Dignidad humana, raigambre primordial de la Revolución Cubana *

 

Ramón Sánchez-Parodi Montoto

En las actuales circunstancias de actualización del modelo económico y social socialista de Cuba y cuando se realza el status internacional de Cuba a partir del proceso de normalización de las relaciones bilaterales con los Estados Unidos, luego de más de medio siglo de acumulados fracasos por el gobierno de ese país en el intento de ahogar la Revolución Cubana mediante el fomento de la subversión interna, el aislamiento internacional político y diplomático y el estrangulamiento económico, financiero, comercial, científico y tecnológico, se colocan en primer plano las realidades éticas y morales de nuestra sociedad porque el gobierno de los Estados Unidos y sus instrumentos mediáticos se aferran en el empeño de deslegitimizar el programa de la Revolución Cubana alegando que promueve supuestas violaciones de los derechos humanos.

Es necesario resaltar que el llevado y traído tema de los derechos humanos se universaliza en el concepto de la dignidad humana, factor determinante en la vida interna e internacional de cualquier nación y que en el caso de Cuba está indisolublemente ligado al papel jugado por Fidel Castro, quien arriba a su noventa cumpleaños, con el reconocimiento mundial como líder histórico de la Revolución Cubana.

Por ello se impone un recuento del camino recorrido por los cubanos en esta gesta por alcanzar la plenitud de la dignidad humana.

El pleno disfrute de la dignidad humana es fundamento y esencia del programa de la Revolución Cubana, tal como expresa el apotegma martiano inscrito en el preámbulo de la Constitución de la República de Cuba: “Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

En el discurso que pronunciara en Tampa el 26 de noviembre de 1891 y en el cual definiera ese culto como “un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio”, Martí concluyó con un llamado a la unidad de todos los cubanos: “Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: ¡Con todos y para el bien de todos!”.

La tarea imperiosa para los cubanos en esa segunda mitad del siglo XIX era liberarnos del coloniaje español para construir una Nación independiente y soberana. El yugo colonial español constituía la barrera para el disfrute de la dignidad humana por todos los cubanos, incluyendo a los sometidos a la abominable esclavitud.

Así lo expresó Perucho Figueredo en versos que se convirtieron en Himno Nacional de Cuba:

“En cadenas vivir, es vivir

En afrenta y oprobio sumido.

Del clarín escuchar el sonido,

A las armas valientes corred!”

Forma poética de llamar a la lucha por la dignidad humana con la conquista de la independencia nacional, reafirmada por el simbólico gesto de Carlos Manuel de Céspedes de liberar los esclavos.

La dominación del imperio norteamericano sobre los asuntos de Cuba colocó como tarea apremiante para los cubanos rescatar la soberanía y la independencia nacionales secuestradas bajo la hegemonía de Washington. Mella y Guiteras predicaron con el ejemplo y ofrendaron su vida en el empeño recogido en las palabras de Rubén Martínez Villena:

   “Hace falta una carga para matar bribones,

     para acabar la obra de las revoluciones,

     para vengar los muertos que padecen ultraje,

     para limpiar la costra tenaz del coloniaje;

     para poder un día, con justicia y razón,

     extirpar el apéndice a la Constitución;

     para no hacer inútil, en humillante suerte,

     el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte;

     para que la República se mantenga de sí,

     para cumplir el sueño de mármol de Martí;

     para guardar la tierra gloriosa de despojos,

     para salvar el templo del Amor y la Fe,

     para que nuestros hijos no mendiguen de

     hinojos

     la patria que los padres nos ganaron de pie.”

La Revolución del 33, tal como expresó el Canciller de la Dignidad, Raul Roa, “se fue a bolina” y, el 10 de marzo de 1952, el asalto a los poderes de la República por una gavilla de ladrones, estafadores, torturadores, asesinos y vende patrias colocó la lucha armada como único camino para la conquista de la ansiada dignidad humana. Todos los derechos ciudadanos habían sido conculcados por los malhechores que se apoderaron del país con el “cuartelazo”.

El país había quedado sumido en un pantano y los personeros de la burguesía entreguista se plegaron a los ilegítimos gobernantes y traicionaron los intereses del pueblo y con esa actitud se condenaron a desaparecer para siempre como factor en la determinación de los destinos de la Cuba real.

Se abría una nueva etapa en la vida republicana. La Generación del Centenario, encabezada por Fidel Castro, levantó las banderas de los mambises y de los luchadores contra la dominación imperial y sus aliados de la oligarquía y la burguesía entreguistas.

“Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos…”, expresó Fidel en su alegato “La Historia Me Absolverá”, precisando el concepto de pueblo:

“Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen , y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando crea en algo o en alguien, sobre todo cuando crea suficientemente en sí misma, hasta la última gota de sangre”.

Ese pueblo, expresó Fidel, estaba formado por “los seiscientos mil cubanos que están sin trabajo… los quinientos mil obreros del campo… que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto… los cuatrocientos mil obreros industriales y braceros… cuyas conquistas les están arrebatando… cuyos salarios pasan de las manos del patrón a las del garrotero… los cien mil agricultores pequeños que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya… los treinta mil maestros y profesores … que tan mal se les trata y se les paga… los veinte mil profesionales jóvenes… que salen de las aulas con sus títulos… para encontrarse… cerradas todas las puertas…”.

En los años de lucha contra la tiranía batistiana, el pueblo cubano aprendió a creer en algo, en alguien y en sí mismo, abroquelándose alrededor de la conquista de la evasiva dignidad humana.

Todos los que tuvimos el privilegio de ser partícipes de esa gesta y posteriormente hemos acompañado al heroico pueblo cubano en estos gloriosos años de poder revolucionario, fuimos movidos desde el primer momento por ese deseo de construir una patria digna “con todos y para el bien de todos”, barriendo para siempre de nuestra nación el latrocinio y la malversación, la tortura y el asesinato, la explotación y la discriminación, la ignorancia y la insalubridad, el egoísmo y el engaño. Queríamos vivir en un país digno con el orgullo de llamarnos cubanos.

Estos valores constitutivos de la dignidad humana fueron el aglutinante de la unidad de todo el pueblo alrededor de las ideas revolucionarias. Con ellos se fraguó la voluntad nacional que guió la acción de la Revolución Cubana en la transformación del país desde el mismo Primero de Enero de 1959.

La dignidad humana ha sido el factor primordial de cada paso dado por la Revolución desde la toma del poder, comenzando por la aplicación de la justicia revolucionaria a los criminales asesinos y torturadores y la expropiación de los bienes malversados por los venales funcionarios gubernamentales.

Era imprescindible que el pueblo comprobara que no habría impunidad para la acción de los esbirros y sicarios ni para los que se sirvieron a sus anchas del erario y de los bienes del pueblo.

Con la Revolución, fueron forja de la dignidad humana la Reforma Agraria, la Reforma Urbana, la Nacionalización de la Enseñanza, las Milicias Nacionales Revolucionarias, los Comités de Defensa de la Revolución y la Federación de Mujeres Cubanas, para que el pueblo tuviese los instrumentos con los cuales hacer valer sus derechos en todos los órdenes.

Al optar por el camino revolucionario, fue necesario para Cuba enfrentar, tal como advirtiera Martínez Villena, la ambición incubada por los Estados Unidos.

La derrota de la invasión de mercenarios al servicio de los Estados Unidos por la Bahía de Cochinos y de las numerosas bandas y redes clandestinas de espías, terroristas, saboteadores y asesinos que como una plaga se extendieron por el territorio nacional con el patrocinio del gobierno de los Estados Unidos, fueron también acciones revolucionarias para conquistar el pleno ejercicio de la dignidad humana para todas las personas que viven en Cuba.

Vísperas de la invasión mercenaria liquidada en Playa Girón, Fidel proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana. En las ideas y las prácticas socialistas, el pueblo cubano encontró el sustento filosófico, histórico y político y las herramientas e instrumentos para hacer sustentable el disfrute de la dignidad humana en todas sus dimensiones.

Che Guevara abordó desde fecha temprana la estrecha relación entre el modo de organización de la sociedad cubana por la senda del socialismo y la formación de un ser humano que superase los estrechos marcos éticos y morales de las sociedades precedentes, objetivo indisolublemente ligado al pleno ejercicio de la dignidad humana.

En su ensayo “El Hombre y el Socialismo en Cuba”, publicado el 12 de marzo de 1965 en el semanario uruguayo Marcha, Che señaló “la necesidad de la creación de un hombre nuevo, que no sea el que represente las ideas del siglo XIX, pero tampoco las de nuestro siglo decadente y morboso. El hombre del siglo XXI es el que debemos crear…” y precisó: “el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad….” para afirmar más adelante: “hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización”.

Concluía el ensayo intentando algunas conclusiones, entre ellas: “Nosotros, socialistas, somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres. El esqueleto de nuestra libertad completa está formado, falta la sustancia proteica y el ropaje… El camino es largo y desconocido en parte: conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos.”

Al mismo tiempo que se avanzaba en la construcción de la sociedad socialista en el plano interno, la Revolución Cubana también ejercitaba la vocación internacionalista histórica de los cubanos de solidaridad con la lucha de los pueblos contra el imperialismo y el colonialismo en sus distintas formas de dominación. Esa es también una expresión de lucha por la dignidad humana.

Quizás la más alta expresión de ese compromiso esté representada por la colaboración brindada a los países del África Austral en las décadas de los 70 y los 80 del pasado siglo que tuvo como resultante la consolidación de la independencia de Angola, la conquista de la independencia de Namibia y el fin del abominable régimen de apartheid en Suráfrica.

Vale la pena resaltar un hecho incontrastable. La inmensa mayoría de esos cubanos fueron personas que no habían nacido o eran niños al triunfo de la Revolución, pero habían vivido las experiencias humanistas de la Revolución Cubana y compartían el propósito de hacer el hombre del siglo XXI.

Pero, como dijo Silvio, algún machete se enredó en la maleza y alguna noche las estrellas no quisieron salir. La desintegración de la Unión Soviética y la desaparición de los estados socialistas de Europa Central creó una nueva situación, ya prevista por Fidel cuando la conmemoración del Aniversario del 26 de julio en 1989.

Las décadas subsiguientes han reafirmado la voluntad de la nación cubana de continuar la lucha por la plena dignidad humana y lo ha conseguido con un altísimo grado de dedicación y de heroísmo.

Primero fueron los años del Período Especial en Tiempo de Paz cuando bajo la consigna de Defender la Patria, la Revolución y las Conquistas de la Revolución, el pueblo de Cuba luchó denodadamente contra todas las carencias, amenazas, adversidades, chantajes e incomprensiones para defender las conquistas revolucionarias hasta lograr recuperar la vitalidad económica del país rechazando los cantos de sirena del neoliberalismo y las continuas amenazas del gobierno de los Estados Unidos convertido temporalmente en el único polo hegemónico mundial.

A pesar de las adversas circunstancias materiales internas y del clima internacional, los cubanos logramos en ese período impresionantes avances en distintos sectores de la economía, tales como la industria petrolera, la producción de energía eléctrica, la minería del níquel el turismo internacional, la industria biotecnológica, entre los de mayor impacto.

Además, no solo derrotamos los amagos para renovar las acciones terroristas, sino que libramos la gloriosa batalla por el regreso de Elián y posteriormente tuvimos la gran satisfacción de abrazar en suelo patrio a nuestros Cinco Héroes.

No hubo una sola concesión a nuestros enemigos. En plebiscito con participación de la abrumadora mayoría de los cubanos, incorporamos en nuestra Constitución los principios del carácter irreversible de la sociedad socialista cubana y que las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con otro Estado no pueden ser negociadas bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera.

La afirmación de la irreversibilidad del socialismo en Cuba fue una respuesta directa a la prepotencia con la cual el gobierno de los Estados Unidos bajo la presidencia de George W. Bush reaccionó ante las acciones terroristas del 11 de septiembre de 2001, amenazando con lanzar la guerra contra los más oscuros rincones del mundo basado en la máxima imperial de “si no estás con nosotros, estás contra nosotros”.

Como una extensión de esa política Bush puso en práctica un programa para “cambiar el régimen cubano” a lo cual dedicó millonarios recursos.

Una vez más, apoyados en la fidelidad al culto a la dignidad plena del hombre los cubanos nos sobrepusimos a las adversidades del Periodo Especial y en el VI y el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba dimos forma a la decisión de actualizar el modelo económico y social de la sociedad socialista cubana

La actualidad mundial convida al recuento y a reflexión, sin sumergirnos en el análisis de los profundos factores que amenazan la supervivencia de la especie humana.

Los conflictos desencadenados en el Medio Oriente y regiones aledañas de Europa, Asia y África por los rejuegos de las potencias “occidentales”, con los Estados Unidos a la cabeza, para mantener su presencia hegemónica, provocan cientos de miles de muertos y millones desplazados.

El injusto orden internacional impuesto por los intereses financieros transnacionales que dominan la economía globalizada mantiene a nuestro planeta al borde del precipicio de la depresión económica generalizada y profundiza las desigualdades internas, donde el uno por ciento de la población concentra más riquezas que el noventa y nueve por ciento restante.

En el llamado “mundo occidental” proliferan crisis de los sistemas políticos. En Gran Bretaña la mayoría de la población reclama la salida de la Unión Europea; en España las elecciones dan como resultado la incapacidad de las fuerzas políticas de formar un gobierno; en los Estados Unidos está en crisis el “bipartidismo”, el más antiguo sistema político-electoral capitalista-burgués.

En Nuestra América, región que desde la segunda mitad del pasado siglo ha dado firmes pasos en la consecución de la segunda independencia a la cual convocara José Martí, sus gobiernos, agrupados en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la han proclamado zona de paz y se ha logrado crear las condiciones para poner fin al más antiguo conflicto armado de esta área geográfica.

A pesar de ello, no cesan los enfrentamientos con las fuerzas reaccionarias, que con el continuado aliento de los Estados Unidos, se empeñan en entorpecer la marcha hacia la integración soberana de nuestra América.

Mientras tanto, la Nación cubana, en medio de grandes dificultades y adversidades internas y externas, trabaja incansablemente, con espíritu crítico y creciente involucramiento popular en el reordenamiento de nuestra sociedad socialista, sin prisa pero sin pausa, sirviendo como referente mundial de lo que puede conquistar un pueblo cuando el bien supremo de la nación es el culto a la dignidad plena del ser humano.

Este es el gran legado de Fidel al encabezar la lucha por la conquista del poder revolucionario y desde él dirigir la acción de todo el pueblo para cumplir el sueño de mármol de Martí.

La Habana, 13 de julio de 2016

(*)

  1. A) Definiciones del Diccionario de la Real Academia Española:
  2. a) raigambre
  3. f. Conjunto de raíces de los vegetales, unidas y trabadas entre sí.
  4. f. Conjunto de antecedentes, intereses, hábitos o afectos que hacen firme y estable algo o que ligan a alguien a un sitio.
  5. b) primordial

Del lat. primordiālis.

  1. adj. Principal o esencial.
  2. adj. Primitivo o primero.
  3. B) En cuanto al término “dignidad humana” hay disímiles definiciones, pero en este caso nos guiamos por los conceptos expresados por José Martí.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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