Una guerra entre los que queremos cambiar el mundo y los que no están interesados en cambiarlo

(Tomado de La Jiribilla)

Helmo Hernández • La Habana, Cuba

En la Fundación Ludwig, un equipo multidisciplinario, muy joven que incluye informáticos, historiadores del arte, cineastas hemos estado estudiado el paquete. ¿Por qué estamos invirtiendo energía en eso? En mi opinión personal el paquete es la más cabal expresión de la cultura cubana contemporánea. Eso es lo que le gusta a la gente en este país. Estemos de acuerdo o no estemos de acuerdo, es lo que la gente está consumiendo en este país, lo que está viendo en este país; y es mi obligación como fue la de Marx y Engels en el siglo XIX, cuando lo que la gente consumía era Los misterios de París y escribieron La sagrada familia, para estudiar desde la lógica del folletín y no desde la de Balzac, los contornos de una época. Es nuestra obligación, aunque nos gusten más las novelas de Balzac, estudiar ese fenómeno y entender por qué es la preferencia de la gente.

En ese estudio del por qué, parece que nos íbamos a encontrar de repente, con la disyuntiva planteada antes por Víctor Fowler, de nuestro derecho a divertirnos. He aprendido en la búsqueda de todos estos años, razones que yo desconocía. Hay un problema lingüístico que constituye un parteaguas en la historia de la cultura contemporánea, entre el siglo XX y el XXI. El siglo XX se caracterizó por un verbo cuya traducción al español no he hallado con exactitud; el verbo es anglosajón, porque la tecnología es anglosajona y porque eso ocurrió en inglés, el verbo es broadcast (algo así como transmisión por radio y TV). Todo el siglo XX, nosotros los que vivimos en el siglo XX y somos analógicos, estábamos acostumbrados a que las cosas fueran “broadcasteadas”, para castellanizar el verbo y nos entendamos. Se acabó el broadcast y llegó el tiempo del streaming  y he ahí el misterio del paquete.

Cuba, efectivamente, es una Isla y tiene la virtud de tener una población súpercreativa. La población cubana vive en esta Isla llena de puertos y eso es una característica importante. ¿Qué es un puerto? Un lugar de diálogo permanente,  un  lugar donde las cosas llegan y van y están en la última de lo que se cayó y ahí viene. Como cuando en lo más duro del Periodo Especial, encontramos soluciones en eso que nosotros hemos dado en llamarle la estética  de la provisionalidad, de buscar soluciones provisionales que son sorprendentemente creativas, desde un vaso, hasta una lámpara, hasta de pronto una copa de vino hecha con un litro de leche. Yo tengo un pequeño museo de esos productos porque nos dedicamos al arte, es normal eso.

Ahora han encontrado la manera en Cuba de dar un servicio de streaming a la población una vez a la semana, porque básicamente hemos tratado de vencer el aislamiento, de vencer todos los obstáculos que teníamos para ponernos al día, por lo menos aparentemente. La llegada de Internet de banda ancha es cuestión de tiempo nada más. Va a llegar con todo eso, pero los jóvenes cubanos ya están perfectamente preparados, para llegar a ese Internet y trabajar en eso ya.

La esencia del problema, es que no hemos hablado de la diferencia entre los dos verbos, no hay manera de que la televisión cubana, ni nuestros medios actuales compitan con el paquete, simplemente porque la gente quiere ver, lo que quiere, cuando quiere y en el soporte que quiere. Entonces, contra eso no hay manera posible de pelear.

Por otra parte, en la economía mundial, en estos momentos, el renglón más fuerte es el renglón de los contenidos y de la producción de los contenidos. De eso se ha hablado mucho.  En Miami se celebra,  todos los meses de enero,  la feria comercial sobre este tema donde más dinero corre en el mundo. El 50 % del volumen de este mercado está en Latinoamérica, Cisneros, por ejemplo, es uno de los más poderosos promotores de contenido. Hay una segunda feria. Primero empezó en Las Vegas, ahora se celebra en el hotel  Fontainebleau en Miami, todos los meses de enero. La segunda de cada año es en Praga. Nada de eso es casual, todo eso tiene un sentido, hay que entenderlo, y nos va a caer arriba. Efectivamente, yo sí creo que estamos en una guerra: los que queremos cambiar el mundo y los que no están interesados en cambiar el mundo, sino en perpetuar las reglas del juego; pero no se puede jugar con ingenuidad en esa guerra. Es una tontería hacerle el juego; sería retrógrado o ridículo.

Creo que no se trata de darle respuesta al paquete ni creo que Mi Mochila, el proyecto que animan los Joven Club de Computación, es una respuesta al paquete, no puede ser. ¿Qué es lo que ha hecho el paquete?: Demostrarnos las necesidades existentes de la población cubana que tenemos que ser capaces de satisfacer, pero rapidísimo, para ayer por la tarde. No podemos esperar a mañana porque si dejamos ese vacío, alguien lo llena. Y es nuestra responsabilidad, si de verdad somos intelectuales, de llenar ese vacío, de ser capaces de llenarlo. Entonces se trata de dar muchas alternativas de respuesta a las necesidades contemporáneas de la población cubana.

Como no paro de investigar, creemos en la necesidad de “contaminar” el paquete, intervenirlo. Eso está ocurriendo ya en la Fundación, una contaminación que no quiere decir que sea la única posible. Pueden estar los realizadores jóvenes en ese paquete contaminado que yo hago, y estoy distribuyendo; porque estoy haciendo un experimento, tratando de entender, yo no, sino nosotros, la Fundación. Los invito a todos a que vayan y nos visiten y vean cómo se puede acceder a esa otra alternativa que proponemos. Se pueden copiar nuestras contaminaciones. Hay que hablar con los artistas, los plásticos, los realizadores visuales, con todo el mundo: ¿Tú estás dispuesto a no cobrar derechos, si yo no distribuyo esto comercialmente?, porque no puedo pagarte el derecho de autor ahora para hacer eso. Entonces tienen que estar de acuerdo los artistas y es complicado, es un fenómeno muy complejo.

Empecé diciendo que era un producto cultural y no quiero terminar sin recordarlo; el paquete no es un producto informativo, está cargado de información, está cargado de ideología, está cargado de política; pero es básicamente un producto cultural. Y como es un producto cultural es nuestra responsabilidad que tenga toda la complejidad que queremos, lo que todo el mundo quiere ver y además de eso también, lo que queremos que vean. Nosotros tenemos que estar preparados para desempeñar un protagonismo fundamental y ofertarle a la población cubana, lo que nosotros creemos que se le debe ofertar.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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