Un Rubén que pertenece al porvenir

(Tomado de la página web de la AHS)

Por Paola Cabrera Rodríguez

No le es posible al ser humano conocer cuál hubiera sido el curso de los acontecimientos si la historia hubiese sido otra. No es posible saber cómo sería Rubén Martínez Villena si hoy cumpliera 115 años. Se elige entonces recordar quién era, estudiar qué pensaba y analizar qué de él necesitan estos tiempos. Y eso fue precisamente lo que ocurrió en la mañana del sábado 20, en el espacio Dialogar, dialogar en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba.

Dialogar, dialogar es un espacio con el propósito de analizar y repensar la Cuba de hoy, desde dentro y sin prejuicios.

A la cita, conducida por el joven historiador e investigador Elier Ramírez, acudieron Roberto Fernández Retamar, Presidente de Casa de las Américas, Rolando Rodríguez, Premio Nacional de Ciencias Sociales, y el periodista Iroel Sánchez, editor del blog La Pupila Insomne.

Narró Iroel cómo su padre no tenía una gran biblioteca y aun así encontró en ella textos como los poemas de Rubén Martínez Villena. A partir de entonces el poeta formó parte de su vida, al punto de que es Rubén el nombre de su hijo y La Pupila Insomne —título de uno de los más conocidos poemas de Villena—, el nombre de su blog.

Iroel Sánchez, Rolando Rodríguez, Roberto Fernández Retamar y Elier Ramírez.

El historiador Rolando García quiso recordar al joven de la revolución del 30 con anécdotas. Contó que quienes lo conocieron afirman que como abogado fue un desastre, y que tenía una personalidad “volcánica” y no sarcástica y fría, como había creído antes de que Juan Marinello y Raúl Roa le compartieran su testimonio.

Roberto Fernández Retamar no solo ofreció su visión sobre el director de la huelga general que derrocó al gobierno de Gerardo Machado, sino que leyó sus versos dedicados a Villena. Añadió que sería provechoso aunar esfuerzos para crear una institución, un Centro Rubén Martínez Villena, que haga ver que Rubén no pertenece al pasado: pertenece al porvenir.

Elegía como un himno

A Rubén Martínez Villena
ejercicio de brava disciplina

La voz ayer cuidada y perseguida,
Ante la honda llamada de la sangre
Huye, afila sus flores como lanzas.
Crece su boca, llénase de encendido rumor,
De alzados puños enturbiando
Hasta los golpes la atendida vida.
Su lamento elegante
Se endurece, rompiéndose en piedras o martillos.
Su palabra es entonces la palabra
Sencilla, escueta, decidida,
De miles de hombres oprimidos
Del tabaquero, curvado sobre su dulce semilla de humo,
Relampagueando aún la voz de un ángel airado en su oído;
Del cortador de cañas, estallando columnas
Delgadas, como concretos monumentos de azúcar;
Del guajiro, borrándose en su turbio paisaje,
Frotado con furor sobre la roja tierra;
Del hombre, sencillamente, que alza los brazos y trabaja,
Erige, siembra y silenciosamente muere.
Una palabra anónima y robusta
Como la sangre, como el agua, como el cielo.
En su voz precipitan las manos, las galopantes
Manos desde la tierra, las heridas.
Del corazón que suspiraba espumas,
De las últimas telas del ala, salen áridas
Letras con el consuelo y con el látigo;
De las flacas cenizas de una lágrima en sílabas
Determinante asoma, audaz, la lengua,
La rugiente garganta con que ha de hablar el pueblo
(Vertiginosos dientes de la verdad, discursos,
Manifiestos, raíces de la hoguera).
Rubén para la madre que desangra de hijo;
Par el hombre negado, Rubén el compañero;
Rubén para el esclavo que sueña y se realiza.
Su relámpago llega, su juventud se curva
Sobre la llaga, dulce, sobre la garra, firme,
Inflexible, armadamente insomne.
Con una amada cruz que se coloca,
Con un terrible hombre que le recorre, cruza;
Con una fuerte estrella que sustenta.
Rubén cae, Rubén dice, Rubén terrenalmente
Ama el cielo, Rubén entrega el cuerpo
Como un guante sonoro, como una cosa ajena.
Muere desde las venas, empina el horizonte.
Una noche su pecho viene abajo.
Una noche más sombra, se deshace, y cojean
Las estrellas, y obreros verticales
Guardan su nombre duro al cinto, como un arma.

Roberto Fernández Retamar

(23 / 12 / 2014)

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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