Transcripción de la intervención de Ivette García en el espacio Dialogar, dialogar, de la AHS. Proyección y debate de la serie documental Cuba Roja, capítulo 3.

HPIM5921 - Cópia
30 de abril del 2014, Sala Alfredo Guevara del Pabellón Cuba.

Intervención inicial:

Creo que es una idea muy feliz que este debate esté dirigido por jóvenes, aunque este es un debate y una reflexión que debe convocar a todos los cubanos de las más distintas generaciones porque todas necesitamos la memoria histórica, reflexionar y pensar la historia pasada y la historia presente. También porque en la historia hay fenómenos que van y vienen, que tienen vigencia más allá de las causas que una vez los provocaron y porque en nuestro caso es la historia de la Revolución, nuestra historia reciente que a todos nos toca. Los jóvenes de hoy hablan de los documentos y de los años 70 como algo antiguo, sin embargo es la historia próxima para generaciones como la mía y es historia vivida para una buena parte de los cubanos que hoy siguen compartiendo y pensando la Revolución. De manera que hay un ida y vuelta que es importante para todos, porque la mirada hay que hacerla por lo que representa cada uno de los procesos que se vivieron en esos años, para los desafíos que tiene hoy la Revolución cubana.

Indudablemente todos los tiempos tienen sus condicionamientos, sus opciones, y a mí me parece que cuando se hace una mirada a hechos aislados y no a procesos en su totalidad, se pierde la oportunidad de ver los matices, los aciertos y desaciertos durante esa década de los años 70, por ejemplo, que fue tan conflictiva. Es que esos años dieron vida a gran parte de nuestras fortalezas actuales –la biotecnología, por citar una- y también de nuestros vicios, porque el dogmatismo, el “manual”, tal vez ya no tanto en el libro sino en las mentes, sigue teniendo manifestaciones hoy en condiciones distintas.

Claro que todo eso pasa también por las condiciones en que se ha tenido que desenvolver Cuba, porque el socialismo ha ido abriéndose paso entre fuegos y entre grandes pasiones, entre apologías y satanizaciones. Todavía hoy fuera de Cuba muchas veces falta una visión más equilibrada, ponderada, de la Revolución cubana y eso también daña. Sobre estas cosas se ha escrito en los últimos años, pero todavía muy poco. Creo que también nos ha hecho daño, se ha tratado en los últimos jueves de “Temas”, la cuestión del acceso a la información sobre el período, información escrita, en los archivos. Y entonces a los autosilencios se suman los silencios como efecto de esas carencias. Sin embargo, hasta que no hagamos un estudio profundo y crítico de toda esta etapa no podremos aprovechar sus lecciones. Ellas deben ser el motor, la base para construir la alternativa que tenemos hoy delante.

El asunto de los condicionamientos de cada etapa y sus actores es esencial. No es lo mismo la mirada de los 70 desde los 80, que desde los 90 y menos desde los 2000, porque cuando uno mira de aquí hacia atrás ya hay un resultado que vimos, que sabemos cuál fue. Yo he sentido que a veces incluso se pasan facturas, que se le pide más a los protagonistas de esa historia de lo que podían hacer o dar. El material obviamente no podía ir a todos los hechos, ni solo a las valoraciones. Creo que además hay que saber ¿qué pasó? porque muchas veces no se sabe qué pasó. Nuestro sistema de enseñanza no lo ha transmitido, las investigaciones han sido limitadas y en esto creo que el documental aporta, al ir a los hechos y a los procesos generales, aunque están tocados obviamente como flachazos. Observaba, por ejemplo, la referencia a la declaración final de ese congreso del año 71 tan polémico, donde están los detalles del tratamiento a la sexualidad, a la moda, cosas que uno conversa con los jóvenes hoy y no creen que estas cosas hayan pasado, que esos detalles hayan decidido quién está en capacidad para formar el “hombre nuevo”. Eso es parte de lo que muchas veces hoy aparece como sello de los años 70, porque ciertamente fue agredida la cultura y en particular la producción de pensamiento social, hubo figuras incomprendidas dentro y fuera de la UNEAC, por ejemplo, figuras que hoy seguimos procurando para entender la Revolución desde dentro.

Otro fenómeno que me llamó la atención es la referencia al CAME, que generalmente se usa para situar la arrancada del seguidismo en relación con el modelo soviético. ¿Pero cómo ocurrió? Vale la pena comprender cómo realmente Cuba entra al CAME en aquella sesión del Consejo donde Carlos Rafael Rodríguez y Raúl Roa Kourí iban con unas instrucciones de Fidel buscando una posición intermedia e independiente, una fórmula que no fuera ni Polonia ni Yugoslavia, sino una variante intermedia que garantizara esos márgenes y que le permitiera a Cuba ser puente para otros países. Pero los acontecimientos se precipitaron y en plena sesión del Consejo, con los aplausos que hacían los asistentes a las instrucciones que llevaba Cuba, sale la propuesta soviética de que Cuba ingresara como miembro pleno y se aprueba!!. Después que Cuba entra pues asume la responsabilidad, pero no hay copia ni seguidismo, había posiciones diferentes y los soviéticos sabían que Cuba tenía opiniones diferentes. Y Cuba no solo las defendió, sino que además un poco condujo, compulsó e introdujo cambios en la proyección exterior soviética a partir de ese liderazgo de la Revolución en el Tercer Mundo. Tiene que ver con el internacionalismo y con la ayuda del CAME a los países de menor desarrollo. Pero también hay muchas cosas que se logran a partir de la relación con el CAME en esos años y es válido resaltarlo porque a veces también se le achaca al modelo soviético, a la copia del modelo, errores que realmente fueron nuestros, que no siempre hicimos una aplicación crítica. Pues en esos lustros se incrementó muchísimo el nivel de vida, se desarrolló la industria sideromecánica, la biotecnología, la biología y otra serie de renglones y procesos, que obviamente a veces se opacan por los fenómenos negativos.

Por otra parte, los esquemas nos laceran mucho. Es definitivamente más fácil pensar con ellos, a su amparo, que pensar y analizar la realidad sin ellos. Digo esto porque muchas veces se asume que cuando se solucionan problemas o contradicciones ya debe quedar todo resuelto. Pocas veces, por más que digamos que somos marxistas, se comprende esto en su dialéctica, que la solución de un problema no siempre es definitiva y no elimina la posibilidad de contradicciones. Por el contrario, algunas retornan y otras nuevas surgen, aun siendo escenario de las políticas sociales más necesarias, altruistas y soñadoras de la Revolución, como ocurrió. ¿Y qué Revolución se hace sin sueños?. La Revolución se construye, se siente y también se sueña, porque tiene mucho de sapiencia el llevarla adelante, pero tiene también de pasión. Estos elementos tienden a pasarse por alto, o a mirarse desde lo actual cuando existe una experiencia de instrucción, de cultura política, etc., que entonces estaba en formación. Creo finalmente que el documental recoge lo fundamental, que ayuda a hacer una lectura crítica y constructiva de ese pasado nuestro y del presente. Es por eso realmente una iniciativa muy feliz, que ojalá la sigamos reproduciendo de esta manera, porque vale la pena.

Intervención durante el debate:

Yo quería puntualizar y enfocar un poquito algunos otros detalles. Voy a empezar por esto último que comentaban. En primer lugar se está haciendo alusión la dinámica y la capacidad que tienen las revoluciones de regenerarse, de rectificar, de analizarse hacia dentro y de enrumbar el camino. El día que la Revolución pierda la capacidad de revisarse, de sacar de las críticas una nueva proyección, entonces estará envejeciendo. Es un desafío permanente y la historia de la Revolución cubana ha sido, también en esas idas y vueltas, una búsqueda de lo posible dentro del sueño revolucionario. No se puede olvidar el efecto de estar como estamos y diría el proverbio, “tan lejos de Dios y tan cerca de EEUU”. Cualquier balance que se quiera hacer verdaderamente objetivo de la Revolución, tiene que considerar lo que Cuba es capaz de lograr en ese complejo escenario de la conflictividad que le impone Estados Unidos, porque no se conduce igual un país bloqueado, amenazado, que un país que se desarrolla en un escenario normal. Creo que además es una década contradictoria, de un lado con una sujeción al esquema soviético en lo económico y en parte a lo ideológico vinculado a nuestras propias rémoras, mientras del otro hay un esfuerzo y un acierto cuando la Revolución fue autóctona en casi todas las esferas de la sociedad de entonces. Nosotros obtuvimos resultados en ese tiempo en términos de nivel de vida, del desarrollo de todos los indicadores que merece un reconocimiento. Se lanzó una política social que ha sido históricamente un referente cuando se habla de Cuba, porque se ha llegado a indicadores, en muchos casos, de primer mundo. Ahí lo que deberíamos ver entonces, críticamente para esos años, es el hecho de que a veces esas políticas sociales no tuvieron un respaldo suficiente en nuestras bases productivas aunque hubo, por ejemplo, un incremento en la productividad del trabajo y otros elementos, pero en lo esencial descansaban en lo que recibíamos de esa articulación con el CAME. Eso, en cualquier circunstancia las puede volver endebles, porque cuando esa relación se rompe el país se queda casi a la desbandada, no tiene cómo sostenerlas.

También hay otras cosas que se logran en esos años en términos de la nación. Hay una mutación profundísima que explica el arrojo y las proezas de esos años, que van más allá del contexto, que tienen que ver con la naturaleza y con las raíces históricas de la propia Revolución, de la nación. Por primera vez hubo en Cuba una correspondencia entre la nación y el Estado nacional sin que fuera el ideal sino como somos, permanentemente insatisfechos, situados en el límite, entre lo real y lo soñado, entre lo que se tiene y lo que se busca. Lo digo porque en esos aplausos del Congreso del 71 y en otros momentos de esos años está también nuestra idiosincrasia. La cultura, la idiosincracia, la identidad cubana es fuerte y de extremos, de pasiones. Para nosotros todo es en superlativo, para nosotros es “ahora como nunca” o “nosotros como nadie”; las cosas son “importantísimas” o “interesantísimas”, y eso también tiene que ver con nuestro modo de asumir las cosas, la tendencia a llevar los asuntos y los proyectos a los extremos.

Otro de los más importantes resultados en términos de la nación es el extraordinario incremento del mestizaje en la Isla. Hoy estamos hablando del problema de la racialidad, pero realmente lo que se ha construido a lo largo de esa década en términos de integración cultural, de lo cubano, de la cubanidad, ha sido realmente importante y fue también obra todas aquellas políticas. Lo mismo con el tema de los desequilibrios regionales, esa visión tradicional de que Cuba es la Habana y lo demás es paisaje. Pues bien, el primer proyecto realmente serio de desarrollar las diferentes regiones de Cuba lo lleva adelante la Revolución y eso hoy es visible en cualquier provincia que uno visita. Estas parecen cosas que se pueden salir del esquema, digamos, cuando uno va a lo económico, pero que realmente explican por qué en los 80 se puede hablar de lo que Jesús Guanche ha llamado el etnos-nación cubano, es decir, lo que nos identifica mas allá de los vaivenes que puede tener todo proceso en un momento o en otro. Yo creo que tiene que ver un poco con esos elementos y también con un poco de la sociología de las revoluciones, que nos sigue haciendo falta hacer. Yo, sinceramente, a veces me he preguntado quién ha copiado más, si nosotros o el capitalismo, porque hasta cierto punto hablamos de un proceso natural. Esa década que examinamos termina, por ejemplo, con la Revolución sandinista. Pues hace años en Nicaragua me quedé impresionada de la manera en que se reproducían experiencias nuestras, y es lógico. Y así ocurren con muchas reproducciones aun cuando no sean acríticas, porque es un recurso hasta natural en que usted va a intentar acercarse a quien ve que tuvo éxitos o que lo está teniendo en ese proyecto que uno está tratando de desarrollar. Pues a inicios de los años 70 esa era la Unión Soviética, era ese modelo el referente. Y con todos sus defectos, cuán importante fue entonces!!.

Uno de los problemas que hoy tenemos es que la generación del 90 no tuvo otro referente que no fuera el de la crisis, que no fuera el de la debacle que se vivió en esos años. Yo creo entonces que eso también nos puede ayudar a entender o a ponderar los procesos pues ni todo es absolutamente éxito, ni todo es absolutamente fracaso. Es vital y natural atender a experiencias ajenas, la cuestión está en que no sea una asunción acrítica, está en el hasta dónde y en el cómo. En eso me parece que la Revolución se ha conducido siempre tratando de preservar algo que nos sigue distinguiendo, que es una Revolución autóctona, la imagen que tiene la Revolución no es la de una reproducción mecánica de un proyecto ajeno, sino sobre todo de lo auténtica que ha sido, a pesar de los tremendos avatares y de los huracanes políticos y de todo tipo que ha tenido que vivir en la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI, que ha sido una etapa compleja para nosotros y para el mundo. Algo que nunca olvido sobre los 90, cuando a los diplomáticos cubanos, por ejemplo, se les mostraba compasión por la situación del país y ellos respondían: no, no tengan pena de nosotros, tengan pena de los que dejaron caer las banderas del socialismo porque nosotros estamos luchando y la estamos defendiendo. Recordemos que incluso ocurrió con los amigos, con las izquierdas, que decían que nos comprendían y hubo hasta buenos amigos que sugirieron claudicar porque estaban seguros que Cuba caería y les parecía que nos estábamos desangrando. Pues esa apuesta y ese altruismo elevó además el prestigio de Cuba y demostró que solo lo autóctono, “ese sol del mundo moral” como decía Cintio Vitier, es lo que realmente ha preservado la Revolución. Y eso realmente es incopiable.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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