VENEZUELA Y PUERTO RICO, EL FUTURO

 

Sixto Manuel Díaz

Los países latinoamericanos estaban llamados a ser el patio trasero de los Estados Unidos; a ser meros suministradores de materias primas y compradores de productos manufacturados. De ahí que, cuando durante la Segunda Guerra Mundial, Washington le pidió a Brasil que declarara la guerra a Alemania y al Eje en general los brasileños pusieron como condición que se les vendiera una industria de acero para hacerse sus armas.

Los Estados Unidos le enviaron toda la maquinaria para ese propósito,  pero un submarino nazi hundió el barco que transportaba dicha maquinaria. Nuevamente, los Estados Unidos demandaron de Brasil su entrada en la guerra. Nuevamente, los brasileños demandaron la maquinaria. Ante esa necesidad de aliados los Estados Unidos volvieron a enviar la maquinaria, para procesar el mineral de hierro y convertirlo en productos, productos manufacturados. Los brasileños, que tenían una gran presencia de alemanes entre su población, declararon la guerra al Eje, pero no molestaron a sus convecinos germanos y tampoco mandaron grandes cantidades de soldados a pelear en Europa. Así comenzó la moderna siderurgia brasileña.

De esa manera, más o menos, empezó Latinoamérica a adquirir la tecnología para lograr cierto grado de industrialización, a la que en todo momento se le imposibilitaba desarrollarla por disponer de pocos ingenieros y científicos. Con el tiempo, los latinoamericanos que son gente muy inteligente y capaz, han logrado casi la paridad industrial con Europa y los Estados Unidos. Esto, naturalmente, no le gusta ni a Estados Unidos ni a Europa, que solo ve en Latinoamérica meras fuentes de materia prima y mercados para sus productos manufacturados.

Con el uso y abuso de ciertas materias primas, en particular el petróleo, Estados Unidos y Europa cada día dependen más y  más de Latinoamérica y otros países para abastecerse de esas materias primas que no tienen en sus territorios.

Hugo Rafael Chávez Frías llega al poder en Venezuela en 1999 al vencer a su contrincante en unas elecciones limpias. Había intentado hacerlo en 1992 por medio de una fracasada insurrección militar de carácter patriótica, por la cual pasó dos años preso. Durante ese período en la prisión se educó políticamente: leyó libros de economía, filosofía, historia y política, que le abrieron los ojos sobre lo que verdaderamente pasaba en Venezuela y el resto de Latinoamérica, cosa no divulgada por los elementos firmantes del Pacto de Punto Fijo, arreglo entre los dos partidos políticos principales para alternarse en el poder, los Adecos y los Copeianos.

La vida transcurría plácidamente. Los ricos se hacían más ricos y los pobres más pobres. En eso surge Chávez como la esperanza de los humildes y de la nación.

Al llegar Chávez al poder se logra liquidar la podrida cuarta república. Se hace una nueva constitución y el pueblo llano cobra verdadera relevancia en las cosas del gobierno. Con la ayuda de Cuba se allegan médicos para los pobres y se acaba con el analfabetismo. Crece la educación, en todos los niveles, que es gratuita, se educa a las masas, se comienza a concretar la lucha de clases y se logra acceder a la tecnología moderna. Venezuela comienza a controlar su industria petrolera, por primera vez,  y los beneficios del petróleo llegan a la población de varias maneras entre las que descuellan el millón seiscientas mil viviendas para gentes de las clases pobres, que poco a poco van logrando salir de esa condición.

Venezuela, que había dependido siempre del petróleo, comienza a sustituir  importaciones y empieza a sembrar lo que se come. Igual que Puerto Rico, que en 1898 cuando la invasión yanqui, producía todos los alimentos que consumía y, ahora, importa el 85% de lo que comemos. Todo esto, naturalmente desagrada a la oligarquía que desde siempre se benefició de las riquezas del país en menoscabo del resto de la población.

Ya, aparentemente, han pasado de moda los golpes de estado manu militari. Ahora están de moda el sabotaje económico, las sanciones a los países que no se allanen a los dictados de los yanquis o a ciertas personas en las naciones a ser descalabradas. Artificialmente, se logra, que escaseen de artículos de primera necesidad. De manera ilegal, se exportan los productos que el pueblo necesita. A esa actividad la llaman el bachaqueo.  También está la prensa mercenaria, mercantilizada, tanto la del país como la extranjera,  que con su desinformación y mentiras se encarga de revestir a los gobernantes y a las iniciativas del gobierno venezolano, de una imagen negativa.

En Puerto Rico nuestra prensa comercial no dice nada de los logros de la Revolución Bolivariana. Esa prensa y los medios de comunicación masiva en general nos tratan de aislar de lo bueno que sucede en Venezuela y en Latinoamérica, en general. Esos mismos medios nos desinforman y, a luchar por la patria, lo han convertido en algo subversivo, comunista, terrorista. No encuentran más nombres con qué referirse a quienes preferimos meramente ser puertorriqueños.

Recientemente el gobierno de Venezuela cambió la cárcel por arresto domiciliario a dos políticos, convictos por delitos comunes, con la condición de que no se metieran en política. No cumplieron lo prometido y fueron arrestados y devueltos a la cárcel. Esa prensa amarilla se cansa de decir que esto fue un atropello, pero no dice que aquellos políticos, delincuentes comunes, llegaron a causar muertes, hasta de sus propios correligionarios, además de gente inocente que meramente transitaban por donde ellos habían fomentado barricadas para obstruir el transito; las llamadas guarimbas. Quemaron vivos a diecisiete venezolanos. Al paso de Guardias Nacionales, en motocicletas –hecho mostrado en la televisión-, hicieron estallar bombas. Un Guardia Nacional murió. ¿Demostraciones pacíficas?

Y como cada vez que a alguien le va bien, hay vecinos a quienes les ciega la envidia. Esos vecinos también se suman contra el país, como la oligarquía de Colombia lo hace contra Venezuela. En estos días claudicaron las FARC y hay la esperanza de una paz, que no vendrá, pues no hay allí justicia social de clase alguna. En Venezuela, al igual que en Cuba, hay una justicia social muy extendida  sin tocar a los dueños de empresas privadas que respetan las leyes del país. Esa justicia social ha dado pie a que algunos miembros de las clases altas teman perder sus privilegios. Esta gente se ha convertido en traidores a su patria y conspiran y actúan contra el nuevo orden del Socialismo del Siglo 21. Hasta piden una invasión yanqui de Venezuela…

Puerto Rico fue un país desconocido en el mundo y en Latinoamérica en particular hasta que Perla Franco, periodista puertorriqueña, que siendo corresponsal en la isla de Telesur, de Venezuela, nos puso en el mapa. Gracias, Perla, gracias Telesur.

Desde 1898 los puertorriqueños hemos sido el objetivo de una campaña de desinformación tan grande que se ha puesto en peligro nuestra propia identidad. El general yanqui que nos invadió, Nelson Miles, nos habló de los beneficios de la  presencia aquí de los yanquis. Nos habló de la Constitución de los Estados Unidos y de las libertades que venían con la bandera yanqui. Mentiras. El tribunal Supremo de los Estados Unidos se encargó de desencantarnos con tales promesas. Al igual que la ley PROMESA y su Junta que hoy nos gobierna.

Se nos ha dicho, y nosotros lo hemos creído, que nada de lo nuestro es bueno; que no servimos para nada, y hay que convertirnos en pseudoyanquis.  Hemos abandonado nuestros intereses más legítimos y defendemos los intereses de otra gente. Y eso es lo correcto, según los nuevos amos. Recientemente hubo un plebiscito, donde votó el 23% de los electores inscritos y esa gente pide -el 97% de los que votaron-, la anexión a los Estados Unidos como un estado más. Creen que volviéndonos estado, por arte de magia, se resolverán nuestros problemas económicos y nos convertiremos en yanquis.

Nuestra naturaleza es latinoamericana; hablamos español; rezamos en español; pensamos en español. Si dejamos de ser lo que somos los verdaderos yanquis nos despreciarán, mucho más de lo que ahora nos desprecian. Todo esto es lo que le espera a Venezuela y al resto de Latinoamérica si caen en sus manos.

Lo que estos señores quieren es convertir a Venezuela en otro estado libre asociado, como Puerto Rico; en otra colonia.

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Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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