El enemigo en nuestra historia

 

por René González Barrios, presidente del Instituto de Historia de Cuba.

En los ya no pocos años de mi vida como investigador, incluso como ávido lector, he topado muchas veces con literatura que trata despectiva o inapropiadamente, los temas relacionados con el enemigo. Este fenómeno es común en libros de textos y manuales de enseñanza de historia, a cualquier nivel, como si el tratamiento maniqueista de aquel, fuera suficiente para exaltar el papel y lugar del otro. Muchas veces, priman valoraciones sesgadas por análisis políticos, en los que quienes escriben, no logran distanciarse de los acontecimientos, y analizarlos con los instrumentos de la ciencia histórica. Los adjetivos descalificadores entran entonces a jugar su papel.

La imagen caricaturesca del enemigo, causa un daño terrible en el análisis objetivo de la historia. ¿Amerita a España, por ejemplo, tildar de “auto titulado general”, o “insurrecto”, a secas, al nombrar a los jefes independentistas cubanos? Tales calificativos ponen en entredicho la preparación y capacidad de los destacados jefes militares españoles que combatieron la insurrección en Cuba, incapaces de sofocar por las armas al Ejército Libertador cubano. ¿Tiene valor o mérito haber peleado tantos años contra una tropa de ineptos y no haberlos derrotado de manera fulminante?.

El mismo análisis lo hago a la inversa. ¿Tiene mérito resaltar el papel de nuestros jefes denigrando o mostrando como incapaces e ineptos a los jefes españoles a quienes alguna vez derrotamos en el campo de batalla? Llamo la atención, de que muchas veces son los historiadores quienes dejan de reconocer lo que los propios militares de ambos bandos se reconocían: valor, temeridad, hidalguía, cualidades de mando.

Llamo “síndrome de Resoplez”, a la manera caricaturesca en que se proyecta en Cuba la imagen del ejército español. Elpidio Valdés ha sido una delicia espiritual para nuestros niños y yo lo disfruto con fruición. Son animados, seriamente argumentados desde el punto de vista histórico, pero dirigidos a crear valores en pequeños y adolescentes. La inmensa mayoría de los rivales de los generales Máximo Gómez, Ignacio Agramonte y Antonio Maceo, en el campo de batalla, eran muy diferentes al terco y empecinado general, tantas veces vencido por el coronel Valdés.

Este mismo escenario de análisis, lo arrastramos a otras etapas de nuestra historia. Debemos ser muy celosos y profesionales a la hora de evaluar al enemigo, llámese ejército español, ejército de Batista, mercenarios de Playa Girón, bandidos del Escambray, ejército sudafricano o combatientes de la UNITA en Angola.

Reflexionemos brevemente sobre algunos pormenores a tener en cuenta para un análisis integral de la historia patria, partiendo del estudio del enemigo.

El  más extenso de todos los conflictos militares en que se vió  involucrada ESPAÑA durante el siglo XIX, fue la Guerra de los Diez Años, sostenida en CUBA entre los años 1868 y 1878.

Fue esta guerra el principal escenario práctico en que se formó   toda una generación de generales  españoles  que pasarían a jugar primero en ella, y posteriormente en la vida política y militar de ESPAÑA, importantes roles históricos.

En los campos de batalla de CUBA, y frente a un adversario pujante  y audaz, los militares españoles, veteranos entre otras, de las   campañas de ÁFRICA, SANTO DOMINGO, CONCHINCHINA, y de  las propias guerras intestinas de la península, lograron acumular  un respetable caudal de experiencias teórico-prácticas como militares.

Consultando fuentes propiamente españolas, y en la prensa periódica de la época, hemos podido determinar -cifras no absolutas-, que ESPAÑA envió a CUBA, solo en la guerra de los diez años, un total de 151 generales, divididos en: tres capitanes generales de ejército; siete tenientes generales; treinta y seis mariscales de campo; noventa y un brigadieres; y catorce generales de marina.

La capitanía general de la isla cambió catorce veces  de propietario;  el gobierno de la capital (Segundo Cabo) en  no menos de 22 oportunidades; y la jefatura del Estado Mayor de la Capitanía General no menos de 21. Este mal, provocador de inestabilidad, se trasladaba a todos los niveles jerárquicos de la cadena  de mando.

Los jefes más destacados, los más capaces y mejor fogueados en  el laboratorio-escuela que constituyó la guerra de CUBA, eran  sacados del ejército de la isla y enviados a servir al ejército en la península ibérica.

Al  analizar la conducción de las acciones militares por  el mando  militar español durante la guerra, vale destacar que éste se caracterizó, en sentido general, por la participación directa de los principales jefes en las operaciones militares. El hecho de que ninguno de los quince generales españoles muertos en CUBA   durante la guerra grande, por ejemplo, haya muerto en combate, no necesariamente implicaba que estos eludieran las acciones combativas.

Una  buena  parte del generalato español obtuvo sus ascensos por   méritos de guerra alcanzados en los combates y operaciones  efectuadas contra el ejército libertador cubano. Muchos de aquellos generales llevaban en sus cuerpos las cicatrices dejadas por las armas cubanas.

Los jefes españoles por regla general salían a operar con sus fuerzas y con ellas enfrentaban al adversario, pero teniendo siempre muy en cuenta la necesidad de la preservación de la vitalidad del mando. Los más osados se lanzaban personalmente al  combate al riesgo de sus propias vidas, y del  probable éxito de las misiones encomendadas.

Contrario a lo que nos pueda llevar a concluir la pasión patriótica al analizar como simples espectadores el heroísmo casi de leyenda de los insurrectos  cubanos, hacedores de hazañas que aún hoy nos llenan de asombro, el cuadro de jefes y oficiales del ejército español,  militares de carrera en su gran mayoría, demostraban en el combate entereza y valor. Sus limitaciones fundamentales  estuvieron dadas en el lento desarrollo y evolución de su   pensamiento táctico, subordinados  como  estaban  a concepciones  estratégicas y tácticas que le impedían su desenvolvimiento  operativo de manera independiente.

La guerra de los Diez Años constituyó una importante escuela formadora de cuadros para el ejército español. CUBA fue  la gran academia de las armas del generalato español a fines del pasado  siglo. El haber participado en ella constituía una carta de presentación  y un aval muy valioso.

Además de los 151 generales que hemos confirmado su presencia en la guerra de los diez años, otros 64 militares españoles veteranos  de  aquella gesta, alcanzaron posteriormente  los grados de general. De los 46 nombramientos de Ministros de la Guerra hechos por el Gobierno español, entre 1885 y 1927, 26 correspondieron  a veteranos  de las guerras de CUBA,  uno de  ellos, nacido en la isla.

Generalizando los rasgos más sobresalientes del mando militar español durante la guerra de Cuba, encontramos:

– Influencia directa y negativa de la convulsa  situación  político-militar de la península en CUBA.

– Perenne inestabilidad y discontinuidad en el mando militar    en todos los niveles de la cadena de mando.

– Las tropas en general -incluyendo los jefes y oficiales-, fueron fuertemente golpeadas por las enfermedades.

– Los  cambios de Capitanes Generales traían consigo  cambios     bruscos en la organización militar y en el mando de las  tropas.

– Presencia del Cuerpo de voluntarios como factor de   desestabilización para el gobierno español en la isla, y como   enemigo más recalcitrante de la revolución cubana.

– Entereza y valor de los jefes del ejército -en sentido general-,  y grandes limitantes en su desenvolvimiento  táctico-operativo, dado en lo fundamental por la rigidez de sus concepciones del arte de la guerra.

– Odio y desprecio casi enfermizo contra el pueblo cubano y   en especial contra los miembros del ejército libertador. La     guerra fue cruel y despiadada.

–  Humanización  del conflicto en los momentos finales de la    contienda. Presencia de una nueva cantera de jefes militares   españoles, no manchados con el crimen.

–  La participación en la guerra de CUBA, como importante aval en la hoja de servicios de los militares españoles.

–  Algunos hicieron prácticamente toda su carrera militar en Cuba: Santocildes, Valmaseda.

– Algunos hicieron familia en Cuba, casados con cubanas, con hijos cubanos y propiedades en la isla.

Por otro lado, el estudio de la guerra en las fuentes españolas, en diarios, hojas de servicios, prensa, etc, demuestra:

– Versiones diferentes de las acciones y sus resultados, según el bando.

– Los cubanos no recogen muchas de las acciones por las que los españoles eran condecorados y que ellos consideraban sus victorias.

– Los españoles tampoco las nuestras.

– Ambos bandos tergiversan los resultados en diarios de campaña, partes, correspondencia, prensa, etc.

– La historia de las guerras de independencia de Cuba descansa sobre todo en la descripción de las grandes batallas y personalidades, y no en el accionar pequeño y constante, que fue el que le dio sustentabilidad, acometividad, prestancia, ímpetu, etc.

– Necesidad de reconstruir la historia combativa a partir de los partes de guerra, documentos, etc., para demostrar la intensidad de la misma para ambos bandos.

–  A veces parece que son dos guerras diferentes o dos historias diferentes las que se cuentan.

– Impacto de la derrota de Cuba en la vida de los militares españoles. Surgimiento del Síndrome de Cuba.

Creo que debemos reanalizar nuestra manera de mirar la guerra y tener en cuenta, los testimonios de jefes cubanos de menor jerarquía, los partes de guerra enemigos y las hojas de servicios de quienes los comandaban, para que el análisis sea verdaderamente integral.

Se hace imprescindible el estudio de los cubanos al servicio de España, pues su número no fue nada despreciable y formó parte de una estrategia de dominación colonial, lo mismo que el llamado a filas a negros fieles a España, cuyo máximo exponente fue la escolta negra de Weyler, todos escogidos entre más de un centenar de voluntarios.

Estudios similares debemos realizar sobre las fuerzas armadas de EEUU y como fueron preparando, a través de operaciones de inteligencia, su intervención en la guerra del 98, de manera paralela a la que desarrollaban cubanos y españoles.

Los análisis del enemigo deben establecerse como variable fundamental e imprescindible, a la hora de analizar cualquier conflicto en que medien las armas.

Hay que estudiar al Ejército de Cuba, su preparación, composición social, cadena de mando. La guerra contra aquel ejército no fue, en modo alguno, un viaje feliz y triunfante. Hubo que pelear duro y bien para derrotar a un ejército bien preparado y combativo, a pesar de su desmoronamiento moral e ideológico.

Estos mismos análisis se deben realizar a las bandas contrarrevolucionarias financiadas por el imperialismo en Cuba, a los mercenarios de Playa Girón, y sobre todo, y más reciente, al análisis del accionar guerrillero de las fuerzas de la UNITA en Angola, cuya acometividad nos obligó a desarrollar la táctica para combatirla en diferentes escenarios.

Difícilmente podamos escribir la historia de la guerra de Angola y la participación de las tropas cubanas en apoyo al gobierno del MPLA, si desconocemos las versiones y argumentos de las fuerzas contrarrevolucionarias de la UNITA, el FNLA y el FLEC, y del ejército de Sudáfrica.

Debemos reanalizar nuestra manera de mirar las guerras en la historia, y tener en cuenta las fuentes del enemigo, sus partes de guerra, planes operativos y las hojas de servicios de quienes los comandaban. De ello resultará, sin lugar a dudas, un análisis más objetivo e integral.

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p style=”text-align:justify;”>(Tomado del blog el Postillón)

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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