Las muchas caras del Turquino

Harold Cárdenas Lema

“Escasos como los montes, son los hombres que saben mirar desde ellos y sienten con entrañas de nación o de humanidad”(Frase de José Martí en la base de su monumento en el Pico Turquino)

Hay experiencias que te cambian la vida, te sorprenden y no das cuenta de ello hasta que terminan. Hace una semana regresé del Pico Turquino, iba buscando una aventura guerrillera y encontré mucho más. Entre las muchas caras del Turquino, recordé quien soy y cuáles son las razones que me impulsan. Buscando una montaña terminé por encontrarme a mí mismo y vi un destello del verdadero rostro de la Revolución.

La invitación vino de la mano de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), en un periplo que realizan todos los años jóvenes creadores del país y se hace coincidir con el cumpleaños de Fidel. ¡Ah sí! Antes que lo olvide, en el Turquino también encontré a Fidel, no al estadista que ha visto mi generación todos estos años, sino al guerrillero joven que abandonó los privilegios para ir a luchar a la Sierra Maestra contra una dictadura. Quien haya caminado entre esas montañas puede imaginarse lo difícil que sería escapar de un bombardeo en la lucha guerrillera.

No creo que haya sido casual compartir esta travesía con la AHS. Mientras nuestras organizaciones juveniles enfrentan desafíos, los artistas e intelectuales noveles del país han constituido un bastión poderoso que mantiene su poder de convocatoria. Recuerdo cuando Fidel dijo que la cultura era lo primero que debíamos salvar, quizá sea el karma pero luego de protegerla, es posible que sea ella a través de los jóvenes la que nos salve a nosotros.

Vi una comunidad de campesinos que han sido dignificados por el proyecto social de nuestro país. En la Sierra Maestra la Revolución ha hecho lo que cinco décadas de República no lograron (si alguna vez se lo propusieron): crear proyectos de vida honrados. Mientras esos jóvenes hacían un espectáculo infantil para los niños de la comunidad, resulta muy claro que además de los cambios que necesita el país, son esas las esencias que debemos preservar. La base humanista del proyecto político cubano no es negociable.

El más impresionante rostro del Turquino es el de José Martí. Llega el momento en que uno, más doblado que un cucurucho de maní, arriba a la cúspide y se encuentra el monumento de un Apóstol incólume que contrasta con nuestros jadeos. Cuando se supera la disnea y queda claro que no es un espejismo, podemos apreciar los detalles. Desde la cima no existe una vista super impresionante del paisaje porque las nubes, debajo de nosotros, no dejan ver demasiado y sí provocan una constante neblina. Desde la cima del Turquino, este alérgico-asmático pudo respirar como nunca; lo del aire puro no es cuento.

El descenso nunca es fácil, por Granma son 13 kilómetros de bajada empinada y cenagosa. Recuerdo que pensaba en aquellos que combatieron en esos lares y cuál es la pelea que nos toca. Pensaba que muchas personas necesitan esa experiencia de montaña para que valoren cuánto ha costado la soberanía nacional y la necesidad de protegerla. Entonces encontré otro rostro del Turquino. A dos kilómetros de la base del Pico veo un grupo pequeño comenzando la escalada y reconozco al Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, intercambiamos saludos y le animamos a que continuara. Una inesperada y agradecida sorpresa.

Encontré al Che Guevara porque el clima me recordó que también soy asmático y caminaba entre el fango mientras pensaba que «seremos como el Che», es más fácil decirlo que hacerlo. Recordé el día de 1997 que siendo un niño esperaba en Santa Clara la llegada de los restos del Guerrillero Heroico, y cuando pasó la caravana por alguna razón se me hizo un nudo en la garganta, uno de los pocos momentos en mi niñez que recuerdo haber estado callado durante más de cinco segundos.

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p style=”text-align:justify;”>El Pico Turquino es la mayor elevación de Cuba, cada año algunos cubanos se aventuran a su cúspide en una peregrinación que tiene mucho de viaje espiritual. En tiempos en que los jóvenes andan en busca de paradigmas, la Sierra Maestra guarda algunas de las respuestas. Si los musulmanes tienen la Meca, yo encontré mi fe en el Turquino. Quizás sea hora de que quienes no han ido, emprendan también esta aventura.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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