Fidel y la pasión por la educación

 

Olga Fernández Ríos

 

En su trabajo “Cuba, Excepción Histórica o Vanguardia en la Lucha Anticolonialista”  Che Guevara reflexionó acerca de las razones por las cuales Fidel Castro había cimentado la Revolución sobre sólidas bases entre las que destacó  (…) “su capacidad para asimilar los conocimientos y las experiencias para comprender  todo el conjunto de una realidad dada sin perder de vista los detalles, su fe inmensa en el futuro y su amplitud de visión para prevenir los acontecimientos y anticiparse a los hechos, viendo siempre más lejos y mejor que sus compañeros”.

Hoy, en vísperas del 90 cumpleaños del líder revolucionario retomamos esta objetiva valoración de Che Guevara porque resume rasgos que van más allá del carisma personal de Fidel quien desde su juventud ha trabajado por Cuba con la inteligencia, con la ciencia, con el corazón y con la conciencia.

Y si me preguntaran en qué campo del desarrollo de la revolución cubana ese trabajo ha sido más constante y fructífero, no titubeo en ubicar la educación en los primeros lugares, pero vista en  fusión con la cultura y la ciencia. En ese triángulo, cuyo núcleo es la educación, se expresa su genuina pasión revolucionaria y el humanismo más integral porque siempre ha sido consciente del importante rol que tienen la  subjetividad y  la acción de los seres humanos en el avance de la sociedad, en la elaboración de estrategias y tácticas del desarrollo revolucionario que tiene que ser resultado del trabajo colectivo.

Dos planos explican su pasión por la educación: primero, lo relacionado con el poder político de naturaleza popular, lo que encierra una proyección de la democracia de nuevo tipo que asegure altos niveles de involucramiento, participación y movilización popular. Segundo la creación de un sistema de emancipación múltiple del ser humano y de la sociedad cubana cuyo eje es la justicia social.

Con relación a lo primero destacamos que en la obra de Fidel temas de especial relevancia son los vinculados con el Poder político, el Estado, y la Democracia que no pueden separarse de las relacionadas con el rol que  concede a la organización partidista y al conjunto de organizaciones populares.  Desde muy temprano supo que el poder político hay que conquistarlo y que el gran reto es consolidarlo. En sus intervenciones, pero sobre todo en su liderazgo al frente de la Revolución Cubana, están las evidencias de su comprensión de que si bien el control del Estado era el punto de partida, no bastaba para llevar a cabo la revolución social, sino que también se requería una transformación de toda la superestructura política, incluyendo el sistema partidista imperante y el fortalecimiento de los canales que garantizaran la organización y participación popular.

Es ahí donde insertamos el trascendental rol que debe jugar la educación en un proceso revolucionario genuino, para que el reconocimiento del carácter popular del poder no sea solo declarativo, sino algo real y palpable. Y para lograrlo había que crear las condiciones para que el pueblo trabajador fuera el sujeto portador de poder, y esas condiciones son materiales y espirituales. Para cumplimentarlas se requiere de posibilidades de empleo, seguridad social y salud. Pero sobre todo requiere de educación y de cultura política. No hay poder popular sin las condiciones para ejercerlo, y  educación  y cultura forman parte de esas condiciones dadas en un marco amplio de justicia social y dignidad humana generadas por la revolución cubana.

Aunque sea una verdad de Perogrullo hay que reconocer que en la proyección política y social de Fidel Castro la educación ha sido uno de los ejes fundamentales. Ya en La Historia me Absolverá abordó el tema como uno de los motivadores de su lucha por una sociedad mejor y desde entonces es imposible analizar la pasión fidelista por la educación y su conversión en derecho inalienable del pueblo sin recordar algunos datos y hechos históricos. No es por gusto que el Presidente de Estados Unidos Barak Obama trate de estimular el olvido de nuestra historia. Sabe que en la guerra de pensamiento que hoy se nos hace la historia de este país no es solo pasado, es lección y es experiencia para el presente y acicate para el futuro. Esa historia tiene que ver mucho con Fidel y mucho nos dice acerca de los logros de la Revolución Cubana que no solo debemos preservar, sino por los que debemos continuar perfeccionando la construcción del socialismo y nuestro sistema educativo en particular.

Vale entonces recordar que cuando se producía el asalto al Moncada el 23,6 % de la población cubana era analfabeta y solo estaban matriculados el 55.6 % de los niños entre 6 y 14 años. Un millón y medio de habitantes mayores de 6 años no tenía aprobado ningún grado de escolaridad, apenas un 17 % de los jóvenes entre 15 y 19 años recibía algún tipo de educación y la población mayor de 15 años tenía un nivel educativo promedio inferior a 3 grados. Son deplorables las cifras totales sobre el estado de la educación en Cuba cuando triunfó la Revolución: 600,000 niños sin escuelas, diez mil maestros sin trabajo.

Esa era la herencia que muy pronto la naciente Revolución bajo la iniciativa y guía de Fidel subvirtió cuando prácticamente, de la noche a la mañana, en 1959 fueron creadas 10 mil nuevas aulas y a los pocos meses  del triunfo revolucionario ya había dos veces más maestros rurales  que en toda la historia bajo el capitalismo.

No puede olvidarse que la vocación de  esta revolución por la paz se puso de manifiesto cuando 69  cuarteles fueron convertidos en escuelas para más de 40 mil alumnos y que antes de terminar 1959, en diciembre de ese año se dispuso la primera reforma integral de la enseñanza, a la vez que más de 3 000 maestros emergentes y voluntarios, marcharon a las montañas y más tarde se organizaron en la Brigada de Maestros de Vanguardia “Frank País”. Con los mismos objetivos y con el apoyo decisivo de la FMC, a principios de 1961 comenzó el plan de educación  para campesinas “Ana Betancourt” donde estudiaron más de ciento cincuenta mil muchachas para las que hasta ese momento acceder a un aula escolar era solo un sueño muy difícil de realizar.

Pero los empeños y acciones revolucionarias sobrepasaron los logros de los dos primeros años en revolución cuando en 1961 se desplegó la masiva Campaña de Alfabetización que daría el tiro de gracia a la incultura en este país. Esa campaña fue la muestra más fehaciente de la nueva democracia que la Revolución generaba al crear reales condiciones para el empoderamiento y la participación popular en el país.

En solo un año fueron alfabetizados más de 700 mil personas abriéndose de esa forma uno de los subsistemas educativos que hasta hoy rinde frutos desde variadas perspectivas: la educación de adultos, de trabajadores y campesinos, con crecientes escalones incluyendo la creación de las Facultades Obreras y Campesinas y los cursos para trabajadores y a distancia en las universidades. No es casual que el fuego enemigo tratara de destruir la potente arma que la naciente Revolución estaba construyendo y apelando al miedo, a la amenaza trató de frenar la Campaña de Alfabetización y volcó su ira asesinando jóvenes alfabetizadores de la nueva Cuba. Mucho habla de un pueblo que tiene héroes de la talla de aquellos jóvenes.  Y sabemos lo que significaron para Fidel aquellos asesinatos.

No olvidemos que en medio de la Campaña de Alfabetización, el 16 de abril se declaró el carácter socialista de la Revolución y el 6 de junio se dictó la Ley de nacionalización de la enseñanza que reafirmó el carácter gratuito de la misma, a la vez que se abrió un sistema de becas sin precedentes, anunciado el 22 de diciembre de 1961 el mismo día que Cuba fue declarada Territorio Libre de Analfabetismo. De inmediato más de 40 mil hijos de obreros y campesinos, brigadistas alfabetizadores integraron el primer contingente de becarios, y se desarrollaron cursos de seguimiento y superación obrera y de técnicos.

La Reforma universitaria en 1962 no solo democratizaba el acceso a las universidades sino que  posibilitó el desarrollo de la investigación científica y la cultura, a la vez que se crearon nuevas especialidades de estudio y la correlación entre estudio y trabajo, principio martiano y marxista en el que se han formado  varias generaciones de cubanos.

Sería imposible enumerar o recordar todos los logros que en materia de educación, ciencia y cultura ha acumulado este país por lo que me quedo en estos pilares que son las bases de otros muchos logros de esta Revolución y de los índices de prosperidad acumulados durante años. Solo basta recordar que para 1975 la educación primaria en Cuba se había multiplicado en casi tres veces a la existente en 1958, mientras que la educación media lo hacía en más de seis veces, a la vez que la enseñanza universitaria se multiplicó de forma tal que si en 1959 en Cuba había 15 mil alumnos universitarios ya en 1975 había más de 83 mil.

Sin dudas pienso que una de las muestras más fehacientes de lo alcanzado en Cuba en materia de educación es totalmente visible si se compara la cifra de 4 universidades públicas que existían al triunfo de la revolución con los 65 centros de educación superior que hoy tenemos.

¿Podemos entonces olvidar esta historia, de las más hermosas y revolucionarias que muestra este país? Por supuesto que no y no solo por esos hechos que las cifras, los datos, las estadísticas muestran, sino porque es parte de la historia de esta Revolución y una de las evidencias del valor, la audacia y el empeño de su principal y eterno líder.

Además de ser él mismo un educador capaz de influir directamente  en la toma de conciencia del pueblo, en la educación para la lucha y el desarrollo de una cultura política  en el pueblo, Fidel ha jugado un decisivo papel en la creación y despliegue de un sistema educativo sin precedentes en este continente y en gran parte del mundo. No es solo por haber democratizado la educación convertida en un derecho inalienable de todo el pueblo, por hacerla absolutamente gratuita en todos los niveles hasta el de postgrado, lo que es sin dudas una conquista prácticamente inédita o excepcional si echamos un vistazo a otras latitudes, sino también por no olvidar un solo detalle de la integralidad que debía alcanzar el sistema educativo cubano forjado desde diferentes dimensiones que van desde aportar las armas de la escritura y la lectura a todos los cubanos, desde proyectar una educación con bases científicas o como vía capaz de cultivar los goces más plenos de la espiritualidad humana a través del arte y la literatura, o el deporte, hasta su empeño  para que los que tienen limitaciones físicas o mentales, antes excluidos del pan de la enseñanza, pudieran insertarse en la sociedad, sin exclusiones, ni discriminaciones.

Ese es también un indiscutido mérito de Fidel Castro al ser  principal impulsor de uno de los logros más hermosos que ha legado esta revolución: la educación especial, proyectada con un profundo humanismo, con amor, y muchas veces a contracorriente capaz de desafiar los frenos materiales que pueden derivarse del bloqueo impuesto por Estados Unidos.

Si hermoso fue convertir cuarteles en escuelas, si hermoso fue desplegar una hazaña participativa para alfabetizar a todo un pueblo en menos de una año, hermoso es convertir casas y salas de hospitales en escuelas para hacer realidad el empeño por lograr la mayor inclusión social en este país y hacer que cada hombre y mujer cubanos tengan un lugar en esta sociedad y una autoestima que los haga sentirse útiles y dignos.

Son logros de esta sociedad impulsados por la proyección de largo alcance de su líder, de un estadista, de un comunista que ha hecho de la sensibilidad, el humanismo, la motivación y la ética, ineludibles medios para poder avanzar en la construcción del socialismo.

De igual forma no es posible analizar la pasión fidelista por la educación al margen de su vocación internacionalista que se expresa en una tradición de solidaridad hacia otros pueblos y naciones. Cómo olvidar entonces el impulso dado por Fidel al internacionalismo educacional que ha influido en la eliminación del analfabetismo en varios países. No debe olvidarse que bajo su guía Cuba exhibe importantes logros internacionales en materia de educación como es el programa Yo Si Puedo, y como ha sido el programa de formación gratuita de médicos en la Escuela Latinoamericana de Medicina, que ha graduado a miles de jóvenes humildes provenientes de diversas latitudes. Son jóvenes que en sus países, bajo la égida del capitalismo y las políticas neoliberales,  nunca hubieran tenido las posibilidades de convertirse en profesionales de  alto nivel.

Lo han logrado gracias a esta Revolución y su principal impulsor cuya pasión por la educación es también internacionalismo, es solidaridad, es humanismo y por eso este 90 aniversario de su natalicio no nos pertenece solo a los cubanos, se celebra en todo el mundo y eso nos llena de sano orgullo.

 

 

 

 

 

 

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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