Un discurso de confianza en el futuro

dario-machado

Darío Machado

(Transcripción de sus palabras en el espacio Dialogar, dialogar de la Asociación Hermanos Saiz, donde se debatió sobre la significación y vigencia del histórico discurso de Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana el 17 de noviembre de 2005)

Ante todo quiero agradecer a la AHS y especialmente al amigo Elier la invitación a compartir ideas en este espacio.

Yo lo que traigo son unos puntos con temas que no quiero dejar de tocar.

Quizá decir primero que ese discurso cuando uno lo vuelve a leer después de diez años, debe leerlo en su contexto. Cuando uno lee ese discurso, uno lee el chocolatín, por ejemplo, cosa que no es actual; o uno lee que no habrá más “paladares”, cosa que tampoco en este momento es actual.

No obstante, si uno mira el contexto en el que es dicho aquel discurso, que evidentemente estaba siendo expresado desde el corazón, con mucha fuerza, por parte de Fidel, quien tenía un enfoque de cómo había que hacer las cosas en lo adelante y lo estaba dejando traslucir en ese discurso.

En varias ocasiones en ese discurso él dice: No quiero seguir hablando de este problema, no quiero añadir más nada, no quiero dar más información sobre …”.

Era evidente que él estaba desarrollando junto a las ideas de análisis de la realidad, un modo de ver las cosas. No obstante, es un discurso enormemente rico en contenido, con directivas para el pensamiento y para el cuestionamiento. Y yo, muy, muy brevemente, casi “telegrámicamente” voy a mencionar diez de estos momentos del discurso que veo son importantes.

En primer lugar, -y ya Elier lo estaba diciendo- hay un análisis del acontecer mundial que es una joya. ¿Cómo está el mundo de hoy?; la crisis energética; la crisis económica; la crisis civilizatoria en general que tiene la sociedad humana en estos momentos, los peligros que entraña. Cada uno de estos temas tiene total vigencia en estos momentos y es bien importante que lo repasemos que lo releamos porque, no solo tiene vigencia, sino que fue profético en el momento en el que se dijo a diez años vistos hoy.

Es muy interesante en ese contexto la descripción que hace el Comandante de cómo manipulan los resortes ideológicos del primer mundo, del imperialismo, de las transnacionales, cómo manipulan las mentalidades de las personas. Es una joyita. Son tres párrafos que yo sugiero, sobre todo a los jóvenes que nos están acompañando, pero creo que a todos, que repasemos esos elementos que el Comandante estaba diciendo. Cómo nos crean esquemas de pensamiento, cómo nos crean modos de reaccionar frente a las cosas. Muy interesante porque está en el eje central de la batalla que tenemos que librar hoy.

El otro momento es un enfoque muy realista de Cuba. Con mucha realidad, sobre la corrupción, el robo, el despilfarro; esto último algo de lo que no siempre se habla. Se habla más de la corrupción y del robo que son temas más irritantes. Pero despilfarrar es algo que todos nosotros sobrellevamos de alguna manera, porque de hecho no somos todo lo ahorrativos que debiéramos ser y todo lo conscientes que debiéramos ser con los recursos que contamos. Y siempre hablamos sobre todo del robo y la corrupción, pero están muy ligados estrechamente al despilfarro.

Y habla de algo, que ya el colega Duharte apuntaba: el peligro que tiene la Revolución de autodestruirse por sus propias debilidades y errores. Y ahí quiero señalar también junto con él, que la academia cubana lo vio con mucha antelación y lo dijo también. Pero lamentablemente en el momento que lo dijo, como sucede todavía hoy y a eso me voy a referir al final, las ideas que están bullendo en el terreno del pensamiento en la sociedad, no siempre se socializan en el nivel que merecen por su importancia, por su contenido, por la trascendencia que tienen esas ideas.

Recuerdo, por ejemplo, en un libro que yo escribí, cuyo título es una pregunta ¿Es posible construir el socialismo en Cuba? , abro con un trabajo que hicieron los colegas del Instituto de Filosofía, donde hablaban con mucha claridad de la reversibilidad del proceso revolucionario cubano. Tenían las investigaciones, habían dado los argumentos; solo que aquello se había quedado en la academia. Incluso yo tengo el trabajo, no porque se hubiera publicado si no porque tenía un informe de la investigación que se hizo en ese momento.
Lamentablemente, esas cosas no salían; y cuando Fidel las dice parecía que de pronto el mundo se nos estaba cayendo y era que no habíamos tenido, previamente en nuestro universo simbólico de forma suficiente, las realidades del proceso social cubano, dichas, no solamente por nuestros dirigentes políticos, sino también por otros pensadores, no siempre académicos, no siempre doctores, no siempre licenciados, no siempre investigadores; sino gente interesada también, con muchas luces, que estaban viendo las cosas y que también estaban participando en los análisis.

El otro tema es el llamado que Fidel hace a la crítica y a la autocrítica. Es muy interesante porque el Comandante dice: Casi siempre que criticamos, criticamos en grupitos chiquitos, pero nunca hacemos una crítica en un teatro. Y dice una cosa para mí muy interesante, que es como un mandato político para el trabajo: Hay que hacer la crítica y a autocrítica en el aula, en el núcleo, en el municipio, en el país. Y de suyo se comprende que para que la crítica se ejerza en el país, tiene que existir en el mundo simbólico la presencia de esa crítica. Me estoy refiriendo fundamentalmente a los medios nacionales de comunicación social, lamentablemente parcos en ayudarnos a enriquecer la subjetividad de la sociedad. Voy a hablar de eso un poquito más al final. El error que decía Fidel, el error básico de creernos que sabíamos algo de socialismo.

Pero el propio Comandante ya avanza que había otras ideas; que había nuevas ideas respecto a cómo había que hacer las cosas. Y eso significa algo: nos creíamos que sabíamos algo de socialismo. Bueno, en realidad, algo sabíamos porque llevábamos medio siglo, o llevamos en estos momentos más de medio siglo trabajando por construirlo, no es que estemos totalmente en pañales. Sabemos algo, pero no sabemos todo lo que necesitamos saber, ni tampoco podemos decir: “socialismo es esto, y no es esto otro”. Porque es como dijo Raúl en una ocasión, un camino ignoto. Pero que sea un camino ignoto, un sendero desconocido quiere decir que todavía nadie ha logrado construir el socialismo de un modo acabado e irreversible. Y por tanto no sabemos cómo es eso realmente al final, aunque sí tenemos principios.

No creemos que pueda haber socialismo sin propiedad social, sin predominio de la propiedad social sobre los medios de producción de bienes y servicios. No creemos que pueda haber socialismo sin el papel del Estado sin conducción política. No creemos que pueda haber socialismo sin planificación. No creemos que pueda haber socialismo sin democracia, sin consenso. Hay un conjunto de elementos que sabemos que son consustanciales.

Ahora, ¿cómo se mete todo eso en la olla y para el caso de Cuba se construye el ajiaco que tenemos que construir? Bien esto es una cosa que no sabemos todavía cuál va a ser el gusto final de ese plato. Estamos trabajando en esa dirección. Estamos trabajando con esa idea. Lo que sí estamos claros en una cosa, y creo que hay consenso en general en la mayoría ciudadana de la sociedad cubana, es que el peor momento del experimento socialista en Cuba es mejor que el mejor momento del capitalismo dependiente que hubo en el pasado. Y eso todo el mundo lo tiene como un elemento que es motor impulsor para darnos cuenta que tenemos que preservar lo que hemos alcanzado y tenemos sobre esa base que hacer mucho más.

Fidel llama a repensar el socialismo desde la realidad actual y dice una frase que creo que se puede acuñar con letras de bronce: “Con dogmatismos no se hubiera llegado jamás a una estrategia”. ¿Qué significa eso? Que los principios, principios son. Son una abstracción, son orientaciones, previsiones; pero cuando se concretan no pueden ser dogmas tienen que ser flexibles, porque con dogmatismos no puede construirse la estrategia. Y es más, ahí nunca hubo una única estrategia construida de una vez y para siempre. Las estrategias tienen que estar constantemente renovándose y tienen que estar desarrollándose sin perder el fiel de los principios y el camino de lo que uno quiere como sociedad justa, no capitalista.

Y luego dice Fidel también: “Con métodos capitalistas no se puede construir el socialismo” y eso también es un concepto fundamental. Nosotros no podemos tomar prestado experiencias de cualquiera de las formas actuales, incluso de las más progresistas del capitalismo como si fuera nuestro nuevo paradigma, porque ya el paradigma aquel del socialismo de Europa del Este se cayó y nosotros mismos no sabemos cómo es ese socialismo. No puede ser con métodos capitalistas. Una cosa es que el mercado sea una necesidad en este momento de la historia de la humanidad en su conjunto y otra cosa es que lo miremos como un método capitalista de desarrollarnos y no como un método socialista de regular, de subordinación del mercado a la sociedad. Que por cierto va a tener en toda sociedad que se atreva a construir el socialismo como estamos nosotros queriendo y seguimos empujando ese carro, va a tener que encontrar sus propias soluciones.

Las necesidades, los criterios, las formas de distribución son bien diferentes en cada sociedad. Recuerdo aquello que decía Engels: no hay una única economía política sino tantas economías políticas como formas de producción y distribución de mercancías existen. Y si eso es así para el capitalismo, también lo es para el socialismo. Tantas formas de existir ese socialismo como maneras se tengan de hacer la construcción de lo que se produce y el modo en que se distribuye lo que se produce; que es muy importante, porque no se trata solamente de saber cómo se distribuye lo que se produce, sino cómo se produce lo que se distribuye. Porque si lo vamos a producir atentando contra la salud, lo vamos a producir atentando contra el ser humano; no nos sirve tampoco. Debe existir una forma humanista de producir y una forma lógica y justa de distribuir.

Y aquello que decía el Comandante que reconoce que se necesita teorizar, él dice algo más o menos así: yo estoy diciendo esto desde un punto de vista de las cosas concretas, de la práctica, aunque la teoría es necesaria. Y se refiere a que hay que teorizar y expone eso que ya recordó mi colega, necesitamos muchas ideas bien claras y le encarga esa tarea a la juventud. Lo cual no quiere decir que no pensemos todos, porque caeríamos de nuevo en una torpeza -y lo estoy diciendo no porque vaya a cumplir 70 años el año que viene si no porque es así- que pensemos que el futuro de la nación lo pueden construir solamente los jóvenes o dependerá solamente de ellos.

Pero creo también que es un error que nosotros digamos, vamos a guiar, vamos a que los jóvenes hagan…

Vamos a acompañarlos, vamos a que los jóvenes también vivan su propia experiencia, vamos a participarles de la nuestra, pero vamos a dejarles. ¿O para cuándo lo vamos a dejar? ¿O para cuándo vamos a ponerles en la mano la tarea? Si una de las cuestiones que Fidel enfoca ahí es uno de los peligros: están esperando a ver cómo se va a mover la dirección histórica de la Revolución y qué va a pasar después. Bueno, va a pasar lo que está pasando ahora. Y lo que necesitamos es seguir empujando ese carro, poner las tareas en manos de la juventud y que prueben cómo hay que hacer las cosas. Imagínense ustedes si nuestros próceres hubiesen esperado a tener los cuarenta años para hacer la Revolución, y ¿hubiera sido el ataque al Cuartel Moncada? ¿Cómo hubiera sido?

Otra cuestión que Fidel plantea y que es básica, creo que hay que remarcar mucho sobre eso, es que la unidad es fundamental. Fidel dice textualmente: “Ninguna táctica o estrategia que divida será buena” y esto es un fundamento, un axioma. Porque nosotros solos somos pocos; por eso aquel verso de Martí cuando decía “Y cuando todas las manos son pocas para el afán. ¡Oh, Patria! las usarán…” y dice lo demás. Todos necesitamos cohesionarnos y mantener la unidad para poder preservar la posibilidad de un proyecto propio de país, que yo le sigo llamando socialismo por “no capitalista” y creo que es un nombre ganado, bien ganado. Muchas veces ahora por ahí se dice: el proyecto de la Revolución, el futuro no sé qué y el proyecto socialista…, y se olvida como si no fuera parte del proceso la acción de construir y que tiene que tener nombre. Que no se puede dejar a la buena de Dios, si no hacerlo sobre la base de la crítica al capitalismo y también la crítica de nosotros mismos.

En ese sentido se dirige al papel del pueblo. Fidel va mucho más allá, más adelante. El pueblo es quien va a resolver el problema. O sea cuando uno lee esos pensamientos quiere decir que no puede ser obra de un Estado, de un partido, de un liderazgo, de un Comité Central o de una organización, esto tiene que ser obra del pueblo todo, que es quien va a resolver los problemas. Pueblo que lógicamente necesita conducción, que lógicamente necesita estimulación, necesita orientación y direccionamiento en sus actividades y que tiene sus instituciones, incluyendo al partido, para realizar esa actividad, con todas las modificaciones, cambios y transformaciones.

El otro tema es que si bien fue un discurso realista, fue un discurso optimista. Un discurso de confianza en el futuro. Y eso es algo también muy importante, porque la política del socialismo no podía infundir desgracia, no podía infundir que no podemos, no podía infundir que no sabemos lo que vamos a hacer, que estamos desorientados. No. Tiene que ser optimista, incluso con sus propios errores. Profundo y crítico con sus errores pero siempre optimista que es una cualidad elemental de toda revolución que aspira a un cambio hacia una sociedad mejor.

Y también algo que deja claro es que la juventud tiene que ser como es Fidel; y él lo dice: rebelde pero con causa. Quiere decir, no perder lo que es natural consustancial a su rol, pero no creemos en la rebeldía de tontería, de andar por ahí…

Yo siempre digo que la revolución nuestra en todos sus años ha tenido un defecto. Nosotros no hemos sabido articular de forma eficiente las actividades socioeconómicas, las organizativas, las jurídicas normativas y la ideológica política. Muchas veces la economía ha ido por un lado y la legalidad por otro, y la ideología mucho más allá, y la política siguiendo otros caminos y la organización… Vaya usted a saber cómo. Y eso, cuando se construye una sociedad de modo consciente tiene que pensarse esa articulación porque de lo contrario se le transmite la esquizofrenia al pueblo, y el pueblo se desorienta en su actuación. No sabe cómo tiene que enfocar las cosas, porque tiene una manera de hacer la economía y está escuchando desde el punto de vista ideológico y político una clave que no tiene que ver con la misma canción. Y por tanto es muy importante pensar en ese elemento articulador.

Y de hecho, obviamente hemos discutido estos Lineamientos, y tenemos lineamientos que yo digo que son programáticos. Y además es lo que tenemos que hacer ahora porque es lo que tenemos. Lo discutimos con la sociedad, la sociedad lo aprobó, los aprobó el Congreso y con eso es que estamos trabajando. Pero es que no constituyen un programa. Y eso hay que trabajarlo también. ¿Cuál es el programa? ¿Cuál es la programación general del camino de esos lineamientos?

Hoy mismo escuché, se están cumpliendo dos lineamientos, creo que en relación con el agua. Tal lineamiento una cosa, más cual lineamiento otra cosa. ¿Pero cómo nosotros podemos hacer política realmente si no tenemos un programa que articule esos lineamientos? Que nos diga hasta dónde se va a privatizar en este país, que eso todavía no está discutido y se escuchan muchísimas cosas en relación con eso. ¿Cuáles son los límites? ¿Cómo vamos a enfocar el tema político en la sociedad? A ninguna de esas cuestiones lamentablemente la Conferencia no le dio espacio, ni el debate sobre esos temas tan importantes ha quedado suficientemente fertilizado en el mundo simbólico de nuestra sociedad como para que tengamos modos de enfocar las cosas y de una participación que sean cualitativamente importantes.

Cuando la gente está sin esa información y sin esos elementos, y sin esa subjetividad enriquecida, los debates van a ser pobres. Si ahora mismo para el próximo congreso de nuestro partido nos llega un documento que digamos tiene ese elemento programático. Cuando nos llegue, y ojala que llegue bien rápido, estamos carentes de haber fertilizado ese proceso en la sociedad cubana. De habernos enriquecido todos.

Hay muchas ideas buenas en la sociedad cubana, ¿pero dónde están? Están en Internet; están en los espacios, el de Iroel[2], el de Elier[3], en Cubadebate; están en esos espacios pero hay mucha gente en la sociedad cubana que no accede a esos espacios y además se pierde el peso de la prensa escrita, de la radio, de la televisión para enriquecer la subjetividad, para prepararnos. Cuando aparece un documento como ese no tenemos oficio social de discutir eso, tenemos oficio entre especialistas, pero esto, repito, no es un asunto de nadie en particular, sino de la sociedad cubana en su conjunto.

El otro elemento es que necesitamos reconocer el conflicto como algo natural. El conflicto es algo normal en todas las sociedades. Lo que hay que hacer es enfocarlo, resolverlo, dialogarlo; pero no se pueden esconder los conflictos.

Nosotros tenemos que pensar en Cuba. Leía recientemente un trabajo que casi nos invitaba a copiar la realidad venezolana y les digo que por más que Venezuela es muy importante para nosotros… son los hermanos, son los que nos están acompañando en el continente en todos los sentidos; con quienes tenemos un conjunto de relaciones y que estamos comprometidos hasta la médula; pero la experiencia de Venezuela no se puede tomar como lo que tenemos que hacer aquí, porque ellos están luchando todavía por derrocar el liberalismo que la revolución cubana venció desde los primeros años de su triunfo y lo hizo trizas como ideología. Lo derrotó como ideología y que ahora, con el incremento de las relaciones del mercantiles, porque el liberalismo es la doctrina del mercado capitalista, por supuesto que está repuntando y se oye de todo.

Nosotros tenemos que ver nuestra sociedad porque yo creo que no hay paradigmas para construir la democracia que necesita la sociedad cubana. Y sí, vienen ahora algunos con algunos cuentos de que lo que hace falta es pluripartidismo, como si esa fuera la varita mágica.

Para construir el socialismo no es imprescindible que haya un solo partido, pero tampoco es obligación que haya tres o cuatro… Lo que tiene que haber es democracia, lo que tiene que haber es más democracia, más participación, más espacio, más diálogo, más consenso, más construcción colectiva con la sociedad y evitar los verticalismos, las imposiciones de los ordeno y mando. Enriquecernos mutuamente.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
Esta entrada fue publicada en cultura, Fidel Castro, Historia y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s