Francisco de Miranda, doscientos años después

Por el Dr. C. Wilfredo Padrón Iglesias

El 14 de julio del presente año, se conmemora el bicentenario de la desaparición física de Francisco de Miranda y Rodríguez, y unos días después, el 3 de agosto, se cumplen 210 años de su desembarco expedicionario por las costas venezolanas. También por estos meses, se celebra el 190 aniversario del histórico Congreso de Panamá, cuyas ideas originarias tienen sus raíces en la obra mirandina.

Estas conmemoraciones encuentran un singular contexto en América Latina y el Caribe, dada la presencia de diversas fuerzas progresistas y de izquierda, una parte de ellas en ejercicio de gobierno, que en abierta confrontación con el conservadurismo regional e internacional, reivindican su derecho a la soberanía política, el progreso económico, el pleno desarrollo humano, la convivencia pacífica entre las naciones y la protección del medio ambiente, entre otras cuestiones de similar importancia.

Uno de los rasgos más sobresalientes de esta etapa, es la expresa voluntad de pueblos y gobiernos para avanzar en el acercamiento y la unidad política y socioeconómica de la región. Decisión patentizada en la consolidación y creación de mecanismos de concertación e integración, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y la Asociación de Estados del Caribe (AEC).

La plena independencia política y unidad regional, es para América Latina y el Caribe un anhelo que ya rebasa los doscientos años. Empeño que no solo se ha sustentado en su vecindad geográfica, sino también en las características de nuestro poblamiento, desarrollo cultural, sistemas coloniales, procesos de lucha liberadoras, conformaciones políticas y socioeconómicas, así como por los peligros y amenazas que han limitado o lastrado nuestro desarrollo. A alcanzar ambos propósitos han entregado sus mejores esfuerzos y hasta su propia vida, numerosas figuras de la región, como Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos, Gregorio Luperón, José Martí y José Enrique Rodó. También José Ingenieros, Augusto César Sandino, Fidel Castro Ruz y Hugo Rafael Chávez Frías.

De estas figuras habría que resaltar a Francisco de Miranda y Rodríguez, no solo por la conmemoración del bicentenario de su desaparición física, sino porque en una etapa tan temprana como los finales del siglo XVIII y primeras décadas de la siguiente centuria, elaboró e intentó llevar a vías de realización una estrategia destinada a encauzar un proceso de transformación de Hispanoamérica, desde dos dimensiones de sostenida interrelación.

La primera reúne las acciones dirigidas a expulsar a España de sus dominios en Hispanoamérica, con el consiguiente logro de la independencia regional. Para este propósito Miranda desarrolló intensas negociaciones en busca de potenciales aliados, gestionó los medios materiales necesarios y elaboró múltiples planes políticos y militares. En varios períodos de su carrera, intentó compulsar un levantamiento independentista hispanoamericano, a partir del esfuerzo de sus propios habitantes.

En la segunda dimensión se identifican sus sostenidos empeños por estructurar un proyecto que permitiera consolidar la independencia política de Hispanoamérica, como base desde la que se recuperara el significativo atraso imperante en sus territorios, debido a los siglos de explotación colonial a que habían sido sometidos. Al mismo tiempo, se convirtiera en marco propicio para alcanzar un alto nivel de desarrollo en la región, situándola en condiciones de emular en la arena internacional con las más prominentes potencias de la época. Un punto cimero radicó en su propuesta de conformar una sola nación con los territorios liberados del poder colonial español, bajo el singular nombre de Colombia.

Tan avanzadas concepciones, serían el fruto de un sistemático proceso de maduración y readecuación de sus ideas, al que tributaría el análisis de las modernas teorías filosóficas y políticas de su época y la valoración de los aportes de importantes figuras de renombre universal. También contribuyó su acucioso estudio de los rasgos históricos, culturales, económicos y políticos de variadas regiones de América, África, Europa y una parte de Asia, algunas de las que pudo conocer directamente gracias a su intenso peregrinar por el mundo.

Para su realización práctica, Miranda gestionó el respaldo material y político con los gobiernos de Rusia, Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Al propio tiempo, redactó proyectos, proclamas y planes constitucionales, militares y de gobierno, que fueron presentados o remitidos, junto a decenas de cartas personales, a importantes personalidades de la época. También publicó numerosos escritos en la prensa europea de entonces y editó El Colombiano, primer periódico de proyección independentista que se publicó en Europa, entre otras acciones de similar importancia.

Mas, a pesar de lo avanzado de sus ideas, lo elaborado de sus proyectos y de las intensas gestiones realizadas para su ejecución, Miranda no recibió el respaldo internacional necesitado, lo que lo obligó a potenciar sus esfuerzos individuales. Para ello organizó la primera expedición independentista de la región, arribada a las costas venezolanas en agosto de 1806. Unos años después, entre 1810 y 1812, se desempeñaría en la Primera República de Venezuela, convirtiéndose en un factor decisivo para la declaración libertaria de este territorio, el 5 de julio de 1811, respecto al dominio colonial español.

Tan importantes aportes, sin embargo, no solo señalan la importancia de su labor en relación con el pasado hispanoamericano, sino que subrayan la necesidad de valorar sus aportes a la luz de las principales problemáticas y desafíos que caracterizan la actualidad latinoamericana y caribeña. En virtud de ello, cabría preguntar: ¿Cuáles son los postulados del pensamiento mirandino que guardan vigencia, doscientos años después de su formulación? ¿Qué actualidad pueden tener sus ideas para el siglo XXI? ¿Qué pueden aportar en relación con las principales problemáticas y desafíos de América Latina y el Caribe?

Para aproximarse a estas interrogantes, es necesario establecer un dialogo entre las características actuales de América Latina y el Caribe y las principales líneas que integran la estrategia mirandina para la transformación regional. Ejercicio, que permitirá subrayar aquellos aspectos de su obra que poseen valor en relación con las principales problemáticas, potencialidades y amenazas que favorecen o afectan, según sea el caso, el desarrollo de la región.

Desde esta perspectiva, es preciso subrayar la vigencia de sus ideas al señalar como pilares básicos de la unidad hispanoamericana y caribeña, a la identidad compartida de sus habitantes, el similar desarrollo social, cultural, económico y político de sus territorios, así como la afinidad de sus normativas jurídicas, estructuras gubernamentales y ordenamientos constitucionales, entre otros aspectos de importancia. En el mismo sentido, mantiene validez su convicción de que solo la unidad permitiría una eficaz recuperación del retardo económico, social y político producido por los siglos de colonialismo ibérico, al tiempo que favorecería elevados niveles de gobernabilidad interna y un exitoso desempeño de la región en el escenario internacional.

Una contribución de plena vigencia, radica en que para Miranda la independencia política de los territorios hispanoamericanos, constituía un peldaño para alcanzar la plena emancipación individual y social de sus habitantes. Como afirmó en varias oportunidades, era -y es- necesario, que la “independencia política” se hiciera acompañar de la “emancipación mental”.

Otros aportes que merecen ser estimados desde la actualidad, son los relacionados con la creación de un estado y sociedad de nuevo tipo que garantice el ejercicio de los derechos constitucionales básicos, bajo el principio de coexistencia étnica, social y cultural, sin el que nuestras sociedades de rico y elevado mestizaje, no podrán alcanzar adecuados niveles de equidad, prosperidad y estabilidad social. Un llamado de elevada importancia para los actuales propósitos integracionistas, convocados a superar enfoques reduccionistas y de beneficios particulares, para desde la complementariedad, solidaridad y cooperación mutua, tributar al desarrollo de valores básicos como la autodeterminación, la igualdad social, la paz y la preservación de la identidad de nuestros pueblos.

Finalmente, es preciso resaltar la trascendencia de sus prevenciones sobre los verdaderos intereses de las pujantes naciones de su época. Si bien sus proyectos políticos y militares, necesitaban del respaldo de Estados Unidos e Inglaterra para su realización, no por ello Miranda dejó de advertir los peligros que esto acarreaba, ni los verdaderos intereses que movían a las naciones antes mencionadas. Son notables sus prevenciones en materia comercial, cuando en el Acta de París (1797) señaló en que en los intercambios de Colombia con ambos países: “…debía descartarse toda idea de monopolio” pues estas relaciones: “…no llegarían a ser exclusivas”. De manera particular, avizoró la raíz mercantilista de los intereses norteamericanos, llegando a afirmar que: “Las transacciones en especias y dinero también entre México, la Habana, Cartagena, etc., las realizan principalmente comerciantes norteamericanos, cuyas inmensas ganancias los han convertido de amigos en enemigos de nuestra Independencia.” Dos años después, sentenciaría: “…los Estados Unidos son temidos y odiados como vecinos.” (1)

En relación con Europa, advirtió que sus verdaderos intereses estaban dirigidos a convertir a los hispanoamericanos en: “esclavos que le obedezcan y trabajen para el fomento del lujo, que es su bien supremo!, mas no hombres libres, frugales, y justos que con su ejemplo la contengan en sus excesos, y la corrijan en tantos abusos.”(2)

El conjunto de estos aportes, han permitido reconocer para la historia a Francisco de Miranda, como el Precursor e Iniciador de la independencia y unidad de Hispanoamérica. Distinción que a su vez demanda un permanente conocimiento y reexamen de su obra y trayectoria política, pues como afirmó el comandante Hugo Chávez, precisamente en La Habana, en enero de 2006:

“…de Miranda muy poco sabemos, muy poco sabemos que trescientos años después de Colón, Miranda cruzó el Atlántico; muy poco sabemos de las glorias de Miranda y de la expedición libertadora de 1806, para que ustedes vean cómo nos han engañado durante siglos a nosotros, y es por allí donde hay que comenzar la verdadera independencia, la independencia cultural, el rescate de nuestras propias raíces, de nuestra propia identidad, de nuestros propios valores, de nuestros propios amores, de nuestros propios dolores.” (3)

Notas

1 Carta de Francisco de Miranda a Lord Castlereagh, 10 de enero de 1808 y Notas sobre Caracas, enviadas por Francisco de Miranda para Richard Wellesley Jr., julio de 1810; respectivamente.

2 Carta de Francisco de Miranda a Francisco Febles, 20 de abril de 1809.

3 Palabras pronunciadas en el acto público efectuado en La Habana, en ocasión de la entrega del Premio Internacional “José Martí Pérez”, de la UNESCO.

El autor es Profesor de Historia de la Universidad de Pinar del Río “Hermanos Saiz Montes de Oca”, Cuba. Autor del libro Cuba en la vida y obra de Francisco de Miranda (Editorial de Ciencias Sociales, 2010).

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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