Creo en el papel transformador de la cultura

Eldys Baratute

Una obra literaria que pudiera considerarse extensa –teniendo en cuenta su juventud–, un decurso por la gestión editorial y comunicativa en diversas publicaciones periódicas, y varios premios y reconocimientos otorgados a su narrativa y a su escritura de no ficción, podrían definir el quehacer cultural de Eldys Baratute Benavides.


Eldis Baratute. Foto: Sonia Almaguer

Sin embargo, el escritor guantanamero asume un reto mayor, no exento de múltiples complejidades: presidir la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en su provincia natal y formar parte de la Dirección Nacional de la organización, que el presente año celebra su 30 aniversario.

¿Cómo afrontar la dualidad entre el literato y el gestor de procesos culturales en una asociación que aglutina lo más genuino de la joven creación en Cuba? Eldys prefiere definirse como un promotor cultural que se respeta a sí mismo, al arte y a la cultura. También, confiesa no ser de esos autores que escriben todos los días, pero sí mantiene el espíritu inquisidor que lo obliga a investigar con frecuencia.

“Si has leído mis textos, sabrás que soy un escritor que tildan de polémico por los temas, para algunos escabrosos, que trato (la muerte, la soledad, la religión, la sexualidad, etc.), que no son más que el reflejo de una parte de nuestra sociedad. Para sentirme cómodo con lo que escribo, paso mucho tiempo investigando cada tema; además, soy un autor muy referencial, lo que me obliga a revisitar obras clásicas y contemporáneas de cualquiera de las manifestaciones artísticas”.

Esa posibilidad de estar en constante intercambio con la danza, el teatro, el audiovisual, la música y las artes plásticas se la ha brindado la organización; aunque a veces –confiesa–, quisiera desaparecer del mapa y que no lo llamaran para consultar nada. En varias ocasiones, la carga de trabajo no le permite satisfacer esa necesidad innata del literato de escribir o buscar información sobre un tema determinado.


Ilustración para Alicia en el país de las maravillas, de Eldis Baratute

No obstante, “el regocijo de ver a algunos de mis asociados en la televisión o en la prensa, con una obra que, de cierta manera, ayudé a construir, borra cualquier angustia. También es cierto que tengo un equipo de oro con los cuales comparto las responsabilidades, lo que permite que, por momentos, tengamos al menos cinco minutos para dedicarnos a nuestra obra y, en mi caso, a las tareas que me asigna la Dirección Nacional y que van más allá de mi labor como presidente de una provincia”.

Al respecto, ¿pudieras comentarnos sobre tu compromiso crítico hacia los procesos culturales y tu participación en los mecanismos de toma de decisión, en tanto representante de la zona más activa y promisoria del sector cultural? ¿Cómo percibes el funcionamiento de estos aspectos a nivel nacional?

Creo infinitamente en el papel transformador de la cultura. Lo tengo claro porque soy quien soy y como soy, por los libros que he leído, por el buen y mal cine que he visto, por la música que he escuchado, y también se lo debo a mis amigos, a la escuela, a la familia, o sea, a la cultura que vivo, que respiro, que construyo y que va más allá de lo artístico-literario. Y como creo en eso, lo defiendo.

Si queremos transformar de verdad, si soñamos con un ser humano mejor, lo primero es defender ese compromiso crítico y tener bien claro, desde una organización como la nuestra, qué es lo que promocionamos. Y no solo desde la AHS, también es nuestra responsabilidad velar por lo que sucede en el resto de las instituciones de la cultura, apoyar los procesos culturales cuando sea necesario o denunciar lo que merezca ser denunciado; ahí también tiene que demostrarse ese compromiso crítico del que hablamos.

Lamentablemente, algunos intelectuales se han olvidado de su papel en la sociedad y se limitan a mantenerse en su zona de confort, sin ser parte de los procesos sociales, económicos, políticos y culturales que ocurren en su país; y ser parte no es un derecho, es una responsabilidad. Eso lo he aprendido en estos años de convivencia en la AHS. ¿Que a veces nos equivocamos? ¿Que desde lo objetivo todo pasa por el prisma de la subjetividad? Es cierto. Pero en la medida en que tratemos de equivocarnos menos, estaremos cumpliendo mejor nuestro papel en la sociedad cubana.

Me preguntas sobre mi percepción de lo que sucede a nivel nacional, y creo que lo que hacemos desde cada uno de nuestros espacios (Células Municipales, Ejecutivos Provinciales, Consejo Nacional, Dirección Nacional) fortalece o debilita la cultura nacional. Si dejamos de visibilizar a un artista de lo último de Maisí, que merece una promoción más allá de su localidad, estamos haciendo mella a la cultura nacional; si promocionamos a otro solo porque está más cerca de los círculos de promoción más efectivos, estamos haciendo mella a la cultura nacional. Por suerte, en la AHS tratamos de establecer jerarquías por manifestaciones y movimientos artísticos y no por provincias; eso nos ayuda a evitar injusticias, pero, como te dije, no estamos exentos de equivocaciones.

¿Cómo se produce la relación entre las expectativas de los asociados y las posibilidades reales de la organización?

Antes de entrar en cualquier asociación, organización social, sindicato o grupo de cualquier filiación o tipo, lo primero es conocer sus estatutos, normas y reglamentos. El resto es tener un poco de fe en las personas que te representan y que la mayoría ha elegido. En nuestro caso, tratamos de que las decisiones sean lo más colectivas posibles, teniendo en cuenta el criterio de los miembros del ejecutivo, elegidos por los asociados de su sección, que son las personas encargadas de representarlos y de trazar las estrategias de jerarquización que permitan llevar a cada creador hasta el nivel de promoción que le corresponde, teniendo en cuenta su obra y su currículo.


Foto: Cortesía del autor

Yo me preocupo si los asociados no van a molestarme, a llevar proyectos, a pedir aunque sea un pasaje… cuando eso sucede es porque no confían en nosotros. Pero si pasan por la Asociación, si incomodan, si no te dejan vivir, es porque te sienten como parte de su familia y te hacen responsable, como los padres, de la promoción de su obra. Eso, definitivamente, me hace sentir realizado. Claro, también, como hacen los padres, nos corresponde a los decisores decirles hasta dónde pueden llegar.

Ahora mismo el sistema de becas y premios, las jornadas de programación de todas las manifestaciones –que van desde Baracoa hasta el municipio más alejado de Pinar del Río–, nuestras cinco editoriales, permiten que el verdadero arte de vanguardia se visibilice. Solo se hace necesario que desde nuestras filiales les ofrezcamos la oportunidad a nuestros creadores; ya con eso cumplimos de seguro parte de sus expectativas.

¿Qué importancia tiene la AHS para artistas de formación autodidacta en contextos, manifestaciones y géneros donde no abundan las opciones de enseñanza artística hasta el nivel superior?

No importa si vienes o no del sistema de enseñanza artística; la organización despierta un sentido de familiaridad entre los artistas jóvenes, de cofradía, de sentir que formas parte de algo. Ese acompañamiento a los creadores que comienzan, esa presentación ante el sistema de instituciones de la cultura –que sabemos a veces demora en (re)conocerlos–, refuerza la importancia de la organización en medio del contexto cultural cubano. La defensa del verdadero arte de vanguardia, no importa si tienes formación o no, ha sido una constante de la AHS.

Siempre digo que el sentirse profesional no tiene nada que ver con devengar o no salario, o el graduarse o no de las escuelas de enseñanza artística. Ser/sentirse profesional es una actitud de respeto ante el arte y la cultura. Eso, de cierta forma, los jóvenes lo aprenden compartiendo con las principales personalidades de la cultura, esos que dan sombra y allanan el camino de los que comienzan. Para que esa relación entre jóvenes y experimentados se produzca, también hemos servido de plataforma. Y los resultados se han hecho evidentes en las jornadas de programación, en los premiados de nuestro sistema o del propio sistema institucional (algunos no provienen de escuela), o en la profesionalización (y en este caso sí me refiero a cobrar por su trabajo) de los mejores exponentes de cada una de las manifestaciones que, aunque nunca será nuestro objeto social, es un estímulo para los mejores creadores de vanguardia en los territorios y para lo cual existe un sistema de selección muy bien articulado.


Audis Vargas. Trovador guantanamero. Foto: Sonia Almaguer

¿Qué papel juega un evento como la Jornada de la Canción Política para visibilizar la organización a nivel de país? ¿Cuáles son las estrategias de comunicación que se manejan para este fin?

La Jornada de la Canción nació incluso antes que la propia AHS y con los años ha ido ganando en salud. Es una de las jornadas que prioriza la organización porque se conoce su impacto, no solo en la vida cultural del territorio, sino en el movimiento joven trovadoresco. Que sirva de espacio de confluencia de músicos de varias generaciones, que tenga como columna vertebral un programa teórico que verse sobre las principales problemáticas del género, que el público de las comunidades periféricas de Guantánamo, Caimanera y Baracoa pueda compartir con figuras de la talla de Tony Ávila, Liuba María Hevia, Pepe Ordaz, Polito Ibañez, Ariel Barreiro, Leonardo García y otros, da la medida del nivel de convocatoria alcanzado. Junto a esto, el propio evento, que se recicla cada año, ha atraído la participación de la literatura, las artes visuales, el audiovisual, en una Jornada que le ha dado una connotación más amplia a la Canción Política.

¿Cuál ha sido el papel de la AHS luego del paso del huracán Matthew por la provincia en cuanto a la labor de las brigadas? ¿Cómo es la relación entre la organización y la comunidad?

En este mismo número de La Jiribilla, inaugurando la sección Hay un no sé qué, que tratará sobre la solidaridad en los territorios afectados por Matthew, publico una crónica en la que hablo de nuestro entusiasmo al saber que la jornada de programación por los 30 años de la AHS no la celebraríamos en Guantánamo, como habíamos planificado meses atrás, sino en Maisí, con los afectados por el huracán Matthew. A pesar de todos los cambios que esto provocó en la dinámica de la organización en un mes tan importante como octubre, de los ajustes que tuvimos que hacer en la vida de cada uno de los que nos fuimos allí, a compartir con los pobladores del municipio, estoy seguro de que valió la pena. Valió la pena porque con nuestras canciones, nuestros poemas, nuestros colores y nuestros muñecos, los hicimos olvidarse un rato de la tristeza que dejó el huracán a su paso. También porque compartimos sus penurias, pusimos tejas, levantamos postes, colamos café claro con medias, cocinamos con leña, nos alumbramos con velas y ellos sintieron, con todo eso, que no estaban tan solos. Creo que Sergio y Luis, si estuvieran vivos, habrían hecho lo mismo.
¿Cuáles son los principales logros y satisfacciones de la organización?

Si me preguntas en Guantánamo, te diré que hemos logrado visibilizar a gran parte de los jóvenes artistas fuera de la provincia, que muchos los conozcan y apuesten por ellos abriendo el abanico de posibilidades de cada uno. Si te refieres a la organización en todo el país, yo creo que hemos despertado el interés de las instituciones del sector de la cultura por un grupo de proyectos alternativos que, de otra forma, no serían tenidos en cuenta.

La Asociación les ha abierto las puertas a muchos, desde los rockeros, raperos, poetas experimentales, realizadores, DJs, bailarines, actores y otros tantos que antes de ser parte de la AHS eran invisibles. Exactamente eso: hemos eliminado la invisibilidad de muchos; además de tener voz en los principales espacios de debate sociocultural en el país a lo largo de estos 30 años, apostando por la juventud y las ventajas que necesita en un sistema como el nuestro.

¿Cuáles son las principales deficiencias y retos actuales de la AHS?

Creo que tenemos que seguir jerarquizando, debemos ser más críticos con nosotros, con todo lo que nos rodea, no solo dentro del sector de la cultura, debemos insistir en ser parte activa de algo mayor, que es la sociedad misma. Debemos, debemos y debemos cambiar muchas cosas, pero definitivamente menos que hace 30 años.

(Tomado de la Jiribilla)

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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