Estados Unidos, Cuba y la prensa

Por Yisell Rodríguez Milán

Por lo menos no había calor. Fuego sí. Se sentía. Quizás porque el tema del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba levanta, con chispas de similar tamaño, tantas oportunidades como sospechas por su historial neocolonizador.

Pero el caso es que allí estábamos, en el último espacio de debate del Ania Pino In Memorian, escuchando opiniones sobre “el deshielo” visto desde la prensa aunque yo, hasta que alguien me haga cambiar de idea, sentí algunos discursos tan medidos que parecían querer decir mucho más que lo expresado en voz alta. Había bastante para “leer entre líneas”, pero bueno, pensemos que fue por la brevedad del tiempo destinado a cada intervención.

Calculo que más de 50 personas entre periodistas (la mayoría), blogueros, jóvenes realizadores, y algún que otro ciudadano amante de los intercambios sobre cualquier tema en el Pabellón Cuba, escuchamos las opiniones del panel moderado por el Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Raúl Garcés, quien mantuvo la navaja de las réplicas lo suficientemente controlada como para que nadie se cortara.

Cuatro periodistas y dos investigadores integraban el núcleo duro de las ideas emitidas ese domingo por la tarde:

Rosa Miriam Elizalde, subdirectora del sitio Cubadebate;
Cristina Escobar, periodista del Sistema Informativo de la Televisión Cubana;
Elier Ramírez, Doctor en Ciencias Históricas y fundador del espacio de debate Dialogar, dialogar.
Milena Recio, editora web de la revista OnCuba;
Rafael Hernández, Politólogo, escritor y director de la Revista Temas; y
Sergio Alejandro Gómez , jefe de la sección de Internacionales del diario Granma;
Cada uno, a partir su experiencia personal o sus estudios, aportó luces sobre las relaciones cubanoestadounidenses y la prensa. Haré un breve recuento que parte de algunas anotaciones e interpretaciones de sus discursos.
Rafael Hernández, por ejemplo, comentó que para entender “el nuevo juego” debemos convencernos que no hay un solo canal de comunicación sino múltiples e incluyen desde el ciudadano hasta los espacios para la confrontación de ideas o los medios de comunicación.

Es necesario recuperar la cultura política cubana y entender la norteamericana es una necesidad, soltó casi al concluir.

Dijo, además, que aunque se mantienen diferencias políticas, ahora convergen intereses económicos y diplomáticos, razón por la cual los métodos de defensa no pueden ser los mismos. No me quedó claro si cree conveniente seguirles o no el juego subversivo anunciado, hubo poco tiempo para su exposición.

La profesora Milena Recio defendió la necesidad de más intencionalidad en el proceso hacia la normalización de relaciones, una intencionalidad que incluya diálogos no solo entre “las altas clases políticas” sino voces diversas como las que se hacen sentir desde medios emergentes como el paquete. El blindaje principal está en democratizar nuestras relaciones sociales frente al apetito norteamericano, argumentó.

Elier Ramírez agregó que “los medios deben evitar crear espejismos” y recordó que no es la primera vez que ambos países inician un proceso de normalización. “La Historia de Cuba enseña como posicionarnos. Y si bien no podemos ser rehenes del pasado, también es cierto que no podemos olvidarlo”, soltó y luego disparó, a ráfagas, ciertos temas que han sido (poco) nunca tratados en la prensa nacional: ¿Cómo Cuba contribuyó a la independencia de Estados Unidos? ¿Cuáles han sido las tendencias históricas de pensamiento desde allá en relación con la Isla? ¿Cuál es la diferencia entre Seguridad Nacional y Seguridad Imperial?

Mediática, quizás como ninguno de los presentes, la joven Cristina Escobar contó sobre su experiencia durante la cobertura de las rondas de conversaciones de alto nivel entre ambos gobiernos. Nosotros, en un escenario más positivo que nunca, tenemos dos grandes desafíos –apuntó- el primero es que para la sociedad cubana Estados Unidos era un gran monstruo monótono y de pronto se convirtió en un sistema político complejo; el segundo es más simple: la objetividad, pero como nada es objetivo si es humano, el desafío (para la prensa cubana) es que nos crean (cuando se informa sobre EEUU).

Sergio Gómez resumió que “estos problemas, son viejos”; pero si algo ha demostrado esta nueva etapa son las potencialidades comunicacionales que tiene Cuba (ejemplificó con las acciones de Josefina Vidal), la necesidad de un despliegue de fuentes para posicionar nuestros contenidos (como mismo hace el establishment estadounidense) y dejar de esperar a que los acontecimientos estén completamente concluidos para dar las noticias.

Al cierre de este debate al que el público agregaría preguntas a las cuales ni haré referencia dado que, salvo contadísimas excepciones, casi ninguna fue respondida, intervino Rosa Miriam Elizalde. La editora de Cubadebate, quizás la web con mayor interacción de cuantas son consumidas desde la Isla, comentó que para lograr una democratización tiene que haber participación de la gente construyendo la agenda. Habló, además, de la necesidad de canales de doble vía, de mutua influencia, de alinear infraestructuras con la generación de contenidos.

Sobre el tema del restablecimiento de relaciones, mencionó esa manía actual de consumir a Cuba con una suerte de “autismo” como “la Disneylandia de los carros viejos”, y contó sus experiencias durante la cobertura de la visita del Papa Francisco a la Casa Blanca, cuando percibió la tendencia a asumir a Cuba de manera positiva por ciertos sectores de la sociedad norteamericana, lo mismo que confirmó un estudio sobre los mensajes en Twitter enviados desde Estados Unidos por esos días.

Dijo, además, haber investigado la raíz del dominio Cuba y descubrió que había más de 47 mil páginas. Esperemos que no todas publiquen mentiras sobre la Isla porque si no… ¿de qué hemos estado debatiendo? Tendríamos que dedicar una tarde también a cómo ven los medios del mundo, los dueños del .com, el nuevo juego entre Estados Unidos y Cuba ¿o no?.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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