Economía contra sentimientos

Por: Román Hernández

Siempre me he inclinado, sobre el lado izquierdo de la política y no porque me la hubiesen dibujado con fino pincel, sino porque entiendo que en su interior encuentro belleza y buenas intenciones, aunque casi siempre y por desgracia, malas decisiones. Por avatares de la vida vivo en Miami hace seis largos meses, no fue fácil la decisión de partir de mi cubita, pues es, y lo confieso con sinceridad el lugar que más amo en el mundo. Estando por este lado del conflicto he podido constatar verdades y falacias, he visto tristezas incluso mayores que las de allá, también he visto felicidades y éxitos. Por esta razón, con este modesto análisis quisiera servir de faro a los jóvenes y no tan jóvenes que se embarcan en esta aventura y dejar mis humildes puntos de vista, que dicho sea de paso jamás se acercarán a los de la mayoría y mucho menos a los de la minoría.

Más de un amigo me ha dicho con seguridad, que los primeros años son los más difíciles, pero que con el tiempo te acostumbras, he tratado de interpretar esa frase que tantas bocas amigas me regalan con tranquilizadora intención, frase que solo me conduce por un estrecho camino de entendimiento, o sea, te acostumbras a ser un ser frío y calculador, a no tener tan presentes ya a amigos y hasta familiares, te acostumbras también, al fortísimo trabajo a los que están resignados la gran mayoría de los emigrantes, ya sea por razones de idiomas o sencillamente por arribar el último, trabajo que tienes que realizar a como dé lugar, pues de ello depende tu vida y muchas veces la de tu familia. Te acostumbras también a la soledad que te brinda tan gentilmente el internet de metro PCS, que es el que puedes costear, te acostumbras a sentir el gran vacío de pagar una renta inmensa, que en las mayorías de las ocasiones logra arrancarte las tres cuartas partes de tu sacrificado salario; a la letra, y no precisamente a la de una bonita canción de buena fe, me refiero a la letra del tan añorado carro que te logra arrebatar el cuarto del salario que te falta.

La dinámica de la de la nueva economía te absorbe en un mundo de vueltas y maniobras casi mágicas para lograr la cómoda subsistencia en el país cual para muchos es un sueño vivir, me imagino que me acostumbraré también al por ahora desconocido estrés de cuidar el mayor tesoro que se puede lograr en esta tempestad de biles y taxes, me refiero al crédito, que es ante mis inexpertos ojos, el alma de la economía por acá. Pero todo no es malo, o no tan malo; para ayudarte en tan engorroso proceso adaptativo, siempre te brinda apoyo incondicional la famosa coca cola y su inseparable compañera que sabe más a marketing que a hamburguesa la mundialmente querida McDonald, ayuda también la obligada salida semanal al supermercado, en que las tarjetas de crédito hacen su derroche de capitalismo o el inseparable aire acondicionado que llega a ser imprescindible, lo confieso como mortal que soy, para aliviar pesares, tristezas y melancolías están el magistral dúo que forman la exquisita unión del agua fría con el agua caliente.

Me imagino, que para acostumbrarse habrá que hacer como dice mi amigo Izquierdo -izquierdo de apellido- Hay que mirar solo las cosas buenas que tiene esto, y lo otro no importa; lo otro no le importa a nadie. Creo que en la vida las cosas no son ni tan negras, ni tan blancas y me gustaría mucho que cada cubano supiera lo que a veces muchos familiares de acá no dicen por vergüenza o por la sencilla razón de ser buenos familiares. La existencia es bien dura en la primera economía mundial y no critico al que la prefiera, más bien lo admiro. Pero, personalmente creo que me tomara mucho más de unos años adaptarme y a lo mejor nunca lo logre, pues desde mi corazón, cambio sin pensar la agotadora dinámica de la ecónoma por la tranquilizadora dulzura de los sentimientos.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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