DOSSIER Economía Cubana: ¿nuevas reglas de juego?

El 18 de septiembre de 2013, en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, se desarrolló el espacio Dialogar, dialogar, que auspicia la AHS los penúltimos miércoles de cada mes a las 4:00pm. En esa ocasión el tema debatido fue: Economía Cubana: ¿nuevas reglas de juego?, y contó como invitados a los doctores en ciencias económicas Juan Triana Cordoví y Oscar Fernández Estrada, acompañados por el periodista, especialista en temas económicos, Ariel Terrero. El panel fue moderado por el historiador Elier Ramírez. En este dossier presentamos la trascripción íntegra de las intervenciones de los invitados, corregidas y revisadas por los propios autores, e incluimos un interesante trabajo del también Doctor en Ciencias Económicas, ex ministro de Economía, José Luis Rodríguez. Esperamos que estos materiales sean de interés de los lectores.

La agenda del desarrollo

Dr.C. Juan Triana

Los temas los voy a tratar en forma de pequeños mensajes. Son dos grandes temas: El proceso de actualización, su evolución  y su dinámica —de ahí no voy a decir nada, porque de eso va a hablar Ariel Terrero—, solo voy a decir algo bien reducido. Y el segundo tema son los problemas no resueltos de este proceso de transformación de la economía cubana, que hemos llamado proceso de actualización.

Comienzo por el primero de los temas. Quisiera subrayar que, desde mi perspectiva, este proceso de transformación que tiene en esta fase de actualización su etapa actual, en realidad su historia no comenzó en el 2010, comenzó mucho antes: en 1990. Por tanto si queremos entender lo que está ocurriendo hoy, tenemos que de alguna manera hacer historia, no la voy a hacer hoy aquí, pero definitivamente ha sido un proceso largo de transformaciones que ha acompañado una crisis de la cual nuestro país no ha salido. Llevamos más de 20 años en crisis, administrando una crisis —lo dijo Raúl— y es algo que en algún momento tiene que terminar definitivamente. Por eso estos temas del desarrollo son tan relevantes a la hora de mirar a nuestro país actualmente y pensar qué es lo que debemos hacer.

Lo otro es que, como todo proceso, es un proceso vivo, es un proceso complejo, un proceso que involucra a toda la sociedad y a todos sus sectores y evidentemente hay un tema que está permanente arriba de la mesa, que es esa relación entre las ideas y la realidad y quiénes ponen los límites en esa relación. Es muy difícil en realidad, creo que es un proceso constantemente innovador por las propias características que tiene, por las propias características de nuestro país, por esa triple condición de ser un país subdesarrollado, pobre y bloqueado. Entonces esto hace que seamos innovadores.

Hasta ahí lo que yo quería decir del proceso en general.

En cuanto a los problemas no resueltos.  Creo que hay un grupo de problemas importantes no resueltos. Desde mi perspectiva, se puede explicar perfectamente por qué algunos de ellos no están resueltos.

Creo que el primero de esos problemas es la relación entre la política económica de actualización —como lo entendemos hoy— y la economía política de la transición socialista, este es un tema no resuelto, ahí hay un grupo de asuntos de los cuales se puede estar hablando días, hay cursos de posgrado sobre este tema que pueden durar 6 meses. Por ejemplo el primero: ¿Cuales son los rasgos que definirán al socialismo cubano? Si alguien lo sabe que levante la mano y nos lo diga, para resolver un problema, ¿no? No lo sabemos con precisión.

Siempre he sostenido que nosotros nos aproximamos más al socialismo por la negación que por la afirmación. Ya sabemos qué cosa no es el socialismo o sabemos que cosa queremos que no sea nuestro socialismo, pero no sabemos bien, estamos en una situación de medio incertidumbre en cuanto a qué es lo que queremos que sea de una manera total, no como un esbozo grande sino ya como una fotografía con todos sus detalles; lo cual me parece además lógico (o sea, que sea un esbozo en vez de una foto de alta definición), por este mismo asunto de que es un proceso muy innovador y muy vivo.

El segundo asunto de este tema de las políticas económicas, de la actualización y la economía política, es: ¿qué entender por medios de producción fundamentales? No debemos caer en la trampa de decir que el socialismo es la propiedad del estado sobre los medios de producción fundamentales, sino que, en algún momento, eso tenemos que concretarlo y decir: los medios de producción fundamentales para el socialismo que queremos son estos y estos no son medios de producción fundamentales. Y por lo tanto, sobre esa base ya concreta se pueden definir políticas y acciones concretas sobre este asunto.

Por ejemplo: ¿es Coppelia un medio de producción fundamental, o no es Coppelia un medio de producción fundamental para el socialismo que queremos? Parece una cosa baladí, pero Coppelia es un centro de riquezas, ¿pero es fundamental o no es fundamental para el socialismo? ¿Es una fábrica de zapatos fundamental para el socialismo o no es fundamental? Porque al final hay que definir políticas concretas, porque la economía se construye ladrillo a ladrillo.

Lo tercero: ¿cómo ejercer de forma efectiva la propiedad social  sobre los medios de producción que están en manos del estado? Una pregunta rapidita, para incentivar la inteligencia: ¿Son las OSDE —esta institución supraempresarial que hemos creado ahora para manejar las empresas— las que van a resolver ese problema? ¿Y si no son las OSDE, qué tipo de institución es la que va a permitir ejercer la propiedad social sobre los medios de producción desde el estado?

Lo cuarto: ¿Cuáles son los límites entre lo social y lo estatal, lo colectivo y lo privado? ¿Dónde están? ¿Quién los pone? Durante mucho tiempo la prensa manejó la idea de que un dirigente de la Revolución dijo que el 50 % del empleo, el 40 % de la producción o algo así… ¿Es ese el límite? ¿Alguien lo sabe en realidad? ¿Eso es lo que nos conviene para el socialismo que queremos cuando definamos qué cosa es el socialismo que queremos? Esos son asuntos de la economía política que no están resueltos aún. Yo creo que en mucho y con mucha razón no pueden estar resueltos hoy, no está escrito  cómo hacer el socialismo cubano en 10 minutos, nadie lo ha escrito todavía.

Un segundo aspecto que tiene que ver con los problemas no resueltos es el de la agenda de desarrollo, que fue por lo que más me convocaron aquí.

Yo voy a preguntar algunas cosas:

1. ¿Es posible el socialismo sin el desarrollo? De hecho, lo que se nos enseñó durante mucho tiempo en la economía política era que sí, que era posible el socialismo en un país subdesarrollado. Después la vida demostró que parece que no es así. De hecho los países que sí han alcanzado el desarrollo en los últimos 25 años lo han hecho desde el capitalismo, no desde el socialismo, y para colmo de males, aquellos que eran socialistas y de pronto nacieron al capitalismo, se vieron más atrasados que muchos de los países que habían sido capitalistas durante mucho tiempo. Por lo tanto eso le plantea a nuestra ciencia y a nuestro esfuerzo una cuota alta en términos de solución teórica.

2. ¿Es posible desarrollarse sin crecer? También durante mucho tiempo en Cuba se esparció la idea de que era posible el desarrollo sin el crecimiento económico. Hoy parece que la vida ha demostrado, si somos marxistas y materialistas dialécticos, que no es posible alcanzar el desarrollo sin el crecimiento. Los países que han sido exitosos —eso está ahí documentado, hay pruebas, es la realidad— en este esfuerzo de desarrollo, han logrado tasas de crecimiento mayores casi siempre del 6% durante períodos de 20- 25 años. Ahí hay un grupo de alrededor de 18 países que lo han hecho, y han pasado de un status de país muy pobre a país emergente en desarrollo.

3. ¿Qué hace falta para crecer? Una pregunta importante en un país que crece a una tasa del 3%, o sea estamos a la mitad de esa tasa deseada. ¿Qué nos hace falta para crecer? Hay un grupo de ideas sobre eso: nos hace falta ahorrar, nos hace falta inversión extranjera; pero nos hacen falta también un grupo de condiciones macroeconómicas que garanticen que el crecimiento sea estable, y sin esas no podemos crecer. Hoy Cuba tiene grandes distorsiones macroeconómicas todavía no resueltas, que algunas de ellas no nacieron en el año 90. Siempre hablamos de la doble circulación monetaria, de la sobrevaluación de la tasa oficial de cambio en Cuba, pero la sobrevaluación de la tasa oficial del peso cubano viene desde 1959, exactamente desde 1958, que era cuando Cuba tenía que haber devaluado su moneda. Desde entonces lo hemos arrastrado y realmente ha sido desde la fiscalidad desde donde se han asumido una parte  importante de los problemas monetarios. Esa es una de ellas. La otra es que esto influye además en otros problemas como el de los precios relativos; y lo otro es que evidentemente esos precios tienen que estar influenciados por las condiciones internacionales, cosa que durante mucho tiempo nuestra economía evitó.

Yo sé que todavía hoy hay muchos compañeros, y eso se ve mucho sobre todo en el noticiero, que aspiran a que el boniato se pueda vender de nuevo a  20 centavos y le echan  la culpa a la oferta y la demanda, pues quitémonos esa aspiración, nunca se volverá a vender el boniato en Cuba a 20 centavos, a menos que nos estemos muriendo absolutamente todos de hambre, porque sencillamente los costos de producción del boniato han aumentado. Cuando el boniato se vendía 20 centavos los guajiros compraban el petróleo en la bolsa negra a 2.00 pesos el litro, hoy tiene que pagar 10 pesos; si el precio del petróleo se ha multiplicado por 5, nadie puede pretender que el precio del boniato no se multiplique por 5, por 6 o por 8.

Por lo tanto, más allá de la oferta y la demanda, que a veces juegan algún papel, hay que entender que los costos de producción también juegan un papel. Cuando el guajiro tiene que pagarle a un jornalero 50 pesos diarios por trabajar de 7:00 de la mañana a 2:00 de la tarde, no se puede pretender que el boniato se vuelva a vender a 20 centavos en los agros. Habría que pretender poder comprarlo con un salario adecuado, pero no al revés. Cosas como esa tenemos que entenderlas en el tema del desarrollo; o sea, las condiciones macroeconómicas son fundamentales porque si no alteran las señales de la economía y se asignan recursos a aquello que no es eficiente y se desperdician recursos.

Lo otro que, con relación al desarrollo, tenemos que preguntarnos es: ¿quiénes deben ser los agentes del desarrollo? Durante mucho tiempo en Cuba, por la manera en que asumimos la economía, fue el estado el principal responsable como agente del desarrollo, pero hoy nuestra economía es mucho más diversa, en aquellos tiempos el estado era el 90 % de la economía, la propiedad estatal abarcaba prácticamente toda la economía, con excepción de algunas islas en la agricultura y en flete, en la transportación por camiones. Hoy no es así.

Entonces, si hoy hay una diversidad de formas productivas, una de las cosas que tenemos que entender es que todas esas formas productivas deben ser o pueden ser agentes del desarrollo. La pregunta es cómo incorporarla de manera proactiva a ese proceso de desarrollo y eso no está resuelto y no está resuelto porque muchas veces nuestra propia cultura, esa que todavía tenemos y que nos hala hacia atrás, nos impide ver las oportunidades que esas diversas formas dan a nuestra economía y de hecho eso después se plasma en instituciones, regulaciones que existen y que muchas veces impiden que esas formas participen.

Lo más notorio que tiene que ver con la discrecionalidad que era algo que iba a decir después, pero lo puedo decir ahora, es lo que divulgó hace muy poco el periódico y la gaceta oficial ampliando la participación en las ventas de los hoteles a los campesinos privados. Nos demoramos dos años para aprender que los campesinos privados también podían venderles a los hoteles pero ahora que lo ampliamos le dijimos a los campesinos que podía vender huevos de gallina y de codorniz, de pato no. Por lo tanto el guajiro que tenga una cría de patos cerca de un hotel no podrá venderle los huevos de pato al hotel. Eso es discrecionalidad positiva, que es una de las cosas peores que puede pasar en la economía, que es cuando a uno le norman qué puede hacer y todo lo que no está normado que se puede hacer, está prohibido hacer. Y por lo tanto le van pasando por delante oportunidades de negocio una detrás de otra, que no se pueden aprovechar.

Eso pasó con el objeto social que creo que anda por ahí cerca su funeral.  Le decíamos a una empresa hasta en la moneda que tenían que comerciar y si tenía un negocio fabuloso en otra moneda, no lo podía hacer y lo perdía sencillamente. Nadie ha sacado la cuenta de cuánto cuesta eso, nadie jamás ha sacado la cuenta de cuánto dinero el país tuvo que gastar en importaciones porque los campesino privados no podían venderle a los hoteles. Son de las cosas que cuestan en el desarrollo. Eso me lleva al tema de las instituciones y el desarrollo, o sea, evidentemente este es un proceso donde se actualizan muchas cosas pero donde se crean muchas cosas nuevas.

La economía hoy en nuestra sociedad es tan nueva, pero tan nueva, que hay muchas cosas que no se pueden actualizar porque antes no existían, han sido creadas y habrá que crear otras. Por ejemplo la expansión de las relaciones de mercado lleva a crear instituciones para que el mercado funciones bien. Ahí no hay que actualizar nada, no existían.

En Cuba no hay un organismo que regule la competencia, no lo hay, ¿por qué? Porque durante décadas no aceptamos la competencia. Bueno pues ahora hay que aceptarla, porque hoy un cuentapropista, una cooperativa puede hacer lo mismo que una empresa estatal y mejor, pero si yo le doy el monopolio a la empresa estatal, pues entonces nunca el cuentapropista o la cooperativa, podrá competir con ella y entonces asignaremos recursos de manera errónea a una empresa estatal que los desperdicia, que los usa ineficientemente porque no podemos contratar a un cuentapropista.

El ejemplo de las cooperativas no agrícolas es especial ¿Quién decide qué cooperativa se aprueba?: el organismo de referencia, que es juez y es parte. Ha ido funcionando, pero deberá cambiar. Tenemos que ir aprendiendo en ese proceso. Estamos en los primeros pasos, imagino que después esto se abra, que sea mucho más fluido, que la gente por vocación propia se una para montar un negocio cooperativo y no tenga que esperar a que lo apruebe el ministerio de cualquier cosa, porque si no el proceso se tarda mucho.

Evidentemente a nosotros nos hacen faltan reglas para sustituir la discrecionalidad positiva y nos hace falta que funcionen mejor un grupo de instituciones que ya existen y que sí hay que actualizar, entre ellas la planificación —solo lo voy a enunciar—; porque con el estilo de planificación que tiene Cuba hoy, no es posible avanzar en lo que queremos: no es suficientemente dinámica, no es suficientemente flexible, para manejar tantas formas de propiedad diferentes. Con esto voy terminando.

Lo que me queda con relación al desarrollo es que tenemos que definir qué país queremos. Yo creo que el presidente Raúl ha avanzado en esa definición, todos desfilamos el 1ro de mayo bajo una consigna de lo más impresionante: “Queremos un país socialista próspero y sostenible.” El asunto está en quién le pone el cascabel al gato.

Alguien me puede responder ahora, ¿qué es ser próspero en Cuba?, o mejor aún, ¿qué es ser próspero en La Habana y qué es ser próspero en Mayarí Arriba?

El tema de la prosperidad no es tan fácil. Yo creo que es muy útil decir que el socialismo está asociado a la prosperidad de las personas, pero en Cuba la varilla de la prosperidad está muy alta. Mientras que en Bolivia una familia se considera próspera si su hijo puede matricular en una escuela, en Cuba eso lo resolvió la Revolución hace 40 años —40, no 10, no 20, hace 40. Y mientras que en un país como El Salvador una familia se considera próspera si de los 3 niños que nacen uno o dos llegan a la edad de adultos, en Cuba prácticamente llegan todos, porque nuestra tasa de mortalidad es de menos de 5 por mil nacidos vivos. Eso lo resolvió la Revolución hace 30 años. Entonces cuando ustedes cogen los índices de bienestar que usa Naciones Unidas, ya Cuba pasó esa varilla, estamos en el nivel alto, por lo tanto la varilla de la prosperidad en Cuba es muy alta y muy distinta a otros países y mucho más compleja, pero necesariamente tenemos que ser un país próspero y aunque parezca contradictorio, las personas no se perciben a sí mismas como prósperas, por disfrutar de esas condiciones que acabo de mencionar.

Para mi ser próspero es que el P12 (el ómnibus que me trae y me devuelve todos los días) pase cada tres minutos por frente a mi casa, por ejemplo; pero en Mayarí Arriba ser próspero es lograr que un camión serrano pueda sacarlo a uno una vez al día hasta la carretera. Son dos tipos de prosperidad totalmente diferentes y en ese sentido es complejo y lo subrayo porque la meta del desarrollo no es una meta simple, es una meta compleja.

Yo quería terminar además, porque creo que he hablado mucho, con una frase de Martí que he dicho muchas veces, la repito cada vez que puedo, porque no es una frase, es mucho más que eso y casi siempre los cubanos llegamos a un Martí cercenado; alguien, de una manera u otra, nos lo corta en pedazos y nos lo sirve en el aderezo que más convenga. Esta es una frase que el profesor Lázaro del Departamento de Desarrollo de la facultad de Economía me hizo ver una vez y yo creo que es una frase magnífica, dice: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre —es la frase famosa que todos conocemos: “ser culto para ser libre—, pero en lo común de la naturaleza humana se necesita ser próspero para ser bueno”.  De eso se trata, de lograr una sociedad buena, pero para lograr una sociedad buena tenemos que ser una sociedad próspera, de no ser así no lo vamos a lograr. De la miseria salen miserables y de vez en cuando algún virtuoso; pero las revoluciones no se hicieron desde la miseria, no es la miseria lo que las provoca, las provoca la desigualdad.

Los miserables, los que apenas tienen para comer prácticamente no tienen tiempo para pensar en revoluciones, tienen que dedicar el tiempo a pensar en buscar un pedazo de pan. Es por esto que casi siempre las revoluciones la lideran aquellos sectores de la sociedad que están por encima de esas necesidades básicas: los sectores medios de la sociedad. Esa es la historia de la Revolución Cubana, desde Céspedes hasta hoy. Por eso hace falta ser próspero para además poder pensar en el futuro. Si solo tenemos que pensar en el presente, en lo cotidiano, en las necesidades vitales, no podemos proyectar el futuro.

Muchas gracias (Aplausos).

Intervención durante el debate

Creo que lo primero que hay que preguntarse es si realmente existe un ambiente tal que permita que haya nuevos actores con nuevas maneras de pensar, creo que ese es el asunto.

Lo segundo que quiero decir es que yo aprecio que desde el liderazgo político del país, especialmente desde Raúl Castro, una actitud muy abierta hacia la discrepancia, lo ha dicho muchas veces. El Presidente ha intentado introducir la cultura de la discrepancia en un país intolerante, definitivamente intolerante. Esa es nuestra realidad, podemos tomarla y pintarla del color que queramos, pero hemos sido intolerantes. Todos los que estamos aquí y tenemos más de 20 años hemos sido intolerantes en algún momento de nuestra vida, y nos criamos sobre la base de la intolerancia. Y esa es una cultura difícil de desarraigar, especialmente cuando los funcionarios públicos muchas veces se atribuyen el papel de Dios y no el de ser servidores públicos, que es lo que son, ahí hay una inversión total de roles: un funcionario público es un servidor público, no es al revés; pero muchas veces se convierten en interpretadores de Dios o, como dice Silvio, en aquella antológica canción “Resumen de Noticias”, se convierten en  “perseguidores de nacimientos”.  Sobre esa base habría que hacer el análisis.

Creo que hoy hay más espacio, definitivamente hay muchas más oportunidades que hace diez años. Pero nos queda mucho por andar en ese camino, muchísimo por andar.

A mí me cuesta mucho trabajo pensar que desde los funcionarios que han trabajado por 20 años en una misma institución se pueda hacer una transformación realmente revolucionaria de la misma, mucho trabajo me cuesta pensarlo, muchísimo. Generalmente existe la tendencia a crear el futuro proyectando el pasado, y el futuro no se construye proyectando el pasado. El futuro en sí mismo es algo diferente al pasado, aunque lo contenga, pero diferente al pasado.

Lo otro que quiero decir, con relación a este asunto, es que los procesos revolucionarios necesitan de la juventud, como el cuerpo necesita de la sangre. Y yo si estoy convencido de que si la Revolución no la hubieran llevado a cabo y no hubiera triunfado la guerrilla de Fidel Castro, con jóvenes de menos de 40 años en su liderazgo, en su inmensa mayoría, esta no fuera la Revolución que tuviéramos. Y eso sí es generacional, netamente generacional. Nosotros, los que tenemos más de 55 nos podremos esforzar en ser muy revolucionarios, pero no somos ni fisiológica ni mentalmente capaces de llevarlo a cabo con la consecuencia que hace falta. La Revolución fue un parte aguas, un cataclismo social, económico, ideológico, político – en el sentido en que removió los cimientos de nuestro país-  y eso solo se podía enfrentar desde la fortaleza de la juventud sin compromisos, lo digo clarito, no me gusta dejar dudas en lo que pienso. Si Fidel Castro, en vez de tener 33 años, hubiera tenido 63, no hubiera hecho la Revolución que hizo, estoy convencido de eso, absolutamente convencido. Por eso la juventud sí hace falta y hace falta que lidere esos procesos y hace falta que sea una juventud que le podamos limar algunos lóbulos cerebrales, algunas circunvalaciones ahí, pues también ha sido condicionada por nuestras maneras de apreciar y enfrentar los nuevos retos y ponerle otras definitivamente.

Lo otro que quiero decir es que, evidentemente, no solo hacen falta nuevos actores asumiendo nuevos roles, sino definitivamente, hace falta identificar cuáles son los roles que nos hacen falta de esos actores.  Esa es mi idea sobre eso

(Aplausos).

Mire, yo entiendo perfectamente la pasión con que usted habló; creo que usted no fue el único que lloró, hubo muchos que lloramos, a muchos nos costó más que llanto, hubo varios que, al menos desde su ámbito discutieron todo lo que pudieron discutir. Lo voy a decir igual, desembozadamente, como siempre lo he dicho: para mí fue un error, o fue el clímax de los errores cometidos con la producción azucarera.

Sé que una vez, en una conferencia que yo hice en biotecnología, algunos biotecnólogos se pusieron bravos porque dije que si la biotecnología existía en Cuba y el turismo, se lo podían agradecer a la caña de azúcar, y que la estatua que tenía que estar en el Polo Científico era la de un machetero, no la de un científico, porque esos dineros salieron de allí, de la producción azucarera que, en las peores condiciones del mundo y de la economía mundial, siempre dio dinero; cuando el azúcar se vendía a un centavo la libra, daba negocio.

Porque, además, el azúcar es como un banco, usted puede dejar de cortarla este año y cortarla el año que viene, si los precios están buenos, porque además es una fuente inagotable de otros productos de los cuales el azúcar es uno.

Cuba logró un gran desarrollo en el estudio de todas las potencialidades de la producción azucarera, desde alimento animal, pasando por energía hasta la sucroquímica, o sea, hasta la química y la alcoquímica y hasta la producción de alcoholes, no solo para divertirnos tomando aguardiente que hace falta  —también la vida hay que adornarla de vez en cuando—, sino para producir polímeros, esas investigaciones están en el CENIC, yacen todavía ahí, a mí me las pasó el compañero que las hizo, con los estudios de factibilidad hasta la propia puesta en marcha de la fábrica, eso está ahí.

Es cierto además que, en un momento determinado la coyuntura de precios del azúcar nos fue muy mala, pero el mercado es sobre todo malo, cuando no estamos preparados para enfrentarlo.  Eso nos pasa ahora con el níquel.  No sé si hemos creado un fondo de estabilización del níquel cuando los precios tenían picos de 52 000, no sé qué se ha hecho, si las autoridades en algún momento crearon un fondo de estabilización para mantener la industria funcionando.  Porque lo que está claro es que la industria del níquel no se debe parar, ahora, para no pararla hay que asumir, en un momento determinado, los ciclos de baja de la producción.

Algunos países como Chile, que tienen una tradición minera, han lograr crear un fondo de estabilización que solo puede ser utilizado si el Congreso en pleno lo autoriza, y eso facilita —estoy hablando del Chile neoliberal, para que nos entendamos— que cuando los precios bajen haya un recurso para mantener la producción, para que las fábricas no se cierren.

Con el azúcar nunca se hizo, el azúcar fue la vaca lechera que nunca alimentamos bien, de la cual lo sacamos todo y nunca le dimos nada.  Y, lógicamente, llegamos a esa decisión en el momento en que, realmente, los precios del azúcar comenzaban a subir; el azúcar comenzó a subir los precios a finales del 2004 y logró tener precios siempre estables al alza hasta hace unos meses.

Si sacamos la cuenta del dinero que Cuba dejó de ingresar solo por la exportación de azúcar, suponiendo que hubiéramos logrado exportar unos 2 millones, 2 millones y medio de toneladas de azúcar por año, estamos hablando del precio de 500, 600, 700 dólares la tonelada en algunos picos de precio, o sea, 27 centavos la libra de azúcar.  Ese era el precio que nos pagaba la Unión Soviética a nosotros, con eso se hizo este país, a ese precio en aquellos tiempos se hizo este país; con eso se hicieron las secundarias, los hospitales, las universidades, los centros de investigación, esta cultura fabulosa que tenemos, estos músicos agradables que tenemos hoy, se hizo con azúcar, no fue con otra cosa, fue con azúcar que es lo que Cuba ha exportado toda su vida.  Nosotros somos una azucarera, no más que eso; a veces ahora somos un pedacito de playa, pero somos sobre todo una azucarera y eso lo olvidamos.

Olvidamos otra cosa de la historia que es triste que la hayamos olvidado, y es que el sector azucarero cubano fue el alma máter del proletariado, en un país con chinchales, las grandes industrias eran las grandes industrias del azúcar; donde el proletariado se podía organizar de mejor manera era en la industria azucarera y donde surgieron nuestros principales líderes obreros fue en la industria azucarera, y eso también lo olvidamos.

Realmente hay un grupo de errores importantes cometidos.  Yo le voy a dar datos: en 1963, después de haber perdido el mercado norteamericano, la producción de azúcar bajó a 3 millones de toneladas.  En 1964 se firmó el acuerdo con la Unión Soviética para producir 22 millones y medio de toneladas hasta 1970, y en 1966 ya Cuba volvió a producir 6 millones de toneladas; o sea, en tres años, sin cortadoras brasileñas, a golpe de mocha, Cuba recuperó en tres años la producción azucarera y la volvió a montar en 6 millones de toneladas, en tres años subió 3 millones de toneladas.

Nosotros llevamos 5 años tratando de alcanzar 2 millones de toneladas y no lo hemos logrado, a pesar de AZCUBA; yo respeto a todos los compañeros que trabajan allí, porque bueno muchos de ellos tienen mi edad y han trabajado abnegadamente en el sector. Mi generación tiene una relación de amor y odio por el azúcar, porque nos pasamos tres, cuatro, cinco años de nuestra vida cortando caña seis, siete meses, después hacíamos el curso en dos y tres meses más o menos; eso fue así, incluso tenemos esa relación.  Pero yo lo entiendo perfectamente, creo que realmente es una de las grandes riquezas que Cuba hoy no está aprovechando al máximo, entre otras cosas, por temas tecnológicos, por ejemplo. Debemos tener un atraso tecnológico en la industria azucarera total y absoluto, y la tristeza es que hoy vengan los brasileños a enseñarnos a producir azúcar, eso creo que es la parte más triste, la parte trágica de este asunto, la más trágica de todas, es que tengamos que recibir brasileños para que nos enseñen a producir azúcar, siendo nosotros quizás el país con más tradición en producción azucarera del mundo. Es lo que les puedo decir.  Creo que, al menos hoy, existe la idea clara de que es una industria que hay que recuperar, y eso es bueno, podremos discutir después la manera de recuperarla, porque para todo hay que aprender.  Y, definidamente, cuando uno desarticula un sistema productivo, le cuesta mucho trabajo volver a rearticularlo.  Es una de las experiencias más interesantes que hay.  Por eso los países se cuidan mucho de desarticular los sistemas productivos.

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Los cubanos, genéticamente, somos eufemistas, nos gustan los eufemismos, nosotros al robo le decimos desvío de recursos, es una cosa increíble: si un tipo agarra un aire acondicionado de su oficina para su casa eso no es desvío de recursos, eso es robo, pero desvío de recursos suena bonito, entonces es más cómodo.

Hay que entender que estamos creando una cultura nueva y que en esa cultura nueva hay un proceso de gestación.  A veces cuesta mucho trabajo aceptar palabras que para mucha gente son muy duras, como por ejemplo propiedad privada, negocios privados, pequeñas empresas. Evidentemente un paladar que emplea a 15 personas no es un cuentapropista, eso es un negocio particular con todas las de la ley. Pero lamentablemente todavía nos pasa eso.

Yo no quiero decir mucho de la prensa porque tengo a uno aquí, pero a la prensa le pasa mucho, a veces porque quizás nadie les haya dicho que no tienen que pedir permiso, pero están acostumbrados a pedir permiso para todo, entonces yo no quiero meterme en otro mundo, yo tengo el mío, y ahí hay que entender esas cosas.

Hay diferencias sustanciales entre el sector no estatal y el sector privado.  Hay cosas que pueden ser no estatal y no ser privadas, el sector cooperativo es otra cosa, el cooperativo es más afín a nuestra manera de ver el futuro, por lo menos la mía.  En Viet Nam no sirvió, quitaron todas las cooperativas, no hay una, desaparecieron y dejaron la propiedad privada, incluso en la producción de arroz. Viet Nam es el segundo exportador de arroz del mundo sobre la base de producción privada de arroz, no de producción cooperativa.  O sea, son procesos diferentes y son categorías diferentes.

Soy optimista, si no fuera optimista ya me hubiera suicidado o no estaría aquí, para que nos entendamos. Y sí creo que la Revolución tiene la capacidad de rehacerse constantemente, de hecho eso es parte del proceso revolucionario, estarse reconstruyendo sistemáticamente; a veces perdemos de vista eso.  La  Revolución es un fenómeno vivo, totalmente vivo, no hay ningún esquema donde se pueda meter y encerrar el proceso revolucionario. A veces lo interpretamos mal, eso nos trae realmente grandes problemas. Evidentemente, no ahora con estos cambios, antes, sin cambios, también había intereses.

Es falso pensar que antes de 1989 esta era una sociedad homogénea donde todo el mundo recibía lo mismo, pensaba igual y todo el mundo era feliz.  Eso es mentira, sino no hubiera habido el proceso de la titimanía, el de las casas de descanso, el de la chapa estatal para los carros, no, no, no, no. Aquí las maneras de obtener derrames por la izquierda de la economía estatal han sido muchas, y eso hacía la diferencia entre las personas; a veces lo hemos admitido y otras no, pero de que ha existido, ha existido, a veces con una pintura roja, a veces con una pintura verde, pero ha existido, y eso también tenemos que entenderlo, no porque sea ni más malo ni más bueno, sino porque es parte del comportamiento humano.  No será muy natural, pero es lo más humano que hay en el mundo, y que se crean intereses en torno a una posición, en torno a un sector, en torno a una manera de desempeñarse, es lo más normal y humano del mundo, que quede claro, no vayamos a buscar al ser humano ideal que eso no existe, y eso pasa en Cuba socialista, en Cuba revolucionaria y pasa igual en la Francia neoliberal que existe hoy.

Los intereses sí existen y condicionan los procesos, sin lugar a dudas condicionan los procesos, condicionan su velocidad, a veces condicionan su profundidad.

El presidente de Cuba ha repetido públicamente decenas de veces el tema de la resistencia a este proceso de cambios. ¿Y cuál es el partido de la resistencia en Cuba, cuál es el grupúsculo de la resistencia? No lo hay: somos todos, todos somos resistentes. Porque se nos está cuestionando nuestra propia cultura y nuestra propia manera de haber sido y eso nos hace ser resistentes, porque además todos pensamos que el Estado tiene que seguir proveyéndonos todo y que si no es desde el Estado no se puede generar empleo. Y eso es falso, la vida lo demostró.

A este Estado desde 1990 hacia acá le costó mucho trabajo generar el empleo que al país le hacía falta; y en los últimos años quien ha generado empleo ha sido el sector privado o el sector no estatal. ¿Y eso es malo? Pues pienso que no, pienso que eso es bueno. Pienso que eso, de hecho, alivia al Estado, lo descarga, pero además, genera otras potencialidades y alinea a personas que no necesariamente tienen que estar dentro de la propiedad estatal, en función de un país mejor, donde haya más posibilidades, más actores y más capacidades de participar.  Este proceso ha abierto esas oportunidades inmensas. Hay quien las ve, hay quien no las ve; hay quien las sabe aprovechar, hay quien no las sabe aprovechar.

Que se va a producir un proceso de diferenciación. Ya se produjo antes, se va a volver a producir. Pero hace falta que ese proceso de diferenciación sea funcional al propósito de que este país siga siendo socialista e independiente, eso es lo que hace falta. Y si hay diferencias, bienvenidas sean, siempre que sean así. Es mi idea sobre eso.

Yo sí pienso que desde el sector privado, si el tipo trabaja mucho y se es muy bueno y es exitoso, y gana mucha plata, qué bueno. Si es acá el camarada campesino que lo veo vender sus cerezas, que es un producto exótico, y se las vende a la cadena Meliá y le pagan un montón de dinero, y con eso puede irse de vacaciones a Isla de Pinos: fantástico. ¿Por qué no?

Y eso me lleva a lo último que quería decir que es el tema de los agentes del desarrollo.

¿Qué es lo próspero? Bueno, Naciones Unidas tiene un indicador, el índice de bienestar percibido, y hay un grupo de categorías para darlo, se puede hacer. Pero lo que está claro es que los países avanzan cuando sus sectores sociales se mueven desde la indigencia hacia la pobreza, de la pobreza a la clase media, y de la clase media a las clases altas. Y ese proceso es ineludible en Cuba, pongámoslo como lo queramos poner, pero es ineludible. Hay que saberlo aprovechar.

Lo que sí podemos es decidir cuál es el sector de ingresos medios que nosotros queremos, cuál es el que nos es más funcional a este socialismo. Que ese sector medio esté compuesto por el científico de biotecnología, por el físico brillante, por el guagüero vanguardia, ¿por qué no?, también hay guagüeros así.  Yo lo que les quiero decir es que ese es el sector que tenemos que promover. Yo no le tengo miedo a esa diferencia. Yo le tengo miedo a la igualdad a ultranza, a la igualdad sobre la base de la falsedad, a eso sí le tengo miedo. Esa otra diferencia, sobre la base del producto del trabajo, de la capacidad de la gente para producir, de facilitarles la vida a las personas, a esa le doy la bienvenida definitivamente. Y creo que sobre esa nuestro Estado sí tiene que actuar y tiene que hacer definiciones para generar incentivos positivos hacia esa diferencia.

Yo creo que hay que aprovechar mejor esas capacidades de las que se hablaron, de nuestro capital humano. Creo que es una vergüenza que tengamos todavía 186 categorías de trabajo por cuenta propia, y que ninguna de ellas incluya el trabajo altamente calificado, por ejemplo. Ahí estamos desperdiciando un enorme potencial, en sectores donde el Estado no es capaz de generar el empleo que hace falta. Eso hay que revisarlo profundamente, a mi juicio, para poder permitir que también esos sectores de alta calificación, desde posiciones no estatales, puedan contribuir a ese socialismo que si bien no tenemos la foto completa, sí tenemos un dibujo general de lo que queremos hacer.  Es mi idea sobre eso y en ese sentido soy optimista.

Creo que en los últimos tres años se ha hecho mucho más de lo que se hizo en los 20 anteriores, sin lugar a dudas. Hay cosas que no han dado los frutos que tienen que dar, a veces uno se desespera, hay medidas que todavía no impactan en los resultados del producto bruto; pero, sin lugar a dudas, han sido tres años en que, cuando usted enumera los cambios, es una lista de más de 70 diferentes acciones generales que cambian maneras de comportarse y el contenido de nuestra economía.

Eso no es fácil, si estudiamos profundamente los procesos de cambio de muchos países, veremos que en muchos casos han tomado un tiempo largo.  Hoy miramos a China, pero no nos damos cuenta de que los cambios en China comenzaron en 1978 y hoy nos impresionamos con China, pero comenzaron allá y se pasaron 10 años en un lleva y trae terrible. Porque hay que acomodar la sociedad y a la gente que está en esta sociedad, y no es fácil, no es fácil salir de profesor para convertirse en vendedor de croquetas; pero quizás uno sea un mal profesor y un exitoso vendedor de croquetas, ¿por qué no?, puede pasar. Siempre hay una discusión en relación con eso, hay quien estudió ingeniería porque le “tocó” estudiar ingeniería, pero su vocación era ser cómico, compañeros, y hoy son magníficos cómicos.  ¿Ustedes han visto cuántos de los cómicos cubanos son ingenieros?, increíble. Y quizás  si hubiera hecho un puente se hubiera caído, y nos mantienen riéndonos constantemente, eso es fantástico, fantástico.  Hasta el pobre Pánfilo que no tiene el carro, que le celebró el cumpleaños a la carta; claro, él le pudo celebrar el cumpleaños a la carta, pero los obreros azucareros cubanos nunca han podido hacerlo, lamentablemente

(Aplausos).

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Primero, los oídos hay que prepararlos para poder oír algunas cosas, creo que eso hay que entenderlo; no todos los oídos están suficientemente preparados para entender algunas palabras, eso explica en parte que todavía no entendamos bien el alcance de los Lineamientos.

Yo quería referirme a un tema más sustancioso, a mi juicio, que es el tema de la democratización de los procesos de transformación de que estamos hablando.  Les voy a decir algo: he estudiado 18, ninguno ha sido democrático, ninguno se ha consultado con el pueblo, ni el de Corea del Sur, ni el de China, ni el de Viet Nam, ni el de Singapur, ni el de Indonesia, un poquitico más democrático el de Brasil, un poquitico. Quiero decirlo porque hay que distinguir bien entre lo que es la participación real de la gente y lo que entendemos nosotros por democratización y las dinámicas que implican estos procesos que generalmente han sido procesos dirigidos desde un liderazgo que lo ha hecho bien y que ha logrado que esos procesos, en muy corto tiempo, le den resultado a la gente y que la gente pueda percibirlo.

Por eso cuando decimos una tasa de crecimiento del 6% no es porque nos guste el número, o del 7%, no es porque nos guste el número, es porque si usted crece todos los años el 1% se demora 60 años en duplicar el producto, ¿y cuándo la gente toca el resultado de esa transformación?, dentro de 60 años, serán los hijos de nuestros hijos o los nietos, si acaso. Pero cuando un país crece al 6% promedio, en 10 años duplica el producto, entonces la gente también tiene una manera de participar en los resultados de aquello que se está haciendo.

Otra manera de participar es que cuando a usted le abren las fronteras y lo dejan convertirse en cuentapropista, trabajador privado o seguir siendo trabajador del Estado, de hecho le están dando una oportunidad que antes no tenía, y eso también es participar, que quede claro; porque el día que a mí no me acomode ser profesor universitario y quiera convertirme en carnicero, que es lo que me gusta, pues fantástico, ahora tengo la oportunidad que antes no tenía. Yo quiero también que eso se entienda, porque es muy bonito hablar de la participación, es muy lindo hablar de la democracia de los procesos, pero es muy difícil implementarla con la suficiente dinámica para que responda a la dinámica de los procesos que hay que hacer.

Si el gobierno consultara cada uno de los cambios que se han hecho en este país, no se hubieran hecho 5 en estos tres años, estuviéramos discutiendo todavía —mira qué interesante— una de las primeras medidas que tomó Raúl que fue la de entregar la tierra a los campesinos, no, peor, estuviéramos discutiendo el precio de la leche, y las vacas estuvieran sin producir; hubiéramos sacado a discusión pública cuál es el precio que debemos ponerle a al litro de leche que producen nuestros campesinos: seis meses de discusión, después lo discutimos en el Parlamento, y al final no tenemos leche.

Pongo una cosa muy burda: hay procesos más sustanciales, como este, ¿cuáles son las formas de propiedad?  Salió en los Lineamientos, lo pueden leer, incluso se deja abierto:  propiedad cooperativa, propiedad estatal y otras formas de propiedad; porque, por ejemplo, puede haber una propiedad —y es lo que hemos sostenido siempre, que el gobierno no tiene por qué manejar ninguna actividad de comercio, ni mayorista, ni minorista, ni TRD, ni churrera, para mí todo eso hay que sacarlo del Estado—, una fórmula que sea muy interesante:  una tienda grande, un consorcio gigantesco como TRD, con una parte de la propiedad que sea de los trabajadores, otra del Estado y otra de una cadena de tienda extranjera que cargue con ese costo brutal que es mantener inventarios, pagar CVP, soportar robo y pagarles a los trabajadores, ¿y esa qué forma de propiedad es?  Mixta, pero no es mixta del Estado con un consorcio extranjero, es mixta del Estado con sus trabajadores y con una compañía extranjera.  ¿Y puede pasar o no puede pasar?  ¿O es que tenemos que cerrar la realidad?  ¿Vamos a sacarlo entonces a discusión?  ¿Cuántos meses nos demoramos?  Entonces yo creo que hay cosas que se pueden discutir que son las cosas sustantivas, que se pueden llevar a discusión.  Los Lineamientos son una cosa sustantiva; cuando hagan algunos cambios en la Constitución, que son sustantivos, hay que discutirlo, eso está claro, es constitucional, hay que discutirlo. Hay otras que no hay que discutir, a mi juicio.  El Código de Trabajo hay que discutirlo, por ejemplo, y habría que discutir el Reglamento que lo implementa, porque ese código depende en más de 26 capítulos de un reglamento que yo no conozco; bueno, eso hay que discutirlo, es sustantivo, es el futuro.  Hay cosas que no son sustantivas de este proceso y a mi juicio no hace falta discutir.  Esa es mi idea sobre cuáles son los límites de ese proceso y hasta dónde es funcional que sea mucho más democrático o menos democrático.

Creo que este por lo menos ha permitido la participación de muchos, como nunca antes.  Oscarito dijo 20 años, porque es muy joven, yo puedo decir que en los últimos 45 años que tengo y en los 38 de dar clases de economía, jamás he visto ningún proceso donde haya habido tanta oportunidad de participar y dar criterios con una puerta tan abierta a oír criterios, nunca en la vida, es la primera vez que lo veo en muchos años, de verdad que sí. Con todo lo que uno puede criticarle, con todo lo que uno puede estar en desacuerdo, con todas las cosas que uno quiere que sean mejores, que yo creo que es normal. Pero si algo hay que reconocerle a ese proceso, a mi juicio, hoy, a este que estamos viviendo, es que ha sido un proceso con puertas abiertas a escuchar criterios, y, sobre todo, con ojos y orejas atentos a aprender sobre la marcha, y hay muchas cosas que se han ido rectificando sobre la marcha, cosas que antes no pasaban, se ha sido muy pragmático, y eso también es un mérito de ese proceso. Es mi idea sobre eso (Aplausos).

 

 

 

Nuevas reglas del juego

Dr.C. Oscar Fernández Estrada

Muchas gracias, en primer lugar a Elier y a los compañeros de la Asociación Hermanos Saíz. Es una gran oportunidad participar de esta excelente plaza que se viene  regularizando en los últimos meses y que va ganando cada vez más seguidores. Lo considero una oportunidad muy provechosa porque uno no viene a este tipo de espacios a enseñar, uno viene no más que a someter o proponer un grupo de ideas que al final las recoge enriquecidas o incluso hasta modificadas.

Quiero comenzar señalando que los panelistas que asistimos hoy aquí no nos hemos coordinado en realidad. Solo por correo electrónico intercambiamos algunos titulares sobre lo que abordaría cada uno. En la práctica creo que muchos de los puntos críticos, de los puntos de intenso debate hoy respecto a nuestra economía, estarán presentes en las tres intervenciones aunque quizás sean enfocados de manera diversa. Seguro encontraremos puntos de discrepancias entre nosotros, e igualmente encontraremos puntos de contacto, como es natural.

El actual proceso de transformación de la economía coincido en que no comenzó con el VI Congreso del Partido, que tiene sus antecedentes más cercanos en los años 90. Sin embargo, debo destacar que este proceso tiene también antecedentes más antiguos, e incluso más aleccionadores, en la experiencia emanada de la implantación en Cuba del Sistema de Dirección y Planificación de la Economía que comenzó en el año 1975 con el 1er Congreso del PCC, y se extendió hasta mediados de los 80 cuando, a la luz del llamado “proceso de rectificación de errores”, fue sometido a crítica profunda.

Ahora, esta etapa específica de transformaciones, esta etapa actual llamada “actualización”, tomó fuerza en la práctica en octubre del año 2010 con las primeras resoluciones que autorizaban la expansión del trabajo por cuenta propia, con lo cual ya va cumpliendo sus tres primeros años. A pesar de que no hay una conceptualización clara, de que no hay aún un documento público que sintetice nuestras aspiraciones desde el punto de vista de la Economía Política, sobre cuál es la sociedad socialista que queremos, a partir de finales del 2010 ya se van configurando un grupo de ideas que fueron recogidas en los Lineamientos, y que como resultado de una primera vuelta de debate popular ha intentado avanzar un consenso sobre la necesidad de transformar el modelo existente.

Todo esto ha venido a conformar un panorama nuevo, con la emergencia de nuevos actores ejerciendo nuevos roles, y con la persistencia de viejos actores exigidos a modificar sus viejos roles, todo ello en un contexto en que comienza a explicitarse con intensidad un conjunto probablemente irreversible de “nuevas reglas de juego”. Algunas de estas reglas han venido concibiéndose por el “árbitro central”, mientras otras se van estableciendo por los propios “jugadores”, edificando a veces en un sentido opuesto o paralelo al deseable, pero siempre como reacción consistente con sus roles a veces no capturados por las políticas centrales.

Este proceso que se ha desatado es contentivo de una visión específica –no la única posible– sobre cómo superar el modelo anquilosado previo. Modelo este que, sobre todo en los últimos años, había pretendido funcionar bastante al margen de algunas de las condiciones objetivas que vienen describiendo la reproducción de la sociedad, y que por ello, era portador de un considerable riesgo de reversión sistémica. Pretender que los individuos estaban protegidos porque el Estado se comprometía con exigir, por ejemplo, que el pelado (corte de cabello) tuviera un precio de 1 peso (cup), laceraba hondamente el prestigio del Estado y por tanto del socialismo cubano, al no poder evitar que el servicio se ofreciera en realidad a un precio varias veces superior fijado extralegalmente por el mercado (10-20pesos).

El modelo en marcha pretende romper con este tipo de distorsiones. Considero que esta visión actual –intentando una interpretación relativamente sistémica de todas las medidas que se han venido tomando y algunas que están anunciadas, aunque no se ha afirmado oficialmente en ningún lugar– está avanzando de manera implícita hacia una economía donde los mercados funcionen con bastante plenitud, lo que no significa que tengan un papel rector. Podemos acuñarla como una “economía de mercado” lo cual no significaría una economía capitalista necesariamente, porque en medio hay otros elementos determinantes. Sé que este término podría traer alguna confusión, pues su empleo para el común de los mortales ha constituido durante muchos años un sinónimo de “economía capitalista”. Sin embargo no es del todo rigurosa esa asociación. Quizás todas las economías del mundo en los últimos dos siglos han sido de mercado –con mercados más liberalizados, o más restringidos o influenciados–, así como casi todas posterior a la Gran Depresión de los años 30 han sido también economías en alguna medida “planificadas” sin que se les acuse de “socialistas”. La discusión del término merece un espacio mayor en otra oportunidad, lo que quiero subrayar aquí es que en el nuevo modelo cubano los agentes económicos de todo tipo (estatales y privados) se van a relacionar cada vez más a través de flujos horizontales autoestablecidos, y cada vez menos según las formas específicas centralmente predeterminadas. Hacia esa visión de la economía es que se está avanzando. Esto no excluye que desde el centro se deba ejercer influencia sobre el resultado de estos flujos, acotando, condicionando o estimulando determinados comportamientos juzgados socialmente como deseables, con lo cual conservaría su papel rector. Esta influencia se ejercería utilizando los incentivos económicos como uno de sus resortes de peso, pero es imprescindible que aprenda también a movilizar a los actores desde los valores genuinos de una sociedad solidaria.

En otras palabras, sería una economía de mercado muy sui generis en el mundo actual, porque estaría marcada por al menos tres elementos distintivos. En primer lugar, pareciera un axioma que continuará el predominio de la propiedad estatal sobre los medios de producción –condición mínima para el aprovechamiento social del proceso de acumulación–, aunque a todas luces no será tan absoluto como había sido concebido hasta ahora, sino con mucha más flexibilidad y autonomía. Por otra parte, sin que haya contradicción con lo anterior, esta economía tendría una participación relativa mucho más amplia del sector privado, tanto doméstico como foráneo, en diversas formas y tamaños. Y en tercer lugar, todo esto funcionaría bajo la mirada reguladora del Estado, con una nueva, una muy diferente forma de intervención, pero también conminada a conseguir progresión en este tan irregular proceso como es la transición socialista.

Ciertamente coincido con mis colegas en que el desarrollo aún no está en la agenda del debate público. El desarrollo aún no está en la mira de las acciones que se han desatado, todavía no se percibe, aunque ya está anunciado un primer paso en los preparativos para la elaboración del Programa de Desarrollo Económico y Social a largo plazo, cuya visión tendría como horizonte temporal el año 2030. Y entiendo por desarrollo no solo la transformación de la base productiva que conduzca a la superación de los estrangulamientos congénitos. La comprensión del desarrollo contenida en este Programa tiene que ser un proceso mucho más abarcador, que incluya además el reconocimiento y la manera de superar los niveles de pobreza que tenemos, el empoderamiento de grupos marginados o vulnerables, los problemas ambientales, tecnológicos, los equilibrios territoriales, la conformación de las aspiraciones culturales que tendríamos como sociedad, entre otro montón de elementos que tendrían que figurar en esta lista. Desde hace más de dos décadas en Cuba estaba desaparecida la visión de largo plazo. Estábamos empantanados en una filosofía de supervivencia, de administración de crisis. Ahora felizmente reaparece al menos en el discurso público como una necesidad, aunque ciertamente en este momento el esfuerzo se ha centrado más en otros aspectos que son punto de partida, condición necesaria para propiciar el desarrollo.

Este proceso de Actualización, al parecer se va a ir desatando en diferentes etapas. Estamos en una primera etapa, en la cual el esfuerzo fundamental está dirigido a la modificación de las reglas de funcionamiento que han regido históricamente nuestra economía, que si bien han garantizado la supervivencia política del sistema también han constituido un fuerte obstáculo para el desarrollo en los últimos años. En una segunda etapa vendría el objetivo de la transformación de la estructura productiva y social, por lo tanto lo asociado al desarrollo. Aunque lo esbozo como dos etapas no necesariamente hay que verlas de manera aislada, no tienen que verse en orden secuencial, no hay que terminar una para comenzar la otra, porque son procesos que pueden solaparse en gran medida.

Ahora bien, refiriéndome a esta primera etapa, la modificación de la manera en que ha funcionado la economía va a tomar unos cuantos años, porque hay demasiadas barreras  que rebasar. Por suerte, esta transformación está viniendo desde el liderazgo histórico que está rompiendo él mismo con su propio modelo anterior; pero aun así, hay mucha resistencia –incluso inconsciente– y esos son fenómenos que no se solucionan en corto plazo. Los cambios de paradigma relativamente profundos como este toman tiempo para establecerse. Yo estimo –sin que haya mucha ciencia rigurosa en esta estimación– que esta etapa de modificación del funcionamiento puede llegar hasta el 2020 perfectamente. Aunque el propio presidente Raúl Castro ha anunciado que el proceso de actualización tardaría al menos cinco años, creo que cinco años es un pronóstico optimista para la magnitud de la transformación a acometer, sobre todo en términos conceptuales.

Quiero remarcar, además, que estas trasformaciones conceptuales que están en marcha en este momento, a mi juicio no son cosméticas, son sustantivas. Son transformaciones profundas, abarcadoras, aunque en este momento todavía están batallando fundamentalmente en el campo de los paradigmas establecidos, por lo que su impacto no se derrama aún con demasiada fuerza en cambios para la sociedad. Se trata de transformaciones imprescindibles y complejas, por cuestionar mitos de larga data convertidos en catecismos y confundidos en muchas ocasiones con esencias del socialismo.

En este sentido voy a abordar cinco aspectos sustanciales que de alguna manera se han venido avanzando como objetivos. Estos son: incrementar el peso relativo de la propiedad no estatal en la economía; transformar el ineficaz modelo de gestión de las empresas estatales; compatibilizar el papel rector de la planificación con el ambiente de mercado en el que se desempeñarán los actores económicos; reordenar el funcionamiento de las instituciones del Estado; y eliminar la falta de correspondencia entre la trascendencia social del trabajo aportado por las personas y el nivel de vida al que tienen acceso. Subrayo que la sucesión en que los estoy presentando no se corresponde con orden de prioridad alguno.

Como les comentaba, el primero de los objetivos que puede inferirse de la implementación en marcha, tiene que ver con el incremento del peso relativo de la propiedad no estatal en la economía. Yo creo que ya a todos nos queda claro a esta altura que hay una promoción de nuevos emprendimientos no estatales, ya sea en formas de trabajo individual, ya sea en formas cooperativas, o sea en formas privadas.

Aquí en este tema hay muchos conceptos que aunque se nos van haciendo comunes son realmente muy connotados, porque están marcando rupturas con paradigmas que anteriormente eran inamovibles.

Primero, mencionaba la promoción de nuevos emprendimientos no estatales.  Hace unos días un colega de la facultad me circuló un fragmento de un discurso de Fidel del año 1968, el 13 de marzo en la escalinata universitaria, donde argumentaba los motivos de la Ofensiva Revolucionaria. En él se planteaba que no tendrían porvenir en este país ni el comercio ni el trabajo por cuenta propia, y que el que trabajara por cuenta propia debería pagar caro el hospital, la escuela, etc. Y hay que ver cómo esos paradigmas que pudieron haber sido coherentes con un momento histórico concreto, con una realidad, incluso con un nivel de maduración del pensamiento desde la economía política del socialismo, cómo la historia misma los ha ido superando y nos ha ido dando nuevas enseñanzas.

Sobre este mismo tema hay una cuestión muy significativa en la reforma actual, y es el reconocimiento tácito a la propiedad privada capitalista –aunque sea a nivel de la micro o pequeña empresa– desde el mismo momento en que autorizamos la contratación de fuerza de trabajo. Este para mí es uno de las cambios conceptuales más transcendentales de los últimos años: la autorización a la contratación privada de fuerza de trabajo, y prácticamente ha pasado sin mucho revuelo. Subsiste el debate, en la academia y en otros medios, sobre si esto significa o no una contradicción con el artículo 14 de la Constitución, relacionado con la explotación de trabajo ajeno. Para mí es claro: aunque nuestro sistema social imprime matices sustantivos que marcan la diferencia, la autorización a contratar fuerza de trabajo en cantidades ilimitadas supone el reconocimiento de empresas privadas capitalistas y en estas, mientras no se demuestre otra cosa, tienden a aflorar expresiones de explotación.

Por otra parte, otro concepto “nuevo” está en el impulso a la creación de cooperativas en el sector no agrícola, lo cual era también un tema tabú. En los años 90 aprobamos cooperativas agrícolas –bastante mediatizadas por cierto–, sin embargo, no quisimos tocar ni con un pétalo el sector no agrícola, cuando incluso desde la teoría aceptada y difundida de la economía socialista estaba reconocida como una forma de propiedad social a desarrollar.

Otro tema trascendente aquí son las transacciones regulares que se están estableciendo entre el sector estatal y no estatal de la economía, sin límite preestablecido. Ese es otro arquetipo que se va rompiendo, no sin una gran resistencia. Fíjense que las normas  jurídicas que rigen este asunto no determinan montos máximos para la contratación de bienes y servicios a los privados por parte de instituciones estatales. Solo establece dos principios esenciales: proceso de licitación pública y decisión por un órgano colectivo. Incluso en las últimas intervenciones que han hecho algunos dirigentes –específicamente Marino Murillo en la Asamblea Nacional de julio pasado– se hizo referencia a algunas distorsiones que se han ido generando. Se han producido ejemplos de pagos irracionales y se ha enfatizado por nuestras autoridades que hay que corregir esas distorsiones, pero que de ninguna manera hay que revertir el concepto. Porque el concepto es claro: tienen que estar conectadas todas las formas productivas, tienen que poder comerciar entre ellas, tienen que partir de condiciones de igualdad relativa, tienen que competir o integrarse espontáneamente en cadenas de valor, en fin, tienen que construirse los mercados con sus oferentes y demandantes, sean formas productivas o consumidores finales. Luego, hay que ir en paralelo dando los pasos para potenciar el sector estatal, pero sobre la base de ventajas competitivas naturales o desarrolladas y no de ventajas administrativas artificiales. Lo que pasa hoy es que las empresas estatales tienen –por decreto administrativo– control monopólico artificial en muchas actividades, pero a la vez están mucho más atadas para producir con eficacia –también por disposiciones administrativas– que las formas no estatales. Ambas cosas hay que corregirlas.

Otra importante cuestión conceptual, relacionada con las modificaciones en la estructura de la propiedad, es el tema de la inversión extranjera. Aunque ya recién se ha lanzado una convocatoria para invertir en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, y se vienen experimentando asociaciones en sectores como el azúcar –que habían estado cerrados  en la apertura de los 90– todavía este es un tema muy controvertido. Por ejemplo, en los Lineamientos aprobados por el Congreso se le asigna un rol complementario en la economía. Sin embargo, cada vez va ganando más fuerza el consenso de que resulta una necesidad determinante, pues el salto que necesita la economía cubana requiere inversiones y es prácticamente imposible en las condiciones nuestras generar fuentes internas de acumulación. Teniendo en cuenta nuestras condiciones de partida, es imposible soñar con una economía medianamente pujante sin potenciar los flujos de inversión extranjera. Durante muchos años nos hemos preocupado más por cuánto se lleva el socio extranjero y no nos hemos preguntado tanto cuánto nos deja a nosotros su inversión.  Hay que hacerlo con inteligencia, sabiduría, transparencia, con los niveles de centralización y fiscalización imprescindibles, pero solo los verdaderamente necesarios. Este tema todavía no se ha posesionado del debate público tanto como resultaría necesario.

Todo este sistema de acciones se espera que sea beneficioso para apoyar la transición socialista, para avanzar hacia el desarrollo socialista, porque contribuye a desatar las fuerzas productivas. Esto es a través de la creación de nuevas ofertas de bienes y servicios, la regularización de empleos antes existentes de manera informal, la posibilidad de capturar y redistribuir la contribución fiscal de estos agentes, las potencialidades que emergen de generar encadenamientos productivos, entre otros aspectos. Sin embargo, este nuevo orden puede desatar y consolidad simultáneamente otras transiciones diferentes en la base de la sociedad, las cuales no necesariamente avanzan en el mismo sentido que esperamos de nuestra transición socialista. Por ejemplo, la legitimación del interés material como valor supremo, la profundización de la fracturación de la sociedad en clases, y el posicionamiento desde el exterior sobre propiedades en Cuba, son algunas de las amenazas contenidas en el proceso que deben afrontarse conscientemente.

El segundo gran objetivo tiene que ver con la transformación del ineficaz modelo de gestión de la empresa estatal. Fíjense que aquí hay un tema también conceptual que muchas veces suele tergiversarse, sobre todo en medios foráneos: no se trata de privatizar las empresas estatales, no hay un proceso de privatización. El Estado se está descargando de la gestión de actividades que están a nivel de la producción mercantil simple, generadoras de muy poco valor agregado en términos relativos, sin enajenar activos relevantes. Está planteado el debate en torno a la solución que se está implementando, en cuanto a los modelos de gestión que se están experimentando, pero lo que casi nadie discute es que la gestión estatal centralizada que había caracterizado hasta ahora estas actividades era completamente ineficaz. No se puede confundir esto con la apertura a nuevos emprendimientos que describí en el punto anterior. No hay en este plano un proceso de privatización. Son procesos diferentes: la modificación de los modelos de gestión de las empresas estatales y la apertura a los nuevos emprendimientos no estatales. Cierto es que cuando usted entrega en arrendamiento alguna instalación, seguramente algunos activos tendrán que ser vendidos, porque no podemos seguir controlando centralmente los cubiertos, las sillas y las mesas. Y también es cierto que cuando el Estado se queda solamente como arrendador de los medios de producción, deja de beneficiarse de la expansión de los rendimientos que la nueva forma de gestión puede imprimir al negocio. Estos rendimientos quedan en manos privadas o de cooperativas según sea el caso.

Sin embargo, aquí el elemento más sustantivo y que todavía está encerrado entre grandes signos de interrogación, es el que se refiere a las grandes y medianas empresas estatales, a cómo van a funcionar, cómo se les va a sacar del atolladero. Se afirma que el nuevo modelo se va a caracterizar por una mayor autonomía en la gestión de estas empresas, aunque sin llegar a formas de autogobierno obrero. En las Directivas del Plan 2014, anunciadas muy recientemente por nuestras autoridades, hay importantes avances en este sentido. Anterior a ese anuncio las esperanzas de descentralización aguardaban por los llamados “experimentos empresariales” que se estaban diseñando e implementando de forma controlada, básicamente en tres grupos empresariales. Ahora estas Directivas pretenden generalizar a todo el sistema empresarial un nivel de autonomía que ataca directamente esa noción de planificación que nos ha enredado en una telaraña administrativa, carcelera de la iniciativa y la innovación, y verdadera mordaza para la productividad.

¿Qué proponen las directivas? En primer lugar, la transformación del concepto de “objeto social”. A partir de ahora el llamado “objeto social” ya deja de sufrir de ese síndrome de la “discrecionalidad positiva” al que Triana hacía referencia, porque en lo adelante ya no va restringir explícitamente lo que puede o no hacer cada entidad, sino que va a marcar solamente cuál es su actividad fundamental. Todo lo demás que se quiera hacer sería decisión de la directiva de la empresa. En paralelo con esto aparece un concepto nuevo, el de “encargo” o “pedido estatal”, que va a estar definido por las cantidades y tipos de producciones que el Estado le va a encargar a la empresa para satisfacer los objetivos prioritarios, y que en perspectiva no deben comprometer el 100% de su capacidad productiva. El resto de las producciones se podrán comercializar en el mercado, supuestamente a cualquier agente económico, a precios mutuamente convenientes.

Ahí es donde nace realmente el mercado mayorista, cuando para adquirir un insumo basta con establecer contacto con los oferentes y acordar los términos, sin que medien barreras ni permisos administrativos supra-económicos. En la medida en que se logre que los objetivos prioritarios sean satisfechos a través de ese mercado entonces el “pedido estatal” iría cediendo espacio como mecanismo directo de regulación de la producción. Entonces estamos viendo ya una transformación conceptual que, de generalizarse adecuadamente, puede tener resultados muy positivos.  Súmele a esto que las empresas conservarán el 50% de las utilidades, las que podrán distribuir o invertir; que conservará las reservas creadas a partir de los débitos atribuidos a la depreciación de los activos, montos que hasta ahora habían sido cedidos a los niveles centrales.

Sin dudas hay importantes elementos de cambio en esas Directivas para el 2014, que aunque constituyen señales que valoro de muy positivas y coherentes, confrontan la gran limitación de que en realidad no son vinculantes por sí mismas. El hecho de que estén emitidas no es garantía de su aplicación, pues requiere que se modifiquen muchos elementos en el complejo marco regulatorio que acompaña la actividad empresarial.

Todo esto guarda mucha relación con el tercer objetivo, el de compatibilizar el papel rector de la planificación con el ambiente de mercado en que se van a desempeñar los actores económicos en este momento. La planificación tiene que dejar de entenderse como el mecanismo sacrosanto a través del cual los niveles centrales del Estado deciden con precisión las fuentes y los destinos de todos los recursos que se ponen en movimiento en la economía. Por una sencilla razón: es imposible conseguirlo, al menos en nuestras condiciones. Es imposible desplegar un proceso de asignación centralizada de recursos y tareas a los actores económicos sin que ello provoque despilfarros o escasez artificiales en muchas ocasiones. El sistema no puede funcionar a partir de un diseño en el que los actores tengan que interactuar con algún nivel central –buscando una liberación de un recurso, una excepción en una regla o política, o simplemente un visto bueno– para ejecutar cada operación con los restantes actores, algo que debería ser totalmente horizontal, muy sencillo y automático. El Estado tiene que aprender a regular los procesos económicos utilizando mecanismos indirectos. Esto significa menos presencia de regulaciones administrativas, que por lo general son las que prohíben u obligan determinados comportamientos, y más empleo de políticas de incentivo, que son las que estimulan a los actores a que se comporten en el sentido que se espera de ellos. Creo que el embrión de esta idea está presente en las Directivas del Plan 2014 que mencioné hace un instante.

Otro asunto muy importante es que por primera vez en muchos años el largo plazo aparece en el discurso –y también en el diseño de políticas– como el horizonte determinante en el proceso de planificación. Como mencioné hace unos instantes, se está hablando de elaborar un plan de desarrollo hasta el 2030. En los últimos años no hemos tenido un sistema de objetivos estratégicos integralmente concebidos que nos sirvieran de guía. Ahora se trata de superar el enfoque cortoplacista de “administrar crisis” y colocar la mirada más allá, tratando de construir el futuro que aspiramos.

El cuarto objetivo planteado persigue el reordenamiento de las funciones de las instituciones del Estado, en búsqueda de una mayor eficacia y racionalidad. Aquí se producen dos cambios principales. El primero es que comienza a cuestionarse la visión imperante acerca del predominio absoluto de lo central sobre lo local como nivel de decisiones. Esto también es un cambio de paradigma inimaginable unos años atrás, que todavía no tiene expresión acabada, pero comienza a instrumentarse, y no solo en los experimentos conocidos en las provincias de Artemisa y Mayabeque. Están comenzando a aparecer expresiones de esto en las normas jurídicas que van emergiendo. Por ejemplo, la nueva Ley Tributaria ya envía señales en este sentido. ¿Que son insuficientes? De acuerdo, pero son un buen paso para comenzar. También ahora habrá que aprender a gestionar estas decisiones desde los gobiernos locales, a utilizar adecuadamente los presupuestos, y a organizar una participación efectiva de las comunidades en la decisión sobre los recursos.

Por otro lado, una importante cruzada se ha emprendido con el propósito de concentrar a los organismos del Estado en sus funciones estatales, quitándoles toda responsabilidad empresarial que puedan estar arrastrando. Para ello, se acomete un proceso de eliminación paulatina de la subordinación de las empresas a los ministerios, pasando a subordinarse a las llamadas Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial.

El quinto y último aspecto tiene que ver con la necesidad de eliminar la falta de correspondencia entre la trascendencia social del trabajo aportado por las personas y el nivel de vida al que tienen acceso. Este es un tema muy complicado, que aunque está explícitamente declarado, aunque ha tenido varias expresiones en el discurso político, no aparecen aún las señales esperadas. Y es que la solución al problema de los salarios ¿debe esperar al reencuentro con la productividad o debe ser asumido como un tema social urgente con un carácter profundamente político?

La situación actual es realmente susceptible: primero, el sistema salarial –del sector estatal– se encuentra erigido sobre la base de un diapasón muy estrecho; segundo, las escasas diferencias remunerativas no premian adecuadamente ni la complejidad, ni la responsabilidad, ni los resultados del trabajo; tercero, las magnitudes no satisfacen las necesidades ni siquiera de la reproducción de la fuerza de trabajo, tema por demás generador de reglas y dinámicas sociales incalculables; cuarto, existen complementos retributivos no salariales –y que por su valor pueden llegar a superar varias veces el salario– que se aplican discrecionalmente en determinadas instituciones sin estar regidos por un criterio de universalidad, y que por lo tanto generan incentivos asimétricos y tergiversados; entonces, por último, como pretendido mecanismo de justicia universal, se ofrece acceso a bienes y servicios altamente subsidiados o gratuitos de manera igualitaria a todos los ciudadanos, con lo cual se garantiza una mínima protección a los grupos de menores ingresos, pero a la vez se dilapidan cuantiosos recursos que los restantes grupos no consumen.

Todo este panorama de distorsiones se convierte en una de las principales barreras a la productividad del trabajo. No habrá posibilidad alguna de un salto en la productividad si no se corrigen estos elementos –entre otros que también impactan y que no pueden atribuirse a la actitud del trabajador. ¿Por dónde comenzar? Considero que es urgente emprender una Reforma Salarial. Creo que las mayores reservas están aquí en la esfera de la redistribución. Debo aclarar que lo que propongo no es impulsar un incremento masivo de salarios como se hizo en 2005, sin tocar los restantes factores. Esa opción sería totalmente inviable desde el punto de vista económico. Hay que buscar las fuentes para ese incremento de salarios, y es posible encontrar una manera más eficaz, mejor dirigida, más coherente, para redistribuir los mismos recursos que hoy se disponen.

Se requiere urgentemente emprender una Reforma que corrija las distorsiones internas del sector estatal y, además, reevalúe al sector estatal propio, enviando las señales adecuadas a los trabajadores. El sector estatal está cada vez más expuesto a la competencia por los recursos humanos que viene desarrollando el sector privado. Esta es una señal importante y, a mi juicio, no puede esperar una recuperación de la economía, sino que tiene que diseñarse sobre la marcha, porque es justamente uno de los puntales de la propia recuperación de la economía.

Hasta aquí he tratado de esbozar algunos los elementos fundamentales. Hay algunas barreras, algunos retos que están también planteados, además de lo que he mencionado. Por ejemplo, constituye un fenómeno muy grave en la actualidad la imposibilidad de medir de forma certera los hechos económicos, tanto a nivel de la empresa como de la economía nacional. Hoy no sabemos con rigor si una empresa es rentable o no, o si el Producto Interno Bruto creció o no. Esto se debe, fundamentalmente, a la incapacidad del sistema de precios –sobre todo por las distorsiones ocasionadas por la dualidad cambiaria– para reflejar coherentemente los hechos económicos.

Por otra parte, es realmente muy complejo emprender una transformación de la magnitud de la que estamos asumiendo sin contar con un financiamiento específico para ello, y peor aún, si consideramos que las condiciones de partida son ya de por sí muy críticas. Siempre con cualquier reforma hay algunos que resultan ganadores y otros perdedores y no siempre se puede prever con exactitud. Cuando los perdedores son los agentes que usted no desea que sean los perdedores, se necesita financiamiento para compensar ese resultado.

Finalmente, no quiero dejar de mencionar dos temas esenciales: primero, el proceso de actualización requiere acompañarse de una estrategia comunicacional coherente y moderna, y advierto –con la modestia del neófito consciente– que esto no está funcionando adecuadamente; segundo, ante cada medida a implementar debe declararse públicamente cuál es el objetivo que se propone y cómo se pretende medir su impacto. La medición oportuna y rigurosa de los impactos en todos los ámbitos de la sociedad es la única garantía de no derrumbar el socialismo durante el proceso mismo de su construcción. Hay que estudiar con rigor las lecciones del campo socialista, particularmente la etapa de la perestroika soviética y los modelos de reforma en los restantes países de Europa del Este, así como también nuestra propia historia de los años 70, la posterior Rectificación de Errores y la Reforma de los noventa. La Historia está cargada de respuestas.

(Aplausos).

Intervenciones durante el debate

 En realidad, yo también ponía esta idea de los viejos y nuevos actores –sujetos todos a nuevas reglas de juego en lo adelante– no en términos generacionales, sino en términos de agentes socio-económicos. Me refería a la aparición de nuevos actores, tales como trabajadores independientes, dueños de negocios, empleados en negocios privados, cooperativistas, inversores foráneos en negocios privados en Cuba, banqueros privados, importadores mayoristas privados, empresarios estatales con autonomía y poder de mercado, gobernantes locales con la posibilidad de decisión sobre recursos, trabajadores estatales calificados con la posibilidad y los incentivos para contratarse en el exterior, todos ellos entre una larguísima lista que pudiera elaborarse.

Aunque en realidad no todos son necesariamente nuevos en este momento en nuestra sociedad, sí es cierto que dado el nuevo escenario económico y político están emergiendo con una dinámica propia, con una fuerza en ascenso, que se entretejen en redes cada vez más organizadas y muchas veces construyendo espacios extralegales, y que pueden estar empujando procesos sociales en cualquier dirección, no siempre precisamente en el sentido que demanda un socialismo cada vez más democrático y auténtico. Este fenómeno, descrito por algunos académicos cubanos como “la existencia de transiciones simultáneas”, hay que tenerlo en cuenta, tiene que ser objeto de estudios permanentes. No estoy seguro de que todos tengamos la idea completa de lo que se potencia ante el nuevo contexto.

Están ocurriendo muchas cosas en el país, en ámbitos muy diversos. Este nuevo modelo, con estas nuevas reglas de funcionamiento, está generando o promoviendo determinados comportamientos que pueden ir más allá de lo esperado. Habitualmente nuestros marcos regulatorios pretenden ser muy precisos y estrictos, pero la creatividad e iniciativa que nace de la realidad social siempre estará varios pasos más adelantada, y ante esto no podemos actuar –como solemos hacer– de manera reactiva, definiendo nuevas regulaciones. A eso me refería.

Usted ha conducido la pregunta hacia el tema generacional y creo interesante hacer también un comentario en ese sentido. A mi juicio no es un problema estrictamente de generaciones. Aunque ciertamente, cuando usted observa que la edad promedio del Buró Político está cercana a los 70 años, ahí hay un hecho muy ilustrativo. Es natural que llegada determinada edad sea un poco más difícil conservar el espíritu innovador y estar dispuesto a transformarlo todo. Pero siempre hay personas más propensas que otras, que a pesar de la edad asimilan perfectamente los cambios conceptuales y tienen la capacidad de desaprender cosas que aprendieron con una fuerza brutal en otros momentos de su vida. Esto les da la capacidad ahora de percibir la realidad cubana incluso desde otra perspectiva mucho más dialéctica y, por tanto, mucho más enriquecedora. Pero también es cierto que la permanencia en un importante cargo decisorio de una persona que no tenga ese espíritu, que confunda los principios innegociables con las formas que estos adoptan en un momento concreto, y que termina amurallado en trincheras de dogmas, se erige en barrera colosal a la transformación y a la búsqueda de las nuevas soluciones que requieren los nuevos contextos.

Sin embargo, también puede ocurrir esto en generaciones jóvenes. He conocido decenas de dirigentes jóvenes en distintas organizaciones e instituciones, que en lugar de aportar capacidad creadora y transformadora, identifican como una actitud supuestamente revolucionaria la repetición de discursos incorporados de forma doctrinaria, carentes de argumentos, convicción y autenticidad, dirigentes disciplinados promovidos a través de los diversos niveles de nuestras “políticas de cuadros”, los que laceran aún más las esperanzas respecto a la verdadera transformación revolucionaria que necesitamos.

Sin dudas es este un problema complejo, el componente generacional desempeña un papel importante, aunque no considero que sea el único. En todo hay que hacer un balance y no me parece que este tema se pueda plantear desde una manera absoluta. Habría que ver, si en los años 60 los líderes de la Revolución a todos los niveles no hubieran sido tan jóvenes, si hubieran tenido un poquito más de experiencia, es muy probable que se hubieran cometido menos errores, pero quizás no se hubiera tenido el suficiente ímpetu para emprender las transformaciones con el nivel de radicalismo con que las emprendimos, que era imprescindible en aquel momento.

……………………………….

Evidentemente hay muchos temas que se han mencionado en esta ronda, que trascienden las posibilidades que brinda este espacio y no solo por razones de tiempo, sino que hay que aproximarse a ellos de manera iterativa, construyendo la verdad colectivamente. Entonces, cualquier cosa que uno responda desde este lado del auditorio siempre será solo una porción de esa verdad, sesgada e inacabada, que requiere ser compartida y contrastada.

Voy a empezar por el final, por el tema de los eufemismos. El más debatido de ellos, la noción de trabajador por cuenta propia, es empleado para referir a una gama de actores de naturaleza muy diversa, cuyo denominador común es que no son empleados del sector estatal. Esto puede tener alguna explicación lógica, pero también tiene consecuencias no despreciables. La explicación ya se adelantaba por otro panelista. Estamos en medio de un proceso de transformaciones conceptuales donde llamar a las cosas por su nombre, con el rigor que lleva, tiene connotaciones psicológicas en una gran masa de la población que quizás no está preparada para comprender en toda su magnitud el significado de esa categoría.

Digo esto porque una cosa es cuando uno lanza una categoría polémica en un contexto, digamos como este, bastante estrecho, donde existe la oportunidad de interactuar varias veces, e incluso de continuar debatiendo luego en el Malecón o el Coppelia; pero otra muy distinta es cuando el presidente del país, en la Asamblea Nacional, se dirige a millones de personas a través de los medios masivos. Ahí la comunicación es unidireccional, al menos en lo inmediato, y tiene impactos instantáneos sobre una gran heterogeneidad de públicos. Por otra parte, hay categorías que han resultado expropiadas de su significado científicamente riguroso, por concepciones políticas arraigadas durante muchos años. Los términos “economía de mercado” y “economía planificada” son ejemplo de ello.

El término “trabajadores por cuenta propia” tendrá que ceder poco a poco el paso a otros términos más exactos para describir los diferentes actores que actualmente encierra. Y tendremos que reconocer la diferencia entre los trabajadores individuales, los cooperativistas, los empleados de negocios privados, y los propietarios de estos negocios. Habrá que distinguir también en algún momento a los portadores legales de las licencias de los verdaderos dueños del negocio, muchas veces radicados en el exterior. No hacerlo hoy tiene connotaciones. Por ejemplo, en la sindicalización de los cuentapropistas, al no reconocer legalmente la diferencia entre empleados y empleadores, se ignora la naturaleza contradictoria de las relaciones que se establecen entre ellos, y se anulan las potencialidades de protección y contrapartida que desde el sindicato pudiera ejercerse. Otro caso similar ocurre cuando tenemos un individuo que es dueño real de varios establecimientos –digamos restaurantes, cafeterías, casas de alquiler– y en cada uno de ellos contrata a otra persona para que figure como portador legal de cada licencia. El no reconocimiento de la diferencia entre el portador y el verdadero dueño, posibilita, entre otras cosas, la presentación fragmentada en varias unidades económicas de lo que debería ser la declaración jurada de un solo dueño, y por tanto esto le permite clasificarse en una escala de menores ingresos, a los efectos de su contribución tributaria.

Entonces, ahí hay ejemplos de las consecuencias que derivan de esa interpretación eufemística que hay que ir corrigiendo. Yo creo que este es un estado normal de cosas, atendiendo a que nos encontramos en los pasos iniciales del proceso. Pero confío que el camino se va a ir despejando, nos vamos a ir acondicionando poco a poco a las interpretaciones teóricas más rigurosas y apropiadas. Las leyes tendrán que reescribirse –más temprano que tarde– reconociendo las diferencias entre actores, porque de lo contrario se eternizan y se agigantan sus impactos negativos.

Hay otros temas muy importantes mencionados por el auditorio. La intervención sobre el salario, por ejemplo. Creo que en esto no tenemos contradicciones esenciales. Comparto la idea de que es una urgencia, ya lo decía en mi presentación. Muchas cosas dependen de que se revolucionen las formas de retribución. Hay que enviar las señales positivas, hay que enviar las señales necesarias, porque hay muchas cosas en juego: ahí tenemos la emigración de la fuerza de trabajo joven; primero, hacia el sector no estatal, lo cual tiende a descapitalizar sectores que claramente son estratégicos para el país; y segundo, la emigración hacia el exterior. No es el salario la única causa, sin duda alguna, ni es la emigración la única consecuencia. No obstante, es preciso recomponer las fuentes de ingresos, buscando que las diferencias sociales que se generen tengan un origen legítimo para el socialismo, o sea, que estén explicadas justamente por la trascendencia social del trabajo.

Este es un camino largo pero creo que hay que empezar cuanto antes, lo que no quiere decir que se resuelva inmediatamente. No comparto la idea de que haya que esperar a que mejore la productividad para lanzar esa transformación. Creo que hay reservas desatables. Es un proceso complejo, muy complejo, porque tiene muchas implicaciones, pero hay que acometerlo cuanto antes. Además, estas normas salariales que todavía están imperando son “ancianas”, responden a un contexto en que realmente la situación era completamente diferente, con niveles de precios bien diferentes y otras características en los mercados de bienes y servicios.

Entonces se generan distorsiones tan grandes como, por ejemplo, que un ministro de un ramo puede ganar un salario inferior a un obrero de una empresa. El obrero quizás está vinculado directamente a los resultados de su producción y entonces puede ganar un plus mensual, mientras el ministro probablemente acceda a un salario fijo de 600 pesos. Claro, entonces aparece el fundamento ético para la existencia de otras retribuciones no salariales, que entran a complementar esas deformaciones del sistema, compensando el salario del ministro, pero que terminan siendo muy discrecionales. ¿Por qué hay sectores u organismos que reciben diversas formas de la llamada estimulación (jabita, cuc, vestuario, plan vacacional…) y otros tan o más importantes no? ¿Por qué un funcionario de determinado nivel u organismo recibe una asignación mensual de gasolina para utilizar en su auto privado, mientras otros empleados públicos de igual responsabilidad o jerarquía puede que no la reciban? ¿Por qué si ese mismo funcionario no tiene auto privado no recibe el equivalente a esa compensación en otra forma? ¿Quién decide si una vivienda en la capital –desocupada, intervenida, o construida por el Estado– debe asignársele a un cirujano del hospital Calixto García, a un pelotero del equipo Industriales, a un funcionario del Gobierno Provincial, a un profesor de la Universidad de La Habana, o a un viceministro que se divorció de su esposa? ¿Por qué ninguno de ellos puede aspirar a adquirir una vivienda digna, o incluso a reparar la suya, con los resultados de su trabajo?

Esto hay que transparentarlo y ponerlo todo encima de la mesa, expresándolo en términos monetarios, para comprobar realmente cuánto estamos pagando por el trabajo honrado en nuestro país y corregir tantas distorsiones que nos tienen al borde del colapso. Por eso afirmo que es un proceso urgente y que no puede esperar que se componga la productividad, más bien constituye en sí mismo el punto de partida para impulsarla.

Por último, me referiré al tema de la democratización en la toma de decisiones sobre las transformaciones socioeconómicas en marcha, mencionado en la ronda de preguntas. En primer lugar, evidentemente, es imposible evadir la necesidad de una modificación también en la organización política de la sociedad. El nuevo modelo económico de socialismo en Cuba requerirá también adecuaciones en el modelo político, en un camino hacia la profundización de un socialismo más democrático, sin obviar –por supuesto– la guerra económica que se nos hace, pero sin sacrificar por ella el avance real en el empoderamiento de nuestros ciudadanos.

En este momento, puedo afirmar que por lo menos la relación investigadores-decisores es una de las más cercanas en los últimos 20 años, como mínimo. Al menos los académicos e investigadores de las ciencias sociales están desempeñando una participación creciente, que realmente va mostrando resultados positivos, a mi juicio. Se ha generado un grupo de espacios importantes de colaboración. Puedo mencionar en primer lugar los Diplomados de Administración Pública y Gestión Empresarial que se imparten en la Escuela Nacional de Superación de Cuadros del Estado y el Gobierno –creada recientemente– así como en sus filiales provinciales y ramales por todo el país. Por aquí están transitando, como profesores, algunos de nuestros académicos más prestigiosos, y como estudiantes, funcionarios tales como ministros, viceministros, Secretarios del Partido a nivel provincial, presidentes de gobiernos provinciales, entre los de mayor jerarquía. Aquí se interactúa descarnadamente en un proceso muy interesante, que aporta mucho en ambos sentidos.

Por otra parte, hay también un grupo amplio de investigadores, profesores y académicos en general que están insertados en un órgano asesor que se creó para la Comisión de Implementación y Desarrollo de los Lineamientos, que es el Consejo de Científico Técnico o Consejo de Ciencia y Técnica, no recuerdo el nombre exacto. Este órgano está acometiendo investigaciones de todo tipo, trabajos encomendados directamente por  la Comisión de Implementación, que pasan por un proceso de varios niveles de discusión hasta llegar a la más alta dirección política del país.

Esto está arrojando resultados. Percibo con orgullo que muchas de las ideas sobre las que estamos interactuando, discutiendo, ganan fuerza como argumentos para nuestros funcionarios. Incluso en los discursos, en algunas decisiones que se toman, uno empieza a ver un sentido, una lógica científica compartida, o al menos una conciencia de los diversos puntos de vista. Tengo la percepción que los compañeros que cargan la responsabilidad institucional de impulsar las transformaciones que han sido aprobadas por el Congreso, están convencidos de lo imprescindible que es compartir esta responsabilidad.

Estas acciones no constituyen ni por asomo la institucionalización que necesitamos de la participación efectiva y sistemática de la ciudadanía en los procesos sustantivos de la nación. Pero son un buen paso de avance y una señal muy positiva respecto a su funcionamiento anterior, por lo que veo el asunto con optimismo.

Subrayo, para finalizar, que considero una oportunidad histórica estar viviendo y protagonizando este momento en Cuba. Realmente yo no tenía muy definida mi vocación profesional cuando terminaba el 12 grado, de  hecho quería ser periodista, pero la vida me empujó hacia la carrera de economía. Hoy siento orgullo, entusiasmo y mucha motivación por todos los grandes retos que se nos presentan por delante, por la gran responsabilidad que recibe nuestra generación, pero lo veo siempre con una mirada optimista. Creo que hay mucho por hacer, hay mucho por transformar. Como nos dijera en la Universidad hace unos años Alfredo Guevara, maestro de juventudes inspirador de este espacio, es imprescindible y urgente impulsar con todas las fuerzas posibles una nueva Revolución dentro de la Revolución. Esta nueva Revolución está recién comenzando. El socialismo de los cubanos del 2030 no nos lo van a legar, lo vamos a construir nosotros mismos desde las trincheras actuales. Para eso estamos aquí. (Aplausos).

Los cambios. Dinámica, velocidad

Ariel Terrero

Buenas tardes. Doy las gracias por haberme invitado y a ustedes por estar aquí presentes.

Me habían solicitado que hablara sobre el tema de la información y su vínculo con este proceso de cambio en la economía y decidí refirme a la velocidad de los cambios, de su dinámica y su ritmo que es uno de los temas polémicos hoy en día: ¿Vamos rápido, vamos lento? ¿Se puede ir más rápido? ¿Se aprovecha cada oportunidad, cada coyuntura?

Antes de entrar en una valoración general, quisiera dar mis puntos de vista y aclarar que voy a hablar de la velocidad de los cambios a partir del momento en que se aprueban los Lineamientos.

Voy a referirme a tres escalas de velocidad que son: a partir del momento en que se adoptan los Lineamientos que sería la acción legislativa del Estado, o sea, las medidas que adopta el gobierno para implementar esos Lineamientos; una segunda escala sería la implementación de esas medidas por los actores económicos de la sociedad; y una tercera escala que serían los resultados que tienen esas medidas para la sociedad. Y, definitivamente, no es lo mismo.

Estamos hablando además de un elemento que parte de una percepción y lo que para unos puede ser rápido, para otros puede ser lento; entonces estamos hablando de algo que tiene un contenido subjetivo. Independientemente de eso, creo que se pueden hacer algunas valoraciones.

Si hablamos desde el punto de vista de las acciones legislativas del Estado, de las medidas que ha ido adoptando el gobierno para implementar estos cambios o estas transformaciones de la economía, este proceso de actualización del modelo económico —ya se han mencionado algunos procesos, algunos cambios que se han ido implementando que, sin duda, son profundos, porque tienen que ver, incluso, con la propiedad, y estamos hablando de palabras mayores. Pero también estamos hablando de transformaciones en el sistema empresarial cubano.  Incluso, en este caso, quería advertir que no solamente estamos hablando de la voluntad humana, sino en algunas ocasiones se trata de la propia influencia de la historia. Porque cuando se hablaba de transformaciones de la empresa, se pensó en un momento llevar a cabo una experimentación en un grupo reducido de empresas (sector azucarero, biotecnología y la empresa de cultivo del camarón, básicamente) para después extenderlo al resto del sistema empresarial; pero la vida ha obligado a hacer ese experimento, a implementarlo de forma mucho más extensiva. Desde ese punto de vista, las transformaciones han ido adquiriendo cada vez una mayor velocidad.  Desde el momento inicial, recuerdo incluso que después de aprobados los Lineamientos hubo como una suerte de bache en que todos estábamos esperando:  “bueno, qué va a pasar ahora, se aprobaron los Lineamientos”, pero pasaban los meses y no había ninguna medida concreta hasta que empezaron a aparecer poco a poco medidas que ampliaron los pasos que se habían venido dando previamente en el sector agropecuario, por ejemplo, y otro grupo de medidas que se fueron extendiendo y fueron modificando este sistema de propiedades que existe en la economía cubana.

Ahora bien, desde el punto de vista de la acción legislativa entonces me llama la atención esa definición del profesor Triana de discrecionalidad positiva y que para mí es exceso de cautela, que en muchas ocasiones ha limitado la velocidad para adoptar determinadas medidas. Pero, como la vida va demostrando que no es posible implementar determinados cambios, mientras no se llevan a cabo transformaciones en otras áreas de la economía, está forzando una aceleración de las transformaciones.  Eso es si hablamos de esa primera escala de las medidas que adopta centralmente el gobierno.

Si vamos al nivel de la implementación de las medidas por los actores de la economía, cambian las cosas, porque estamos hablando —para retomar las palabras de Oscar— de viejos actores en nuevos roles. Él decía “nuevos actores y viejos actores en nuevos roles”. Yo creo básicamente que la mayoría son viejos actores en nuevos roles, incluso aunque se trate de trabajadores por cuenta propia, aunque se trate de cooperativas, son viejas maneras de hacer, de pensar, de entender y ver la economía que están presentes en cada uno de nosotros, incluso cuando digo nosotros, hablo de los que estamos reunidos en esta sala. Cuando salgamos hacia afuera vamos a ver ese entorno del consumo de la economía en que nos movemos directamente, de la misma manera en que estamos habituados a hacerlo desde hace muchos años; las transformaciones van lentamente. De ahí que, cuando se adoptan determinadas medidas, hay empresas, hay cooperativas que reaccionan más rápidamente y otras que reaccionan más lentamente. Un ejemplo clásico son las medidas que se adoptaron en el sector agropecuario para buscar una cierta equidad en el sector cooperativo, incluidas las unidades básicas de producción cooperativa (UBPC) tuvieran una mejor relación frente a las CCS y las CPA, otras dos formas de cooperativa que por razones diversas tenían ventaja, incluso algunas tenían la posibilidad de disponer de personalidad jurídica, con las ventajas que eso representaba, desde el punto de vista de sus relaciones con la banca.

Se adoptaron una serie de medidas en septiembre del 2012 y no todas las UBPC y no todas las cooperativas reaccionaron con igual prontitud o aprovecharon la coyuntura de igual manera.  ¿Por qué?  En esto influye esto que decía, el hecho de que estamos hablando de seres humanos, de actores económicos que no tienen la misma preparación en todos los casos para enfrentarse a los cambios que está tratando de introducir el Estado en la economía.

La tercera escala es la de peor de todas, desde el punto de vista de que los resultados, inevitablemente, van a demorar. Por tanto muchas veces queremos ver ya la mesa bien servida y, definitivamente, todavía la agricultura, desde el punto de vista de las producciones, no ha reaccionado y no nos ha dado esas producciones que esperábamos. Ni el mercado agropecuario ha encontrado todavía los caminos y estructuras eficientes para establecer una intermediación eficaz entre productores y consumidores, ni una adecuada expresión de la ley de la oferta y la demanda. Esto último es una muestra más –existen muchos ejemplos- de que no bastan los cambios en un área de la economía, si no se implementan o avanzan a igual velocidad transformaciones en otras áreas económicas.

Ahora bien, yo les dije que iba a hablar de la información, ¿por qué?  Bueno, porque creo que hay un grupo de condiciones que pueden influir en la aceleración de los cambios en la economía desde cualquiera de esos tres puntos de vista, pero sobre todo desde la segunda escala, que se refiere a la implementación de los cambios por los actores económicos. Hablo de condiciones materiales. Si no hay, por ejemplo, un financiamiento adecuado, es muy difícil implementar determinados cambios y eso tiene mucho que ver con esa medida que se está esperando de flexibilizar, no tanto una nueva ley de inversiones extranjeras, como las reglas del juego para abrir las puertas de la economía a las inversiones extranjeras. Pero además, desde el punto de vista material también tienen mucho que ver las posibilidades que se van creando en la economía a partir de las medidas que se van adoptando en otras áreas de la economía.  O sea, estamos hablando de un proceso —como ya anticiparon Triana y Oscar— muy complejo, un proceso además que requiere de un estrecho control desde el punto de vista de que no nos adelantemos en adoptar una medida, sin que estén creadas las condiciones para su implementación real.

Hablaba de condiciones materiales y pudiera mencionar también las condiciones culturales.  Anticipaba algo cuando me refería a esos viejos actores en nuevos roles, ese cambio de mentalidad del que tanto se ha hablado, condiciones legales y jurídicas y, por último, quisiera hablar de una condición fundamental y es ahí donde caigo en el asunto de la información.

Creo que desde el punto de vista de la información, todavía  hay un gran vacío o vacíos  por resolver desde tres puntos de vista: uno es la medición.  Oscar hablaba de medición certera de los hechos económicos, de medición de los impactos. Ese es un primer reto que la economía todavía no ha logrado salvar.  A partir de esa medición se debe generar una información adecuada, y lo más importante, esa información tiene que ser comunicada luego a la sociedad en cualquiera de sus escalas. Esto es de suma importancia, porque la comunicación de esa información es esencial para conocer la demanda —y cuando estamos hablando de demandas, estamos hablando de necesidades—, y para conocer la oferta, la competencia.  Sin este conocimiento, sin la comunicación que facilite este conocimiento, no es posible planificar y la tesis de que esta sea una economía planificada va a ser simplemente una ambición y no una realidad, porque no hay el elemento esencial para poder planificar de manera adecuada, que es la información.

Y lo último en relación con la información es su función para orientar al consumidor, un elemento además, sobre el que se podría hablar mucho.

Si disponemos de la información adecuada, conoceremos las tendencias reales del mercado, podremos tomar decisiones y planificar con precisión, se podrán orientar las transformaciones de la economía y se podrán dar respuestas a muchas de las interrogantes que se plantea  el ciudadano cubano y los actores de la economía.  Además, lo más importante, se podría reducir la incertidumbre natural que surge en cualquier proceso de transformaciones, más si estamos hablando de un proceso de transformaciones unido a un proceso de crisis.  Es lógico que tengamos una enorme incertidumbre. No sabemos bien hacia dónde vamos.

Cuando les plantean a ustedes la interrogante: ¿Quién puede definir los rasgos del socialismo que queremos?, tenemos ahí un primer elemento de incertidumbre. ¿Hacia dónde va la economía? ¿Cuáles son las posibilidades reales que se nos van a abrir? ¿Cuándo se van a resolver determinados problemas? Bajo esta situación es importante que la información fluya de una manera adecuada y no está ocurriendo así, incluso hay informaciones que se ofrecen muchas veces pero lo que hacen es desinformar.  Y ahí yo no culparía al noticiero cuando dice que los precios del mercado agropecuario van a depender de que haya una mayor oferta o de la oferta y la demanda, si hay una mayor producción bajarían los precios y el boniato se pondría a 20 centavos.  Realmente he oído decir en otros niveles, en la Asamblea Nacional de diciembre o de julio pasado oí a autoridades de la economía cubana reiterando eso, porque es un concepto que tenemos y es un concepto equivocado, lo real es que cuando hay desarrollo, cuando hay crecimiento de la economía, el peligro mayor es de inflación, o sea de que suban los precios, no de que bajen.

Por tanto creo que, como parte de todos esos cambios culturales, como parte de todos esos cambios que tenemos que enfrentar, tendremos que empezar a hablar en términos diferente de la economía, de las reglas de juego, de la información, y creo que hacia allá se va, lo que por esa discrecionalidad positiva, que yo llamo exceso de cautela, quizás todavía hay medidas que se adoptan con determinada lentitud y con más lentitud reaccionan los actores económicos y con más lentitud vamos a ver los resultados.

De todas maneras creo que es un tema apasionante, porque es un tema del que se espera mucho de cada uno de nosotros; de cada uno de nosotros cuando estamos en un centro de trabajo, como trabajadores.

Oscar mencionaba el caso de cambios esenciales como el de la posibilidad de contratación de la fuerza de trabajo, de que la microempresa privada ahora en el futuro pudiera ser una empresa privada; la posibilidad de la contratación de fuerza ya está legislada en la Ley Tributaria, está incluida ahora en el Anteproyecto del Código de Trabajo, en fin, estamos sometidos a un proceso de cambios profundos, y creo que en la misma medida en que decidamos participar, en la misma medida en que tengamos la información adecuada para participar, todo este proceso podrá ir a mayor velocidad (Aplausos).

Intervención en el debate

Creo que no se trata solamente de nuevos actores, si no de nuevas maneras de pensar. Voy a dar mi punto de vista muy personal:  creo que hoy día estamos en un país donde hay una lucha de maneras de pensar, que no tiene que ser una lucha antagónica, pero sí es evidente que hay maneras diferentes de entender cómo organizar determinados aspectos de la economía.  Y el resultado de eso es que ya han triunfado algunas maneras de entenderla.

Cuando estamos hablando de cambios importantes que han tenido lugar en la economía, eso no es casual, eso no hubiera sido posible si no se hubieran abierto maneras diferentes de pensar, que puede ser igual a nuevos actores, si estamos hablando de cuadros, que usted preguntaba; pero cuando hablamos de viejos actores en nuevos roles yo por lo menos estoy pensando a la mínima expresión, estoy hablando incluso del trabajador por cuenta propia, del obrero, del técnico, del director de una empresa, hasta del consumidor, no solamente del que dirige la economía.

Con relación al azúcar que, además es un tema que me motiva también y que he seguido.  Quisiera apuntar nada más que dos cosas, quizás el resumen de algo que decía Triana y añadir un elemento más.  Y es que lo grave no fue el momento en que se decidió cerrar los centrales, lo que hay que tener claro es que lo grave fue que durante años, décadas, no se invirtió en el mantenimiento, en el cambio, en la mejoría tecnológica de los centrales, por tanto, llegó un momento en muchos de esos centrales eran insalvables, otros todavía se podían salvar y de todas maneras se cerraron.  O sea, es un tema que quedará en la historia como una de las medidas más polémicas que se adoptaron.

Ahora, creo que Cuba puede ser azucarera de nuevo, creo que tiene potencial para eso y no porque los brasileños vengan, sino por el conocimiento, por la cultura azucara que tiene Cuba y por los centrales que aún quedan en Cuba.  Y, además, hay un elemento, en que sí coincido con usted, pero además los compañeros de la agroindustria azucarera tienen claro que su principal riqueza no es el azúcar, sino el azúcar más los derivados, incluso ponen muchos derivados por delante del azúcar, y uno de esos derivados es la energía que puede dar la industria azucarera, como los biocombustibles y la electricidad, pero esa opción necesita una cosa:  capital, necesita inversiones, y eso entronca con lo que ya habíamos apuntado de la necesidad de flexibilizar la política de inversiones extranjeras.  Ya se ha dado un paso que casi es toda una osadía, abrir el central 5 de Septiembre de Cienfuegos a inversiones brasileñas, y además otras experiencias específicas para la producción de energía con una empresa británica en otros centrales:  Ciro Redondo y alguno más.

Pero hay un concepto que también es fundamental, un cambio en la manera de entender la economía que tiene que ver con la producción de caña y de otros alimentos, que es la vinculación de los precios que se le pagan al productor de caña con la tendencia de precios en el mercado externo.  Raúl lo ha dicho, ha sido un abanderado de esa idea.  Los 2 000 millones de dólares que se gasta Cuba en el mercado mundial importando alimento, haríamos mejor en gastarlos para pagarles a los productores cubanos, y ese es el caso de la agroindustria azucarera también. Hacia ese modelo económico que estamos avanzando, ese es un cambio de mentalidad, un cambio estratégico de la manera de ordenar incluso la forma de pago a los productores en Cuba, que son fundamentales y de los que se pueden derivar después muchos otros cambios que llegarían incluso a darle respuesta en algún momento a lo que se planteaba del asunto del salario, la gran incógnita.

Prometo que voy a ser más breve en el punto del salario.  En el 2005, si mal no recuerdo la fecha, se aprueba la Resolución 9 del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social para el pago según los resultados del trabajo; se extendió el pago a destajo, eran cuatro formas de pago esencial, pero no dio ningún resultado.  Realmente lo que ocurrió fue que se estaba dando un paso aislado, sin tener en cuenta las transformaciones que reclamaba la economía en otros múltiples escenarios.

Es un ejemplo de que no podemos esperar una mejoría concretamente en el tema del salario, si no se transforma la economía en múltiples sentidos.

Otra señal: Raúl Castro, julio de 2013,  por primera vez dice una cosa, por lo menos desde el gobierno —se lo había oído a algún economista quizás, pero no lo había oído por nadie en el gobierno— reitera que se está estudiando seriamente la solución del problema de la dualidad monetaria, pero dice por primera vez que de la solución de la dualidad monetaria depende la solución de otros problemas, como el del salario, tarifas, precios, etc., y cambia el orden.  Porque en otras oportunidades se decía que había que resolver todo eso para resolver el problema de la dualidad monetaria y ahora cambia el orden de los factores, y esas son señales importantes de cosas que están cambiando.

Es que estamos en un proceso de experimentación necesario. Porque es que tenemos dos alternativas: o le copiamos el modelo a alguien o hacemos como los chinos que no se lo copiaron a nadie, hicieron su propio modelo de socialismo.  Y si hacemos nuestro propio modelo de socialismo, necesariamente tenemos que experimentar, y me parece que es lo más sano que podemos hacer. Estamos ante un proceso de transformaciones gradual, tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista cultural, de ahí los famosos eufemismos.  Estamos hablando de una sociedad que era verticalista y centralizada en todos los ámbitos, no solamente era la prensa la que tenía que pedir permiso para publicar algo, eran los productores los que tenían que pedir permiso para introducir una nueva producción o hacer un cambio o una inversión importante, era la universidad la que tenía que pedir permiso para hacer un cambio en el programa de educación, en el programa académico, eran los médicos, o sea, era todo el mundo.  Estábamos hablando de un tipo de sociedad que ahora está cambiando en su manera de ser y entenderse a sí misma, por tanto, es lógico que haya determinada evolución gradual y es lógico que se hable del sector no estatal en lugar de sector privado.  Aunque yo digo que la prensa cubana sí ha dicho que existe el sector privado en Cuba, y no ha pasado nada por eso.

Lo más importante es que la legislación reconoce la posibilidad de ser contratado por un empleador no estatal, y ese no estatal puede ser lo mismo una cooperativa, que un guajiro, que un llamado trabajador por cuenta propia.

Yo los conmino a que cuando salgan de aquí vayan viendo, aún en esa prensa, que salen datos, salen señales.

El último informe sobre el trabajo por cuenta propia nos da un dato que implica un cambio en la manera de interpretarlo. Los informes anteriores decían que la mayor cantidad de trabajadores por cuenta propia eran los del sector de la producción y venta de alimentos, y el segundo lugar lo ocupaban los contratados, y el informe más reciente ya no da a estos últimos como una categoría de trabajo por cuenta propia. Obviamente el trabajador contratado lo mismo puede ser contratado en el transporte que en la venta de alimentos, o sea que no es en sí una actividad económica.

Son modificaciones que poco a poco van entrando en el panorama económico cubano.

Y de la democratización yo creo que sí está avanzando, y una evidencia, aunque parezca discurso político, fueron los Lineamientos de la política económica, que eran 286 la propuesta y quedaron en 313 con modificaciones que en algunos casos fueron retrocesos con relación a lo que se estaba proponiendo, porque la población cuando discutió algunas cosas no las entendió o no estaba culturalmente preparada para entenderla y  hubo que modificarlos  y dejarlos de manera más cautelosa o simplemente quitarlo de los Lineamientos. O sea, sí hay un proceso de democratización, pero tendrá que ser gradual. Estábamos hablando de una sociedad vertical y centralizada en exceso; esa descentralizando que se está aplicando ahora no podrá ser de golpe y porrazo; de golpe y porrazo las empresas estatales que al final van a ser el núcleo de la economía cubana, no se van a descentralizar, porque sería el caos sencillamente, tendrá que ser de forma gradual.

Estamos en un proceso profundo. Yo sí creo que se han dado múltiples pasos, sobre todo más que por la cantidad, por las áreas donde se está operando. Cuando hablamos de propiedad, cuando hablamos de forma de gestión en la economía estamos hablando de cambios importantes. Ahora, como ya se ha dicho más de una vez, los resultados necesariamente tendrán que tomarse un tiempo, pero en mucho va a depender de la capacidad de esos actores que somos nosotros, para participar en esos cambios y darle el impulso que merecen (Aplausos).

LA FRONTERA DE LOS CAMBIOS EN LA ECONOMÍA CUBANA[1]

Dr. José Luis Rodríguez

Asesor del CIEM

I

 

   A partir de la experiencia histórica acumulada, la construcción del socialismo ha sido conceptuada como el camino hacia lo ignoto y el caso de Cuba no ha sido una excepción en esa búsqueda.

   Justo en los mismos años en que se produjo el triunfo revolucionario cubano, se desarrollaba un intenso debate en torno a las reformas económicas a aplicar para trascender las debilidades ya identificadas entonces del modelo socialista soviético, que era predominante.

   Esos debates tuvieron una repercusión en Cuba a través de las discusiones emprendidas por Ernesto Che Guevara entre 1963 y 1964 que retomaron el debate sobre la vigencia de la ley del valor y el papel del mercado en la construcción del socialismo, específicamente en las condiciones del subdesarrollo que caracterizaba a la Cuba de entonces.[2]

   Se puso entonces de manifiesto que la búsqueda de un modelo socioeconómico óptimo en esas condiciones enfrentaba obstáculos adicionales a los que se podían encontrar en los  países socialistas europeos de mayor desarrollo relativo.

   En efecto, Cuba debía enfrentar un nivel de deformación estructural en su economía consagrada a la producción de azúcar, con una agricultura caracterizada por el latifundio mayormente de propiedad extranjera, dependiente del mercado norteamericano y en condiciones que impedían la diversificación de la economía.

   Por otro lado, el atraso social asociado a esta realidad económica, con sus secuelas de analfabetismo, enfermedades, desempleo y desigualdad, contrastaban agudamente con un patrón de consumo que replicaba el de la sociedad norteamericana, sin contar con la base económica mínima indispensable para respaldarlo, engendrando subjetivamente en la población cubana una demanda insatisfecha sin límites.

   Finalmente, la economía cubana debía luchar por salir del subdesarrollo en medio del bloqueo económico de Estados Unidos, que impuso –además de una pesada carga económica- hábitos de dirección propios de una economía de guerra, muy alejados de una gestión eficiente.[3]

   En estas condiciones, la Revolución cubana se vio impedida de acumular los recursos indispensables para su desarrollo a partir únicamente del ahorro interno y al mismo tiempo, asumir el pago de una deuda social enorme. Al igual que la mayoría de los países, solo mediante un financiamiento externo que en este caso brindaron los países socialistas y –en particular la Unión Soviética-[4] sería posible iniciar el cambio estructural indispensable, al tiempo que se aseguraban los servicios sociales básicos y se compensaban parte de los negativos efectos del bloqueo norteamericano.

   También al igual que otros países socialistas, Cuba trató de acelerar las transformaciones asumiendo una temprana estrategia de industrialización sustitutiva de importaciones entre 1961 y 1963, que no encontró el equilibrio indispensable para triunfar. Vendría entonces una etapa necesaria de creación de condiciones para el desarrollo industrial a partir del crecimiento agrícola y de la producción azucarera que cubrió desde 1964 hasta 1975, para emprender a partir de entonces, una nueva fase de industrialización en los marcos de la división internacional socialista del trabajo que duraría hasta 1989.

   Pero el proceso de construcción socialista en Cuba se concibió también como una transformación profunda de las relaciones sociales de producción. Para ello la política económica que acompañó este proceso de desarrollo atravesaría por diferentes etapas centradas en la búsqueda de una adecuada combinación entre los aspectos económicos y sociales para lograr un verdadero desarrollo integral.

   A lo largo de los primeros 30 años de Revolución, Cuba ensayó diversas vías para la construcción del socialismo que giraron en torno al tratamiento a dar a las relaciones monetario-mercantiles en un contexto de fuerte compromiso político y solidaridad social. En esencia, se trataba de lograr un desarrollo humano superior sin desconocer los requerimientos materiales para ese empeño y las contradicciones que emergían en ese proceso.

   Se atravesaron etapas de un fuerte peso de los factores de movilización política, que engendraron –en sus momentos más extremos- concepciones idealistas del desarrollo (1966-1970). De igual modo, existieron períodos en los que –buscando una racionalidad económica indispensable- los incentivos económicos –también en sus aplicaciones más  extremas- abrieron un espacio desordenado a la copia del cálculo económico soviético lo que provocó negativas consecuencias (1976-1985).[5]

   La búsqueda de una síntesis adecuada de esos enfoques, partiendo de que en el socialismo la política debía tener prioridad y que los factores económicos debían concebirse como condición necesaria pero no suficiente para una sociedad superior, marcó el camino de una experiencia preñada de dificultades, pero aleccionadora para toda la sociedad.

   Mientras fue posible combinar el esfuerzo doméstico con la solidaridad internacional, en base a una filosofía del desarrollo únicamente puesta en práctica por el socialismo a escala mundial, se logró crecer a un ritmo promedio anual del 4,4% hasta 1989, lo que permitió contar con los recursos indispensables para alcanzar un elevado desarrollo social y una incipiente transformación estructural de la economía.

   Más allá de aciertos y deficiencias de la política económica, la creación de condiciones mínimas para cierto desarrollo alcanzadas por el país hasta finales de los años 80 se vieron frenadas abruptamente por la desaparición de la URSS y de los países socialistas europeos entre 1989 y 1991.

   Esa catástrofe provocó que el país entrara en una crisis económica sin precedentes denominada en Cuba como un Período especial, al combinarse en la misma la desaparición del campo socialista, el recrudecimiento del bloqueo económico de Estados Unidos y las propias insuficiencias del modelo económico cubano

   Ante esta situación, el país adoptó una estrategia para resistir los efectos de la crisis al menor costo social posible y reinsertar la economía cubana en las nuevas condiciones de la economía nacional e internacional, contando con el consenso político indispensable para ello.

    El impacto de la crisis llevó a que el PIB cayera un 34,8% entre 1990 y 1993; se redujeran las importaciones un 75%; y se desató una enorme presión inflacionaria al elevarse el déficit fiscal al 33% y aumentar la liquidez monetaria en manos de la población al 66% ambos medidos en relación al PIB, con la consecuente expansión de la economía informal, a lo que se añadió una fuerte caída en las inversiones y la productividad del trabajo, todo ello unido a la agudización de las tensiones sociales, en medio de un deterioro muy agudo del nivel de vida de la población.

   En otro sentido, las medidas que se adoptaron para enfrentar la crisis conllevaron importantes cambios en las relaciones sociales de producción, marcadas por la contracción de la propiedad social –vista como propiedad estatal- frente a la expansión de la economía no estatal integrada por la propiedad mixta, cooperativa y privada, en un proceso de apertura limitada a la economía de mercado.

   A pesar de las presiones externas ejercidas entonces para que Cuba tomara el camino hacia el capitalismo, los cambios efectuados se concibieron en todo momento como un retroceso inevitable pero no irreversible.

   Contra la mayoría de los pronósticos y a pesar de los graves problemas enfrentados, la economía cubana logró frenar la crisis e iniciar un proceso de recuperación gradual a partir de 1994-95, pero a un elevado costo.

   En efecto, el nivel de PIB de 1989 solo se recuperaría a la altura del 2004, lo cual representó 15 años perdidos para el crecimiento del país; la descapitalización en todos los sectores de la economía resultó muy elevada, con tasas de acumulación que descendieron como promedio del 26 al 17% desde los años 90; y los ingresos salariales de los trabajadores en términos reales se situaron muy por debajo de los niveles previos a la crisis, en tanto que la distribución de ingresos medida a través del coeficiente GINI pasó de 0,25 a un estimado no inferior a 0,40 a lo largo de los últimos 25 años.[6]

    Por último, en la misma medida en que las modificaciones de la política económica durante los años 90 fueron adoptadas para contrarrestar los efectos puntuales de la crisis, las mismas no conformaron una reforma económica integral previamente concebida, por lo que muchos problemas ya presentes en el modelo económico cubano de los años 80 permanecieron sin modificaciones sustanciales.

II

   A mediados de la pasada década el país había superado una parte de los negativos efectos del Período especial,  pero permanecían sin solución graves problemas estructurales.

   Un balance de esa situación mostraba tanto aspectos positivos como negativos.

   Desde el punto de vista de lo logrado se destacaba lo siguiente.

   -Se recuperó el nivel del PIB de 1989 alrededor del año 2004, aunque su composición se inclinó excesivamente al sector terciario, que pasó a representar el 81% del mismo.

   -Se recobró parcialmente el equilibrio financiero interno al reducirse a términos razonables el déficit fiscal que ha fluctuado entre el 3 y el 4% del PIB  y disminuir la liquidez en manos de la población que se ubicó sobre el 40% del Producto, cifra aún reflejo de presiones inflacionarias no resueltas.

   – Se elevaron los niveles nutricionales de la población superando los alcanzados en los años 80.

   – Se impulsó la matrícula del tercer nivel de enseñanza, lográndose un 15% de graduados universitarios en el total de los trabajadores.

   – Se mejoraron parcialmente los niveles de eficiencia energética y la efectividad de las inversiones, aunque esta última se encontraba aún por debajo de lo indispensable.

   Por otro lado, los aspectos no superados del período especial reflejaban graves insuficiencias.

   – Se ha mantuvo el desbalance financiero externo a un nivel no sostenible en el tiempo.

   – Persistió un bajo nivel de eficiencia económica, con cifras aún muy reducidas en el crecimiento de la  productividad del trabajo.

   – Los incrementos de la producción agropecuaria e industrial resultaron muy pobres, manteniéndose un grupo importante de renglones por debajo del nivel anterior al período especial.

   – Persistían importantes restricciones al consumo y una visible desigualdad en la distribución de los ingresos.

   – Se evidenciaba en la gestión económica estatal fenómenos de excesiva centralización, burocratismo e insuficiente participación de los trabajadores en el proceso de toma de decisiones.[7]

   Al estallar la crisis económica internacional en 2007-2008 el país se vio enfrentado a una situación financiera crítica, al combinarse la elevación de los precios de los alimentos y los combustibles a niveles insoportables; la presencia de fenómenos meteorológicos muy negativos y los efectos acumulados de los problemas no resueltos en el Período especial.

   El balance de la situación mostró ya a la altura del 2007 que se requería una transformación de mayor calado en la política económica a partir de dos de los obstáculos fundamentales a superar: el desbalance financiero externo[8] y la baja eficiencia económica interna.[9]

   En este sentido es necesario apuntar que el impacto de la crisis contribuyó a agudizar aún más el déficit de la balanza de pagos a partir del 2008, cuando ya se registraba un deterioro acumulado del 15% en el poder de compra de las exportaciones,  que representó 10 mil 900 millones de dólares entre 1997 y el 2009. A ello podría sumarse el recrudecimiento del bloqueo económico norteamericano con las medidas adoptadas por la Administración de George Bush en mayo del 2004, llevando su impacto a lo largo de los años a 104 mil millones de dólares hasta el 2009.[10]

   También debe tomarse en consideración que los huracanes que azotaron el país entre 1998 y el 2008 motivaron una pérdida de 20 mil 564 millones de dólares.

   Finalmente, la amortización de la deuda externa se hacía sumamente complicada en estas circunstancias, teniendo en cuenta que la misma alcanzaba los 12,310 millones de dólares en el 2009, lo que representa un 19,8% del PIB, un 25% de la cual tenía vencimientos entre el 2010 y el 2015.[11]

   Por otro lado, desde el punto de vista interno se había  registrado en los últimos años un retroceso en la eficiencia económica, expresada en los insuficientes niveles de productividad alcanzados, la que mostraba un crecimiento ya mencionado del 42% entre el 2000 y el 2008. En estos resultados influían un conjunto de factores, entre los que cabe destacar la descapitalización de la economía derivada del período especial durante los años 90, los desequilibrios macroeconómicos mantenidos y deficiencias de diversa naturaleza en el sistema de dirección de la economía.[12]

III

   A partir del 2008 para la dirección del gobierno cubano se hizo evidente la necesidad de un rediseño de la política económica que permitiera superar las secuelas del período especial y las insuficiencias del modelo económico vigente hasta 1989.

   De hecho hubo un cambio conceptual importante a nivel de la estrategia económica para esta nueva etapa. Se pasó así de una estrategia de resistencia frente a la crisis y de reinserción en las nuevas realidades económicas que primó desde 1990, a otra de mayor complejidad que se caracterizaría por la creación de condiciones para un desarrollo sustentable a corto plazo.

   Para los cambios que se decidió emprender se utilizó el término “actualización del modelo económico cubano” subrayando que las transformaciones transcurrirían en los marcos del socialismo, evitando así el uso del término “reforma económica” que pudiera dar a entender una transición a la economía de mercado.[13]

   Luego de una amplia discusión popular, los Lineamientos de la política económica y social aprobados en abril del 2011 implican un grupo de transformaciones fundamentales.

   En primer lugar, se reconoce un mayor espacio a las relaciones monetario-mercantiles y a la propiedad no estatal en el sistema de dirección de la economía, en el que -no obstante- predominará la planificación.

    Esta decisión reconoce una realidad objetiva, tomando en cuenta el discreto nivel de desarrollo que ha alcanzado el país y la imposibilidad de que la gestión de la economía socialmente más eficiente transcurra con elevado nivel de centralización y únicamente bajo la propiedad estatal. Por otro lado, se precisa concentrar los esfuerzos del sector público en la promoción de los sectores donde se encuentra el mayor potencial de desarrollo del país.

     No obstante se corren riesgos, ya que aunque son explícitos  los propósitos de no desarrollar un modelo capitalista, deben adoptarse medidas que permitan neutralizar de forma efectiva las negativas consecuencias del mercado, especialmente en lo referido a la emergencia de ingresos no provenientes del trabajo útil a la sociedad por la vía de la especulación; la promoción de los ingresos monetarios como objetivo prioritario para los trabajadores y el aumento de la diferenciación social.

    En tal sentido, los mecanismos indirectos de control de la economía no estatal mediante la política fiscal, comercial y financiera resultan decisivos, así como políticas compensatorias para atenuar los efectos de la diferenciación social a partir de ingresos no provenientes del trabajo, a lo que se suman los factores de movilización política y control popular que deben jugar un papel esencial.

   En segundo lugar, se reitera el papel fundamental de la propiedad estatal como el elemento motriz fundamental del desarrollo, al tiempo que se define un nuevo espacio para la gestión de la propiedad cooperativa, la propiedad mixta y la propiedad privada.[14]

   Esta diferenciación entre propiedad y formas de gestión supone también una clara definición de los mecanismos económicos que aseguren que el destino de la ganancia gestionada por operadores no estatales, bajo fórmulas de usufructo de la propiedad estatal, no se acumule crecientemente como capital.[15]

    En tercer lugar, se promueve la separación entre las funciones estatales y empresariales, unido a la descentralización de la gestión económica estatal a las empresas y territorios, asegurando la participación de los trabajadores en la misma. Al respecto se destaca la necesidad de asegurar que esa participación se materialice en el proceso de toma de decisiones en la producción y los servicios, donde pueden jugar un papel fundamental los sindicatos y las estructuras del Poder Popular a nivel de base.

   Por último, se otorga un mayor peso al consumo personal en los mecanismos de estimulación y se racionaliza el consumo social, especialmente en lo referido a los subsidios generalizados y las gratuidades indebidas. En este sentido, resulta indispensable un adecuado balance en los ritmos y proporciones del cambio propuesto para asegurar que se mantenga la solidaridad social y la equidad, compensando la situación de los segmentos poblacionales en desventaja social, al tiempo que se vincula más directamente la satisfacción de las necesidades con la retribución al trabajo.

   Transformaciones de la política económica y social de tamaña envergadura requieren un tiempo mínimo indispensable para su ejecución. Pero –por otra parte- las presiones  de la población producto de las agudas carencias acumuladas durante el período especial, reclaman una aceleración de los cambios y una mayor visibilidad de sus impactos positivos a corto plazo.

    Si se toma en cuenta que los obstáculos fundamentales para el despegue pueden sintetizarse en el desbalance financiero externo y en el bajo nivel de la productividad del trabajo, resulta evidente que se requiere de una política muy inteligente para superar estos obstáculos y –al mismo tiempo- comprometer a la población en los ajustes requeridos logrando el consenso político indispensable para asumir los costos que ello supone a corto plazo.

   Para lograr esos objetivos, la aplicación de la actual política económica y social partió de eliminar una serie de prohibiciones y flexibilizar las relaciones entre el Estado y la población, al tiempo que se sentaban las bases organizativas e institucionales para dar solución a los problemas más apremiantes.

   Especial atención ha requerido en este sentido la producción agropecuaria, que se ha procurado estimular desde el año 2008 mediante la entrega en usufructo gratuito de las tierras ociosas, calculadas en más de 2,3 millones de hectáreas –alrededor del 35% de la tierra agrícola del país- y de las que ya se han distribuido más de 1,5 millones de hectáreas. También se ha iniciado la liberalización de la gestión productiva y de comercialización, tanto para las cooperativas como para los campesinos privados y se han elevado los precios de acopio.

    Parejamente se ampliaron las facilidades para el ejercicio del trabajo privado por cuenta propia, que se triplica entre el 2010 y el primer semestre del 2013, alcanzando 436,342 trabajadores hasta el presente. Igualmente se inició en julio de este año la creación de cooperativas en el sector no agropecuario, con un peso mayoritario en el sector del comercio y los servicios.

   Junto a la apertura del empleo en el sector no estatal,[16] se ha venido reduciendo de manera gradual el subempleo presente en el sector público.

   Finalmente, se introdujo una nueva Ley Tributaria y se puso en práctica este año una nueva Ley Migratoria de honda significación política y social.

   Algunos de los efectos más inmediatos de las decisiones adoptadas se pueden apreciar en los siguientes datos, medidos en porcientos en relación con el PIB.

                                         2008   2009   2010   2011   2012

*FBCF (+)                      15,9    12,0    13,0    12,8    10,0

*Gastos fiscales              78,1    75,6    70,0    67,4    71,9

*Déficit fiscal                  -6,9     -4,9     -3,6     -3,8     -3,8

*Liquidez M2                  41,5    41,8    40,5    38,6    42,3

*Importaciones                32,4    20,6    23,9    22,4  19,3

*Balance EXP/IMP         -5,0     2,3        6,1      3,4    2,1

(+) Formación Bruta de Capital Fijo.

Fuente: ONE (2012) y ANPP (2012) y estimados del autor.

   En estos datos se observa el esfuerzo por reequilibrar financieramente la economía, mediante la reducción sostenida de los gastos del Presupuesto del Estado, aunque crece la masa de liquidez en manos de la población.

   En relación al saldo financiero externo, se registra una reducción relativamente notable de las importaciones, y se transforma el déficit en un superávit comercial.[17]

   Al mismo tiempo se registra una disminución en la Formación Bruta de Capital Fijo, sujeta a la necesidad de recursos adicionales y a una mayor eficiencia del proceso inversionista.[18]

   El presente año 2013 comenzó para la economía cubana signado por la huella de destrucción que dejó a su paso el huracán Sandy a finales del pasado año, cuyos estragos cifraron en cerca de siete mil millones de dólares.

   De tal modo, se produjeron un grupo de ajustes en las metas de crecimiento para el actual año.

   El resultado global del primer semestre del 2013 mostró un crecimiento de 2,3% en el PIB, y se pronostica que el año cerrará entre 2,5 y 3,0% cifras inferiores a la tasa prevista originalmente de 3,7%.

   Durante el año se ha reportado que se cumplirá el pago de las deudas planificadas, a pesar de los problemas financieros que se confrontan.[19]

   También impactará positivamente en la situación financiera externa, el acuerdo alcanzado con Rusia en febrero para condonar una parte sustancial de la deuda con la antigua URSS.[20]

   En el balance financiero interno, se prevé una reducción del déficit presupuestario a sólo el 14,6% del nivel previsto, lo cual lo situaría en el 0,5% del PIB. No obstante, este desempeño de las finanzas públicas deberá ser revisado, en tanto que deberá esclarecerse la desviación registrada, tomando en cuenta que no resulta igual un ahorro que una inejecución de gastos necesarios.

   Tampoco debe pasarse por alto que ya en el 2013 el 49% del déficit se financiará con crédito bancario, lo cual marca un importante cambio en la política financiera aplicada hasta el presente, la que resulta mucho más eficiente que la emisión monetaria para cubrirlo.

   Finalmente, la productividad del trabajo se espera que crezca un 4,6% en el año, lo que constituye el mejor ritmo alcanzado en mucho tiempo y que será superior al crecimiento del salario medio, contribuyendo así a frenar las presiones inflacionarias.

   Para el 2014 se ha previsto que la economía crezca un 3,4%.

   Sin embargo, las mayores transformaciones que se esperan para el próximo año ocurrirán en la esfera empresarial, donde se ha previsto una mayor flexibilización en su gestión incluyendo medidas tales como: la posibilidad de utilizar los fondos en divisa autorizados para pagar a productores nacionales que sustituyan importaciones; se descentraliza la venta de activos fijos tangibles; se autoriza la venta de inventarios ociosos y de lento movimiento; se retiene por la empresa el fondo para la depreciación de los activos, el que se constituye en fuente de financiamiento para inversiones; las inversiones no nominales se aprobarán por el director de la Organización Superior de Dirección Empresarial (OSDE);[21] el impuesto sobre la utilización de la fuerza de trabajo se reduce al 15% sobre la nómina; se aportará al presupuesto el 50% de las utilidades, quedando la distribución del resto en una serie de destinos, incluyendo determinadas retribuciones a los trabajadores; se flexibiliza la aprobación de sistemas de pago por resultados a los trabajadores y los incrementos de pagos que resulten serán autofinanciados por la empresa; y no se podrán planificar pérdidas.

   Además de estos cambios que flexibilizan una serie de aspectos de la gestión empresarial, continuará la extensión de las cooperativas no agropecuarias y del trabajo por cuenta propia, todo lo cual llevará a que durante el 2014 se produzca una transformación sustancial en el sistema de funcionamiento de la economía del país.

IV

   Las transformaciones que se vienen implementando en la economía cubana entrarán el próximo año en su fase más compleja por la profundidad y alcance de los cambios que deben introducirse.

   En este sentido será el inicio de transformaciones estructurales lo que permitirá dinamizar los sectores fundamentales para acelerar los ritmos de crecimiento. No obstante, los ritmos a alcanzar en los próximos cuatro años –según los pronósticos del EIU- fluctuarán ligeramente por encima del 4%. No obstante, según diversos análisis realizados, se requeriría llegar en un plazo de 10 años a ritmos entre 6 y 8% de crecimiento anual, lo que supone una aceleración mayor.

   Para ello resulta evidente que el país deberá incrementar su tasa de acumulación hasta superar un 20% en el corto plazo, lo que implica aproximadamente duplicar los ritmos actuales.[22] Tomando en cuenta la limitada capacidad de ahorro interna con ese fin, resulta indispensable incrementar la inversión extranjera directa estableciendo condiciones más favorables para su desarrollo. Aunque estas transformaciones no están todavía listas para su aplicación, la reciente creación de una Zona Especial de Desarrollo en torno al puerto del Mariel[23] apunta a promover rápidamente condiciones para una mayor presencia de capital extranjero en la isla.

   De otro lado, los problemas a resolver vinculados con las necesidades más apremiantes de la población que se concentran en la elevación de la capacidad de compra del salario entre los empleados estatales, unido a los requerimientos de alimentación, vivienda y transporte para toda la población, son elementos a resolver a corto plazo para lograr una elevación estable de la productividad del trabajo.

   En este sentido, si bien una solución global de estos problemas depende en buena medida del ajuste derivado de la eliminación de la dualidad monetaria presente en la economía cubana, será necesario a corto plazo combinar la elevación puntual de salarios en ramas y producciones priorizadas con una política de precios más coherente y donde la aplicación de subsidios personalizados será precisa para atender a los segmentos más vulnerables de la población, en aras de mantener el consenso indispensable de apoyo a la política económica prevista.

   Al respecto serán las transformaciones más complejas pero decisivas del modelo económico en el 2014, las que pueden ensanchar la frontera de los cambios en la dinámica de la actualización del modelo económico cubano en curso.

Octubre de 2013.

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-Rodríguez, José Luis (1990) “Estrategia del desarrollo económico en Cuba” Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990.

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-Rodríguez, José Luis (2011a) “Cuba, su economía y la Unión Soviética” revista TEMAS Nº 68, Octubre-Diciembre de 2011 pp. 114-121.

-Rodríguez, José Luis (2013) “Cuba en la era de Raúl Castro: una mirada desde lejos a la economía cubana” revista TEMAS Nº 73, Enero-Marzo de 2013 pp. 120-124.

-The Economist Intelligence Unit (2013) “Country Forecast. Cuba” March and September, 2013 en www.eiu.com

-Vidal, Pavel (2012) “Desafíos monetarios y financieros” en Pavel Vidal y Omar Everleny Pérez (Compiladores) Miradas a la economía cubana. El proceso de actualización, Editorial Caminos, La Habana 2012.

 Notas


[1] Para este trabajo el autor se apoyó en su ensayo “Las transformaciones recientes de la economía cubana” publicado en Cuba-l Analysis University of New Mexico en www.cuba-l.unm.edu febrero 11 de 2013.

[2] Ver Guevara (2004).

[3] Los efectos económicos del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba se estimaban hasta el año 2011 en una cifra superior a 108 mil millones de dólares (Ver República de Cuba, 2012)

[4] El flujo de recursos provenientes de la URSS ha sido objeto de debate. Autores como Carmelo Mesa-Lago calcularon que este flujo alcanzó 65,119 millones de dólares de 1960 a 1990. Para llegar a esa cifra imputó como un subsidio de todos los precios pagados por la URSS que se desviaron del mercado mundial por 39,390 millones. Este cálculo no tuvo en cuenta los beneficios que la URSS obtuvo al pagar productos cubanos a precios inferiores a sus costos internos, ni tomo en consideración que los precios pagados por las exportaciones cubanas entre 1976 y 1986 solo compensaban los incrementos de precios de los productos soviéticos, manteniendo constante la relación de intercambio. Ver Mesa-Lago (1993) y Rodríguez (2011)

[5] Ver Rodríguez (1990)

[6] Ver Brundenius (2009), Rodríguez (2011) y Ferriol & Castiñeiras (2004)

[7] No obstante, las decisiones más importantes de política económica se sometieron a la discusión masiva, recibiendo el respaldo mayoritario de la población.

[8]Desde el año 2005 se evidenciaron las limitaciones de la economía para enfrentar el déficit de la cuenta financiera de la balanza de pagos, las retenciones bancarias de transferencias al exterior y el elevado monto de los vencimientos de la deuda; todo lo que significó una gran tensión en el manejo de la economía.” (PCC, 2011, 7). Ver Vidal (2012)

[9] Entre el 2000 y el 2008 la productividad del trabajo creció un 42%, mientras que el salario medio aumentó un 74%. Esa tendencia se mantuvo en el 2009 y sólo comenzó a revertirse discretamente en el 2010.

[10] El monto hasta diciembre del 2011 llegaba a 108 mil millones de dólares.. Ver MNREX (2012).

[11] Ver AEC (2012). A la deuda registrada se añade un volumen de obligaciones que no ha sido objeto de reestructuración desde 1986, fundamentalmente vinculada al Club de París, y que alcanzaba 7,591.7 millones de dólares según el AEC del 2009. Si se sumaran ambos adeudos, la deuda totalizaría unos 19,900 millones, lo cual representa un 32% del PIB a precios corrientes. The Economist Intelligence Unit situaba la deuda en 19,600 millones de dólares en el 2008. Ver EIU (2013).

[12] En este sentido vale la pena subrayar la excesiva centralización de la gestión económica y las complejas circunstancias que imponía la dualidad monetaria vigente desde 1993.

[13] Realmente los cambios previstos trascienden una actualización, ya que suponen modificaciones sustanciales en la gestión de la propiedad e implican transformaciones de importancia en las relaciones sociales.

[14] Sobre este aspecto se precisa “El modelo de gestión reconoce y promueve, además de la empresa estatal socialista, que es la forma principal en la economía nacional, las modalidades de inversión extranjera previstas en la ley (empresas mixtas, contratos de asociación económica internacional, entre otras), las cooperativas, los agricultores pequeños, los usufructuarios, los arrendatarios, los trabajadores por cuenta propia y otras formas, todas las que, en conjunto, deben contribuir a elevar la eficiencia.” Ver PCC (2011, 10).

[15] Al respecto los Lineamientos establecen límites precisos al señalar “En las formas de gestión no estatales no se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas o naturales.” Ver PCC (2011, 11). Sin embargo, alcanzar esos objetivos no puede descansar únicamente en mecanismos fiscales.

[16] El empleo en el sector no estatal alcanzó el 22,7% del total en el 2011.

[17] No obstante la tasa de apertura de la economía pasó del 41 al 49,8% entre 2009 y 2011. Ver ONE (2012).

[18] En general el volumen de inversiones entre el 2009 y el 2012 bajó un 5,3%.

[19] Aunque no existen fuentes oficiales cubanas, se ha estimado por el EIU  que el servicio de la deuda pagado se elevó de 1,571 millones de dólares en el 2008 a 2,514 millones en el 2012. Ver EIU (2013).

[20] Fuentes financieras rusas han estimado que esa deuda acumulada pudiera haber llegado hasta los 35 mil millones de dólares.

[21] En el actual proceso de redimensionamiento empresarial, las empresas se agrupan en OSDE y no en ministerios, los que pasan a cumplir funciones estatales.

[22] Siguiendo los estimados del EIU, esto significaría alcanzar unos 1,500 millones de dólares anuales en inversión extranjera directa.

[23] Ver el Decreto Ley Nº 313 en www.gacetaoficial.cu

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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