Alfredo Guevara: paradigma de la lucha contra la decadencia


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Hay muchas cosas que pueden resaltarse cuando se habla de Alfredo Guevara: su condición de intelectual, su papel fundador frente al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), su militancia temprana y su amistad con Fidel y Raúl Castro Ruz, su enfrentamiento a los absurdos.
Pero no se puede hablar hoy de Guevara —cuando está próximo a cumplir 90 años— si no se destaca como puntos centrales de su trayectoria, su amor irracional a Cuba y la Revolución, y su vocación formadora de las nuevas generaciones.
Aquel que llamó a fundar “pero fundar desde y para la Belleza (…) fundar el amor al saber, al ser verdadero, ser desde lo más humano y hacerlo para y entre los jóvenes”, fue recordado en la tarde de este miércoles en un encuentro de amigos, familiares, colaboradores y discípulos, en el Salón de Mayo de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Se trató del espacio “Dialogar, dialogar”, que conduce el historiador e investigador Elier Ramírez Cañedo, como fomento de la cultura del debate entre los jóvenes, de edad y de espíritu.

 

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El tema central de esta última reunión del año fue la impronta de ese imprescindible, Alfredo Guevara,  quien dedicó a la juventud sus últimos anhelos y esperanzas, reconocido como Maestro de Juventudes por la AHS y cuya pérdida física —el 19 de abril de 2013— motivó los inicios de “Dialogar, dialogar”, como una manera de rendirle tributo permanente. Nombre que también titula uno de los libros del hombre que perteneció “a una generación que está comprometida con todo, ante todo y ante ustedes”; un “ustedes” que equivalía a decir los jóvenes cubanos, como reiteró en sus últimos años de intercambios en las universidades cubanas y de fundación de nuevos proyectos.

 

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A sala llena, el encuentro se extendió más de lo previsto, por el ambiente de complicidad que motiva la figura de Alfredo Guevara

 

 

El Doctor Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana, y Luis Morlote Rivas, Vicepresidente primero de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), fueron los encargados de evocar la figura de Guevara.
A esas palabras, que fueron publicadas por la AHS y la Casa del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en homenaje póstumo, se refirió Luis Morlote, al reconocerlas como savia principal de un pensamiento guevariano que fecundó en los últimos años con más fuerza y vigor:
“Si estuviera a mi alcance, me haría rodear de los Servando Cabrera Moreno y los Raúl Martínez de esta época, e igualmente de los Alejo Capentier, los Lezama y Raúl Roa, y de los Gutiérrez Alea (Titón), y de los Humberto Solás; o sea, de los creadores del texto y de la imagen, de los fascinadores, y con ellos inventaría una inmensa catedral imaginaria —expresó Alfredo Guevara—; y entonces llamaría a Leo Brouwer, que está aquí, y con él a Silvio y Omara, y en esa inmensa catedral, inmensa siempre porque sería la Patria, llamaría a iniciar otra campaña de alfabetización de la conciencia, en la que todos, con todos y para todos, martianos hasta la médula, nos comprometiéramos juramentados, sin necesidad de juramentos, a salvar la patria fortaleciéndola desde la unidad y la acción renovadora”, recordó Morlote.

 

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“Las palabras de Alfredo Guevara volverán a nacer”, afirmó el Doctor Eusebio Leal Spengler

 

 

Desde una perspectiva más cercana y fraterna, Eusebio Leal Spengler compartió con los presentes la personalidad de su amigo, de quien fuera asidero hasta el último minuto. Con hálito jocoso compartió momentos que dejaron entrever la genialidad del optimista Guevara, de “Alfredo, el paradigma de la lucha contra la decadencia, también el paradigma de la libertad en la lealtad”.
“Un hombre que se sabe y se cree libre y que actúa siempre dentro de un código de conducta que se revela en lo que tú has leído”, expresó Leal refiriéndose a las palabras de Guevara en el Centro Cultural Félix Varela, en 2011, y leídas en la voz del vicepresidente de la UNEAC. “Lo cual demuestra, primero su libertad; muy pocas personas se atreverían como él a decir que actuaban con libertad dentro de la Revolución, la misma que vio en la universidad, en el gran debate de aquellos años en que nacían, florecían y se definían las ideas. Él fue fiel a eso hasta el final”, continuó el Historiador.

 

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Una variedad de generaciones estuvieron representadas en el espacio de debate “Dialogar, dialogar” de la AHS

 

 

Nacido en La Habana el último día de 1925, Alfredo Guevara se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Desde sus primeros años de estudiante, se vinculó a diversas actividades políticas contra el gobierno de Ramón Grau San Martín, y fue en ese ámbito,donde conoció a Fidel Castro, amistad que se extendió a lo largo de toda su vida.
“No fue un hombre perfecto, ni tendremos que estar de acuerdo con todo lo que pudo decir”, sentenció el también Director de la Red de Oficinas del Historiador y el Conservador de Ciudades Patrimoniales Cubanas. “Pero Alfredo estaría de acuerdo conmigo al hacer esta afirmación categórica: hizo con su vida lo que le dio la gana, e hizo bien, porque sentó un capítulo de la libertad humana”.

 

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Alfredo Guevara junto al Comandate Fidel, en los momentos fundacionales del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)

 

 

Luego del triunfo de la Revolución, y al frente del ICAIC, en 1969 apadrinó la creación del Grupo de Experimentación Sonora, plataforma en la que se gestó el Movimiento de la Nueva Trova cubana, en la que se integraron cantautores como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.
“Amaba a París, pero no como el amante frívolo ama la ciudad bella, que también le encantaba y mostraba como pocos. Le interesaba más lo que había pasado allí —no tanto la crisálida como la mariposa—: el París de la Revolución, el de la razón pura y los más importantes eventos, como la Comuna de París, la olvidada Revolución del 48, el mundo de los intelectuales y el mayo parisino de 1968”, rememoró Leal.
En 1983 marchó Guevara a esa “ciudad de las luces” que amó, como embajador de Cuba ante la UNESCO. A su regreso, retomó la presidencia del ICAIC, a finales de los años noventa, coincidiendo con una crisis de la institución que volvió a renacer con sus esfuerzos. Hasta su muerte, fue presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, fundado por él para promover la unidad de los cineastas de la región.

 

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Guevara durante una conferencia de prensa del Festival de Cine de La Habana, en el Hotel Nacional de Cuba

 

 

Un punto más que resaltar en su trayectoria: a partir de sus esfuerzos se estructuró el cine cubano, tal como hoy lo conocemos, lo que lo convierte, sin duda, en uno de los artífices de la expansión y desarrollo de la cinematografía latinoamericana, siendo testigos de esto el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.
“Creo en sus palabras cuando dijo que vendría un silencio después de la muerte; pero lo creyó también Martí cuando dijo: durante un tiempo mis ideas se eclipsarán y luego, volverán a nacer. Las de Alfredo volverán a nacer (…) La ilusión nunca lo apartó del conocimiento de la realidad. Él se anticipaba a lo que después serían leyes o disposiciones de la Revolución porque las creía inexorables”, comentó el Dr. Leal Spengler, quien destacó del quehacer de Guevara su militante intelectualidad. Intelectualidad, palabra que aun hoy es motivo de prejuicio ante el “concepto” del deber ser de un revolucionario.

 

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“Hemos olvidado que la Revolución la hizo el pueblo desencadenado por intelectuales: Céspedes, Agramonte, todo lo que rodeó Guáimaro eran brillantes intelectuales, lo fue Rubén Martínez Villena y José Martí en grado sumo. Según Alfredo, esa era la herencia legítima, la de tales hombre e ideas”, sentenció. “Nunca creyó en élites. Consideró siempre la necesidad de hacer vanguardias”.
Entre los presentes en el Salón de Mayo se hallaban Abel Prieto, actual Asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros; intelectuales como Fernando Martínez Heredia y Senel Paz; Rubiel García González, presidente de la AHS, y Magda Resik Aguirre, Directora de Comunicación de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

 

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“Dialogar, dialogar”, como tributo permanente a la figura de Alfredo Guevara y su trascendencia, es solo un pálpito de cómo debe recordársele, de cómo debe revivirse quien llamó siempre a fundar, a confiar y a legar con y para la juventud, que fue también la suya propia.
A tomar por asalto el cielo, desde esta nuestra generación y la que está por venir, también llamó Alfredo Guevara. Lo hizo en su discurso de aceptación del título de Doctor Honoris Causa en Ciencias Políticas de la Universidad Central de las Villas, en el 2010. Lo hizo también antes, y por momentos como este constamos que será así, siempre.

(Tomado de sitio web  Habana Radio)

 

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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