PALABRAS EN LA APERTURA DEL TALLER LA HISTORIA COMO ARMA

Fernando Martínez Heredia

En enero de 1964 Manuel Moreno Fraginals escribió la breve pero magistral introducción con la que completaba la investigación más trascendente que hizo en su vida. Allí expuso expresamente lo que pretendía con El Ingenio, el carácter heterodoxo de su aproximación, los resultados nuevos y diferentes a los que había llegado y las funciones que podía desempeñar la obra respecto al conocimiento de la historia de Cuba, la formación de la nación y las ansias que tenía la sociedad cubana en aquel momento de tomar posesión de todo, del país en que vivíamos, su pasado y su futuro.

“Sin un estudio exhaustivo de la economía azucarera no hay posibilidad alguna de interpretar la historia de Cuba”, decía. Pero afirmaba que los demás aspectos de la sociedad deben ser analizados, y buscar las articulaciones existentes entre todos. “Este libro –decía—pretende seguir las huellas que arrancan del azúcar y se manifiestan en la instauración de una cátedra universitaria, o en un decreto sobre diezmos, o en una forma característica de las residencias señoriales urbanas, o en los efectos terribles del arrasamiento de los bosques y la erosión de los suelos”. El autor se había propuesto nada menos que rasgar “el turbio velo que cubre la historia de Cuba”, pero aclaraba que la obra era un pequeño aporte que no pretendía “entregar una nueva y definitiva interpretación de la historia de Cuba”. Hemos ido tan lejos, insiste en el prólogo a la edición de 1978, “porque creemos que la Revolución necesita estudios básicos, con firmeza en los métodos empleados y en las fuentes de documentación”.

La dedicatoria de El Ingenio es mucho más que el tributo al historiador que había muerto, joven todavía, hacía solo catorce meses: “A Raúl Cepero Bonilla, presente en la ausencia: estas cosas que durante tantos años discutimos”. Era obvia entre ambos la amistad –ese escalón electivo que forja vínculos y acendra cualidades humanas–, pero sobre todo se destacaba una comunión de nuevos historiadores cubanos que habían emprendido una batalla intelectual. Ellos salieron a revisar y cuestionar, a sacar a la luz y lanzar tesis. Su objetivo era buscar y elaborar una Historia cubana que fuera más allá de los axiomas, los lugares comunes y los olvidos de la Historia tradicional, con sus narraciones sesgadas y sin cuestionamientos, y su nacionalismo sin apellidos. Buscar y elaborar una historia de la nación que alcanzara la mayoría de edad, con ayuda del instrumento teórico marxista, con la dialéctica que es crítica y revolucionaria por esencia, y no debe detenerse ante nada.

En 1948, Cepero había tocado a rebato con su Azúcar y abolición, y Moreno se entusiasmó con esa obra. Por su parte, había iniciado en el Colegio de México, donde comenzó su formación como investigador de Historia, su monografía José Antonio Saco. Estudio y bibliografía, terminada en 1950, pero solo publicada en 1960. Por cierto, debemos lograr que este libro deje de ser desconocido para la mayoría de los estudiosos cubanos. En un aval de su expediente de El Colegio se califica al joven Manuel como “familiarizado con las ideas socialistas”, nos informa Oscar Zanetti en su admirable prólogo a la Órbita de Manuel Moreno Fraginals (Ediciones UNIÓN, 2009), una obra que me parece imprescindible leer. Moreno, escritor culto y de prosa muy lograda, es irreverente y formula juicios duros, pero todo lo que expone está fundamentado por el más laborioso y tenaz trabajo con las fuentes, la hondura y la complejidad del análisis, la elaboración de juicios y de síntesis, la fijación del lugar relativo al que se ha llegado, la mostración de caminos posibles, el estímulo al lector a involucrarse con inferencias e ideas propias, y una narración que aúna claridad y elegancia. Es decir, contiene lo que es necesario para que se pueda hablar de ciencia de la historia.

El triunfo revolucionario de 1959 devolverá a Manuel Moreno a la patria y a la Historia, y a culminar la investigación que plasmará en El Ingenio, acontecimiento que nos brinda la motivación para organizar este taller. Con él, el Instituto Juan Marinello da un paso más en uno de sus campos principales de actividad: el rescate y la profundización, mediante estudios y debates, de temas y situaciones fundamentales de la cultura cubana. Responde a un compromiso irrenunciable, y a objetivos que nos empeñamos en realizar, con entusiasmo y organización.

Compartiremos estos tres días un total de seis sesiones de trabajo, con amplios espacios para los debates. A nombre del Instituto, expreso nuestro más profundo agradecimiento a los ponentes, que como siempre han respondido con gran generosidad a una convocatoria que les añade un trabajo y unos afanes más a los que ya tenían, y vienen a ofrecernos sus aportes tan valiosos y a compartir sus saberes y sus criterios con los participantes en el taller. Reconozco, al mismo tiempo, la descollante actividad de nuestro joven investigador Alejandro Gumá Ruíz, que con ejemplares laboriosidad, tenacidad, poder de persuasión y entrega a la tarea ha sido el responsable de la organización del taller y su principal gestor. Ale es uno de los jóvenes que ya van constituyendo con sus diferentes labores y con la diáfana actitud de su posición una de las columnas principales del Instituto, y que a mi juicio serán capaces de ser los protagonistas de nuestro futuro. Agradezco a todos los demás trabajadores del Marinello que han venido colaborando en este empeño, y que nos brindarán en estos tres días su proverbial colaboración.

Tendremos un hermoso final del taller con la actuación de la Camerata Romeu, y ya les expreso mi más profundo agradecimiento, que hago extensivo a Joel Suárez, el Coordinador de nuestro fraterno Centro Martin Luther King, por el apoyo que ha brindado para hacer posible esa actividad.

Vamos a escuchar, hablar y discutir acerca de la obra clásica e inspiradora de Manuel Moreno Fraginals, y acerca de sus modos de investigar y escribir, sus nexos con otras disciplinas y con campos de la cultura cubana, los condicionamientos de sus labores, su influencia y las implicaciones de los caminos que abrió para la Historia. También abordaremos asuntos que están inspirados por la época histórica que estuvo en el centro del trabajo de Moreno, y por las implicaciones que ella tuvo en la formación de la nación cubana y que ha seguido teniendo en su complejo decurso hasta la actualidad.

No les robaré tiempo a los trabajos de este taller haciendo recuento de vicisitudes. En cuanto al papel que les toca en ellas a los que intentaron sumir en el olvido a Moreno, a los perseguidores de toda primavera, baste decir que no resisten ni siquiera un viento fuerte, mientras que la verdadera grandeza es inmune a todo. Sacar la obra de Moreno Fraginals de la sombra y volverla pan cotidiano en la enseñanza y para el estudioso cubano, esa es la tarea positiva que nos toca, y a la que tratamos de contribuir con actividades como esta.

Ahora que estamos avanzando tanto en el reconocimiento a Moreno, quisiera leerles el texto de la carta que le envió Ernesto Che Guevara, el 6 de octubre de 1964:

Estimado compañero:

Acuso recibo ahora del libro que tuviera la gentileza de enviarme dedicado.

Hace poco terminé su última página y quisiera dejarle constancia de que no recuerdo haber leído un libro latinoamericano en el cual se conjugara el riguroso método marxista de análisis, la escrupulosidad histórica y el apasionamiento, que lo torna apasionante.

Si los otros tomos mantienen la misma calidad, no tengo temor de augurarle que El Ingenio será un clásico cubano.
Revolucionariamente,

“Patria o muerte. Veceremos”
Cmdte. Ernesto Che Guevara

En estos días de aniversario de su caída, es apropiado recordar que Moreno, al dedicarle al Che su famoso ensayo “La historia como arma”, escribió: “dándole las gracias por muchas razones”. Termino estas palabras, a mi vez, dándole las gracias a Manuel –que está aquí, de vuelta a la patria y a la Historia– por el conjunto que forman la obra inmensa y las preguntas decisivas que le hace a la cultura cubana.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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