Imágenes a los noventa: Fidel en las batallas de ideas

Felipe de J. Pérez Cruz

 

Fide Castro Ruz desde su más temprano activismo político estuvo inmerso en batallas de ideas.  Se trata entonces del ejercicio de una praxis de construcción ideopolítica revolucionaria, sólidamente asumida, desarrollada y dialécticamente superada, sobre la que resulta sumamente interesante reflexionar. Para ello hay que partir de la consideración de los fundamentos filosóficos e históricos de la obra revolucionaria del líder de la Revolución Cubana.

 

Martí

 

Resulta imprescindible atender a la rica articulación que tempranamente comenzó a desarrollar el joven Fidel Castro desde finales de la década del cuarenta del pasado siglo, entre la tradición revolucionaria cubana, y en particular del pensamiento de José Martí y las ideas de los fundadores del socialismo científico.

 

La perspectiva martiana con la que Fidel se acercó al marxismo, el énfasis en el mundo moral que está presente en la tradición del pensamiento revolucionario cubano que reivindica, le posibilitan arribar al socialismo científico desde un fuerte sustrato axiológico, lo que le permite sustraerse de las vulgarizaciones economicistas y dogmatizantes, que  predominaban en la teoría y la práctica de la URSS y de los partidos comunistas de los años cincuenta.

 

Los conceptos martianos y marxistas de cultura y educación, unidos a la acción práctica revolucionaria por transformar la realidad, se vinculan estrechamente al progreso social, y al desarrollo y la formación progresiva de la libertad. Y esta coincidencia conceptual no pasó inadvertida para Fidel.

 

Con Martí por estandarte comenzó Fidel el despliegue del proyecto cultural revolucionario que desarrollaría en su seno las fuerzas que pusieron fin al capitalismo en Cuba. Martí es el ideólogo por excelencia de “La Historia me absolverá”, y no es casual que el primer gran movimiento masivo de naturaleza político ideológica que Fidel desata tras el triunfo revolucionario de enero de 1959, haya sido un movimiento educacional de masas, cuya consigna central fue la sentencia martiana que define cómo ser cultos era la única manera de ser libre.

 

Crear riqueza con conciencia.

 

Fidel Castro a diferencia de quienes dirigían la URSS y otros países del campo socialista europeo, otorgó prioridad al factor subjetivo, al desarrollo de la conciencia, de la ideología, de la conciencia política y la conciencia ética, sin por ello dejar de tener en cuenta la importancia del factor económico. Fidel precisa tempranamente -en1967- la posición cubana sobre el hecho de que el socialismo no solo era un problema del desarrollo de las fuerzas productivas, sino también – y muy esencialmente – un problema de desarrollo de la conciencia humana. Así frente a los criterios soviéticos, el socialismo cubano  se propuso “crear riqueza con conciencia”.

En el acto del 1 de mayo de 1971, Fidel ratifica el camino cubano: “Nosotros debemos utilizar la conciencia… como un arma fundamental en el desarrollo de las fuerzas productivas… Este debate ideológico central, se precisa de manera muy definida en el Informe del Comité Central del PCC al primer Congreso, en 1975: “La conciencia comunista no es un producto automático de las transformaciones estructurales,  ella hay que forjarla día a día en la experiencia viva de la lucha de clases, en la educación política y en la información nacional e internacional”.

 

En el  Informe Central presentado al II Congreso del Partido en 1980, Fidel reiteró: “Ideología es ante todo conciencia; conciencia es actitud de lucha, dignidad, principios y moral revolucionaria. Ideología es también el arma de lucha frente a las debilidades, los privilegios, las inmoralidades” 

 

El proceso de  rectificación

 

El proceso de  rectificación de  errores y tendencias negativas iniciado en 1985, fue sin dudas un nuevo momento de reflexión creativa sobre la importancia de la lucha por la hegemonía ideológico cultural en el seno de la sociedad cubana. El problema más grave que se reveló entonces, no era solo de dogmatismo y mimetismo acrítico. Lo fundamental que se evidenció fue la crisis del modelo de socialismo que se nos importó, que precisaba de una urgente y consecuente rectificación revolucionaria. Y tal realidad fue comprendida con meridiana claridad por Fidel Castro, primero que los propios dirigentes soviéticos de la época.

 

Dada la tarea de renovación ideológica y política socialista que latía en la esencia contradictoria de los problemas detectados, el proceso de  rectificación de  errores y tendencias negativas fue asumido por Fidel como una revolución conceptual profunda y abarcadora que tuvo por centro la autocrítica y reflexión colectiva, y el reencuentro con los fundamentos más genuinos de  la ideología revolucionaria cubana. Precisamente frente a las desviaciones economicistas y el deterioro de la conciencia revolucionaria, la rectificación condujo a reasumir el papel protagónico de la ideología socialista, relegada por la prevalencia de los falsos criterios sobre la eficiencia espontánea de los mecanismos económicos.

 

A la rectificación, como proceso, le falto el tiempo que no le concedieron las circunstancias. El 26 de julio de 1988 Fidel rechazó de forma tajante  la perestroika de Mijaíl Gorbachov. Quien primero había visto la urgencia de la rectificación del modelo soviético y en consecuencia había emprendido la rectificación de sus secuelas en la economía y sobre todo en le ideología y la política de la Revolución Cubana, comprendía mejor que otros líderes del movimiento comunista internacional, la irresponsabilidad histórica y el aventurerismo del proceso que había iniciado Gorbachov  en la URSS. Fidel entonces calificó la propuesta política de la  perestroika  como “peligrosa” y “opuesta a los principios del socialismo”.

 

El concepto de  Período Especial

 

Tras la crisis del socialismo europeo y la desaparición de la Unión Soviética, Fidel Castro nuevamente realiza una apreciable contribución histórica. En medio de la paralización de industrias, sin insumos ni recursos financieros, con una drástica reducción del nivel de vida y de la alimentación de la población; cuando en  el mundo occidental repercutía el derrumbe de la URSS, convertido en pesimismo y renuncias a los ideales comunistas; y el imperio del Norte arreciaba sus ataques con la pretensión de adelantar lo que consideraban una segura muerte o claudicación de la Revolución Cubana; Fidel logró articular como base de una certera y realista política para  resistir y salvar la Revolución, la creación de un masivo movimiento de dignidad y patriotismo, capaz de hacer realidad la política revolucionaria sobre la base de una alta dosis de idealismo y sentido de la moralidad revolucionaria.

 

El concepto de  Período Especial en tiempo de paz, aportado por el Comandante en Jefe, constituyó el elemento medular del panorama nacional. Su connotación fue económica y política, pero el elemento más dinámico y complejo lo fue precisamente el ideológico: resumiría la tenacidad, el patriotismo, la audacia y la inteligencia de la nación cubana situada en su más difícil y peligrosa coyuntura histórica.

 

En el triunfo de la alternativa revolucionaria frente a la crisis económica, jugó un papel trascendente el protagonismo de Fidel como pedagogo y educador social. El Comandante logró en las más amplias masas, la comprensión de que el Período Especial era el tiempo mínimo que la sociedad cubana necesita, para reorientar sus relaciones económicas y comerciales internacionales, y reestructurar su aparato productivo y de  servicios en función de  las nuevas circunstancias. Estas nuevas tareas históricas, explicó Fidel, tendrían el objetivo fundamental de salvar las conquistas principales de  la Revolución socialista, y preservar nuestro derecho al desarrollo, al bienestar y la felicidad de todos los ciudadanos, en estrecha unidad con la disposición irrenunciable a ser libres e independientes,  a construir el socialismo.

 

Fidel  Castro no dejó espacio al pesimismo, y esa fue quizás su más importantes contribución durante el Período Especial. Aún en las más difíciles circunstancias tuvo un claro y acertado manejo del optimismo histórico. Impregnó a las masas de confianza y seguridad en  la resistencia, como camino expedito para salir de la crisis económica y encontrar las imprescindibles soluciones.

 

La Batalla de Ideas

 

El brutal secuestro del niño Elián González fue el detonante el 5 de diciembre de 1999 de una nueva etapa en la lucha ideológica de nuestro pueblo y en ella nuevamente jugó un rol trascendental la personalidad histórica de Fidel Castro. Batalla de Ideas fue el denominador con que el Comandante en Jefe categorizó entonces la actividad de lucha ideológica del Partido Comunista de Cuba, junto a las organizaciones revolucionarias y al pueblo cubano

 

Los principios patrióticos del trabajo político ideológico, fueron ratificados con el Juramento de Baraguá el 19 de febrero del 2000, con el que la nación se comprometió a no cesar el combate, mientras existiera el bloqueo criminal del gobierno de los Estados Unidos, la guerra económica, las leyes Torricelli, Helms Burton y de Ajuste Cubano, la ocupación ilegal del territorio de la base naval norteamericana en Guantánamo, y todo el conjunto de disposiciones, destinadas a agredir a nuestro país e impedir su  desarrollo.

 

En el citado discurso del 1 de mayo de 1971 el Comandante explicó premonitoriamente, la trascendencia que otorgaba a la lucha ideológica: “Hay que procurar que la ideología no sufra derrotas, porque las derrotas de la ideología se pagan con retrocesos en el camino de las revoluciones”. En la Batalla de ideas reactualiza la importancia del factor subjetivo: “El imperialismo y el capitalismo han subsistido en gran parte por factores subjetivos”, afirma a los periodistas latinoamericanos el 12 de noviembre de 1999.

 

A diferencia de los revolucionarios de la Europa socialista, Fidel no subvalora la fuerza disgregadora de los mensajes de la propaganda capitalista: “Los capitalistas – continúa en el mismo discurso de noviembre – descubrieron el valor de los factores subjetivos y descubrieron en los medios masivos el instrumento perfecto de influir de una manera avasalladora sobre esos factores subjetivos que constituyen ingredientes imprescindibles de la historia, de los avances históricos, o de la prolongación de sistemas inicuos, explotadores, monstruosos, inhumanos…”. Y en esta dirección Fidel afirma que “en realidad al campo socialista y a la URSS no los destruyeron fundamentalmente sus propios errores, los destruyó esa infernal maquinaria  de la mentira, del engaño y de la desinformación…”

 

En criterio de Fidel la cultura de la emancipación debía salvar el mundo. La ideología y la política fueron los ejes de ese gran movimiento cultural masivo, con el que la genialidad del Comandante en Jefe, aseguró poder salvar  al hombre en medio de la feroz globalización capitalista; frente a sus poderosos sistemas de guerra ideológica, de manipulación de las conciencias, de mimetismos vanalizantes y promoción de seudovalores, cuando la política contrarrevolucionaria en el seno del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica  alcanzaba nuevas y más peligrosas dimensiones fascistas, y su maquinaria belicista asesina impunemente a miles de personas en Irak y Afganistán.

Había que sembrar ideas y argumentos humanistas, y persuadir con la fuerza que las ideas suelen tener cuando son auténticas y verdaderas, para crear conciencia sobre la posibilidad de producir resistencias múltiples frente al sistema opresor, con proyectos ecológicamente sustentables, de consumo responsable, colectivistas, anti hedonistas, de vida culta y solidaria.

La Batalla de Ideas en la praxis

 

Fidel promovió con la movilización nacional para la liberación del niño secuestrado, un colosal movimiento de opinión pública, de debate y explicación de la situación nacional e internacional. La sistematización perspectiva de tal movimiento masivo de educación  política Fidel la situó en el mundo de la cultura. Renació con la Universidad para Todos, el proyecto histórico de la Universidad Popular de Julio Antonio Mella, ahora con los maravillosos recursos audiovisuales desarrollados por la televisión. Por demás el trabajo revolucionario fue enriquecido con nuevos instrumentos de educación y propaganda de masas como la Mesas Redondas y las Tribunas Abiertas.

 

Se realizó una mirada profunda hacia la sociedad norteamericana, y en particular el caso de Elián permitió desentrañar las realidades de la vida en Miami,  y entender su condición de falsa vitrina de bienestar y consumo. Muy significativo fue el acento en profundizar las causas económicas y políticas de la campaña guerrerista y fascista del presidente George W. Bush, y la falacia y doble rasero de su discurso antiterrorista, pues mientras protegía a connotados y confesos terroristas de la mafia anticubana, apresaba y maltrata a cinco patriotas cubanos, cuyo “delito” fue precisamente preservar a los pueblos cubano y estadounidense de acciones criminales. Nunca, en ninguna otra etapa de la vida política de nuestro país, la ideología del imperialismo fue sometida en el seno de nuestro pueblo a tan demoledora y profunda crítica.

 

Posteriormente al regreso del niño Elián, el movimiento en su mirada internacional se amplió mucho más, e incorporó la:

 

  • Batalla por la liberación de los Cinco Héroes cubanos prisioneros en los Estados Unidos.
  • Batalla por el cumplimiento del Juramento de Baraguá.
  • Batalla contra las consecuencias de la crisis económica que azota a la humanidad.
  • Batalla por la paz.

Fidel insistió en que la épica resistencia de la nación cubana, la inquebrantable decisión de los cubanos de resistir y vencer se constituía en la más valiosa contribución que el país podía brindar a la humanidad progresista en medio del sombrío panorama internacional, con una dramática crisis económica. En este orden subrayó la crítica  a la política guerrerista del imperialismo a escala mundial, desenmascaró el llamado nuevo orden, su naturaleza depredatoria, carácter inhumano, degradante filosofía individualista racista y hegemonista, enfilada al desarme ideológico y al aplastamiento de la identidad cultural de los pueblos del llamado Tercer Mundo.

Hacia lo profundo de la sociedad cubana

 

La Batalla de Ideas miró hacia lo profundo de la sociedad cubana, a las deudas históricas del subdesarrollo y a los fenómenos regresivos que había provocado la crisis económica del período especial. Bajo la dirección de Fidel se pasó revista y se actuó con propuestas de soluciones a los principales problemas que afectan el desarrollo de la socialidad socialista y el enriquecimiento de la vida espiritual del pueblo.

 

Se desterró definitivamente el discurso sobre las lacras del capitalismo y se fue claramente al reconocimiento de las fuentes sociales de enajenación que aún están presentes en un país que como el nuestro construye el socialismo a partir del subdesarrollo. Se profundizó en el estudio de las causas de la marginalidad, el delito, la prostitución y la corrupción administrativa, y su relativo crecimiento en las circunstancias de muchas más desigualdades y contradicciones existenciales, que trajo la aguda crisis económica por la que atravesó el país en el Período Especial.

 

Bajo la dirección de Fidel, la Batalla de Ideas también comprendió la búsqueda de fórmulas para resolver problemas pendientes en las áreas de la educación y el trabajo cultural, así como en la promoción de nuevos programas integrales de amplio espectro sociocultural, económico y científico técnico, con especial énfasis en las nuevas generaciones y en la solución de las brechas de desigualdad existentes en diversos grupos y sectores populares. Así en el plano interno se enfrentaron varias batallas simultáneas:

 

  • Batalla por la educación y la cultura.
  • Batalla por la informatización de la sociedad cubana
  • Batalla por el fortalecimiento de los servicios de salud y de atención social.
  • Batalla contra la marginalidad y el delito.
  • Batalla contra la corrupción.
  • Batalla por la eficiencia social y económica.

 

El discurso sobre la igualdad sin dejar de tener en cuenta los extraordinarios logros de la Revolución, incorporó la necesaria mediación entre las reales oportunidades que ha traído la Revolución para todos los cubanos, y los diversos puntos de partida desde los que han trascendido a los beneficios aportados por la obra revolucionaria cada hombre y mujer, cada familia. Se abordó directamente el tema de las secuelas de discriminación racial que aún perviven el país, sus  manifestaciones y el vínculo de estas con la esfera económico-social y la vida política nacional. La lucha contra los prejuicios y las formas de vida que aún reproducen criterios de discriminación contra la plena participación social de las mujeres cubanas, también recibió atención.

 

La lucha contra la homofobia, por el pleno reconocimiento en la legalidad socialista y en la sociedad, de la normalidad y de los derechos de los gays, lesbianas y demás cubanas y cubanos con necesidades, preferencias y opciones diferentes, encontró en el fuerte clima ético de la Batalla de Ideas, un favorable espacio de avance y promoción de igualdad.

 

Más de 200 programas, y la movilización de millones de pesos (también dólares y monedas convertibles), se destinaron por el Estado cubano para los programas de la Batalla de Ideas. Fue esta una justa respuesta de Fidel y de la Revolución para con su pueblo, héroe en la resistencia patriótica. Se alcanzaron resultados realmente fabulosos en la mayoría de los programas de transformación económico-social, en la reparación y construcción de escuelas, policlínicos, salas de fisioterapia, salas de vídeo y computación, en la modernización y creación de infraestructura para las industrias culturales y en los medios masivos, en la capacitación y la universalización de la informatización, la educación artística y la educación superior. Cientos de jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo se incorporaron para la vida laboral y cultural. Las familias más vulnerables, los ancianos y discapacitados fueron sujetos de programas especiales.

 

Faltó un trabajo más eficiente de los cuadros a cargo de los programas. La debilidad del factor directivo, de la capacidad -y en algunos casos de la entrega- de los responsables, produjo pérdidas económicas, y sobre todo limitó en varias áreas el impacto de la estrategia e iniciativa fidelista.

 

La centralidad de la conciencia revolucionaria

 

La Batalla de Ideas renovó la conceptualización y el discurso político de la Revolución Cubana. La importancia y urgencia de enfrentar la lucha antimperialista, de conocer el imperio y denunciar su criminal política anticubana, se mantuvo y profundizó como tema principal del combate ideológico y político de la Revolución Cubana. A su vez la atención priorizada a problemáticas muy sensibles al interior de la sociedad cubana, el énfasis en la transformación económico social desde el mundo de la cultura civilizatoria socialista, situó y esclareció el problema fundamental de la Revolución Socialista, el que a plazo histórico decide el triunfo o la derrota de todas las revoluciones, mucho más rápido si sobre sus insuficiencias trabaja una contrarrevolución activa y despiadada.

 

En la Batalla de Ideas Fidel ratificó su criterio primigenio sobre el valor de la subjetividad humana, de la ética y la moralidad en primer lugar.  Si el 1 de mayo de 1971 afirmaba: “Nosotros debemos utilizar la conciencia… como un arma fundamental en el desarrollo de las fuerzas productivas…, en el LX aniversario de la fundación de los Comités de Defensa de la Revolución, el 28 de septiembre del 2000, subrayó que el camino estaba en las propias potencialidades de las masas, en el desarrollo del movimiento revolucionario. “Debe ser la conciencia de la nación la que hoy, mañana y siempre decida”.

 

 

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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