Imágenes a los Noventa: Fidel ¿dictador o demócrata?

 

Felipe de J. Pérez Cruz

Quizás uno de los temas en que más manifiesta la monstruosa maquinaria de mentiras y desinformación del imperialismo contra Cuba, es cómo hay amigos y simpatizantes de la Revolución Cubana en el mundo, que desconocen que los cubanos vivimos “en democracia”. Que Fidel Castro Ruz fue electo reiteradamente por su pueblo, en elecciones verdaderamente libres.

Infestada la conciencia política contemporánea con la mitología demoliberal, lo que en democracia debiera ser decisivo, y que valida a la Revolución y al líder cubano, permanece oculto: Se trata de la legitimidad histórica, fundada en circunstancias participativas y decisorias realmente masivas y libres, que han sido renovadas permanentemente. Si se estudia el “modelo” democrático cubano,  en su constante creatividad y movimiento emancipatorio, se comprenderá lo desacertado de las afirmaciones de los propagandistas del imperio –coincidentes con algunos trasnochados demócratas de izquierda- sobre la llamada dictadura “estalinista” de Fidel Castro.

La Revolución y las masas como fuente de derecho

Cuba desde 1959 fue realmente un Estado de derecho, con todas las garantías y libertades que el pueblo en Revolución se dio. Con abrumador consenso Fidel Castro tomó posesión como Primer Ministro del Gobierno Revolucionario el 16 de febrero de 1959. Para el 17 de julio del propio 1959, en medio de masivas manifestaciones populares en las calles y campos, se resuelve la confrontación dentro del propio gobierno con los elementos reformistas y anticomunistas: El presidente Manuel Urrutia Lleó dimite y asume el cargo el revolucionario Osvaldo Dorticós Torrado.

 

Como prueba la documentación del Gobierno de los Estados Unidos de los años 1959-1960 que ha sido desclasificada, la acusación de dictadura contra la Revolución Cubana, conformó -junto con la entonces temible palabra de comunismo- la matriz de propaganda y guerra psicológica, que tempranamente articularon los servicios del imperio contra el proceso cubano La “acusación” de dictadura tomó visos de “credibilidad”, cuando la dirección de la Revolución decidió alejarse de los preceptos demoburgueses, y darse el tiempo imprescindible para resolver los más urgentes problemas de la sobrevivencia y organización del gobierno y el Estado. En tal criterio postergó la convocatoria a elecciones y la constitución de un órgano parlamentario. Y el Gobierno Revolucionario asumió funciones estatales y gubernamentales, legislativas y ejecutivas.

 

Lo que oculta la propaganda anticubana en el tema de la democracia en Cuba, es el análisis de fondo sobre las formas inéditas de expresión democrática de la voluntad popular, que se pusieron en práctica desde los primeros meses de poder revolucionario, las que realmente decidieron la democratización del trabajo, la sociedad y la participación en el ejercicio del poder político.

 

Bajo la impronta de Fidel, la Revolución inauguró en la sociedad cubana una práctica de dirección, caracterizada por su naturaleza democrática y estilo participativo: De vinculación estrecha con el pueblo, consulta popular de las principales decisiones, de discusión colectiva de los problemas fundamentales que afectan a la comunidad y de evaluación de las principales  políticas a adoptar. Fidel, Dorticós, Ernesto Che Guevara, Raúl Castro Ruz, en un constante hacer por todo el país, en contacto diario con los dirigentes de base, sindicatos, las cooperativas agrícolas, los campesinos, maestros, oficiales y soldados rebeldes, develaban las contradicciones que acompañan al proceso revolucionario, expresaban los problemas e irregularidades y tomaban medidas de solución.

El Gobierno Revolucionario, el aparato estatal, las instituciones y estructuras políticas revolucionarias, desde su constitución, se organizaron con un ordenamiento decisorio que iba más allá de Fidel como Primer Ministro. Siempre existió una articulación de dirección colectiva, tanto a nivel estatal como político. La transición política del pluripartidismo revolucionario de las tres organizaciones anti dictatoriales que lideraban las fuerzas revolucionaras al triunfo de la Revolución, hacia un concepto y ejercicio de partido único de la Revolución, cuya etapa fundacional concluyó en 1965 con la proclamación del nuevo Partido Comunista de Cuba, fue determinante  en formación a todos los niveles, en el Estado, en la producción y en la sociedad de los colectivos de dirección socialista. Esta labor unitaria decisiva, ya lo he subrayado, fue obra de Fidel.

Democracia directa

 

Entre 1959 y 1975 el ejercicio democrático en Cuba transcurrió por inéditos hechos de masas. La primera Declaración de La Habana, del 2 de septiembre de 1960, y la Segunda el 4 de febrero de 1962, aprobada ambas en multitudinarias asambleas de más de un millón de cubanos en la Plaza de la Revolución –que recibieron el apoyo de multitudes en todo el país-, se inscriben en la historia como eslabones superiores del proceso de democratización en la Revolución Cubana.

 

En la Primera Declaración de La Habana, quedó plasmado el derecho de los cubanos a la libre determinación y a la soberanía y su posición de rechazo a la explotación del hombre por el hombre, al capitalismo. La Declaración proclamaba el derecho de los campesinos a la tierra, de los obreros al fruto de su trabajo, de los niños a la educación, de los enfermos a la asistencia médica y hospitalaria, de los jóvenes al trabajo, de los estudiantes a la enseñanza libre, experimental y científica, de los negros e indios a la dignidad plena del hombre. La Segunda Declaración de la Habana, demostró la estrecha alianza entre las masas populares y el gobierno revolucionario, y definió la voluntad de los cubanos de mantener sus aspiraciones transformadoras a todo costo. Reafirmó la decisión inquebrantable en defensa de la soberanía nacional, la independencia de la Patria, la Revolución y su carácter socialista, así como la inquebrantable vocación solidaria e internacionalista de los revolucionarios cubanos.

 

Entre ambas asambleas nacionales, fue decisivo el voto del pueblo en armas el 16 de abril de 1961, cuando el líder de la revolución Cubana, en la seguridad de que se aproximaba la invasión mercenarias declaró el carácter socialista de la Revolución, en el entierro de las víctimas del ataque el aeropuerto militar  de Ciudad Libertad.  Antes de partir al combate, los soldados rebeldes, policías y milicianos que derrotarían en 62 horas a los invasores que desembarcaron por Playa Largo y Playa Girón, los miles de revolucionarios que en todo el país se aprestaban a tomar las armas, a neutralizar y apresar a la contrarrevolución interna, y hasta los jóvenes 100 mil estudiantes que ese día 16 de abril partían para los cursos previos de la Campaña Nacional de Alfabetización, sus padres y madres, y todos los cubanos y cubanas patriotas, sabían que la batalla en curso se hacía por el socialismo.

 

Estas tres asambleas de pueblo dirigidas y protagonizadas por Fidel, sentaron las bases de la democracia directa cubana, cuya prueba de fuego fue el extraordinario apoyo popular con que contó la dirección de la Revolución, durante los complejos días de la Crisis de Octubre en 1962.

 

Y si faltaba alguna ratificación en aquellos años iníciales, no quedó dudas tras el acto valiente y cívico del Comandante de los cubanos y cubanas, cuando asumió públicamente su responsabilidad por el revés de no producir los 10 millones de toneladas de azúcar en 1970,  y puso su cargo a disposición del pueblo: ¿Qué líder del Occidente “democrático” ha tenido el coraje y la convicción de colocar sus cargos y responsabilidades en manos de la decisión colectiva popular?. Precisamente por esa capacidad autocrítica, por su vergüenza y compromiso, Fidel fue premiado por el consenso popular y pudo liderar seguro, los cambios que  entonces se percibieron como necesarios.

El Estado y la democracia socialista

El 24 de febrero de 1976 se proclama la nueva Constitución de la República, y culminó la primera etapa de institucionalización de la Revolución. La nación se dio su Ley de leyes en un referéndum respaldado por el 95,7% de la población mayor de 16 años, de la cual el 97,7 por ciento aprobó el texto constitucional.

Luego de un exitoso proceso electoral, el 3 de diciembre del propio 1976, Fidel fue elegido por unanimidad jefe del Estado en la recién constituida  Asamblea Nacional. A pesar de gestarse el sistema del Poder Popular, en lo que se ha llamado por algunos autores en el exterior “los años” o “la época soviética”, nada en nuestro diseño de poder popular tiene que ver con la organización y las practicas electorales, que por entonces existían en la URSS y en los principales países del socialismo “real” europeo.

El orden democrático socialista que fija la constitución cubana, ha sido ratificado reiteradamente desde 1976, con el sacrosanto voto electoral, que a pesar de no ser obligatorio en Cuba –como si lo es en muchos países del orbe-, ha contado en las cuatro décadas trascurridas, con más del 95 por ciento de participación del electorado. En todos estos años por demás, las votaciones a favor de la Revolución en los votantes no han descendido del 96 por ciento.

¿Qué Gobierno o Partido político contemporáneo, ha alcanzado este record de funcionamiento y consenso democrático? ¿Cuántas personas se asombran al conocer la actividad estatal en el país, y que tanto la esfera ejecutiva como jurisdiccional, todo “el poder de mandar” en el país, deriva del Derecho, y no del carisma del líder o de la “dictadura” del “Partido único”? ¿Cuántas personas asombrarían al saber que Fidel Castro, para ser Presidente tuvo que ser propuesto y electo como candidato a diputado por una asamblea municipal del Poder Popular -Santiago de Cuba-, y obtener la elección como tal, mediante voto libre, directo y secreto de cientos de personas empadronadas en ese municipio, para después ser propuesto como Presidente y elegido en la Asamblea Nacional con el mismo procedimiento de votación?

 

Los datos consecutivos de las elecciones, con la votación directa y secreta a favor de Fidel como diputado, y como presidente son públicos, están en la prensa cubana junto con la votación alcanzada por  cada diputado, pero a tal realidad no se refiere la propaganda contrarrevolucionaria, tales estadísticas pasan inadvertidas para los académicos de lo gobernabilidad “democrática” burguesa.

El Estado cubano tiene gastos mínimos para cada proceso electoral: lo que cuesta el aseguramiento material de la elección en urnas, publicación de padrones, e infraestructura de apoyo, organización de comisiones, transporte y alimentación de los funcionarios electorales, que son en su inmensa mayoría voluntarios. El Partido Comunista de Cuba no tiene gastos electorales, porque la ley le prohíbe cualquier tipo de proselitismo electoral a favor de uno u otro candidato. Una hoja de vida de los propuestos, hecha pública entre los electores resume toda la propaganda política electoral:  ¿Somos menos democráticos los cubanos porque hemos decidido vivir sin los millonarios gastos de las “campañas electorales”, sin perder el papel imprescindible para los libros de texto, para la pujante literatura nacional,  y en su lugar emplearlo en crónicas rojas o amarillas en las que unos y otros candidatos develan la podredumbre del sistema burgués y  las intimidades “cuestionables” de sus propias personas?

La democracia directa

 

Como toda organización democrática a escala del Estado-nación, la cubana también tiene un carácter representativo, pero la democracia en nuestro modelo no se agota en la representación formal en la apariencia, sino que busca la participación directa de la gente en las instancias representativas. Desde la experiencia histórica cubana, la democracia cubana incorpora cada vez más mecanismos y formas de democracia directa, en estructuras de carácter inevitablemente representativo.

 

A la par de la preparación y realización de las lecciones del poder popular, en la sociedad cubana se produce un profundo y amplio ejercicio de evaluación y diálogo autocrítico. En el 2002 un proceso plebiscitario popular, a lo largo y ancho del país, 8 198 237 ciudadanos, mediante la firma pública y voluntaria solicitaron a la Asamblea Nacional del Poder Popular reformar la Constitución de la República, incluyendo en la misma el concepto de la   irrevocabilidad del socialismo, solicitud que fue asumida y aprobada por nuestro parlamento.

 

Más de cinco millones de ciudadanos asistieron en el 2007 a reuniones de estudio y reflexión sobre las problemáticas e insuficiencias del socialismo, en estas se realizaron 3 255 344 intervenciones, portadoras de 1 300 000 planteamientos. Entre diciembre del 2010 y febrero del 2011, se efectuaron 163 mil 79 reuniones, con 8 millones 913 mil 838 participantes, para evaluar el proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución. Los participantes en los citados análisis hicieron 3 millones 19 mil 471 intervenciones, y de estos debates, 395 mil opiniones fueron aceptadas e incluidas en la reformulación de los Lineamientos.

 

La democracia protagónica cubana se mide sobre todo en los logros del socialismo. Para  no pocos países del mundo –incluidas las grandes metrópolis del capital transnacional-, la generación de instrumentos legales, que posee la sociedad cubana para garantizar sus derechos humanos resulta aun un sueño por alcanzar. Cuba tiene una amplia y significativa política de juventud. La felicidad de la familia, la niñez y la juventud cuenta además con códigos particulares que fijan las obligaciones estatales y las privadas para con el desarrollo de las nuevas generaciones, así mismo se establecen los derechos y deberes sociales de las niñas, niños y jóvenes. Con similar sistema de derechos y de recursos a su disposición y disfrute,  cuentan los cubanos y cubanas de la tercera edad. Cuba es el único país del mundo que logró censar a toda su población con minusvalías, y con el conocimiento adquirido ha buscado los recursos para garantizar la atención y calidad de vida de cada uno de estos ciudadanos y ciudadanas. La Revolución ha cumplido con creces con todas las metas de los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas.

 

La cubana es una “dictadura” donde 380 mil de sus ciudadanos, durante 15 años consecutivos, fueron voluntariamente a pelear por la liberación nacional y la  independencia de los pueblos africanos. Y en el propio año en que las fuerzas internacionalistas cubanas vencedoras del apartheid se retiraban de Angola, el 2 de mayo de 1990, frente a los peligros que la caída de la URSS avecinaban,  tres millones de cubanos y cubanas iniciaban las maniobras militares-civiles “Escudo Cubano”, operativo integral para encarar el bloqueo total del ejército imperialista, así como golpes aéreos, desgastes sistemático e invasión militar. Escudo Cubano en su objetivo de preparación para la defensa de todo el pueblo, se convirtió en los años sucesivos  un sistemático y masivo ejercicio nacional de validación de capacidad militar, fortaleza ideológica y consenso político: Tampoco estas manifestaciones patrióticas se miden en los parámetros burgueses de “gobernabilidad democrática”.

 

Espacio para disentir

 

Autoproclamarse “oposición” o “disidencia” no es  ilegal en Cuba, pensar, opinar y votar contra el socialismo no es ilegal en Cuba. El mercenarismo, los vínculos con servicios de inteligencia extranjeros que intentan subvertir el país, el engaño y la difamación política, las provocaciones contrarrevolucionarias, si son conductas apátridas penadas en Cuba.  ¿Somos represivos porque no permitimos seudopartidos pública y desfachatadamente financiados con los dólares de la potencia extranjera que intenta destruirnos?

 

La abrumadora mayoría del pueblo cubano, desde que asumió el socialismo como sistema en 1976 –y lo ratificó con la reforma constitucional del 2012-, decidió que el único “derecho” que no se concedería jamás en el país, sería el de hacer contrarrevolución. ¿Somos dictatoriales porque juzgamos de acuerdo al derecho que nos hemos otorgado, a los que traicionan a su patria y cobran salarios mercenarios para justificar el bloqueo? Estatutos similares existen la inmensa mayoría de los países del mundo. En los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania y España las denominadas leyes antiterroristas han secuestrado las garantías civiles de sus ciudadanos, se conoce la prisión ilegal enclavada en la base de Guantánamo, y se sabe de la existencia de numerosas cárceles clandestinas regidas por los servicios de inteligencia de la OTAN…

En capitales como Washington, ni un presidente negro, ni una alcaldesa negra, pueden evitar que casi todos los días la policía blanca y racista, maltrate, golpee y hasta llegue a asesinar a un joven negro: Jamás un ciudadano o ciudadana cubanos ha sido golpeado por la policía, ni pensar que haya sido golpeado hasta morir o baleado en una calle del archipiélago. ¿Dónde están realmente los violadores de la democracia?

Con Fidel y la Revolución, siempre nos hemos sentido en espacio y oportunidad para discrepar, tengamos o no todos los argumentos y certezas. Callarnos sería una traición al  compromiso de conciencia y amor en el que Fidel nos ha educado.  El hecho histórico real es que Fidel ha convencido con argumentos y realizaciones: ¿Cuántas veces no hemos compartido una u otra decisión de Fidel,  para luego, solo un poquito después, entender sus razones, aprender de sus razonamientos, enorgullecernos de su coraje político o sencillamente divertirnos con su astucia, por las magistrales “jugadas” que le hace al Imperio?

 

Quienes intenten honradamente entender a Fidel y a los cubanos revolucionarios, en su íntima relación entre líder y masa; deben comprender que en la Cuba “comunista”, Fidel Castro  ha sido y es el principal y más formidable de los disidentes: Toda su autoridad crece en su andar junto a los ciudadanos, en el compartir sus justas críticas por lo que no marcha o no se hace bien, por asumir  las responsabilidades –su severa autocrítica-  en relación a una u otra deficiencia que considera le atañen directamente, por exigir y educar a los cuadros partidistas y estatales en la máxima consagración y eficacia en su condición de defensores y servidores del pueblo. Tras una praxis masiva tan colosal y a la vez cotidiana, íntima, junto al pensar y el hacer  del Comandante de la Revolución Cubana: ¿Coincidir es acaso síntoma de “renuncia” a la democracia “pobreza intelectual”, “fanatismo”? ¿De falta de valentía?

 

Persisten entre los cubanos y cubanas inconformidades, problemas, contradicciones, y hoy se desarrollan fuertes y decisivos debates tanto en el mundo de la teoría –de los modelos de socialismo posible-, como en el universo de las praxis, de las estrategias y políticas y del día a día. Este es el síntoma más vital de la democracia fidelista que pervive.

 

Dictadura y democracia

 

Fuera del dogma y el esquema burgués, no ha faltado el debate  se ha debatido sobre la validez del término dictadura, y qué es realmente democracia. Dentro del movimiento revolucionario europeo en la época leninista, se produjeron fértiles intercambios, que luego fueron abandonados, con la política centralizadora y dictatorial implantada por José Stalin y sus seguidores, después de la muerte de Vladimir Ilich Lenin en 1924.

 

Comparto el criterio de Rosa Luxemburgo -en las tesis planteadas en el verano de 1918- que no pone en tela de juicio la necesidad de la dictadura del proletariado; pero se trata, insiste ella, de una “dictadura de clase, no la de un partido  o una  camarilla; una dictadura… que se ejerce lo más abiertamente posible, con la participación sin trabas, muy activa, de las masas populares, en una democracia sin límites. (…) Esa dictadura reside en el modo de aplicación de la democracia y no en su supresión, apoderándose con energía y resolución de los derechos reconocidos y las  relaciones económicas de la sociedad burguesa; sin eso, no se puede realizar la transformación socialista…esa dictadura debe ser obra de la clase, y no de una pequeña minoría que dirige en nombre de la clase…debe ser la emanación fiel y progresiva de la participación activa de las masas; ella debe sufrir constantemente la influencia directa de éstas, estar sometida al control de la opinión pública en su conjunto,  emanar de la educación política creciente de las masas populares.

 

Estoy convencido de que en la historia del movimiento socialista mundial, en la historia de los proyectos revolucionarios en el poder, el diseño de democracia de la Revolución Cubana, es el que más cercano ha estado de cumplir en la práctica, las sabias intelecciones de Luxemburgo. Lo hecho en medio siglo de dirección fidelista lo corrobora. Aún en los momentos de mayor estrechamiento de la participación, a nombre de una mal entendida institucionalización, no hemos perdido la esencialidad del protagonismo de las masas en el ejercicio del poder popular.

Si se tiene en cuenta que precisamente fue Fidel el arquitecto y promotor del nuevo diseño del sistema político cubano, de sus bases participativas y decisorias, no queda duda de su constante labor democratizadora en la dirección teórico-práctica que refirió Rosa Luxemburgo. Lo acumulado sobre todo, permite pronosticar nuestras posibilidades reales de avanzar cada vez más en la emanación fiel y progresiva de la participación activa de las masas. Y este ¿quién puede dudarlo?, es un legado histórico en presente del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana.

 

 

 

 

 

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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