Gerardo Hernández responde: ¿Qué inspira a un Héroe?

Por Rouslyn Navia Jordán

¿Cómo nace un héroe? ¿De qué arcilla están hechos los hombres que despiertan la admiración de sus semejantes y se convierten en paradigmas? ¿Será que la diferencia la hace la propia vida y el entorno en que crecen? ¿Acaso la diferencia la determinan los valores que les inculcan la familia, la escuela y la sociedad en que se desarrolla su existencia?

Preguntas interesantes que nos hacemos todos y Gerardo Hernández Nordelo, el cubano joven al que nos aproximamos con estas pinceladas, nos responde desde su injusta prisión con la sencillez habitual.

“Mi madre nació en las Islas Canarias, llegó a Cuba a la edad de 15 años, y fue una persona sin mucha escuela. Hasta sus últimos días siempre se ocupó de las labores del hogar. Crió primero a sus hijos y después a sus cinco nietos. Si bien no era mucho lo que podía aportar a mi formación política, le debo en buena medida mis valores éticos y morales. Era una persona muy humilde, tan carente de todo tipo de maldad, que a veces se lo señalaban como defecto. Siempre fue muy preocupada por los demás, mucho mas que por ella misma.

«Se sabe que los hijos nunca somos una copia fiel de nuestros padres, pero siempre he dicho que cuanto pueda haber en mí de humildad, de bondad y cualquier otra característica que se desprenda de lo anterior, se lo debo a ella, a su ejemplo, y a la crianza que me dio.

«Mi padre y ella se complementaban. El viejo no era muy dado a mostrar afecto, pero su imagen de rectitud y su fuerte carácter escondían un gran corazón. No tengo muchos recuerdos de salidas o paseos con él en mi infancia,  porque era una persona totalmente entregada al trabajo. Desde que tuve uso de razón, y hasta que la enfermedad lo obligó a retirarse, trabajó en el giro de las tenerías y para él no existían los horarios. En los fines de semanas, si no tenía trabajos voluntarios en algún lugar, su “descanso” era trabajar en algo de la casa.

«En el hogar era la contraparte de mi mamá. La vieja ponía la ternura, y él era el que establecía el orden. “Deja que venga tu padre”, era una frase que yo nunca le quería escuchar a mi mamá. El viejo era muy revolucionario, y desde temprano fue militante del Partido. Él y mi hermana María del Carmen tuvieron mucho que ver en mi formación política. Esta última, cuando murió en un accidente en 1998, era Teniente Coronel de las FAR y profesora del Instituto Técnico Militar, donde había estudiado.

«Durante mi infancia, hasta que empezaron a llegar los cuñados y sobrinos, el núcleo familiar lo componían además mis padres y mis dos hermanas, y de cada uno ellos aprendí algo. Sobre todo les agradezco el haber sido una familia funcional, unida y sin grandes conflictos. Ni de mis padres ni de mis  hermanas recibí nunca un mal ejemplo que me pudiera haber marcado o influido negativamente. Es algo en lo que uno no se detiene a pensar con frecuencia cuando es un muchacho, pero después se da cuenta de su importancia.

«Pero si bien el hogar y la familia influyeron considerablemente en mi formación, pienso que mi paso por el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) fue esencial en ese sentido. Allí no solo tuvimos un claustro de profesores de lujo, sino que coincidí con un grupo de compañeros de los cuales aprendí muchísimo.

«Algunos venían de la Facultad Obrera y eran mayores que los que acabábamos de terminar el Pre. Había militantes del Partido, dirigentes sindicales, y algunos hasta habían cumplido misiones internacionalistas. “Los viejos”, como les decíamos, ingresaron al ISRI para ser estudiantes a tiempo completo, y se convirtieron en verdaderos formadores para aquel grupo de muchachos de menos experiencia que veníamos de preuniversitario. Entre los jóvenes también los había con tremenda trayectoria como líderes estudiantiles, Vanguardias Nacionales, y la interacción con todos ellos fue esencial en mi formación.

«Fueron dos escuelas paralelas, la de Relaciones Internacionales, y la de ética, política, ideología, moral, que fue el resultado de pasar seis años de mi vida compartiendo todo tipo de experiencias con ese grupo al que tanto agradezco y del que tan buenos recuerdos tengo.

«Siempre me inspiraron los héroes y mártires de nuestra historia, y de manera muy especial los de la historia más reciente. Los jóvenes de la Generación del Centenario, los combatientes de la Sierra y del Llano, los de Girón… Me ha inspirado siempre el ejemplo del Che, por supuesto, y los de Fidel, Raúl, Almeida…

«Me inspiran los héroes anónimos de nuestra Patria, los de ayer y los de hoy, algunos que he tenido oportunidad de conocer, y otros que nunca conoceré, pero sé que existen. Cuando uno se encuentra en una situación como la nuestra, necesita inspiración desde que abre los ojos todos los días, porque nunca se sabe lo que nos va a deparar la jornada, y lo nuestro ya pasa de 15 años; así que, saquen la cuenta…

«Me inspiran las cartas y demás muestras de solidaridad que, constantemente, recibimos. Me inspiran todos los patriotas, nuestros combatientes internacionalistas, los médicos, maestros y demás colaboradores que cumplen nobles misiones en los más diversos rincones del mundo. Me inspiran los deportistas que defienden los colores de la bandera. Los bailarines, músicos y artistas en general que recorren el mundo poniendo en alto nuestra cultura.

«Me inspiran todos los cubanos que, aun residiendo fuera del país, no se montan en el carro del odio ni se prestan para el jueguito de denigrar y agredir a su patria. Me inspira el viejito que hoy a lo mejor tiene que pasar trabajo vendiendo maní en una esquina porque su pensión no le alcanza, pero sigue apoyando la Revolución, porque ve el vaso medio lleno, y no medio vacío.

«Y créanme que no es muela. Cuando abro un periódico y leo lo que dijo Viengsay Valdés sobre lo importante que es Cuba para ella, eso me inspira. Cuando leo la historia de la muchacha que pidió un lote de tierra lleno de piedras y de marabú, y hoy es una productora destacada de alimentos, me inspira. Me inspiré cuando leí sobre el ponchero en Las Tunas que en su negocio daba prioridad a las ambulancias y no les cobraba. Todo eso me estimula, porque me reafirma en la convicción de que uno no se ha sacrificado por gusto, y de que, aunque hayan algunos que se desalienten, siempre habrá muchos otros cubanos dispuestos a llevar la antorcha, y a poner su cuota de sacrificio no solo para sobrevivir, sino para seguir resolviendo nuestros problemas, y para que, con permiso de Pablo, esa sociedad que no es perfecta, se acerque cada vez mas a lo que simplemente soñamos».

 (Tomado de Soy Cuba)

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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