Estados Unidos-Cuba: influencias y confluencias culturales

 

(Transcripción de sus palabras en el espacio dialogar, dialogar de la AHS)

MILAGROS MARTÍNEZ. 

 

Bueno, buenas tardes a todos.  Primero, agradecer a Elier haber pensado en el tema y haber pensado en nosotros.

Yo voy a tratar de ajustarme a los 20 minutos.  He escrito varios artículos como él bien decía, sobre el tema del inicio, el origen, la evolución y el desarrollo de los intercambios académicos entre Cuba y Estados Unidos; pero me parece, y lo que más me interesaría compartir con ustedes en la tarde hoy es qué pasará después del 17 de diciembre.  Creo que, en definitiva, probablemente sea algo que nos interese más, y sobre todo también está bastante reciente la visita del Presidente de Estados Unidos, que de alguna manera se concatena mucho con esta etapa post  17 de diciembre.

Yo voy a hacer una introducción breve y, a continuación, voy a leer algunos párrafos  de un trabajo que escribí sobre el tema en cuestión, en el que aparecen valoraciones de varios académicos cubanos involucrados activamente en esta problemática de los intercambios académicos y, para no disgregarme y que el tiempo sea justo,  voy a recurrir a leer algunos de los extractos de este trabajo.

Tendría que decir –porque ahora en estos días está muy de moda– la palabra normalización.  Por supuesto que ya conceptualmente queda claro que no es normalización; este es un proceso de “normalización” de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Todo parecía indicar que los intercambios académicos serían  de los temas  que más le pueden interesar al propio gobierno de Estados Unidos; sin embargo, ni siquiera eso es normal.

¿Y esto por qué lo digo?  Da la casualidad de que las tres personas que vamos a hablar aquí hoy tenemos negadas visas para ir a Estados Unidos a participar en eventos académicos.  Alfredo tiene como tres o cuatro, yo tengo como cuatro y Esteban no sé ni cuántos tiene, y ya la última falta de respeto con el Dr. Esteban Morales es que lo clasificaron como un migrante potencial. Digo esto para que ustedes vean que de normalización absolutamente nada.

Dicho esto, voy a ir a la Introducción. Después quiero, como les decía, darles algunas consideraciones prácticas.

Hemos trabajado por muchos años sobre todo por darle vida a estos intercambios, es por ello que me atrevo a comentarles algunas consideraciones prácticas que yo creo que, si no las tomamos en cuenta ahora, realmente en esta nueva batalla que tenemos –porque  sin duda  que esta es una batalla fuerte, probablemente uno de los momentos más complejos de los intercambios académicos–, si no lo asumimos de esa manera, mi valoración  es que esto se nos puede complicar mucho.

Dicho esto, paso a leer:

La colaboración académica entre Cuba y Estados Unidos, iniciada en el siglo XIX, deprimida hasta su virtual extinción después de 1959, renacida en 1977 y reactivada tras 1998, se enfría después del 11de septiembre de 2001, en el 2004 se congela totalmente y vuelve a reanimarse en el 2008.  No me voy a detener en esto; esto va con los vaivenes de los momentos políticos, que pasaron por Clinton, Bush, la llegada de Obama, y he escrito otros trabajos en los que se amplía esta información, que después al que esté interesado se los podemos hacer llegar.

A partir de enero de 2011 se dinamiza, como resultado de las medidas que tomó el mandatario Barak Obama: facilidades en el otorgamiento de licencias a las instituciones estadounidenses y de visas a los cubanos, llegando así al 17 de diciembre de 2014, fecha en que los Presidentes de Cuba y Estados Unidos anuncian  el restablecimiento de relaciones diplomáticas y el inicio de un proceso de normalización de las relaciones entre los dos países.

En la esfera de la cooperación académica se abren después de esa fecha muchos retos.  Sería ingenuo pensar que el gobierno de Estados Unidos no va a tratar –como ya pretendió hacerlo en los tiempos del Carril II, cuando Clinton– de utilizar el intercambio para realizar actividades muchas de las cuales pudieran catalogarse como subversivas. Pero también es cierto que nos ofrece un conjunto de oportunidades, si somos capaces de diseñar y organizar, con un carácter institucional, ordenado, coherente y con el rigor requerido, el intercambio académico; pero, para lograrlo, es imprescindible que la Academia cubana sea proactiva, que nosotros diseñemos, que nosotros propongamos, entiéndase esto tomar la iniciativa en hacer propuestas.  Y en el caso de que las propuestas procedan de Estados Unidos, rediseñarlas conjuntamente de manera inteligente y creativa.

En esta Introducción, yo paso de inmediato a contextualizar en qué momento estamos; pero en todo este contexto –repito– hablaba de la posibilidad o el marco que puede extender el intercambio académico para ser un mecanismo que introduzca subversión en el país.  Añadiría que la situación se complejiza aún más, ya que realmente el país también atraviesa un momento que tiene sus particularidades, marcado por las transformaciones que tienen lugar como parte de la actualización de su modelo, por lo que emerge una pregunta obligada: ¿cuál es el grado de preparación y/o disposición a asumir tanto las ventajas como los riesgos de una mayor interacción entre los dos países?  Este tema es objeto de análisis y opiniones contradictorias. El propio gobierno cubano y algunos intelectuales consideran que en esta nueva dinámica de influencias se coloca como blancos priorizados a los jóvenes, académicos, intelectuales y artistas, así como también a los emergentes empresarios privados, con la intención de que estos devengan como una quinta columna necesaria para la restauración del capitalismo en la Isla. (Tomado de un artículo del Dr. Antonio Romero).

Cada vez que lea algo, voy a citar quién lo dijo.

Pero a la vez, nadie puede asegurar que cada cubanoamericano o estadounidense que pise suelo cubano será un agente de los planes desestabilizadores pues, como se ha demostrado con el contacto pueblo a pueblo, puede ocurrir todo lo contrario. (Jesús Arboleya).

Efectivamente, la cultura norteamericana ha tenido y seguirá teniendo mucha influencia en Cuba, pero no siempre ello es malo; incluso, muchas veces no ha sido capaz de resistirse al atractivo de la cultura cubana.  Algo que ha caracterizado nuestra cultura y articulado su resistencia ha sido su capacidad para metabolizar lo que le llega de todas partes y convertirlo en cubano.

Es importante observar con detenimiento algunas de las encuestas realizadas en Estados Unidos en el 2014, que señalaban, entre las respuestas dadas por los estadounidenses, que ellos visitaban la isla porque estaban curiosos por saber cómo era la vida en Cuba, y que la mayor sorpresa que tuvieron fue la apertura y la amabilidad de los cubanos hacia los estadounidenses, el carácter emprendedor de muchos cubanos y la vitalidad de las artes y la escena cultural en Cuba.

Pero, efectivamente, comienzan nuevas batallas con este escenario que se nos abre después del 17 de diciembre.  Y por ello, nosotros realmente pensamos que, más que euforia, lo que debe de primar es un moderado optimismo.  Esta frase es de acá de este joven (Elier Ramírez)  y a mí me gusta utilizarla mucho porque creo que realmente define de una manera gráfica cómo deberíamos emprender esta batalla que se nos avecina.

Ahora, si bien tenemos que preocuparnos por lo que hagan nuestros adversarios, en mi opinión lo decisivo es una vez más lo que hagamos nosotros.

Realmente si hay algo hay que señalar como positivo en  los discursos de Obama es si honestidad –lo repito– el que recuerde la intervención de Obama del 17 de diciembre y el que haya escuchado la intervención de Obama ayer, queda muy claro en ambos casos los mensajes que él quería colocar, pero no nos olvidemos que por eso es el Presidente de Estados Unidos, y no es un activista de la solidaridad o de la Brigada Venceremos; esa es la realidad que debemos enfrentar.

Ese discurso realmente creo que hay que leerlo línea a línea. Y que sirva para prepararnos para lidiar con los intercambios académicos, insisto en que los intercambios académicos y culturales son  irreversibles porque, compañeros, en mi opinión, los intercambios académicos entre Cuba y Estados Unidos tienen una vida propia; ya expresé al principio de mi intervención que se iniciaron en el siglo XIX y han tenido altas y baja, pero ahí están y la tendencia es que se incrementen.

Ahora bien, realmente, partiendo del objetivo del gobierno de Estados Unidos de poner a Cuba bajo su esfera de influencia, es innegable que  hay un cambio de táctica, matizada hasta cierto punto en el discurso de Obama de ayer, cuando dice: este es un nuevo momento, hay que reconstruir. Ese aferrarse Obama a olvidar la historia; la historia no se puede olvidar; porque si usted olvida la historia, lo olvida todo, y ya tenemos muchos ejemplos en el mundo de qué pasa cuando se olvida la historia.

En ese complejo contexto, hay que prepararse para que el diálogo que se avecina y que no socave nuestra dignidad y no nos devuelva un estado de dependencia oprobiosa.  Esto lo dijo Waldo Leyva, y me parecía muy interesante esa reflexión que él hacía.

Sin embargo, mirando todas las cosas cuando escribía este artículo me parecía que la reflexión más atinada se la escuché precisamente a Raúl  Castro, quien dijo que “para encarar los desafíos actuales se imponía la prevalencia de una conducta prudente, moderada y reflexiva, pero firme. Demanda renovadas construcciones, repensar en el orden de las ideas, y de otra la continuidad de un esfuerzo que abra espacios al análisis y al esclarecimiento de procesos y fenómenos que operan en la cultura y en la sociedad cubana de nuestros días; pero esto habrá que hacerlo con objetividad y creatividad, sobre la base de argumentos, despojados de retóricas inútiles y esquemas extemporáneos, y sobre todo tomando en cuenta la comunicación con las audiencias, la dinámica social de estos tiempos y la formulación de propuestas encaminadas a ampliar y a consolidar la democracia participativa y perfeccionar el funcionamiento de nuestro sistema socialista. El final de este párrafo está tomado de un artículo de Pedro de la Hoz.

En fin, que estamos en un momento donde –como todos los que estamos aquí en este panel sabemos, y posiblemente muchos de ustedes– hay un sensible incremento de propuestas de intercambios; pero incluso traje aquí lo que dijo el señor Obama el primer día de su llegada a Cuba cuando dijo:

“Estamos avanzando con más intercambios educativos. Gracias al apoyo generoso de la comunidad cubanoamericana, puedo anunciar que la iniciativa One Hundred Thousand va a ofrecer nuevas oportunidades para los estudiantes universitarios que estudien en el exterior.”  O sea, se les van a facilitar fondos para que puedan venir aquí a pasar los semestres o el año, o a estudiar la carrera completa.

“También tendremos más estadounidenses en instituciones educativas cubanas y viceversa, cubanos en Estados Unidos.  También tendremos disponibles, para los estudiantes cubanos, más becas y más rotaciones, y también, en alianza con el gobierno cubano, tendremos más clases de inglés para los maestros cubanos tanto en línea (on line) como en Cuba.”

En fin, que lo que quiero señalar es que definitivamente hay una avalancha de propuestas y que como tendencia cada día serán más.

Ahora bien, ¿qué ocurre?, y quiero ahora referirme a uno de los temas que a veces  me preocupan más a mí , por lo que me voy a permitir  compartir con ustedes algunas recomendaciones prácticas.

En primer lugar, si nosotros no cambiamos los métodos con que analizamos las propuestas de intercambios que se nos hacen, realmente esto puede tomar una camino que yo creo que es más preocupante; creo que es necesario que  las instituciones cubanas que son contrapartidas de los intercambios deben trabajar (y lo digo con todo respeto)  trabajar con un mayor dinamismo. Sabemos que las propuestas llegan y hay que analizarlas; usted puede tener treinta propuestas que le llegan en un mes a una universidad, no sé cuántas le podrán llegar a la UNEAC, y obviamente todo esto usted lo tiene que analizar de una manera objetiva y, por supuesto, tratando de diferenciar y saber cuál puede ser una propuesta útil o cuál puede ser una propuesta realmente que pareciera –por decirlo de alguna manera– sospechosa.  Pero lo que no puede pasar es que llegue una propuesta y se demore cuatro meses para que usted la responda; eso en el mundo moderno no pasa.  Usted manda una propuesta de intercambio con una universidad, y lo más que se demora son quince días en el mundo, es así cómo funcionan las universidades. Y nosotros, si no hacemos esto y realmente aceleramos el proceso de la toma de decisiones, de decir sí o decir no, estamos dando un espacio a que la propuesta se desvíe de una universidad, de una institución, y vaya a caer en manos de las personas y grupos en Cuba que quizás no van a tomar el intercambio realmente de una manera más útil.

Decía Roa, que a mí me gustaba mucho cuando él hablaba de las características de los diplomáticos cubanos, que tenían el diestro manejo de la táctica, el tacto y el contacto.

Yo creo que los académicos, sin ser diplomáticos, porque una cosa es el mundo de la oficialidad y la cancillería y otro es el mundo de la academia, tienen también que ser hábiles en este tipo de contacto, en este tipo de poder tener la posibilidad de diseñar de conjunto una propuesta de intercambio, es lo único que nos permitirá ser proactivos.

No es malo que una propuesta venga totalmente de Estados Unidos; no, la habilidad está en que nosotros realmente la ajustemos  y que al final sea realmente productiva para todos.

También, entre las cosas que me preocupan, tengo que decir que a veces –y no es que esté muy involucrada en estos momentos en estos trabajos,  pero por lo que escucho–, me parece que hay ausencia de estrategia. Yo creo que llegan las propuestas, se analizan; pero a veces las instituciones no tienen una estrategia definida en que se planeen y se pongan en puesta en marcha acciones ordenadas, coherentes, que promuevan un intercambio, que sepamos a dónde tenemos que ir, por qué tenemos que ir a trabajar con Harvard, Columbia, Princeton, y a lo mejor no desgastarnos en otras universidades; qué áreas del conocimiento son las que tenemos que priorizar. Eso hay que refinarlo y que repensarlo porque, si no, nos perdemos y definitivamente no vamos a tener las mejores respuestas para  las propuestas que nos llegan.

Entre los temas que realmente yo creo que no deberían estar ausentes y que cada vez más se impondrían, yo pienso que tenemos que volver a aquella época –que el Dr. Esteban Morales se recordará perfectamente– en que podamos hacer ejercicios académicos entre Cuba y Estados Unidos, por ejemplo, sobre el tema del bloqueo.

Se habla mucho de quitar el bloqueo.  Ok, pero dejemos también que la Academia piense cuáles pueden ser determinadas aristas, o por ejemplo, en el caso de Guantánamo, qué puede ser, cómo pudiera tal vez esa base, ese territorio, después de devuelto, ser utilizado de manera conjunta tal vez para un centro de detección de epidemias.  En fin , hacer búsquedas realmente creativas, que pueden surgir de ejercicios académicos, y que a veces también nos llevan a pensar que habría que buscar donde está el pensamiento tal vez más refinado en Estados Unidos, que son los tanques pensantes, entonces usted tiene que ir y buscar y decir: bueno, quizás esto tengamos que pensarlo, y hacer un taller en Council of Foreign Relations, Brookings  Institution, Diálogo Interamericano,  esos caminos hay que buscarlos.  Y, señores, esto no es primera vez que se hace; esto se ha hecho en infinitas ocasiones. Y digo que en estos temas como bloqueo, como la cuestión de la Base de Guantánamo, valdría la pena.

Lógicamente, las ciencias del mar, los huracanes –como dice Tania García, los huracanes no piden visa, y por lo tanto tenemos que estudiarlos porque nos tocan–, los terremotos, las ciencias de la vida, todo lo que tiene que ver con la biotecnología, con el sika, con el ébola, el cambio climático, son temas que hay que abordar.

Ayer y en el marco de la visita de Obama se firmó un memorándum entre los gobiernos de Cuba y de Estados Unidos en el campo de la agricultura. Bueno, yo pienso que la Universidad Agraria tendría que involucrarse activamente en esto, porque lógicamente el memorándum da la vía oficial a lo que proponen los dos gobiernos, ¿pero de dónde van a surgir las ideas?  Tienen que ir a la Academia a buscar toda una serie de acciones que pudieran instrumentarse para darle vida al memorándum.

Con relación a las Ciencias Naturales y Exactas, solo tengo que decir ahí que respeto tremendamente lo que ha hecho la Academia de Ciencias de Cuba y el CITMA, donde realmente hay avances muy grandes, y también acciones muy loables que se están haciendo por la Universidad de La Habana.

También creo que es muy importante la metodología de investigación, el state of the art en diferentes campos del saber: la sociología, los estudios de migraciones, los estudios de desigualdades.  Hay experiencias muy importantes que ha hecho FLACSO- Cuba  con Harvard, y yo creo que son temas nobles que pudiéramos trabajar.

Igualmente me gustaría compartir con ustedes que desde el año 2000 en la Universidad de La Habana estudian al menos 50 estudiantes norteamericanos por semestre, vienen de todas las universidades de Estados Unidos.  Se llaman los Programas de Semestres. Felizmente ya se ha extendido a universidades de provincias y ya no solamente están en la Universidad de La Habana; pero creo que también es un área noble en que el interactuar ha sido muy positivo hasta ahora y no se han dado mayores problemas con la presencia de estos jóvenes aquí.

Y también creo que hay que tratar de buscar, y volver a pensarlo     –porque esto existió ya, y muchos de nosotros pasamos por        ello–, algún programa que permita tal vez una estancia de académicos cubanos al menos por un mes para hacer estudios sobre Estados Unidos, y esto hay que hacerlo en Estados Unidos; existía en los años 90  lo hacía Richard Feinberg en la Universidad de San Diego –Esteban recordará, y también Alfredo Prieto– por ahí han pasado prácticamente todos nuestros investigadores, los que hoy ustedes ven en la televisión comentando; pasaron un mes en el programa de la universidad de San Diego, esto hace mucha falta porque yo tengo también la percepción de que somos vulnerables en el conocimiento de Estados Unidos.

Entonces, dicho todo esto, también quería comentar el tema de las Fundaciones.  Hasta el momento, hasta el día de hoy, los intercambios académicos entre Cuba y Estados Unidos, para que se materialicen, transitan por el dinero que den las Fundaciones, no hay otra vía. Puede ser  que la propuesta la haga Harvard, camine para atrás y verá que los fondos provienen de  la Fundación Ford, de la Reynolds,de  la Open Society,y  se comporta así, y ha sido así desde el año 1977 en que el Dr. Esteban Morales y esta que está hablando hicimos el primer viaje a Estados Unidos. Hasta donde yo tengo entendido, donde únicamente hay limitaciones para obtener fondos es cuando venga un fondo proveniente de la USAID, y probablemente algún fondo de algún cubanoamericano, que realmente ya su nombre despertaría una sospecha obvia.

Pero, fíjense, cuando yo les leí esa nota que dijo el señor Obama en su discurso del primer día, dijo que ya estaban buscando fondos de la comunidad cubanoamericana; o sea, que ahora esto se amplía y se hace cada vez más complejo.  Pero repito, hay  que entender qué cosa es la filantropía en Estados Unidos, hay que entender que esos intercambios académicos trabajan sobre la base de lo que aportan las Fundaciones.

Hay que también pensar definitivamente en que hay que darles una presencia más activa a nuestros jóvenes.  Hasta ahora están participando muchos los jóvenes cubanos  de los que en Estados Unidos se categorizan de nivel graduate, o sea, que van a hacer estancias cortas y a veces no tan cortas para sus maestrías o doctorados, en fin una investigación corta que tributen a estos estudios de posgrado, pero va a llegar el momento –eso está tocando a la puerta– en que los estudiantes de pregrado también van a tener que ir, tal vez un mes a perfeccionar el inglés; porque realmente, cuando las propias universidades te dicen: es que vienen los estudiantes nuestros de pregrado aquí, a las universidades en Cuba, ¿por qué no pueden ir los cubanos allá?

Nuestra respuesta primera es: bueno, porque no tenemos dinero para pagarlo, porque en el caso de  los estudiantes norteamericanos que vienen a Cuba ellos pagan el dinero de sus matrículas, pero eso obviamente no va  pasar con los estudiantes cubanos ¿ de dónde sacaremos el dinero? .  Pero poco a poco aparecerá un fondo, una Fundación, y tenemos que estar preparados para este tipo de intercambio también.

Y por supuesto, ya lo había dicho, hay que salir de La Habana; felizmente Cuba no es La Habana, y hay muchas buenas universidades, que no es solamente la Universidad de La Habana, que es nuestra Alma Mater y a la que adoramos, pero la Universidad de Las Villas, la Universidad de Oriente, la Universidad de Cienfuegos, son también excelentes universidades.

Y también otros temas que yo creo que de alguna manera –y lo he hablado mucho con Elier, porque hemos tenido buenas experiencias cuando organizamos  la Conferencia de Girón y la de la Crisis de Octubre—tenemos  que desclasificar documentos.  No se pueden trabajar los temas de la historia, por ejemplo, el libro de Peter Kornbluh y de Bill Leogrande tiene un buen número de documentos desclasificados; el libro de Esteban y de Elier tienen también , pero mucho , muchísimos menos , y  me imagino los trabajos que hayan pasado porque ya yo también sufrí eso en un momento determinado, cuando se organizaron las ya citadas conferencias.

Y también yo creo que nosotros, aquí mismo en Cuba, tenemos que darle más crédito a lo que hacen nuestros académicos.  Yo les voy a ser franca: yo no me sentí molesta, no es mi carácter dado a molestarme con frecuencia y la realidad es que me molesto poco; pero en estos días que yo escuchaba  tanto hablar del libro de Peter Kornbluh y de Bill Leogrande, que es un excelente libro, pero, bueno, ¿y por qué no hablar también del libro de Esteban y de Elier, que es un libro buenísimo también, que es como la contraparte cubana a aquel libro?  Entonces también tenemos que darle la credibilidad a nuestros académicos, porque realmente yo creo que son cosas que también le enseñan al lado de allá. Tenemos que también darle nosotros crédito a lo que haga aquí nuestra Academia y ponerlo en el lugar que se merece.

Ya para finalizar, yo quería señalar que trabajé mucho una tesis de maestría de un joven diplomático cubano, que tiene que ver con los contactos pueblo a pueblo.  Y él decía:

“El gobierno cubano ha aceptado el reto que supone permitir los  intercambios académicos, y ha asumido una posición en la que persigue tres objetivos:

“Neutralizar o mitigar la influencia subversiva de los intercambios sobre la sociedad cubana.  No todo lo que viene es malo y, por lo tanto, tenemos que tratar de beneficiar y de darle vida a lo que valga la pena.

“Asegurar que los intercambios reporten beneficios culturales y profesionales a los actores cubanos involucrados y ¿por qué no? influir sobre la sociedad civil y el sistema político norteamericanos a través de vínculos personales y redes profesionales para la difusión de una imagen lo más objetiva posible de Cuba, y lograr así un verdadero cambio en la política de Estados Unidos en este proceso de normalización de relaciones bilaterales.”

Voy ya a concluir mi presentación recordando que, cuando nosotros presentamos un libro que hicimos conjuntamente  la revista Temas y la Universidad de Harvard, fue en la Feria del Libro del año pasado y en ese libro se presentaban  valoraciones de los diferentes temas de la agenda del conflicto bilateral  , valoraciones escritas por   un académico cubano y  un académico de Estados Unidos, un excelente libro. En la presentación y en el debate se dedicó gran parte del tiempo en intercambiar sobre  cómo el proceso de normalización de relaciones entre los dos países podría afectar realmente la sobrevivencia del proyecto cubano.  O sea, mirándolo ya no en el campo del contexto de los intercambios, sino mirando más este proceso que se abre, hasta dónde de verdad nosotros, al final, podamos ser penetrados por esta cultura arrolladora, con sus excelentes códigos de comunicación, como saben manipular.  Y, bueno, en definitiva el debate fue intenso, pero el balance fue que era necesario, que tampoco podíamos estar cuántos años más en este  letargo entre dos países que están tan cerca.

Y yo recuerdo, porque me pareció muy gráfica, la frase de un editor de California  quien fue miembro de la primera Brigada Venceremos que vino a Cuba.  Y él nos dijo a los cubanos allí presentes: “Be friendly, but ready to fight: sean amistosos, pero estén dispuestos a dar la batalla.”

Con esto concluyo.

¡Muchas gracias! (APLAUSOS)

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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