Racismo en Cuba: ¿hablar o callar? *

Por Antonio J. Martínez Fuentes **

 

“Por suerte somos diversos; más de un iluminado en un debate público me decía ‘qué tanta América Latina, ni América Latina. ¿Qué tiene que ver un argentino con un haitiano?’

Y yo lo miraba con lástima, con pena.

Pobre hombre, él no sabe que lo mejor que te puede ocurrir es ser diverso, y nuestra gran virtud es que contenemos todos los colores, los olores del mundo en América Latina, en la diversidad          latinoamericana”.

Eduardo Galeano

 

“No basta con no ser racista, es necesario que seamos activamente antirracistas. La mayor prueba de cultura es y será el respeto a nuestros semejantes”.

 

 

Hoy se han superado, en gran parte, obsoletos criterios de la antropología física clásica, y existe una amplia mayoría que considera la raza una construcción sociocultural que da trascendencia a ciertos caracteres biológicos del ser humano, como el color de la piel y otros rasgos. Han tenido que transcurrir más de 200 años para que la antropología biológica haya podido liberarse de un gran error epistemológico, al reconocer lo incorrecto y dañino de un paradigma científicamente desacertado.

 Pero no deja de ser cierto que mientras que muchos genetistas y antropólogos afirmamos que las razas no existen, el hombre de la calle se pregunta por qué para él las diferencias entre blancos y negros, por ejemplo, le continúan pareciendo patentes. Debemos hacer entender que la raza no tiene ninguna relación intrínseca con la diversidad biológica humana, que tal diversidad es principalmente un producto natural de fuerzas evolutivas mientras que la raza es una invención social. Tenemos que ser líderes a la hora de promover el conocimiento y significado de las variaciones humanas.

 De acuerdo con Florencia Peña Saint Martín, colega mexicana, no se puede dejar de “…reflexionar sobre la imperceptible y peligrosa armonía que muchas veces existe entre conocimiento científico y justificación del orden social. Por ejemplo, se ha multicitado y ha sido ampliamente aceptado nuestro origen “biológico” a partir de tres “razas”: la europea, la indígena y la africana. Pero en antropología física poco se enfatiza que el acceso al poder y a los recursos socialmente producidos de estos tres grupos “biológicos” ha sido profundamente desigual. Por tanto con cinco siglos de colonialismo, neocolonialismo, marginación, pobreza extrema, etcétera, que dos de los tres componentes ha sufrido, se debe ser precavido con qué se asume como biológico y qué puede tener determinaciones sociales. Ello conduce a la necesidad de aceptar que el discurso antropofísico, bajo el disfraz de cientificidad, ha dado argumentos para justificar superioridades e inferioridades de raza, de clase y de género”.

 Muchos opinan que con negar la existencia de razas biológicas no se llega a ninguna parte, que no se resuelven los problemas del racismo. En este sentido es menester apuntar que el racismo se basa en dos afirmaciones que presenta como evidencias: la especie humana está compuesta por grupos bien definidos, con características biológicas distintas, las “razas”; esas razas pueden clasificarse jerárquicamente según una escala de valor. Ante estas dos afirmaciones el papel de la ciencia es aportar rigor y lucidez. De este modo negar la base biológica de las llamadas diferencias raciales contribuye a destruir en gran medida el problema.

 En Cuba, tierra donde se mezclan todos los tonos de piel, desde el blanco al negro oscuro, a pesar de ser mestiza biológica y culturalmente (sin obviar el componente aborigen que generalmente es excluido), los estereotipos raciales, los prejuicios, la discriminación y el racismo subsisten, aunque es evidente que están muy lejos de tener la magnitud con que se manifestaban en tiempos pretéritos. Pero esta problemática está en nuestras calles, en nuestros barrios, y ha venido ignorándose por demasiado tiempo.

 Para muchas personas es muy difícil hablar del tema racial, es un tabú. Mucha gente lo evita totalmente. Es un tema muy importante que incide en muchos aspectos de nuestras vidas, sin embargo hay aún mucho silencio al respecto. No pocos consideran que hablar de ello en vez de propiciar la unidad nacional podría ser un agente para exaltar barreras que desunan.

 Nuestra realidad muestra, además, que la problemática racial ha estado ausente del currículo docente e investigativo de las instituciones de la ecuación superior, las cuales poseen un potencial extraordinario para estudiarla y hacer las recomendaciones pertinentes.

 Considero que para la antropología cubana esto es aún un tema pendiente, que si bien ya es abordado (limitadamente) hace falta dar más impulso al intercambio de ideas así como a la difusión de los estudios. Es palpable que se precisa de una labor activa en la socialización de los resultados, muy en especial a través de los diferentes sistemas educativos y de los potentes e influyentes medios masivos de comunicación.

 ¿Hasta qué punto nuestro sistema educacional tiene responsabilidad en este problema y ha contribuido a reproducir el discurso racial tradicional? No debemos pasar por alto que el racismo y los prejuicios pueden ser transmitidos de muy variadas formas y sin estar conscientes de ello y sin que ese sea el propósito, incluso desde nuestras aulas.

 

 Hoy tenemos la obligación de contribuir a ofrecer toda una nueva visión de la especie humana desde su unidad y su diversidad, una visión que contribuya a promover la evolución del conocimiento de los seres humanos. Una de las contribuciones más útiles de nuestro trabajo en este campo, sería la de propiciar una comprensión más lúcida de lo que cada ser humano representa.

 La forma de abordar y dar solución a nuestros problemas tenemos que encontrarla nosotros a partir de nuestra realidad, de nuestra cubanía y no extrapolar ideas o posicionamientos que con frecuencia se escuchan, que evidentemente son copiados de otras latitudes, donde por lo general tampoco funcionan. No existen motivos en nuestro país mestizo para reproducir lo que no nos corresponde, lo cual en vez de propiciar la unidad nacional sí podría ser un agente para alzar murallas que desunan.

 ¿Qué somos? ¿Cubanos? ¿O nos convertiremos en una sociedad segmentada en afrocedescendientes, eurodescendientes, indodescendientes, etc.? Por otra parte, tampoco podemos obviar que el autoidentificarse con una determinada ascendencia no tiene que negar necesariamente lo cubano.

 Estudiemos con detenimiento otros contextos socioeconómicos, políticos y culturales y los resultados, por ejemplo, de las llamadas acciones afirmativas, que en mi opinión son igualmente racistas. Sustituir un racismo por otro no es justicia social.

 El pasado mes de enero culminó el curso de postgrado “La Racialidad en la Cuba actual”, organizado por nuestra Cátedra de Antropología, con la colaboración de la Fundación Fernando Ortiz y la UNEAC y donde participaron además profesores de diversas facultades y centros de la Universidad de La Habana; el Centro Nacional de Genética Médica, la Academia Cubana de la Lengua, y otros especialistas en el tema como Heriberto Feraudy y Tato Quiñones. El curso, en opinión de la casi totalidad de los alumnos, fue novedoso por su enfoque y análisis multidisciplinario. Cada profesor impartió sus conocimientos sobre el tema, que fueron tan diversos como la genética humana, evolución, origen de las llamadas razas humanas, hasta la lingüística. Esto permitió que los cursantes recibieran una perspectiva poco frecuente acerca de la problemática racial.

 El curso se enriqueció también por la composición del alumnado, integrado por especialistas de las más diversas ramas de la antropología, biología, medicina, historia, arte, demografía, filosofía, entre otros. Esta diversidad de saberes y puntos de vista dio origen a importantes reflexiones, comentarios y propuestas, que al tiempo que reflejaban las miradas desde cada “cascarón científico” se entremezclaban con las de los otros, resultando en una diversidad de opiniones que se imbricaban y mostraban cuánto nos queda aún por avanzar en el entendimiento complejo de nuestra realidad como población y cultura mestizas, y cuánto nos falta por insertar nuestro pensamiento en la vida cotidiana del cubano. Tenemos necesidad de salir de nuestros encumbrados recintos y hacer asequible a todas las personas lo que significa en realidad el conocido “todo mezclado”, o el llamado “ajiaco”, muy bien reflejado en los análisis efectuados.

 Pero el gran reto que tenemos es también el hacer llegar estos conocimientos a nuestras familias, a nuestros maestros, profesores, a los medios masivos de comunicación, a los alumnos, directivos y pueblo en general. ¿Cuánto mitos, falacias, incomprensiones y desarraigos podrían ser destruidos?

 Graciela Pogolotti expresó en una entrevista realizada por Heriberto Feraudy Espino que: “El silencio de los medios de comunicación en torno a este tema responde a diversas causas. Una de ellas se deriva de la tendencia triunfalista y acrítica que ha dominado por mucho tiempo, respaldad por la cautela ante el despertar de fisuras en la necesaria unidad nacional. No puede descartarse, por lo demás, el desconocimiento del tema con toda su complejidad por muchos actores que intervienen en el trabajo cotidiano de los medios. En este sentido, sería conveniente tener en cuenta para el diseño de una estrategia efectiva, la necesidad de organizar cursos y talleres avalados por el mayor rigor científico para fundamentar las acciones en un conocimiento integral. No descarto con ello la posibilidad de matar al pequeño racista que, sin tener conciencia de ello, sobrevive en nosotros”.

 Como he expresado en no pocas ocasiones, la Antropología desempeñó un papel importante en el fomento del racismo; la animalización del “otro” fue la base que sustentó el dominio, la opresión y el gran genocidio cometido contra numerosos pueblos del planeta: asiáticos, africanos y americanos. Lamentablemente la historia de la Antropología esta manchada de sangre, y ésta tiene aún una gran deuda con la humanidad.

 Según Gould, “…en los siglos XVIII y XIX los dirigentes blancos de las naciones occidentales no pusieron en tela de juicio la pertinencia de la jerarquía racial. Dada esta situación, el hecho de que los científicos aprobaran masivamente las jerarquías establecidas no se debió al estudio de unos datos objetivos recogidos para responder a un problema, sino a la circunstancia de compartir determinada creencia social”.

 Tomando las ideas de Tawakkol Karman, Premio Nóbel de la Paz, podría decir que nuestra responsabilidad hoy es grande en pro de la supervivencia armónica de todos los pueblos y culturas, debe ser un anhelo por su conservación, por la paz, por la reconstrucción, por el progreso, por la vida y no por la muerte.

 Nuestra lucha debe ser contra el racismo y no contra las razas. Una alumna me señaló: “Fue un curso distinto, excelente por los temas tratados. Para nada un encuentro de crisis existencial, sí de aprendizaje y reflexión. En lo personal me sirvió para incorporar una mirada diferente al problema de la discriminación racial que tanto nos afecta. Creo que en la medida en que los estudios científicos realizados se amplíen encontraremos nódulos o nexos que nos acerquen más los unos a los otros. Ello contribuirá ineludiblemente a conocernos mejor y no marcar las diferencias que históricamente nos han distanciado. Gracias por todo el esfuerzo que hacen por el presente y futuro de la población cubana. Te reitero que se debe considerar llevar estos conocimientos a un público más amplio a través de la educación y los medios de comunicación con un diseño eficaz y comprensivo que sea capaz de llegar a la población. Muchas veces es se ha dicho que la discriminación es algo que está en la conciencia y cultura de quien discrimina… Es imprescindible unir, conjuntar todos los saberes que pueden contribuir al cambio, en alguna medida, de esa conciencia retrograda y estereotipada. Ese es un reto, no debemos eludirlo”.

 Es evidente que se hace necesario emprender con urgencia un trabajo coherente para desvanecer, al decir de Don Fernando Ortiz (1946), esos fantasmas irreales y crueles que son las razas humanas; para desrracificar, para desrracializar [sic.] la humanidad.

 Es necesario llevar a cabo muchas acciones, que seguramente nos tomarán bastante tiempo, para destruir siglos de un pensamiento que lamentablemente, aún está en el subconsciente de millones de ciudadanos y que el ideario de nuestro apóstol se materialice en nuestra vida cotidiana.

 Es menester, además, incorporar al currículo docente e investigativo de las instituciones de la educación superior “contenidos que hoy son conflictuales en la sociedad y que algunas de nuestras organizaciones sociales ignoran y es como si no ocurrieran, debemos como instituciones educativas y formadoras de personas humanas comprometidas, tener miradas más detenidas y agudas hacia procesos que están teniendo lugar y que podemos desde nuestro perfil y características ayudar en la lucha por desvanecerlos”.

 Debemos reconocerlos, debatirlos y pronunciarnos, el silencio nos pone a la defensiva y es donde nuestros detractores se benefician para ocupar espacios, abierta o sutilmente, y atacar nuestro proyecto social. Hablar sobre el racismo no implica excitarlo o estimularlo, es necesario encontrarlo, analizarlo, buscar sus causas y combatirlas. El gran reto es contribuir así a lograr una sociedad más justa y más humanizada; una sociedad que sepa enfrentar sus problemas, asumirlos y trabajar por superarlos. Una sociedad que asuma crítica, responsable y respetuosamente el intercambio crítico, polémico y analítico sobre la existencia aún de estos males inhumanos en nuestra sociedad.

 Recientemente, el primer vicepresidente cubano, Miguel Díaz-Canel, apuntó durante la clausura de un seminario nacional del Ministerio de Educación (Mined) para preparar el curso 2013-2014, que con el desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, llegan a las personas noticias de todas partes, algunas verídicas y otras manipuladas. Por eso tenemos que dialogar, argumentar y debatir constantemente, continuó, para que nuestros estudiantes, profesores y el pueblo pueda discernir lo cierto de lo falso, lo bueno de lo malo, lo que favorece la Revolución y lo que no. Asimismo, exhortó a los maestros a perfeccionar la educación para formar a seres humanos integrales, revolucionarios, decentes y capaces de amar al pueblo y a la humanidad. En este mismo sentido consideró la necesidad de debatir en el espacio público la problemática racial cubana, ello no conducirá a fomentar el racismo, sino a su debilitamiento progresivo.

* Versión actualizada del trabajo presentado en el XVI Simposio Territorial de Estudios Culturales y Fórum Municipal de Ciencia y Técnica de la Cultura Plaza de la Revolución, 2013.

**Biólogo, investigador y profesor cubano. Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de la Habana; Investigador Titular en el Departamento Biología Animal y Humana, de la Facultad de Biología de la propia UH. Presidente de la Cátedra de Antropología “Luis Montané”, de la Facultad de Biología y representante de Cuba ante la Asociación Latinoamericana de Antropología (ALA). Ha publicado diversos artículos y libros de carácter científico, siendo también conferencista a nivel nacional e internacional.

(Tomado de Moncada)

 

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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