La historia poco conocida de la presencia de Cuba en África durante la Guerra Fría

Cuando Nelson Mandela visitó La Habana en 1991 declaró: “Venimos aquí con un sentido de la gran deuda que debemos al pueblo de Cuba. ¿Qué otro país puede mostrar un historial mayor de desprendimiento que el que Cuba ha exhibido en sus relaciones con África?”

En todas las reflexiones acerca de la muerte de Fidel Castro, su contribución a África ha sido olvidada –porque la mayor parte de los estadounidenses no son conscientes de que la Cuba de Castro cambió el curso de la historia del África meridional. Mientras que los estadounidenses celebraban la transición pacífica de la Sudáfrica del apartheid a un gobierno de mayoría, así como la independencia largamente aplazada de Namibia, no tenían idea de que Cuba –la Cuba de Castro– había desempeñado un papel esencial en estos eventos históricos.

Durante la Guerra Fría, miles de médicos cubanos, profesores, y trabajadores de la construcción fueron a África, mientras que casi 30 000 africanos estudiaron en Cuba con becas completas financiadas por el gobierno cubano.

Funcionarios de EE.UU. toleraron la ayuda humanitaria de Cuba, pero no el envío  de soldados cubanos a África. Había habido pequeñas operaciones secretas cubanas en África en la década de 1960 en apoyo a los movimientos de liberación, pero el goteo se convirtió en una inundación a finales de 1975, envolviendo a Angola.

La independencia de esa colonia portuguesa estaba programada para noviembre de 1975, pero la guerra civil estalló varios meses antes entre los movimientos de liberación del país –el MPLA, el FNLA y la UNITA. Funcionarios estadounidenses estaban alarmados por las inclinaciones comunistas del MPLA, pero hasta ellos admitían que “estaba muy por encima de los otros dos grupos”, encabezados por hombres corruptos.

Funcionarios sudafricanos también estaban alarmados por el MPLA debido a su implacable hostilidad hacia el apartheid, y prometieron ayudar a los otros movimientos de liberación de  África meridional (la UNITA y FNLA habían ofrecido a Pretoria su amistad).

En septiembre de 1975, el MPLA estaba ganando la guerra civil. Por lo tanto, Pretoria invadió Angola, alentada por Washington. El secretario de Estado Kissinger esperaba que el éxito en Angola –derrotar a un régimen procomunista –aumentaría el prestigio de EE.UU. y su propia reputación,  vapuleados ambos por la caída de Vietnam del Sur en abril de 1975.

Los sudafricanos estaban a punto de aplastar al MPLA cuando llegaron a Angola 36 000 soldados cubanos.

Esa intervención, concluyó la CIA años más tarde, había sido una operación unilateral cubana diseñada a toda prisa”. La agencia no estaba equivocada: Castro envió a los soldados sin consultar al Kremlin. El secretario general soviético Brezhnev, que estaba centrado en la distensión con Estados Unidos, se opuso a la política de Castro, y se negó –durante dos meses– a ayudar a transportar a las tropas cubanas.

La decisión de Castro también hizo descarrilar sus negociaciones secretas con Washington para normalizar las relaciones. Si Castro se hubiera interesado solo por el limitado interés propio de Cuba, no habría enviado las tropas a Angola.

Entonces, ¿qué motivó la atrevida decisión de Castro? La respuesta la suministró Kissinger. Castro, escribió él, en sus memorias, “probablemente fuera por entonces el líder revolucionario más auténtico en el poder”.

La victoria del eje Pretoria-Washington, la instalación en Luanda de un régimen comprometido con el régimen de apartheid, habría reforzado el control de la dominación blanca por sobre los pueblos del África meridional. Castro envió a sus soldados para unirse a la lucha contra el apartheid, una lucha que él consideraba “la causa más hermosa.”

Las tropas cubanas inclinaron la balanza de la guerra, expulsando a los sudafricanos y haciéndolos regresar a la vecina Namibia que Pretoria ocupaba de manera ilegal.

“El África negra está montada en la cresta de una ola provocada por el éxito cubano en Angola”, se regocijó The World, el principal periódico negro de Sudáfrica. “El África negra está probando el embriagador vino  de la posibilidad de realizar el sueño de la liberación total”.

En Angola, el gobierno del MPLA, apoyado por los cubanos, acogió a guerrilleros provenientes de Namibia, Sudáfrica y Rodesia. Se convirtió en un esfuerzo tripartito: los los cubanos proporcionaron la mayor parte de los instructores, los soviéticos las armas, y los angolanos el terreno.

Para la Sudáfrica del apartheid era una amenaza mortal. Por lo tanto, durante más de una década Pretoria continuó batallando contra el MPLA, tratando de instalar en el gobierno de Angola al líder de UNITA, Jonas Savimbi, un hombre al que el embajador británico en Luanda calificó de “monstruo”.

El ejército angolano era débil. Hasta la CIA reconocía que las tropas cubanas eran “necesarias para preservar la independencia de Angola”, pero para Estados Unidos –bajo Jimmy Carter y Ronald Reagan– los cubanos eran una afrenta.

Reagan se unió a Pretoria en el apoyo a Savimbi. Incrementó el embargo contra Cuba y exigió que los soldados cubanos se marcharan de Angola. Castro se negó. Era un punto muerto.

Hasta 1988. Fue el escándalo Irán-contras lo que rompió el impasse. Antes que ese embrollo debilitara a Reagan, los cubanos habían temido un ataque de EE.UU. a la Isla.  Pero tras esa situación, Castro decidió que era seguro enviar los mejores aviones, pilotos, sistemas antiaéreos y tanques a Angola para expulsar de una vez por todas a los sudafricanos. “Nos quedaremos sin calzoncillos en Cuba si tenemos que hacerlo,” dijo Raúl Castro a un general soviético. “Enviaremos todo a Angola.”

Una vez más Fidel había desafiado la Unión Soviética. Gorbachev, decidido a lograr la distensión con Estados Unidos, se opuso a la escalada en Angola. “La noticia de la decisión de Cuba… fue para nosotros, lo digo  claramente, una verdadera sorpresa”, dijo él a Castro, “Se me hace difícil entender cómo se podía tomar tal decisión sin nosotros.”

A principios de 1988, las tropas cubanas lograron la ventaja en Angola. Eran lo suficientemente fuertes como para cruzar la frontera namibiana, tomar bases sudafricanas, “y hacer retroceder a las fuerzas sudafricanas más al sur”, señaló el Pentágono. La situación era “una de las más serias que Sudáfrica haya enfrentado jamás”, se lamentó el presidente del país.

Pretoria se rindió. En diciembre de 1988, aceptó las exigencias de Castro: permitir elecciones en Namibia supervisadas por la ONU y finalizar la ayuda a Savimbi. La capitulación de Pretoria reverberó más allá de Angola y de Namibia.

En palabras de Mandela, la victoria cubana sobre el ejército sudafricano “destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco… [e] inspiró a las masas que luchaban en Sudáfrica. [Fue] el punto de viraje para la liberación de nuestro continente –y de mi pueblo– del látigo del apartheid”.

(*) Piero Gleijeses es profesor de Política Exterior Estadounidense en la Escuela Paul H. Nitze de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS) en la Universidad Johns Hopkins. Ha publicado numerosos libros acerca de Cuba, entre ellos Misiones en Conflicto: La Habana, Washington y África, 1959-1976 (2002), que ganó el Premio Robert Ferrell 2002 de la Sociedad para Historiadores de Relaciones Exteriores Estadounidenses. 

Foto de portada: Guardias en la tumba de José Martí en Santiago de Cuba, por PRA. CC BY 3.0 vía Wikimedia Commons.

(Tomado del blog de Oxford University Press)

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

(Tomado de Progreso Semanal)

Anuncios

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s