Atilio Borón: “No podemos combatir los drones imperiales con arcabuces culturales”.

 (Tomado del boletín digital de la UNEAC Se dice Cubano)

Por Magda Resik Aguirre

Cuba es un país que le concierne. Al politólogo y sociólogo argentino Atilio Borón nuestra realidad le resulta muy cercana desde el triunfo revolucionario de 1959 cuando comprendió los importantes desafíos que supondría resistir por la independencia patria y el aporte significativo que podría realizar esta nación a la pospuesta y necesaria integración latinoamericana.

 

Llegó La Habana este abril de 2016 como notable repitente en “un viaje de vértigo a la isla” para participar en un seminario organizado por el Instituto Superior de Relaciones Internacionales. Ofreció tres conferencias en el Instituto de Filosofía, la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y la Casa de las Américas.

 

Al regresar a su país describió en su blog otras ocupaciones de esos días cubanos como “conversar con amigos y camaradas sobre los desafíos que enfrenta la continuidad de la Revolución en el enrarecido y amenazante ambiente internacional.”

 

Borón confesó a propósito de la más reciente estancia habanera: “Cuba pega en el alma y conmueve por el cariño de su gente, su solidaridad militante, su genuino internacionalismo socialista y su abnegación para ser fieles al legado martiano y sostener el proyecto revolucionario contra viento y marea.”

 

Esa mañana del 29 de abril en la cual dialogamos por unos minutos, los titulares de las principales noticias relacionadas con nuestro continente se referían a una reunión de los directivos de YPF para analizar “qué hacer con el petróleo argentino” y en Telesur, desde México, Paco Ignacio Taibo II evocaba los sucesos de la expropiación petrolera, liderada en los años treinta del siglo pasado por  el Presidente Lázaro Cárdenas del Río.

 

Se imponía seguir la ruta de un recurso tan expoliado en la región. Sin dudas, “las expropiaciones no gustan” ni han gustado a quienes se han visto despojados de millonarias ganancias, destinadas por gobiernos comprometidos con los desposeídos a un desarrollo social más justo y equitativo. Así lo describe Atilio Borón:

 

América Latina está enfrentando un momento muy difícil, una amenaza de reversión de los avances que hubo en los últimos 15 años. La guerra del petróleo está afectando enormemente a un país como Venezuela, está afectando también a Rusia, a Irán.  Ese derrumbe de los precios del petróleo no obedece a la dinámica del mercado – como suele decirse para que nadie pueda ser culpado por la responsabilidad de esto – sino que es producto de una decisión política; una decisión política que, al producir una baja artificial de los precios del petróleo, facilitada sin dudas por la recesión económica internacional, implica una menor demanda de ese recurso, pero nunca un derrumbe de esas proporciones.

La desaceleración de la marcha de la economía china podría haber hecho que el valor del petróleo se redujera, digamos, el valor en un 20 por ciento, pasar de cien dólares, supongamos, en números redondos, a 80; pero que caiga de 100 o poco más de 100, a 24 o 25, como finalmente ocurrió, eso tiene que ver con un proyecto político de destruir a los que Estados Unidos, en diferentes documentos oficiales, considera los Estados canallas, Estados fallidos o enemigos como Irán o Venezuela, o enemigos a vencer, como Rusia.

Entonces, en ese contexto de guerra del petróleo, estamos viendo movimientos como los que hay en Argentina, donde una empresa como YPF está en riesgo de revertir un proceso de nacionalización que tuvo lugar en los años del kirchnerismo; una nacionalización parcial en todo caso, porque YPF en Argentina no es una empresa del Estado, es una sociedad anónima; una sociedad anónima con mayoría de acciones estatales, lo cual es una figura jurídica diferente, pero en todo caso sí se habló de una recuperación del control estatal sobre esa empresa, y eso está en peligro ahora por el ajuste que está haciendo el gobierno de Mauricio Macri.

Pero también está en peligro PDVSA porque, en caso de que se produzca un golpe de estado, o una súbita irrupción de fuerzas insurreccionales del Comando Sur en Venezuela, una de las primeras víctimas sería PDVSA, sin la menor duda.

Y lo mismo podemos decir de lo que está pasando con PEMEX en México; PEMEX está siendo prácticamente descuartizada por partes, y cada una de esas partes ha sido privatizada; lo que queda es un cascarón formal nada más, pero esto indica que hay toda una ofensiva para reapropiarse de las grandes petroleras sudamericanas.Lo mismo está pasando con ECOPETROL, la empresa colombiana del petróleo.  O sea, hay un marco muy bien definido para reapropiarsede ese recurso.

 

En Argentina estamos viendo cómo las agrupaciones sindicales más representativas se unen en este momento, avizorando el retroceso en políticas sociales con la instauración del nuevo gobierno macrista. ¿De dónde concibe que provendría la fuerza insurreccional necesaria para enfrentar esos perjurios?  ¿La izquierda latinoamericana debe cambiar sus estrategias?

Uno de los legados más complejos y paradojales del kirchnerismo ha sido la fractura del movimiento obrero de Argentina, que fue una política que fue surgiendo producto de enconos, rivalidades, muchos elementos de carácter personalista que intervinieron en todo eso, y que llevaron a una situación como la actual en la cual tenemos cinco organizaciones que de alguna manera representan a la clase obrera, a los asalariados en Argentina, lo que revela mucha debilidad.

Producto de toda esta situación se ha producido un avance muy fuerte del desempleo en la Argentina. Eso ha favorecido una convergencia entre estas cinco centrales sindicales lo cual plantea un desafío a la madurez que tienen que tener esas organizaciones populares, no todas de izquierda.

Quiero aclarar que, por ejemplo, las tres agrupaciones de la CGT son desprendimientos del viejo sindicalismo peronista, que son un poco parecidas a lo que en México se llama el sindicalismo charro, o sea un sindicalismo patronal, conservador, con dirigentes muy corruptos.  Realmente, cuando uno lo dice en Cuba, probablemente acá los cubanos no tienen una dimensión de lo que puede ser esa corrupción sindical en países como Argentina, Brasil o México, donde tenemos dirigentes multimillonarios y trabajadores empobrecidos, o viviendo en condiciones muy precarias.  No así el caso de las dos CTA, que son los gremios alternativos que cuentan con dirigentes honestos y probos, pero que tienen una gravitación menor en el juego económico nacional.

Creo que para la izquierda el enfrentamiento con Macri es un enorme desafío.  Y el principal desafío es tratar de establecer mínimos denominadores comunes para poder avanzar en la construcción de un gran frente que le ponga coto a este proyecto macrista, que es un proyecto salvaje, es la aplicación de la terapia de choque sin anestesia.

Ahora, como decía el Che Guevara, qué bonito sería y qué fácil sería la tarea emancipadora de nuestros pueblos si pudiera prevalecer un principio de unidad; pero desgraciadamente vemos que lo que predomina son hegemonismos, liderazgos personalistas, jerarquías de diverso tipo, que impiden que se pueda lograr un planteamiento unitario y, ante esa desunión, la derecha avanza.

¿Eso tendrá que ver también con lo que algunos han descrito como antagonismo insalvable entre los presupuestos sociales de las izquierdas con el modelo de democracia burguesa?

Esas democracias burguesas no merecen el nombre de democracias.  He escrito varios textos, algunos de los cuales se publicaron acá en Cuba, donde sostengo que estas que normalmente se llaman democracias en América Latina en realidad son plutocracias, o sea, son gobiernos de los mercados, por los mercados y para los mercados. Y eso me parece a mí que es un dato decisivo.

La izquierda tiene otros dos grandes desafíos. Uno es la unidad, como decíamos antes. Lo otro es qué hacer cuando tú estás en un marco democrático burgués con sus  limitaciones insalvables y dentro de él no puedes hacer gran cosa. Por eso, cuando se quiso hacer algo diferente, gente como Chávez, Evo, Correa, hicieron una reforma constitucional, tratando de superar – y de hecho, en los papeles hay una superación efectiva – la democracia burguesa.

Lo que pasa es que el Estado sigue siendo un Estado burgués, aun en procesos de transformación profunda como los que fueron el chavismo, o el MAS en Bolivia, o la Alianza País de la Revolución Ciudadana en Ecuador, aun en esos marcos, sigue estando el Estado burgués presente. Y es por eso que, por ejemplo, en Venezuela, cuando Chávez quiso empezar a hacer una política diferente, con una lógica diferente, tuvo que apelar a las misiones, porque el aparato estatal no le servía.

Ahora, ¿cuál es el problema? El problema es que tú dices: “Bueno, no vamos a jugar con las reglas de juego de la democracia burguesa”, pero para eso tienes que desarrollar una estrategia insurreccional y condiciones que le den viabilidad a esa estrategia, si no, te transformas, como suelo decir a veces, en una especie de patrulla perdida, que está desvinculada por completo de las masas. Y entonces la gran pregunta es si hoy día, en países como la Argentina, Venezuela, Bolivia, las  masas populares están dispuestas a dar un salto insurreccional, destruir el viejo Estado burgués y construir un Estado de nuevo tipo.

Mi impresión es que no tenemos esas condiciones objetivas, por lo cual debemos trabajar dentro de una estructura que nos pone limitaciones en cuanto a la potencialidad transformadora; pero, al mismo tiempo, fuera de esa estructura no tenemos un estado de opinión, como decía Fidel en ese famoso discurso en la Universidad de Concepción, cuando él hablaba de la conciencia posible.  Él decía: “El programa del Moncada” –escuché esa conferencia en Chile, en el año 1971– “reflejaba lo máximo que podíamos proponer dado el estado de conciencia de las masas populares cubanas.”  Entonces él advertía a los estudiantes de la Universidad de Concepción que no le pidieran a Allende algo que iba mucho más allá de lo que las grandes masas populares chilenas podían comprender y estaban dispuestas a acompañar. Y creo que esa advertencia de Fidel es muy válida hoy. Ver concretamente hasta dónde están las masas dispuestas a acompañar en países como Argentina, Brasil, Venezuela, Bolivia.

Y si miramos los últimos resultados electorales, esas masas populares votaron mayoritariamente para impedir que Evo se postule nuevamente como presidente. Quiere decir que tenemos una inmensa tarea en el terreno de la cultura, en el terreno de la ideología, de la producción simbólica; una inmensa tarea por hacer, a fin de cambiar esas condiciones subjetivas que hicieran posible esta instalación de una democracia de nuevo tipo.  Algo se avanzó, pero falta mucho por hacer.

Cuando usted habla de condiciones subjetivas, vale la pena acercarnos a lo que ha dado en llamar (norte)americanización de la cultura en Latinoamérica. Esa dominación y paralización de las grandes mayorías ¿tiene que ver con el control de las mentalidades y la posesión mayoritaria de los medios de comunicación?

Constato que la vitalidad de la cultura norteamericana se asienta sobre su enorme control de los medios de comunicación a nivel planetario y hace que esos modelos de consumo, de comportamiento, gustos musicales, estéticos, modas intelectuales, se hayan expandido por todo el planeta.

Se impone en todos nuestros países una tarea de reivindicación de ciertos valores fundamentales, y esa tarea no ha sido hecha. Por ejemplo, los valores que definen al socialismo: la solidaridad, el compañerismo, el altruismo, no caer en las trampas fetichistas del capitalismo, no pensar que eres un hombre libre porque manejas un celular o un Smartphone. Darte cuenta de cómo eso puede ser también un instrumento de subyugación, no solamente que te permite hacer cosas; también que te somete al imperio de otros.  La educación política es una gran asignatura pendiente.

Una condición mental del subdesarrollo es el olvido impuesto y  la desmemoria.  ¿Qué les interesa que olvidemos?

Les interesa que nos olvidemos de Fidel, que nos olvidemos de Martí, que nos olvidemos del Che, que nos olvidemos de Camilo Torres en Colombia, que nos olvidemos de Sandino en Nicaragua, que nos olvidemos de los grandes héroes de la independencia, de Bolívar.

Es muy interesante: ellos han reescrito la historia a su manera, y además manejan toda esa enorme producción audiovisual.  Y la cultura de nuestra época es audiovisual, no es más letrada, no es la cultura gráfica en la cual me he formado.

Un dato muy interesante para entender a los jóvenes cubanos, o a los bolivianos, como decía García Linera, es ¿con qué se conectan con el mundo?  Con el smartphone.  Y ahí nosotros estamos totalmente ausentes, seguimos pensando en luchar contra esta hegemonía cultural norteamericana utilizando un arma como la prensa gráfica. Sigo escribiendo en la prensa gráfica y no lo voy a dejar de hacer nunca, mientras tenga vida voy a hacer eso; pero reconozco que hoy no es la más eficaz de las armas.  Nosotros no podemos combatir los drones imperiales con arcabuces culturales, y eso es lo que está pasando: ellos tienen los drones culturales y nosotros arcabuces. Tenemos que tener drones también nosotros.  Y ese me parece que es el gran desafío.

El hecho de que estos jóvenes se conecten al mundo a través de ese instrumento, no es una cosa neutra; les da una ideología, les da un lenguaje.  ¿Cuál es el lenguaje de la conectividad internacional? El inglés. Y el inglés, como lenguaje, tiene palabras que claramente marcan una jerarquía en el orden conceptual, en el orden de la interpretación de lo que es el mundo, y no tiene otras palabras, que las tenemos probablemente en otras lenguas, que también reflejan una visión diferente.

Me parece que, en ese sentido, debemos dar una batalla muy fuerte.  Digamos: nos guste o no nos guste, el inglés hoy es la lengua universal. Y si queremos luchar en contra del imperialismo, tenemos que luchar dentro de ese territorio marcado por esa lengua, lo cual no quiere decir abandonar todo lo que hacemos.  Por supuesto, sigo escribiendo en español, y voy a seguir escribiendo en español, o en castellano, mejor dicho, hasta el final de mis días; pero creo que tenemos que ver cómo damos esa batalla porque estos jóvenes, de a poco, van siendo absorbidos por una cultura, y esa cultura anglosajona hoy es cultura norteamericana.

Hay que meterse en las redes sociales, hay que disputar en el terreno de esas nuevas formas musicales, de esa nueva estética.  Este es un tema que no podemos pasar por alto. O damos la batalla en esta última expresión de la cultura y la sensibilidad contemporáneas, o somos anacrónicos.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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