0,5% del PIB. No obstante, este desempeño de las finanzas públicas deberá ser revisado, en tanto que deberá esclarecerse la desviación registrada, tomando en cuenta que no resulta igual un ahorro que una inejecución de gastos necesarios.

   Tampoco debe pasarse por alto que ya en el 2013 el 49% del déficit se financiará con crédito bancario, lo cual marca un importante cambio en la política financiera aplicada hasta el presente, la que resulta mucho más eficiente que la emisión monetaria para cubrirlo.

   Finalmente, la productividad del trabajo se espera que crezca un 4,6% en el año, lo que constituye el mejor ritmo alcanzado en mucho tiempo y que será superior al crecimiento del salario medio, contribuyendo así a frenar las presiones inflacionarias.

   Para el 2014 se ha previsto que la economía crezca un 3,4%.

   Sin embargo, las mayores transformaciones que se esperan para el próximo año ocurrirán en la esfera empresarial, donde se ha previsto una mayor flexibilización en su gestión incluyendo medidas tales como: la posibilidad de utilizar los fondos en divisa autorizados para pagar a productores nacionales que sustituyan importaciones; se descentraliza la venta de activos fijos tangibles; se autoriza la venta de inventarios ociosos y de lento movimiento; se retiene por la empresa el fondo para la depreciación de los activos, el que se constituye en fuente de financiamiento para inversiones; las inversiones no nominales se aprobarán por el director de la Organización Superior de Dirección Empresarial (OSDE);[21] el impuesto sobre la utilización de la fuerza de trabajo se reduce al 15% sobre la nómina; se aportará al presupuesto el 50% de las utilidades, quedando la distribución del resto en una serie de destinos, incluyendo determinadas retribuciones a los trabajadores; se flexibiliza la aprobación de sistemas de pago por resultados a los trabajadores y los incrementos de pagos que resulten serán autofinanciados por la empresa; y no se podrán planificar pérdidas.

   Además de estos cambios que flexibilizan una serie de aspectos de la gestión empresarial, continuará la extensión de las cooperativas no agropecuarias y del trabajo por cuenta propia, todo lo cual llevará a que durante el 2014 se produzca una transformación sustancial en el sistema de funcionamiento de la economía del país.

IV

   Las transformaciones que se vienen implementando en la economía cubana entrarán el próximo año en su fase más compleja por la profundidad y alcance de los cambios que deben introducirse.

   En este sentido será el inicio de transformaciones estructurales lo que permitirá dinamizar los sectores fundamentales para acelerar los ritmos de crecimiento. No obstante, los ritmos a alcanzar en los próximos cuatro años –según los pronósticos del EIU- fluctuarán ligeramente por encima del 4%. No obstante, según diversos análisis realizados, se requeriría llegar en un plazo de 10 años a ritmos entre 6 y 8% de crecimiento anual, lo que supone una aceleración mayor.

   Para ello resulta evidente que el país deberá incrementar su tasa de acumulación hasta superar un 20% en el corto plazo, lo que implica aproximadamente duplicar los ritmos actuales.[22] Tomando en cuenta la limitada capacidad de ahorro interna con ese fin, resulta indispensable incrementar la inversión extranjera directa estableciendo condiciones más favorables para su desarrollo. Aunque estas transformaciones no están todavía listas para su aplicación, la reciente creación de una Zona Especial de Desarrollo en torno al puerto del Mariel[23] apunta a promover rápidamente condiciones para una mayor presencia de capital extranjero en la isla.

   De otro lado, los problemas a resolver vinculados con las necesidades más apremiantes de la población que se concentran en la elevación de la capacidad de compra del salario entre los empleados estatales, unido a los requerimientos de alimentación, vivienda y transporte para toda la población, son elementos a resolver a corto plazo para lograr una elevación estable de la productividad del trabajo.

   En este sentido, si bien una solución global de estos problemas depende en buena medida del ajuste derivado de la eliminación de la dualidad monetaria presente en la economía cubana, será necesario a corto plazo combinar la elevación puntual de salarios en ramas y producciones priorizadas con una política de precios más coherente y donde la aplicación de subsidios personalizados será precisa para atender a los segmentos más vulnerables de la población, en aras de mantener el consenso indispensable de apoyo a la política económica prevista.

   Al respecto serán las transformaciones más complejas pero decisivas del modelo económico en el 2014, las que pueden ensanchar la frontera de los cambios en la dinámica de la actualización del modelo económico cubano en curso.

 

Octubre de 2013.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.

 

-Brundenius, Claes (2009) “Revolutionary Cuba at 50: Growth with Equity Revisited” Latin American Perspectives 2009 36;31 en www.lap.sagepub.com

-Ferriol, Angela y Rita Castiñeiras (2004) “Cuba: Una experiencia única en el continente americano” en Angela Ferriol, Göran Therbonrn y Rita Castiñeiras Política Social. El mundo contemporáneo y las experiencias de Cuba y Suecia, ASDI, INIE y Departamento de Economía, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República, Uruguay, Montevideo, 2004

 -Guevara, Ernesto (2004) “El Gran Debate sobre la economía en Cuba 1963-1964” Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004.

-Mesa-Lago, Carmelo (1993) “The Economic Effect on Cuba of the Downfall of Socialism in the USSR and Eastern Europe” en C. Mesa-Lago (Editor) Cuba After the Cold War, University of Pittsburgh Press, Pittsburgh, 1993.

-Mesa-Lago, Carmelo (2012) “Cuba en la era de Raúl Castro. Reformas económico-sociales y sus efectos” Editorial Colibrí, Madrid, 2012.

-Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba (2012) “Informe de Cuba sobre la Resolución 66/6 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos contra Cuba” septiembre del 2012 en www.minrex.cu

-Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) (2010) “Anuario Estadístico de Cuba 2009” La Habana, 2010.

-Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) (2012) “Anuario Estadístico de Cuba 2011” en www.one.cu

-Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) (2013) “Panorama Económico y Social. Cuba 2012” en www.one.cu

-Partido Comunista de Cuba (PCC) (2011) “Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución” VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, La Habana, 18 de abril del 2011.

-República de Cuba (2012) “Informe de Cuba sobre la resolución 66/6 de la Asamblea General de Naciones Unidas “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba” septiembre del 2012 en www.cubavsbloqueo.cu

-Rodríguez, José Luis (1990) “Estrategia del desarrollo económico en Cuba” Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990.

-Rodríguez, José Luis (2011) “Cincuenta años de Revolución en la economía cubana 1959-2009” en Notas sobre economía cubana, Ruth Casa Editorial e Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, La Habana, 2011.

-Rodríguez, José Luis (2011a) “Cuba, su economía y la Unión Soviética” revista TEMAS Nº 68, Octubre-Diciembre de 2011 pp. 114-121.

-Rodríguez, José Luis (2013) “Cuba en la era de Raúl Castro: una mirada desde lejos a la economía cubana” revista TEMAS Nº 73, Enero-Marzo de 2013 pp. 120-124.

-The Economist Intelligence Unit (2013) “Country Forecast. Cuba” March and September, 2013 en www.eiu.com

-Vidal, Pavel (2012) “Desafíos monetarios y financieros” en Pavel Vidal y Omar Everleny Pérez (Compiladores) Miradas a la economía cubana. El proceso de actualización, Editorial Caminos, La Habana 2012.

 

 


[1] Para este trabajo el autor se apoyó en su ensayo “Las transformaciones recientes de la economía cubana” publicado en Cuba-l Analysis University of New Mexico en www.cuba-l.unm.edu febrero 11 de 2013.

[2] Ver Guevara (2004).

[3] Los efectos económicos del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba se estimaban hasta el año 2011 en una cifra superior a 108 mil millones de dólares (Ver República de Cuba, 2012)

[4] El flujo de recursos provenientes de la URSS ha sido objeto de debate. Autores como Carmelo Mesa-Lago calcularon que este flujo alcanzó 65,119 millones de dólares de 1960 a 1990. Para llegar a esa cifra imputó como un subsidio de todos los precios pagados por la URSS que se desviaron del mercado mundial por 39,390 millones. Este cálculo no tuvo en cuenta los beneficios que la URSS obtuvo al pagar productos cubanos a precios inferiores a sus costos internos, ni tomo en consideración que los precios pagados por las exportaciones cubanas entre 1976 y 1986 solo compensaban los incrementos de precios de los productos soviéticos, manteniendo constante la relación de intercambio. Ver Mesa-Lago (1993) y Rodríguez (2011)

[5] Ver Rodríguez (1990)

[6] Ver Brundenius (2009), Rodríguez (2011) y Ferriol & Castiñeiras (2004)

[7] No obstante, las decisiones más importantes de política económica se sometieron a la discusión masiva, recibiendo el respaldo mayoritario de la población.

[8]Desde el año 2005 se evidenciaron las limitaciones de la economía para enfrentar el déficit de la cuenta financiera de la balanza de pagos, las retenciones bancarias de transferencias al exterior y el elevado monto de los vencimientos de la deuda; todo lo que significó una gran tensión en el manejo de la economía.” (PCC, 2011, 7). Ver Vidal (2012)

[9] Entre el 2000 y el 2008 la productividad del trabajo creció un 42%, mientras que el salario medio aumentó un 74%. Esa tendencia se mantuvo en el 2009 y sólo comenzó a revertirse discretamente en el 2010.

[10] El monto hasta diciembre del 2011 llegaba a 108 mil millones de dólares.. Ver MNREX (2012).

[11] Ver AEC (2012). A la deuda registrada se añade un volumen de obligaciones que no ha sido objeto de reestructuración desde 1986, fundamentalmente vinculada al Club de París, y que alcanzaba 7,591.7 millones de dólares según el AEC del 2009. Si se sumaran ambos adeudos, la deuda totalizaría unos 19,900 millones, lo cual representa un 32% del PIB a precios corrientes. The Economist Intelligence Unit situaba la deuda en 19,600 millones de dólares en el 2008. Ver EIU (2013).

[12] En este sentido vale la pena subrayar la excesiva centralización de la gestión económica y las complejas circunstancias que imponía la dualidad monetaria vigente desde 1993.

[13] Realmente los cambios previstos trascienden una actualización, ya que suponen modificaciones sustanciales en la gestión de la propiedad e implican transformaciones de importancia en las relaciones sociales.

[14] Sobre este aspecto se precisa “El modelo de gestión reconoce y promueve, además de la empresa estatal socialista, que es la forma principal en la economía nacional, las modalidades de inversión extranjera previstas en la ley (empresas mixtas, contratos de asociación económica internacional, entre otras), las cooperativas, los agricultores pequeños, los usufructuarios, los arrendatarios, los trabajadores por cuenta propia y otras formas, todas las que, en conjunto, deben contribuir a elevar la eficiencia.” Ver PCC (2011, 10).

[15] Al respecto los Lineamientos establecen límites precisos al señalar “En las formas de gestión no estatales no se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas o naturales.” Ver PCC (2011, 11). Sin embargo, alcanzar esos objetivos no puede descansar únicamente en mecanismos fiscales.

[16] El empleo en el sector no estatal alcanzó el 22,7% del total en el 2011.

[17] No obstante la tasa de apertura de la economía pasó del 41 al 49,8% entre 2009 y 2011. Ver ONE (2012).

[18] En general el volumen de inversiones entre el 2009 y el 2012 bajó un 5,3%.

[19] Aunque no existen fuentes oficiales cubanas, se ha estimado por el EIU  que el servicio de la deuda pagado se elevó de 1,571 millones de dólares en el 2008 a 2,514 millones en el 2012. Ver EIU (2013).

[20] Fuentes financieras rusas han estimado que esa deuda acumulada pudiera haber llegado hasta los 35 mil millones de dólares.

[21] En el actual proceso de redimensionamiento empresarial, las empresas se agrupan en OSDE y no en ministerios, los que pasan a cumplir funciones estatales.

[22] Siguiendo los estimados del EIU, esto significaría alcanzar unos 1,500 millones de dólares anuales en inversión extranjera directa.

[23] Ver el Decreto Ley Nº 313 en www.gacetaoficial.cu

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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Una respuesta a LA FRONTERA DE LOS CAMBIOS EN LA ECONOMÍA CUBANA[1]

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