Fuerza de trabajo calificada en Cuba

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Yordanka Cribeiro Díaz (i)

(Transcripción de la intervención en el espacio Dialogar, dialogar de la AHS. Mayo 2014).

Muy buenas tardes a todos. Es un placer para mí compartir este espacio con ustedes y con Agustín Lage, compañero de investigación con el que he compartido otros espacios de este tipo. Siempre es atractivo llevar esta discusión sobre el tema de la Economía del conocimiento en general y sobre la utilización de la fuerza de trabajo calificada en la economía cubana, con la intencionalidad de reflexionar en torno a qué podemos hacer para tratar de convertir lo que hoy tenemos en una fuente de crecimiento. En ese sentido, existe un reconocimiento del rol que puede tener la Educación como fuente de crecimiento económico en todos los países.

Sin embargo, no necesariamente la relación entre educación y crecimiento es automática. Cuba es un ejemplo de que se pueden alcanzar niveles educacionales muy altos con bajo PIB percápita, lo que refleja que la educación es esencialmente un tema de voluntad política. Pero igualmente nuestra experiencia demuestra que disponer de un potencial humano es condición necesaria pero no suficiente para elevar su impacto en el crecimiento y garantizar la sostenibilidad de nuestro proyecto de desarrollo socialista.

Para Cuba esto es esencial, pues somos una economía que enfrenta restricciones de recursos naturales, serios problemas de acceso a financiamiento externo, en condiciones de bloqueo, etc. A eso se le adiciona una compleja situación demográfica expresada en un proceso de envejecimiento poblacional, lo que imposibilita el crecimiento en base a una acumulación extensiva del factor trabajo: o sea, no podemos sustentar el crecimiento a futuro sobre la base de incorporar más fuerza de trabajo a nuestros procesos productivos. Lo anterior condiciona además el tipo de actividades específicas a las que podremos dedicar nuestra economía en el futuro; debiendo transitarse hacia actividades que aprovechen las ganancias de productividad y capacidad innovadora de la fuerza de trabajo calificada, en función del desarrollo de actividades más intensivas en conocimiento y de mayor valor agregado. Es decir, no podemos asumir que Cuba debe sustentar el crecimiento futuro en base a la agricultura, o al menos no la que tenemos actualmente, que depende de movilización de grandes cantidades de fuerza trabajo. Necesitamos aprovechar eficientemente la fuerza de trabajo que hemos formado en más de 50 años de Revolución.

En este sentido, tenemos muchas distorsiones que explican por qué elevados niveles de escolaridad no se han revertido en una mayor contribución al crecimiento.

En primer lugar, existen asimetrías en el proceso de formación que se expresan en la no correspondencia entre la estructura productiva que tenemos y a la que se aspira y el patrón de calificación de fuerza de trabajo, tanto en niveles como especialidades. En ese sentido, el 70% de los graduados en Cuba se concentran en las ramas del conocimiento de Educación, Ciencias Médicas y Ciencias Sociales y Humanísticas, mientras que las Ciencias Naturales, Exactas y Técnicas, consideradas a nivel mundial como las ramas más dinámicas del conocimiento, solo concentran el 7% de los graduados. Esta tendencia es opuesta a la experimentada por los países latinoamericanos que han tenido un crecimiento más dinámico.

Una evidencia de la brecha de formación existente por especialidades se encuentra en el estudio realizado por la Viceministra Dra. Aurora Fernández, y la rectora de la CUJAE Dra. Alicia Alonso Becerra, que demostró que la CUJAE solo podría garantizar el 43% de la demanda de ingenieros –o sea, profesionales de esas áreas del conocimiento– para La Habana en los próximos 5 años.

Adicionalmente también tenemos un problema de inconsistencia entre los niveles de calificación de la fuerza de trabajo y la complejidad tecnológica de nuestro aparato productivo. O sea, tenemos altos niveles de calificación, y baja participación de ramas de alta y media-alta complejidad tecnológica, tanto en la estructura del producto, como en la estructura de las exportaciones. De hecho, solo aproximadamente el 20% de las exportaciones de Cuba tienen alto o medio-alto contenido tecnológico. Además, tenemos una industria estancada y un bajo peso de servicios profesionales dirigidos al sector productivo. Un ejemplo exitoso ha sido la exportación de servicios médicos a partir del 2004, experiencia que podría extenderse hacia otras ramas del conocimiento con potencialidades.

De otro lado, se aprecia una asimetría entre el potencial científico y el sistema de innovación tecnológica, que trae como consecuencia que Cuba tenga una baja capacidad de introducir los resultados de la ciencia en la economía. Entre las causas que podrían explicar este fenómeno podemos destacar:

1- Débil comunicación entre las universidades y sector productivo. Es decir, se genera ciencia a espaldas del sector empresarial, y esto tiene 2 problemas: primeramente, no necesariamente se realiza la ciencia que demanda el sector productivo; o el sector productivo no está en capacidad de asimilar la ciencia que se hace en las universidades.
2- Poco estímulo al desarrollo tecnológico endógeno.
3- Reducción de la cantidad de investigadores como consecuencia de los procesos de migración, fundamentalmente externa, y los procesos de envejecimiento.
4- Insuficiencias en la información científico-técnica y el limitado acceso a Internet y a otras redes nacionales de información, que ubica a la comunidad científica y profesional cubana en franca desventaja, y se convierte en una barrera al conocimiento, a la socialización de los resultados de investigación y a la potenciación de la aplicación de estos resultados de la ciencia en la economía.

Asimismo, se observa una asimetría entre calificación y entorno productivo y tecnológico, que contrasta con la situación de la década de los setenta y ochenta. Cuba muestra una de las tasas de inversión más bajas del mundo –estas decrecieron de más del 20% a un promedio del 10% en los últimos veinte años-. En consecuencia se ha producido una descapitalización acelerada de la economía – a pesar de modestos avances en algunas actividades como el turismo y las comunicaciones – y con ello una significativa reducción del acervo de capital por trabajador y un mayor grado de obsolescencia tecnológica; en un contexto de revolución tecnológica internacional.

Paralelamente, las barreras a la importación de bienes de capital, también han penalizado el acceso a tecnología moderna, lo que tiende a generar un proceso de descalificación de la fuerza de trabajo. En materia de TICS, Cuba se encuentra muy por debajo de la media regional en indicadores tales como acceso a telefonía móvil, telefonía fija, internet, etc.

Otra de las distorsiones que penalizan la contribución de la fuerza de trabajo calificada al crecimiento se ubica en el proceso de asignación de la fuerza de trabajo, es decir, ¿hacia dónde va nuestra fuerza de trabajo calificada?. De manera general, en este aspecto se distinguen tres problemas fundamentales:

1- Proceso de migración laboral: externa o interna. Externa: principalmente de profesionales de la ciencias, concentrada en ramas productivas. Interna: principalmente hacia el turismo, donde la fuerza de trabajo calificada se ubica por debajo de sus potencialidades productivas.
2- Desviación entre la especialidad estudiada y lo que hacemos en la práctica. Una encuesta realizada a 660 trabajadores calificados de La Habana, concentrados en el sector manufacturero, comercio y restaurantes reflejó que más de un 40% de los encuestados no trabajaban en su especialidad, lo que significa una pérdida de eficacia del gasto en educación y conduce a un mayor gasto en recalificación.
3- Desempleo y subempleo en segmentos de calificación: más de un 35% de la población no económicamente activa apta para trabajar posee nivel medio superior, o superior. Estos problemas de desempleo están concentrados en las edades productivas y es sobre todo femenino.

Finalmente, se identifican distorsiones en el sistema de incentivos a la fuerza de trabajo calificada que afectan su rendimiento. Cuba está atrapada en un círculo vicioso de salario-productividad-inflación. Como resultado de la crisis se redujeron sus capacidades productivas y como política social se decidió proteger el empleo. Sin embargo, en condiciones de baja productividad, mantener altos niveles de empleo condujo a un deterioro significativo del salario real que no ha sido posible recuperar. A ello se adiciona una escala salarial estrecha y débilmente indexada a los resultados del trabajo, que combinada con un sistema social con amplia cobertura con independencia del aporte a la sociedad de los individuos tiende a penalizar la productividad del trabajo.

En síntesis, la combinación de los problemas identificados en materia de composición de la fuerza de trabajo calificada, asignación y rendimiento, reduce su contribución a la productividad y al crecimiento económico. Sin embargo, su corrección requiere de una estrategia de capital humano que vincule de manera integral un conjunto de políticas: educacional, salarial, empleo, ciencia y técnica…

¿Qué podríamos hacer?

En materia de formación: para corregir las desviaciones en las especialidades urge elevar la masa de profesionales en ciencias naturales, exactas, agropecuarias y técnicas, tanto en la educación universitaria como en la técnica-profesional; igualmente debería estudiarse la posibilidad de insertar otras modalidades de estudios superiores que no sean universitarios. En muchos países se ha generalizado lo que se conoce como las carreras profesionales, que son más flexibles y con capacidades de adecuarse más al entorno y las especificidades de los territorios.

De igual modo, considerando el deterioro de la infraestructura básica y especializada, la contracción y envejecimiento del claustro de las universidades, pero su enorme potencial científico, se debe apostar por un esquema de mayor inserción y sostenibilidad de la educación superior. Algunas acciones en este aspecto se concretarían en una mayor racionalidad de las instituciones, en la cual se viene trabajando en algunos experimentos actualmente; un esquema de incentivos para retener al sector de mayor calificación y difícil reemplazo (esta es la primera fuerza de trabajo que hay que retener); ir hacia marcos jurídicos más flexibles que permitan la generación de redes de conocimiento (que no significan estructuras administrativas, sino que pudieran ser alianzas estratégicas entre instituciones académicas, productivas e incluso del sector no estatal. (Por ejemplo, apostar por el desarrollo de un sector no estatal que demande mayor calificación de su fuerza de trabajo y sea más productivo y, mediante políticas, integrarlo en alianzas estratégicas en cadenas de valor tendría mayor impacto), avanzar en la introducción de esquemas diferenciados de gestión de la ciencia para elevar su impacto en la economía.

En materia de complementariedad, definitivamente hay que elevar la tasa de inversión: con una tasa de inversión de 12%, no se crece. Estudios acerca de las 13 experiencias de crecimiento más dinámicas de los últimos 50 años reconocen que el mismo se ha sustentado en tasas de acumulación del 25%, para ello, es necesario favorecer la inversión extranjera, que de acompañarse de los marcos regulatorios y jurídicos adecuados, puede además favorecer la difusión tecnológica. En línea con lo anterior, es imprescindible recuperar la infraestructura tecnológica y promover un programa intensivo de informatización de la sociedad.

En cuanto al sistema de incentivos, se propone un programa que abarque la recuperación del salario real, mecanismos para contrarrestar patrones no deseados de asignación de fuerza de trabajo calificada, perfeccionar la política de recursos humanos en empresas y administración pública, modernizar y profesionalizar el sector de la administración pública y ponderar mejor fondos sociales y privados de consumo entre otras.

Con respecto al salario real, su recuperación debe ser un proceso gradual en vistas de evitar desequilibrios monetarios, por ello, debe priorizarse en las primeras etapas al segmento de alta calificación y difícil reemplazo e incorporar a los participantes en las cadenas de exportación (no solo en la empresa exportadora sino en todos los eslabones que intervienen en la cadena, para tratar de romper cuellos de botella en materia de incentivos), sobre a base de un esquema de mayor diferenciación salarial, que pondere en mayor medida los resultados del trabajo y que incorpore no solo premios sino también penalizaciones en el sistema de estimulación.

Como es obvio, ninguna de estas propuestas es de fácil implementación, sin embargo, es urgente garantizar la utilización plena de esta fuente de crecimiento, pues como dijo Fidel, “El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia”.

Gracias

Intervención durante el debate.

Muchísimas gracias por los comentarios. El trabajo que nosotros abordamos partía de la idea que tenemos un recurso, una potencial fuente de crecimiento, y tratar de identificar entonces qué nos estaba faltando para que esa fuente de crecimiento realmente funcionara como tal. Desde el punto de vista de la innovación está claro que falta el componente de la demanda. Por eso una de las cosas fundamentales que estábamos hablando de las dificultades para introducir la ciencia en la economía pasaba por el hecho de que hacía falta fomentar la demanda empresarial de innovación. Se necesita saber qué es lo que necesita el sector productivo, dónde están las barreras, para poner la ciencia en función de superar esas barreras. Y por eso es muy importante tratar de avanzar en la creación o el establecimiento de alianzas estratégicas entre lo que sería el sector productivo y las universidades. Todo esto pasa por la voluntad y ahora nosotros estamos en un buen contexto. Actualmente se han creado, no se si ustedes lo conocen, adscrita a la comisión de implementación, el consejo de ciencia y tecnología, que se divide en tres comisiones: ciencias de la dirección, ciencias sociales y ciencias económicas, que tiene la intencionalidad de poner a al academia en función de los principales problemas que tiene el país y eso está permitiendo que muchos de los resultados de investigación que pueden ser un poco más viejos o actuales, realmente se puedan poner en función de la solución de los problemas que tenemos. Nosotros tenemos la experiencia concreta, a raíz de la tesis de doctorado, se creó una de las tareas que fue proponer políticas para aprovechar más eficientemente la fuerza de trabajo calificada y esta tarea se presentó en un considerable número de ministerios, se presentó en el consejo de ciencia y tecnología, y a raíz de eso se han empezado a hacer cosas. De hecho nosotros estamos ahora viendo la experiencia en la Universidad de La Habana, donde se están haciendo varios experimentos para tratar de mejorar estas conexiones de lo que es ciencia y el sector productivo, se firmó un convenio CIN que tiene varios proyectos, además de eso se firmó hace unos día un convenio con el CIGB para crear una alianza estratégica entre lo que es la investigación que necesitan estas instituciones que le puede suministrar la universidad en una dinámica bidireccional pues los centros tienen mejores laboratorios, equipamientos que también pueden poner en función de las universidades y eso tributa al desarrollo de la ciencia.

Con respecto a qué pasa con la formación. Yo creo que el problema de las ciencias técnicas solo puede ser corregido con un programa integral que no solo involucre al Ministerio de Educación Superior y al resto de las instituciones en materia de la proyección de la demanda de la fuerza calificada en estas especialidades, sino también tiene que venir acompañado de un proceso de toda la sociedad. A que me refiero con esto, ciertamente las ciencias técnicas son muy complejas y no necesariamente en todos los países ha habido una dinámica motivacional en medios de comunicación, para fomentar la pasión por el estudio de las ciencias yo creo que nosotros avanzamos mucho en esto durante muchos años pero después como resultado del período especial decayó lo de los círculos de interés, donde desde niño te acercaban a estas ramas del conocimiento y después había una mayor tendencia a solicitar estas carreras. Eso es por la parte de la demanda. Pero además de eso tenemos la otra parte, que es desde la oferta. ¿Cómo se define esa demanda de fuerza de trabajo calificada? La definen los especialistas en recursos humanos en cada una de las empresas y ha faltado un poco de visión estratégica no solo de qué es lo que tenemos actualmente sino hacia dónde vamos. Y es muy importante internalizar hacia donde vamos, pues si nosotros queremos desarrollar y tenemos conciencia de que el futuro de Cuba está a partir del desarrollo también de la industria de alta tecnología, pues tenemos que formar hoy a los profesionales que van a estar en esa industria de alta tecnología. Y por tanto la demanda no puede ser en función de los centros que tenemos hoy, sino que verla de manera global, de manera que internalice no solo las demandas concretas de los territorios de acuerdo al desarrollo actual, sino a las perspectivas de desarrollo futuro de los territorios y con una visión también de país. Y yo creo que eso ha sesgado todos estos resultados. También lo que nosotros estamos viendo es el resultado de un momento histórico concreto, y esto no es de ahora, es una tendencia. Y es que realmente para formar un buen cibernético hace falta tener mejores laboratorios, buenos profesores y eso hace más costosa la formación de un físico, de un químico, porque requiere de una infraestructura mucho mayor y fue una infraestructura que se deterioró en los 90 y tenemos la opción de sacrificar los niveles de escolaridad o reconvertir un poco la oferta de especialidades. También en esos contextos se había debilitado mucho la infraestructura productiva y la demanda de este tipo de especialidades se debilitó, y faltó un poco de proyección estratégica.

Con lo de los servicios profesionales quería decir que no necesariamente la modalidad de exportar los servicios profesionales, es decir, de llevar al profesional al exterior es siempre la más adecuada. Imaginémonos ahora mismo con la modalidad que nosotros tenemos que es la exportación de servicios de salud, la cantidad de beneficios para la economía cubana si nosotros lográramos traer al enfermo a Cuba, porque si el enfermo viene a Cuba nosotros mejoramos instalaciones médicas, que mejoran el servicio para toda la sociedad cubana, generamos además un conjunto de externalidades en materia de suministros para ese sector que estas desarrollando, eso significa más empleo productivo, pero significa además una articulación con la industria nacional productiva y eso es lo que se conoce como turismo de salud y eso realmente pudiera tener un impacto mucho mayor para la economía cubana, ahora por supuesto que no es tarea fácil.

Notas

(i)Doctora en Ciencias Económicas. Profesora de la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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