Un libro imprescindible en la hora actual de Cuba

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Elier Ramírez • La Habana, Cuba

(Tomado de la Jiribilla)

Ser, parecer, tener, me resulta un libro muy familiar, al igual que su autor, el destacado y versátil intelectual cubano, Enrique Ubieta. Digo versátil, porque a Ubieta es muy difícil encasillarlo solo como filósofo, periodista o bloguero. Nadie mejor que él para definirse: “he sido profesor universitario, académico, funcionario cultural, periodista y un poco aventurero. Y no renuncio a ser todas esas cosas a la vez. Martí, el Che y don Quijote, son mis tres personajes de cabecera. Aún me invitan como ponente a congresos internacionales de Filosofía y siento que mi forma de pensar está definitivamente marcada por esa profesión. Pero mi vida es y será la Revolución”.[1]

Soy un ávido seguidor y en ocasiones hasta colaborador del blog que ha dado vida a este libro, La Isla desconocida. Título que, como explica el autor en las palabras introductorias, tuvo como inspiración un cuento de Saramago. Según Ubieta, esta historia del renombrado escritor, le permitió entender que él vivía en una Isla que navegaba buscándose a sí misma. Y es que para Ubieta, el socialismo no es un lugar de llegada, sino más bien un punto de partida, una búsqueda constante del horizonte anticapitalista.

Ser, parecer, tener, como también advierte el autor en su exordio, es una especie de caleidoscopio: viñetas, artículos, crónicas, ensayos breves, intercambios epistolares y entrevistas. Todos textos publicados en su blog y otros sitios digitales, así como en la revista impresa La Calle del Medio, desde 2001 hasta 2013. Si a Ubieta le preocupaba que el libro mostrara algo de dispersión, debo decirle que puede estar tranquilo en ese sentido, pues desde el comienzo de la lectura, se observa claramente una organicidad, y las ideas repetidas no parecen tales al usarse en distintos contextos. Ojalá que en este caso la repetición sirva para fijar ideas tan subversivamente revolucionarias en las mentes de los lectores cubanos y foráneos.

Imagen: La Jiribilla

Celebro mucho, además, que esta obra se haya publicado en nuestro país, pues es una manera de lograr que muchos de los trabajos que solo han leído los que tienen acceso a Internet o a un correo electrónico, lleguen a miles de cubanos que no tienen todavía esta posibilidad. Creo sinceramente que mucho de lo que hoy se está publicando en la “Blogosfera Cubana” supera con creces, tanto en calidad discursiva, diversidad, actualidad, e importancia ideológica y cultural, lo que podemos encontrar en nuestra prensa escrita.

Se puede estar de acuerdo o no con algún criterio de Ubieta, pero lo cierto es que sus textos son medulares para el debate que está ocurriendo hoy en nuestro país. Este libro, al igual que el anterior del autor, Cuba: ¿revolución o reforma?[2], es declaradamente polémico. Su autor es un polemista por excelencia. Cree en ella como una manera de defender y poner a circular el pensamiento crítico. Ubieta no teme a los duelos en el terreno de las ideas. Si algo lo caracteriza, es su audacia, valentía y honestidad intelectual. No disfraza para nada sus criterios. Creo que en ese sentido el capítulo titulado: “Diálogo, debate y confrontación”, resultará quizá el más atractivo para los lectores. En él se recogen una serie de polémicas del autor con intelectuales cubanos tan prestigiosos como Guillermo Rodríguez Rivera y Víctor Fowler, así como su participación en otros debates y confrontaciones con escritores cubanos que viven en el exterior, en este último caso, adversarios del sistema socialista cubano, o como los ha denominado Ubieta en alguno de sus trabajos: “oficialistas del sistema capitalista”.

El post “Ser o tener, ¿cual es tu prioridad?”, puede considerarse la médula espinal de todo el libro. En él está sintetizada la visión del mundo del autor, y su concepción sobre el socialismo y el capitalismo. Para aquellos que quieran buscar una explicación sencilla y en pocas palabras de lo que define y confronta a ambos sistemas económico-sociales, y se les dificulte entender la explicación teórica que ofrecen los clásicos del marxismo, este texto será un referente fundamental. Cuando se publicó por primera vez en el blog La Isla desconocida, me motivé a escribir lo siguiente:

“Las personas debieran valorarse recíprocamente por la utilidad de la virtud. El ser siempre por encima del tener. Los objetos fetiches no pueden definir a los seres humanos, pues ellos valen por sí mismos, por sus valores y actitudes ante la vida. Después de satisfechas las necesidades básicas del ser humano, la preocupación de éste por lo material debiera estar concentrada fundamentalmente en cómo lo material puede contribuir en algún sentido a su crecimiento espiritual y el de los demás. Estoy pensando en este caso, en aquellos objetos que facilitan al ser humano el acceso al conocimiento y otros que permiten el buen desempeño de sus profesiones y oficios.

Cuando se conoce a alguien, la primera pregunta no debiera ser tan frívola como ¿qué tiene?, sino ¿cómo es?, ¿qué hace?, ¿cuáles son sus valores? Hay personas que materialmente poseen mucho y sin embargo, como seres humanos son espiritualmente muy pobres. Necesitan ostentar lo que tienen para valer ante los demás, pero solo los que comparten esa mísera concepción del sentido de la vida los acompañan en tanta superficialidad. Tanto unos como otros, se convierten en esclavos de las cosas. Nunca llegan a satisfacer sus necesidades crecientes de tener y por lo general terminan siendo personas infelices. Los objetos moldean el sentido de sus vidas, cuando simplemente debieran ser medios para mejorar su existencia, no el fin de la existencia misma. Algunos, incluso, llegan a apartarse totalmente de esa idea martiana que dice: «la pobreza pasa: lo que no pasa es la deshonra que con pretexto de la pobreza suelen echar los hombres sobre sí».

El capitalismo ha tenido éxito al trabajar no en función de satisfacer las necesidades de la gente, sino en fabricar continuamente estas necesidades a partir de nuevos objetos. No crea mercancías, sino sueños esclavizantes. El socialismo, por el contrario, debe trabajar incansablemente por lograr que los ciudadanos tengan a partir de lo que son, «a cada cual según su trabajo, de cada cual según su capacidad», pero buscando siempre la creación de un hombre que, por encima de todo, encuentre el sentido de su vida en el SER y que en ese SER esté también su reconocimiento social”.[3]

Quiero llamar la atención sobre otro trabajo que me parece esencial: “El capitalismo sí es el enemigo”. En este post Ubieta pulveriza una idea que escuchamos con mucha frecuencia: “el capitalismo tiene cosas buenas y cosas malas al igual que el socialismo, y entonces de lo que se trata es de unir las cosas buenas de ambos sistemas para buscar la sociedad perfecta”. Al respecto señala el autor: “El capitalismo no son «cosas», como zapatos bonitos o luces de neón, son relaciones depredadoras de producción. Su esencia es el mercado, la producción de mercancías. Y para esa obsesión existe un complemento: el consumismo. La cultura del tener”.[4]

Pienso que entender esto es vital. Se necesita de «ojos judiciales» para ver más allá de la vitrina capitalista, para preguntarse y responder ante los cómo y los porqués. Sin embargo, hay que reconocer que el capitalismo ha tenido mucho éxito en su empresa de socializar los sueños, en lograr dominar, incluso, el sentido común de millones de personas en nuestro planeta. Ir a contracorriente resultará siempre harto difícil, pero no hacerlo constituiría un suicidio.

La esencia del socialismo va a ser siempre irreconciliable con la del capitalismo. El socialismo coloca al ser humano en el centro del proyecto, el capitalismo al mercado, al capital. No se puede avanzar hacia el socialismo, sin negar la lógica intrínseca del capitalismo. De lo contrario, podemos terminar siendo sus víctimas. Ello tampoco nos puede llevar al error de satanizar al mercado, de lo que se trata, como bien ha dicho el presidente de Ecuador, Rafael Correa, es de distinguir entre sociedades con mercado y sociedades de mercado. El mercado es anterior al origen del capitalismo.

Esto se relaciona también con otro asunto que se debate hoy en Cuba, en medio de las transformaciones económicas y sociales en curso, con todos sus efectos ideológicos y culturales, y que Ubieta lo aborda en un “post” que aparece también en el libro bajo el título: “Sobre la riqueza y la pobreza, una vez más”. Algunos coterráneos, entre ellos reconocidos intelectuales, conceptualizan la riqueza y la pobreza de la misma manera en el socialismo, que en el capitalismo. Señalan que una sociedad de ricos en Cuba, por solo el hecho de ser ricos, permitirá de manera mecánica la sostenibilidad y sustentabilidad del socialismo y que en el camino hacia esa sociedad los factores ideológicos y culturales son secundarios. Ese aserto lo considero totalmente errado. Si bien el idealismo voluntarista no será nunca la solución para los problemas del socialismo cubano, tampoco lo será el pragmatismo economicista. De lo que se trata es de lograr una propuesta totalizadora.

El capitalismo, para lograr que las posibilidades de enriquecerse sean ilimitadas, necesita generar al mismo tiempo desarrollo y subdesarrollo; requiere que, para que algunos puedan acceder a todos los bienes posibles, otros carezcan hasta de las más elementales condiciones de vida. El socialismo, como sistema, no puede ser enemigo de la riqueza, cuando ésta es el resultado del sudor y el trabajo honrado, pero sí del lucro insaciable a través de la explotación de otros, a costa de la miseria de otros. A su vez, la mejora de las condiciones de vida de los seres humanos debe ir acompañada del fomento de una cultura nueva, diferente y superior a la del capitalismo, alejada del consumismo —no el consumo— que genera el egoísmo y la explotación de unos hombres por otros. Nuestro principal enemigo es la pobreza, pero también la ignorancia, la colonización mental y la enajenación. “Nada habríamos adelantado los revolucionarios cubanos —ha dicho Abel Prieto— si algún día, derrotado el bloqueo, salimos de la crisis, y alcanzamos cierta “abundancia” económica para descubrir entonces que se nos ha vaciado el alma: que tenemos hombres y mujeres “prósperos” y embrutecidos por ese “bullicio” zoológico que vio Martí en el modelo yanqui; hombres y mujeres sin cultura, sin coherencia ni densidad espiritual, sin memoria ni Patria”[5].

En los últimos tiempos he visto que se recurre mucho a la frase de Martí, extraída de su ensayo “Maestros ambulantes”, cuando dice: “Pero, en lo común de la naturaleza, se necesita ser próspero para ser bueno”[6]. Es cierto que esta frase ayuda a concientizar la necesidad que tenemos de levantar nuestra economía, cuestión de vida o muerte para nosotros, pero debe ir acompañada de una reflexión más profunda sobre qué tipo de “prosperidad” defendía Martí en ese trabajo, ¿se trataba, acaso, de una prosperidad entendida solamente en el plano de lo material? Es obvio que no. “La felicidad existe sobre la tierra —señala el Apóstol—; y se le conquista con el ejercicio prudente de la razón, el conocimiento de la armonía del universo, y la práctica constante de la generosidad. El que la busque en otra parte, no la hallará: que después de haber gustado todas las copas de la vida, sólo en ésas se encuentra sabor”[7]. También es hoy imperioso dotar de sentido y contenido la expresión: “por un socialismo próspero y sustentable”.

Hay que tener muy claro, o de lo contrario perderemos nuestra hoja de ruta, que las connotaciones de los conceptos “prosperidad”, “desarrollo”, “progreso”, no son la misma cosa para el capitalismo que para el socialismo. La crítica martiana a la “prosperidad” capitalista que conoció en los años en que vivió en los EE.UU. está también presente en muchos de sus escritos. Con apenas 18 años sentenció:

“Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento.-Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad (…)

Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado[8] para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa¡”[9]

En otro de sus trabajos expresó: “si este amor de riqueza no está moderado y dignificado por el ardiente amor de los placeres intelectuales, —si la benevolencia hacia los hombres, la pasión por cuanto es grande, la devoción por todo lo que signifique sacrificio y gloria, no alcanza desenvolvimiento parejo al de la fervorosa y absorbente pasión del dinero, ¿a dónde irán?, ¿dónde encontrarán suficiente razón para excusar esta difícil carga de vida, y sentir alivio a su aflicción?[10].

Asimismo, en septiembre de 1890, Federico Engels escribía a Joseph Bloch lo siguiente: “Según la concepción materialista de la historia el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertiría aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta —las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas esas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas— ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma”[11].

Estas ideas de Martí y de Engels, entroncan muy bien con el pensamiento del Che, quien en una de las tantas reuniones del Ministerio de Industrias en 1963, dijo: “El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa, luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación (…) Si el comunismo descuida los hechos de conciencia puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria”.

Muchos de estos juicios martianos, guevarianos y marxistas están en el trasfondo de lo que Ubieta quiere trasmitir en los trabajos recogidos en su nuevo libro. Por eso, con gran lucidez señala: “Pero creo que la guerra es esencialmente cultural, entre dos modelos de vida (hablo incluso en el sentido más personal, individual). Debemos exhibirlo todo, eso creo, y debemos discutirlo todo. Sin ser dogmáticos, y sin miedo a parecerlo, porque eso nos llevaría a ocultar o despreciar importantes verdades supuestamente conocidas. Sin ser tecosos, repetitivos, esquemáticos, sin despreciar los pequeños (grandes) placeres de la vida y la necesidad del confort, tenemos que ser activos defensores de los resortes morales y participativos. La guerra es mente a mente. Persona a persona”[12]

Solo me resta terminar estas líneas agradeciendo a Enrique Ubieta por este regalo que nos hace con Ser, parecer, tener y por su siempre espíritu quijotesco.

Notas
[1] Enrique Ubieta, Ser, parecer, tener. Debates en y por la Isla Desconocida, Casa Editora Abril, La Habana, 2014, p.452.
[2] Enrique Ubieta, Cuba: ¿revolución o reforma?, Casa Editora Abril, La Habana, 2012.
[3] Elier Ramírez Cañedo, Ser o Tener, en: blog Dialogar, dialogar, 20 de julio de 2013, https://dialogardialogar.wordpress.com/2013/07/20/ser-o-tener/
[4] Enrique Ubieta, Ser, parecer, tener. Debates en y por la Isla Desconocida, Casa Editora Abril, La Habana, 2014, p.168.
[5] Abel Prieto, La Cigarra y la Hormiga: un remake al final del milenio, en: Fundar es nuestra tarea. 6 intervenciones sobre política cultural, Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara, 2012, p.57.
[6] José Martí, Maestros Ambulantes, La América, Nueva York, mayo de 1884. Reproducido en Obras completas. Volumen VIII. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963.
[7] Ibídem
[8] Término que utiliza Martí haciendo alusión a la mercantilización.
[9] Cuaderno de apuntes, no.1, Obras Completas, t.21, pp.15-16.
[10] Impresiones sobre Estados Unidos de América. Por un español recién llegado. (I), Obras Completas, t.19, p.107.
[11] Citado por Rolando Rodríguez, Una apuesta por el marxismo, en: Raíces en el Tiempo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009, pp.425-426.
[12] Enrique Ubieta, Ser, parecer, tener. Debates en y por la Isla Desconocida, Casa Editora Abril, La Habana, 2014, p.91.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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