Obama y su nuevo caramelo

Omar Rafael García Lazo

Analista politico internacional

Cuba acaba de obtener una nueva victoria frente a EE.UU. El presidente Obama, a solo 8 días de abandonar la Casa Blanca, accedió a “rectificar”, tras un año de negociaciones con el Gobierno de la Isla, parte de la política migratoria dirigida exclusivamente a los cubanos.

Barack Obama

Barack Obama
La derogación por EE.UU. de la política de “pies secos-pies mojados”, así como la medida que estimulaba la deserción de médicos cubanos que prestan servicios en terceros países, ha sido una exigencia de La Habana durante los últimos 20 años; a lo que se suma la denuncia de la aún vigente Ley de Ajuste Cubano, aprobada por el Congreso estadounidense en 1966.   A partir del momento en que fue publicada la Declaración Conjunta de los gobiernos de Cuba y EE.UU., y con las derogaciones anunciadas, debe cesar el grueso de los estímulos a la emigración irregular desde Cuba hacia EE.UU., iniciándose una nueva etapa en las relaciones migratorias que aspiran a ser legales, ordenadas y seguras. Deben reducirse también el tráfico de personas, la violencia y otras ilegalidades asociadas a este flagelo.   La política de “pies secos-pies mojados” fue implementada por William Clinton en 1995 tras la crisis migratoria bilateral del año 1994. Clinton encontró un punto medio entre los intereses de los sectores que presionaban por reducir la emigración ilegal estimulada desde su propio país, y los de aquellos que convirtieron el tema migratorio en un arma contra Cuba. En este sentido, Clinton accedió a continuar aplicando la Ley de Ajuste para todo cubano que llegara a las fronteras y costas estadounidenses (pies secos) y devolvía a Cuba a aquellos que fueran interceptados en el mar (pies mojados).   Esta práctica selectiva y criminal propició lamentables casos de robo de embarcaciones, asesinatos y secuestros de naves por personas que intentaban llegar a EE.UU. Al mismo tiempo, centenares de cubanos murieron en el estrecho de la Florida en su intento por llegar a EE.UU. enfrentando en precarias embarcaciones el mal tiempo y las 90 millas que separan a ambos países, y esquivando a los guardacostas estadounidenses.   Mientras esto ocurría, el acuerdo vigente entre ambos países que estipulaba entregar al menos 20 mil visas anuales a los cubanos se incumplía con una frialdad extrema. La intención en Washington seguía siendo la misma: por un lado cerraba las opciones legales de los cubanos para emigrar a EE.UU., mientras que por el otro estimulaba la emigración ilegal con fines políticos, subversivos, desestabilizadores y propagandísticos, sin importarle el costo humano y ético de este proceder.


John Kerry

John Kerry
No solo Cuba denunció durante estos años la contradictoria Ley y la política de “pies secos-pies mojados”. Diversos países de la región, que se convirtieron en circuitos de tráfico humano con dirección al Norte, exigieron a EE.UU. la anulación de estas medidas. La más reciente de estas acciones fue en agosto de 2016, cuando nueve cancilleres latinoamericanos dirigieron una carta a John Kerry exponiendo su preocupación por los efectos de la política migratoria dirigida contra Cuba.   El nuevo acuerdo sin dudas representa una clara victoria política de La Habana y un avance en las relaciones con Washington. Sin embargo, debemos también leer este nuevo paso en clave estadounidense.   Es evidente que parte del establishment norteño viene impulsado un cambio de métodos en el enfrentamiento a la Revolución cubana. Obama, sin dejar de reconocer su impronta en este proceso, no hubiera podido hacerlo solo.   Dentro de las prioridades de la agenda hacia Cuba, el tema migratorio ocupa un lugar destacado en correspondencia con la importancia que estos asuntos tienen en la agenda doméstica.

George W. Bush

George W. Bush
No existe campaña electoral en EE.UU. en la que los temas migratorios y la inmigración ilegal no genere debates. En los principales círculos de poder se aprecia un consenso respecto a la necesidad de frenar la inmigración ilegal.   Entre los años 2001 y 2015 las autoridades estadounidenses deportaron, según cifras oficiales, más de 4 millones 700 mil inmigrantes ilegales. De ese número, Obama, sucesor demócrata del republicano George W. Bush, es responsable del 57,74% de las deportaciones con los consabidos traumas familiares y sociales que genera esta práctica injusta.   En este curso de acción, la excepcionalidad con los inmigrantes cubanos representaba una incoherencia que mellaba el consenso interno ante el fenómeno de la inmigración. Es por ello que los cambios de táctica contra la Revolución Cubana facilitaron en cierta medida este giro en la política migratoria hacia Cuba.   No se debe olvidar que el fin último de EE.UU. es destruir la Revolución Cubana y en esto la Administración Obama ha sido muy clara. El camino es generar contradicciones dentro de la sociedad antillana en el mediano y largo plazos para lo cual están diseñadas todas las acciones políticas, económicas y culturales de carácter subversivo y sus respectivas partidas presupuestarias. Y en ese meollo de acciones, limitar la emigración y “meterle presión a la olla”, podría ser una buena idea pensada en inglés. Esa es la lógica que está detrás de las acciones estadounidenses, creer lo contrario sería una ingenuidad en español.   Más allá del lenguaje y las formas diplomáticas que amerita cualquier negociación, para Cuba todo está muy claro. Mientras, La Habana se anota otra victoria política y ética, aun cuando Obama y su equipo de imagen intenten maquillar su medida cual caramelo en vitrina.   Cuba gana, pues ha logrado un marco regulatorio que protege a sus ciudadanos de una emigración ilegal, desordenada y con altos riesgos para la vida; obtuvo mayores garantías de cumplimiento del acuerdo para que al menos 20 mil cubanos puedan emigrar a EE.UU. de forma legal y segura cada año y no tengan que ser presas de redes de tráfico humano ni lanzarse al mar; y logró que se derogara la vil y cínica medida que estimulaba la deserción de médicos y profesionales de la salud que prestan servicios en terceros países. Al mismo tiempo, desde el 2013, sigue aplicando sin restricciones una nueva política migratoria bien acogida por el pueblo.   Sin embargo, la Ley de Ajuste Cubano sigue vigente en EE.UU. y su aplicación puede hacerse a discreción y con nuevos fines anticubanos. Una evidencia más de que la vitrina no lo muestra todo. De todas formas, debemos esperar hasta el próximo 20 de enero, día en que la tienda cambiará de gerente y quien sabe si hasta de caramelos.

Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de Al Mayadeen.

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Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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