Prestar más atención a las críticas

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Esteban Morales

UNEAC

Los comunistas llegamos por primera vez al poder en Rusia en 1917. Desde entonces, arrastramos los efectos de una enfermedad, de la cual, solo en Cuba, recientemente, hemos comenzado a librarnos de ella. Se trata de la negativa actitud ante la crítica. La absurda comprensión de la crítica como algo que solo te puede hacer daño. Muy grave, cuando esa forma de comprensión se da la mano con la autosuficiencia, la prepotencia, el ordeno y mando y el nunca aceptar decir, yo no sé.

No se puede decir que los comunistas hayamos tenido la posición más inteligente ante la crítica; siempre la hemos visto más como algo de lo cual nos tenemos que defender a ultranza, que como un asunto del cual pudiéramos sacar provecho.

No nos percatamos con facilidad de que quien de verdad no aprecia lo que haces, no te critica, sino deja que te estanques. Porque ante esa actitud de que hablamos frente a la crítica, solo es posible esperar represalias, como las que ya muchos hemos sufrido. Con el resultado de que cuando críticas, es porque te falta información, no entiendes el problema o en el peor de los casos quieres hacer daño al proceso. Que tire la primera piedra quien crea no haber estado de ninguno de los lados.

Por eso nuestro general presidente ha dedicado una gran parte de su precioso tiempo a tratar de educarnos, logrando poner la crítica en el lugar que le corresponde. Y creo que lo va logrando. No siendo posible ignorar la importancia que ello tiene.

Los daños de esa actitud dogmática, oportunista y represiva ante la crítica han sido catastróficos.

Baste recordar en la URSS, los casos de Novozhilov y Katarovich, dos excelentes economistas, que se percataron a tiempo de que la aplicación de las matemáticas a la economía, era el complemento que necesitaba el modelo marxista de reproducción social, para serle funcional a la planificación de la economía soviética que entonces nacía. Terminaron ambos científicos acusados de revisionistas y solo muchos años después, vino la rectificación por la que le entregaron a V. Novozhilov el título de héroe del trabajo socialista de la Unión Soviética. Poco tiempo después murió. Algunos hemos tenido más suerte que él.

Con el estalinismo se agudizo esa concepción, hasta la llegar a la criminalidad, por una supuesta defensa de la pureza del marxismo. Y así el marxismo se perdió de integrar todo aquello que la ciencia burguesa logró aportar, hasta que terminamos de darnos cuenta que la ciencia lo es, no importa del espectro ideológico del que venga, y solo lo que hay es que despojarla del marasmo en que la sumerge la ideologización y la conveniencia oportunista con que la aplica la política.

Pero antes de percatarnos de ello perdimos mucho tiempo. Para solo mencionar algunos errores. En la historia de las doctrinas económicas, J. M. Keynes aparecía como un tonto, la sociología como mera respuesta al materialismo histórico; el comunismo científico como la vara mágica para construir el socialismo y la aplicación de las matemáticas a la economía solo para confundir el subjetivismo de la economía neoclásica burguesa con la objetividad de la economía política marxista. En política, León Trotsky, como un simple contrarrevolucionario oportunista. Por lo que si el socialismo entonces no triunfó, en gran medida ello lo debemos a los errores que cometimos en el campo de la ciencia, la política y de su aplicación.

Para bienestar nuestro, un día Fidel Castro dijo “…que el futuro de nuestro país debía ser un futuro de hombres de ciencia”. Y aquí estamos, luchando, pues no vayan a creer que todos entendimos lo que dijo.

Para ventura nuestra, hace años nos venimos desembarazando de todos esos errores, que no poco de negativo dejaron en nuestro comportamiento político, hasta el mismo día de hoy.

No obstante, ya en Cuba, tenemos una conciencia más clara de todo ello. Aunque todavía conservamos los prejuicios, de creernos que nos las sabemos todas y que no necesitamos ayuda de casi nadie. De lo cual también nos venimos librando, pero más lentamente.

Existe hoy mucha gente pensando en la economía cubana y en el debate de otros asuntos de nuestra realidad social actual. Y no todos con interés de llevarnos hacia donde no queremos ir. Algunos, con honestidad señalan nuestros errores y otros ponen de manifiesto nuestras inconsecuencias, de lo cual deberíamos ser capaces de servirnos al máximo. Tal ocurre con muchos dentro y fuera de Cuba.

En cuanto a la economía, que ha resultado siempre ser nuestro “talón de Aquiles”, creo que debemos tomar en consideración algunas observaciones que aparecen de manera repetida en las múltiples críticas que se nos hacen. Entre ellas las siguientes:

-No será posible avanzar en nuestra economía, haciendo crecer el PIB, hasta que no logremos el nivel de inversiones requeridos. Se dice que debe estar entre el 20 y un 30%. Y ello no se va a lograr solo con las inversiones extranjeras, sino reuniendo internamente, aunque sea de a poquito, toda la capacidad de capital que seamos capaces de juntar para potenciar el proceso inversionista. Internamente tendrán que ser considerados, todos los que puedan aportar, por medio de los mecanismo ya descubiertos y que permiten reunir capital. Se conoce de gente que posee millones de dólares guardado, sin tener en que invertirlo.

-Se hace indispensable activar más el crédito bancario incentivándolo para contribuir al proceso inversionista interno. Mejorar las tasa de interés que se pagan por los depósitos. Ofreciendo mecanismos para mover el dinero con más facilidad. Baste saber que en nuestro sistema bancario, un cheque no lo es tal, porque no puede ser endosado. Realmente con un sistema bancario tan arcaico y tan poco automatizado, es difícil avanzar hacia ningún lugar.

-Hay que terminar de romper el círculo vicioso entre salarios insuficientes, necesidades insatisfechas y poco o nulo estímulo al crecimiento de la productividad.

-Hay que estimular multilateralmente el crecimiento de la demanda interna de consumo masivo. Lo cual solo se logra haciendo crecer la productividad, el PIB y los ingresos de los trabajadores.

-Mientras no crezcan el PIB y la productividad, la unificación monetaria, ya a estas alturas, es pura ilusión. Se dice que pudimos haberlo hecho antes. Lo cierto es que ya es tarde.

-Hay que terminar de concretar la reforma de la empresa socialista. Nos hemos demorado demasiado en esto.

-Hay que fortalecer los mecanismos del control obrero. Para lo que se necesita de verdad un movimiento sindical que cumpla su función de contrapartida de la burocracia estatal y empresarial.

-Hay que terminar de transformar la planificación en lo que realmente debe ser. Hablamos mucho de esta, pero los mecanismos continúan siendo más o menos los mismos.

-Hay que prestar una atención prioritaria y especial a las relaciones económicas externas, especialmente con Rusia y China. Ambas naciones han puesto en manos cubanas muchos recursos y facilidades económicas que sin dudas son un “arma de doble filo”; por una parte representan para la economía cubana una ayuda sin precedentes para avanzar, y por la otra, un marco de exigencia insoslayable hacia la eficiencia con que nuestra economía debiera trabajar.

-Hay que terminar de liberar a la agricultura de las ataduras de la burocracia que la ahoga; que no reparte las tierras ociosas y que sigue utilizando el mecanismo de acopiar, pagar poco y tarde y dejar que se pudran los productos en el mercado, sin bajarle los precios.

-La fuerza de trabajo calificada tendrá que ser protegida sobre la base de contratos que consideren una sustancial remuneración, que impida la competencia con las facilidades para su emigración. Por suerte, parece que el renacer de “Acorex” murió y al menos para el proyecto Mariel hay más empresas que pueden contratar.

-Hay que crear con urgencia un mercado interno, al por mayor, o con facilidades de precios de compra, para los cuentapropistas. Permitiéndoles además importar los bienes mínimos que se necesitan para hacer crecer la actividad industrial mediana y pequeña. Lo contrario es cerrar los ojos ante la corrupción. Hay que garantizar que el cuentapropismo logre generar la pequeña y mediana empresa.

-Nuestras regulaciones aduanales, deben flexibilizarse, con las medidas correspondientes, permitiendo la posibilidad de un comercio interno que ya existía y que no tiene que lograr sus posibilidades de crecer sobre la base de esconderse o violar las regulaciones de importación que fije el estado; sino sobre la base de un realismo de la aduana, más acorde con nuestras necesidades actuales. Lo cierto es que ese mercado estatal, de productos caros, con mala calidad y de horrible estética, nunca podrá competir con este otro mercado que se ha tratado de eliminar. Pero que solo lo que ha hecho es pasar a la clandestinidad.

-Hay que dar facilidades a la industria agropecuaria en general y de modo especial a la conectada al turismo, de importar aquellos bienes que necesita para hacer crecer la actividad y abastecer de manera más eficiente y con más calidad al turismo. Avanzando incluso hasta crearse un mercado externo e interno. Siendo esta una vía importante para sustituir importaciones. El turismo debe tener un efecto multiplicador hacia la economía interna, de lo contrario no vale la pena pagar los costos económicos, sociales, culturales e ideológicos que genera.

-Hay que terminar de impulsar la actividad cooperativa, sobre todo industrial, permitiéndoles cuotas de importación de materias primas, cuando no puedan obtenerlas en el mercado nacional y facilitándole exportar cuando logren un nivel aceptable de satisfacción del consumo nacional. Ofreciéndoles las facilidades bancarias para manejar ciertas cuotas de moneda extranjera que les permitan ir compitiendo en el mercado externo.

-Hay que terminar de distribuir las tierras ociosas, que son bastantes. Siendo esta una vía para sustituir importaciones de alimentos, factura que afecta seriamente a la economía del país. Y sobre todo, para ofrecer empleo bien remunerado.

-Hay que flexibilizar el empleo, permitiendo que ciudadanos calificados puedan tener más de uno. Existe una fuerza calificada que no tiene por qué limitarse a tener un solo empleo. Por ejemplo, un profesor universitario, puede al mismo tiempo, ser asesor de una empresa cubana o extranjera.

-Hay que ajustar el crecimiento de la capacidad turística estrictamente a la utilización de su aprovechamiento. Evitando empantanar dinero que de manera inmediata no representa un crecimiento de los resultados del turismo. El turismo crece, pero no de manera correspondiente sus ganancias.

-Hay que combinar adecuadamente la actividad del alojamiento por cuenta propia con las capacidades de alojamiento del turismo, lo cual permite dar empleo, utilizar capacidades de menor costo y aprovechar las capacidades del turismo para el flujo internacional, sin tener que crear muchos más habitaciones.

-Hay que terminar de formular las carteras para la inversión extranjeras. Sobre todo, una reanimación de la actividad industrial está en espera. Lo cual presenta un atraso insostenible.

-Hay que organizar detenidamente el flujo de cubanos procedentes del exterior, ampliando su actividad más allá de venir a vacacionar con sus familiares. Ofreciéndoles turismo de salud, educacional, cultural, entrenamiento laboral, intercambio científico y deportivo etc. Al mismo tiempo, hay que continuar estudiando y ampliando las flexibilidades hacia los cubanos en el exterior en sus relaciones con el país.

-Hay que considerar la acción de rebajar los precios del mercado en divisas, de algunos productos de primera necesidad, como jabón, aceites, pasta de dientes, etc. Algunos alimentos, ropas, calzados. Y ciertos productos de equipamiento para el hogar, indispensables, pero que son demasiado caros en el mercado nacional. Ello permitiría hacer más competitivo el mercado interno respecto a la importación personal. La tasa de ganancia de este comercio es demasiado alta, leonina y no beneficia en nada al ciudadano.

Si los precios de nuestro mercado interno en divisas fueran más racionales y menos recaudadores, ello serviría para atraer más el dinero que se gasta afuera hacia adentro. Lo que aumentaría la confianza del consumidor en nuestro mercado nacional, hasta producir una situación en que el que viaje prácticamente no necesite importar nada.

Nuestros precios internos en divisas son tan absurdos, que yo puedo importar, vender a mitad de precios en Cuba y aun así se obtienen altas ganancias. Pero en esta actividad comercial hay mucho oportunismo de nuestra burocracia importadora, mucho beneficio de obtención de comisiones, para traer mercancías de baja calidad y mal gusto, que aquí hay que pagar a los más altos precios.

-Hay que hacer un esfuerzo multilateral por bajar los precios del mercado agropecuario. Eso se logra poniendo a producir las tierras ociosas, dándole más capacidad de competencia al mercado estatal, dándole mejores precios a los productores y evitando un poco los intermediarios innecesarios. Pues no se trata tampoco de hacerle la guerra a los intermediarios. No todos los intermediarios son innecesarios. El que sustituye al campesino vendiendo, para que este permanezca en el campo es un intermediario necesario.

-Hay que tratar de eliminar al máximo, que el ciudadano común tenga que erogar divisas para pagar tramites burocráticos. La recientes regulaciones del ministerio de justicia son leoninas. Dan la impresión de un estado desesperado sacándole el dinero a todo el que puede.

-Hay que eliminar la cuota de Etecsa de 5 dólares, cuando el tiempo vence, aunque se tenga dinero en el teléfono. Eso es un absurdo y lo único que hace es disgustar a la gente y que piensen les están robando su dinero. Etecsa jamás ha dado una explicación coherente de porque eso tiene que ser así, y además, solo existe en Cuba. Cada quien que recargue su teléfono cuando pueda y con la cantidad que quiera. Lo contario es una imposición monopólica que nadie entiende. Si existiera otra empresa haciéndole la competencia a Etecsa, seguro que tendríamos telefonía celular más barata. Todo monopolio no es negativo. A veces hace falta para defensa del consumidor.

-Hay que eliminar la condescendencia de no mostrar el rostro de los corruptos en la prensa, de no mostrarlos en el barrio o el centro de trabajo. El pueblo debe conocer quienes le roban. Pues mientras les perdonamos la vida, ellos van organizando la nueva clase que va a desplazar al pueblo del poder. O acaso pensamos que se van a arriesgar por migajas. Esa gente, que son muchos ya, lo quieren todo.

-Hay que terminar de eliminar la obligatoriedad de viajar a Cuba con pasaporte cubano, aunque ya se tenga otra nacionalidad. Bastaría con que en el pasaporte constara la nacionalidad originaria del que viaja. Eso respondía más bien a un mecanismo de control que ya no se justifica.

Entre las medidas de flexibilización que se pueden adoptar en la economía y la realidad de que Cuba pueda devenir en una economía de mercado, va un espacio muy amplio, que justifica avanzar bastante sin cubrirlo.

Se trata simplemente de darle al mercado el lugar que merece y a la iniciativa individual, privada, regulada también. Para ello basta tener un sistema de impuestos acorde con cada actividad, agredir a la corrupción entre los inspectores, y una regulación laboral que impida la violación de un conjunto de principios básicos que ya establecidos: salario igual para la misma actividad; ningún tipo de discriminación en el empleo; cumplir los impuestos de la contratación laboral; laborar dentro de una actividad legal.

-Hay que romper con esa mentalidad que vincula la riqueza con la inmoralidad. La riqueza que provenga del trabajo nunca será inmoral.

Sin embargo, se observan aun insuficiencias en la participación que debe tener la sociedad civil en la solución de los problemas. Aún estamos atados a formas de institucionalidad que ya no responden a las realidades y necesidades del país. Nuestras organizaciones de masas, meras poleas trasmisoras de orientaciones, ya resultan sumamente rígidas para movilizar a la sociedad civil en la solución de sus problemas.

Son en todo caso los llamados proyectos comunitarios los que apuntan más en la dirección necesaria, pero la estructura política los frena. Las organizaciones de masas en la base y el partido, no están preparados, ni tienen en sus agendas de trabajo funciones, para entender que un proyecto comunitario es algo más que un CDR, que una base de la FMC, que una organización sindical, que un núcleo de base del partido. Se trata de todo eso reunido, pero traspasando sus propios límites. Resultando imposible a veces, que muchos entiendan que un proyecto comunitario debe tener una base económica de sustentación. Que debe producir algo, un huerto, un taller, una pequeña fábrica, organizados de forma cooperativa.

No se acaba de poner en práctica y a veces ni de entender, que si se quiere que la economía avance, lo primero que hay que hacer es movilizar las fuerzas productivas. Y esas fuerzas están también en la comunidad, en el barrio. No solo en los centros de trabajo y en las empresas organizados oficialmente. Sobre todo si tomamos en cuenta el proceso de envejecimiento de la población.

Están en el huerto que puede organizar la comunidad, el taller, la actividad de servicio, los jubilados que aún pueden trabajar, las amas de casa, fuerzas que organizadas, trabajando dentro de su propia comunidad que pueden solucionar múltiple problemas colectivos y personales.

Tampoco se acaba de entender que en Cuba hay personas que tiene dinero o forma de colectarlo y ponerlo en función de algún tipo de inversión, que puede ser un taller, un hostal, una pequeña fábrica, un huerto productivo; servicios, que dan empleo, producen ingresos, mejoran la situación de los vecinos y aportan impuestos al estado. Algo que nuestra mentalidad burocrática, aun en exceso centralizadora, monopólica, estatal, oficialista, no nos permite todavía apreciar con claridad.

La economía la conforma toda la sociedad, es cosa de todos, horizontal y verticalmente, no solo una parte de ella. Se trata de procesos que se tienen que interrelacionar, complementar y traer como resultado la movilidad de las fuerzas productivas. Es así como debe funcionar el modelo económico, con todos los factores actuando al unísono, con las iniciativas propias, privadas y estatales, cada cual en su espacio y complementándose mutuamente. Ningún nivel es más importante que el otro. O todos funcionan al unísono o no hay modelo.

Son las limitaciones que nos impone aun la vieja mentalidad y no poco la rígida estructura institucional, lo que no nos permite avanzar. Nos habituamos a formas de vivir que ya son muchas las que tienen que ser cambiadas.

La Habana, Agosto 8 del 2014

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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Una respuesta a Prestar más atención a las críticas

  1. Bueno y profundo comentario. Gracias.

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