J. F. Kennedy y la diplomacia secreta con Cuba

(Tomado de Cubadebate)

Por: Elier Ramírez Cañedo, Esteban Morales Domínguez

Portada y contraportada del libro De la confrontación a los intentos de ‘normalización’. La política de los Estados Unidos hacia Cuba, de los historiadores cubanos Elier Ramírez Cañedo y Esteban Morales Domínguez

Al triunfar la Revolución Cubana el 1ro de enero de 1959, la administración republicana de Dwight D. Eisenhower, al tiempo que reconocía –no sin cierta reticencia- al nuevo Gobierno cubano el 7 de enero,[1] se trazaba como meta fundamental evitar la consolidación de la revolución social en Cuba y con ello, que los intereses estadounidenses en la Isla fueran lastimados. Eisenhower había apoyado al dictador Fulgencio Batista desde que asumió la presidencia de los Estados Unidos, por lo cual no estaba en condiciones de entenderse con la Cuba revolucionaria que emergía.  Por lo anterior, la Administración de Eisenhower no significaría un nuevo diseño de política hacia Cuba, sino una total continuidad. El mismo equipo de gobierno que había fracasado tratando de buscar una alternativa para evitar la toma del poder por parte de las fuerzas revolucionarias, era el mismo que entonces tenía que entendérselas con la Cuba de Fidel Castro. Por tal razón los planes subversivos de la potencia del norte contra la Revolución Cubana comenzaron a planificarse y ejecutarse desde los primeros meses del año 1959, sobre todo por la CIA, aunque sería luego de aprobada la Ley de Reforma Agraria el 17 de mayo que estos se hicieron sentir con más virulencia. Es a partir también de esa fecha que comienza gradualmente a observarse una mayor y estrecha articulación entre la CIA y el Departamento de Estado en función del cambio de régimen en Cuba.

A pesar de que la aprobación formal del “Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro”, ocurrió en marzo de 1960, la decisión del “cambio de régimen” había sido tomada desde el propio año 1959. Dos altos funcionarios del Departamento de Estado de los Estados Unidos, el subsecretario para Asuntos Políticos, Livingston T. Merchant, y el secretario adjunto para Asuntos Interamericanos Roy Rubbottom, reconocerían luego que desde junio de 1959 se: “había llegado a la decisión de que no era posible lograr nuestros objetivos con Castro en el poder”, poniéndose en marcha un programa que “el Departamento de Estado había elaborado con la CIA” cuyo propósito era el de “ajustar todas nuestras acciones de tal manera que se acelerara el desarrollo de una oposición en Cuba que produjera un cambio en el Gobierno cubano resultante en un nuevo Gobierno favorable a los intereses de EE.UU”.[2]

Aunque nuestros expertos en Inteligencia estuvieron indecisos durante algunos meses ¾señaló Eisenhower en sus memorias¾, los hechos gradualmente los fueron llevando a la conclusión de que con la llegada de Castro, el comunismo había penetrado el Hemisferio (…) En cuestión de semanas después que Castro entrara a La Habana, nosotros en el Gobierno comenzamos a examinar las medidas que podrían ser efectivas para reprimir a Castro en el caso de que se convirtiera en una amenaza”.[3]

El 19 de abril de 1959, durante la visita de Fidel Castro a los Estados Unidos, el vicepresidente Richard Nixon se entrevistó con el Primer Ministro cubano en Washington, con el objetivo de ganar claridad en cuanto su ideología y acerca de los rumbos que seguiría Cuba bajo su liderazgo. Al concluir la entrevista, Nixon resumió sus impresiones en un memorándum, del cual envió copias a Eisenhower, al director de la CIA, al secretario de Defensa, al jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas yanquis y a otras figuras de los círculos de poder estadounidenses. Estas fueron algunas de sus valoraciones sobre Fidel:

Como ya indiqué, se mostró increíblemente ingenuo con relación a la amenaza comunista y pareció no tener miedo alguno de que los comunistas pudieran eventualmente llegar al poder en Cuba.  (…)

Mi impresión personal de él como individuo es compleja. De algo sí podemos estar seguros, y es de que tiene esas cualidades indefinibles que lo convierten en líder. Pensemos lo que pensemos de él, va a ser un factor de mucha consideración en el desarrollo de la situación en Cuba y muy posiblemente en América Latina en sentido general. Parece sincero, pero o bien es increíblemente ingenuo acerca del comunismo o está sometido a la disciplina comunista “me inclino por lo primero”-, y, como ya he sugerido, sus ideas acerca de cómo manejar el Gobierno o la economía están mucho menos desarrolladas que las de casi todas las personalidades mundiales que he conocido en cincuenta países.

Pero como posee la capacidad de dirigir a la que me he referido, no nos queda otra opción que tratar por lo menos de orientarlo en la dirección correcta.[4]

Por su parte, el líder cubano recuerda esta reunión de la siguiente manera:

En fecha tan temprana como el mes de abril de 1959 visité Estados Unidos invitado por el Club de  Prensa de Washington. Nixon se dignó recibirme en su oficina particular. Después afirma que yo era un ignorante en materia de economía. (…)

Mi único reparo al hablar con Nixon era la repugnancia a explicar con franqueza mi pensamiento a un vicepresidente y probable futuro Presidente de Estados Unidos, experto en concepciones económicas y métodos imperiales de gobierno en los que hacía rato yo no creía. (…)

No era un militante clandestino del Partido Comunista, como Nixon con su mirada pícara y escudriñadora llegó a pensar: Si algo puedo asegurar; y lo descubrí en la Universidad, es que fui primero comunista utópico y después un socialista radical, en virtud de mis propios análisis y estudios, y dispuesto a luchar con estrategia y tácticas adecuadas. (…)

Cuando Nixon comenzaba a hablar, no había quien lo parara. Tenía el hábito de sermonear a los mandatarios latinoamericanos. No llevaba apuntes de lo que pensaba decir, ni tomaba nota de lo que decía. Respondía preguntas que no se le hacían. Incluía temas a partir solo de las opiniones previas que tenía sobre el interlocutor: Ni un alumno de enseñanza primaria espera recibir tantas clases juntas sobre democracia, anticomunismo y demás materias del arte de gobernar. Era fanático del capitalismo desarrollado y su dominio del mundo por derecho natural. Idealizaba el sistema. No concebía otra cosa, ni existía la más mínima posibilidad de comunicarse con él.[5]

También, a raíz de la visita de Fidel a los Estados Unidos, el Departamento de Estado de ese país elaboró un memorándum que fue trasladado al presidente Eisenhower el 23 de abril de 1959. En este se hacía la siguiente valoración del líder de la Revolución Cubana:

En síntesis, a pesar de la aparente simplicidad y sinceridad de Castro y su deseo de tranquilizar a la opinión pública norteamericana, es poco probable que Castro modifique el curso esencialmente radical de su revolución. Su experiencia entre nosotros le ha permitido obtener un conocimiento valioso de la reacción de la opinión pública norteamericana, lo cual pudiera convertirle en una persona más difícil de manejar tras su regreso a Cuba. Sería un grave error subestimar a este hombre. Con toda su apariencia de ingenuidad, falta de sofisticación e ignorancia en muchas materias, se trata evidentemente de una fuerte personalidad y un líder nato con gran valor personal y convicciones. Aunque ahora lo conocemos mejor que antes, Castro sigue siendo un enigma y debemos esperar por sus decisiones sobre cuestiones específicas antes de asumir una posición más optimista que la que hemos tenido hasta ahora en cuanto a la posibilidad de desarrollar una relación constructiva con él y con su Gobierno.[6]

Las dudas que aún podían tener los Estados Unidos sobre si la radicalidad del proceso revolucionario cubano traspasaría los límites de su tolerancia o los “requerimientos mínimos de seguridad”, como aparecía en algunos de sus documentos secretos, terminaron cuando se firmó la primera ley de Reforma Agraria en Cuba, el 17 de mayo de 1959. Todas las evidencias hacen pensar que a partir de ese momento el Gobierno de los Estados Unidos se convenció de que la revolución social en Cuba era verdadera y que esta constituía un peligro potencial para sus intereses fundamentales en la Isla y en el hemisferio occidental. Todavía las relaciones entre Cuba y la URSS no se habían establecido, ni se había declarado el carácter socialista de la Revolución, pero el desafío cubano era ya considerable, pues rompía con los moldes clásicos del control hegemónico de Washington sobre la región. De este modo, una vez que Cuba mostró su posibilidad de actuar como nación independiente tanto en el plano interno como en política exterior, en una región que los Estados Unidos consideraban su traspatio seguro, la esencia del conflicto[7] Cuba-Estados Unidos llegó al pináculo de su expresión.[8]

Como en juicio docto ha dicho Noam Chomski:

La agresiva e intervencionista política exterior norteamericana de la posguerra, ha tenido mucho éxito en crear una economía global en la cual las corporaciones ubicadas en Estados Unidos pueden operar con amplia libertad y altos beneficios. Pero ha habido fracasos, por ejemplo, en Cuba e Indochina. Cuando algún país tiene éxito en desembarazarse del sistema global dominado por Estados Unidos, la respuesta inmediata ha sido (sin excluir el terror y el sabotaje), evitar lo que, algunas veces, ha sido llamado en documentos internos ‛éxitos ideológicos’ (…) el temor de los planificadores ha sido siempre que el éxito de la revolución o de la reforma social pueda influir en otros para seguir el mismo ejemplo”.[9]

No fueron entonces los vínculos de Cuba con la URSS a partir de febrero de 1960, cuando se firman los primeros acuerdos económicos -tal y como reportó el embajador estadounidense en La Habana al Departamento de Estado no afectaban directamente los intereses estadounidenses, sino más bien todo lo contrario-[10] los que originaron el conflicto Estados Unidos-Cuba, como algunos autores se afanan en tratar de hacer ver, en un relato poco plausible.[11] El problema de fondo estuvo en que el Gobierno revolucionario cubano rompió con la tradición de subordinar la política interna y externa de la Isla a los dictados de Washington, sobre todo a partir de la aplicación de la Ley de Reforma Agraria. Esa independencia no estaban dispuestos a aceptarla, pues rompía toda la lógica con la que Washington acostumbraba a tratar a los países de América Latina y el Caribe.[12] De esta manera, la Revolución Cubana pasó a convertirse en un problema de “seguridad nacional” para los Estados Unidos y considerarse “la primera penetración comunista significativa en el hemisferio occidental”.

Asimismo, la idea de una Cuba satélite de Moscú sería el pretexto idóneo para el diseño de la política más agresiva contra la Isla desde la potencia del Norte. Téngase en cuenta que el 24 de noviembre de 1959, el embajador inglés en los Estados Unidos reportaba a su cancillería:

Yo tuve que ver a Allen Dulles esta mañana sobre otro asunto, y aprovechó la oportunidad para discutir sobre Cuba, sobre una base estrictamente personal. Desde su punto de vista personal, él esperaba grandemente que nosotros decidiéramos que no continuaremos con la negociación sobre los Hunter (se refiere a las gestiones que realizaba Cuba para comprar aviones en el Reino Unido). Su razón fundamental es que esto podría conducir a que los cubanos solicitaran armas a los soviéticos o al bloque soviético. Él no había despachado esto con el Departamento de Estado, pero era por supuesto, un hecho, que en el caso de Guatemala había sido el envío de armas soviéticas lo que había cohesionado a los grupos de oposición y creado la ocasión para lo que se hizo.[13]

Sentada las razones propagandísticas, la administración Eisenhower comenzó de inmediato un amplio espectro de políticas agresivas contra la Revolución Cubana con el objetivo de lograr un cambio de régimen, entre ellas: suspensión de la asignación de créditos, campañas difamatorias, violaciones al espacio aéreo y marítimo de Cuba, sabotajes a los objetivos económicos en la Isla, ataques piratas, apoyo de la CIA a la contrarrevolución interna en sus actos de sabotajes, sostén e incitación al bandidismo, intentos de asesinato contra los líderes de la Revolución, utilización de la Organización de Estados Americanos (OEA) para condenar y aislar diplomáticamente a Cuba, apoyo encubierto a una invasión desde el exterior por elementos batistianos acantonados en Santo Domingo bajo el patrocinio del dictador Trujillo, entre otros actos de agresión. Sin embargo, muy pronto la CIA y el Presidente llegaron a la conclusión de que el único modo de “solucionar” el asunto de Cuba era sobre la base de asesinar a Fidel Castro[14] o invadir la Isla. De este modo, desde diciembre de 1959 la CIA había concebido un programa de formación de un ejército de mercenarios cubanos, algunos de ellos criminales de la dictadura batistiana, para invadir el país. Este plan fue aprobado por el presidente Eisenhower en marzo de 1960.[15] El 6 de julio del propio año el presidente estadounidense canceló la cuota cubana de azúcar y el 19 de octubre su administración declaró el “embargo” parcial al comercio, prohibiendo todas las exportaciones, excepto de alimentos y medicinas.[16] El 3 de enero de 1961 el Gobierno norteamericano anunció el rompimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba y el 16 de enero estableció las primeras restricciones a los viajes de los ciudadanos estadounidenses a la Isla.

De esta manera, la Administración de Eisenhower dejó preestablecidos los elementos esenciales que caracterizarían la política de los Estados Unidos hacia Cuba hasta el presente. En esos años apareció todo lo que aún continúa vigente en las relaciones entre ambos países. Las administraciones subsiguientes simplemente le imprimirían su sello particular. Lo actual de la política de los Estados Unidos hacia Cuba no son sino viejos objetivos dentro de nuevas envolturas; despliegues contemporáneos de viejos instrumentos y sofisticaciones de una agresividad que está dispuesta a morder o acariciar si es necesario, pero siempre con los mismos objetivos.

El demócrata John F. Kennedy llegaba entonces a la presidencia de los Estados Unidos en 1961 con una herencia maldita en la política hacia Cuba, que lo llevaría por el camino de asumir la responsabilidad ante los dos acontecimientos más peligrosos que se recuerda en las relaciones entre ambos países: Girón y la Crisis de Octubre. Durante la campaña electoral, Kennedy había hecho alusión a los contrarrevolucionarios cubanos definiéndolos como “luchadores por la libertad”, pidiendo su apoyo y heredando los planes de invasión a Cuba aprobados por la Administración Eisenhower.

Debemos usar toda la fuerza de la OEA -señaló el candidato demócrata en uno de sus discursos en la Florida- para impedir que Castro interfiera con otros Gobiernos latinoamericanos, y devolver la libertad a Cuba. Debemos dejar sentada nuestra intención de no permitir que la Unión Soviética convierta a Cuba en su base en el Caribe, y aplicar la doctrina Monroe. Debemos hacer que el Primer Ministro Castro comprenda que nos proponemos defender nuestro derecho a la Base Naval de Guantánamo (…) las fuerzas que luchan por la libertad en el exilio y en las montañas de Cuba deben ser sostenidas y ayudadas…[17]

Sin embargo, también en medio de la campaña, el 6 de octubre de 1960, en un banquete ofrecido por el Partido Demócrata en la ciudad de Cincinnati, Ohio, el joven senador hizo declaraciones valientes que lo distanciaban en alguna medida de la Administración anterior y que posiblemente hayan provocado desde ese momento el odio de los poderosos y oscuros enemigos que luego conspiraron contra su vida. Por lo interesante que resultan estas, vale la pena citarlas en extenso.

En 1953 la familia cubana tenía un ingreso de seis pesos a la semana. Del 15 al 20 por ciento de la fuerza de trabajo estaba crónicamente desempleada. Solo un tercio de las casas de la Isla tenían agua corriente y en los últimos años que precedieron a la Revolución de Castro este abismal nivel de vida bajó aún más al crecer la población, que no participaba del crecimiento económico. Solo a 90 millas estaban los Estados Unidos -su buen vecino- la nación más rica de la Tierra, con sus radios, sus periódicos y películas divulgando la historia de la riqueza material de los Estados Unidos y sus excedentes agrícolas. Pero en vez de extenderle una mano amiga al desesperado pueblo de Cuba, casi toda nuestra ayuda fue en forma de asistencia en armamentos, asistencia que no contribuyó al crecimiento económico para el bienestar del pueblo cubano; asistencia que permitió a Castro y a los comunistas estimular la creciente creencia que Estados Unidos era indiferente a las aspiraciones del pueblo de Cuba de tener una vida decente (…) De una manera que antagonizaba al pueblo de Cuba usamos la influencia con el Gobierno para beneficiar los intereses y aumentar las utilidades de las compañías privadas norteamericanas que dominaban la economía de la Isla. Al principio de 1959 las empresas norteamericanas poseían cerca del 40 por ciento de las tierras azucareras, casi todas las fincas de ganado, el 90 por ciento de las minas y concesiones minerales, el 80 por ciento de los servicios y prácticamente toda la industria del petróleo y suministraba dos tercios de las importaciones de Cuba.

El símbolo de esta ciega actitud está ahora en exhibición en un museo de La Habana. Es un teléfono de oro sólido obsequiado a Batista por la Compañía de Teléfonos. Es una expresión de gratitud por el aumento excesivo de las tarifas que autorizó el Dictador cubano a instancias de nuestro Gobierno. Y a los visitantes del museo se les recuerda que Estados Unidos no dijo nada sobre otros eventos que ocurrieron el mismo día que se autorizó el excesivo aumento de las tarifas cuando 40 cubanos perdieron su vida en un asalto al Palacio de Batista (…) Quizás el más desastroso de nuestros errores fue la decisión de encumbrar y darle respaldo a una de las dictaduras más sangrientas y represivas de la larga historia de la represión latinoamericana. Fulgencio Batista asesinó a 20 000 cubanos en siete años, una proporción de la población de Cuba mayor que la de los norteamericanos que murieron en las dos grandes guerras mundiales (…) Voceros de la Administración elogiaban a Batista, lo exaltaban como un aliado confiable y un buen amigo, en momentos en que Batista asesinaba a miles de ciudadanos, destruía los últimos vestigios de libertad y robaba cientos de millones de dólares al pueblo cubano.

Aumentamos una constante corriente de armas y municiones a Batista justificándola en nombre de la defensa hemisférica cuando en realidad su único uso era aplacar la oposición al Dictador y todavía, cuando la guerra civil en Cuba estaba en todo su apogeo ¾hasta marzo de 1958¾ la Administración continuó enviando armas a Batista, que usaba contra los rebeldes aumentando el sentimiento antinorteamericano y ayudando a fortalecer la influencia de los comunistas (…) Por ejemplo, en Santa Clara, Cuba, hay hoy una exhibición conmemorando los daños causados en la ciudad por los aviones de Batista en diciembre de 1958. Lo más destacado de la exhibición es una colección de fragmentos de bombas con la inscripción debajo de dos manos apretadas que dice ‛Mutual Defense-Made in USA’(…) Aun cuando nuestro Gobierno detuvo el envío de armas, nuestra misión militar permaneció para adiestrar a los soldados de Batista para combatir a los revolucionarios y se negaron a irse hasta que las fuerzas de Castro estaban en las calles de La Habana.[18] 

“Cuba no fue para Kennedy un problema nuevo, ni su punto de vista sobre Fidel Castro era completamente negativo”, señaló en sus memorias el exasesor Arthur M. Schlesinger, Jr. A principios de 1960, escribiendo sobre “el salvaje, airado y apasionado curso” de la Revolución Cubana en The Strategy of Peace, describió a Castro como “parte de la herencia de Bolívar”, parte también de “la frustración de la primera revolución que ganó la guerra contra España, pero que dejó intacto el orden feudal indígena”. No dudaba, como dijo más tarde, que “la brutal, sangrienta y despótica dictadura de Fulgencio Batista” había provocado su propia caída; y declaró francamente su simpatía hacia los motivos de la Revolución y hacia sus objetivos. En The Strategy of Peace suscitaba la cuestión de si Castro no habría seguido quizás “un curso más razonable” si los Estados Unidos no hubieran respaldado a Batista “durante tanto tiempo y tan incondicionalmente”, y hubiera dado a Castro una acogida más cálida en su viaje a Washington”. [19]

Al considerar Kennedy que Fidel Castro “había traicionado los ideales de la Revolución” y transformado a Cuba “en un hostil y militante satélite comunista”, su Administración continuó con la política de sabotajes, ataques piratas y planes de asesinatos contra los líderes de la Revolución; aportando al diseño de política norteamericana hacia Cuba el llamado “Libro Blanco”, donde se situaba a la Mayor de las Antillas como un satélite soviético y una amenaza comunista para el hemisferio.

La situación presente en Cuba hace confrontar al hemisferio occidental y al sistema interamericano con un reto grave y urgente (…) El reto resulta del hecho de que los líderes del movimiento revolucionario cubano traicionaron su propia revolución, pusieron esa revolución en manos de potencias ajenas al hemisferio, y la transformaron en un instrumento empleado con efecto calculado para suprimir las esperanzas del pueblo cubano por la democracia y para intervenir en los asuntos internos de otras repúblicas americanas (…) el régimen de Castro en Cuba ofrece una clara y actual amenaza para una auténtica y autónoma revolución de América (…) Pedimos una vez más al régimen de Castro que rompa sus vínculos con el régimen comunista internacional, que regrese a los propósitos originales que llevaron a tantos hombre valerosos a la Sierra Maestra, y que restaure la integridad de la Revolución Cubana. Si no escucha esta llamada, confiamos en que el pueblo cubano, con su pasión por la libertad, continuará luchando por una Cuba libre.[20]

La invasión a Cuba por Playa Girón en abril de 1961 fue un duro revés para Kennedy, quien comprendió hasta qué punto había sido mal asesorado e incluso engañado, por sus colaboradores más cercanos, sobre todo por la CIA.[21] Kennedy, con menos de 100 días en el cargo, se vio arrastrado por el fuerte influjo que ejercían los hombres más “experimentados” de su administración, a pesar de que desde el inicio tuvo serias dudas sobre la posibilidad de éxito de la operación. Voces discordantes con el proyecto de invasión, como las del asesor Arthur M. Schlesinger y el senador Fulbright, quedaron aisladas ante una arrolladora mayoría que lo apoyaba.

Luego Kennedy se preguntaría: “cómo un Gobierno racional y responsable pudo haberse dejado envolver en una aventura tan desventurada”, y ordenó crear una comisión dirigida por el general Maxwell Taylor para investigar a fondo las causas del fracaso.[22] Sin embargo, el informe de la comisión Taylor, rebozado de justificaciones y señalamientos a las fallas cometidas en el proceso de toma de decisiones en los Estados Unidos, descartó la causa fundamental del fracaso: la efectividad de la resistencia cubana a la invasión. Schlesinger fue más objetivo en su juicio cuando escribió: “Porque la realidad fue que Fidel Castro resultó ser un enemigo mucho más formidable y estar al mando de un régimen mucho mejor organizado de lo que nadie había supuesto. Sus patrullas localizaron la invasión casi en el primer momento. Sus aviones reaccionaron con rapidez y vigor. Su policía eliminó cualquier probabilidad de rebelión o sabotaje detrás de las líneas. Sus soldados permanecieron leales y combatieron bravamente. Él mismo nunca fue presa del pánico, y si se le pudo atribuir alguna falta, fue el haber estimado con exceso la fuerza de la invasión y el haber mostrado una preocupación indebida en el ataque por tierra contra la cabeza de playa. La forma en que se desenvolvió fue impresionante.[23]

La única discrepancia con Schlesinger en esta valoración es acerca de lo que él denomina “preocupación indebida”, en nuestra consideración este fue el más importante elemento estratégico empleado por Fidel que posibilitó la victoria de Cuba sobre los invasores y la frustración de los planes intervencionistas estadounidenses.

La derrota se convirtió en un sentimiento de “dignidad herida”, especialmente para el presidente Kennedy. Así lo sintió Theodore C. Sorensen, uno de sus más cercanos colaboradores: “Lo de bahía de Cochinos era por entonces, y siguió siéndolo hasta su trágica desaparición, durante todo lo que cumplió de mandato presidencial, la peor derrota de su carrera política, una clase de fallo total y completo al que no estaba por cierto acostumbrado”.[24] En los meses subsiguientes de 1961, lo único que corría obsesivamente por la mente de Kennedy era la posibilidad del desquite, descartando cualquier posibilidad de negociación con Cuba.

Singular encuentro: Guevara y Goodwin   

Entre el 15 y el 16 de agosto de 1961, tuvo lugar en Punta del Este, Uruguay, la Reunión Extraordinaria del Consejo Interamericano Económico y Social. El Che encabezaba la delegación cubana a la cita, donde el Gobierno de los Estados Unidos pretendía vender a los pueblos latinoamericanos, la llamada “Alianza para el Progreso”. Dicha “Alianza” no era otra cosa que un recetario sutil, con el objetivo de evitar la existencia de más Cubas en América Latina, “una respuesta constructiva y definitiva al castrismo”, en palabras del propio Kennedy.[25] Por la parte estadounidense, integraba la delegación el joven asesor especial para asuntos latinoamericanos del presidente Kennedy, Richard Goodwin.

La entrevista entre el comandante Guevara y Richard Goodwin tuvo lugar en la madrugada del 17 de agosto de 1961, en la residencia de un diplomático brasileño en la ciudad de Montevideo. El encuentro, propiciado por delegados argentinos y brasileños, tuvo un carácter confidencial y privado. Constituía el primer contacto directo de alto nivel entre autoridades de ambos países desde la ruptura de las relaciones en enero de 1961, y el más importante por el rango político de sus participantes acontecido durante la administración Kennedy. La interpretación de Goodwin sobre la entrevista, trasmitida al presidente estadounidense, fue la siguiente:

Creo que esta conversación unida a otras evidencias que se han ido acumulando, indica que Cuba está pasando por un severa crisis económica; que la Unión Soviética no está preparada para afrontar el gran esfuerzo necesario para ponerlos en camino (un brasileño me dijo ‛no alimentas al cordero en la boca del león’), y que Cuba desea un entendimiento con los EE.UU. Es bueno recordar que Guevara indudablemente representa los puntos de vista más dedicados del Gobierno cubano y que si hay en Cuba lugar para algún espectro de punto de vista, debe haber líderes cubanos incluso más ansiosos por un acuerdo con los EE.UU. Esto es solo una especulación, pero creo que es razonable.[26]

La conversación tuvo lugar en la noche del 17 de agosto a las 2:00 a.m. -relató además Goodwin a Kennedy-. Varios miembros de las delegaciones de Brasil y Argentina hicieron esfuerzos -a través de la Conferencia de Punta del Este- para concertar una reunión entre el Che y yo. Esto se hizo obviamente con la aprobación y quizás a instancias de este. Yo había evitado tal reunión durante la conferencia. El jueves nosotros llegamos a Montevideo y se me invitó para una fiesta de cumpleaños para el delegado local brasileño asignado al área de Libre Comercio. Luego de haber arribado y de estar allí alrededor de una hora, uno de los argentinos presentes [que había estado en la delegación argentina] me informó que ellos habían invitado al Che a la fiesta. El llegó sobre las 2:00 a.m. y le dijo a Edmundo Barbosa da Silva de Brasil y a Horacio Laretta de Argentina que él tenía algo que decirme. Los cuatro entramos en una habitación… [El brasileño y el argentino se alternaron como intérpretes].[27]

Asimismo, según el informe preparado por Goodwin, el Che, después de expresar que Cuba aspiraba a un modus vivendi no a un imposible entendimiento- agregó entre otras cosas que la Isla estaba dispuesta a pagar a través del comercio por las propiedades estadounidenses expropiadas; que se podía llegar al acuerdo de no hacer ninguna alianza política con el Este -aunque ello no afectara la afinidad natural existente- y analizar las actividades de la Revolución Cubana en otros países, pero no se podía discutir ninguna fórmula que significara desistir de construir el tipo de sociedad que aspiraban para Cuba.[28] “Guevara dijo que sabía que era difícil negociar estas cosas pero que nosotros podíamos abrir la discusión de estos temas empezando por los secundarios”.[29]

Es una lástima que no contemos con documentos cubanos que contrasten la información desclasificada en los Estados Unidos. Sobre todo, el hecho de no tener al alcance ningún informe del Che donde se refleje su versión de la entrevista. Sin embargo, un documento  hallado en los archivos de Brasil con fecha 18 de agosto de 1961, confirma en buena parte el recuento de Goodwin de la entrevista. Se trata de un telegrama del secretario de Asuntos Exteriores de Brasil al presidente de ese país, donde a partir de una información recibida del embajador brasileño en Uruguay, Barbosa da Silva, se describe la conversación entre Che Guevara y Richard Goodwin.[30] Se conoce también que el Che entregó a Goodwin una caja de caoba tallada con tabacos cubanos de primera calidad para Kennedy.

La noticia del encuentro del Che y Goodwin se esparció rápidamente y el joven asesor del Presidente tuvo que rendir cuentas ante el Senado sobre su conversación con el Ministro de Industrias de Cuba. “Al final -rememoró Goodwin, esto me costó de todas maneras un problema, casi pierdo mi empleo; el Senado me investigó, porque pensó que yo estaba negociando con el hemisferio occidental, que estaba próximo al comunismo. Esto le costó el puesto al ministro de Relaciones Exteriores de Argentina”.[31]

En efecto, el ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Adolfo Mujica, se había visto obligado a renunciar por la conmoción que habían causado sus revelaciones y valoraciones de la entrevista Goodwin-Guevara. Mujica había dicho, entre otras cosas, que el encuentro entre Goodwin y el Che mostraba que el régimen de Fidel Castro procuraba entablar mejores relaciones con los Estados Unidos. Por su parte, el 23 de agosto, el Departamento de Estado de los Estados Unidos resumió en un telegrama circulado a todos los puestos latinoamericanos una declaración lanzada por la Casa Blanca el 22 de agosto en la que señalaba que la conversación de Goodwin y Guevara en Punta del Este, había sido solo un encuentro casual en una recepción diplomática en el cual Goodwin se limitó a escuchar. El envío del telegrama fue autorizado para remarcar a los Gobiernos latinoamericanos que no había ningún cambio en la política de los Estados Unidos hacia Cuba.

Solo unos días después del singular encuentro, en un documento elaborado por el propio Goodwin, se puso de manifiesto la ira que aún predominaba en la administración Kennedy debido al fiasco de Girón, así como las pocas intenciones de Washington de analizar cualquier tipo de medida que significara explorar caminos más flexibles en la relación con la Isla. Goodwin no escapaba a ese ambiente. En este documento fechado el 1ro de septiembre, el joven asesor proponía a Kennedy un amplio plan de guerra económica, propagandística y sicológica contra la Revolución Cubana -incluyendo acciones de sabotaje-, así como la creación de una Fuerza de Seguridad del Caribe que apoyara todas las acciones yanquis contra la Mayor de las Antillas. Pero quizás la más interesante y reveladora de sus propuestas fue la siguiente:

La CIA fue invitada a venir dentro de la semana con un procedimiento encubierto preciso para continuar las conversaciones bajo tierra con el Gobierno cubano. El objetivo de este diálogo -explorar la posibilidad de un desmembramiento dentro de la jerarquía del Gobierno cubano y estimular dicho desmembramiento- fue exhaustivamente detallado en el último memorándum que le envié. Esto es un esfuerzo para encontrar una técnica operacional.[32]

El “último memorándum” al que se refería Goodwin había sido enviado al Presidente el 22 de agosto y en este aparecía un poco más explicado el objetivo que podían perseguir los Estados Unidos en caso de continuar las conversaciones abiertas con el Che. El documento enfatizaba en su inciso F:

Procurar alguna manera de continuar bajo cuerdas el diálogo que el Che comenzó. De este modo podemos dejar claro que nosotros queremos ayudar a Cuba y lo haríamos si esta rompiera sus ataduras con el comunismo y fuera democratizada. De esta manera podemos empezar a investigar algún fraccionamiento en la cumbre directiva, que debe existir.[33]

Goodwin reveló en La Habana en 2002, a raíz de la Conferencia Internacional por el 40 aniversario de la Crisis de Octubre, que él regresó con el mensaje del Che a Washington, “pero no hubo interés en emprender negociaciones con Cuba”. En su criterio: “las heridas, las humillaciones de Bahía de Cochinos eran demasiado grandes (…) porque Kennedy había sido humillado, él estaba muy colérico…”.[34]

Sobre esta entrevista escribió el destacado investigador cubano Jacinto Valdés-Dapena:

En su encuentro con Goodwin, Che Guevara expuso con claridad meridiana los principios de la política exterior de la Revolución Cubana, el programa del socialismo cubano.

Con un hondo sentido dialéctico el Che analizó las causas y condiciones que condicionaron el fracaso de los planes de los Estados Unidos contra Cuba en 1961 y pronosticó, además, los futuros fracasos de la política norteamericana hacia Cuba de no rectificar en sus enfoques.

El relato que ofrece Goodwin de este encuentro evidencia que el propósito de la parte norteamericana consistió en escuchar, observar y explorar los criterios y la posición de Cuba.

De haber evaluado objetiva y correctamente los criterios expuestos por el Che, la administración Kennedy hubiera podido adoptar hacia Cuba una política más racional, lógica y apropiada, en lugar de promover la subversión y el terrorismo a través de Mangosta, que se extendería de noviembre de 1961 a noviembre de 1962.

Siendo uno de los ideólogos de la Nueva Frontera, Goodwin, sin embargo, no captó en sus análisis sobre Cuba, la significación del carácter autóctono, legítimo y autónomo del socialismo cubano.[35]

Resulta interesante conocer que, todavía para el año 1962, Goodwin seguía pensando en la conveniencia de un acercamiento al “régimen cubano” con el objetivo de explorar una división en las altas esferas gubernamentales de la Isla que posibilitara a Washington trabajar en función de poner fin al “control soviético en Cuba”. El 24 de mayo, Goodwin envió un memorándum al subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Edwin M. Martin, donde proponía un “acercamiento a Castro”, basándose en las informaciones de inteligencia obtenidas que señalaban una división en el Gobierno cubano entre los viejos comunistas respaldados por Moscú por una lado y Fidel, Raúl y Guevara por el otro.[36] “Aunque sería ridículo especular que estas relaciones están a punto de ruptura, siempre he sentido que el final del control soviético en Cuba vendría más (si es que viene del todo) de una división en la alta dirección, que de una revolución popular”.[37] A partir de este análisis, Goodwin sugiere en el documento una “aproximación a Castro” que se fundamentara en las siguientes ideas:

  • Los Estados Unidos simpatizan con los objetivos iniciales declarados por la revolución ¾la reforma social y el fin de la dictadura¾.
  • Sobre las propiedades nacionalizadas se puede llegar a un acuerdo amistoso.
  • La preocupación de los Estados Unidos ha estado en el control soviético sobre Cuba y nosotros siempre hemos creído que este va contra los propios deseos de Castro y los propósitos de la Revolución.
  • Si Castro puede desengancharse por sí mismo de los comunistas nosotros estaríamos dispuestos a normalizar las relaciones comerciales con el Gobierno revolucionario y darle participación en los esfuerzos interamericanos, incluyendo la Alianza para el Progreso.[38]

Goodwin propuso que se realizara un contacto para trasmitir estas proposiciones al Gobierno cubano a través de alguna embajada europea o directamente por medio del embajador cubano en la ONU, García Incháustegui.[39]Todo parece indicar que la propuesta de Goodwin fue desechada, ya que el gobierno de los Estados Unidos estaba concentrado en ese momento en dar seguimiento a las operaciones que dieran al trate con el régimen cubano por vías violentas, como parte de la Operación Mangosta.

De cualquier modo, el diálogo secreto que propuso Goodwin con la máxima dirección de la Isla en 1961 y 1962, estuvo siempre cargado de malevolencia. Era una manera de explorar otro camino para lograr los mismos objetivos de “cambio de régimen”. Aspecto que encontraremos de nuevo en los documentos desclasificados estadounidenses del año 1963, cuando la iniciativa de establecer clandestinamente un canal de comunicación con Fidel Castro alcanzó una mayor aprobación en los más altos y limitados círculos de poder de los Estados Unidos. No obstante Kennedy, después del fiasco de Girón, en lo menos que estaba pensando era en un diálogo secreto con las autoridades cubanas, aunque ese diálogo escondiera puñales afilados y venenosos contra la isla rebelde. Solo después de los sucesos de la Crisis de Octubre, Kennedy comenzaría a repensar de manera menos colérica y vengativa, e incluso mucho más inteligente, la política hacia la Mayor de las Antillas.

Mangosta y la Crisis de Octubre  

De la humillación sufrida por la derrota de la invasión mercenaria por Playa Girón surgió entonces el espíritu revanchista en la Administración Kennedy. El 13 de junio de 1961, el general Maxwell Taylor, asesor especial para Asuntos Militares del presidente Kennedy, presentó la evaluación que este le había solicitado acerca de las experiencias de la operación de Bahía de Cochinos. El informe Taylor concluyó que para los Estados Unidos era imposible coexistir con la Revolución Cubana, por lo cual se hacía imprescindible la elaboración de un programa integral capaz de revertir el proceso revolucionario.

De esta recomendación nació la Operación Mangosta, el plan subversivo más grande orquestado contra Cuba desde Washington, que debía culminar con la intervención en la Isla de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en octubre de 1962. Esta operación fue aprobada por el presidente Kennedy el 30 de noviembre de 1961 y sería dirigida por su hermano Robert.[40] El general Edward Lansdale fue designado Jefe de Operaciones.[41]

En enero de 1962, en una reunión del Grupo Especial Ampliado para analizar detalles de la Operación Mangosta, las indicaciones de Robert Kennedy no pudieron ser más claras en cuanto a la agresividad que se estaba pidiendo contra la Revolución Cubana en las más altas esferas del gobierno estadounidense:

La solución del problema cubano constituye hoy ‛la primera prioridad del gobierno de los Estados Unidos. Todo lo demás es secundario. No deben escatimarse tiempo, dinero, esfuerzo o recursos humanos. No puede haber por parte de las agencias involucradas confusión alguna sobre su participación y su responsabilidad para ejecutar la tarea. Los jefes de las respectivas agencias saben que ustedes deben contar con todo el respaldo que necesiten.

(…) El Presidente indicó al Procurador General que ‛el capítulo final sobre Cuba aún no ha sido escrito. Tiene que hacerse y se hará’.[42]

Sin embargo, poco antes del estallido de la Crisis de Octubre ya la Operación Mangosta había sido derrotada por la Revolución Cubana. Las principales acciones de inteligencia y subversión de la CIA resultaron desmanteladas por la Seguridad del Estado; las bandas y organizaciones contrarrevolucionarias se encontraban en una situación muy desfavorable a lo interno del país, y los programas de sabotajes y de atentados contra los líderes de la revolución tampoco lograron sus objetivos, ante la contundente capacidad de respuesta del pueblo cubano y el enfrentamiento oportuno de los órganos del Ministerio del Interior.[43] No obstante, el peligro de una invasión militar directa contra Cuba persistía, pues en las más altas esferas del Gobierno de los Estados Unidos ya se había valorado que, de fallar las distintas fases de la Operación Mangosta y de no producirse la revuelta interna en la Isla que la justificara, se fabricarían entonces los pretextos necesarios que le permitieran a Washington cumplir de todos modos su desideratum.

Luego, en octubre de 1962, la llamada “Crisis de los Misiles”,[44] que puso al mundo al borde del holocausto nuclear, frenó momentáneamente los planes estadounidenses y concluyó con un acuerdo entre los Estados Unidos y la URSS de retirar los cohetes nucleares soviéticos instalados en la Isla, sin tener en cuenta los criterios de la máxima dirección de Cuba. A cambio, los Estados Unidos desmantelarían meses después los que tenían en Turquía y se comprometían a no invadir la Isla. Sin embargo, Cuba fue la más desfavorecida con la solución de la crisis, pues la garantía de la palabra del presidente norteamericano, como ya se había puesto en evidencia en otras ocasiones, tenía muy poco valor.[45] Por eso, Fidel Castro planteó los conocidos “Cinco Puntos”.[46]

Constituyó un error moral, ético y político estratégico de la dirección soviética, dejar a Cuba al margen de la negociación con los Estados Unidos para la retirada de los cohetes. De no haberlo hecho así, Moscú habría podido fortalecer su posición frente a Washington, además de mostrar respeto a su aliado estratégico, aunque fuera  un país pequeño, tal y como correspondía a las relaciones entre Cuba y la URSS, y a la confianza que la dirección cubana había depositado en ellos. Asimismo, habría sido posible vencer a los Estados Unidos en la confrontación política producida por la crisis;[47] dado que tanto política,, como moralmente, Cuba tenía pleno derecho a contar con las armas necesarias para su defensa, aunque se tratara de cohetes nucleares, y estuviesen a noventa millas del territorio de los Estados Unidos.

De haber prevalecido la concepción cubana, esgrimida desde el principio por Fidel Castro, tanto respecto a la instalación de los cohetes ¾de no hacerlo en secreto¾, como sobre los términos y el momento en que debió negociarse su retirada, la conclusión de la Crisis de Octubre hubiese servido de base para resultados fundamentales en el desenvolvimiento ulterior de la confrontación Cuba-Estados Unidos, evitando así que Kennedy sacara el mayor provecho de esta.[48]

Sin embargo, lo que quizás pocos conozcan es que Kennedy trató de establecer una comunicación con Fidel durante la Crisis de Octubre.[49] En el evento celebrado en La Habana en 2002, cuando el 40 aniversario de la crisis, el incansable buscador de documentos inéditos sobre la guerra fría, James G. Hershberg, se refirió a este interesante pasaje histórico:

…durante la Crisis de Octubre -y esta es la historia en la que estoy trabajando más profundamente, pero solo plantearé los aspectos más importantes-, Kennedy se volvió tan desesperado en cuanto a encontrar una forma de evitar la guerra nuclear y salir de la crisis, que decidió enviar un mensaje directo a Fidel; pero, como temía a las consecuencias políticas no lo identificó como un mensaje estadounidense, aunque lo aprobó. El 27 de octubre fue entregado al Gobierno de Brasil para que Brasil, se lo presentara a Fidel Castro como un mensaje brasileño; sin embargo, cada palabra fue revisada por Kennedy y, de hecho, fue un mensaje estadounidense.[50]

Desde el 16 de octubre hasta el 22, cuando Kennedy anuncia al mundo la presencia de los cohetes nucleares soviéticos en Cuba, la idea de proponer un acuerdo a Fidel a cambio de la retirada de los misiles fue debatida secretamente en varias oportunidades por el Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional. Pero no fue hasta el 26 de octubre que Kennedy aprobó la iniciativa de enviar un mensaje a Fidel a través del Gobierno de Brasil, el cual había manifestado en varias oportunidades su interés de servir de mediador en el conflicto entre los Estados Unidos y Cuba. A pesar de la oposición del Director de la CIA, John McCone, quien insistía en continuar los esfuerzos por derrumbar el “régimen de Castro”, Kennedy defendió la idea del mensaje señalando que los Estados Unidos debían concentrarse por encima de cualquier otro objetivo en lograr la salida de los cohetes. En esencia, además de su tono amenazante -como una especie de ultimátum-, el mensaje comprendía un trato tan arrogante, como irreal y poco respetuoso con la soberanía de la Isla: si Cuba rompía sus vínculos con la Unión Soviética, desistía de apoyar a los movimientos de liberación en América Latina y retiraba los misiles nucleares y las tropas soviéticas acantonadas en la Isla, se podrían valorar muchos cambios en las relaciones entre Cuba y la OEA, y los Estados Unidos no echarían por tierra con una invasión sus buenas relaciones con el hemisferio. Citemos algunos de los párrafos fundamentales del mensaje:

El mundo conoce ya, sin género de duda y en detalle, la naturaleza y dimensión del incremento de la capacidad coheteril ofensiva soviética en Cuba. Nadie puede discutir legítimamente esta cuestión. Las acciones de la Unión Soviética al utilizar el territorio cubano para colocar cohetes nucleares ofensivos capaces de golpear casi todo el hemisferio occidental, han puesto en grave peligro el futuro del régimen de Castro y el bienestar del pueblo cubano.

(…) No solo la Unión Soviética ha dejado de apoyar a Cuba en este asunto, sino que altos funcionarios soviéticos han sugerido a gobiernos aliados el canje de sus posiciones en Cuba a cambio de concesiones en otras partes del mundo por los países de la OTAN. Usted, pues, no solo está siendo utilizado para fines que no son de interés para ningún cubano, sino que ha sido abandonado y a punto de ser traicionado.

(…) Los países amenazados no pueden permanecer ociosos mientras crece la amenaza contra ellos. Habrá que tomar nuevas medidas contra Cuba, y habrá que tomarlas muy pronto.

Castro debe recordar que el presidente Kennedy ha dicho públicamente de que solo hay dos asuntos no negociables entre Castro y los Estados Unidos: los vínculos político-militares con la URSS y la actitud agresiva hacia los asuntos internos de otros países latinoamericanos. Esta posición es compartida por otros miembros del sistema interamericano. Está claro que esto significa renunciar a la capacidad nuclear ofensiva que se está montando en Cuba y enviar de regreso al personal militar soviético, para lo cual Cuba puede recibir ayuda si la necesitase. A partir de estas acciones pueden derivarse muchos cambios en las relaciones entre Cuba y los países de la OEA.

A Cuba y a Castro le queda poco tiempo para decidir si pone sus considerables capacidades como líder al servicio de su pueblo o en función de servir como peón soviético en la lucha desesperada de la URSS por dominar el mundo por la fuerza y la amenaza de la fuerza.

Si Castro trata de fundamentar la presencia de estos proyectiles sobre la base de los temores cubanos a una invasión norteamericana, el embajador Bastián Pinto debe responder que está seguro de que la OEA no aceptará una invasión a Cuba una vez que los cohetes hayan sido retirados y que los Estados Unidos no arriesgarán dañar la solidaridad hemisférica con una invasión a Cuba empeñada claramente en un curso pacífico.[51]

El mensaje iba a ser entregado a Fidel Castro el día 28 de octubre, pero el emisario brasileño, el general Albino Silva, arribó a La Habana el 29, cuando ya Nikita Jruschov había aceptado retirar los cohetes. Por lo tanto, el mensaje no llegó a Cuba en el tiempo previsto ni fue presentado en su forma original debido al cambio de circunstancias. Su urgencia y relevancia había sido eclipsada por los acontecimientos. Cuarenta años después, el Comandante en Jefe señaló al respecto:

Qué hacía uno con un mensaje de Brasil el 29 de octubre, cuando ya nos habíamos enterado por radio de que se había tomado la decisión de retirar los proyectiles. (…) A esa hora qué sentido tenía una gestión de ese tipo, y, además, lo que leí que dijeron allí más bien tenían un contenido amenazante inaceptable.[52] Pero si hubiera llegado el 27 -añadió el líder de la Revolución Cubana- no habría tenido ningún efecto, porque, de hecho, el 27 estábamos combatiendo, esa es la verdad, porque se dio la orden de no permitir los vuelos rasantes….[53]

En enero de 1963, descontinuada de manera oficial la Operación Mangosta, se creó un Comité de Coordinación de Asuntos Cubanos, dentro del Departamento de Estado de los Estados Unidos en el que participaban diversas agencias, con la responsabilidad de fomentar proposiciones de acciones encubiertas contra Cuba, analizadas y aprobadas o no por un Grupo Especial presidido por el asesor para Asuntos de Seguridad Nacional, McGeorge Bundy. Al frente de este comité de coordinación se designó a Sterling J. Cottrell, quien de acuerdo con la recomendación del Departamento de Estado había realizado un sólido trabajo al frente de la Fuerza de Tarea Interagencias sobre Viet Nam.[54]

Mas la política hacia Cuba fue formulada en el año 1963 de manera más amplia por un Grupo Permanente del Consejo de Seguridad Nacional ¾creado en el mes de abril¾ bajo las órdenes del Presidente, integrado por: Robert Kennedy, Fiscal General; Robert McNamara, secretario de Defensa; John McCone, nuevo director de la CIA; Theodore Soresen, asesor especial del Presidente; W. Averell Harriman, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos; general Maxwell D. Taylor, presidente del Estado Mayor Conjunto; Henry H. Fowler, subsecretario del Tesoro; Edward R. Murrow, director de la USIA; David E. Bell, administrador de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) y el ya mencionado McGeorge Bundy, que fungiría como presidente del grupo.

De todos estos reajustes en lo que respecta a la toma de decisiones con Cuba, se puede deducir sin mucha dificultad, que el presidente Kennedy quería que el control de la política hacia Cuba quedara más en el ejecutivo y no tanto en el terreno de la CIA y del Pentágono. De esta manera, las decisiones de la CIA en torno a Cuba quedaron, a partir de ese momento, subordinadas oficialmente al ejecutivo estadounidense, aunque entre bastidores la agencia continuó tomando decisiones por su cuenta y desarrollando acciones que eran desconocidas por el ejecutivo.[55] Robert F. Kennedy actuaría como representante personal del ejecutivo en las tareas de la CIA contra la Revolución Cubana.

Kennedy y la idea de la “dulce aproximación a Cuba

Luego del fracaso de la invasión estadounidense por Playa Girón y de la terrible experiencia de la Crisis de Octubre de 1962, Kennedy, al parecer convencido de que no era inteligente en ese momento intentar cambiar el régimen cubano por la vía militar directa, comenzó a valorar un extenso conjunto de tácticas donde quedaran por igual satisfechos los intereses estratégicos de los Estados Unidos. Entre el amplio grupo de opciones que se discutía, el presidente estadounidense aceptó explorar, de manera cautelosa y discreta, un posible modus vivendi con la Isla, pero antes necesitaba saber qué concesiones estaba dispuesta a hacer Cuba en caso de lograrse algún tipo de arreglo. Al mismo tiempo, la decisión de la URSS de retirar los cohetes sin contar con los cubanos y el disgusto de la dirección de la Isla con tal actitud, parecían mostrarle a Kennedy una brecha entre cubanos y soviéticos que valía la pena explotar. También un posible arreglo con Cuba sintonizaba muy bien con las intenciones de Kennedy de construir una estructura de paz con la URSS en esos momentos.

En cuanto a Kennedy -escribió Schlesinger- sus sentimientos experimentaron un cambio cualitativo después de lo de Cuba (la Crisis de Octubre de 1962); un mundo en el que las naciones se amenazan mutuamente con armas nucleares, le parecía ahora, no precisamente un mundo irracional, sino un mundo intolerable e imposible. Así, Cuba, hizo surgir el sentimiento de que este mundo tenía un interés común en evitar la guerra nuclear, un interés que estaba muy por encima de aquellos intereses nacionales e ideológicos que en algún tiempo pudieron parecer cruciales.[56]

En su célebre discurso en la Universidad Americana en junio de 1963, Kennedy hizo un fuerte llamado a la paz mundial y reexaminó la actitud norteamericana hacia la URSS.

Ninguna nación en la Historia -dijo- ha sufrido más que la Unión Soviética en el curso de la segunda guerra mundial. Si volviese de nuevo la guerra mundial, todo lo que ambas partes han construido, todo aquello por lo que hemos luchado, quedaría destruido en las primeras veinticuatro horas. Sin embargo, unos y otros estamos acogidos a un peligroso y vicioso círculo, en el que la sospecha de un lado alimenta la sospecha del otro, y las nuevas armas originan otras para contrarrestarlas.

(…)

Si no podemos ahora poner fin a todas nuestras diferencias, al menos podemos contribuir a mantener la diversidad del mundo. Pues, en último término, el lazo fundamental que nos liga es que todos habitamos este pequeño planeta. Todos nosotros respiramos el mismo aire. Todos acariciamos el futuro de nuestros hijos. Y todos somos mortales.[57]

Pasos como la firma de un tratado con la URSS sobre prohibición de pruebas nucleares, el establecimiento del llamado “teléfono rojo” para la comunicación directa en casos de urgencia entre el Kremlin y la Casa Blanca y la autorización estadounidense de vender excedentes de su producción de trigo a la Unión Soviética, contribuyeron a establecer un clima de relajación de las tensiones entre las dos grandes potencias adversarias durante el transcurso del año 1963. Por supuesto, todo eso tuvo su impacto en la política norteamericana hacia Cuba.

Las negociaciones para el regreso a los Estados Unidos de 1 200 mercenarios, encarcelados en Cuba después de la invasión de Girón, había abierto el primer canal de comunicación entre ambos países desde el rompimiento de las relaciones. James Donovan, abogado de Nueva York, encargado de negociar la liberación de los prisioneros de Bahía de Cochinos como asesor legal del Comité de Familiares,[58] se convirtió en el primer transmisor de la disposición de Fidel -con el que se reunió en varias oportunidades- de resolver el conflicto bilateral.

¿Mas cómo Donovan había llegado hasta el líder de la Revolución Cubana? Hay que decir que el Gobierno de los Estados Unidos manejó el asunto de los prisioneros de Bahía de Cochinos de manera muy discreta, evitando en todo momento dar la imagen de que negociaba con el Gobierno cubano. Todo debía parecer una gestión privada.[59] De esta manera, las primeras iniciativas por la liberación de los prisioneros se hicieron por medio de un Comité de tractores por la libertad, integrado por Eleanor Roosevelt, Milton S. Eisenhower y Walter P. Reuther, cuyas gestiones fracasaron; y más tarde, las conversaciones con el Gobierno de la Isla se reiniciaron por intermedio de un Comité de Familiares de los prisioneros.

Fue a mediados de junio de 1962, que a pedido del fiscal general, Robert Kennedy, el Comité de Familiares de los Prisioneros le solicitó al abogado James Donovan que los representara en las gestiones con el Gobierno cubano para liberarlos mediante el pago que los Tribunales Revolucionarios exigían por cada uno de ellos. A finales de agosto de 1962 Donovan viajó a la Isla y sostuvo su primera conversación con el Comandante en Jefe. Las gestiones de Donovan con las autoridades cubanas continuarían hasta diciembre de ese año cuando se llegó al acuerdo definitivo. Solo serían interrumpidas durante el período de la Crisis de Octubre.

Mientras las conversaciones Donovan-Castro tenían lugar, la CIA preparó un plan para que Donovan llevara al líder de la Revolución Cubana un equipo de buceo manipulado por la agencia para atentar contra la vida del dirigente cubano. Los implementos para respirar habían sido contaminados con bacilos de tuberculosis y el traje de inmersión estaba impregnado con los hongos que producen el “Pie de Madura” (maduramicosis), una enfermedad que comienza atacando las extremidades inferiores, aflorando como tumefacciones y fístulas, y penetrando ¾hasta destruirlos¾ músculos, tendones y huesos. Como Donovan bajo iniciativa propia ya le había regalado a Fidel un traje de buceo, el plan fue abandonado.[60]

Donovan continuó reuniéndose con Fidel en el año 1963, pero en este caso para gestionar la liberación de varios ciudadanos estadounidenses presos en la Isla. En varias oportunidades el abogado neoyorquino reportó a Washington el deseo de Fidel y de algunos de sus más próximos ayudantes en mejorar las relaciones con los Estados Unidos. Según uno de los informes que rindió Donovan a la CIA sobre su misión en Cuba -los cuales eran grabados y luego transcritos-, Fidel le había preguntado cómo creía pudieran desarrollarse las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba y qué entrañarían las mismas. A lo que Donovan respondió de manera muy original: “Entonces le dije, bueno, ¿usted conoce a los puercos espines? Y tuve que esperar que le tradujeran… pero al final respondió que sí. Entonces le pregunté, ¿sabe usted cómo hacen el amor los puercos espines? Me respondió que no. Y yo le dije, bueno “con mucho cuidado”, así es como usted y los Estados Unidos deben abordar este asunto”.[61]

Kennedy reaccionó con interés ante todos los informes de las conversaciones Donovan-Fidel. Incluso, en marzo de 1963, ante la propuesta de uno de sus colaboradores de trasladarle a Fidel por intermedio de Donavan el mensaje de que solo dos cosas eran no negociables: (1) los lazos de Cuba con el bloque chino-soviético y (2) su interferencia en el hemisferio, asombrosamente el Presidente estadounidense indicó que no estaba de acuerdo en convertir esta exigencia del “(…) rompimiento de los lazos chino-soviéticos” un punto no negociable. “No queremos presentarnos ante Castro con una condición que obviamente él no puede cumplir. Debemos comenzar pensando en líneas más flexibles”, expresó Kennedy.[62]

Donovan viajó a Cuba entre el 5 y el 8 de abril, para continuar sus negociaciones con las autoridades cubanas, que tuvieron como resultado la liberación de los agentes norteamericanos. En un memorando enviado a Kennedy sobre estas conversaciones, el director de la CIA expresó que el propósito central de estas conversaciones -más allá de la liberación de los agentes norteamericanos- había sido político y estaba dirigido a sondear la posición de las autoridades cubanas sobre las relaciones con los Estados Unidos. McCone informó además a Kennedy que el ayudante de Fidel Castro, René Vallejo, le había dicho a Donovan que el líder cubano “(…) sabía que las relaciones con los Estados Unidos eran necesarias y que quería estas se desarrollaran”.[63]

El 10 de abril, Kennedy conversó en privado con McCone acerca del contenido del memorando antes citado. El Presidente expresó gran interés por las conversaciones de Donovan con las autoridades cubanas y formuló varias preguntas “acerca del futuro de Castro en Cuba, con o sin la presencia soviética”. McCone declaró que el asunto “(…) se hallaba en estudio y propuso enviar a Donovan de vuelta a Cuba, el 22 de abril, para asegurar la liberación de los prisioneros y mantener abierto el canal de comunicación”.[64]

Al día siguiente, Gordon Chase, quien se desempeñaba como asistente de McGeorge Bundy, expresó en memorándum enviado a este último, que todos estaban preocupados por solucionar el problema cubano, pero que hasta ese momento solo habían tratado de resolverlo a través de “maldades abiertas y encubiertas de diversa magnitud”, obviando la otra cara de la moneda: “atraer suavemente a Castro hacia nosotros”. Chase expuso a Bundy sus consideraciones de que si la “dulce aproximación a Cuba” tenía resultado, los beneficios para los Estados Unidos serían sustanciales.

“Probablemente -sostenía Chase- pudiéramos neutralizar a corto plazo por lo menos dos de nuestras principales preocupaciones en relación con Castro: la reintroducción de los misiles ofensivos y la subversión cubana. A largo plazo, podríamos trabajar en la eliminación de Castro a nuestra conveniencia y desde una posición de ventaja”.[65]

Asimismo, Chase planteó a Bundy que los dos obstáculos que se divisaban frente a este posible giro político en relación con Cuba: el rechazo interno de la opinión pública estadounidense y la renuencia de Fidel a dejarse seducir, eran difíciles, pero no imposibles de superar.

Lo que proponía Chase no era más que una manera distinta de presentar y ejecutar la política de los Estados Unidos hacia Cuba a través de métodos más suaves, flexibles y sutiles. Mas está claro que la finalidad de dicha política permanecía inmutable: cercenar a corto plazo la postura soberana de Cuba en política exterior (sobre todo en lo que respecta a sus relaciones con la URSS y el apoyo a los movimientos revolucionarios en América Latina) y destruir a largo plazo la Revolución Cubana, con lo que quedarían plenamente satisfechos los objetivos de Washington con la isla caribeña. La historia posterior demuestra que Kennedy estuvo de acuerdo con explorar esta posibilidad.

De esta manera, hacia abril de 1963, la Administración Kennedy analizaba todas las variantes que pudieran resolver el “problema cubano”, lo cual se convirtió prácticamente en una obsesión del presidente hasta el fatídico 22 de noviembre de 1963. Junto con las propuestas de espionaje, guerra económica, sabotaje encubierto, presiones diplomáticas y planes de contingencia militar, en los documentos ultrasecretos del Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos se incluía la posibilidad de “un desarrollo gradual de cierta forma de arreglo con Castro”. En un memorándum sobre el “problema cubano”, fechado el 21 de abril, McGeorge Bundy explicó la lógica de este tipo de iniciativa: “Siempre existe la posibilidad de que Castro u otros que actualmente ocupan altos cargos en el régimen vean alguna ventaja en un viraje gradual de su actual dependencia de Moscú. En términos estrictamente económicos, tanto los Estados Unidos como Cuba tienen mucho que ganar con el restablecimiento de las relaciones. Un Castro “Titoísta” no es algo inconcebible… y una revolución diplomática total no sería el suceso más extraordinario del siglo xx”.[66]

El 30 de abril de 1963, en una reunión del Grupo Permanente, se acordó “mantener la línea de comunicación con Castro que había abierto el señor Donovan durante las negociaciones de los prisioneros norteamericanos”.[67] Pero por esa fecha se abriría otro importante canal de comunicación entre ambos gobiernos a través de la periodista Lisa Howard. [68] La bella reportera había sido presentada a Fidel por Donovan en el transcurso  del propio mes de abril, quien además le había gestionado una entrevista con el líder cubano para la ABC. La entrevista, de una hora de duración, sería transmitida en los Estados Unidos el 10 de mayo de 1963 y generaría titulares como: “Castro quiere hablar con Kennedy” y “Castro da indicios de que quiere negociar con Kennedy”.[69] A su regreso a los Estados Unidos, Lisa Howard informó a la CIA el interés del líder de la Revolución Cubana de conversar con la administración Kennedy. El subdirector de Planes de la CIA, Richard Helms, elaboró un memorándum con la información recopilada de la entrevista para McCone, con copia para el Fiscal General; el asistente especial del Presidente para Asuntos de Seguridad Nacional; y otros altos mandos del aparato de inteligencia. Helms concluyó sus valoraciones de la siguiente manera: “Lisa Howard definitivamente quiere impresionar al Gobierno de los Estados Unidos con dos hechos: Castro está preparado para analizar el reacercamiento y ella misma está preparada para debatir el asunto con él si el gobierno de los Estados Unidos se lo solicita”. [70]

Entretanto, una comunicación enviada a Robert Kennedy el 2 de mayo por instrucciones de McCone, daba testimonio de las preocupaciones que asistían al Director de la CIA ante cualquier iniciativa que significase una aproximación al régimen cubano. También mostraba su falta de interés y voluntad política para avanzar en ese camino.

Con respecto al informe de Lisa Howard -señalaba el documento-, el Sr. McCone me telegrafió esta mañana, diciendo que nunca se podrá dejar de insistir en la importancia del secreto en este asunto y pidió tomara todas las medidas necesarias en este sentido para reflejar su punto de vista personal sobre lo delicado de este tema. El Sr. McCone siente que las habladurías y la filtración inevitables con la consiguiente publicidad serían más perjudiciales. Él sugiere que no se adopten medidas activas en la cuestión del acercamiento en este momento e insta a que las conversaciones en Washington sean más limitadas y que en estas circunstancias se debe hacer hincapié en los debates en el hecho de que la vía del acercamiento se está estudiando como una posibilidad remota y una de varias alternativas que implican diferentes niveles de acción dinámica y positiva.[71]

Sin embargo, no fue hasta el 6 de junio de 1963, que el Grupo Permanente evaluó con amplitud el tema de las conversaciones de James Donovan con Fidel Castro y los demás informes de inteligencia que señalaban el interés de Cuba en mejorar sus relaciones con los Estados Unidos. Información que había estado llegando reiteradamente en 1963 a través de varias fuentes de la CIA. En dicha reunión se valoraron las distintas vías para establecer canales de comunicación con el líder de la Revolución Cubana y el grupo coincidió en que este era un esfuerzo útil.[72]

Sin embargo, el 20 de junio, el subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Edwin M. Martin, envió un memorándum al subsecretario adjunto para Asuntos Políticos, U. Alexis Johnson, en el que señalaba: “…el más reciente gesto de Castro hacia la ‛normalidad’ en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba parece claramente constituir una iniciativa concertada, soviético-cubana, alentada por los soviéticos y plenamente coherente con la política de ‛coexistencia pacífica’. Asimismo, enumeró nueve elementos que consideraba hacían imposible un arreglo con Cuba y su líder Fidel Castro:

1. Sería un acuerdo con Castro y en ningún sentido general con el régimen en su conjunto ni con el pueblo en su conjunto. Se derrumbaría con su caída. A pesar de su continuidad, en sobradas ocasiones se ha demostrado que su palabra no tiene ningún valor como para darnos mucha seguridad a largo plazo de que habrá calma en el Caribe.

2. Sin una ruptura política con Moscú se establecería un precedente para otros regímenes comunistas en el continente y todo el esfuerzo para mantenerlos fuera de esta zona y para establecer su condición especial se desplomaría. Esto podría significar la desaparición del sistema interamericano

3. Dado que las actividades subversivas en América Latina son, en resumidas cuentas, encubiertas en un grado muy considerable, no habría medio eficaz de asegurarse de que Castro ha cumplido su palabra. Por otra parte, sería demasiado fácil que parte de las actividades que él viene realizando se desplacen a otros países del bloque que ya están ampliamente comprometidos.

4. La aprobación de un régimen comunista sería un gran estímulo para los comunistas autóctonos de América Latina y su poder aumentaría.

5. Al aumentar tal vez la amenaza o mantenerse al menos sustancialmente intacta, inevitablemente habría una relajación importante de los esfuerzos anticomunistas por parte de los países de América Latina ya que se ha hecho mucho énfasis en la amenaza de Cuba. La perspectiva de consolidación del poder comunista, por consiguiente, aumentaría.

6. Es sumamente difícil prever una operación en dos etapas, con la segunda etapa orientada a la eliminación del comunismo o de Castro. Cualquier solución de transacción fortalecería enormemente a Castro con el pueblo cubano y haría al régimen menos dependiente de él personalmente de lo que ha sido. El régimen comunista de Cuba se reafirmaría aún más de lo que está ahora.

7. Un componente esencial de los aspectos económicos es la acción legislativa por parte del Congreso de los Estados Unidos. Esto debe llevarse a cabo antes de que Castro limite de alguna manera su actual dependencia y estrechas relaciones con el bloque soviético. Económicamente él no puede permitirse la posible brecha. Probablemente no resulte factible en ningún momento, pero especialmente en estas circunstancias, asegurar la aprobación del Congreso a las medidas económicas, mientras que Castro mantiene su actual relación plena con el bloque. La legislación del azúcar resultará particularmente difícil por la necesidad de privar a otros países amigos de las cuotas de azúcar sin antes asegurar las adecuadas garantías con respecto a la indemnización a los dueños estadounidenses de propiedades azucareras.

8. Cualquier solución causará graves problemas de orden dentro de los Estados Unidos en lo concerniente a los doscientos mil exiliados cubanos. Ellos, y todos los partidos de derecha en América Latina, en muchos casos con el apoyo de los grupos de exiliados cubanos, denunciarán a los Estados Unidos por rendirse a la presión comunista. Nuestra postura en América Latina se vería seriamente perjudicada en algunos círculos importantes que hasta ahora se han mostrado amistosos con nosotros.

9. La actitud de Estados Unidos hacia el comunismo y la expropiación que tal acomodo reflejaría y el aliento a la subversión en América Latina a partir de esta aceptación de un régimen comunista hará desaparecer por completo las inversiones allí y fomentará la fuga de capitales. El éxito de la Alianza para el Progreso se haría claramente irrealizable.[73]

Al día siguiente, en una reunión en la oficina del secretario de Estado, el director de la CIA, McCone, volvió a pronunciarse en contra de cualquier iniciativa de acercamiento a Cuba. Después que el secretario de Estado pidiera opiniones sobre “las perspectivas de una reconciliación de Castro con los Estados Unidos y sus vecinos” y mencionar que “las declaraciones de Castro desde su regreso de Moscú parecían ser conciliadoras en general”, McCone intervino para expresar que había leído las declaraciones del líder cubano e “interpretaba que Castro estaba aún más firmemente atado a la Unión Soviética y que cualquier reconciliación con los EE.UU. tendría que ser en las condiciones de Castro y de la Unión Soviética. Dijo que sentía que cualquier acercamiento por parte de los EE.UU. a Castro quien retenía a las tropas soviéticas en Cuba, mantenía a Cuba como una sociedad cerrada y no permitía ninguna inspección in situ, no podría ser aceptable para los EE.UU. También señaló que ello haría de Castro respetable a los ojos de América Latina, sin que se redujeran las ambiciones y las presiones de Castro allí”. Pese a estos criterios, se llegó al acuerdo de que la Administración debía “seguir sondeando siempre que sea posible para averiguar lo que Castro realmente tiene en su mente. El embajador de Suiza en Cuba deberá rendir informe en detalle y debe alentar a Donovan a que vuelva a Cuba si es invitado”.[74]

El 24 de junio, en un memorándum para Registro, McCone dejó por escrito sus impresiones sobre la reunión con Rusk el día 21: “tengo la impresión de que el secretario Rusk no ha apoyado con entusiasmo el programa de la CIA. Parece creer que hay alguna oportunidad de acercamiento… Insistí en la reunión con Rusk porque sentí sus reservas y, a pesar de que él aprobó el programa, era obvio que lo hizo a disgusto… El Sr.Rusk no ofrece ninguna explicación de su actitud, pero la ha mantenido durante mucho tiempo”.[75] Más adelante, en el propio documento, dice McCone:

…lo dejé muy claro durante la reunión y en privado con el secretario Rusk posteriormente, que yo consideraba que un acercamiento estaba fuera de discusión en vista de la relación entre Castro y Khrushchev resultante del viaje de Castro. Therefore I felt nothing could be done until some event occurred which would impair this relationship. Por lo tanto, yo consideraba que no se podía hacer nada hasta que se diera algún suceso que menoscabe esta relación. I emphasized both in the meeting and afterwards that it was a very dangerous subject to approach from a political point of view; I did not think the American people would accept the concept of a rapprochement unless: Hice hincapié en la reunión, y después, de que se trataba de un tema muy peligroso desde el punto de vista político; yo no creo que el pueblo estadounidense acepte el concepto de un acercamiento a menos que:

a. Castro disavowed any ideas of exporting his revolution; Castro renuncie a cualquier idea de exportar su revolución;

b. That he broke his Moscow tie and expelled the Soviets from Cuba together with such equipment as they chose to take with them; and Rompa sus lazos con Moscú y expulse a los soviéticos de Cuba, junto con el equipo que ellos decidan llevarse; y

c. He open up his country for free access and travel by Americans so that we could have continuing on-site inspection and hence knowledge of what is going on. Abra su país al libre acceso y viajes por los estadounidenses para que podamos realizar inspecciones in situ continuas y tengamos conocimiento de lo que está pasando. [76]

Luego de este rechazo rotundo de McCone a cualquier iniciativa de acercamiento a Cuba, transcurrieron los meses de julio y agosto sin que se tomara una decisión favorable en relación con la exploración -al menos- de lo que “Castro tenía en mente”. En el acta resumida de la Reunión del Grupo Permanente del Consejo de Seguridad Nacional, que tuvo lugar el 16 de julio, se habla de un documento -aún sin desclasificar- del Departamento de Estado sobre las “negociaciones con Castro”, que sería analizado en esos días.[77] Lo cierto es que habría que esperar al mes de septiembre para que comenzaran a materializarse los contactos,[78] y en ello desempeñaría un papel catalizador la periodista estadounidense Lisa Howard.

En septiembre de 1963, Howard contó a William Attwood,[79] funcionario de la Administración Kennedy adscrito a la misión de los Estados Unidos en las Naciones Unidas, que Fidel Castro, con el que se había reunido por varias horas durante su visita a La Habana, le había expresado su disposición a establecer algún tipo de comunicación con el Gobierno de los Estados Unidos y la voluntad de explorar un modus vivendi. Coincidentemente, este mismo criterio se lo había trasladado también a Attwood el embajador de Guinea en La Habana, Seydon Diallo. Attwood además había leído el interesante artículo de Howard en el periódico liberal War/Peace Report, bajo el título “Castro´s Overture” (Las insinuaciones de Castro), donde la periodista señalaba que en 8 horas de entrevista con Fidel, este había sido aún más enfático acerca de su deseo de sostener negociaciones con los Estados Unidos.[80] Como resultado, Attwood y Howard echarían a andar un plan para iniciar conversaciones secretas entre los Estados Unidos y Cuba.

Entusiasmado con la idea de establecer algún tipo de acercamiento entre La Habana y Washington, Attwood conversó el asunto el 12 de septiembre de 1963 con el subsecretario de Estado, Averell Harriman, quien le sugirió que escribiera un memorándum al respecto. Attwood no perdió tiempo y seis días después tenía listo el documento. Este comenzaba diciendo:

Este memorándum propone un curso de acción que, de alcanzar resultados positivos, podría eliminar el tema de Cuba de la campaña [presidencial estadounidense] de 1964..

No propone ofrecer un “trato” a Castro -decía a continuación-, lo que desde un punto de vista político sería más peligroso que no hacer nada, pero sí una investigación discreta sobre la posibilidad de neutralizar a Cuba según nuestros propios intereses (…)

Ya que no pretendemos derribar el régimen de Castro por la fuerza militar, ¿hay algo que podamos hacer para promover los intereses estadounidenses sin que se nos acuse de contemporizar?

Según diplomáticos neutrales y otros con los que he hablado en las Naciones Unidas y Guinea, existen motivos para creer que a Castro no le agrada su actual dependencia del bloque soviético; que no le agrada ser en realidad un satélite; que el embargo comercial lo daña, aunque no lo suficiente como para hacer peligrar su posición; y que le gustaría tener algún contacto oficial con los Estados Unidos y haría mucho por obtener una normalización de las relaciones con nosotros, aunque la mayoría de su séquito comunista a ultranza, como Che Guevara, no lo acogiera con beneplácito.

Todo esto puede no ser cierto, pero parecería que tenemos algo que ganar y nada que perder averiguando si en realidad Castro desea hablar y qué concesiones estaría dispuesto a hacer…

Por el momento, lo único que desearía es autoridad para hacer contacto con [Carlos] Lechuga (jefe de la misión de Cuba en las Naciones Unidas). Veremos entonces qué ocurre.[81]

Era prácticamente imposible con esta visión -como refleja el memorándum de Atwood-, que pudiera llegarse a algún tipo de arreglo entre los Estados Unidos y Cuba. La propuesta se reducía a sondear a la Isla, para ver si esta estaba dispuesta a realizar un conjunto de gestos y concesiones a los Estados Unidos. Al parecer, el funcionario estadounidense olvidaba que los líderes cubanos ya habían fijado su posición de rechazo a cualquier forma de negociación que implicara el menoscabo a la autodeterminación de la Isla. Tampoco es un absurdo pensar, que la dirección cubana, de percibir la maniobra de Washington, aprovechara el  proceso de diálogo con vistas a ganar tiempo y preparar al país política y militarmente ante un eventual enfrentamiento militar directo con los yanquis.

De esta manera, la finalidad de los tenues acercamientos a Cuba que iniciarían los Estados Unidos bajo la anuencia de Kennedy, había quedado perfectamente delineada en el memorándum de Attwood: neutralizar a Cuba según los intereses de los Estados Unidos, sacándole la mayor cantidad de concesiones posibles. Por supuesto, estas concesiones significaban que Cuba debía comenzar a satisfacer las exigencias de Washington en relación con: “la evacuación de todo el personal militar del bloque soviético”, “el fin de las actividades subversivas de Cuba en América Latina” y “la adopción por parte de Cuba de una política de no alineamiento”. De no ser bajo esas condiciones, los Estados Unidos no se arriesgarían a explorar un modus vivendi con Cuba. Attwood también propuso en su memorándum la manera en que debía propiciarse la aproximación a Cuba, tratando de aparentar que no eran los Estados Unidos los que tomaban la iniciativa:

El momento y el lugar más propicio para averiguarlo serían las Naciones Unidas durante la actual Asamblea General. Sin parecer que tomamos la iniciativa de convocar una reunión, pudiéramos fácilmente engañar a los cubanos de la manera siguiente:

  1. Como antiguo periodista que pasó bastante tiempo con Castro en 1959, pudiera coordinar una reunión casual con el delegado cubano, el Dr. Lechuga. Esto pudiera hacerse mediante un intercambio de tipo social, a través de conocidos mutuos.
  2. Me referiría a mi última conversación con Castro en la cual él reiteró sus deseos de sostener relaciones amistosas con los Estados Unidos y sugeriría que, como periodista, tendría curiosidad por saber cómo pensaba él en estos momentos. Si Castro está dispuesto a conversar, esto sería una razón suficiente para que Lechuga regresara a mí con una invitación.[82]

Attwood mostró el propio 18 de septiembre el memorándum al entonces embajador de los Estados Unidos ante la ONU, quien se comprometió a discutir el asunto con el Presidente. “Cuando le hablé por primera vez sobre esta iniciativa o aproximación de los cubanos a Adlai Stevenson -recordó Atwood ante una comisión del Senado de los Estados Unidos en 1975-, dijo que le gustaba pero… desafortunadamente la CIA todavía estaba a cargo de Cuba”.[83]

Al día siguiente, Attwood se reunió de nuevo con Harriman en Nueva York y le entregó el memorándum. El subsecretario de Estado, después de leer el documento, le sugirió a Attwood que lo discutiera también con el fiscal general, Robert F. Kennedy. Mas ya al día siguiente de este encuentro, Stevenson había obtenido la aprobación del Presidente para que Attwood sostuviera un discreto contacto con el embajador cubano en Naciones Unidas, Carlos Lechuga. Inmediatamente, Attwood habló con Lisa Howard para que le preparara el contacto con Lechuga. En medio del salón de delegados de las Naciones Unidas, Howard se acercó a Lechuga el 23 de septiembre y, según recuerda el propio Lechuga, le dijo que Attwood deseaba hablar con él y que era algo urgente pues al día siguiente partía para Washington.[84]

El encuentro se produjo en la casa de la periodista en la noche del propio 23 de septiembre, de manera bastante informal y sin que pareciese un acercamiento oficial de los Estados Unidos -como lo había pedido el propio Attwood -, aprovechando una fiesta que esta preparó y a la cual invitó a Lechuga.[85] De inmediato, el embajador cubano informó a La Habana:

Tuve la entrevista con William Atwood. Me dijo que había sido autorizado por Stevenson. Se va hoy para Washington a hablar con Kennedy y pedirle autorización para ir a Cuba a hablar con Fidel y explorar las posibilidades de negociaciones si aceptan en Cuba que él dé el viaje. Quedamos en que yo no planteaba el asunto formalmente a ustedes hasta que él no tuviera la autorización de Washington pero es obvio que él sabe que yo lo comunicaría inmediatamente. Ese fue mi planteamiento para que en todo momento la iniciativa partiera de ellos, como es en realidad, pero en este negocio diplomático uno aprende mucho. Su viaje sería de incógnito. Al igual que yo, en todo momento aclaramos que estábamos hablando de modo personal, pendiente de las instrucciones de ambos gobiernos. Su idea es que la situación entre los dos países es anormal y que alguien en un momento dado, tenía que romper el hielo.

(…)

Dice que Kennedy, en muchas ocasiones y en conversaciones privadas, ha dicho que no sabe cómo cambiar la política hacia Cuba. Reconoce que ni ellos ni nosotros podemos cambiar de política de la noche a la mañana porque es una cuestión de prestigio y que es difícil, pero algo hay que hacer, que por algo hay que empezar. Reconoce que la cuestión política interna es difícil para ellos porque los republicanos los tienen siempre a la defensiva en la cuestión cubana.

(…)

Attwood hablando de Bob Kennedy dice que es un individuo de posturas duras pero que es un político y ve las cosas objetivamente. Dice que lo que quiere es ganar siempre. Esto lo dijo en el sentido de que si considera que la prolongación de la política hacia Cuba le va a dar un resultado negativo a la larga, cambia de posición.

(…)

Attwood me preguntó sobre la posibilidad de que el Gobierno cubano le permitiera ir a Cuba a explorar posibilidades. Le dije que yo creía que sí, aunque no podía darle ninguna opinión rotunda. Me preguntó que si yo creía que había un 50 por ciento de probabilidad de que sí y un 50 que no. Respondí que esa era la fórmula perfecta de mi respuesta. A preguntas suyas sobre condiciones para negociar manifesté que en ese terreno nada podía adelantarle aunque sí podía exponerle mi criterio muy personal y era que resultaba difícil negociar nada con la situación de presión sobre Cuba; con el embargo, las infiltraciones, los vuelos ilegales, etc, etc, me dijo que la situación era muy compleja y lo entendía, pero que alguien algún día, alguna vez, tenía que iniciar algo y que él creía que aun para escuchar lo que yo acababa de decirle en el orden personal sería fructífero intentar un acercamiento a Cuba. [86]

Años después, el 10 de julio de 1975, ante la Comisión Church del Senado de los Estados Unidos, Attwood recordó su contacto con Lechuga de la siguiente manera:

…la señorita Howard organizó la recepción para el día 23. Conocí a Lechuga. Dijo que Fidel Castro había tenido la esperanza de haber podido sostener un contacto con el presidente Kennedy en el 61, pero entonces había sucedido lo de Bahía de Cochinos y ya no se pudo. Pero que le había impresionado mucho el discurso pronunciado por el Presidente en junio del 63, en el que se refirió a la diversidad en el mundo. Fue entonces que le dije que ya no era un particular sino un funcionario del gobierno y coincidimos en que la situación era diferente, aunque las circunstancias también eran un poco anómalas. Me dijo que los cubanos estaban muy molestos con la posición del exilio, la posición de la CIA respecto a Cuba, así como la congelación de los activos cubanos.[87] 

El próximo paso fue una visita de Attwood a Washington en el mismo mes de septiembre, para reunirse con Robert Kennedy. Attwood puso al tanto al Fiscal General de la iniciativa y este dejó sentada su posición de que: “un viaje de Attwood a Cuba, como había sugerido Lechuga, sería un poco riesgoso, pues de seguro se filtraría y podría parar en una investigación en el Congreso, o algo parecido (…) pero consideraba que valía la pena continuar con el asunto por la vía de la ONU e indicó que hablaría con Averell Hariman y Bundy sobre el tema”. [88]

De esta manera, al primer contacto de Attwood y Lechuga siguieron otros en el salón de delegados de las Naciones Unidas. En uno de ellos, Attwood le trasmitió a Lechuga que el Gobierno de  los Estados Unidos, después de evaluar la propuesta, había decidido que no era conveniente que él viajara a Cuba en esas circunstancias debido al peligro de filtración dada su “condición oficial”,[89] pero que su Gobierno estaba en la mejor disposición de reunirse con Fidel o algún emisario suyo en Naciones Unidas. El 28 de octubre, Lechuga le comunicó a Attwood que La Habana no pensaba que enviar a alguien a las Naciones Unidas sería de utilidad en ese momento, pero que esperaba que pudieran seguir los contactos entre ellos.[90] Desde la Casa Blanca, Gordon Chase, designado por Bundy, se encargaba de darle seguimiento a los contactos de Atwood con los cubanos.

Posteriormente, Lisa Howard ofreció su casa para que Attwood conversara directamente con Fidel Castro por intermedio de su ayudante René Vallejo. También para que a través de ella, Vallejo le trasladara mensajes a Attwood.[91]

El 31 de octubre, en una llamada que Vallejo realizó a Lisa Howard, este trasladó el mensaje de que Fidel estaba dispuesto a enviar un avión a México a recoger a un enviado de Washington y conducirlo a un aeropuerto secreto cerca de Varadero, donde tendría una reunión a solas con el líder de la Revolución Cubana. Lisa Howard respondió que dudaba que eso fuera posible y que quizás lo mejor era que él (Vallejo), como vocero personal de Fidel, viajara a Naciones Unidas o a México a reunirse con un representante del gobierno de los Estados Unidos.

En una reunión del Grupo Especial sobre Cuba del Consejo de Seguridad Nacional celebrada el 5 de noviembre, se discutió nuevamente sobre la iniciativa de acercamiento a la Isla. Bundy declaró que había llamado la atención de la Casa Blanca el hecho de que Castro deseaba tener una conversación destinada a lograr algún tipo de arreglo con los Estados Unidos, y sugirió que para esa conversación inicial -que tendría el objetivo de saber sobre qué base Fidel Castro deseaba negociar- se utilizara a William Atwood, pues éste había tenido ya varios contactos con el embajador cubano en Naciones Unidas, Carlos Lechuga. En la discusión del Grupo se continuó valorando que era poco recomendable que William Atwood, dada su condición de funcionario de la administración Kennedy, participara en ese contacto inicial con el líder cubano. Que era preferible abandonara su cargo en la ONU y viajara a la Isla con el supuesto propósito de escribir un artículo para la revista Look. El director de planes de la CIA, Richard Helms, planteó que quizás fuese más beneficioso un “juego de guerra” con este problema y verlo desde todos los ángulos posibles antes de hacer cualquier contacto. Otra sugerencia entonces fue hecha por Bundy: que Vallejo, ayudante de Fidel, viajara a México con “las propuestas de Castro” y las discutiera con el embajador de los Estados Unidos en ese país. El Fiscal General enfatizó que, como preludio a cualquier discusión seria sobre una distensión, los Estados Unidos debían exigir a Cuba algunos pasos fundamentales como el fin de la subversión en América Latina y la retirada de las tropas soviéticas de la Isla. Por su parte, McCone señaló que para un contacto de ese tipo podía usarse nuevamente a James Donovan quien conocía y tenía excelentes relaciones con el Dr. Vallejo. Que Vallejo podía volar a Naciones Unidas para sostener conversaciones, o mejor todavía, Donovan podía ir a Cuba.[92]

Atwood relató en 1975 como la atención que las máximas autoridades del gobierno estadounidense prestaban a sus contactos con Cuba crecía aceleradamente. El 5 de noviembre fue llamado a la Casa Blanca para hablar con Bundy, quien le dijo que “el Presidente estaba más a favor de ejercer presión para una apertura con Cuba que el Departamento de Estado, con la idea de sacarla del redil soviético, borrar quizás lo sucedido en Bahía de Cochinos, y tal vez volver a la normalidad”.[93] Bundy quiso un memorándum cronológico de toda la iniciativa.

El 11 de noviembre, Vallejo se comunicó telefónicamente con Lisa Howard y le reiteró el interés de Fidel de reunirse con algún emisario de los Estados Unidos y que, en ese caso, un avión cubano podía recoger a la persona designada por el gobierno de los Estados Unidos en Key West y trasladarlo a uno de los aeropuertos cercanos a La Habana donde participaría en una reunión con Fidel. Cuando Atwood comunicó esto a Bundy, se le indicó que, por instrucciones del Presidente, primero debía realizarse un contacto de él (Atwood) con Vallejo en Naciones Unidas para saber que tenía en mente Fidel, particularmente si estaba interesado en conversar sobre los puntos señalados por Stevenson en su discurso en Naciones Unidas el día 7 de octubre, considerados inaceptables por los Estados Unidos:[94] la “sumisión de Cuba a la influencia comunista externa”, “la campaña cubana dirigida a subvertir al resto del hemisferio” y “el no cumplimiento de las promesas de la Revolución respecto a los derechos constitucionales”. Así lo expresó también Bundy en un memorando para dejar constancia: “sin tener indicios de la disposición de ir en esa dirección, es difícil ver qué podríamos lograr con una visita a Cuba”.[95]

Attwood trasmitió el 18 de noviembre por vía telefónica el mensaje a Vallejo, quien le contestó que no era posible que él viajara en ese momento a New York, pero que en cambio, se enviarían instrucciones a Lechuga para discutir con él (Attwood) una agenda con vistas a una posterior reunión con Fidel. Al día siguiente, Atwood reportó telefónicamente su conversación a Gordon Chase.[96] El asistente de Bundy le dijo entonces a Atwood que, luego de recibir la llamada de Lechuga para fijar una cita en la que se analizaría la agenda, se pusiera rápidamente en contacto con él, pues el Presidente quería conocer de inmediato el resultado de la conversación para considerar el próximo paso que debía dar la administración.

Chase, convertido en uno de los mayores defensores del acercamiento diplomático a Cuba, expuso el 12 de noviembre en memorándum altamente confidencial ¾solo para ser leído por Bundy¾ sus refutaciones frente a varios argumentos contrarios a una conciliación con Castro como: “Castro nunca satisfará nuestros requisitos mínimos”; “la conciliación con Castro implica que Estados Unidos converse con él, y el hecho de que Estados Unidos quiera conversar con Castro lo liberará de las serias preocupaciones que actúan a nuestro favor”; “la opinión pública estadounidense no apoyará la conciliación con Castro”; “en caso de que nos reconciliásemos con Castro y este nos traicionara, nos veríamos en un lamentable aprieto (especialmente en términos públicos)” y “aun cuando la conciliación con Castro es una alternativa real, ahora no es el momento adecuado”.[97]

Este documento es muy importante, pues en él se refleja de manera muy clara, las ideas que se estaban moviendo en el estrecho círculo de colaboradores de Kennedy donde se conocía la iniciativa de aproximación a Cuba. En este memorándum Chase planteaba: “Nuestra postura, por no decir nuestras palabras, debería trasladar lo siguiente: “Fidel, estamos dispuestos a dejar que los eventos sigan su curso actual. Pretendemos mantener, y cuando sea posible, aumentar nuestra presión en su contra para derrocarlo y estamos más que seguros de que triunfaremos. Además, puede irse olvidando de conseguir “otra Cuba” en el hemisferio. Hemos aprendido nuestra lección y no permitiremos “otra Cuba”. Sin embargo, como personas razonables que somos, no vamos por su cabeza ni tampoco disfrutamos con el sufrimiento del pueblo cubano. Usted sabe cuáles son nuestras principales preocupaciones: el vínculo con los soviéticos y la subversión. Si usted cree que está en condiciones de disipar tales preocupaciones, probablemente podamos encontrar una manera de coexistir amigablemente y construir una Cuba próspera. Si cree que no puede hacer frente a nuestras preocupaciones, entonces olvídese del asunto; nosotros no tenemos inconveniente en mantener la situación actual. Al mismo tiempo, puede que le convenga tener en cuenta que si bien siempre nos interesará su parecer sobre el vínculo con los soviéticos y la subversión cubana, obviamente no podemos decirle en estos momentos que siempre estaremos dispuestos a negociar con usted en los mismos términos”.[98] Como conclusión, Chase destacó que “un acercamiento discreto con Castro reporta numerosas ventajas. En primer lugar, un acercamiento mostraría claramente a Castro que tiene una alternativa que tal vez no esté seguro existe, es decir, convivir con Estados Unidos según los términos de Estados Unidos. En segundo lugar, aun cuando rechazase nuestra oferta, aprenderíamos mucho”. [99]

Paralelamente, en esos días, de modo fortuito, el periodista francés Jean Daniel, editor del semanario L´Observateur, se convirtió también en un mediador entre Kennedy y Fidel. Atwood, amigo personal de Jean Daniel, al enterarse que éste se dirigía camino a Cuba para entrevistar al líder de la Revolución Cubana, se le ocurrió la idea de que el periodista francés fuera antes a Washington a conversar con Kennedy. Atwood contactó de inmediato al corresponsal de la revista Newsweek, Ben Bradlee, que era amigo del Presidente y visitaba frecuentemente la Casa Blanca para que gestionara una entrevista de Jean Daniel con Kennedy. El Presidente estadounidense no tuvo reparos en reunirse con él.[100]

Concretado el encuentro, Kennedy conversó con Jean Daniel en la Casa Blanca el 24 de octubre sobre varios temas que le interesaba analizara con Fidel Castro. Según relató posteriormente Jean Daniel, el Presidente le había señalado que los Estados Unidos estaban pagando por los pecados cometidos por su país durante el régimen de Batista y que él estaba de acuerdo con los planteamientos iniciales de la Revolución, pero que “Castro había aceptado ser un agente soviético en América Latina” y por su culpa “el mundo había estado al borde de una guerra nuclear en octubre de 1962”. También cuenta el periodista francés que el presidente estadounidense le añadió: “Los rusos entendieron muy bien, al menos después de nuestra reacción, pero en lo que se refiere a Fidel Castro, debo decir que yo no sé si se da cuenta de esto… Usted me lo puede decir si lo hace cuando regrese. En cualquier caso las naciones de América Latina no van alcanzar la justicia y el progreso de esa manera, quiero decir a través de la subversión comunista. (…) Los Estados Unidos tienen ahora la posibilidad de hacer todo el bien en América Latina como lo han hecho mal en el pasado… En cualquier caso, no podemos permitir que gane la subversión comunista en los demás países de América Latina. Dos diques son necesarios para contener la expansión soviética: el bloqueo, por un lado, un enorme esfuerzo hacia el progreso, por el otro. Este es el problema en pocas palabras. Ambas batallas son igualmente difíciles”.[101]

Según Jean Daniel, Kennedy hizo un último comentario: “La continuación del bloqueo depende de la continuación de las actividades subversivas”.[102] (Se refiere al apoyo cubano a los movimientos revolucionarios en América Latina)

En una entrevista para un documental de la televisión estadounidense Jean Daniel también ofreció décadas después sus impresiones del encuentro con Kennedy: “Salí de la Oficina Oval de la Casa Blanca con la impresión de que yo era un mensajero de la paz. Yo estaba convencido de que Kennedy quería un acercamiento, quería que yo regresara y le dijera que Castro deseaba un acercamiento”.[103]

Narra también Jean Daniel, que cuando ya había perdido toda esperanza de reunirse con Fidel, el día antes de la programada partida de su avión hacia México, exactamente el 19 de noviembre, el líder de la Revolución Cubana se le apareció en el hotel Habana Riviera donde estaba hospedado y estuvieron conversando desde las 10 de la noche hasta las 4:00 de la mañana del día siguiente. Según su testimonio, Fidel le habló largamente de la Crisis de Octubre y le explicó el porqué se habían instalado los misiles en Cuba y también dio sus valoraciones sobre la Alianza para el Progreso. El periodista francés citó las siguientes palabras de Fidel: “En lo que respecta a nosotros, todo puede volver a la normalidad sobre la base del respeto mutuo a la soberanía”. No obstante, este no sería el único encuentro que Jean Daniel sostendría con el Comandante en Jefe. El día 22 volverían a reunirse en Varadero.

Asimismo, el 18 de noviembre, en un discurso pronunciado en Miami, Kennedy había enviado otro mensaje a Cuba. Una cuadrilla de conspiradores, dijo, había hecho de Cuba instrumento de un esfuerzo dirigido por potencias externas para subvertir el orden de las restantes Repúblicas americanas. “Esto y sólo esto nos divide -enfatizó Kennedy-. Mientras esto siga siendo así, nada es posible; sin ello, todo es posible. Una vez que se haya suprimido esta barrera, estaremos dispuestos a trabajar de todo corazón con el pueblo cubano para alcanzar esos objetivos de progreso, que hace muy pocos años despertaron las esperanzas y las simpatías del hemisferio”.[104]

Cuatro días después, el 22 de noviembre, se produjo el asesinato de Kennedy en Dallas, coincidentemente el mismo día en que Jean Daniel conversaba con Fidel Castro en Varadero. Sobre esta entrevista amplió también el líder de la Revolución Cubana en la conferencia internacional celebrada en La Habana en 1992, al conmemorarse el 30 aniversario de la Crisis de Octubre:

Se presenta en nuestro país un periodista francés, era conocido, que acababa de tener una reunión con Kennedy. Vino muy impresionado de Kennedy, bien impresionado, decía que era una máquina, tal como lo tenía organizado todo, todas las cosas. El me trasmite que se hospeda en un hotel de La Habana, y tan pronto recibo la noticia le digo que sí, que me voy a reunir con él, y él dijo que traía como un mensaje de Kennedy.

Para poder hablar con más calma, le dije: lo recojo y lo llevo a Varadero, para crear un ambiente relajado, pudiéramos decir, en que él pudiera explicar las ideas y el mensaje que traía. No era un mensaje en el sentido formal de la palabra, sino le dijo que quería que viniera. Le habló mucho de la crisis, de los peligros enormes de que estallara una guerra… las consecuencias de esa guerra, y que él quería que hablara conmigo, que analizara esta cuestión, que me preguntara si yo estaba consciente de hasta qué punto había sido grande ese peligro. La esencia del mensaje es que hablara conmigo largamente sobre todos  estos temas, que después volviera a Estados Unidos, a Washington, y le informara de la conversación. Por lo tanto el periodista lo interpretó como un gesto, con el deseo de establecer un contacto, un deseo de explorar que pensábamos nosotros sobre todo esto y, además, establecer una cierta comunicación. Le dijo: vaya, hable, analice todo este problema y vuelva; eso era en esencia.

Voy a decir que prácticamente el periodista ni terminó de explicarme todo lo que tenía que decirme, porque fue temprano, no recuerdo si eran las 11:00 am, hora Dallas. No había llegado siquiera el mediodía, íbamos a almorzar, no habíamos almorzado, y estando en estas conversaciones, en estos análisis, llega por radio allí mismo la noticia de que han atentado contra la vida de Kennedy. Vea usted qué casualidad.

Yo lo interpreté, realmente, como un gesto tendiente a establecer alguna comunicación, algún intercambio, porque como Kennedy había quedado con tanta autoridad dentro de su país después de la crisis, podía hacer las cosas que quizás anteriormente no había hecho. A mi juicio tenía el valor de hacerlo, porque se necesitaba cierto valor para desafiar estados de opinión en todas estas cuestiones.

(…)

Pero no podría decirles muchos más datos, en esencia es esto que les expliqué, porque no se trató de un mensaje escrito, o un mensaje verbal de decir: Queremos mejorar las relaciones, sino que le habló de mí en términos respetuosos, conversó largamente sobre eso; le pidió que me viniera a ver y que hablara conmigo, y que después regresara a Washington y le informara”.[105]

Varios autores consideran que el hecho de que Kennedy estuviera secretamente explorando un “arreglo con Castro”, tuvo algo que ver con la conspiración para asesinarlo. Y realmente es muy curioso que, en 1963, mientras Donovan negociaba con las autoridades cubanas la liberación de varios agentes estadounidenses presos en Cuba, en el exterior circulaba una denuncia del agente de la CIA Felipe Vidal Santiago, sobre una supuesta negociación entre los Kennedy y el gobierno cubano. Al respecto, escribió Fabián Escalante en su libro La guerra secreta. 1963: El complot: “(…) según Vidal, encontrándose en Washington, conoció por medio de Marshall Digss, un abogado conocido y dueño de un prominente bufete, que el Departamento de Estado se encontraba preparando una reunión con Blas Roca, dirigente cubano, en Berlín Oriental, donde se analizarían alternativas de negociación entre los dos gobiernos”. En la propia obra señala también Escalante que por ese tiempo: “(…) el conocido terrorista Orlando Bosch Ávila publicó en Nueva Orleans un panfleto denominado “La tragedia de Cuba”, donde acusaba a Kennedy de haber traicionado al exilio y tratar de hacer un pacto con Fidel Castro”. [106] 

El historiador y exasesor de Kennedy, Arthur Schlesinger, se encuentra entre los que defienden la hipótesis de que el acercamiento a Cuba en 1963 tuvo algo que ver en la sentencia de muerte del joven presidente. Al respecto dijo:

Aunque el plan de Atwood se mantuvo en conocimiento de muy pocas personas, parece inconcebible que la CIA no conociera nada de ello. La inteligencia americana tenía a los diplomáticos cubanos de la ONU bajo una incesante vigilancia. Seguía sus movimientos, leía sus cartas, interceptaba sus cables, grababa sus llamadas telefónicas. Se sospechaba que Atwood y Lechuga estaban haciendo algo más que cambiándose recetas de “daiquiri”.[107]

Por su parte, William Atwood, en las memorias que publicó en 1987, también se refirió a que la CIA seguramente averiguó las gestiones que él estaba haciendo y que después esa información llegó a los frustrados veteranos de la invasión de Bahía de Cochinos, que no perdían las esperanza de volver a Cuba apoyados por el ejército de los Estados Unidos y la CIA, por lo que cualquier exploración de Kennedy de un entendimiento con Castro destruía esas aspiraciones.[108]

Si bien es cierto que Kennedy no soslayó la posibilidad de explorar un acomodo con Cuba, no renunció en ningún instante a la política agresiva contra la Isla. Realmente la invasión militar directa de tropas estadounidenses era poco recomendable en esos momentos, dado el posible costo de vidas estadounidenses, la repercusión negativa sobre los aliados y la opinión pública mundial –incluyendo la estadounidense-, además de que la Isla había incrementado su capacidad defensiva, pero no era una opción desechada a más largo alcance o como respuesta a algún acontecimiento inesperado que la legitimara tanto a lo interno de la Isla como en el escenario internacional.[109] Cuando uno hace una revisión de los documentos estadounidenses del año 1963 se percata de que los planes de contingencia para una invasión a Cuba estaban a la orden del día.

La estrategia de Kennedy en relación con Cuba se centró entonces en jugar todas las cartas posibles que pudieran satisfacer los intereses estadounidenses. De esta manera, se combinaban las acciones terroristas, las tácticas diplomáticas y la formación de un ejército mercenario, para conformar un programa de múltiple vía que presionara al máximo a la Isla, provocando una corrosión progresiva que llevara al régimen, o bien a su derrocamiento, o a negociar con los Estados Unidos en función de sus intereses.

El 19 de junio de 1963 el presidente Kennedy había aprobado, a solicitud del Grupo Permanente, un programa de sabotajes contra sectores claves de la economía cubana como la energía eléctrica, refinería de petróleo y almacenes, transporte ferroviario y por carretera. El propio 12 de noviembre, Kennedy sancionó un plan de la CIA para que “grupos anticastristas” operaran contra Cuba desde Nicaragua y Costa Rica y para “operaciones de destrucción…contra una gran refinería de petróleo e instalaciones de almacenaje, una gran planta eléctrica, refinerías de azúcar, puentes ferroviarios, instalaciones portuarias y la demolición submarina de muelles y naves”.[110] Asimismo, Kennedy continuó su política de aislamiento diplomático, reforzamiento del bloqueo económico y acciones encubiertas contra Cuba. Por su parte, la CIA no renunció a su intención de atentar contra la vida de Fidel Castro. El propio Inspector General de la CIA durante la administración Kennedy escribiría posteriormente: “Es muy probable que en el preciso momento en que se disparó contra el presidente Kennedy, un funcionario de la CIA estuviera reunido con un agente cubano en París dándole un dispositivo para asesinar a Castro”.[111]

Negativa de continuar los pasos de Kennedy

Solo 3 días después del asesinato de Kennedy, Gordon Chase expresó en memorándum dirigido a Bundy sus dudas sobre la posibilidad de un acomodo con Cuba estando Lyndon Baines Johnson al frente de la Casa Blanca:

En tanto que pienso que el presidente Kennedy pudo haber llegado a un acuerdo con Castro y salirse con la suya con un mínimo de exaltación nacional, no estoy tan seguro con el presidente Johnson. Existe un problema, un nuevo Presidente quien no tiene antecedentes de haber desafiado con éxito a Castro y a los comunistas (como por ejemplo, el presidente Kennedy en octubre de 1962) probablemente correría mayor riesgo de ser acusado por el pueblo estadounidense de ‛blandenguería’. Además, el hecho de que Lee Oswald[112] ha sido anunciado como típico pro Castro pudiera hacer el reacercamiento a Cuba más difícil, si bien es difícil decir cuánto más difícil.[113]

No obstante, Chase expresó su punto de vista de que una conversación preliminar entre Attwood y Lechuga valía la pena para tener: “una valiosa lectura sobre lo que Castro considera negociable (por ejemplo, ¿los vínculos con los soviéticos?) y un indicio sobre cómo él contempla el efecto del 22 de noviembre en las relaciones cubano-estadounidenses”.[114]

Chase no se equivocó en su premonición, pues Johnson no estaría dispuesto a continuar los movimientos tenues dados durante la presidencia de Kennedy dirigidos a explorar un posible modus vivendi con Cuba. Todo lo contrario, su política estaría centrada en presionar aún más las clavijas a la Isla con la intención de pulverizar la Revolución Cubana. Bajo su administración seguirían produciéndose, con total impunidad, los ataques piratas y los secuestros de aviones y embarcaciones, a la vez que se iniciarían las acciones terroristas contra el personal e instalaciones cubanas en el exterior.

El 4 de diciembre de 1963, Lechuga vio a Atwood en Naciones Unidas y le informó que tenía en su poder una carta de Fidel aprobando los detalles de las conversaciones y una agenda. Atwood informó a Chase y este le respondió que la decisión tomaría algún tiempo porque las políticas de los Estados Unidos estaban en ese momento bajo revisión. “El 12 de diciembre -escribió Lechuga en sus memorias- Atwood me llamó por teléfono para decirme que aún no había decisión en Washington. Fue la última vez que hablé con él hasta años después que nos vimos en La Habana, adonde fue con su esposa en visita particular”.[115]

En esos días los pocos que conocían de la iniciativa diplomática de aproximación a Cuba pusieron a Johnson al tanto de todos los detalles. Cuando el nuevo presidente de los Estados Unidos visitó la delegación de su país en Naciones Unidas el 17 de diciembre de 1963 le expresó a Atwood que había leído con mucho interés su memorándum sobre Cuba donde hacía una recapitulación de los sucesos y conversaciones del otoño de ese año. Sin embargo, todo parece indicar que la intención de Johnson de mostrarse como un ferviente anticomunista para las elecciones de 1964, donde esperaba enfrentarse al republicano Richard Nixon, congeló cualquier avance de la iniciativa de acercamiento diplomático a Cuba. Al mismo tiempo, ya desde el 12 de diciembre la CIA actualizaba los objetivos de la política de los Estados Unidos hacia Cuba:

La actual política de los Estados Unidos tiene por objetivo aislar a Cuba del hemisferio occidental y el resto del Mundo Libre y ejercer la mayor presión posible, sin llegar a una intervención militar directa de los Estados Unidos, para evitar la consolidación y estabilización del régimen Castro-Comunista. El programa de acciones encubiertas de la CIA ha sido diseñado para apoyar otras medidas gubernamentales con el fin de incrementar e intensificar las presiones contra Castro y estimular a los elementos disidentes, especialmente en el ejército, para llevar a cabo un golpe de Estado y eliminar a Castro y la presencia soviética en Cuba.

Nuestro objetivo final en Cuba es sustituir el régimen de Castro por otro que sea plenamente compatible con los objetivos de los Estados Unidos y que coopere con los esfuerzos de los Estados Unidos para establecer regímenes amistosos y estables en toda América Latina.[116]

Después de elaborados los anteriores objetivos, la CIA propuso varios cursos de acción en la política hacia Cuba que mostraban su manifiesto interés en aumentar la agresividad hacia la Revolución Cuba y acelerar el “cambio de régimen”. Llama la atención que en varias de las nuevas propuestas de la Agencia, se insistía en mostrar que los Estados Unidos no tenían el más mínimo interés en buscar un acercamiento a Cuba.

El Presidente Johnson pudiera emitir una declaración política anticipada sobre Cuba -se decía en una de las recomendaciones-, dejando bien claro que los Estados Unidos continúan considerando al régimen de Castro como intolerable y que no puede haber un acercamiento con Castro. Tales declaraciones deben estar destinadas a estimular a los elementos anticastristas y comunistas disidentes en las fuerzas armadas a llevar a cabo un golpe de Estado. [Otra señalaba lo siguiente:] El Presidente y sus representantes pudieran notificarles a los soviéticos, a través de los canales diplomáticos y en conversaciones confidenciales privadas, que un acercamiento entre los Estados Unidos y Castro está fuera de toda consideración, y que la existencia del régimen de Castro es un gran obstáculo para la distensión con la URSS.[117]

¿Por qué la CIA planteaba el tema de la no aproximación a Cuba con tanta fuerza? Evidentemente estaba al tanto de los tenues acercamientos a la Isla desarrollados de manera muy compartimentada por la Administración Kennedy y de los contactos Atwood-Lechuga, y para nada habían sido del agrado de la agencia. Asimismo, hay que tomar en cuenta que, al tiempo que se desarrollaban estos contactos secretos, la CIA seguía trabajando en los planes de asesinato contra Fidel Castro.

Fabián Escalante, quien ha investigado durante décadas la política de la Administración Kennedy hacia Cuba, hizo la siguiente valoración sobre los tenues acercamientos de los Estados Unidos hacia Cuba en 1963 en un evento celebrado en Nassau, Bahamas, en 1995:

Según nuestro análisis, lo que ocurrió fue lo siguiente. Los halcones nunca apoyaron, ellos no entendían esta estrategia; no estaban de acuerdo. Ellos no estaban de acuerdo con nada que no fuera una invasión contra Cuba. Nosotros pensamos que los halcones se sintieron traicionados. Según nuestro análisis, existían dos estrategias que iban a ser aplicadas por los Estados Unidos. Una, la del gobierno. La otra, la de la CIA, los exiliados cubanos y la mafia, e incluso ellos tenían sus propios objetivos independientes con respecto a este tema. En este último grupo se creó la necesidad de asesinar a Kennedy. A ellos les parecía que Kennedy no estaba de acuerdo con una nueva invasión. Esa es nuestra hipótesis.[118]

A pesar de que el presidente Johnson se mostró reacio a continuar la diplomacia secreta de aproximación a Cuba, Fidel sí permaneció dispuesto a proseguir el diálogo. El 12 de febrero de 1964 el líder de la Revolución Cubana le trasladó a la periodista Lisa Howard un mensaje verbal para el nuevo presidente de los Estados Unidos que, entre otras cosas, señalaba:

Dígale al Presidente (y no puedo subrayar esto con demasiada fuerza) que espero seriamente que Cuba y los Estados Unidos puedan sentarse en su momento en una atmósfera de buena voluntad y de mutuo respeto a negociar nuestras diferencias. Creo que no existen áreas polémicas entre nosotros que no puedan discutirse y solucionarse en un ambiente de comprensión mutua. Pero primero, por supuesto, es necesario analizar nuestras diferencias. Ahora, considero que esta hostilidad entre Cuba y los Estados Unidos es tanto innatural como innecesaria y puede ser eliminada.

Dígale al Presidente que no debe interpretar mi actitud conciliadora, mi deseo de conversar como una señal de debilidad. Una interpretación así sería un grave error de cálculo.[119]

Durante el resto del año 1964, Fidel Castro siguió enviando señales indirectas al presidente Johnson que expresaban su voluntad de conversar para resolver los problemas que impedían una relación normal entre Washington y La Habana. Al mismo tiempo, la periodista estadounidense Lisa Howard permaneció como un enlace no oficial para hacer llegar los mensajes de Fidel. En junio de 1964, Howard se dirigió a las Naciones Unidas, para comunicarse directamente con el embajador estadounidense ante la ONU, Adlai Stevenson, y establecer lo que Chase catalogó como “una conexión Castro/Lisa Howard/Stevenson/Presidente”.[120] En una entrevista concedida al New York Times en julio de 1964, el líder de la Revolución Cubana propuso negociaciones amplias de los temas que estaban dividiendo a Cuba y los Estados Unidos, señalando que la normalización de las relaciones permitiría inclusive discutir la forma de indemnizar a las compañías estadounidense por los bienes nacionalizados en los primeros años de la Revolución.[121]

Posteriormente, durante una visita que realizó a las Naciones Unidas en diciembre de ese propio año, el Che Guevara ofreció nuevamente a los Estados Unidos un modus vivendi, esta vez por intermedio del senador Eugene McCarthy, quien había sido invitado por Lisa Howard a su casa para que se reuniera con el ministro de Industrias cubano. Pese a la voluntad cubana de llegar a un acomodo con los Estados Unidos, la administración Johnson prefirió obviar las señales de distensión que se recibían de Cuba y continuar su política agresiva hacia la Isla centrada en el aislamiento diplomático, el bloqueo económico, las acciones clandestinas y los planes de la CIA encaminados a realizar atentados contra la vida de los dirigentes de la Revolución.[122] La verdad es que, entre otras razones, a Johnson le preocupaba grandemente ser percibido como conciliatorio con Cuba en vísperas de las elecciones presidenciales de 1964. De esta manera, los contactos Estados Unidos-Cuba, iniciados durante la administración Kennedy habían llegado a su fin.

Ante la constante campaña de los medios occidentales que tildaban a Cuba de prohibir la libertad de viaje de los cubanos hacia los Estados Unidos ¾cuando en realidad eran los Estados Unidos los que habían establecido la prohibición de una emigración regular y ordenada hacia su territorio durante la Crisis de Octubre¾ y el aliento constante a la emigración ilegal, Fidel anunció en un discurso pronunciado el 28 de septiembre de 1965, que se habilitaría el puerto de Camarioca en la provincia de Matanzas, para que los cubanos que desearan abandonar el país pudieran ser recogidos por sus familiares en embarcaciones provenientes desde el territorio norteamericano.

De esta manera, a pesar de la negativa de Johnson de buscar algún entendimiento con Cuba, tuvo que negociar con el gobierno de la Isla ante las dificultades que esta situación provocaba al Servicio de Guardacostas y los peligros que representaba para la seguridad de los Estados Unidos. En octubre de 1965, el gobierno de los Estados Unidos se dirigió al de Cuba, a través de la embajada de Suiza, con la propuesta de negociar un marco legal para la emigración hacia su país, a través del establecimiento de un puente aéreo. Las negociaciones tuvieron lugar entre el 1ro y el 6 de noviembre de 1965, al término de las cuales ambos países acordaron establecer un puente aéreo, a través de Varadero, para asegurar la salida legal de los que desearan emigrar. A través de este puente aéreo emigraron a los Estados Unidos más de 200 mil cubanos hasta abril de 1973, cuando la administración Nixon lo suspendió. El 2 de noviembre de 1966, el presidente Johnson firmó la Ley de Ajuste Cubano, que a partir de entonces garantizó el tratamiento preferencial a los emigrados cubanos, convirtiéndose con los años en un permanente y poderoso estímulo a la emigración ilegal de Cuba hacia los Estados Unidos. Esta ley funcionó superponiéndose al acuerdo migratorio.

Finalmente salta una pregunta recurrente en los estudiosos de este período: ¿se hubiera alcanzado algún tipo de entendimiento entre los Estados Unidos y Cuba de no haberse producido el asesinato de Kennedy? Eso es imposible saberlo en la actualidad y significaría adentrarnos en la historia contrafactual, pero sí podemos hacer una valoración sobre el momento en que ocurre el asesinato del presidente estadounidense y las perspectivas que se abrían en la política hacia Cuba. El investigador estadounidense Peter Kornbluh, quien ha estudiado profundamente esta etapa, nos ofreció en entrevista su juicio:

Kennedy iba a llegar al mismo punto que Kissinger y Carter. Fidel probablemente no iba a tener la confianza de cortar su relación con la Unión Soviética para obtener una ligera coexistencia con los Estados Unidos. Pero, al mismo tiempo, Kennedy y Khruschev, y yo creo Fidel también, tenían una lección de la Crisis de Octubre. Una lección de que el peligro de la hostilidad podía llevar a la hecatombe mundial. La Unión Soviética estaba apoyando la idea de un acercamiento entre Estados Unidos y Cuba. Los Estados Unidos estaban más abiertos a esto también. Kennedy había dicho que quería una flexibilidad, que no debía fijarse para conversar la precondición de echar a un lado a los soviéticos de Cuba. Él había tomado el asunto en sus propias manos. Fidel mismo estaba muy interesado y aun después de la muerte de Kennedy él estaba aún más interesado en seguir este proceso.[123]

Todo lo expresado por Kornbluh es cierto, pero también el hecho que algunos de los principales asesores de Kennedy, al tanto de la iniciativa, continuaban insistiendo en exigir a la Isla que rompiera sus vínculos con la URSS y abandonara el apoyo a los movimientos revolucionarios en América Latina, antes de poder sentarse a la mesa de negociaciones. Desde esta posición de fuerza, era prácticamente imposible que pudiera llegarse a un modus vivendi con Cuba. La dirección cubana había reiterado que la soberanía de Cuba, tanto en el plano externo como en el interno, no podía ser objeto de negociación. Por otro lado, los planes de la CIA de asesinar a Fidel seguían su curso; al igual que las acciones de sabotaje contra la Isla, el bloqueo económico y el aislamiento diplomático. Al mismo tiempo, algunos de los documentos desclasificados de la administración Kennedy reflejan con toda claridad que la estrategia del acercamiento discreto a Cuba planteaba explorar si la dirección cubana aceptaría negociar en los términos que satisfacían los intereses de Washington y, paralelamente, ir desarrollando el más amplio espectro de políticas agresivas que la obligaran a hacerlo. ¿Se podía tener algún tipo de esperanza de un entendimiento entre los Estados Unidos y Cuba bajo este enfoque de política?

Como hemos visto, algunos autores consideran que el asesinato de Kennedy tuvo que ver con una conspiración de la CIA y la mafia anticubana  que, entre otras cosas, no le perdonaban a Kennedy haber prohibido que tropas estadounidenses invadieran la Isla; la reducción del control de la CIA sobre las acciones anticubanas; el compromiso con la URSS de no invadir la Isla luego de zanjada la Crisis de Octubre de 1962; y que, por si fuera poco, estuviera practicando una diplomacia secreta de acercamiento con los cubanos. De ser cierta esta hipótesis: ¿hubieran permitido la CIA y la mafia anticubana que Kennedy diera pasos más serios para llegar a una normalización de las relaciones con la Isla? ¿Se hubieran quedado de manos cruzadas?

Tampoco se puede desconocer que la relación de Cuba con la Unión Soviética y su apoyo a los movimientos revolucionarios en América Latina eran en ese momento los elementos de mayor preocupación en Washington, pero que en ellos no estribaba, como muchos han pensado y divulgado durante años, la esencia del conflicto. La voluntad soberana de Cuba y las ansias hegemónicas de los Estados Unidos continuaba siendo la esencia del conflicto bilateral. Los objetivos inmediatos de Estados Unidos con Cuba se concentraban en quebrar su voluntad soberana en materia de política exterior, pero ello no significaba una abdicación a lograr lo mismo en política interna. Al mismo tiempo, Cuba no  iba a ceder ante las presiones de los Estados Unidos en ningún aspecto que tuviera que ver con su derecho a la libre autodeterminación, aunque se le ofreciera a cambio una “normalización” de las relaciones. Este es otro argumento de importancia a la hora de sustentar un criterio menos optimista en relación con la posibilidad de un entendimiento entre los Estados Unidos y Cuba durante la Administración Kennedy.

El énfasis que la Administración Kennedy puso en la política exterior de Cuba no fue más que la expresión coyuntural y la dimensión superficial de los motivos de fondo del conflicto. La historia demostró más tarde, que cuando desaparecieron estos argumentos que presentaban a Cuba como una amenaza a la “seguridad nacional” de los Estados Unidos, especialmente luego de derrumbarse el campo socialista y en momentos en que la Isla no tenía ni un soldado en el exterior, el conflicto se mantuvo vivo y el gobierno estadounidense no hizo ni el menor intento por llegar a un entendimiento con la Isla. Por el contrario, se agudizó la agresividad hacia Cuba, revelándose nuevamente la verdadera esencia de corte bilateral del conflicto -aunque atravesada por lo multilateral en numerosos períodos históricos- y concentrando entonces el foco de su política en la realidad interna de la Isla. Ello constituye muestra fehaciente de que el objetivo de la política de los Estados Unidos hacia la Cuba revolucionaria siempre ha sido el mismo: “el cambio de régimen”, el derrocamiento de un sistema que en sus propias narices ha practicado y aún hoy practica una política interna y externa absolutamente soberana.

Citas


[1] Eso fue después de haber dado hospitalidad y asilo político a los criminales de guerra y ladrones de la dictadura de Batista que huyeron de Cuba al triunfar la Revolución.

[2]Véase Carlos Alzugaray, “La búsqueda de la verdad en el debate histórico: Acerca de una polémica sobre las relaciones Cuba-Estados Unidos al principio de la Revolución”, en: La Jiribilla, no 411, La Habana, pp. 24-25.

[3] Dwight D. Eisenhower, Los años en la Casa Blanca. Haciendo la Paz, 1956-1961, Doubleday and Co., New York, 1966, p. 404.

[4]Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado: Girón. 40 años después. Conferencia de académicos y actores históricos cubanos y norteamericanos. La Habana, 22-24 de marzo de 2001. Materiales de Información. Carpeta #2, marzo del 2001, pp. 49-50.

[5]Reflexiones de Fidel Castro, La tiranía mundial. Los fundamentos de la máquina de matar, La Habana, 8 de julio de 2007.

[6] Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado: Girón. 40 años después. Conferencia de académicos y actores históricos cubanos y norteamericanos. La Habana, 22-24 de marzo del 2001. Materiales de Información. Carpeta #2, p.52.

[7] Por conflicto se entiende algo más que una simple competencia, pues cuando existe un conflicto por lo general alguna de las partes o ambas, intentan reforzar su propia posición reduciendo la de la otra y coartarla para que no logre sus propios fines. También ponerla fuera de combate o inclusive, destruirla. El conflicto puede ser violento o no violento, dominante o recesivo, controlable o incontrolable, soluble o insoluble bajo varios conjuntos de circunstancias. Bajo las condiciones de asimetría y desigualdad, que caracterizan las relaciones internacionales del presente, en las cuales muchos países pequeños y menos desarrollados dependen de unas cuantas naciones altamente desarrolladas y poderosas, un Estado será relativamente más vulnerable que otro. De esta manera, un conflicto o un problema para un país pequeño puede parecerse más a un juego de supervivencia, mientras que para un país grande, rico o poderoso el mismo problema puede ser insignificante a largo plazo. En consecuencia, cada país tendrá preferencias diferentes en cuanto a las acciones y los valores de los resultados asimétricos y las ganancias y las pérdidas de sus acciones variarán según la posición de cada país en relación con su adversario. En la investigación se hace referencia al conflicto que ha existido entre Cuba y los Estados Unidos desde finales del siglo xviii y cuya constante fundamental ha sido, respectivamente, soberanía versus hegemonía. Es más que un diferendo, pues en ese caso, se trataría solamente de diferencias sobre cuestiones fronterizas, comerciales, jurídicas, diplomáticas, entre otras. Además, el diferendo tiene lugar, principalmente, entre adversarios que presentan una situación de simetría ante una posible  negociación, que no es el caso entre Cuba y los Estados Unidos, pues siempre  habrá que tomar en consideración que Cuba no equilibra de ningún modo las fuerzas políticas, económicas y militares que los Estados Unidos poseen y podrían desplegar para forzar una negociación siempre a su favor.

[8] Cuba inauguró en el hemisferio occidental, una nueva era en las relaciones internacionales, a partir de que un pequeño país, subdesarrollado e históricamente bajo el área de influencia de la potencia imperialista más fuerte del mundo, pudiese tener una política propia e independiente tanto en el plano externo como en el interno.

[9]Noam Chomski, “La Administración Carter: mito y realidad”, Cuadernos Semestrales (CIDE), Estados Unidos, perspectiva latinoamericana, no. 2-3, México, p. 195.

[10]Carlos Alzugaray, Diplomacia imperial y revolución. Estados Unidos ante la Revolución Cubana 1959-1960: Del reconocimiento reticente a la ruptura ominosa, texto presentado al Premio Casa de las Américas, 2012, inédito, p.141.

[11]Para ampliar en este criterio véase Carlos Alzugaray, “La búsqueda de la verdad en el debate histórico: Acerca de una polémica sobre las relaciones Cuba-Estados Unidos al principio de la Revolución”, en: La Jiribilla, no. 411, La Habana, pp. 24-25, y del propio autor: Colimando al caimán: Cuba y Estados Unidos en 1959, en: 1959: Una rebelión contra las oligarquías y los dogmas revolucionarios, Instituto Cubano de Investigación  Cultural Juan Marinello-Ruth Casa Editorial, La Habana, 2009, pp. 302-342.

[12]Ya existía un precedente en la historia cubana durante el llamado Gobierno de los Cien Días ¾fueron en verdad 127¾, que solo por el hecho de  haber tratado de modificar los términos de las relaciones Estados Unidos-Cuba, desde posiciones antinjerencistas y nacionalistas, Washington se negó a reconocerlo, comprometiéndose en actividades conspirativas contra él mismo.

[13]Citado por Alicia Céspedes en, Referencias necesarias sobre Cuba-USA, 1959-1960. Un antiguo conflicto, Editorial José Martí, La Habana, 2010, p.212.

[14] En un memorando fechado el 11 de diciembre de 1959, el jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA J. C. King dice textualmente: “Analizar minuciosamente la posibilidad de eliminar a Fidel Castro (…) Muchas personas bien informadas consideran que la desaparición de Fidel aceleraría grandemente la caída del gobierno…”. Reflexiones de Fidel Castro, La tiranía mundial. Los fundamentos de la máquina de matar, La Habana, 8 de julio de 2007.

[15] Esteban Morales, “Algunos antecedentes históricos. El conflicto Cuba-Estados Unidos desde el umbral del siglo xxi”, en La Jiribilla, no 399, La Habana.

[16] Un documento desclasificado en los Estados Unidos, fechado el 26 de enero de 1960, donde se recoge la versión de una reunión entre el presidente Eisenhower, el secretario de Estado, Herter, el embajador estadounidense en La Habana, Philip Bonsal y otros funcionarios, señala: “El Presidente dijo que Castro empieza a parecer un loco. (…) Dijo que (…) deberíamos aplicar una cuarentena a Cuba. Si ellos (el pueblo cubano) tienen hambre, botarán a Castro. (…) Preguntó cómo Cuba podría vivir si no pudiera vender su azúcar”. Véase, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado: “Girón. 40 años después”, Conferencia de académicos y actores históricos cubanos y norteamericanos, La Habana, 22-24 de marzo de 2001. Materiales de Información, Carpeta #2, pp. 56-57.

 

[17]  Céspedes Carrillo: Ob. cit, p. 316.

[18]Citado por Carlos Lechuga en: Itinerario de una farsa, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1991, pp. 127-129.

[19]Arthur M.Schlesinger, Los mil días de Kennedy, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1970, pp. 183-184.

[20] Citado por Alicia Céspedes en: Ob. cit., pp. 340-341.

[21] El director de la CIA, Allen Dulles y su vicedirector Richard Bisell, convencieron a Kennedy, de que una vez que los invasores tocaran tierra y establecieran una cabeza de playa en Bahía de Cochinos, el pueblo cubano en su gran mayoría apoyaría la invasión y derribarían el poder revolucionario, pues no le agradaba el gobierno de Castro. Al mismo tiempo, en las reuniones donde se discutió el plan de invasión, Dulles y Bisell dieron garantías de que en caso de que el levantamiento detrás de las líneas no se produjera y de que la operación fracasara, los invasores tendrían el camino abierto hacia las montañas del Escambray, lo cual no era cierto. Kennedy, confiando en la amplísima experiencia de Dulles, aprobó finalmente el plan de invasión propuesto por la CIA, aunque en todo momento expresó su negativa a que las tropas estadounidenses participaran en la operación, insistiendo en que la mano de los Estados Unidos no debía verse por ningún lado.

[22] Arthur M.Schlesinger, ob. cit., p. 238.

[23] Ibídem, p. 239.

[24] Theodore C. Sorensen, Kennedy, t.1, Ediciones Grijalbo, S. A, Barcelona-México D. F., 1972, p. 462.

[25] La Alianza para el Progreso consistió en un programa liberal reformista con el objetivo de modernizar el capitalismo latinoamericano atacando las “condiciones objetivas” que podían ser “aprovechadas por el comunismo” para hacer revoluciones semejantes a las de Cuba. Fue una política inteligente aunque fracasada del presidente Kennedy con planes para transformar en América Latina la agricultura, la educación, el fisco y la salud, al tiempo que se ofrecía una ayuda de veinte mil millones de dólares.

[26] Foreing Relations of the United States, Memorandum from the President´s Assistant Special Counsel (Goodwin) to President Kennedy, august 22, 1961.

[27]De Richard Goodwin al presidente Kennedy, 22 de agosto de 1961. Tomado de National Security Archive:http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB269/doc01.pdf (Traducción del ESTI).

[28] Ibídem.

[29] Ibídem.

[30] Telegram from the Secretary of State for External Relations (Arinos) for the Cabinet in Brasilia, 19 August 1961, describing conversation between Che Guevara and Richard Goodwin, Montevideo, August 18th, 1961 in: Conferencia Internacional “La Crisis de Ocubre: una visión política 40 años después”, Conference Briefing Book: Primary Source Documents, Photographs and Chronologies. Volume One. Palacio de las Convenciones, La Habana, Cuba- 11-13 de octubre de 2002.

[31]Video de la Conferencia Internacional sobre la Crisis de Octubre, celebrada en La Habana en 2002, en el 40 aniversario, Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU).

[32] Memorándum del Consejero Asistente Especial (Goodwin) al presidente Kennedy, 1ro de septiembre de 1961. Citado por Asdrúbal Pereira Cabrera en: 1961/ Ernesto Che Guevara en Uruguay. Para dar vuelta el mate. Documentos auténticos, t.II, Editora Política, La Habana, 2012, p. 153,

[33] Memorándum del Consejero Asistente Especial (Goodwin) al presidente Kennedy, 22 de agosto de 1961. Citado por Asdrúbal Pereira Cabrera en: Ob. cit, t. II, p.150.

[34]Video de la Conferencia Internacional sobre la Crisis de Octubre, celebrada en La Habana en el 2002, en el 40 aniversario. Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU)

[35] Citado por Asdrúbal Pereira Cabrera en: Ob. cit, p. 168.

[36] Evidentemente los órganos de inteligencia de los Estados Unidos habían estado dando seguimiento a lo que en Cuba se denominó “sectarismo”, consistente sobre todo en favorecer para cargos de dirección a compañeros que habían sido militantes del Partido Socialista Popular (PSP), aduciéndose las ventajas de su experiencia política. Ello en detrimento de otras organizaciones como el Movimiento 26 de julio y el Directorio Revolucionario 13 de marzo. El 26 de julio de 1962, Fidel, en una comparecencia ante las cámaras de televisión y la radio explicó detalladamente en que consistieron los métodos sectarios utilizados por las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) y los graves errores cometidos. Al mismo tiempo el líder de la Revolución anunció que Aníbal Escalante, quien realizaba las labores de organización de las ORI, quedaba separado de sus funciones por haberse convertido en el centro de esa política incorrecta y dañina.

[37] Memorandum from the Deputy Assistant Secretary of State for Inter-American Affairs (Goodwin) to the Assistant Secretary of State for Inter-American Affairs (Martin) Washington, May 24, 1962. Foreing Relations of the United States //Source: Department of State, ARA/CCA Files: Lot 66 D 501, Cuban Project-1962. Top Secret.

[38] Ibídem.

[39] Ibídem.

[40]Posteriormente, 3 de febrero de 1962 Kennedy aprobó  una de las medidas más agresivas contra Cuba y que ha sobrevivido hasta nuestros días, el “embargo” total al comercio con la Isla (excepto alimentos y medicinas) el cual, a partir del 23 de marzo, se extendió también a todas las mercancías de origen cubano, o fabricadas con componentes cubanos. El 14 de marzo de 1964, bajo la presidencia de Johnson el Departamento del Tesoro ampliaría el alcance del bloqueo, al prohibir las ventas de alimentos y medicinas a Cuba.

[41] El 18 de enero de 1962, Lansdale presentó al Grupo Especial Ampliado un proyecto contentivo de 32 tareas desglosadas en las áreas de inteligencia (4 tareas), políticas (9), económicas (13), psicológicas (4) y acciones militares (5).

[42]Citado por Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, en: Girón 40 Años después. Conferencia de académicos y actores históricos cubanos y norteamericanos, La Habana, 22-24 de marzo de 2001. Materiales de Información, Carpeta #2, marzo del 2001, p. 83.

[43] Asdrúbal Pereira Cabrera en: Ob. cit, p. 169.

[44] La comúnmente llamada Crisis de los Misiles en los Estados Unidos no fue, como algunos autores han pretendido hacer ver, un momento en que a partir  solamente de la presencia de los cohetes nucleares en Cuba, se puso el mundo al borde de la tercera guerra mundial, sino más que  eso, fue  el momento en que los Estados Unidos tuvieron que enfrentarse con las consecuencias acumuladas de todos sus actos de agresión contra Cuba. La Crisis de Octubre o llamada Crisis de los Misiles, tampoco duró trece días. Esta se prolongó desde entre el 14-16 de octubre, en que oficialmente y de manera verificada Kennedy tiene conocimiento de la existencia de los cohetes nucleares en Cuba, hasta aproximadamente el 30 de noviembre, en que habiéndose producido la entrevista entre Mikoyan y Kennedy, las posiciones respecto a los acuerdos finales de la crisis quedaron fijadas. En definitiva, concentrar la crisis en los trece días, es otro modo de decir que fue la presencia de los misiles en Cuba lo que determinó la crisis. La crisis también tuvo varios comienzos. Para Cuba comenzó desde que Eisenhower inició su campaña de hostilidad contra la Isla. Para la administración de los Estados Unidos, desde que esta  tuvo conocimiento verificado de la existencia de los cohetes en Cuba. Mientras que para el mundo y el pueblo de los Estados Unidos, y de la URSS, esta crisis comenzó cuando el 22 de octubre el presidente Kennedy hizo su alocución a la nación, planteando las primeras medidas de respuesta. Este acontecimiento es conocido también como Crisis del Caribe, nombre que le dieron los soviéticos. Fragmentos tomados del trabajo de Esteban Morales Domínguez, “¿Crisis de los Misiles o Crisis de Octubre?”, Contracorriente, no 6, La Habana, 1996.

[45] A pesar de la promesa de no invasión a Cuba, los Estados Unidos continuarían invadiendo a la Isla a pequeña escala. Toda la estructura de guerra subversiva contra Cuba se mantendría. De hecho, el año 1963 fue uno de los más connotados en cuanto a agresiones violentas contra la Isla y de mayor accionar de la contrarrevolución interna. Al respecto, el investigador cubano José Luis Méndez, ha escrito que en 1963 fueron contabilizadas 137 acciones contrarrevolucionarias contra las costas y embarcaciones cubanas, la cifra más elevada de todo el período revolucionario. Véase: José Luis Méndez, Terrorismo de origen cubano 1959-1996, Tesis doctoral en Ciencias Jurídicas, La Habana, 1997.

[46]Los cinco puntos planteados por Fidel fueron: cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presiones comerciales y económicas que ejercen los Estados Unidos en todas las partes del mundo contra Cuba, cese de todas las actividades subversivas, lanzamientos y desembarcos de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones mercenarias, infiltración de espías y sabotajes, acciones todas que se llevan a cabo desde el territorio de los Estados Unidos y de algunos países cómplices, cese de los ataques piratas que se llevan a cabo desde bases existentes en los Estados Unidos y en Puerto Rico, cese de todas las violaciones del espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos y retirada de la base naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por los Estados Unidos.

[47]Para ampliar ver: Esteban Morales: “¿Crisis de los misiles o Crisis de Octubre?”, Contracorriente, no. 20, La Habana, 2004, pp. 20-24.

[48]Ibídem, pp. 20-22.

[49] Para ampliar sobre esta pasaje histórico tan interesante véase James G. Hershberg, The United Status, Brazil, and the Cuban Missile Crisis, 1962 (Part 1, Part 2), Journal of Cold War Studies, 2004.

[50]Video de la Conferencia Internacional sobre la Crisis de Octubre, celebrada en La Habana en 2002, en el 40 aniversario del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU).

[51]Department of State Draft Cable 13136 to White House, 26 October 1962, Top Secret. Nacional Security Archive:http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB395/ (Internet) (Traducido por los autores).

[52] Video de la Conferencia Internacional sobre la Crisis de Octubre, celebrada en La Habana en 2002, en el 40 aniversario del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU).

[53] Ibídem.

[54] Tomás Diez Acosta, Los últimos 12 meses de J. F. Kennedy y la Revolución Cubana, Editora Política, La Habana, 2011, p.18.

[55] Ese fue el caso de la operación de la CIA concebida para la falsificación de la moneda cubana con la finalidad de desestabilizar las finanzas en Cuba, proyecto que era ajeno al Presidente y al Consejo de Seguridad Nacional. Al ser conocido por el Presidente, este lo canceló inmediatamente.

[56]Arthur M.Schlesinger, Los mil días de Kennedy, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1970, p. 728.

[57] Citado por Ibídem, pp. 734-735.

[58]Donovan coordinó entre agosto y finales de diciembre 1962 ¾las conversaciones concluyeron el 21 de diciembre¾ la liberación de los prisioneros de Bahía de Cochinos a cambio de un pago del gobierno de los Estados Unidos de 62 millones de dólares en alimentos y medicinas para niños en seis meses. A principios de 1963 continuó sus viajes a La Habana para lograr la liberación de una veintena de ciudadanos estadounidenses, incluidos 3 operativos de la CIA, encarcelados en Cuba.

[59] Pero la realidad fue que no menos de 14 organismos federales de los Estados Unidos, incluida la CIA, estuvieron involucrados en el desembolso de los fondos que se emplearon para la adquisición de los productos que se debían entregar a Cuba, a cambio de la liberación de los prisioneros de Bahía de Cochinos.

[60] Oscar Pino Santos, Complot, Editorial Nuestro Tiempo, S.A., México, p. 23.

[61] Peter Kornbluh and William M. Leogrande, “Talking with Castro”, in: Cigar Aficionado, February, 2009.

 

[62]Tomás Diez Acosta, Ob. cit., p. 175.

[63] Ibídem, p.184.

[64] Ibídem.

[65] Memorándum de Gordon Chase a Bundy, 11 de abril de 1963, documentos desclasificados, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/ (traducción del ESTI).

[66]Peter Kornbluh, “JFK and Castro: The Secret Quest for Accomodation”, in: Cigar Aficionado, September-October, 1999.

[67]  Tomás Diez Acosta, Ob. cit., p.85.

[68] Lisa Howard fue una de las primeras mujeres en tener su propio programa de televisión en los Estados Unidos. Antes de incursionar en el periodismo había sido actriz. En 1960 realizó la primera gran entrevista al premier soviético Nikita Khruschev, que fue vista en los Estados Unidos. Posteriormente fue contratada por la televisora ABC.

[69]Peter Kornbluh and William M. Leogrande, “Talking with Castro”, in: Cigar Aficionado, Febrary, 2009.

[70]Memorándum de Richard Helms para McCone, 1ro. de mayo de 1963, documentos desclasificados, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/ (traducción del ESTI).

[71] Memorándum del Teniente General de la CIA, Marshall S. Carter al Fiscal General, Robert Kennedy, 2 de mayo de 1963, documentos desclasificados, Robert Kennedy Papers,http://www.jfklibrary.org/About-Us/News-and-Press/Press-Releases/2012-10-11-RFK-Papers-Released.aspx, (Traducción del ESTI).

[72] Peter Kornbluh, Ob. cit.

[73] Foreign Relations of the United States 1961-1963,Vol. XI. “La crisis de los misiles y sus consecuencias”. Documento preparado por la Oficina de Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado. De acuerdo con un memorándum de remisión, el Secretario Adjunto Martin envió este documento a U. Alexis Johnson el 20 de junio.

[74] Foreign Relations of the United States 1961-1963,Vol. XI. “La crisis de los misiles y sus consecuencias”. Memorándum para registro, 21 de junio de 1963. Desmond Fitzgerald, Jefe del Servicio de Asuntos Especiales, CIA. Tema: reunión en la Oficina de Secretario de Estado. Asunto: Debate del Proyecto de política encubierta y Programa de acción integrada hacia Cuba. Presentes: El Secretario de Estado, subsecretario Harriman, subsecretario adjunto Johnson, director Hughes, Sr. McCone y Sr. Fitz Gerald.

[75]Foreign Relations of the United States 1961-1963, Vol. XI. “La crisis de los misiles y sus consecuencias”. Memorando para Registro. Washington, 24 de junio de 1963. Fuente: Agencia Central de Inteligencia. Documento secreto elaborado por McCone.

[76] Ibídem.

[77] Foreign Relations of the United States 1961-1963, Vol. XI. “La crisis de los misiles y sus consecuencias”. Acta resumida de la 10 ma Reunión del Grupo Permanente del Consejo de Seguridad Nacional, Washington, 16 de julio de 1963.

[78] Como señala el Dr. Tomás Diez Acosta en su libro Los últimos 12 meses de J. F. Kennedy y la Revolución Cubana, quizás la demora en iniciar pasos prácticos de acercamiento a Cuba estuvo vinculada al temor a las “filtraciones de información”, más bien a “una acción “gris” de inteligencia ejecutada por los elementos que dentro del gobierno de los Estados Unidos se oponían a cualquier intento de acercamiento a Cuba”. Pero la documentación estadounidense también refleja que la CIA se oponía rotundamente a un arreglo con Cuba y el Departamento de Estado mostraba menos entusiasmo en la idea que el propio presidente Kennedy.

[79] Anterior a eso, Attwood había sido editor de la revista Look y entrevistado a Fidel Castro en 1959.

[80] Peter Kornbluh, Ob. cit.

[81] Citado por Piero Gleijeses, en: Misiones en conflicto. La Habana, Washington y África 1959-1976, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004, pp. 42-43.

[82] Memorándum sobre Cuba, William Atwood, 18 de septiembre de 1963,www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Traducción del ESTI).

[83]Declaraciones de William Atwood ante el Senado de los Estados Unidos. Comisión de Investigación sobre las operaciones gubernamentales relacionadas con actividades de Inteligencia. Washington DC. jueves 10 de julio de 1975, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Traducción del ESTI).

[84] Entrevista realizada a Carlos Lechuga el 3 de octubre de 2008.

[85] Memorándum de William Attwood a Gordon Chase, 8 de noviembre de 1963, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Traducción del ESTI).

[86] “Del Informe de nuestro representante en la ONU”, Ministro de Relaciones Exteriores, Raúl Roa, al Presidente de la República, Osvaldo Dorticós, La Habana, 25 y 26 de septiembre de 1963 (Archivo Central del Minrex).

[87]Declaraciones de William Atwood ante el Senado de los Estados Unidos. Comisión de Investigación sobre las operaciones gubernamentales relacionadas con actividades de Inteligencia. Washington DC.  Jueves 10 de julio de 1975, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Traducción del ESTI).

[88] Ibídem.

[89]Memorándum de William Attwood a Gordon Chase, 8 de noviembre de 1963, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Traducción del ESTI).

[90] Ibídem.

[91] Peter Kornbluh, Ob. cit.

[92]Foreign Relations of the United States 1961-1963,Vol. XI. “La crisis de los misiles y sus consecuencias”. Minutes of the Special Meeting of the Special Group, 5 November 1963. Present: Mr.Bundy, Mr. Johnson, Mr.Vance, and Mr. McCone.

[93]Declaraciones de William Atwood ante el Senado de los Estados Unidos. Comisión de Investigación sobre las operaciones gubernamentales relacionadas con actividades de Inteligencia. Washington DC.  jueves 10 de julio de 1975, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Traducción del ESTI).

[94]Memorándum para dejar constancia de McGeorge Bundy, 12 de noviembre de 1963, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/, (Traducción del ESTI).

[95] Citado por Peter Kornbluh, Ob .cit.

[96]Memorándum de William Attwood a Gordon Chase, 22 de noviembre de 1963, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/, (Traducción del ESTI).

[97]Memorándum de Gordon Chase a Bundy, 12 de noviembre de 1963, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/, (Traducción del ESTI).

[98] Ibídem.

[99] Ibídem.

[100] Tomás Diez Acosta, Ob. cit, p. 203.

[101] Jean Daniel, “Unoficial Envoy. An Historic Report from Two Capitals”, The New Republic, December, 14th, 1963, pp. 15-20.

[102] Ibídem.

[103] Citado por Tomás Diez Acosta en: Ob. cit, p. 207.

[104] Citado por Arthur M. Schlesinger, en: Ob.Cit, p.810.

 

[105] James G. Blight, Bruce J. Allyn, and David Lewis, Cuba On The Brink. Castro, The Missile Crisis, and The Soviet Collapse, Rowman & Littlefield Publishers, INC, New York, 2002, pp. 236-237.

[106] Citado por Tomás Diez Acosta, Ob. cit, p. 187.

[107] Carlos Lechuga, En el ojo de la tormenta, SI-Mar SA, Cuba y Ocean Press, Australia, 1995, p. 304.

[108] Ibídem, pp. 305-306.

[109]El 22 de enero de 1963, durante una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, Kennedy había declarado: “Probablemente llegará el momento en que tengamos que actuar nuevamente contra Cuba. Ese país puede que sea nuestra respuesta en alguna situación futura ¾en la misma forma en que los rusos han usado Berlín¾. Nosotros podemos decidir que Cuba pudiera ser una respuesta más satisfactoria que la respuesta nuclear. Debemos estar preparados aunque esto no ocurra. Debemos estar preparados para dar pasos contra Cuba si eso fuera por nuestro interés nacional. Los planes de Estados Unidos y el ejército, en la dirección de nuestro esfuerzo, deben estar adelantados en los meses venideros teniendo siempre a Cuba en la mente, para estar listos y maniobrar con toda la rapidez posible. Podemos utilizar a Cuba para limitar las acciones de los rusos, lo mismo que ellos han hecho con Berlín para limitar las nuestras”. Citado por Tomás Diez Acosta en: Ob. cit., p. 24.

[110] Citado por Piero Gleijeses en: Ob. cit, p. 44.

[111] Citado por Ibídem, pp. 44-45 (El agente cubano era Rolando Cubelas, el cual había sido reclutado por la CIA. Ese día, como parte de la operación AM/LASCH, el agente de la CIA que lo atendía le ofreció una pluma que contenía dentro una aguja hipodérmica con veneno, con la intención de que Cubelas la utilizara para asesinar a Fidel Castro).

[112] Acusado del asesinato de Kennedy.

[113] Memorándum de Gordon Chase a Bundy, 25 de noviembre de 1963, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Traducción del ESTI).

[114] Memorándum de Gordon Chase a Bundy, 25 de noviembre de 1963,www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Traducción del ESTI).

[115] Carlos Lechuga, En el ojo de la tormenta, ob. cit., p. 302.

[116] Memorándum Cuba-Informe de situación, CIA, 12 de diciembre de 1963, http://www.jfklibrary.org/, (Traducción del ESTI).

[117] Ibídem.

[118] Trascripción de las reuniones entre los funcionarios cubanos y los historiadores de JFK, cinta 2 de 8, Hotel Nassau Beach, 7-9 de diciembre de 1995,http://cuban-exile.com/doc_026-050/doc0027.html, (Traducción del ESTI).

[119] Del primer ministro Fidel Castro al presidente Lyndon B. Johnson, Mensaje verbal entregado a la señorita Lisa Howard de la ABC News, el 12 de febrero de 1964, en La Habana, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/ (Traducción del ESTI).

[120] Citado por Peter Kornbluh, ob. cit.

[121] Síntesis de entrevista concedida por Fidel Castro a Dick Eder del New York Times el 8 de julio de 1964 en Revolución, La Habana, 9 de julio de 1964.

[122] Los mayores esfuerzos por establecer una vía de comunicación entre Cuba y los Estados Unidos durante la Administración Johnson lo protagonizaron un pequeño grupo de industriales privados que consideraban errada la política estadounidense hacia la Isla, entre ellos se encontraban: Edgard Lamb y Cyrus Eaton. No obstante, debe destacarse que en el mes de julio del último año de mandato de Johnson, se produjo un intento por medio de la periodista Arlene Gould, quien trasladó a un funcionario cubano en Nueva York el interés de William Bowler, en aquellos momentos asesor de Johnson para América Latina, de entrar en contacto con un representante de Cuba. De no ser con Bowler, ofreció que el contacto podía ser con Covey T. Oliver, subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos, pero finalmente este intento no prosperó. Esta información se extrajo de Néstor García Iturbe, Diplomacia sin sombra, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p. 9.

[123] Entrevista realizada a Peter Kornbluh, 30 de noviembre de 2012.

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Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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