Desacralicemos los símbolos

 

 

Jesús González

Es lo más normal en las calles de nuestra Cuba ver hoy símbolos patrios de los más disimiles países, por no hablar de símbolos de otros muchos motivos.

Eso está bien si esos símbolos, banderas, camisetas, carteras, pines, y otros muchos artefactos, fueran portados por visitantes de esos países que representan esos símbolos.

Pero en la mayoría de las ocasiones quienes portan esos símbolos NO son turistas, somos nosotros los cubanos.

Ejemplo vivo los famosos bicitaxistas.

Muchos de ellos tienes sus vehículos llenos de banderitas de todas partes y de todo tipo de clubes deportivos, en este caso podemos comprender que se trata de reclamos, como en las cacerías, para atraer potenciales clientes de afuera.

De esto se ha hablado en los medios cubanos, se comenta la dificultad para adquirir una bandera cubana, también se ha comentado sobre el valor y uso de los símbolos, y los criterios, sobre esto último van desde los más ortodoxos como la bandera cubanas es la bandera y NO se puede usar para cualquier cosa, hasta los que defienden que portar una camiseta, una cartera o una pañoleta con este símbolo nacional no es una falta de respeto sino todo lo contrario.

Y no es que no haya compatriotas que no emplean esos símbolos, los hay, pero son pocos, muyyyy pocooos, y resulta que muchas veces son visitantes extranjeros los que portan esos símbolos.

Eso no está mal, nada mal, porque puede incluso representar simpatía y amistad por nuestro país, y la bandera viaja y son ellos los que allá en sus países dicen a amigos y conocidos esa es la Bandera Cubana.

Pero creo que quienes primero deberíamos llevar el símbolo que es nuestra bandera somos nosotros.

Un ejemplo.

Los más común es ver funcionarios gubernamentales de muchos países que nos visitan para reuniones oficiales portan en las solapas de sus trajes o en el pecho de sus camisas, e incluso en guayaberas que adquieren aquí para usarlas en esos encuentros, pines con la bandera de sus naciones.

Prácticamente a ningún representante de las instituciones de nuestro Gobierno, los que nos representan a todos nosotros, dentro y fuera de la Isla, se le ve en las solapas de sus trajes o en sus camisas o guayaberas un pin con nuestra bandera.

Pienso que no es por un súper respeto a uno de nuestros símbolos nacionales, o por no dañar la vestimenta.

Creo que es porque nos falta la conciencia de lo importante de llevar ese símbolo que nos representa, no solo para identificarnos como cubanos, sino para recalcar el valor del símbolo y de la nación.

Los británicos con motivo de la Olimpiada de Londres, la última celebrada hasta ahora, llenaron el mundo con su bandera, y Cuba por supuesto NO fue ajena, con el tiempo esa bandera ha ido desapareciendo, aunque aún se ven algunas por las calles.

Y mientras esa epidemia de bandera de la Gran Bretaña nos llenaba los ojos, NADA de la bandera cubana.

Siempre se han visto alguna que otra, pero de un tiempo a esta parte vemos en las calles proliferar cada vez más las prendas de vestir, banderitas y otras muchas cosas con la bandera de Estados Unidos.

Como llegan, pues en malos cubanos que desde ese país las traen porque admiran esa insignia desafortunadamente manchada de sangre, abuso, explotación y otras muchas cosas, y no solo fuera de sus fronteras, sino dentro, recordemos el exterminio de los habitantes autóctonos del país, las masacres de trabajadores en huelga, el racismo brutal en unos tiempo, y algo más disimulado de los tiempos actuales.

Repito que cualquiera puede usar el símbolo que quiera, pero hay símbolos que nadie debería usar por la mala calidad humana que representan las acciones negativas que arrastran en su historia.

Aquí personas ilusionadas e ilusas lo usan como para expresar sus esperanzas de que el país, la economía y la cultura de Estados Unidos los van a considerar personas, los van a hacer ricos, los van a premiar por su manifestación pública de admiración por tal bandera, olvidando que allí de muchas maneras a los latinos y los negros siempre les están recordando que son eso latinos, negros y emigrantes.

Recuerdo a un conocido que recibió la visita de una hermana ya residente en Estados Unidos que cuando le hablaba a él y su familia sobre su asentamiento allá les decía, y juro que esto me lo dijo él con total honestidad, que allí siempre, aunque llegaran a hacerse ciudadanos norteamericanos, les recordarían que “ERAN DE ORIGEN LATINO”.

Y díganme si no es así, acaso no leen en las informaciones periodísticas sobre el proceso electoral como han los medios de allá del “voto latino”, y de quien es ese voto latino: pues de latinos que se nacionalizaron norteamericanos, juraron su bandera y su Constitución, y de nacidos allí pero de padre latinos.

Pero no les fuera suficiente ese ejemplo recuerden que es constante en sus medios hablar de “Comunidad” o “Comunidades Latinas”, dicen eso o no lo dicen.

Pero ¿qué hacer frente a esta invasión ideológica y cultural, porque detrás de transporte y el regalo de ese símbolo están esas cosas, ideología y esfuerzos por imponer una cultura.

Pues realmente crear verdaderas herramientas prácticas, materiales, palpables de lucha ideológica, de nuestra lucha ideológica y cultural, por nuestra nacionalidad, por NUESTRA BANDERA.

En los últimos tiempos el discurso es que debemos fortalecer nuestras herramientas ideológicas para hacer frente a la guerra de ideas que nos han hecho siempre y que ahora intensifican.

Pero la vida práctica me lleva a decir que es solo discurso.

Porque la falta de nuestros símbolos, de NUESTRA BANDERA, en la vida cotidiana del cubano me enseña que solo estamos haciendo discurso, palabras, que son reales, que alertan del peligro, pero de ahí no avanzamos, no damos el paso a la práctica, a hacer viables, materiales, palpables y visibles las herramientas, además de que continuamos con un discurso bastante alejado de la contemporaneidad de un Siglo XXI con otros códigos y otros lenguajes.

Y para que vean que no exagero un hecho palpable.

Hace pocos días, solo 10 días atrás, el Primero de Mayo muy temprano en la mañana al salir de la casa y echar una ojeada al vecindario que vi, UNA SOLA BANDERA CUBANA.

Es que mis vecinos no quieren ondearla en sus casas, es que no les interesa, son todos apáticos, o antinacionales.

Puede que alguno sí, seamos realistas, de todo hay en la viña del señor, como se dice, y los desmemoriados, ilusos y engañados sabemos que los hay por aquí ahora.

Pero creo que no, que no había banderas cubanas ondeando porque los cubanos NO tenemos donde comprarlas, con nuestro poder adquisitivo. Los turistas sí.

Por eso propongo hacer una inversión en herramientas ideológicas.

Herramientas materiales, y digo herramientas y no armas, porque las herramientas, como muchos sabemos sirven tanto para la paz como la guerra, aunque las preferimos para la paz, el avance del país, el desarrollo de esta Isla y sus Isleños.

Digo inversión en el sentido de invertir recursos materiales, porque fabricar herramientas lleva recursos materiales.

Fabriquemos camisetas, bolsos, pines, pequeñas, medianas y un poco más grandes banderas cubanas, pegatinas de diversos tamaños, pañoletas para nuestras muchachas y mujeres, nuestro símbolo.

Una cantidad no grande, lo suficiente para un experimento.

Y con esas banderas herramientas regalémoslas entre la juventud, los universitarios, los estudiantes de la enseñanza media, los jóvenes trabajadores, los jóvenes campesinos.

Incluso entre los bicitaxistas –palabras que hemos inventado en la lengua española porque no creo que exista como palabra pero si como personas- aunque estos en sus vehículos ya tengan otras banderas, y digámosles solo: mira aquí está TU BANDERA ponla también en su bicitaxi.

Porque no, también en aquellos automovilistas que andan por ahí con banderas de clubes de fútbol de todo el mundo, démosles también su bandera, y por supuesto a nuestros compañeros funcionarios estatales para sus solapas, camisas y guayaberas para que la luzcan y muestren con orgullo ¿Por qué no puede aparecer en la mesa de los locutores de nuestros noticieros una pequeña bandera cubana, o en la Mesa Redonda? Coloquémosla también allí para que se vea todos los días, una bandera pequeña, no tiene que ser grande, pero que este allí visible, permanente, nuestra, de todos las cubanas y los cubanos Y después esperemos a ver entonces cuantas banderas cubanas se van a ver en las calles.

Tengo la seguridad de que muchas.

Comprenderemos entonces que la inversión no fue en vano, que necesitamos no solo herramientas verbales, escritas o discursivas, sino herramientas materiales.

El símbolo lo es cuando está presente, cuando se ve, pero sobre todo cuando lo ponemos alcance de la gente común, de a pie, de nuestros conciudadanos, de nuestros compatriotas.

El símbolo lo es cuando yo lo puedo poner en mi casa, en mi camisa, junto a la pañoleta de mi hijo pionero, en la mesa de la maestra y el maestro de todos los grados de la enseñanza.

Hagamos este experimento. Y si el experimento funciona. Y si como creo se verán muchas más Banderas Cubanas en nuestras calles, pues invirtamos más y más, y démosles a los cubanos su Bandera.

Otras cosas hemos dado en este país sin costo, así que nuestra Bandera sin costo también se les puede dar a los cubanos.

No creo que nos arrepintamos.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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