Marxismo ¿sí o no?

Por Rafael Cruz Ramos

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Cuando salí del Pabellón Cuba, las preguntas que traía se  trastocaron ante la visión de la Rampa luminosa en la tarde de ferbrero ¿Qué tenían en común con Carlos Marx, y con el Marxismo esas personas conectadas a la Wifi, o mis compañeros de carrera tras el P1, o aquellos aficionados al helado quienes circundaban Coppelia en la habitual y extensa cola? Semejante intríngulis nació del motivador encuentro que tuvimos en el programa Dialogar Dialogar que organiza cada mes el Dr. Elier Ramirez Cañedo y que en esta ocasión se involucró en el tema: Problemas de la enseñanza y divulgación del marxismo en Cuba.https://dialogardialogar.files.wordpress.com/2017/02/febrero.jpg?w=400&h=217

¿De qué marxismo hablamos allí? Del llamado originario, que para muchos incluye además de las obras de Carlos Marx y Federico Engels a V.I. Lenin, a los que se les incorporan las aportaciones de otros pensadores: Mariátegui, Gramsci, Rosa Luxemburgo, Trotski. Algunos de ellos han sido considerados injustamente como actores de reparto, pero como bien asegura la Dra. Natacha Gómez Vásquez ninguno es menor que otro, cada uno hizo sus aportes. Así ocurre con los filósofos marxistas de nuestro tiempo, contribuyen y actualizan el marxismo permitiéndole respirar y comprender la sociedad actual. Del que, según la palabra del DrC. Felipe J Pérez Cruz, es primero que ciencia, una ideología de profundo sentido ético.

¿Cómo entendemos el marxismo en Cuba?, ¿cómo la filosofía oficial de la Revolución? ¿Cómo una obligatoria interpretación del mundo para aquellos que se precien de ser de la vanguardia intelectual y política?, ¿Cómo una condición excluyente para ser revolucionario? El dilema no es ni fútil, ni sencillo. Claro que ya sabemos hoy que no se necesita considerarse marxista para ser revolucionario, es decir se puede desconocer la teoría marxista y en cambio ser un luchador por la emancipación y un activo combatiente antimperialista. El Partido Comunista de Cuba es un partido marxista, pero no en el sentido clásico, del socialismo europeo o asiático, sino que esa base del pensamiento está por esencia integrado, además de los clásicos antes mencionados, por representantes de la cultura y el pensamiento filosófico cubano, desde Varela a Fidel, pasando por Martí, Varona, Mella, la generación del 30, Ernesto Guevara, Carlos Rafael Rodríguez, Armando Hart y muchos otros.   A decir de Mariátegui, “ni calco ni copia, sino creación heroica”.

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En estos días se le hicieron homenajes diversos a A. Hart pero ningún medio de prensa lo presentó como un formidable marxista. En esta foto lo vemos junto al Che, otro marxista de talla extra

Por otro lado no se puede desconocer el contexto: Cuba, en el centro del mundo occidental, con todo lo que eso entraña, en lo político, ideológico y cultural, construye una sociedad cuyas bases se asientan en la filosofía de “aquel alemán” y su imprescindible compañero. Tal osadía- también se le puede llamar locura- es en sí mismo un formidable desafío, solo posible en un pueblo como este. De manera que el tema, viéndolo en ese contexto resulta un exotismo. De todo ello queda muy claro que en Cuba es posible ser patriota sin ser marxista, pero de ningún modo se puede ser marxista sin ser patriota.

Desde muy temprano comenzaron en la Revolución los antagonismos sobre el tema. La naciente sociedad se encontró con cincuenta años de satanización propagandística anticomunista que pintaban a Marx, Engels y todos los que le continuaron, como hijos de Belcebú y a quienes le seguían, como sujetos fundamentalistas y antropófagos. La realidad vivida en la obra de la naciente revolución fue quien abrió al marxismo las puertas de las casas y de las gentes. La justicia social, la dignidad restablecida de los humildes, el protagonismo de los héroes de cuatro guerras, y la obtusa, agresiva e injusta respuesta imperial a la naciente rebelión, pusieron al pueblo ante la única disyuntiva posible, el socialismo.

Once lustros después estamos discutiendo todavía sobre el tema. En todos estos años han sido muchos los aciertos y también muchos los errores en la enseñanza y divulgación del marxismo, pero como dijo el joven profesor Yosvani Montero “ningún error es más grande que la obra en su totalidad” errores metodológicos, organizativos, bibliográficos, y según el profesor Esteban Morales, también errores políticos.

Para no pocos docentes- recuerdo algunos de ellos de mi época de estudiante- era mejor el adoctrinamiento a pulso, y que no hubiera en clase dudas, sospechas y debates, lo que contradice a la teoría marxista: cuestionadora, en constante construcción y altamente cinética. El profesor que no genere debate en el aula está apagado y debería cambiar su método o su oficio. Lo mismo que el político. El profesor Luis Suarez llamó la atención en el encuentro que si bien en los primeros años de la revolución, los dirigentes y cuadros históricos iban en sus discursos al marxismo, los actuales parecen preferir no citarlo. Lo cierto es que la ausencia de debate en las aulas es preocupante y pernicioso, así como la metodología “verticalizante y escolástica”.  También lo es el distanciamiento del discurso político del marxismo.

Lamentablemente mucho del rechazo que genera en el aula los temas de filosofía marxista tienen su causa en la petulancia de la superioridad absoluta sobre otras formas del pensamiento, o porque se enseña como algo acabado, del pasado, inmóvil, cuando es dialéctico, actual y en relación directa con la práctica.

Surge de inmediato una cuestión, ¿Es imprescindible entonces la enseñanza del marxismo en Cuba? Claro que lo es, pero no como un recurso proselitista para captar adeptos fieles, o como filtro para sesgar a los “paganos”, sino como ciencia y como método, como arma y como recurso para interpretar el mundo y sobre todo, transfórmalo, como aventura formidable de jóvenes que apenas tenían 30 años cuando lanzaron  ese texto formidable y redentor que es el Manifiesto Comunista.

La Dra. Gómez Velázquez asegura que hay personas de profesión marxista, pero sin vocación marxista. Junto a ellos los que, enclaustrados en una filosofía academicista, acusan de vulgar cualquier aterrizaje de la teoría al espacio de la vida real, de la gente común. Estos “monjes de clausura”, se olvidan que las obras de los clásicos y los que le continuaron son armas imprescindibles para comprender la vida y modelar al sujeto que ha de transformar al mundo. Ciertamente la teoría marxista fue interpretada en muchos y variados enfoques, a la medida o desmedida de traductores, políticos o académicos fundamentalistas. Muchas de esas interpretaciones han creado más confusión y como alerta la Dra. Gómez Velázquez los debates acerca de un marxismo irreal, aleja a los verdaderos interesados.

Para evitar distorsiones y sobre todo para poder comprenderlo en toda su magnitud se debe interpretar al marxismo como una cultura. Justo sobre ese enfoque la Dra.C Olga Fernández aseguraba con toda razón que hay que enseñarlo desde lo cultural. Una “cultura del combate” insistía la profesora. Esa “espiritualidad cognitiva” merece mejor difusión, mejores abrevaderos informativos para los jóvenes, los estudiantes. Esa filosofía redentora, que nos permite enfrentar con éxito los efectos del consumo y de la barbarie, la “atroz anticultura”; esa comprensión que se ajusta a toda forma de resistencia;  según la profesora Fernández “inclusiva, dialógica, transformadora para las masas” merece caminos más despejados en su tránsito pedagógico y cultivador.

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Recuerdo una excelente biografía mínima de Marx, Moro el gran aguafiestas cuya autora Paquita de Armas asistió al debate. Esa biografía me rescató del marxismo escolástico y cuadripléjico que recibía entonces. Ese recuerdo personal conduce a uno de los caminos expuestos en el intercambio: llegar al marxismo a través del personaje de Carlos, el nacido en Tréveris, el esposo de Jenny, el amigo de Engels, como se puede llegar mucho más rápido a la cultura martiana con la amistad de José Julián. El papel del maestro de historia y de la historia misma es fundamental para la enseñanza del marxismo. Historia y filosofía no se pueden separar, ni desde lo metodológico, ni desde lo docente. La historia nos aporta a héroes reales, hombres y mujeres marxistas quienes contenían los valores y el conocimiento así como el ejemplo personal de sus vidas, esto quiere decir que Ernesto Guevara “nos conduce desde la belleza y de la ética diaria y de la moralidad de resistir” todo lo cual es parte de la cultura marxista, tal y como lo expresó en el debate el Dr.C Felipe Pérez Cruz.

Pérez Cruz también aseguró lo importante que resulta para los estudiantes ver el marxismo como lo que es: una maravillosa perspectiva de justicia para el mundo, “somos del Caribe, y hemos de enseñar el marxismo como caribeños, no como alemanes” afirmó el docente. Esa idea me vuelve a la reflexión sobre la geopolítica y la contradicción: esta nación del tercer mundo, en el corazón mismo de la cultura occidental, liberal, capitalista, sigue resistiendo a años de ataques y mantiene vida en el ideal del humanismo, de la ética en favor de los humildes, de los desposeídos. Así me devuelve la imagen de la Rampa luminosa en la tarde de febrero, con toda la gente que enfrenta la vida en medio del asedio del consumo y de la barbarie; todos, poniendo algo de si para sostener y sostenerse en una sociedad redentora, y a la vez imperfecta que no esperó a que todos los proletarios del mundo se unieran, y se lanzó por su cuenta y riesgo al asalto del cielo.

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Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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