¿Por qué cayó el socialismo en Europa?

Fernando Rojas

(Intervención en el espacio Dialogar, dialogar, de la AHS)

Sostengo que las razones esenciales de la caída del socialismo en Europa del Este hay que buscarlas en la historia de la URSS, un país que no existe hace 24 años.

El proceso que condujo a la Revolución de Octubre y la primera década de ésta son lo único que puede calificarse como un auténtico movimiento popular de transformación socialista en aquella región.

Para cualquier indagación seria es imprescindible tener en cuenta que la historia de la URSS y de la Revolución de Octubre fue reescrita del presente hacia el pasado por lo menos en dos oportunidades: al establecerse el régimen stalinista y durante la Perestroika de Gorbachov. Una tercera reescritura, aunque trunca, podría ser la que se abrió con la denuncia al culto de la personalidad de Stalin por Nikita Jrushov en 1956. Lo anterior quiere decir que las nociones aprendidas por centenares de millones de personas durante décadas sobre la historia soviética son como mínimo inexactas y en gran medida distorsionan el conocimiento cabal de los primeros años de la construcción socialista en la URSS.

La primera distorsión se refiere al hecho mismo del levantamiento de octubre de 1917, que no obedeció a una consecución de acontecimientos y procesos dictados por las leyes del Materialismo Histórico (lo cual no quiere decir que alguna que otra ley no sea pertinente) sino a una aguda crisis nacional en la que solo el Partido Bolchevique fue capaz de ofrecer una solución y por ello se hizo con el poder.

Esa voluntad fue incomprendida, primero, por los propios bolcheviques, que se convencieron a sí mismos de la necesidad del levantamiento político, entre abril y octubre de 1917 y después condujeron victoriosamente a la mayoría de la población a la conquista y defensa del poder soviético. Segundo: la acción bolchevique fue incomprendida, ignorada o censurada por la mayoría de la Social Democracia Internacional, que representaba en el momento de la Revolución a la mayor parte de los movimientos obreros libertarios de Europa. De aquella crisis de la Social Democracia, surgida de la Primera Guerra Mundial y la Revolución de Octubre, surgió el Movimiento Comunista Internacional. Pero, sin embargo, Lenin minimizó la corrección que el bolchevismo había hecho a la generalizada visión del marxismo de la época, de que la Revolución Socialista debía producirse primero en los países capitalistas más desarrollados. Lenin reducía la corrección al hecho de que Rusia solo había comenzado. Los bolcheviques y sus correligionarios en el mundo sostuvieron de manera unánime hasta mediados de los años 20 que la Revolución debía ser internacional.

Los éxitos en la defensa del país de la agresión extranjera y las victorias en la Guerra Civil condujeron a los bolcheviques, en una combinación de dos factores: la necesidad de poner todos los recursos en función de la guerra, con un crecimiento del entusiasmo y la combatividad revolucionarias en Rusia y en Europa, a acelerar, en contra de su visión original, las transformaciones de carácter socialista. El descontento de la mayoría campesina de la población detuvo aquel intento. Los bolcheviques, con una rara y peculiar unanimidad, decidieron restablecer las relaciones de mercado y tomarse un tiempo relativamente largo para levantar la economía del país y realizar un esfuerzo extraordinario e imprescindible de creación de bases culturales sólidas para el socialismo. Al evaluar los primeros resultados de esa política (la nueva política económica) dirigida sobre todo a fortalecer la alianza con el campesinado, Lenin consideró imprescindible no realizar nuevas concesiones a los flamantes propietarios capitalistas, propuso la creación de cooperativas como un tránsito eficaz y gradual al socialismo, inseparable de un cambio cultural abarcador y radical, y se obsesionó con la participación popular, al punto que propuso una transformación integral del aparato del Partido y exigió la transformación anti burocrática y racional de todo el aparato del Estado. Junto a ello concedió máxima prioridad al desarrollo de la industria pesada. También expresó su desconfianza hacia la fundación misma de la URSS, en tanto consideraba que la fórmula de unificación del aparato estatal aplicada, podía lesionar los derechos y la sensibilidad de las naciones más pequeñas que Rusia.

En 1923 León Trotski añadió a estos planteamientos programáticos la necesidad de acelerar la industrialización del país. Paralelamente, los bolcheviques descubrieron que se habían quedado solos, que la Revolución en Europa Occidental no se produciría y que debían concentrarse más en sus propios esfuerzos. En un formidable texto que la dirección del Partido dudó en publicar, Lenin razonó que los estados capitalistas desarrollados de Europa no llegarían al socialismo mediante revoluciones, sino explotando al resto del mundo. Y enfocó la perspectiva de la Revolución Internacional en la alianza con los pueblos oprimidos.

La muerte de Lenin sorprendió a los soviéticos, y al Partido, que daba ya peligrosas muestras de escisión, ante problemas, teórica y prácticamente no resueltos. Y no se resolvieron adecuadamente. La transformación cultural y la participación popular dejaron rápidamente ser objeto de atención. El programa de industrialización no se adoptó y se hicieron nuevas concesiones al capitalismo nacional. En la antesala y el desarrollo de una crisis de desabastecimiento y en medio de nuevos conflictos con el campesinado, el Partido tendió a alejarse de las masas y se enzarzó en una discusión escolástica acerca de si la Revolución debía ser internacional o si el socialismo podía construirse en un solo país. Se resintió y fue poco a poco abandonado el internacionalismo –ya recreado por Lenin – que estaba en el fundamento mismo de la Revolución de Octubre.

La burocratización creció en la misma medida que la apatía popular. La facción bolchevique que controlaba el aparato del Partido y del Estado derrotó política e ideológicamente a las otras facciones contendientes (estas derrotas, en el seno del Partido, fueron legítimas en el sentido de que la mayoría apoyó a la facción dirigente después de largas discusiones. Otra cosa sería si esto tuvo un impacto real en la gente y en el desarrollo del país.)

Consumado este proceso, Stalin y su grupo pervirtieron el ideario colectivo del Partido, convirtiéndolo en dogmas indiscutibles que ignoraban o falseaban la experiencia histórica y alejaban a las masas del ejercicio del poder. Se empobreció la vida cultural y se canceló la relación primigenia del bolchevismo con las vanguardias. Se inició la práctica de degradar y excluir de la vida política a los mismos protagonistas de la Revolución, la Guerra Civil y la construcción socialista. Stalin y su grupo tomaron de manera ecléctica ideas diferentes de las ricas discusiones de los años 20 e iniciaron un curso acelerado y forzoso hacia la industrialización y colectivización de la agricultura. La NEP fue cancelada. La paradoja reside en que estas políticas contribuyeron decisivamente a convertir a la URSS en una gran potencia y a prepararla (esto no es necesariamente una muestra de previsión) para la guerra contra el fascismo, en la que los soviéticos, sin duda, jugaron el rol principal.

Los hombres y mujeres soviéticos derrocharon heroísmo en la construcción económica y en la guerra. Y sin embargo, el período de los 30 fue precisamente el de mayor retroceso en la participación popular y concluyó con los crímenes de estado perpetrados contra los mismos revolucionarios. La URSS que se proclamó socialista en 1936 distaba mucho todavía del ideal de sociedad que prefiguraron los bolcheviques en 1917 y no realizó la necesaria transformación cultural que hace a la gente más libre. Un cambio cultural de esa naturaleza supondría fundar una sensibilidad nueva e imprescindible para la realización de una obra colectiva sin la coerción y minimizando el impacto de la desigualdad económica. Significaría educar, desde la participación de masas en una gran amplitud de miras, asegurar los máximos niveles de información, conocimientos y acceso a las realizaciones de la cultura, junto a una capacidad crítica y dentro de una ética común.

Las preocupaciones de Lenin sobre el chovinismo ruso fueron ignoradas. De hecho, los soviéticos fueron a la guerra más por motivaciones de tipo patriótico que por otras convicciones ideológicas más universales. Aunque se proclamara el internacionalismo, la extensión “del socialismo” a otros países de Europa oriental se realizó por la fuerza de las armas y a partir de intereses geopolíticos de la gran potencia que ya era la URSS.
La gran victoria de 1945 no fue aprovechada para resolver los defectos del sistema. Por el contrario, éstos se extendieron a las democracias populares del este europeo. El crecimiento económico de las tres décadas siguientes estuvo acompañado de importantes distorsiones y, sobre todo de limitaciones a la participación popular y al crecimiento espiritual. Un ejemplo abarcador de ambas tendencias es el hecho de que en los años 50, en la URSS, la Genética, la Sociología y la Cibernética eran consideradas “ciencias burguesas falsas”

La crítica al culto a la personalidad denunció los crímenes y la debilidad del sistema político, pero no fue consecuente en emprender las necesarias transformaciones y en movilizar a la gente para su consecución. Tampoco indagó en la creciente desventaja del sistema en el campo cultural. No resolver estas consecuencias del culto fue causa principal del posterior debilitamiento del sistema político y su matriz ideológica.

El proceso posterior y su desenlace, que no comento en estas líneas, permiten prefigurar la caída del socialismo en Europa del Este, sobre todo como una derrota cultural.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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