Presentación del Cuaderno El Imperialismo norteamericano: pasado, presente y futuro.

Propuesta-1

Silvio Baró

Deseo comenzar agradeciendo a los compañeros Elier Ramírez y Esteban Morales la confianza depositada en mí para realizar la presentación del Cuaderno.

La publicación de este Cuaderno llega, en mi opinión, en un momento muy oportuno pues estamos en vísperas del centenario de la aparición de El Imperialismo; fase superior del capitalismo, obra al mismo tiempo tan admirada como vilipendiada por su supuesta obsolescencia.

Me ubico en la posición de aquellos que, reconociendo el tiempo transcurrido, las transformaciones operadas en el sistema capitalista y la capacidad demostrada por éste para superar situaciones críticas, no se puede demeritar la importancia teórico—metodológica de la obra y por dejarnos algunos atisbos de lo que vendría más tarde.

Lo primero que debe ser señalado acerca de la obra de V. I. Lenin, reside en que fue elaborada cuando el imperialismo –a pesar de la agudas contradicciones entre un grupo de potencias capitalistas que desembocarían en el estallido de la I Guerra Mundial– todavía estaba en los momentos iniciales de su desarrollo y, por tanto, no era esperable que sus rasgos distintivos hubiesen alcanzado un alto nivel de desarrollo.

De todas formas, los cinco rasgos y otras consideraciones incluídas en la obra poseen un alto nivel de vigencia como trataré de explicar un poco más adelante en esta presentación.

El Cuaderno se caracteriza por su transdisciplinariedad. Está compuesto por diez interesantes trabajos de destacados analistas que realizan análisis acerca de distintos aspectos de la temática. Uno del joven historiador cubano Elier Ramírez, otro del profesor italo—norteamericano Piero Gleijeses, tres del economista cubano Esteban Morales, uno elaborado conjuntamente por los economistas Oscar Ugarteche, de Perú, y Ariel Noyola de México, uno del politólogo argentino Atilio Borón, uno del sociólogo estadounidense James Petras, uno del profesor australiano Robert Henry y uno del economista italiano Luciano Vasapollo.

Quizás con la excepción de Robert Henry, el público cubano está familiarizado en mayor o menor medida con los trabajos de los restantes autores que han sido publicados en la forma de libros y artículos en revistas especializadas editados en nuestro país.
En este sentido, tenemos un material que también se distingue por los enfoques procedentes de distintas latitudes, lo que le aporta una riqueza adicional a su contenido.

Aunque, como se indica en el título del Cuaderno, el centro de la atención es el imperialismo norteamericano, el lector encontrará necesariamente referencias a las restantes potencias imperialistas debido a las íntimas relaciones de cooperación o confrontación que ellas mantienen en el proceso de su expansión internacional en la búsqueda de sus objetivos.

A través de los diez trabajos del Cuaderno es posible obtener una multifacética panorámica de la evolución histórica de Estados Unidos como potencia imperialista en la que hallaremos aspectos de su devenir histórico, de su funcionamiento económico, de los problemas sociodemográficos, de sus relaciones con el denominado Tercer Mundo –especialmente con América Latina y el Medio Oriente–, de sus aventuras militares, así como de su capacidad para cooptar a otros países en función de sus objetivos particulares, entre otros temas.

Como es esperable, diez trabajos no podían brindar una completa panorámica de todas las dimensiones que deben ser presentadas para un análisis exhaustivo del imperialismo estadounidense. De todas formas, el Cuaderno es un loable esfuerzo para integrar trabajos que brindan diferentes dimensiones en las que se aprecia la presencia del imperialismo norteamericano.

Independientemente de que el tema del imperialismo (norteamericano) es un tema recurrente en la literatura económica, política, militar, sociológica, etc., es posible señalar diversos momentos en que por razones específicas, se produjo un aumento de las investigaciones y publicaciones acerca del tema, por supuesto, desde distintas posiciones ideopolíticas. A continuación voy a arriesgarme a establecer una periodización tentativa.

El lógico primer momento fue el del tránsito del capitalismo premonopolista a monopolista en que las evidentes modificaciones que sufrían algunos países llevaron a varios autores a buscar sus causas y exponer sus puntos de vista acerca de la nueva etapa de desarrollo del sistema. Este es el momento de Hobson, Hilferding, Kaustky y, por supuesto, V. I. Lenin.

Otro momento se presentaría en el período posterior a la II Guerra Mundial en que, debido al dinamismo mostrado por las economías capitalistas como consecuencia de la convergencia del empleo de las políticas económicas keynesianas, la urgente necesidad de la recuperación de las economías destruidas por la conflagración y los adelantos científico—técnicos, el ciclo económico capitalista presentaría características sui generis –ciclos más leves y de corta duración— que llevaron a algunos ideólogos a hablar de que el sistema estaba superando las crisis económicas. Este es el momento de A. Berle, J. K. Galbraith, y otros, momento en que, en mi opinión, las posiciones de izquierda se vieron sorprendidas por estas transformaciones coyunturales y no supieron dar una adecuada respuesta, aunque existieron los trabajos de V. Perlo y otros desde posiciones de izquierda.

Un tercer momento se presentaría hacia finales de los años 60s y comienzos de los 70s, cuando se produjo un sensible viraje en el ciclo económico capitalista y volverían a aparecer con toda su fuerza los problemas del sistema capitalista: devaluaciones monetarias, crisis económica, estanflación. Ese fue el momento de una importante producción de autores de izquierda como H. Magdoff, P. Sweezy, P. Baran y otros.

A finales de los años 90s y comienzos del siglo XXI, cuando se presentaron notables problemas a la globalización capitalista neoliberal –como las crisis monetario—financieras de México, Sudeste de Asia, Brasil, Rusia, Argentina y otras, así como las quiebras de las empresas .com en Estados Unidos–encontramos otro momento —el cuarto– que estaría caracterizado por las obras de G. Soros, J. Stiglitz y otros.

Creo que el estallido y ulterior gravedad alcanzada por la actual crisis estamos ante un quinto momento en que la izquierda está comenzando a desarrollar nuevos análisis del imperialismo como consecuencia de las notables transformaciones que se han operado en el sistema, análisis mucho más profundos y multifacéticos en la medida en que la crisis se revela como un fenómeno global, multidimensional y sistémico.

Este nuevo momento en los estudios acerca del imperialismo se relaciona –como se indica en la Introducción de Elier y Esteban al Cuaderno–con una serie de importantes problemas que el imperialismo estadounidense en particular viene confrontando: los retos internos que amenazan a Estados Unidos, entre los cuales señalan el deterioro de su economía, las divisiones internas, la crisis del sistema democrático y el enfrentamiento de fuerzas políticas.

Además, la principal potencia imperialista debe enfrentar retos externos como los problemas con el traspatio, la crítica situación de sus aliados, el surgimiento de nuevos actores internacionales y el desarrollo de guerras que han resultado no exitosas.

El trabajo inicial del Cuaderno –el de Elier Ramírez— trata acerca de los momentos iniciales de la construcción de la nación norteamericana y de los rejuegos político—diplomáticos realizados por ésta para ir progresivamente alejando a Inglaterra y a España del continente americano y preparar las condiciones para un férreo control de este territorio, geográficamente cercano y rico en recursos naturales.

Sin embargo, en nuestra opinión, las dos ideas principales de este trabajo residen en el señalamiento de que, desde los momentos iniciales de su historia como nación, Estados Unidos se ha dedicado a desplegar maniobras para entorpecer las independencias de las naciones latinoamericanas y para obstaculizar su unidad.

Si bien estas dos maniobras desempeñaron un importante papel en la etapa inicial de consolidación de la nación norteamericana, ellas se siguen utilizando hoy por Estados Unidos y forman parte de su arsenal de política exterior. Ya no se trata de impedir las independencias (políticas) de las naciones latinoamericanas, sino de llevar adelante acciones encaminadas a obstaculizar los esfuerzos en pro de su independencia económica y de ahí los planes subversivos, de cambio de régimen, contra las naciones que tratan de emprender caminos progresistas. Así, tenemos las acciones desarrolladas contra Ecuador, Bolivia, pero sobre todo, Venezuela.

Igualmente no cejan en los pasos dirigidos a tratar de evitar la unidad de continental. Esto es visible en los intentos dirigidos a tratar de obstaculizar los avances del proyecto ALBA—TCP.

En el trabajo de Piero Gleijeses encontramos varias ideas interesantes, pero desearía llamar la atención acerca del tema que da título a su trabajo: el del excepcionalismo de Estados Unidos.

En opinión de Piero la idea del excepcionalismo estadounidense está relacionada con algunos éxitos económicos y militares del país que han posibilitado la elaboración de una cierta mística acerca de un Destino Especial de este país dentro del concierto mundial de naciones.

Al igual que sucede en el trabajo de Elier, en el de Piero se buscan las raíces que van conformando la creencia en un excepcionalismo de Estados Unidos en las etapas iniciales de la nación. No obstante, esta creencia no muere allí sino que se ha visto reforzada por numerosos acontecimientos y acciones de la principal potencia imperialista, concepción que se ha nutrido en muchas ocasiones de ciertas consideraciones religiosas que han desempeñado un determinado papel en la conformación de la ideología de la clase dominante norteamericana.

El primero de los trabajo de Esteban Morales nos brinda una panorámica de la evolución de la economía norteamericana en la etapa imperialista, analizando las altas y bajas mostradas por los principales indicadores económicos en dependencia del movimiento cíclico de la economía.

El aspecto central de este trabajo de Esteban es el de llamar la atención sobre cómo Estados Unidos ha ido modificando sus patrones de acumulación en la medida en que estos han llegado a su agotamiento y que se encuentra ahora en uno caracterizado por la economía del conocimiento y el sector electrónico—informático.

De todas formas y a pesar de la importante posición de la principal potencia imperialista en el campo del progreso científico—técnico, Esteban avanza que este nuevo paradigma no ha eliminado las contradicciones inherentes al sistema y –como trataré de explicar más adelante—ha generado una serie de muy graves problemas no solo para la economía estadounidense sino para toda la economía mundial

A continuación, Esteban nos ofrece un segundo trabajo dedicado al tema del Complejo Militar—Industrial norteamericano, cuestión a la que ha dedicado trabajos anteriores. En esta ocasión introduce la particularidad de profundizar en la naturaleza transnacional de la actividad.

Ugarteche y Noyola nos presentan en un breve trabajo la crítica situación que enfrentan las autoridades económicas estadounidenses debido a que, luego del estallido de la crisis monetario—financiera de 2008, éstas no parecen encontrar los instrumentos que posibiliten sacar a la economía del estado de postración en que se encuentra y se dedican a la puesta en práctica de una mezcla de medidas que hasta el momento no ha dado los resultados esperados.

Por su parte, Atilio y Petras nos brindan en sus respectivos trabajos un acercamiento a las estrategias desplegadas recientemente por Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe y hacia el Medio Oriente.

Me detengo aquí en el comentario de los trabajos que componen el Cuaderno, no porque los tres restantes sean de menor importancia sino porque no deseo, o aburrirlos, o caer en la posición del comentarista o crítico que cuenta las tramas de las películas o libros.

Deseo dedicar unos minutos a volver sobre V. I. Lenin y El Imperialismo, fase superior del capitalismo.

Aunque me tilden de ortodoxo, a pesar de su concisión y de las limitaciones para la realización de este trabajo, la obra de V. I. Lenin nos legó notables elementos para continuar profundizando en el funcionamiento del capitalismo y, a pesar del tiempo transcurrido y de las transformaciones observadas en el sistema, lo esencial está recogido allí.

Repasemos los cinco rasgos –mal llamados económicos— que él presenta en su obra. Digo mal llamados económicos porque, en mi opinión, ellos contienen una alta dosis de aspectos políticos que no es posible aislar.

La vigencia del primero de los rasgos es visible en el papel protagónico que tienen hoy las corporaciones y megacorporaciones transnacionales a nivel mundial: su importancia en las esferas de la producción, el comercio, las finanzas, la Investigación—Desarrollo y otras cuestiones.

Las referidas corporaciones son el motor impulsor de la expansión de las relaciones de producción capitalistas que ha posibilitado el tránsito del momento de la internacionalización, al de la transnacionalización y al actual de la globalización.

El segundo de los rasgos es observable hoy en la segmentación que se observa en la propia clase burguesa en que se viene destacando una cúpula extremadamente poderosa en lo económico y lo político que tiende a concentrar un porcentaje cada vez mayor de las riquezas que se crean a nivel mundial y ello es posible –como advirtiera V. I. Lenin— debido al entrelazamiento de intereses entre los capitalistas de diferentes sectores y de diferentes países.

Al concebir al mundo como su esfera de dominio y saqueo, las potencias imperialistas –en especial, Estados Unidos— consideran que cualquier acción contraria a sus intereses o que crean que es contraria a sus intereses es percibida como una amenaza a su seguridad nacional. Las fronteras de Estados Unidos y de cada una de las potencias imperialistas no se encuentran ya en las que encontramos en los libros de Geografía, sino que están en las dimensiones de todo el planeta.

Es por ello que, desde hace algún tiempo, tanto Estados Unidos como muchas de las restantes potencias imperialistas, se dedican a elaborar periódicamente documentos sobre seguridad nacional en los que plasman sus objetivos geoestratégicos y hasta los medios para alcanzarlos. Por cierto, Estados Unidos recientemente emitió, por fin, la que debió promulgarse en el 2014.

El tercero de los rasgos –el de la exportación de capitales– sigue teniendo una plena vigencia en la medida en que ésta no solo sigue constituyendo hoy un mecanismo para el control y saqueo de los recursos naturales de los países subdesarrollados, sino que se ha convertido en una importante arma en la política exterior de las potencias imperialistas.

El reparto económico del mundo ha cobrado una vigencia especial asociada a la lucha entre las potencias imperialistas por desalojarse mutuamente – y también a otros actores internacionales– de las esferas de influencia económica que posibiliten la expansión de sus potencialidades.

Ello se debe a los cambios en la importancia relativa de las diferentes potencias imperialistas, a las nuevas percepciones sobre la significación geoestratégica de las diferentes regiones del mundo y también al hecho de que los nuevos actores internacionales también dan pasos en función de hacerse de un cierto espacio económico en el planeta.

Finalmente, el quinto rasgo –el que se pensó que servía para indicar la obsolescencia de la caracterización leninista— parece adquirir una renovada vigencia debido a que no se ha llegado al fin del reparto territorial del mundo.

Hoy se abren nuevas fronteras a la explotación de las potencias imperialistas como el Ártico y las pretensiones de apoderarse y explotar los recursos naturales de zonas como la Amazonía, violando la soberanía de los Estados.

Por ello estoy plenamente de acuerdo con aquellos que vienen adelantando la idea de que si bien durante la Conferencia de Berlín de 1884—85, el continente africano fue repartido entre las potencias imperialistas –lo que se llamó la Rebatiña por Africa–, hoy nos hallamos ante una segunda Rebatiña. Era impensable que estas esferas de influencia fueran inamovibles como lo demostraron la I y la II Guerras Mundiales y tantas otras aventuras imperialistas como Libia, Irak y, eventualmente, Siria.

El Imperialismo, fase superior del capitalismo también nos dejó ideas acerca del carácter histórico del capitalismo. Interpretaciones simplistas y manualísticas –como aquella de la primera, segunda y tercera fases de la crisis general del capitalismo y otras— llevaban a pensar en el derrumbe del capitalismo para mañana y como esto no ha sucedido se ha achacado esto a un fracaso de la teoría.

Si repasamos la evolución del mundo desde 1916 a la fecha estaremos de acuerdo en que ha aumentado la cantidad de problemas que suponen una agudización de las contradicciones que confronta el sistema capitalista y avizoran su desaparición. Por solo señalar uno muy actual y conocido tenemos el de la eventual extinción de la especie humana debido a la degradación de las condiciones de vida en el planeta.

Quizás los economistas sean los culpables de que al marxismo—leninismo se le acuse de economicismo porque las contradicciones socioeconómicas del sistema han sido sobredimensionadas para pronosticar el supuesto derrumbe del sistema.

Sin embargo, un análisis riguroso del imperialismo en general –y del norteamericano en particular— nos lleva a ver tres pilares a partir de los cuales éste reproduce y ejerce su dominación casi planetaria.

En primer lugar, el pilar de los mecanismos de dominación económica, el cual se están viendo seriamente cuestionado como Esteban, Ugarteche y Noyola han analizado en sus trabajos, y sobre el que no es necesario detenerse mucho.

En segundo lugar se encuentra el pilar de los mecanismos de dominación político—militar, a los cuales Estados Unidos y sus aliados están acudiendo crecientemente en los últimos años y por lo que han elevado el nivel de la militarización de las relaciones internacionales, cuestión que también presenta sus problemas y que Elier, Piero, Esteban, Atilio, Petras, Henry y Vasapollo discuten en sus trabajos. Este es un pilar en el que el imperialismo norteamericano mantiene un alto nivel hegemónico.

En tercer lugar, se halla el pilar de los mecanismos de dominación ideológica y cultural que las potencias imperialistas están aprovechando con creces gracias a los desarrollos de las tecnologías de la información y las comunicaciones y mediante las que se construyen y difunden los mensajes dirigidos a demeritar las acciones de pueblos y gobiernos progresistas, criminalizar las protestas de los sectores explotados de todos el mundo, seguir impulsando sus criteríos ideopolíticos, y tratar de convencer al mundo del triunfo indiscutido del sistema capitalista y de la inexistencia de otra(s) alternativa(s).

Este tercer pilar es, en mi opinión, la asignatura pendiente de los académicos, intelectuales y otras fuerzas de izquierda y progresistas que deben enfrascarse todavía más profundamente en la Batalla de Ideas a la que llamó hace algún tiempo el Comandante en Jefe Fidel Castro y que resulta de suma importancia para el desarrollo de nuevas concepciones contentivas de análisis rigurosos del actual contexto internacional, de identificación de las vulnerabilidades del sistema capitalista y de la elaboración de alternativas a la dominación imperial.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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