Las herejías de Fidel Castro y la Revolución Cubana

Fidel Castro, Prime Minister of Cuba, smokes a cigar during his meeting with two U.S. senators, the first to visit Castro's Cuba, in Havana, Cuba, Sept. 29, 1974. (AP Photo)

Fidel Castro, Prime Minister of Cuba, smokes a cigar during his meeting with two U.S. senators, the first to visit Castro’s Cuba, in Havana, Cuba, Sept. 29, 1974. (AP Photo)

 

Elier Ramírez Cañedo

 

Sin duda, la Revolución Cubana que triunfa en 1959 encabezada por el líder Fidel Castro, fue un parteaguas en la historia de Cuba y también de América Latina, de ahí en adelante sería una herejía no solo frente al imperialismo estadounidense, sino ante las propias prácticas socialistas del siglo XX y, en algunos terrenos, hasta para la propia Unión Soviética.

Fidel se rebeló contra todos los pesimismos, derrotismos, prejuicios y dogmas de la época. Hizo la Revolución alejándose de lo que planteaban los manuales marxistas con relación a que el cambio revolucionario solo era posible cuando se produjera una ruptura en la correspondencia entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, es decir, cuando las condiciones objetivas estuvieran creadas. ¿Siguiendo esa lógica, cuánto hubieran tenido que sufrir aun los cubanos y las cubanas, en espera de una Revolución?

Fidel fue el más marxista entre todos los marxistas de su tiempo, al asumir el marxismo como un método, no como una doctrina, y lograr, mejor que nadie, interpretar correctamente las condiciones de Cuba y las vías adecuadas para hacer una Revolución verdadera. No es que obviara las condiciones objetivas, todo lo contrario, pero entendió que el factor subjetivo es el polo fundamental para producir el cambio revolucionario y crear nuevas realidades, pues éstas no cambian por sí solas, sino a través de la praxis revolucionaria, consciente y organizada.

A pesar de determinas “verdades establecidas” como aquella que planteaba que se podía hacer una revolución con el ejército o sin el ejército, pero nunca contra el Ejército, Fidel dirigió una Revolución contra un ejército poderoso y moderno que contaba con el apoyo de los Estados Unidos. [i]

Asimismo, ciertos teóricos del marxismo planteaban que solo el partido comunista podía hacer la revolución social, pero en el caso de Cuba fue a la inversa: la revolución social hizo al partido.

Otros señalaban que un hombre de extracción acomodada como Fidel no podía ponerse al frente y defender una revolución verdaderamente radical. Fidel barrió con todos esos prejuicios y esquemas de pensamiento. Demostró una vez más en la historia, que el hombre no es la clase, e incluso, puede llegar a enfrentar su propia clase al cuestionarse la realidad que lo circunda y asumir una conducta en correspondencia con ideales revolucionarios.

Pocos creían que a 90 millas de los Estados Unidos, en su tradicional “esfera de influencia”, y en un país en el que el anticomunismo había sido inoculado hasta el cansancio, en especial a partir del comienzo de la Guerra Fría, fuera posible el socialismo. Sin embargo, la Revolución Cubana, bajo la guía de Fidel, barrió también con todas las teorías geopolíticas del momento y solo tardó 2 años y unos meses en declararse el carácter socialista.

Fue significativa también la herejía de la Revolución Cubana en el campo cultural. Desde las históricas Palabras a los intelectuales de Fidel, el 30 de junio de 1961, quedó claro que el realismo socialista no dominaría el ambiente y las condiciones creativas en la cultura cubana.  Fidel dedica una buena parte de sus Palabras… a despejar cualquier duda en ese sentido: “Permítanme decirles, en primer lugar, que la Revolución defiende la libertad; que la Revolución ha traído al país una suma muy grande de libertades; que la Revolución no puede ser por esencia enemiga de las libertades; que si la preocupación de algunos es que la Revolución va asfixiar su espíritu creador, que esa preocupación es innecesaria, que esa preocupación no tiene razón de ser”. Más avanzada la intervención expresa: “La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura cuando una de las metas y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un patrimonio real del pueblo”.

Hubo quien pensó que el proceso revolucionario cubano tendría una corta vida, pues  era imposible resistir por mucho tiempo el embate de la agresividad de los distintos gobiernos de los Estados Unidos. Sin embargo, ya es una realidad histórica que la Revolución Cubana ha sobrevivido a 11 administraciones estadounidenses y sus más disímiles e impensadas variantes de política, dirigidas todas sin excepción a destruir el proceso revolucionario.

También pocos imaginaban que una isla tan pequeña en extensión, tuviera una política exterior tan influyente en el mundo –casi como la de una superpotencia- y al mismo tiempo totalmente independiente de los grandes poderes de la Guerra Fría. Y así fue durante décadas bajo la sabia conducción del Comandante en Jefe. En determinados momentos, incluso, como ha demostrado en sus brillantes libros el investigador Piero Gleijeses, Cuba no solo desafió a los Estados Unidos, sino también a la propia URSS, así fue durante toda la década del 60 con el apoyo que dio Cuba a los movimientos de liberación en América Latina y cuando decidió sin consultar a Moscú enviar tropas militares a Angola en 1975 para repeler la invasión de Sudáfrica y Zaire, que contaban con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. Cuba no fue jamás satélite de nadie.[ii]

Al producirse la caída del campo socialista los agoreros del sistema imperial pensaban que Cuba no resistiría, que sus minutos estaban contados, y la Revolución no solo resistió, sino que en estos últimos más de 20 años ha logrado avances insospechados en el orden económico, social, científico y cultural. Eso ha sido una herejía no solo del liderazgo de la Revolución, sino de todo el pueblo cubano.

Pero habrá algo que parecía más imposible y también fue posible como los anuncios del 17 de diciembre del 2014 y con ello el regreso de Ramón, Antonio y Gerardo. Se demostró una vez más en la historia de Cuba, como tanto ha advertido Fidel, que “no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”. La herejía de resistir y luchar durante más de 50 años sin hacer la más mínima concesión de principios, terminó doblegando a la potencia más poderosa de la historia que, aunque no ha cambiado en su objetivo de derrocar la Revolución, se vio obligada a reconocer el fracaso de una política de corte agresivo que no dio el resultado esperado.

La Revolución Cubana con todas sus conquistas sociales e ideales revolucionarios, continúan siendo hoy una herejía en un mundo donde lo que impone el sistema capitalista imperial es el egoísmo, el individualismo, la explotación, la discriminación, la violencia, la guerra, el consumismo, la enajenación, la pobreza y la desigualdad extrema.

A pesar de la triste noticia de su partida física, Fidel seguirá siendo el mayor hereje que ha enfrentado el imperialismo en la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. Esa herejía se hace inmortal, pues los revolucionarios del mundo, en especial los cubanos, llevamos con nosotros su espíritu y sus ideas. Nuestro mejor homenaje será seguir su senda hasta las últimas consecuencias. Gracias Fidel, una vez más. Seguirás dando batallas y obteniendo victorias en este mundo. ¡Hasta la victoria siempre¡

 

Notas

[i] Sobre este tema exclamó Fidel en discurso pronunciado el 20 de abril de 1959: “Es importante señalar varios hechos, porque hay en el mundo muchas mentiras convencionales, porque todo el mundo parecía estar de acuerdo en que una revolución era imposible, cuando el pueblo no estaba hambriento; muchas personas creían que la revolución solo era posible cuando el pueblo estaba muy, muy hambriento, cuando estaban muriéndose de hambre.  En segundo lugar, muchas personas aceptaban como una absoluta verdad que la revolución era imposible hacerla contra un ejército moderno, contra un ejército que tenía las mejores y más modernas armas: aeroplanos, tanques, ametralladoras, bombas y todas las armas automáticas.  Otra mentira: que la revolución era posible con el ejército, o sin el ejército, pero nunca contra el ejército.  Eso tenía efecto sobre todo el mundo.  ¿Por qué?  Yo pienso que era porque ellas tenían muchas ideas confusas sobre lo que es una revolución y muchas personas creen o creían que una revolución es un simple golpe de Estado, es un simple derrocamiento de un gobierno para tomar su puesto, y ellas toman la palabra revolución como una palabra común de los que hablan sobre estos asaltos al poder, pero hasta las personas que creían conocer lo que era la revolución eran escépticas acerca de la posibilidad de combatir contra las armas modernas. Nuestra revolución estableció dos o tres cosas nuevas en el mundo:  Primero, que la revolución es posible cuando hay una situación económica relativamente buena, cuando el pueblo no está desesperado, algunos desempleados, algunos hambrientos, las mismas cosas que en otras condiciones, en otros lugares.  En segundo lugar, que la revolución era posible contra el ejército.  En tercer lugar, que la revolución era posible contra un ejército moderno”. También en otro de sus importantes discursos, pronunciado el 26 de julio de 1971 dijo: “Para muchos teóricamente nuestra Revolución era imposible.  Teóricamente sí:  análisis de correlaciones de fuerzas, de armas del enemigo, de armas nuestras.  Teóricamente era imposible la victoria.  En las prisiones, en los lugares más apartados, ¡nunca la fe en la victoria se perdió!  Ni el 26 de julio, después del asalto al Moncada; ni el 5 de diciembre, después que disolvieron la expedición del Granma; ni cuando quedamos 2, 10, 12, ¡nunca se perdió la convicción y la seguridad en el triunfo! (APLAUSOS.)  Los teóricos habrían dicho:  esa revolución es imposible.  Los teóricos habrían dicho:  esa guerra es imposible.  Los teóricos habrían dicho:  esa correlación de fuerzas entre revolucionarios y enemigos de los revolucionarios es imposible de superar.  Pero la vida enseña que la cosa imposible, o aparentemente imposible, es posible en la realidad de la vida.  Es posible sobre todo cuando los pueblos enarbolan las ideas, cuando las ideas revolucionarias se convierten en ideas de las masas, de los pueblos.  Y todo lo que parecía imposible fue posible.  Los teóricos dirían: esa Revolución a 90 millas de los imperialistas es imposible.  Ese socialismo a 90 millas de Estados Unidos es imposible.  Ese comunismo a 90 millas de Estados Unidos es imposible.  Ese marxismo-leninismo a 90 millas de Estados Unidos es imposible (APLAUSOS).  Y con bloqueo, con amenazas, con agresiones, con dificultades, ha sido posible llevar adelante la Revolución socialista a 90 millas de Estados Unidos (APLAUSOS); ha sido posible llevar adelante la Revolución comunista y el marxismo-leninismo a 90 millas de Estados Unidos; ha sido posible derrotar ideológicamente a los enemigos; ha sido posible derrotar sus incursiones, sus agresiones, sus amenazas.  ¡Fue posible unir al pueblo —y también aquello parecía imposible—, fue posible unir al pueblo en una sola fuerza, en un solo partido!  Fue posible unir a los trabajadores, a los estudiantes, a los campesinos, a las mujeres, a los ciudadanos, en sus organizaciones.  De ahí la fuerza de la Revolución, de ahí su poder de movilización, demostrado en todas las circunstancias”.

[ii] Véanse los libros de este autor, Misiones en Conflicto y Visiones de libertad, ambos publicados por la editorial de Ciencias Sociales.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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