Imágenes a los noventa: Fidel y el movimiento de liberación nacional

 

Felipe de J. Pérez Cruz

 

La tradición internacionalista es una de las fuentes nutricias de la generación que a mediados del siglo XX, llevó adelante la última etapa de la liberación cubana. Fidel Castro Ruz será el artífice de la nueva etapa de despegue de la solidaridad y el internacionalismo cubano. Nunca antes un pueblo del llamado Tercer Mundo, ocupó un lugar tan central y masivo en las luchas anticoloniales y antimperialistas.

 

“Patria es humanidad”, precisó José Martí, y Fidel Castro, en tanto su más ejemplar continuador, hizo del concepto martiano un hecho de pueblo, con un profundo sentido de la voluntariedad y la solidaridad internacionalista.

 

El joven Fidel

 

El joven Fidel Castro ratifica su latinoamericanismo antimperialista desde muy temprano, cuando se abre a la política en sentido martiano y marxista, tras su llegada a la Universidad de La Habana en 1945. En apoyo a los patriotas que lideraba Pedro Albizu Campos, funda el Comité de Solidaridad con la Independencia de Puerto Rico. En 1947 está en la fracasada expedición de Cayo Confites, dispuesto a ir a pelear contra el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. La causa panameña por la recuperación del Canal y el reclamo de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas también le tendrán por activista

 

Las causas que defiende le llevan a su primera gira latinoamericana, con el objetivo de organizar un congreso latinoamericano antimperialista de estudiantes en la Bogotá de 1948. Allí lo sorprende el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y el estallido de ira que fue la rebelión popular del Bogotazo. Entonces no dudará en ponerse al lado de sus compañeros estudiantes, de los trabajadores y el pueblo insurrecto, y participa en la resistencia armada.

 

Fiel a sus ideas martianas, Fidel en el programa nacional liberador de la “La Historia me absolverá” proclama que: “Cuba debía ser baluarte de libertad”,  tierra de estrecha solidaridad con todos los perseguidos por las tiranías que oprimían a las naciones hermanas.

 

Al triunfo de la Revolución

 

A partir de 1959, año de la Liberación, la Revolución Cubana comenzó a honrar su promesa de apoyar a los patriotas latinoamericanos y caribeños, en la lucha contra las tiranías que existían en América. Dio su concurso  a los revolucionarios del Movimiento de Liberación Dominicana, en la preparación y ejecución de una expedición insurreccional que arribó a este país en junio de ese año. También encontraron el apoyo cubano, los  revolucionarios nicaragüenses que organizaban la columna guerrillera “Rigoberto López Pérez”, con el propósito de crear un frente guerrillero para combatir el gobierno de los herederos del déspota Anastasio Somoza García, quienes había emulado con Trujillo, en el apoyo político y logístico a la dictadura de Fulgencio Batista y Zaldívar.

 

En la Primera Declaración de La Habana, en septiembre de 1960, quedó plasmada la crítica a los males económicos políticos y sociales que sufría América Latina por dominio imperialista. La Declaración fue un hecho sin precedentes en la historia de Cuba y de América, pues el documento redactado por Fidel, tuvo la osadía de denunciar públicamente la injerencia imperialista y proclamar el derecho de los pueblos del continente a su liberación.

 

La respuesta imperial en el plano internacional fue el aislamiento y el cerco a Cuba.  El dictador Trujillo, luego de recibir y dar abrigo en su huída a Fulgencio Batista y Zaldívar, intentó una fracasada invasión militar contra Cuba, que es abortada en la central ciudad de Trinidad en agosto de 1959, bajo la dirección de Fidel. En Guatemala y Nicaragua, se abren los campos de entrenamiento militar de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, para los esbirros de la dictadura, mercenarios e hijos de los burgueses afectados por la Revolución, y desde estos países sale la fuerza invasora que es derrotada en Playa Girón en abril de 1961.  En la despedida de la fuerza agresora Luis Anastasio Somoza Debayle, por entonces “presidente” de Nicaragua, haciendo gala de la naturaleza asesina de su estirpe,  le solicitó a los brigadistas del imperio que “le trajeran de regalo un pelo de la barba de Castro”.

 

La Organización de Estados Americanos (OEA) en su condición de ministerio de colonias yanquis, mientras mantuvo silencio sobre las acciones anticubanas del gobierno estadounidense y sus más cercanos socios, acusó a la Revolución de “injerencia en los asuntos internos” de los países de la región, y  levantó los fantasmas del peligro comunista en el hemisferio y la “exportación” de la Revolución. En febrero de 1962, la OEA expulsa a Cuba y apoya la orientación de Washington del rompimiento de relaciones de los gobiernos del área, con el Gobierno Revolucionario.

 

La Segunda Declaración de la Habana, en febrero de 1962, también de la autoría de Fidel, ratificó la inquebrantable vocación solidaria e internacionalista de los revolucionarios cubanos. En la Declaración el Comandante no dio recetas, pero sí proclamó que “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”. La Segunda Declaración de La Habana se convirtió en la principal plataforma ideológica y política del movimiento revolucionario  de la región. Para no pocos dirigentes políticos y estudiosos, este texto puede considerarse como el documento político más importante y trascendente formulado en América Latina en la segunda mitad del pasado siglo; que reúne armoniosamente las condiciones de análisis y de guía para la acción y que su visión de largo alcance aparece confirmándose hasta nuestros días.

El sisma chino-soviético

La Revolución Cubana declara su carácter socialista, martiano, marxista y leninista en momentos en que arreciaba el conflicto ideológico y político entre los partidos comunistas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la República Popular China (RPCH). Consciente del daño que la situación creada hacía al movimiento de liberación nacional, y a la causa del socialismo en el mundo, Fidel lideró el esfuerzo de los partidos comunistas latinoamericanos y caribeños, para mediar e intentar resolver las discrepancias acumuladas entre las direcciones de la URSS y la RPCH. Una primera delegación de dirigentes partidistas latinoamericanos, con el cubano veterano del movimiento comunista Carlos Rafael Rodríguez, visitó Moscú y Beijing, sin alcanzar resultados. Le sucedió  una segunda que integró a nombre del partido cubano el Comandante Ernesto Che Guevara, que tampoco alcanzó los resultados esperados.

Las escisiones producidas a consecuencia de los alineamientos con las posiciones de la URSS o de la RPCH, afectaron a los Partidos y movimientos revolucionarios de la región. En estas circunstancias la política de principios de la Revolución, fijó su derrotero en la unidad en la lucha antimperialista más allá de los temas teóricos y políticos que estaban en disputa. Cuba mantuvo su apoyo a los movimientos guerrilleros y a los líderes revolucionarios que recabaron de su solidaridad, independientemente del posicionamiento en la disputa que tuvieran sus actores. La dirección cubana bajo el liderazgo de Fidel definió tácitamente sus propios posicionamientos: No estaba de acuerdo con la concepción “pacifista” que defendía la URSS, tampoco coincidía con la dureza y unilateralidad de la posición china en su disputa con la URSS.

Las batallas políticas de Fidel a favor de la lucha armada, y sus apoyos a la insurrección popular antimperialista adelantada por los patriotas latinoamericanos y caribeños, eran vistas con notable desagrado por la dirección de la URSS, y tensaron las relaciones con varios partidos comunistas de la región que defendían los presupuestos del partido soviético.

El curso posterior de las relaciones de la Revolución Cubana, con los partidos y gobiernos en disputa, determinaría la ruptura política con la dirección china. En lo fundamental, la posición constructiva de Nikita Khrushchov después de las críticas que le realizara Fidel a la dirección soviética, por sus errores éticos y políticos durante la Crisis de Octubre, la desautorización tácita de Leonid Brézhnev a los funcionarios soviéticos que mantuvieron relaciones con elementos microfraccionarios, y el manejo político de las discrepancias en relación con el movimiento guerrillero; contrastó con la conducta interna injerencista de los dirigentes chinos, con el ataque político contra Cuba a nivel internacional, y el apoyo a movimientos de dudosa vocación revolucionaria en la región, en África y Asia, lo que tuvo su episodio más triste con la presencia en 1975, de instructores militares chinos, en la guerrilla contrarrevolucionaria liderada en Angola, por el agente de los servicios de inteligencia occidentales Holden Roberto.

Fidel y el Che en la unidad antimperialista: La Tricontinental y la OLAS

En las primeras campañas internacionalistas de la Revolución Cubana, se destaca la identidad de pensamiento y acción de Fidel con Ernesto Che Guevara. La Revolución se abrió a todos los revolucionarios más allá de los “ismos” -las querellas, los sectarismos, dogmatismos- que dividían a la izquierda histórica y a los nuevos elementos que surgían. Una pléyade de patriotas latinoamericanos y caribeños, llegaron desde el triunfo de enero a la Isla y  fueron atendidos por Fidel y el Che: los nicaragüenses Carlos Fonseca y Tomás Borge, los guatemaltecos John Sosa, Rolando Ramírez, y Pablo Monzanto; los peruanos Luis de la Puente Uceda y Héctor Béjar; los peronistas argentinos William Cooke y Alicia Eguren; los colombianos Fabio Vázquez y Gilberto Vieira; el chileno Jaime Barrios; el venezolanos Fabricio Ojeda, y en general, la mayoría de los líderes de la izquierda y de los partidos comunistas del continente.

 

La gesta del Che Guevara, su paso por los principales escenarios de lucha antimperialista mundial, la gesta del Congo y el aporte a los demás movimientos de liberación africanos, su idea de iniciar la lucha guerrillera en Argentina, y definitivamente su incorporación a la lucha guerrillera en Bolivia, con el propósito de forjar una escuela de combatientes internacionalistas para irradiar la lucha armada en el continente, fueron hechos y amores redentores del Guerrillero Heroico compartidos con el líder de la Revolución Cubana.

Fruto del tejido de unidad de criterios entre revolucionarios cubanos y afroasiáticos, fue la decisión de efectuar en La Habana, del 3-15 enero de 1966, la Conferencia de solidaridad de los pueblos de Asia, África y América. Por un período de diez días debatieron en la capital cubana 513 participantes de movimientos, partidos y organizaciones revolucionarias de 82 países.
Para trabajar por una nueva internacional tercermundista y revolucionaria llegaron a La Habana: Nguyen Van Tien, de Vietnam del Sur, Amílcar Cabral de Guinea-Bissau, Agostinho Neto de Angola. De la región estuvieron presentes Salvador Allende por entonces senador socialista chileno, el exmilitar y guerrillero guatemalteco Luis Augusto Turcios Lima, el líder guyanés Cheddy Jagan, y el comunista uruguayo Rodney Arismendi. El revolucionario marroquí EL Mehdi Ben Barka, uno de sus principales organizadores  de la Conferencia, no llegó a La Habana, al ser secuestrado en París por los servicios secretos marroquíes y luego asesinado en vísperas de la reunión. La Conferencia ratificó la labor de coordinación internacionalista que Fidel comenzó a desarrollar.

Tanto Fidel como el Che, coincidían en la acumulación de condiciones y circunstancias  nacionales, regionales e internacionales, para buscar un cambio revolucionario en América Latina y el Caribe.  En el Mensaje que el Che envía a la Conferencia Tricontinental define su concepción de la revolución: “…no hay más reformas que hacer, o revolución socialista o caricatura de revolución”. En el discurso de clausura de la propia Conferencia, el 15 de enero de 1966, Fidel ratificaba: “En muchas naciones de América latina se dan las condiciones para la lucha armada revolucionaria…..…..nosotros creemos que en este continente o en casi todos los pueblos, la lucha asumirá las formas más violentas. Y cuando se sabe eso. Lo único correcto es prepararse para cuando esa lucha llegue…”  La idea esencial del momento la resume el Che en su Mensaje: “Crear dos, tres… muchos Viet-Nam, es la consigna”.

 

Bajo el impulso del éxito alcanzado por la Tricontinental, la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), se realizó en la Habana entre el 31 de julio y el 10 de agosto de 1967. Su origen había sido la decisión de los dirigentes revolucionarios de los 27 países que representaron a la región en la conferencia de enero del año anterior, para alcanzar mayor fuerza y mejor capacidad de coordinación hemisférica, y llevar adelante la lucha armada en el continente americano. La OLAS ratificó que “constituye un derecho y un deber de los pueblos de América Latina hacer la revolución…!

 

Se han tejido todo tipo de hipótesis y no pocas calumnias sobre desencuentros de Fidel y el Che, en particular después de la lectura de la carta de despedida del Guerrillero Heroico, en el acto de constitución del Partido Comunista de Cuba, el 3 de octubre de 1965.  El propio Che se encargó de no dejar espacio para especulaciones en los diarios de campañas, cartas y documentos que preservó para la posteridad, y que han recibido en los últimos tiempos una oportuna publicación.

 

En defensa del internacionalismo

 

Tras el asesinato del Che en Bolivia, Fidel continuaría la defensa del internacionalismo militante. En 1968 compareció ante la Televisión Cubana, para analizar los acontecimientos en Checoslovaquia. En su intervención retó a la URSS y al Pacto de Varsovia, a pronunciarse sobre el apoyo incondicional del pacto militar a Viet Nan, Cuba o la República de Corea, si éramos invadidos por los Estados Unidos.  Les recordó a sus aliados del socialismo Europeo, tan preocupados por la seguridad en el viejo continente, la necesidad de poner el énfasis de los países socialistas en las tareas internacionalistas: Entonces el líder cubano afirmó: “el ideal comunista no puede olvidarse un solo instante del internacionalismo. Los que luchan por el comunismo dentro de cualquier país del mundo, no pueden nunca olvidarse del resto del mundo y cuál es la situación de miseria, de subdesarrollo, de pobreza, de ignorancia, de explotación en este resto del mundo”.

 

El 5 de enero
de 1969, Fidel inauguró un policlínico en Santiago de Cuba, con el nombre del sacerdote guerrillero colombiano Camilo Torres Restrepo, caído en combate tres años antes. En mayo de 1970, ante el desastre del terremoto que devastó la norteña región peruana de Ancash, el líder cubano inició una amplia campaña popular de donación de sangre y ayuda a los damnificados. Al producirse en 1973, el golpe de Estado en Chile contra el gobierno de Salvador Allende, los micro-brigadistas -trabajadores cubanos que laboraban en un movimiento masivo para la construcción de sus propias viviendas-, acordaron donar una de sus viviendas en cada edificio terminado, para que las familias chilenas que habían tenido que salir al exilio, tuvieran su hogar en Cuba.

 

En septiembre de 1973, en plena guerra de liberación contra los agresores estadounidenses, Fidel Castro se convirtió en el primer y único jefe de Estado extranjero que visitó las zonas liberadas de Viet- Nam del Sur. Tras el paso del jefe revolucionario, llegarían los internacionalistas cubanos  que participaron en la estratégica construcción de la Ruta Ho Chi Minh.

 

Fiel a su tempano apoyo a la demanda de la independencia de Puerto Rico, Fidel ha educado al pueblo en el legado martiano de que la independencia de Cuba no será completa, hasta que los hermanos puertorriqueños arrebaten al imperio su liberación nacional. Y precisamente  en la Revolución Cubana ha tenido Puerto Rico su más firme sostén.  Fidel apoyó la compleja lucha por la nacionalización del Canal de Panamá, y el fin en ese hermano país del enclave colonial y militar estadounidense. Muy significativa fue la amistad del líder revolucionario cubano, con el General Omar Torrijos.

 

Fuerte ha sido también la solidaridad de Fidel y la Revolución Cubana con las masas discriminadas y oprimidas de los Estados Unidos, y con los más amplios sectores progresistas de esa nación. Ello explica la amistad y constante solidaridad de lo mejor de la nación estadounidense con la Revolución, en contraposición a la actitud hostil, el terrorismo de Estado y las acciones genocidas del gobierno del país norteamericano contra Cuba.

 

Tempranamente con África.

 

La solidaridad con los patriotas independentistas argelinos, enfrentados a la  guerra genocida de los colonialistas franceses, fue uno de los primeros temas internacionales que ocupó el interés Fidel. Ya en diciembre de 1961, los revolucionarios cubanos hacen llegar su apoyo material al Frente de Liberación Nacional (FLN) de Argelia y reciben en Cuba a los combatientes heridos. Alcanzada la independencia, el 24 de mayo de 1963 arribó a la nación argelina la primera brigada médica
cubana. Ese año fuerzas militares voluntarias cubanas, acudieron al apoyo de la Revolución argelina, agredida por la monarquía marroquí.

 

La Revolución acompañó a los líderes nacionalistas africanos Gamal Abdel Nasser, y Kwame Nkrumah,  junto a Jawaharlal Nehru de la India y Josip Broz Tito de Yugoslavia, en la fundación del Movimiento de No Alineados, en la Conferencia de Belgrado en 1961, y trabajó consecuentemente desde entonces, para hacer de esta iniciativa una fuerza antimperialista, anticolonialista y progresista en la arena internacional, con capacidad para influir positivamente en la política mundial.

 

También la Revolución Cubana saludó el despertar de las luchas anticolonialistas en Angola (1960), Guinea-Bissau (1962) y Mozambique (1963) y recibió de los líderes de estos pueblos sus solicitudes de colaboración. El 24 de abril de 1965, el Che Guevara ingresa en el Congo, y se inició la epopeya  de apoyo a los movimientos de liberación de África Subsahariana.

 

En Angola

 

Cuando es derrotado el colonialismo portugués, el imperialismo estadounidense y los racistas sudafricanos, intentaron impedir la llegada al poder del Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA), genuino representante del pueblo angolano, articulador por demás de la derrota portuguesa. Utilizando como pantalla a organizaciones contrarrevolucionarias creadas por los propios servicios de las potencias imperialistas, el Ejército sudafricano, mercenarios blancos y fuerzas del gobierno pro imperialista de Zaire (hoy República Democrática del Congo) Mobutu Sese Seko,  invaden el territorio angolano a mediados de octubre de 1975, con el propósito de tomar la capital e imponer un gobierno fantoche.  La invasión es enfrentada por los guerrilleros del MPLA y bisoños soldados angolanos que se formaban con el apoyo de instructores cubanos. En los desiguales combates, las fuerzas revolucionarias sufren significativas bajas, y mueren angolanos e internacionalistas cubanos. En estas circunstancias el MPLA solicita la ayuda internacionalista cubana.

 

El 4 de noviembre en reunión con los máximos dirigentes políticos y militares cubanos, Fidel decide acudir en respaldo de los compañeros cubanos y angolanos que peleaban por la independencia de Angola. Al día siguiente, el 5 de noviembre comenzaría la Operación Carlota, nombre que recibió esta misión militar en honor a la esclava insurrecta de igual nombre, que en esa fecha, en el año 1843, había iniciado una importante sublevación a partir del Ingenio matancero Triuvirato.

 

Un primer y reducido contingente de asesores cubanos llega a Angola seis días antes de la declaratoria de independencia, cuando los sudafricanos y sus tropas satélites, están prácticamente a las puertas de la  capital Luanda. En cruentos combates las fuerzas cubanas y angolanas logran hacer retroceder al ejército racista, y crear las condiciones para la asunción del legítimo gobierno del MPLA el 11 de noviembre, con el patriota Agosthino Neto como presidente. La presencia en el país de 36 mil combatientes cubanos para abril del 1976, resultó decisiva para la consolidación del gobierno angolano, la derrota de la invasión sudafricana y la formación con los guerrilleros del ejército nacional revolucionario, con capacidad para enfrentar con efectividad la defensa de su territorio.

 

Fidel viajó a Angola en 1976, a brindar con su presencia cumplido homenaje a los primeros combatientes que pararon la invasión sudafricana a las puertas de Luanda, derrotaron a los fantoches de la contrarrevolución interna, y garantizaron la independencia del hermano país.  Se desarrolló entonces una heroica cooperación militar y civil que se mantendría por casi 16 años, enfrentando constantemente el peligro de nuevas invasiones y  de las acciones de las fuerzas contrarrevolucionarias.

 

El último acto de la epopeya cubana en Angola se precipitó en 1987 en el sureste del país, cuando los sudafricanos en apoyo a las fuerzas contrarrevolucionarias, invadieron el país y colocaron en peligro de aniquilación a una importante agrupación de combatientes angolanos y sus asesores soviéticos, cerca del poblado Cuito Cuanavale. A solicitud de la dirección angolana, con la personal dirección de Fidel, se planificó una vasta operación ofensiva con tropas internacionalistas cubanas, que  en cruentos combates, rescató  los angolanos y soviéticos cercados, y le infringió una aplastante derrota militar y moral al Ejército sudafricano.

 

La llegada victoriosa a la frontera con Namibia en junio de 1988, de las fuerzas internacionalistas cubanas, del ejército angolano, junto con los guerrilleros namibios y sudafricanos, obligó al régimen del apartheid a firmar los acuerdos de paz en Nueva York, cinco meses después.  Así se consolidó definitivamente la seguridad de Angola, se selló la independencia de Namibia. El imperialismo sudafricano y sus aliados estadounidenses y europeos, recibieron un golpe tan demoledor, que a la postre Cuito Cuanavale –como expresará Nelson Mandela-, también determinó el fin del sistema segregacionista y expoliador del apartheid, y el triunfo de la autodeterminación de las mayorías negras y mestizas del pueblo sudafricano.

 

El sentido del deber

 

La epopeya africana llevaría a 380 mil cubanos y cubanas a pelear en el continente de sus ancestros. Voluntarios cubanos marcharon a Siria en 1973, cuando ese país, a raíz de la última guerra librada contra los agresores sionistas, solicitó nuestra ayuda. Los internacionalistas cubanos participaron en la defensa de Etiopía, invadido su territorio por fuerzas somalíes en 1977. También se colaboró militarmente con Mozambique, Cabo Verde, Congo Brazzaville, Guinea, Sao Tomé y Príncipe, Tanzania, Burkina Fasso, Benín y la República Popular de Yemen.

 

Mientras se desarrollaba la proeza africana, los internacionalistas cubanos redoblaron su apoyo a la Revolución Sandinista de Nicaragua. Tras el triunfo revolucionario de julio de 1979, realizaron su aporte de paz a la reconstrucción económica y el desarrollo social.  También Cuba fue solidaria, con los movimientos de liberación en El Salvador y Guatemala, y acudió en apoyo de la Revolución en Granada, cuando en el propio 1979 el pueblo trabajador de la isla caribeña, encabezado por Maurice Bishop y el Movimiento de la Nueva Joya, derrocó al régimen dictatorial. Con los revolucionaros del pequeño país, constructores y trabajadores civiles cubanos, resistieron la artera invasión realizada por las tropas estadounidenses en 1983.

 

Estos hombres y mujeres, reservistas de las Fuerzas Armadas y trabajadores civiles, movilizados de manera voluntaria, mantuvieron con su tierra, con sus familias y amigos, una trascendente relación, que también pasó por la cercanía compartida con el Comandante en Jefe de la Revolución. Muchos internacionalistas, guardan en su memoria las palabras de Fidel, cuando personalmente les planteó la misión, al despedirlos en la tierra cubana. El Comandante siguió al detalle día a día, mes a mes el desarrollo de las misiones solidarias cubanas. Ningún combatiente o trabajador internacionalista se sintió jamás solo. En los momentos más difíciles, cercados por fuerzas hostiles, en el lugar más intrincado, Fidel les hizo llegar su aliento. Quienes en las diversas circunstancias de la guerra fueron hechos prisioneros por el enemigo, supieron del incansable batallar por liberarlos.

 

Los internacionalistas que murieron en el cumplimiento  de sus misiones, tampoco fueron olvidados. Los familiares de los héroes, reciben personalmente de Fidel, el Partido y el Estado, una constante atención. Comisiones gubernamentales creadas al efecto, lograron recuperar sus restos y regresarlos a la patria, para ser sujetos de constante recordación en escuelas, institutos, hospitales y centros de trabajo que llevan sus nombres.  Fidel considera que estos combatientes, con su hermano de luchas Ernesto Che Guevara a la vanguardia, no simbolizan la muerte, y sí constituyen un destacamento de refuerzo para la Revolución, pues continúan la tradición que se canta en el Himno de Bayamo, donde se afirma que “Morir por la Patria es vivir”.

 

Una nueva etapa

 

La rebelión de jóvenes militares venezolanos el 4 de febrero de 1992, dirigida por el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, como lo fue en Cuba el asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, inició con la derrota y el encarcelamiento de sus principales líderes y participantes, y como la acción cubana, simbolizó el inicio de una nueva etapa en la historia del movimiento de liberación latinoamericano y caribeño. Fidel conoció a Chávez dos años después, recién salido el líder venezolano de la cárcel. El vínculo que se establece entre ambos líderes, tendrá un impacto trascendental en la región.

 

En 1999 el Comandante Chávez llega al gobierno, y comienza  darse el vuelco histórico de la Revolución Bolivariana en Venezuela. Fidel junto con el Presidente  Chávez, logra derrotar los planes imperialistas de la Alternativa de Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), y avanzó en  una nueva perspectiva de futuro para el continente con la fundación de la Alternativa Bolivariana de las Américas- Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP).  Conducido por Fidel, el internacionalismo de la Revolución Cubana en esta nueva etapa, acentuó su naturaleza antimperialista y humanista, y se abrió al continente y al mundo, con novedosos programas solidarios de lucha contra la pobreza material y espiritual creada por el capital… Esta historia inmediata de Fidel y Chávez, de las revoluciones cubana y bolivariana en el siglo XXI, merita una próxima reflexión, una y muchas.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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