PALABRAS DE PRESENTACIÓN DE EUGENIO SUÁREZ PÉREZ DEL LIBRO AHÍ VIENE FIDEL

 

Tengo que confesarles que para mí no fue fácil el aceptar la presentación de este libro, porque todavía no tengo interiorizado que físicamente  el compañero Fidel no esté entre nosotros. Y es que la fuerza de su pensamiento, de su ejemplo, de sus ideas, es tan fuerte, tan potente que siempre lo siento presente.

Y precisamente, cuando leemos AHÍ VIENE FIDEL, el libro que hoy estamos presentando, el texto y las fotografías que recogen sus autores me ratifican que no estoy equivocado en mi convicción de que él sigue vivo entre nosotros.

Yunet López Ricardo y Wilmer Rodríguez Fernández, son dos jóvenes periodistas devenidos escritores, a quienes agradecemos esta obra. Ella, graduada en el 2014, trabaja actualmente en el periódico Juventud Rebelde y es exponente de la improvisación poética en Cuba, llevando ese arte a México, Italia y España. Él — graduado en el 2009—, reportero del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, ha sido corresponsal en Venezuela y Ecuador. A pesar de su juventud, Wilmer ostenta desde el 2016, el Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez.

Ambos nos ofrecen 174 páginas y 123 fotos, que constituyen un recuerdo imperecedero de un acontecimiento que los cubanos jamás olvidaremos y que tampoco el mundo podrá olvidar. Porque cómo el propio comandante dijera en cierta ocasión refiriéndose a otra persona: “Perdura, sobre todo, el recuerdo de los hombres que se olvidaron de sí mismos para servir a su causa”.

Hace un momento expresé que el contenido del libro ratifica la presencia de Fidel entre nosotros. Yunet y Wilmer, al adentrarse en sus páginas, no solo evidencia la magnitud y la connotación de un acontecimiento impactante para todos nosotros. Ellos recogen múltiples  vivencias, anécdotas y testimonios de mujeres y hombres de todas las edades, colores y credos los cuales se iban desarrollando en la misma medida en que las exclamaciones de AHÍ VIENE FIDEL…, AHÍ VIENE FIDEL…, AHÍ VIENE FIDEL… se hacían más cercanas y tangibles. Al leerlas, todas esas historias aparentemente son diferentes, son únicas. Pero, cuando reflexionamos sobre ellas, todas tienen un denominador común, todas tienen el mismo sentido porque  mientras despedían al líder de la Revolución, al paso de la caravana, no hablaban de Fidel en pasado porque él estaba presente. No se despedían de  los restos mortales de un hombre, sino que saludaban y enaltecían a la esencia viva de la Patria.  Las voces que gritaban ¡YO SOY FIDEL…! o que repetían ¡SE OYE, SE SIENTE: FIDEL ESTÁ PRESENTE…! Fueron la muestra evidente de que Fidel se afianzó más en cada uno de nosotros.

Y es que, para nosotros, decir Fidel, es decir Moncada, Granma, Sierra Maestra, primera línea de combate, Ejército Rebelde, Revolución, Victoria de Girón, Alfabetización, Socialismo, Partido, Internacionalismo, Solidaridad, Elián, Cinco Héroes. Decir Fidel, es decir también, salud, potencia médica, Operación Milagros, educación, deporte y cultura para todas las personas. Es decir; Humanismo, Dignidad, Ética Revolucionaria, altruismo, antiimperialismo. Es decir, pensamiento y práctica marxista-leninista y martiana, En fin, que decir Fidel, es decir Pueblo y Humanidad porque él ha sido, y es, la encarnación viva y real del concepto REVOLUCIÓN que tan magistralmente supo definir.

Abarcar el pensamiento y la obra de Fidel en un todo es un ejercicio de conocimiento casi imposible de lograr, por eso se acostumbra a estudiarlo de manera fragmentada: por momentos o etapas históricas, tópicos, materias o asuntos. Así, por ejemplo, se estudia su pensamiento militar: primero, para derrocar la dictadura de Batista, y segundo para la defensa de la Revolución. Y, muy particularmente para alcanzar la victoria de Playa Girón y sus juicios, reflexiones y decisiones durante la Crisis de Octubre. Y es excepcional, su concepción de Guerra de Todo el Pueblo.

También en su pensamiento encontramos sus concepciones para transformar la sociedad cubana: la salud, la educación, la agricultura, la ganadería, las relaciones internacionales. El papel de la mujer y los jóvenes en la Revolución. Su concepto ante los desastres naturales. Muy importantes sus conceptos de la ética en los cuadros de la Revolución, la amistad, la solidaridad, el optimismo, la fe en la victoria. La aplicación de la dialéctica y la lógica.

Fidel llamó a Martí “el hombre de las ideas del bien”, y no tengo dudas que esa definición retrata  a nuestro Comandante y de que hoy podemos llamar también a Fidel el hombre de LAS IDEAS DEL BIEN. Y esas ideas del bien que representa Fidel, no bastan con estudiarlas y enunciarlas, hay que apropiarse de ellas, asumirlas como propias y actuar en correspondencia con la enseñanza que el compañero Fidel nos legó.

El 22 de abril de 1970, en conmemoración del natalicio de Lenin, Fidel dijo “estudiar el pensamiento de Lenin, las doctrinas de Lenin y el ejemplo de Lenin constituyen no un homenaje sino una conveniencia, un beneficio para los pueblos”. Hoy tampoco tengo dudas que estudiar el pensamiento y el ejemplo de Fidel no debe ser un homenaje sino una CONVENIENCIA, UN BENEFICIO PARA LA REVOLUCION Y LOS REVOLUCIONARIOS.

En otra ocasión, precisamente durante la Clausura del V Congreso del PCC, Fidel dijo: “Nosotros tenemos que luchar y tratar de que cada compatriotas sea un Camilo, sea un Che. Y no se trata de soñar, es algo en lo que creemos. Esto no quiere decir que lo vamos a lograr de manera absoluta, pero sí debemos luchar de una manera absoluta para que nuestros compatriotas sean como ellos”.

Y, en eso,  tampoco tengo dudas: tenemos que luchar para tratar de parecernos a Fidel, y aunque, lógicamente, no lo logremos de manera absoluta, si hay que luchar conscientemente —de una manera absoluta—, para serlo.

De todas las cualidades de nuestro Comandante, quiero resaltar la de MAESTRO… ¡La de MAESTRO del pueblo de Cuba!…, pues en la transformación de nuestra sociedad está presente su acción personal en la educación del pueblo. De un pueblo sobre el cual se cernía el mito de su “fatalismo geográfico”… de un pueblo sobre el cual los yanquis concentraban su atención. Pues, en su prepotencia, los diferentes gobiernos de Estados Unidos siempre consideraron nuestro país como una especie de traspatio norteamericano. De ese pueblo que Fidel encontró al triunfar la insurrección, dijo:

“Aquí parecía que iba a ser más difícil una Revolución que en ningún país de América; nosotros éramos el país más “yancófilo” que había en este continente; éramos el país más influido por la propaganda yanqui; el país donde estaba más destruido el espíritu nacionalista; donde menos se esperaba una revolución, y aquí la tienen”.

Pero, en Cuba, toda esta situación se revertió. En pocos meses TODO había cambiado por lo que Fidel reconoció que Cuba se estaba “cubanizando”. Había rescatado nuestra conciencia nacional. Indudablemente, este es uno de los resultados más trascendentales de su obra

Hoy, que le estamos haciendo un homenaje, con el libro AHÍ VIENE FIDEL, queremos recordar sus esclarecedoras palabras de marzo de 1985, cuando respondiéndole a un periodista, le dijo: “Usted tiene la impresión de que ha hecho una obra, que esa obra tiene que llevarla adelante y se va a continuar desarrollando, entonces eso estimula. Creo que sería lo único que me habría estimulado. No son los honores, los reconocimientos públicos, la fama, ninguna de esas cosas me interesa gran cosa; me interesa la tarea, la obra de la Revolución”.

Y esa es la forma, que los revolucionarios y patriotas cubanos debemos rendirle a Fidel: continuar la obra que él inició, pero con el espíritu que nos enseñó, el de los impacientes, el de los que presionan para que las cosas se hagan, y se hagan bien y el de los que tratan de hacer más de lo que se puede.

Es oportuno en esta presentación recordar que entre las cualidades de Fidel que determinaron su deseo y su exigencia que no se erigieran monumentos con su imagen están en su humildad, su falta de interés personal por acumular bienes materiales, su desprecio y lucha permanente contra toda manifestación de culto a la personalidad, y, sobre todo, la ética revolucionaria y el pensamiento de Martí que marcaron el sentido de su vida; sobre todo la idea que más le gustó a Fidel entre todas las ideas martianas y que la hizo suya: “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. Así pensaba él, y siempre, hasta el final de sus días, fue consecuente con esa concepción martiana.

Mucha gente en el mundo, incluso en Cuba, nos  sorprendimos cuando conocimos que nuestro Comandante en Jefe había expresado en su testamento de que no quería monumentos dedicados a su persona, ni que su nombre fuese utilizado para ponerlo a calles, plazas, fábricas o instituciones.

Pienso que la sorpresa fue porque no interpretamos bien el mensaje, que durante toda su vida revolucionaria —con sus palabras y su ejemplo—, nos anunciaba esa decisión.

Sus cartas desde presidio, son muy elocuentes de su humildad, de su entrega a la causa revolucionaria, de su desinterés por las riquezas materiales y de su desprecio a toda forma de ostentación y vanidad. Me gustaría tener todo el tiempo del mundo para poder hablar de muchas de ellas. Pero, como no es así, voy a poner de ejemplo la carta que escribiera a su hermana Lidia, en víspera de su salida de la prisión, el 2 de mayo de 1955.  En ella, están declarados muchos de los principios que seguiría con rectitud toda su vida cuando, ante la proposición de sus hermanas de comprarle ropa nueva para su salida del presidio, él se negó diciéndoles: “Valdré menos cada vez que me vaya acostumbrando a necesitar más cosas para vivir, cuando olvide que es posible estar privado de todo sin sentirse infeliz. Así he aprendido a vivir y eso me hace tanto más temible como apasionado defensor de un ideal que se ha reafirmado y fortalecido en el sacrificio. Podré predicar con el ejemplo que es la mejor elocuencia. Más independiente seré, más útil, cuanto menos me aten las exigencias de la vida material.

“¿Por qué hacer sacrificios para comprarme guayabera, pantalón y demás cosas? De aquí voy a salir con mi traje gris de lana, desgastado por el uso, aunque estemos en pleno verano. ¿No devolví acaso el otro  traje que yo no pedí ni necesite nunca? No vayas a pensar que soy un excéntrico o que me haya vuelto tal, es que el hábito hace al monje, y yo soy pobre, no tengo nada, no he robado nunca un centavo, no le he mendigado a nadie, mi carrera la he entregado a una causa. […] Mi mayor lucha ha sido desde que estoy aquí a insistir y no cansarme nunca de insistir que no necesito absolutamente nada; libros solo he necesitado y los libros los tengo considerados como bienes espirituales […].Yo no puedo tener debilidades, si las tuviera hoy, por pequeñas que fuesen, mañana no podría esperarse nada de mi”.

Al triunfar la insurrección, el primero de enero de 1959, en su primer discurso en Santiago de Cuba, expresó algo que reiteró con su proceder a lo largo de su vida: “Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad y por la ambición, porque –como dijo nuestro Apóstol— toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz, y no hay satisfacción, ni premios más grande que cumplir con el deber, como lo hemos estado haciendo hasta hoy y como lo haremos siempre”.

En víspera de su llegada a La Habana al frente de la Caravana de la Libertad, la prensa publicó que había sido colocado un busto de Fidel en el pequeño parque donde convergen las avenidas 41 y 31, del municipio Marianao, pues por ahí pasaría antes de entrar al Campamento Militar de Columbia. Cuando Fidel se enteró, se ofendió y ordenó retirar inmediatamente el busto.

El 6 de enero de 1959, expuso que “la gloria de los revolucionarios, de todos los que han combatido, pertenece al pueblo y pertenece a la historia […] y quien en esta hora gloriosa de nuestra patria en esta hora grandiosa de Cuba pusiese su vanidad, su cuestiones personales, por encima de la patria, no tendrá nadie que lo siga”.

El 13 de enero de 1959, aclaró que “Hay que luchar por una vocación, por un deseo, sin esperanza de recompensa de ninguna clase, ni moral ni material […] Hay quien dice que lucha por la gloria. A mí me han dicho que lucho por la gloria. Pues, no señor, yo no lucho por la gloria, porque al fin y al cabo esa es una vanidad también.

El 27 de marzo de 1962 recordó que “por convicción profunda, propusimos que se prohibiera por ley a hacer estatuas a personas vivas, que se pusiese a calles o ciudades u obras el nombre de personas vivas”.

El 22 de diciembre de 1975 le reiteró al pueblo que “Los hombres que tienen la confianza de la colectividad y de su pueblo, los hombres, incluso, que reciben un poder grande por el sitio en que los colocan sus compatriotas, lo que necesitan no son elogios”.

 

En 1985, volvió a reiterar su filosofía sobre el valor relativo de los hombres y la importancia relativa de los cargos. “Si los lideres creen que son eternos, cuando pueden tal vez pensar que son insustituibles, en medio de honores y reconocimientos no se dan cuenta que no hace falta más que pasen unos pocos años y ya no se acuerdan de él; sí, lo mencionan de vez en cuando, en el aniversario, se hacen referencias a sus hechos, sobre unos más,  sobre otros menos, surgen otros y empiezan a desempeñar las tareas. “Perdura, sobre todo, y lo vuelvo a plantear, el recuerdo de los hombres que se olvidaron de sí mismos para servir a su causa”

En la entrevista concedida a Regino Díaz, director del periódico Excélsior de México, 20 y 21 de marzo de 1985, explicó, que “Siempre hubo la tendencia, y aún existe en el mundo, a personificar las cosas y lo acontecimiento. En los periódicos extranjeros, nada más se lee esto. “Castro dijo, Castro hizo, Castro hará, Castro esto, Castro lo otro”, todo lo simbolizan, tienden a representarlo en una persona. Pero yo toda mi vida he tenido la idea opuesta a eso porque, en primer lugar, el que crea que puede hacer las cosas sólo está loco; el que crea que se puede hacer una revolución sin el pueblo está loco, no se puede hacer una revolución sin el pueblo.

En agosto de 1998, precisó que “Los únicos que tienen derecho al orgullo y a la gloria son los pueblos, porque sólo ellos son capaces de transformar al mundo y de hacer lo que han hecho.

En marzo del 2003 en su a visita Hiroshima y Nagasaki, escribieron  en la cinta de la corona de flores, que él iba a depositar en el monumento, las palabras de la tradición protocolar: nombre y cargo de la persona que deposita la ofrenda floral. Pero Fidel pidió que la cambiaran y le pusieran: “A LAS VICTIMAS INOCENTES DE HIROSHIMA Y NAGASAKI”.

Su propia vida demostró que jamás se creyó insustituible, cuando tuvo que dejar el poder lo dejó con absoluta tranquilidad. Muchos pensaron, especialmente los enemigos de siempre, los de aquí y los de allá, que para un hombre de ese temple, que tuvo tanto poder y autoridad sería difícil acostumbrarse a no ser el primero. Pero se equivocaron, el líder indiscutible de la Revolución asumió con humildad una nueva trinchera de lucha y, sin el poder que siempre tuvo, desde allí siguió luchando por el pueblo de Cuba, sin retirarse, como un soldado de las ideas, porque los revolucionarios no se retiran.

Desde una etapa muy temprana expresaba en 1977: “(…) soy decididamente opuesto al culto a la personalidad, al gobierno unipersonal y a que los hombres sean convertidos en dioses. Hay muchos ejemplos de que eso ha ocurrido, incluso en procesos revolucionarios. Ahora, nuestra revolución está perfectamente organizada y prevenida y asegurada contra esos riesgos”

En el 2006 recordó que por naturaleza era hostil a todo lo que pueda parecer un culto a la persona, y “que en Cuba no hay una sola escuela, fábrica, hospital o edificio que lleve mi nombre. No hay estatua, ni prácticamente retratos míos. […] Tampoco me gusta que mi nombre vaya acompañado de títulos y cargos. […] Los que me conocen y conocen mis discursos y mis ideas, saben que soy crítico y autocrítico, y que he combatido con intransigencia toda manifestación del culto a la personalidad o del endiosamiento.

Creo que esta presentación es una ocasión propicia, para reiterar una vez más de no colocar a Fidel en un pedestal ni recordarlo solo los 13 de agosto y 25 de noviembre. Tenemos muchos deberes y oportunidades para que la presencia de Fidel esté siempre entre nosotros. Su ejemplo y su pensamiento estarán en las aulas, en los talleres, en las oficinas, en las cooperativas, en todos los rincones de nuestro archipiélago, en las artes y en las letras. En fin, en la cultura, porque sin duda, Fidel es el orfebre de esta Cubanísima Revolución.

Trabajemos y estudiemos con la confianza de tener la luz de Fidel que alumbra nuestro camino, no permitamos que esa luz nunca se apague.

Agradezco a la Casa Editorial Verde Olivo por darme la oportunidad de presentar AHÍ VIENE FIDEL de Yunet y Wilmer, en quienes reconocemos su valía como parte de lo mejor de la juventud cubana, en la que tanto confiaba Fidel, y de reiterar a todos mi convicción de que Fidel y su pensamiento permanecen vivos entre nosotros, exclamando siempre: “AHÍ VIENE FIDEL”.

 

Gracias

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Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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