Un libro de trascendencia

En una ocasión el presidente Raúl Castro expresó “que fuimos capaces de hacer la historia pero incapaces de escribirla”. El excelente libro de Elier Ramírez y Esteban Morales, De la confrontación a los intentos de “normalización” (Editorial de Ciencias Sociales, 2014)  es un paso importante para llenar este vacío.

El libro, basado en un dominio de las fuentes secundarias estadounidenses y cubanas, así como en una rica muestra de documentos estadounidenses y también —lo que es una primicia—numerosos documentos cubanos, ana­liza los intentos de normalización durante las presidencias de Gerald Ford (1974-1977) y Jimmy Carter (1977-1981). Ambos son los únicos episodios —antes de Obama— en que hubo un intento serio para normalizar las relaciones entre los dos países. Hubo también un conato de intento bajo Kennedy, que Ra­mírez y Morales describen en el primer capítulo del libro.

Tanto bajo Ford como bajo Carter, África fue, como muy bien lo explican los autores,   “el escollo insuperable” que impidió la normalización entre EE.UU. y Cuba. Las negociaciones iban avanzando en 1975 cuando las tropas cubanas llegaron a Angola, desafiando a la URSS, que estaba en contra; desafiando a Sudáfrica que había invadido Angola y cuyas tropas se estaban acercando a Luanda; y desafiando a EE.UU., que estaba en impúdico contubernio con Pretoria. Fidel decidió intervenir porque sabía que la victoria del Eje del Mal —Washington y Pretoria— hubiera significado la victoria del apartheid, el reforzamiento del dominio blanco sobre los pueblos de África Austral. Quince años más tar­de, en un poco usual arranque de honestidad,

Henry Kissinger, secretario de Estado de EE.UU. en 1975, reconoció en el último volumen de sus memorias que Cuba había actuado por su propia iniciativa, planteándole a la URSS un hecho consumado. Fidel, dijo Kissinger, “era tal vez el líder revolucionario en el poder más genuino de aquellos momentos”.

Cuba salvó a Angola y EE.UU. se vengó parando en seco las conversaciones sobre la normalización de las relaciones. Después estas se reanudaron con Carter. Ramírez y Morales detallan esas conversaciones entre funcionarios estadounidenses y cubanos en 1977-1978 con un pincel hábil y profundo, utilizando tanto documentos cubanos como documentos norteamericanos, una hazaña excepcional que ningún otro historiador de estas conversaciones ha logrado, incluyendo al autor de estas líneas.

Una vez más, África fue “el escollo insuperable”. A finales de 1977 las tropas cubanas llegaron a Etiopía para ayudar a derrotar la invasión somalí. Lo que pasó parece Ma­condo: el gobierno de Carter fustigó a Cuba porque había enviado tropas para parar a un agresor que pretendió desmembrar a Etiopía, violando groseramente todas las normas del derecho internacional. Sin embargo, tal como la historiadora Nancy Mitchell lo demuestra en un libro magistral que habría que publicar en Cuba, el mismo Carter, ese presidente “bueno”, había alentado la agresión de So­malia contra Etiopía por un cálculo cínico, arraigado en la mentalidad de la guerra fría: Estados Unidos había perdido la alianza con Etiopía, cuyo gobierno simpatizaba con el bloque socialista, y por ende había que buscar la alianza con Somalia. La manera de conseguirlo era ayudando al presidente somalí Siad Barre en sus afanes de agresión. Años después, el mismo Carter le dijo a Nan­cy Mitchell: “Moralmente escogimos el lado equivocado porque apoyamos a Siad Barre quien invadió a Etiopía”. (Nancy Mitchell gra­bó la conversación con Carter, la cual duró más de dos horas, y yo tuve el privilegio de escuchar dicha grabación).

Pero más que Etiopía, el escollo insuperable fue Angola. Carter exigía que las tropas cubanas salieran de allí. Hasta la CIA reconoció que la presencia de las tropas cubanas “era necesaria para preservar la independencia de Angola”, amenazada por la Sudáfrica del apartheid, pero eso no bastaba para satisfacer el hubris imperial de Washington. Estados Unidos, que mantenía cientos de miles de soldados en los países de Europa Occidental para defenderlos de una muy teórica amenaza soviética, no permitía que Angola tuviera tropas cubanas para defenderse de una amenaza sudafricana muy real. Como muy bien le dijo Fidel a dos enviados de Carter en diciembre de 1978, Estados Unidos “parecía decir que existen dos leyes, dos sistemas de reglas y dos tipos de lógicas, una para Estados Unidos y otra para el resto de los países”, una triste verdad que arranca desde los tiempos de Thomas Jefferson y sigue hasta hoy.

Cuba rechazó el chantaje de Carter que con­dicionaba la normalización a la retirada de las tropas cubanas de Angola. Las presiones de Carter no cambiarían “la posición fir­me y ca­tegórica de Cuba,” le dijo al pre­si­dente Agos­tinho Neto, Jorge Risquet, el hombre de pun­ta de Fidel en Angola. “La presencia cubana en Angola es asunto que solo le incumbe a ambos países y no es objeto de ninguna ne­gociación entre Cuba y Es­tados Uni­dos”.  Cuando yo leo estas palabras no puedo evitar pensar en la deuda inmensa del pueblo angolano y de su gobierno con Cuba. Tam­bién pienso en Risquet, quien siempre me insistió que la política hacia An­gola la trazaban Fidel y Raúl, él solo cumplía con sus instrucciones. Pero hasta una gran política necesita a quienes la sepan ejecutar en el terreno. Para eso estaban hombres como Polo Cintra Frías en lo militar y Risquet en lo político. Además quisiera hacer una reflexión personal: para mi Risquet fue un hermano, durante más de dos décadas pude admirar la sabiduría, la inteligencia y la ho­nestidad de este magnífico revolucionario tan entregado a la causa y a sus líderes, Fidel y Raúl Castro.

El libro de Ramírez y Morales es una de las obras más importantes sobre la política exterior de la revolución cubana que ha sido publicada durante las últimas décadas en Cuba y afuera de Cuba. Los autores nos brindan magistralmente una prueba irrefutable de la nobleza y generosidad de la política ex­terior cubana. Su análisis es claro, riguroso y basado en los hechos.

*Piero Gleijeses es miembro correspondiente extranjero de la Academia de la His­toria de Cuba y profesor de política exterior de Estados Unidos en la Universidad Johns Hopkins en Washington.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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Una respuesta a Un libro de trascendencia

  1. Azalia Arias dijo:

    Querido gracias, mis papas lo vieron en el periodico, ahora me piden que se lo busque, sabes donde lo puedo encontrar, ya sabes los deseos de los padres son de los que no se pueden dejar de cumplir. Cariños,

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