La epopeya de Villena

(Tomado del sitio digital  Soy Cuba)

 
El sitio web Soy Cuba, de conjunto con Elier Ramírez Cañedo, coordinador del espacio Dialogar, dialogar de la Asociación Hermanos Saíz, llevará a sus usuarios y usuarias por el mundo y la Isla cuanto debatan los jóvenes en el Pabellón Cuba sobre el futuro de la nación. Esta es nuestra segunda entrega, esperamos que les sea útil
soycuba@juventudrebelde.cu A +A

Foto: Archivo JR

El espacio Dialogar, dialogar, que conduce el joven historiador  cubano Elier Ramírez Cañedo, dedicó su cita de diciembre del 2014 a Rubén Martínez Villena. Estuvieron invitados el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, el historiador Rolando Rodríguez e Iroel Sánchez, editor del blog La Pupila Insomne y coordinador de la enciclopedia EcuRed.

[Consulte el dossier de Soy Cuba sobre Rubén Martínez Villena AQUÍ]

Intervención de Iroel Sánchez, ingeniero y periodista cubano. Fundador de Ecured. Trabaja en la Oficina para la Informatización de la Sociedad cubana. Fue Presidente del Instituto Cubano del Libro. En twitter @iroelsanchez

Iroel Sández durante la presentación del libro Sospechas y disidencias, una mirada cubana en la red. Foto: Roberto Ruiz/ Archivo JR

— Cuando Elier me propuso venir a este espacio, recordé una idea de Alejo Carpentier en un artículo que escribió en la revista Bohemia sobre Rubén, ya después del Triunfo de la Revolución, donde decía: «Es un caso de personaje heroico y es un caso de epopeya contemporánea». Por eso, le propuse el título La epopeya contemporánea de Rubén Martínez Villena. Pero no tanto pensando en su vida, que es épica indiscutiblemente, como en los desafíos del presente cubano.

Pocas veces en la historia de Cuba —quizás con Martí, en otra escala, por supuesto—   se han encontrado personajes portadores simultáneamente de la belleza, de la poesía, y de la épica, del heroísmo y de la entrega total al fuego de una causa.

Sin embargo, teniendo un tesoro como ese —que es sobre todo una de las ideas que quiero compartir aquí— nosotros no difundimos adecuadamente eso, despilfarramos ese tesoro y la labor para que las personas se den cuenta de él dista de ser la adecuada.

Hablábamos a partir del video que vimos de Silvio Rodríguez y de la creación de esos seis discos premiados y producidos por los Estudios Ojalá en la que excelentes músicos han traído al presente la poesía de Rubén. Y esta es una cosa con la que nos hemos topado tratando de hacer este programa de televisión, La Pupila Asombrada: muy poca de la música que queremos trasmitir  existe como audiovisual.

El mercado, al que al parecer hemos entregado la tarea de producir videoclips, la ignora. Silvio financió de su bolsillo los seis discos, que están ahí, son obras de arte, están ilustrados por Roberto Fabelo, y no tenemos ni un solo videoclip con esa música, ni una sola gira de esos magníficos músicos para promover esos discos.

Tenemos una obligación no solo con Rubén, sino con la música de calidad que en general no existe porque no tiene un audiovisual que la promueva. Hay un disco, por ejemplo, de homenaje a Noel Nicola que produjo Ojalá también. Cuando los Van Van hacen allí una canción de Noel que habla de Rubén, de Pablo, de Mella, de los años 30, de aquella República, que ahora nos quieren presentar como la panacea de todos  nuestros problemas… La canción de Noel que hacen los Van Van se llama «Se fue a bolina». ¿Ustedes la han escuchado en la radio, la han visto en un videoclip?…

Creo que la batalla por la descolonización es una batalla obligada, y Roberto [Fernández Retamar] obviamente puede explicarlo mejor que yo. La batalla es cultural. No ayuda que nosotros hayamos levantando un muro entre la inteligencia y el entretenimiento, y tenemos otro entre lo político y lo lúdico, pero tenemos muchos creadores que han superado esa barrera, muchos, uno es Rubén, otro es Silvio, y eso nos damos el lujo de esconderlo.

Seamos coherentes. Hace falta que el discurso y la realidad en algún momento se encuentren, eso es lo verdaderamente revolucionario por un lado, y por el otro tener memoria. El año pasado se cumplieron 90 años de la Protesta de los 13, que Rubén lideró ¿alguien se enteró?, ¿alguien dijo algo sobre eso?, ¿ustedes lo escucharon…?

Ahora se acabó de reparar el edificio donde ese hecho ocurrió, el de la Academia de Ciencias, lo vi en un reportaje hablando de los valores de los científicos, de la restauración del edificio pero en ningún momento se dijo que allí ocurrió la Protesta de los 13 que es el hecho, a mi juicio, que marca la reentrada de José Martí en la historia de este país después de las intervenciones norteamericanas, de todo el engaño, de toda la frustración de la República.

Si en un momento como este en que enfrentamos inmensos desafíos nos damos el lujo de olvidar no sé cómo vamos a enfrentar la nueva era que se nos está planteando y que tiene que ver mucho con nuestra identidad, cultura, valores.

Obama nos dijo que él se va a ocupar de promover los valores de los Estados Unidos en Cuba, no sé cuáles, si los de Lincoln o los de Bush, pero ¿cuáles son los que vamos  a promover nosotros? Yo creo que esa es la epopeya contemporánea que Rubén no nos perdonaría que no libráramos.

Y a Rubén, en ese sentido, yo creo que es bueno rescatarlo desde la literatura porque por un lado se ha estado tratando de presentar en ocasiones con un enfoque político estrecho, a veces desde nuestra propia enseñanza de la historia y no de la manera en que se puede conquistar a los jóvenes. Gente tan poco dada a los elogios como Virgilio Piñera habla de su cuento En automóvil como una obra maestra; [Jesús David] Curbelo, que es nuestro contemporáneo, dice que es una persona dotada como pocos para la poesía; Roberto le dedicó su primer libro de poesía Elegía como un himno, cuatro poemas que antier me enteré de que habían sido impresos en la casa de Tomás Gutiérrez Alea y pensé: «Rubén es como una mística que une».

Quería contar un poco también del porqué de entrevistar primero a Silvio en este proyecto que tenemos ahora en la televisión, lo que por transitividad debo a Roberto, a esa especie de encargo intelectual desde la altura de Roberto cuando le propuso a Silvio musicalizar la poesía de Martí, algo que como él ha contado ya, hicieron Pablo Milanés, Sara González y luego Amaury Pérez. Silvio, impresionado -«acoquinado» dice él-  por el gran trabajo de sus compañeros de generación con la poesía de Martí le contrapropone musicalizar a Rubén.

Cuando yo estaba en el preuniversitario, había un programa en la televisión los domingos al mediodía que se llamaba Buenas tardes y, aunque ya no existía el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, Silvio fue a cantar allí con el grupo de Pablo y cantó la Tonada para dos poemas, con La pupila insomne y El anhelo inútil.

Pero allí nunca dijeron, o yo por lo menos no lo recuerdo, que esos eran poemas de Villena y entonces llegué a la escuela el lunes y a la muchacha que estaba sentada al lado mío, que era bastante seria y estudiosa, y me la habían puesto al lado porque yo era muy  inquieto, le digo «Lupe, ¿viste que linda la canción de Silvio de ayer?» y ella me dice: «Eso no es de Silvio, eso es de Rubén Martínez Villena». Y yo le discutí, que no que era de Silvio. Esa muchacha al otro día, en una hoja de libreta —eso no se me olvida— me trajo los dos poemas escritos a lápiz y me puso debajo: «Rubén Martínez Villena, 1923».

Mi papá tenía en su librero la Órbita de Rubén Martinez Villena, preparada por Roberto para Ediciones Unión a principios de los años 60´…. Y ahí yo fui y cogí el libro y me leí el prólogo de Roa, que es fascinante, como un ensayo biográfico. Después me leí todos los poemas y me estremeció de tal forma que mi hijo mayor se llama Rubén, cuando me hice un blog le puse La pupila insomne, y creo que me ha marcado en el modo de relacionarme con la cultura y las ideas. Y es verdad eso que dice Silvio tan apasionada y certeramente de que uno siendo joven no puede entrar en contacto con la obra de Rubén sin tener como una revelación.

Yo lo que plantearía hoy desde esa idea de epopeya contemporánea es que hagamos porque esa revelación llegue a nuestros jóvenes porque hoy la necesitan más que nunca. Primero porque desde Rubén se puede plantear esa discusión que yo sé que estuvo en el Congreso de la Asociación Hermanos Saíz: tenemos que hacer que el verbo y los hechos se encuentren. Uno de los peligros más grandes que plantea el futuro y creo que uno de los problemas que llevó al fracaso el socialismo soviético -hablando gráfica y matemáticamente- fue que  la curva de las palabras y la curva de los hechos se alejaban cada vez más. Nosotros tenemos que levantar con una especie de gato hidráulico la curva de los hechos  para que se acerque a la de las palabras.

Esa es una tarea que tienen los jóvenes de este país interesados en mantener las dos cosas  que Rubén enarboló y hemos enarbolado siempre los cubanos que es la independencia nacional y la justicia social.

Rubén decía que la belleza, sin pan y sin justicia, era un remordimiento de conciencia, se lo dijo en una carta a su amigo Raúl Roa. Y hasta sus más enconados  adversarios tuvieron que reconocerlo en su grandeza, como lo hizo en una carta Jorge Mañach, cuando ya fallecido Rubén sale el libro La pupila insomne, en el que dice, tratando de rectificar en aquella polémica memorable con Rubén, diciendo que él siempre tuvo un respeto y simpatía que aquel incidente mismo dejó «inmermados» y se refiere a «la honra de un espíritu ejemplar».

A mi juicio, estamos viviendo en una especie de regresión, en una especie de moda en la que todas las cosas se relativizan y vidas como las de Rubén se maldicen de la peor manera que es la del silencio y la del levantamiento de falsos ídolos con el barro del dinero.

Pero él permanecerá porque es un espíritu ejemplar, lo sabe  tanta gente lúcida y trascendente como Silvio, como Rolando, como Roberto, pero también esos jóvenes músicos que han traído su poesía a las sonoridades de hoy, conquistados por aquella misma revelación que un mediodía sacudió mi adolescencia.

Intervención de Rolando Rodríguez. Historiador cubano. Graduado en Derecho, hizo estudios de Filosofía y fue profesor fundador del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. Recibió el Premio Nacional de Ciencias Sociales 2007 y el Premio Nacional de Historia 2008. 

Rolando Rodríguez García, a quien estuvo dedicada al 23 Feria Internacional del Libro. Foto: Roberto Manuel Morejón Guerra / Archivo JR

— Pensaba hablar de muchas cosas de la biografía de Rubén Martínez Villena, pero me parece que debo comenzar con una anécdota. Raúl Roa y yo fuimos extraordinarios amigos — lo he querido como si fuera un padre— y muchas veces le pregunté por Rubén pero al hacerlo sucedían cosas como estas:

Pacheco, que era el director de la Editorial Letras Cubanas, iba a editar las obras de Martínez Villena y quién mejor para hacerle el prólogo que su gran amigo Raúl Roa. Lo llamé y le hice la propuesta.

Ya yo le había pedido años atrás que le hiciera el prólogo a la obra de su abuelo, Ramón Roa, que salió después como Pluma y Machete así que Raúl empezó a escribir y cuando vino a ver lo que tenía eran 400 o 500 cuartillas. Entonces yo le dije «Esto no es un prólogo», y hubo que sacarlo como un libro aparte Venturas,  aventuras y desventuras de un mambí.

Una de las razones que me habían movido a pedirle el prólogo fue que el abuelo era el autor de A pié y descalzo, su juicio sobre la Guerra de los Diez Años, criticado por Martí pues contaba muchas desgracias por la que aquel conflicto había pasado y como Martí preparaba la Guerra del 95 no convenía. Pero yo sabía que Roa no se iba a meter con Martí, pero tampoco con su abuelo. Por eso le había pedido el prólogo.

 Cuando Pacheco me hablo del libro de Martínez Villena, pensé en Roa. Entonces vuelvo a pedirle a Raúl un prólogo. Pasan los días. Me llamó Pacheco y me dijo: «Rolando, el libro ya va para la imprenta nos hace falta el prólogo». No te preocupes le dije, le ponemos números romanos y seguimos haciendo lo otro. Llamé al Ministerio de Relaciones Exteriores, y le pedí el prólogo a Roa. Me pidió que fuera para allá.  Ya en el despacho, Raúl me empieza a leer y cuando miro tenía unas 40 y pico de cuartillas. Entonces comprobé que no hablaba solo sobre Martínez Villena, sino sobre Mella.

Pasaron las semanas, vuelvo a llamarlo. Me convocó de nuevo al despacho en el MINREX. Entonces ya iba por ciento y pico de cuartillas. Le dije, pero Raúl tú estás haciendo la biografía de Villena o la de Mella también y me dijo: «Chico es que Mella es tan grande que se me va, se me va…ۚ».

Le tuve que decir a Pacheco que sacara las obras de Martínez Villena sin prólogo. Cuando pasaron seis meses Raúl me llamó y me dijo muy avergonzado: «Chico, lo siento mucho, pero el prólogo se me convirtió en un libro. Lo estoy terminando y lo único que me falta es el título».

Entonces le digo, mira, en primer lugar, vamos a sacarlo como otro libro y el título propongo que sea El fuego de la semilla en el surco. Por cierto yo estaba al mismo tiempo escribiendo el ensayo sobre la caída de Machado y lo llamé un domingo a la casa y me dijo Ada Kourí, la esposa, que él estaba en la Asamblea Nacional, escribiendo.

Lo llamo a la Asamblea y le cuento que acababa de escribir la caída de Machado. Me dijo «Yo paso mañana por el Consejo de Estado, te recojo y me vas a leer lo que escribiste sobre la caída de Machado».  Estuvimos desde la 1:00 PM de la tarde hasta las 8 de la noche en el comedor de casa, yo leyéndole lo que había escrito. Al terminar le dije: «Te he llamado para regalarte esto».

Ya yo sabía que estaba enfermo así que quería ahorrarle que tuviera que escribir el final de la obra. Le dije: «Utilízalo como tú quieras, es un regalo», y él me dijo: «De ninguna manera, lo que voy a decirle a la gente en mi libro es que se lea el tuyo». Así fue que salió El fuego de la semilla en el surco. Luego me dijo: «Mira, la próxima vez que quieras un prólogo me pides un libro y verás que me sale un prólogo».

 Ese era Raúl Roa, el mismo que me hizo anécdotas acerca de Rubén Martínez Villena, y que yo tengo para un buen rato. Ahora vayamos a Rubén. Por ejemplo y en primer lugar: la Protesta de los 13, no eran 13 sino 15. Dos: resulta que no fueron a la Academia de Ciencias. Estaban en el restaurante de Chinchurrieta. Por cierto Iroel dijo que habían restaurado la Academia de Ciencias, pero hace poco pasé por el restaurante y no lo han restaurado. Se está cayendo. Eso es un desastre.

Ahí era donde daban sus comidas los sabáticos, el Grupo Minorista, y ahí decidieron ir a la Academia a un recital en homenaje a Paulina Luisi, una pedagoga uruguaya a la cual homenajeaba la Asociación Feminista de Cuba. Allí iba a hablar el Secretario de Justicia, Erasmo Regüeiferos, que había firmado junto con Zayas la compra del convento de Santa Clara. Aquello había sido el gran chanchullo de la vida porque dijeron le habían pagado más de dos millones y medio a los curas por una cosa que no valía más de un millón. Pero la verdad era que el resto se lo habían repartido entre varios secretarios, senadores, Zayas, los hijos de Zayas, los tíos, los sobrinos y toda la parentela de Zayas, porque los Zayas eran una especie de mafia que había en la República.

Allí Rubén se levantó, y dijo que él no podía estar presente en un acto donde estaba un secretario que había firmado un negocio tan sucio como el llevado a cabo con el Convento de Santa Clara. De ahí salieron los 13 y fueron a El Mundo, y narraron lo sucedido. Después Martínez Villena escribió una carta a  Hortensia Lamar y le dijo que la protesta no era contra Paulina Luisi ni contra la Asociación sino contra lo que había hecho Zayas con el Convento de Santa Clara.

 Entonces el secretario de Justicia presentó una denuncia contra Rubén. El fiscal era Alfonso, sobrino de Zayas, y lo acusaron nada menos que de subversión, de infidencia o no sé qué  otra cosa de aquellas del colonialismo español, de provocar una rebelión, una cosa tremenda. Un poco más y hubieran querido darle garrote a Villena. Pero el caso no paró en nada y finalmente aquello se disolvió.

Yo quiero hacer otra anécdota importante. ¿Por qué fueron 15 en la Protesta de los 13?  Bueno porque Emilio Teuma, era masón, y se retiró antes de salir para la Academia porque Regüeiferos era el Gran Maestro de la Gran Logia de Cuba y por lo tanto no quiso asistir. El  otro era Ángel Lázaro, un poeta español, pero pensó que lo iban a expulsar de Cuba si participaba en una cuestión en la que estaba nada más y nada menos que el Secretario de Justicia. Eso es interesante porque eran 15 que se convirtieron en 13.

Tengo otra anécdota sobre Rubén que es encantadora. Yo siempre había tenido la imagen de un Mella volcánico y de un Rubén sarcástico, frío. El día que se inauguró el monolito blanco ese de la Universidad, yo estaba al lado de Juan Marinello, otro gran amigo de Rubén. Le digo a Juan, con quien tenía una relación como si fuéramos dos jóvenes: «A mí ese monolito no me gusta para guardar las cenizas de Mella, porque no refleja su personalidad. Es blanco, frío».

 Y me respondió Juan: «Tú estás equivocado. Mella era sarcástico, frío, acuérdate cuando lo llevaron a juicio donde el abogado defensor era Martínez Villena y él, cuando lo multaron, dijo “No pago con mi dinero a canallas” y Rubén hizo una defensa de tal intensidad y tan volcánica, que por poco ambos van a la cárcel».

O sea mi idea era completamente equivocada. Mella era el sarcástico, mientras que Villena era un ser explosivo capaz de insultar a cualquiera.  El caso fue que incluso cuando fue a defender a los comunistas fue tan violenta la defensa de Rubén —y eso me lo contó el propio Regino Pedroso— que por poco caen presos todos, incluyendo al abogado defensor porque Villena insultó al tribunal.

El personaje que tenemos delante era impresionante. Como abogado era un desastre porque insultar al tribunal es lo peor que puede hacer un abogado defensor, iba a ir preso también… ese es el Rubén Martínez que me han contado a lo largo de la historia.

Deseo aclarar, de modo sintético, que cuando la huelga de hambre de Mella, Rubén acompañado de un periodista que firmaba sus crónicas como el Capitán Nemo, fue a casa del Secretario de Justicia de Machado, Jesús Maria Barraqué, para pedir al menos le fijaran fianza a Mella y así salvar su preciosa vida. En eso llegó Machado. Rubén se le acercó y le pidió que liberara a Mella. Que Mella era un buen estudiante, un buen hijo. Machado dijo que Mella sería un buen hijo pero era un comunista, que le había «tirado» un manifiesto con tinta roja, en que lo menos que le decía era asesino.

Villena le dijo que él no sabía lo que era ser comunista. Ya Machado bufando le dijo: «¡Yo no sabré lo que es un comunista, ni un anarquista, ni un socialista, pero todo son malos patriotas y carajo lo mato, lo mato!». Los guardaespaldas y Barraqué se lo tuvieron que llevar a la fuerza, porque babeaba de furia. Rubén se retiró y cuando estaba en el bufete de Fernando Ortiz, con Pablo de la Torriente, narró la anécdota y dijo: «Machado es un salvaje, un animal, un bestia», y pronunció su famoso calificativo… «¡Es un asno con garras!».

Otra cuestión es que cuando Rubén regresó a Cuba en el vapor Plátano, desde Nueva York, bajó en Santiago de Cuba y vino en un vagón coche cama hasta La Habana, donde lo estaba esperando Isidro  Figueroa. Este fue su escolta. Lo llevó a un edificio en La Habana Vieja, porque ya se estaba empezando a correr que Rubén estaba en Cuba. Desde allí Rubén empezó  a manejar los hilos del Partido Comunista. Él no había querido ser el Secretario General del Partido porque consideraba —concepción de la época— que había que ser obrero para ser Secretario General del Partido. Cuando ya se acercaban los días de la huelga de agosto de 1933, lo llevaron a la casa de Enrique Serpa, y allí se reunió con sus padres, con Roa, su esposa Acela.

Él era el orientador del partido, eso sí, el cerebro trimotor de la organización. El caso es que cuando se desataron huelga tras huelga a partir de julio, porque la gente está desesperada con el gobierno del Machado y querían sacarlo como fuera el resultado fue que se desató la huelga general. Algunos del Partido hicieron contacto con el gobierno de Machado para, a cambio de concesiones, parar la huelga.

Como consecuencia hubo tres personajes, Vicente Álvarez, Roche, y otro más que no recuerdo, y  se entrevistaron con  Zubizarreta, el secretario de Gobernación de Machado, quien había tenido una frase genial: «Yo sé que estoy condenado a muerte, pero mientras tanto me llevaré por delante a todo el que pueda». Ese era el bestia que tenía Machado como secretario de Gobernación.

El resultado: se entrevistaron y, efectivamente, empezaron a decirles que le iban a hacer concesiones al Partido, etc… Entonces le informaron a Rubén, se reunió el Buró Político de Partido —porque Machado les envió un recado de que quería entrevistarse con ellos para ver si paraban la huelga, porque se estaba cayendo y lo sabía— y el Buró Político de Partido, no Rubén solo, acordaron que fuera una delegación a ver a Machado y fueron Vicente Álvarez, Castellanos y otro que Blas Castillo no recuerda quien era. Hablaron con Machado y este se comprometió a que les iba a conceder todo, porque él decía que los comunistas no eran políticos sino luchadores economicistas.

Del resultado le informan a Rubén. Hay una biografía por ahí, que trata de justificar la decisión de parar la huelga y dice que Rubén estaba muy enfermo, y por eso ya no pensaba bien, y por eso se acordó detener la huelga general. Pero Roa me dijo que no fue así. Fue el Buró Político el que acordó que se detuviera la huelga general porque habían recibido una nota del Buró del Caribe de la  Internacional Comunista en que decía «No cierren el negocio».

¿Qué interpretaron? Que no acabaran de tumbar a Machado, porque es preferible un Machado debilitado que no un nuevo dictador burgués fuerte, que empezaría de nuevo la pelea. El caso es que Cesar Vilar, Álvarez, y otro más fueron a una asamblea del transporte en un edificio en la Calle Dragones, creo que entonces número 40, entre Lealtad y Campanario, hoy No. 140, en donde he estado pues se conserva.

Estuve también en el salón donde se produjo la asamblea con los motoristas, con los trabajadores del tranvía y los ómnibus, y le plantearon parar la huelga pero los obreros dijeron que «nananina», que no iban a parar la huelga hasta que Machado no se fuera. Aquellos tres hombres fueron a ver a Rubén y le dijeron que habían dicho los obreros que no se pararía la huelga, y entonces Rubén dijo, «Pues que siga la huelga». La entrevista de Machado había sido precisamente el día 7 de agosto, el de la masacre frente al capitolio.

Y a tal punto fue de rápido todo esto que ni siquiera en el Interior se enteraron de las decisiones del Buró Político. Después en la propia Internacional del Caribe le pedirían a Rubén la cabeza, por el llamado «error de agosto» y le imputaron toda la vida a Rubén que había ordenado parar la huelga, pero en realidad fue el Buró Político el responsable de todo aquel desaguisado cuando se les ocurrió teniendo casi caído a Machado intentar detener la huelga.

Después el Partido estuvo contra la Pentarquía y el gobierno de Grau-Guiteras. Otro error. Porque el golpe del 4 de septiembre lo tengo como un golpe revolucionario, cívico-militar, y el Partido decidió que se iba a poner en contra del Gobierno de la Pentarquía y después del Gobierno de Grau. Eso sí fue otro error que se cometió.

Rubén por fin murió de tuberculosis el día 16 de enero de 1934, poco después del IV Congreso de la Unidad Sindical, al cual él, dirigió casi sin poder —desde su lecho de enfermo — celebrado en la Arena Cristal. Fue un extraordinario Congreso, pero estuvo en contra del Gobierno Grau-Guiteras.

Gracias.

Intervención de Roberto Fernández Retamar. Poeta, ensayista y promotor cultural cubano. Actualmente se desempeña como presidente de la Casa de las Américas, integra la Academia Cubana de la Lengua. Por su labor obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1989 entre muchas otras condecoraciones y premios a nivel nacional e internacional. Fue miembro del Consejo de Estado de Cuba.  

Roberto Fernández Retamar. Foto: Franklin Reyes/ Archivo JR

— Los compañeros Iroel y Rolando son de la generación de los jóvenes, y yo soy de la de los viejos, pero que fuimos jóvenes alguna vez. Quiero recordarles que cuando yo era joven, también eran jóvenes Fidel, el Che, Raúl, y para nosotros en esa época las grandes figuras eran Mella y Rubén Martinez Villena. Yo tuve la suerte de que uno de mis tíos fue compañero de estudios de primaria de Villena;  yo estudié en una escuela primaria privada y en una escuela pública en el Instituto de la Víbora y estuve  en un aula que se llamaba Pablo de la Torriente, esa era una situación muy singular.

Escribí este cuaderno que voy a leerles cuando tenía 20 años y  Rubén era recordado junto con Mella, Guiteras y Pablo, porque eran las grandes figuras que teníamos ante nosotros.

Quisiera recordar sobre el papel de Rubén en nuestra historia algunas cosas singulares. Iroel, al igual que Manolito Pérez, yo hubiera querido tener un hijo que se llamara Rubén. No pude porque no tuve hijos, tuve hijas, pero el más pequeño de mis nietos se nombra Rubén. El es una figura profundamente impactante en nuestra historia. Y quiero recordar, a propósito de Rubén dos citas muy singulares, de personalidades más jóvenes que él.

En el año 57 Cintio Vitier, el gran poeta, el gran conocedor de nuestras letras dio un curso memorable en el Liceo de La Habana, que se publicó al año siguiente en las ediciones que hacía la Universidad Central de Las Villas, y allí aparecía esta valoración. Dijo Cintio: «Hermoso y fúlgido joven, de arrebatado destino, a quien siempre recordamos con cariño y respeto». Eso fue hecho en medio del batistato lo que revela la estirpe ética y poética de Cintio Vitier.

Lo otro que quiero recordar es que cuando se cumplieron 20 años del asalto al Moncada, Fidel pronunció un memorable discurso en el que citó algunos versos del Mensaje Lírico Civil de Villena, esos versos decían: «Hace falta una carga para matar bribones, para acabar la obra de las revoluciones». Y después de citar esos versos dijo Fidel: «Rubén el 26 de Julio fue la carga que tú pedías». Yo creo que todas esas cosas que van desde lo extraordinario del discurso de Fidel, hasta el hecho de que tengamos hijos con su nombre garantizan la pervivencia de Rubén.

Rolando, como el gran historiador que es, nos ha mostrado varias facetas importantes de Rubén, y entre ellas que él no fue responsable del famoso error de agosto. El libro extraordinario de Roa que desgraciadamente quedó inconcluso, debió haber abordado al final este aspecto que era bastante conflictivo en aquel momento, pero no llego a escribirlo. O lo escribió y no lo publicó. Es una extraordinaria biografía de Rubén.

Yo había leído cuando era muy joven, La pupila insomne, con el maravilloso prólogo de Roa que ha evocado Iroel. Ese prólogo fue excelente, verdaderamente. Yo le pedí a Roa publicar de nuevo el prólogo cuando hicimos Órbita de Rubén Martínez Villena, en la UNEAC, que fue la primera la primera antología de textos de Rubén que se hacía y  tuvo el gran prólogo de Roa y un epílogo mío.

Yo leí ese libro y me impactó mucho el libro y el prólogo de Roa. En ese momento no tenía el libro y tuve que ir a leerlo a la Biblioteca Nacional, que no está donde está ahora, sino donde está el Castillo de la Fuerza, y recuerdo claramente haberme emocionado mucho.

Bueno, voy a leerles el cuaderno, que fue mi primer cuaderno. Iroel ha recordado que el otro día lo leí en la Casa del Alba y que se imprimió en la casa de Titón, que era entonces estudiante de Derecho y yo de Filosofía y Letras. Éramos muy amigos.

Se llama Elegía como himno, a Rubén Martínez Villena, y tiene una cita del evangelio, de San Mateo 10:34 «No he venido para traer paz, sino panes». Tiene 4 partes el cuaderno.

Elegía como un himno

A Rubén Martínez Villena
ejercicio de brava disciplina

La voz ayer cuidada y perseguida,
Ante la honda llamada de la sangre
Huye, afila sus flores como lanzas.
Crece su boca, llénase de encendido rumor,
De alzados puños enturbiando
Hasta los golpes la atendida vida.
Su lamento elegante
Se endurece, rompiéndose en piedras o martillos.
Su palabra es entonces la palabra
Sencilla, escueta, decidida,
De miles de hombres oprimidos
Del tabaquero, curvado sobre su dulce semilla de humo,
Relampagueando aún la voz de un ángel airado en su oído;
Del cortador de cañas, estallando columnas
Delgadas, como concretos monumentos de azúcar;
Del guajiro, borrándose en su turbio paisaje,
Frotado con furor sobre la roja tierra;
Del hombre, sencillamente, que alza los brazos y trabaja,
Erige, siembra y silenciosamente muere.
Una palabra anónima y robusta
Como la sangre, como el agua, como el cielo.
En su voz precipitan las manos, las galopantes
Manos desde la tierra, las heridas.
Del corazón que suspiraba espumas,
De las últimas telas del ala, salen áridas
Letras con el consuelo y con el látigo;
De las flacas cenizas de una lágrima en sílabas
Determinante asoma, audaz, la lengua,
La rugiente garganta con que ha de hablar el pueblo
(Vertiginosos dientes de la verdad, discursos,
Manifiestos, raíces de la hoguera).
Rubén para la madre que desangra de hijo;
Par el hombre negado, Rubén el compañero;
Rubén para el esclavo que sueña y se realiza.
Su relámpago llega, su juventud se curva
Sobre la llaga, dulce, sobre la garra, firme,
Inflexible, armadamente insomne.
Con una amada cruz que se coloca,
Con un terrible hombre que le recorre, cruza;
Con una fuerte estrella que sustenta.
Rubén cae, Rubén dice, Rubén terrenalmente
Ama el cielo, Rubén entrega el cuerpo
Como un guante sonoro, como una cosa ajena.
Muere desde las venas, empina el horizonte.
Una noche su pecho viene abajo.
Una noche más sombra, se deshace, y cojean
Las estrellas, y obreros verticales
Guardan su nombre duro al cinto, como un arma.

Roberto Fernández Retamar

(Transcripción: Yisell Rodríguez Milán/ Soy Cuba)

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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2 respuestas a La epopeya de Villena

  1. Pingback: Aquella misma revelación adolescente | La pupila insomne

  2. Reblogueó esto en El blog de La Polilla Cubanay comentado:
    Rubén, como un himno para los jóvenes de hoy… para los de ayer, para los de siempre…

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