¿Es posible un cambio de mentalidad?

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(Muchos meses después, debido a dificultades con la transcripción, compartimos con los lectores de este blog las palabras de Fernando Rojas, viceministro de Cultura, en el espacio Dialogar, dialogar, de la AHS, Pabellón Cuba, 29 de mayo de 2013. Las cuales conservan aun notable vigencia)

Fernando Rojas

Entre la cantidad de ocupaciones en que vivimos algunos de nosotros, a veces no hay ni mentalidad para cambiar. Una de las características de nuestra sociedad es que hay gente muy ocupada, verdaderamente muy ocupada, yo conozco jóvenes ahora que tienen tres trabajos y lo hacen muy bien. Hoy es posible, hace unos años era impensable y al mismo tiempo hay muchos vagos y vagas, para no obviar la distinción de género, y  creo que eso es parte del problema del cambio de mentalidad.

¿Cómo nosotros logramos que el trabajo se convierta en la principal fuente de ingreso, que no sea solo una cuestión que emane de la presión económica, de la presión de las circunstancias, de la motivación por elevar las posibilidades de consumo, sino que sea también una cuestión de cultura?.

Nosotros venimos de vuelta de una cantidad abrumadora de eufemismos, consignas, lenguajes comunes, retórica y venimos de vuelta como individuos, y no creo que ni la sociedad ni los medios de comunicación se hayan librado de eso tampoco. Muchos de nosotros venimos de vuelta de eso y yo suelo recordar que estudié en la Unión Soviética, un país que ya no existe, en un instituto universitario que ya no existe, una carrera que ya no existe. Vengo de esa experiencia y recuerdo que entre esas maneras comunes de expresarnos abundaba la idea de la nueva cultura del trabajo, del trabajo socialista y del trabajo socialmente útil y el culto al trabajo. La verdad es que la idea del trabajo como cultura existe en las sociedades de consumo, aun y quizá porque las condiciones de trabajo de los individuos eran y son hoy todavía muchas veces, condiciones de trabajo humillantes, en las sociedades de explotación. Con esto quiero decir que me parece que habría que recuperar todo lo sano de esa cultura del trabajo, de esa cultura de que el trabajo -y esto sí es socialista o más socialista- no sea solo una obligación, sino una necesidad, una manera de sentirse mejores, una manera de no tener que robar para vivir. Aquella idea que también tiene que ver con las sociedades pasadas, que no es una idea hegemónica, pero era una idea muy común, “somos pobres, pero dignos”. O sea, no tengo que dañar a otro ni tengo que dañar el patrimonio de nadie para ser feliz. Yo creo que ese es uno de los rasgos posibles para un necesario cambio de mentalidad.

Otro cambio tiene que ver, este quizás es más evidente, con la desidia, la apatía, esa gente que tú le pides algo cuando se supone que hay que atenderte y te miran como a un extraterrestre. Eso abunda ¿verdad? Tiene que ver con que las personas no sienten que tienen una obligación con lo que hacen, ni de hacerlo bien.

Habría que ver si los vicios burocráticos nuestros tienen solamente que ver con la herencia colonial, la burocracia colonial española era una cosa terrible; o tienen más que ver, que parece más obvio, con la herencia soviética, el sistema burocrático, o incluso, si vamos a ser rigurosos en el tema, si hay desarrollo de esas actitudes burocráticas, de esas actitudes apáticas, de esas actitudes que desprecian el respeto a la persona a la que se sirve, a la que se atiende, si eso no tiene determinados desarrollos que son ya autóctonos. Que han calado ya culturalmente entre nosotros, lo que por supuesto torna más difícil la solución del problema. Ahí hay un escenario fundamental del llamado cambio de mentalidad.

Las personas que tenemos obligaciones como las que yo tengo, muchas veces somos catalogados como unos burócratas, en un país además donde hay demasiadas instituciones, demasiadas oficinas, buena parte de la causa que haya gente que no produzca es esa y cuando eso se acumula durante años resulta todavía más difícil resolverlo. Lo que tenemos que hacer las personas con responsabilidades como la mía, es gestionar, resolver un grupo de cosas. Defiendo el término “resolver” que ha adquirido otra connotación, para el cumplimiento de una obligación que tiene una persona con un tipo de trabajo y pensarnos como servidores públicos, no como personas, digamos que han alcanzado una posición que  tienen que defender.

En realidad en una mentalidad comunista, en una mentalidad socialista, solo es posible tener cargos públicos de verdad, y con esa convicción de la necesidad de cumplirlo honesta, decente y eficientemente, si uno está desprovisto de toda ambición. Eso también es un cambio de mentalidad necesario que en buena medida creo que se irá resolviendo, no rápido, porque estas cosas demoran tiempo. Se irá resolviendo si se cumple esa máxima de que uno puede estar en un cargo público de determinada importancia 5 años y 5 más si te proponen. Estas son solo algunas ideas, –sin quitarle importancia a estas ideas que he expuesto como pequeñas apostillas–, es muy difícil resolver estas cosas, proponer estas metas si al mismo tiempo no mejora nuestra situación económica concreta, como se ha dicho y se ha dicho muy bien, no solo los indicadores macroeconómicos sino la relación de esos indicadores con lo que tú tienes en la mesa para comer, lo que tienes puesto, los lugares a donde puedes ir y por qué no decirlo, el necesario consumo, la necesaria producción y reproducción de la vida humana.

Es muy difícil proponerse una sociedad más elevada espiritualmente y una sociedad más solidaria y eficiente en todos los sentidos, si no hay un concreto beneficio económico en la mesa y en la vida de cada uno de nosotros. Y ese es otro tema del cambio de mentalidad. Una cosa es criticar el consumismo y el monopolio de las industrias culturales y otra cosa es demonizar el consumo, error que hemos cometido no pocas veces.

 Muchas gracias.

Intervención durante el debate

Una de las razones para tener una prensa revolucionaria que no sea oficial, podría ser, que a veces se parecen mucho los medios entre sí y eso influye en la idea de que todos parezcan oficiales, porque a veces se retrotrae la idea de que todo es oficial a la propiedad sobre los medios, y el problema no es solo de la propiedad es también de los contenidos, de los perfiles. Eso se está discutiendo mucho.

Yo creo que un problema fundamental de la mentalidad nueva, vieja, futura, presente, pasada, es que tenga contenido, entonces si empiezas a decir nueva mentalidad… nueva mentalidad…. nueva mentalidad y lo repites y repites, creaste otra consigna más.

Gorbachov se refería a la “nueva mentalidad” y tuvo hasta un libro famoso que se llamaba así y cuando tú preguntabas: ¿cuál es la mentalidad?, podías quedarte colgado sin darte cuenta por donde venía el asunto. Recuerdo que otra idea famosa de Gorbachov que le dio la vuelta al mundo en aquella época –estoy hablando de un hombre que es hoy el político menos popular de su país, según las encuestas- fue: “el problema no son los valores socialistas, sino los valores universales”. Bueno y ¿cuáles son los valores universales? Estos eufemismos tendrían que estar siempre dotados de contenido, dotados de sentido.

Creo que lo primero, y ya varios compañeros lo han dicho, es que terminemos de aceptar la diversidad misma. A mi me parece muy bueno que haya un movimiento por los derechos de los homosexuales y que lo apoyemos. Vengo de la misma tradición de Calviño y pienso que tenemos que superarnos a nosotros mismos. Me alegro mucho por la gente joven, que crecieron en el período especial, pero crecieron sin esos vicios homófobos. Me alegro mucho de que haya compañeras y compañeros luchando contra los prejuicios raciales y el racismo. Estoy incluso personalmente implicado en ese esfuerzo, aunque son cosas polémicas. No hemos estado acostumbrados a entender que puede haber expresiones diversas de formalizar opiniones, de establecer espacios. Tenemos que aprender. Una de las cosas que está en proceso de análisis para transformarse es la legislación sobre las asociaciones en el país, ojalá eso además de algo formal, sea una transformación también de tipo cultural que nos haga entender mejor que hay un movimiento asociativo.

Los anarquistas participaron en la Revolución Socialista de Octubre, algunos de ellos estuvieron en funciones de  gobierno. Esas cosas se van olvidando, pero a veces hay que recordarlas, lo cual no quiere decir que yo esté de acuerdo con ellos o que haya que estar de acuerdo con ellos ni mucho menos, pero es un indicador de que algún día, ojalá pudiera ser lo más pronto posible, haya que recuperar la idea de que un día no va a haber Estado. Creo que eso es muy revolucionario, suponer que un día no va a haber Estado y por qué no decirlo, si tenemos que alcanzar toda la libertad y toda la justicia. Hay cosas que dificultan eso, nosotros mismos, nosotros tenemos una deuda con el estudio de la historia de nuestro propio país, con el estudio de la historia de la época de la Revolución.

Me siento responsable de todos los errores que se han cometido en la Revolución, no fuera revolucionario si no me sintiera así, pero hay que estudiar esos errores. Nosotros tenemos una deuda, nosotros quiero decir porque queremos el socialismo, pues tenemos una deuda con el estudio y las conclusiones que hay que sacar de las experiencias socialistas anteriores.

Muchos de los compañeros, sobre todo jóvenes, han conocido a León Trotsky por Padura, me parece interesante porque Padura escribe bien, pero debiéramos haber conocido al principal crítico del estalinismo de otra manera. Estoy personalmente empeñado hace años en resolver eso, incluso con una antología casi lista. Son cosas que nosotros tenemos que resolver. Seguimos usando el marxismo-leninismo con el guión, no me refiero al contenido, no estoy tan cerca del problema para decir cuál es el contenido, pero eso es una invención posterior a Lenin. Tengo en la casa el primer manual publicado en 1939, fue la primera vez que se codificó la historia del marxismo, del leninismo y del Partido. Desde entonces cada año los soviéticos reproducían el manual de turno. Cada año le iban añadiendo algo. Se codificó la historia del movimiento revolucionario. No era posible analizarla con diversidad, con diferentes puntos de vista.

Nosotros tenemos la obligación de empezar a discutir problemas, algunos de ellos ya los mencioné, pero la comprensión de la relación que hay entre el racismo y la pobreza son cosas que tenemos que estudiar, porque que entendamos que eso es una huella histórica, no quiere decir que no le miremos de frente,  creo que eso es lo verdaderamente revolucionario.

Ahora, este país sigue amenazado, no puede ser que uno entienda o trate de entender todas estas cosas y otras, no hay tiempo ni capacidad para que nosotros podamos resolverlo todo en unas brevísimas palabras, pero este país sigue amenazado. ¿Dónde está el cambio hacia Cuba de la administración Obama? Esta es la administración que más ha perseguido los activos bancarios, desde Reagan para acá, y estoy hablando de períodos en los que gobernaron republicanos, un demócrata que casi gobernó como republicano, que fue Clinton, y ahora Obama, bueno, esta es la administración que más  ha perseguido los activos cubanos en bancos extranjeros, me imagino que ustedes sepan lo que eso significa, perder miles de millones de los poquísimos recursos con los que contamos. La cárcel de Guantánamo sigue ahí. Los gastos militares continúan. Ya son públicos los gastos para derrocar al gobierno cubano, 20 millones sin contar otros programas. Eso es verdad, no es retórica, a veces nosotros lo decimos de manera retórica, pero no es retórica, eso está ahí. Y todo eso para derrocar el gobierno, pero no para derrocarlo y hacer una sociedad mejor, es derrocar el gobierno para que regresen los herederos de los que gobernaban aquí en 1958, porque hasta esa evidencia está, están vivos, están activos, son los que hacen presión.

Me pregunto todos los días cómo es que si Miami está cambiando, y es verdad que está cambiando en muchos sentidos, en el sentido de comprender mejor que hay que arreglar las relaciones entre “las dos orillas”, por qué si eso es así, todavía la hegemonía la tiene ese grupo de ultraderecha. Bueno, porque son muy fuertes, no hay otra explicación. Eso es una amenaza real y lo es porque está conectada con el establishment y tienen aliados al interior de nuestro país. Podemos discutir si le llamamos contrarrevolución o no, pero evidentemente hay un grupo de personas aquí que sirven a los intereses de ese equipo, que quiere hacerse más poderoso. Un problema es qué actitud vamos a asumir hacia esas personas, creo que efectivamente la idea de que puedan tener todos sus derechos, es una idea que se corresponde con la nueva época y con la manera quizás de explicar cómo tendríamos que relacionarnos entre nosotros en estas circunstancias, pero al mismo tiempo pienso que no puede ser tan fácil el asunto. No puede ser tan sencillo que alguien quiera hacer algo contra la mayoría y lo pueda hacer con total impunidad, ahí hay un problema. Es una cosa a pensar.

Ahora, eso es apenas una expresión de algo que a mi juicio es de mucha mayor complejidad. La idea socialista se desacreditó mucho, estas cosas tenemos que decírnoslas cada vez con más claridad. Como durante tanto tiempo se identificó de manera  absoluta Unión Soviética, socialismo, revolución, campo socialista, todas esas cosas eran sinónimas, las personas que son más jóvenes quizás no se dan cuenta, pero nosotros que vivimos muchos años esa realidad lo comprendemos mejor.

Una vez estábamos en una mesa parecida a esta, y Rafael Hernández, antes de dar la palabra dijo: la historia de Cuba del Siglo XX, es la historia de la relación con dos grandes potencias. Eso es verdad.  O de la relación especial con dos grandes potencias, eso es verdad. Y no hemos estudiado eso. Pero como se estableció esa igualdad mecánica entre socialismo, Unión Soviética, campo socialista, cuando eso se cayó, la idea socialista perdió crédito. Son realidades y a mí me parece que una cosa que es en mi opinión el reto más importante para nosotros, en medio de esta gran diversidad y persistiendo la amenaza antinacional, es la idea de que uno va percibiendo que te proponen el capitalismo como liberación, o sea, del descrédito del socialismo histórico al peligro de que el capitalismo sea presentado potencialmente como liberador, que no tiene que ver solo con la amenaza contra la nación realmente existente, sino que tiene que ver con un conjunto de relaciones económicas internacionales, políticas internacionales, relaciones culturales internacionales, pero también con cosas que son ya endógenas y contra las cuales evidentemente hay que tomar algún tipo de medida, hay que tener algún tipo de convivencia, hay que tener algún tipo de políticas y sobre todo habría que tratar de estar mentalmente preparados para resolverlas.

Muchas gracias.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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