Cultura y Turismo en Cuba: un debate necesario

 

 

(Dossier de intervenciones realizadas en el espacio espacio Dialogar, dialogar de la AHS, celebrado el 31 de mayo de 2017, en la Facultad de Turismo de la UH)

 (Tomado del boletín Se Dice Cubano de la UNEAC)

 

Clemente Hugo Ramírez Frías

(Doctor en Ciencias Pedagógicas. Profesor Titular de la Facultad de Turismo de la Universidad de La Habana

 

Yo quisiera realizar una breve introducción de estos aspectos.  La relación cultura y turismo es una relación ancestral, es decir  desde que surge el turismo, incluso desde los antecedentes del turismo, porque uno de los atractivos fundamentales en que han estado basadas las motivaciones de los viajes –como componente esencial del turismo- es precisamente la cultura.  Además, hay estudios que han planteado que el turismo es en sí cultura.  Cuando se comprende eso, entonces se comprende cómo la relación cultura turismo es una relación orgánica, o sea, que no son elementos totalmente separados, porque indudablemente, además de ser un atractivo, el turismo se basa y se apoya en los recursos culturales para su desarrollo. Cuando el turismo se apoya en esos recursos culturales realmente hay un desarrollo amplio del turismo.

 

La relación cultura-turismo no se reduce al área donde los turistas se encuentran en un espacio teatral o recorren un museo, es un espectro mucho más amplio y complejo que sobrepasa las actividades del llamado turismo cultural, obviamente sin dejar de estar vinculado a esta modalidad turística.

Turismo y cultura constituyen un binomio con interacciones de mutuo beneficio siempre que se desarrolle sobre la base del conocimiento de ambos conceptos y una gestión que permita tanto el desarrollo turístico como la conservación del patrimonio cultural de que se trate.

 

Lo que planteo es que esta relación tiene una gran amplitud con una serie de matices que precisamente enriquecen su debate.

Pero es un tema efectivamente de debate y por ello conflictual, porque a nivel internacional una de las experiencias negativas que han tenido las prácticas relacionadas con la cultura es los impactos negativos que ha tenido el turismo.  Existen muchos ejemplos de tradiciones culturales impactadas, incluso en países europeos, tradiciones centenarias, que se han destruido precisamente por ponerlas en función del turismo. Hay ejemplos en la misma España, que tiene un gran desarrollo turístico, de tradiciones de más de 200 años, que se han convertido en simples espectáculo para turistas.

Esos ejemplos de pérdida de tradiciones han creado conflictos. O sea, lo que les quiero decir es que el conflicto cultura-turismo se expresa en debates a nivel internacional.

 

Lo anterior está basado en el reflejo de uno de los errores más comunes en la gestión turística, el de construir una falsa cultura, mostrada como genuina, para el consumo turístico que distorsiona los valores esenciales de la cultura local. De ahí que para entender el principio que plantea: no realizar una cultura para el turismo sino insertar el turismo en la cultura, como se ha expresado aquí, se subraya que estamos hablando de un concepto amplio de cultura, para no confundirnos con algunas expresiones y escenarios artísticos que existen y que han sido creadas para el turismo, que indudablemente tienen un valor cultural, como es el caso de artistas plásticos que han contribuido a la decoración de instalaciones turísticas y de los propios espectáculos culturales desarrollados en los hoteles para el disfrute de los turistas.

 

La concepción más amplia y compleja de los vínculos cultura y turismo se relaciona con que toda motivación de viaje turístico es cultural. La idea de que en realidad todo turismo es cultural se argumenta también a través de la relación entre anfitriones y turistas. Los oferentes de servicios turísticos en los países receptores son portadores de la cultura nacional, esta se muestra en sus diversas formas de pensar y de comunicación con los turistas que atienden, sus gestos, maneras de hablar, etc. de ahí que la cultura nacional no se añade o agrega al producto turístico, lo que se debe aprovechar son sus potencialidades y sus atractivos para mostrarla a la comunidad local y al visitante y dentro de ella su patrimonio cultural material e inmaterial, sin hacer concesiones éticas.

 

En Cuba es indiscutible que los antecedentes y proceso de formación de su cultura han dado una gran diversidad y creado un escenario envidiable para el desarrollo del turismo relacionado con la cultura, sobre todo después del triunfo de la Revolución, cuando se puso la cultura popular en el lugar que debía, se han desarrollado esos recursos mucho más.  Claro hablamos de recursos culturales que pueden o no ser recursos turísticos, pero que un gran espectro de ellos todavía no se han puesto en valor turístico.

La realidad de los elementos conflictuales de esta relación en Cuba puede aparecer incluso desde que surge el desarrollo del turismo.  Estamos hablando de los años 20 del siglo pasado.  Una de las cuestiones fundamentales es que el turismo que comenzó a llegar, el principal emisor de turismo fue Estados Unidos.  Aquí en los años 20 desgraciadamente se comenzó a desvirtuar con cierta propaganda la imagen de lo que es la cultura cubana y de lo que es el país. Comenzó a propagarse lo que pudiéramos decir la imagen de un país permisible, una gigantesca área de tolerancia, un país de mulatas rumberas, con un fetiche que realmente quedó marcado prácticamente hasta nuestros días.  A partir de esos años 20 comenzaron incluso a desvirtuarse tradiciones culturales de Cuba, como los carnavales, para ponerlos en función del gusto del turista.

Por ejemplo autores como Rómulo Lachatañeré, que es uno de los iniciadores de estudios etnológicos en los años 40 en Cuba, en un escrito que realiza en Nueva York en 1942 -fíjense, si me permiten lo voy a leer textualmente para establecer la relación y, además, tener la idea del riesgo de fenómenos que se pueden repetir en la historia, porque muchas de estas ideas están rondando hoy en Estados Unidos, en Miami, de aquella Habana de los años 40 y 50, etcétera- Dice Lachatañeré: “Hoy por hoy, los términos rumba y afrocubano son tan populares en Estados Unidos como la música vernácula genuinamente norteamericana.”  Fíjense: el interés en el exterior por la cultura cubana o por uno de los elementos de la cultura cubana ya estaba desde esos años.  “En Nueva York, donde se comercializa el arte popular de la misma manera que se le pone precio al azúcar cubano, se ultraja grandemente la estratificación de los valores culturales que forja la genuina cultura.  A esto, atenuado y en plena pornografía, se le llama afrocubano en Nueva York.”

O sea, estamos hablando de un escenario y de una imagen de uno de los aspectos de la cultura cubana en ese escenario externo, que incide en lo que ese potencial turista piensa encontrar aquí.  Indudablemente que esos elementos han venido hasta hoy día, y nos están dando señales de que se puede volver a esa imagen.

Indudablemente que a veces hay imágenes estereotipadas alrededor de lo que es la cultura cubana, que han sido promovidas por agencias extranjeras, e indudablemente, en mi opinión, por las observaciones en la práctica que he hecho y las discusiones en que he participado, también existen complicidades internas que tratan de estimular lo que es el fetiche de la mulata rumbera solamente y de la imagen de Cuba como una cultura limitada a esos elementos.

Yo creo que después del triunfo de la Revolución se pusieron en orden y se desarrollaron más todavía toda la diversidad de elementos que tenemos de esa cultura y de esos recursos.

 

A partir de los años 90, con un nuevo estímulo al desarrollo del turismo internacional, se comienzan a relacionar elementos y a combinarse los institutos culturales, la UNEAC y el entonces recién creado Ministerio de Turismo en 1994, con anterioridad habían surgido en debates de cónclaves como el V Congreso de la UNEAC las preocupaciones sobre la relación cultura turismo y las intenciones de acuerdos interinstitucionales. En ese mismo año de 1994 se firma el convenio cultura-turismo entre los dos ministerios. O sea, que fue marchando una política de integralidad. Porque los años 90 fueron muy ricos, a pesar de la situaciones, de la cruda crisis económica, social, etcétera, se fue muy creativo desde el punto de vista de la relación cultura-turismo.  Ya entrados los años 2000, comienza un distanciamiento, pudiéramos decir, una incomunicación en ciertos elementos de contacto entre el sector del turismo y el sector de la cultura.  Ese distanciamiento por supuesto crea conflictos. Mientras más cercanos estemos, más nos conocemos, más nos relacionamos y menos conflictos existen.

 

Pero en todos estos años lo que ha habido, en mi criterio personal, es indudablemente una incomunicación.  No fue hasta el año 2014 que comenzó a haber una más estrecha comunicación, con lo cual tiene que ver la reactivación de la Comisión Cultura Turismo de la UNEAC presidida por la master Alicia Valdés, se desarrolló un trabajo que desembocó, entre otros resultados, en un documento que actualizaba los convenios existentes. Se trazaron las líneas bien establecidas de la relación cultura-turismo en un documento firmado por los dos Ministerios, por el Ministro de Cultura y por el Ministro de Turismo, en diciembre, precisamente el 3 de diciembre de 2015.

 

Yo creo que a partir del año 2014 hemos ido avanzando en esa relación y hay un camino un poco más definido de enmarcar a la vez, tanto la defensa de la identidad cultural como la necesidad del turismo de hoy, que exige una diversificación, y esa diversificación la tenemos en gran parte en la cultura.

 

A criterio personal otras intenciones declaradas de estos lineamientos firmados a nivel ministerial requieren concreción en la base, dado por diversas contradicciones como problemas de comunicación que aún persisten, tanto entre instituciones como entre individuos.

Hay un autor de apellido Peterson, que hizo un trabajo metodológico orientado por la UNESCO, y una de las cuestiones que plantea él es la importancia que tiene la coordinación entre los grupos interesados a la hora de hablar de un turismo relacionado con la cultura.

 

¿Por qué es tan importante?  Porque él plantea que los mayores conflictos han estado en la relación entre el sector de la cultura, los interesados que están en el sector de la cultura, los miembros de las comunidades, los empleados y funcionarios del turismo.  Esos conflictos han acabado por desvirtuar el producto turístico e impactar negativamente en la cultura. Y una de las exigencias que se recomiendan como el elemento esencial en la gestión del turismo en el ambiente cultural, es la coordinación entre los diferentes interesados, que ha sido una de los principales problemas para llevar a cabo la relación entre el ámbito cultural y el turístico.

 

Quiero terminar con un razonamiento que considero fundamental en el desarrollo de una gestión turística bien pensada, bien desarrollada en cuanto a esta relación, se trata de la necesidad de una preparación mucho mayor y mucho más compleja de los implicados e interesados en establecer lazos entre la cultura y el turismo, tanto del sector de la cultura como del turismo, incluyendo otros sectores como la comunidad.  ¿Por qué?  Porque el desconocimiento, sobre todo de lo que es la cultura, la cultura en sí y la cultura como identidad nacional, y el desconocimiento de lo que es el turismo como fenómeno o como sistema complejo, ese desconocimiento es para mí una de las causas fundamentales de las contradicciones que pueden existir entre la cultura y el turismo.

En el sector del turismo, se debe aprender a conocer mucho más y sentir mucho más la cultura, se debe profundizar mucho más en el conocimiento cultural para poder entonces gestionar un turismo en el ámbito cultural. Y en el sector de la cultura, indudablemente que se necesita el conocimiento sobre lo que es el turismo, porque se ha visto un desconocimiento de lo que es la complejidad del sistema turismo; del turismo no solamente como fenómeno económico, sino el turismo como fenómeno socio cultural y de complejas relaciones sociales.

 

Hasta aquí algunas de mis reflexiones sobre el tema.  Muchas gracias.

 

 

Jesús Guanche Pérez

(Doctor en Ciencias Históricas. Miembro de la Junta Directiva y del Consejo Científico de la Fundación Fernando Ortiz. Miembro de número de la Academia de Historia de Cuba).

Voy a utilizar las palabras de Hugo como pie forzado, en parte, para hacer preguntas con motivo del debate, y dar algunos puntos de vista que sirvan de complemento a su  intervención.

Una primera pregunta sería: ¿Realmente las propuestas de la gestión cultural del turismo son o no una asignatura pendiente en Cuba respecto del desarrollo que ha adquirido las propuestas de turismo fundamentalmente destinadas a sol y playa? Este puede ser un tema también de reflexión.

Tanto Pedro de la Hoz como yo tuvimos la oportunidad de tener tres encuentros  regionales con la presencia del Ministro de Turismo y las principales autoridades del Ministerio de Cultura para sacar a debate, tanto entre funcionarios del Ministerio de Turismo como un conjunto importante de funcionarios y artistas en el ámbito del país, acerca de diferentes aspectos, de diferentes problemas.

Ahora bien, ¿cuál fue mi punto de vista, pues tuve la ocasión coordinar aquellas tres reuniones?  Que se movió fundamental-mente del hotel hacia adentro, es decir, tratar de ordenar las actividades artísticas principalmente que se estaba moviendo hacia adentro de los hoteles, y faltaba todavía el plato fuerte, o sea, el centro del problema, y es el papel que deben ejercer las comunidades en la capacidad de gestionar y dar a conocer sus recursos culturales.

Este no es un tema nuevo; ya que se viene desarrollando con mucha fuerza en América Latina.  Pensemos en propuestas políticas interesantes a la luz del ALBA-TCP, que es el caso de Bolivia y de Ecuador, que a partir de aquella reunión de Otavalo lanzaron un proyecto latinoamericano de turismo cultural; es decir, solidario, sostenible, comunitario, donde ya hay 15 países involucrados ¾Cuba no está todavía¾, y hay más de 300 sitios o destinos turísticos gestionados principalmente por las comunidades con el acompañamiento de los respectivos Ministerios de Turismo.

Esta es una experiencia interesante donde por el momento Cuba no está, sabemos que Cuba está apostando deliberadamente por sol y playa y por una intensidad extrema en la recaudación de dinero a toda costa.

En el caso de la participación del Ministerio de Cultura, y es mi criterio ¾lo  expuse hace poco y está publicado por La Jiribilla¾[i] todavía hay una visión bastante estrecha de la cultura, retrotraída al siglo XVIII,  es decir, el Iluminismo, que circunscribía la cultura al  mundo artístico-literario y no a todo lo que se ha aportado en la teoría de la cultura como razón de ser de todos y cada uno de los seres humanos, el motivo fundamental de su existencia: Todo ser humano es portador y trasmisor de una cultura, independientemente de sus modalidades, de su lengua, de su territorio, etcétera.

 

En Cuba por suerte hay experiencias muy  favorables, incluso galardonadas en su momento, que fueron los Atlas, tanto el etnográfico como el de instrumentos musicales que tienen un denominador común: dieron a la luz la gran fortaleza de la cultura nacional, que es precisamente su diversidad.

Paradójicamente esa diversidad no está recogida en las prioridades actuales que tiene el Ministerio de Cultura para fomentar procesos de desarrollo cultural. Es una gran paradoja, pero las obras están ahí, están publicadas una en multimedia y otra en tres volúmenes, que son nuestros vecinos del frente, es decir, el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana, que fue quien trabajó este tipo de proyecto.

Digo esto porque se han acumulado varias experiencias de postgrado sobre turismo cultural donde hemos podido combinar las experiencias locales ¾estoy pensando en Villa Clara, Cienfuegos y Matanzas¾ con diferentes puntos de vista al respecto.

Nos hemos encontrado de todo, desde manejos inadecuados de expresiones culturales tradicionales, como lamentablemente hizo ARTEX con la casa de los Congos Reales de Trinidad, que les explotó durante dos años como si fueran esclavos del siglo XXI y no les dio remuneración alguna, cuando en Cuba hay más de 90 agrupaciones tradicionales que nacieron primero que la Constitución de la República, que nacieron primero que la República y que nacieron primero que la Revolución. Muchas de ellas son centenarias; sin embargo, por no tener personalidad jurídica, las usan, las dan a conocer, cobran el covert  por ese motivo y sencillamente no les dan ningún tipo de retribución, por poner un ejemplo, independientemente de la diversidad de expresiones profesionales que son de muy alta calidad y de todo el movimiento de artistas aficionados.

Esas expresiones raigales no siempre están visibilizadas ni protegidas adecuadamente por las instituciones del Estado cubano, aunque sí son inventariadas,  galardonadas con el Premio Memoria Viva y el Premio Nacional de Cultura Comunitaria, pero cuando son motivo de proyección hacia el turismo, no se les reconoce.  Ese es un tema también interesante para hacer sostenible a esas agrupaciones y sus integrantes.

Hay otro elemento a tomar en consideración y es, por parte del turismo, el conocimiento de cómo manejar las proyecciones de determinado sitio.  Yo tuve la experiencia también, a propósito de cerrar un diplomado en Antropología en la Universidad de Camagüey, de encontrarme un hotel, como cualquier otro hotel, con el nombre de Cristóbal Colón, lo cual me parece bien, en definitiva se vio por Europa como «descubridor», ahí estaban Don Cristóbal y estaba la Reina Isabel la católica; sin embargo, por desconocer la relación entre los procesos de descubrimiento, que fue toda una  época importantísima, donde hubiera sido interesantísimo conocer nada más y nada menos que la brújula, el astrolabio, el sextante, la capacidad de las carabelas, eso no se reconoció.  Pusieron ahí, a la misma altura de Don Cristóbal y la Reina a cuatro de los más grandes asesinos de población aborigen en América Latina, nada más y nada menos que Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Pedro de Alvarado.  Por suerte fue denunciado a tiempo y los quitaron del hotel Colón de Camagüey. Esas cosas pasan, quizás no por mala voluntad, sino por el factor ignorancia.  No sé dónde tendrán esas gigantografías pero, bueno, ya en ese lugar no están.  Y eso tiene que ver precisamente con el manejo de la imagen en sitios patrimoniales, pues esa parte de Camagüey es Patrimonio de la Humanidad.

Quiero recordar también con agrado una de las agencias de turismo en el país que ha tenido la habilidad ¾y en este caso me refiero a Cubanacán¾, que con motivo de su veinte aniversario, convocó a un conjunto de especialistas con el tema de aprehender nuestro patrimonio.  En una primera ocasión me tocó abordar la problemática de la Comisión Aponte, o sea, ¿existe o no racismo y discriminación en el ámbito del turismo?  Y fue interesantísimo. Para mí fue una gran clase, porque había guías que sí lo asumían y otros que no, aunque pertenecían a la misma provincia. De modo que la interpretación del problema varía según las vivencias.  Fue una experiencia fabulosa por el debate que se generó dentro de los propios guías turísticos, que por suerte en mi país tienen todos los colores imaginables.

Y una segunda experiencia fue dar a conocer algunas ideas que estamos manejando de manera dialogada con el Ministerio de Turismo para tratar de salir del hotel hacia las comunidades y fomentar en el ámbito de las comunidades las potencialidades culturales que ellas tienen.  Entre muchas propuestas que estamos manejando con el Ministerio de Turismo, se acaba de declarar hace poco Patrimonio cultural de la nación cubana la red de dieciocho parrandas en la región central, muchas de ellas muy cerca, nada más y nada menos que de los dos polos del norte de Las Villas y Ciego, es decir, Cayo Santamaría y Cayo Coco.

¿Cuántas posibilidades tendría esa red de turistas que muchas veces son turistas cautivos de los hoteles cinco estrellas o de la modalidad todo incluido para conocer esa diversidad de expresiones que tienen un mismo nombre, que en definitiva son las parrandas, pero que han logrado subsistir durante más de un siglo en los procesos preparatorios y en los propiamente festivos de esa región del país?

Y lo digo con toda intención, porque no solo fue declarado patrimonio de la nación, ya está el expediente para cuando sea oportuno, si nos declaran en algún momento el punto cubano, que ya estaba a punto de caramelo también, pues no ha habido feedback en contra, ya se declaró la rumba cubana ¾de eso quiero hablar después¾; si no hay feedback en contra, se va a proponer la red de parrandas de la región central como patrimonio mundial, «patrimonio cultural intangible» o «inmaterial», como la UNESCO le llama, término que para mí es poco feliz, pero, bueno, patrimonio cultural vivo, como se venía diciendo en América Latina diez años antes de la Convención. De modo que es una oportunidad maravillosa para dar a conocer a través de gestión y acciones con protagonismo comunitario esa diversidad de expresiones.

Las paradojas siempre pasan, y Trinidad es otro elemento paradójico, independientemente de las cargas que está recibiendo de turismo.  Yo me enteré, por una compañera a la que le dirigí su tesis de maestría, que alguien decidió sacar a las personas rumberas de Trinidad porque hacían mucha bulla.  La rumba había sido ya declarada primero patrimonio de la nación y después «patrimonio cultural intangible».  Esas son las cosas que pasan.

En ese mismo lugar inventaron una Casa de los Beatles, y el día que yo pude estar allí no había música de los Beatles, había rock duro, que hace más bulla que la rumba, lo cual es otra de las paradojas de ese lugar.

Y una de las cosas que sí me tiene preocupado es el jueguito de determinadas empresas cubanas al neoliberalismo, porque no tenemos McDonald, pero sí tenemos la capacidad de reproducir en serie  La Bodeguita del Medio y el Floridita, como si otros lugares del país no tuvieran capacidad intelectiva como para proponerles nombres propios a sus establecimientos.  Yo acabo de estar ahora en un restaurante en Cienfuegos que le pusieron El Campesino, qué bueno, no hay ningún restaurante que se llame el Campesino en el resto del país, y funciona con elementos simbólicos de la cultura campesina en el país de manera maravillosa, porque en este caso es un lugar privado.

Lo digo también con toda intención:¿es acaso útil para adscribirse a la defensa de la diversidad cultural de este país ¾porque, además, Cuba es estado miembro de la Convención por la diversidad cultural¾ de querer repetir las Tropicanas y las Bodeguitas del Medio y las Floriditas como si fueran una red.  Este es un tema delicado, porque, en el caso de Trinidad ¾y lo quiero poner de ejemplo porque voy para allá en estos días¾, hay una canchánchara que tiene una originalidad total y que tiene una visibilidad importante. ¿Era necesario, con una mentalidad de timbiriche, imponer una Bodeguita del Medio y un Floridita en el lugar?  Ahora la prensa, que repite todo lo que le ponen, lo acaba de anunciar en Holguín.  Yo tengo un posgrado ahora en Holguín dentro de dos semanas, quiero retratar y quiero ver todos esos detalles para ver cómo opera, para ver cómo funciona.[ii]

Pero a mí me parece una ofensa contra los holguineros, que son muy inteligentes, por cierto, que se lo hayan impuesto, como si los holguineros en Cuba no tuvieran capacidad de ponerles nombres propios a sus establecimientos. Lo digo porque es un tema a tomar en consideración, me estoy refiriendo en este caso a Palmares.  ¿Es acaso Palmares el paradigma empresarial que es capaz de reproducir en serie el resto de los restaurantes, lugares y establecimientos en el país, cuando este país, a la luz de la asunción de la Convención sobre la diversidad de expresiones culturales se destaca precisamente por la riqueza de su diversidad?

Eso lo ha referido Evo Morales reiteradamente: servir al pueblo y no servirse del pueblo. Es una experiencia muy estimulante no en la parte alta de Bolivia, sino en la parte baja, en Santa Cruz de la Sierra, que es el proyecto Arte-Campo para el fomento de las artesanías y de los artesanos. ¿Cuánto tributan los artesanos por vender sus artesanías?  Solo el dos por ciento.  ¿Cuánto ganan las empresas en Cuba por vender artesanías? El treinta por ciento.

Ese fue otro caso que vimos Pedro de la Hoz y yo allá en Cienfuegos; tuvo que haber sido una batalla campal para que muchos grabadores jóvenes pagaran solo un diez por ciento por la venta de sus grabados. Ese es un paso importante de avance.

¿Cuál es el objetivo en este caso del gobierno de Bolivia?  Que quienes se beneficien de ese proyecto, sean los propios artesanos. ¿Por qué? Porque con el dinero que le dan a la casa receptora de las artesanías da suficiente para pagarles a los trabajadores y para comprar materias primas y a su vez venderles a los artesanos.

Son temas de proyección que vale la pena tomar en consideración.  No hay que repetirlos ni que copiarlos como papagayos, sino que hay que tomarlos en consideración para ver si proceden o no; porque, en el caso de muchos artistas nuestros, se ven obligados a subir los precios para poder compensar el tema de los impuestos.  Era uno de los temas que también le estábamos proponiendo al Ministerio de Turismo.

¿Por qué razón, en las dos ciudades virtuales que tienen ahí los cayos, en Cayo Santa María, tienen los artesanos que vender a la intemperie, con la cantidad de locales que tienen supuestamente para restaurantes? Es contradictorio, porque en los hoteles de cinco estrellas, como es todo incluido, hay restaurante común y restaurante de lujo, de modo que para qué tú vas a ir a otro restaurante cuando tienes en tu hotel tu respectivo restaurante.  Sin embargo, pudiera ser un elemento de atracción ¾pensando más allá, por ejemplo en el caso de los cruceros¾ la venta de artesanías. Y esas artesanías lamentablemente se deterioran cuando están al sol; sabemos lo que pasa con el sol y los colores, con el sol y las telas, todas las implicaciones que tiene.  Y lamentablemente todavía ¾no he tenido información otra, es decir ojalá haya una información positiva¾ los artesanos que vienen de Villa Clara o de las cercanías a vender artesanías al lugar, montan en el transporte si hay capacidad para ellos ¾es decir, primero están los trabajadores del hotel¾, y después tienen que vender las piezas a la intemperie. Son temas también a tomar en consideración.

Estos temas los hemos estado discutiendo gracias al trabajo de la Comisión Cultura-Turismo de la UNEAC, gracias a que se han creado grupos a nivel de provincia ¾por supuesto, unos más activos que otros¾, incluso hay autoras nuestras que han estado monitoreando de manera muy inteligente y muy sistemática la producción musical en el seno de Varadero, de cómo hay toda una producción a partir de los propios músicos cubanos y cómo hay empresas transnacionales que te imponen su show, porque son shows dedicados a achatar los temas de diversidad cultural, que recientemente le acaban de dar un premio, porque Iberostar es el caso que te impone los shows desde el exterior y no respeta las propuestas culturales nacionales en relación con la diversidad de expresiones que se van a manifestar, sea música de concierto, sea música popular, o toda la diversidad musical que hay en el país o, por supuesto, los artistas plásticos, que también se quieren ver representados en el ámbito de las exposiciones que hay en determinados hoteles.  Es otro tema sumamente interesante.

Sin embargo, y de manera paradójica también, este año, como muchos conocen ¾supongo que muchos lo conozcan¾, es el Año Internacional del Turismo Sustentable.  Y los que nos dedicamos a monitorear la prensa vimos que nada más que aparecieron dos noticias haciendo alusión al Año Internacional del Turismo Sustentable, a pesar del FINTUR y a pesar del lanzamiento que se hizo de Holguín como polo turístico. Y cuando tú te lees el discurso de esa prensa, habla fundamentalmente de capacidades hoteleras y no de capacidades culturales que puede tener el país para recibir determinada cantidad de propuestas o de visitas de turismo.

Otro elemento complementario a esto ¾que por supuesto Cuba es fundadora de la Organización de Naciones Unidas también¾ es el Proyecto de Desarrollo Sostenible hasta el 2030.  Ahí hay un conjunto de aspectos claves asociados al tema del turismo sustentable y al tema del desarrollo a través del trabajo y a través de la participación decisiva de las comunidades; es decir, del desarrollo local sostenible.

Yo pienso que la experiencia internacional que existe en América Latina debía ser tomada como referencia por el propio Ministerio de Turismo y saltar un poquito más allá de sol y playa.  Los mismos españoles, que son en este momento vanguardia en turismo cultural a nivel internacional, reconocen que estuvieron no menos de veinte años inmersos en el ámbito del sol y la playa, y después de reconocer sus potencialidades culturales, se han metido de lleno en el proyecto que se ha circulado, existe un proyecto que se llama España es Cultura, con una gigantesca multimedia, donde tú puedes hacer visita precoz de proyectos posteriores. Ojalá en Cuba pudiéramos tener esa multimedia.

Yo he revisado algunos materiales, que están dedicados por el sistema Android a hacer ofertas de turismo, y por supuesto brillan por su ausencia las expresiones raigales de la cultura cubana.  Te puedes encontrar la orquesta sinfónica, una agrupación de cámara, un grupo de música popular conocido, pero esas noventa y tantas expresiones raigales, que están muy bien registradas por parte del Consejo Nacional de Casas de Cultura, están ausentes; sin embargo, muchas de ellas tienen reconocimiento nacional e internacional.  Estoy pensando en este grupo matancero, que es una insignia de la cultura popular tradicional, Ojundegara de estirpe arará, que queríamos traerlo al Instituto Cubano de Antropología y no hubo gasolina ¾como es común en estos grupos¾, o la acción que hizo el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural de traer, después de doscientos años de ausencia, a la Tumba Francesa de Bejuco, que fue declarada en su momento Patrimonio Mundial también.  Fueron acciones para dar a conocer estas expresiones raigales.

Yo soy de los que considera que hay que trabajar mucho para potenciar las posibilidades de desarrollo de las comunidades a la luz del turismo.  Hay experiencias positivas; estoy pensando en voz alta en las experiencias de la Ruta del Tabaco en Pinar del Río. Todavía es una ruta incompleta: está más asociada a los procesos agrícolas y de elaboración del tabaco; ahí habría que meter el ciclo completo para darle mucho más realce. Eso lo conoce muy bien el Dr. Freddy Ramírez, que ha estado trabajando en esa dirección, pero por lo menos se empezó.  Ahora en Matanzas hay una idea, salió a la luz de un postgrado reciente, de una Ruta de la Literatura.  Ojalá se pudiera vincular a autores insignias de la provincia de Matanzas, con librerías insignias de la provincia, sean privadas o sean estatales, con editoras insignias también como Vigía, que es ya un referente de libros manufacturados.  Y eso pudieran ser opciones para el turismo de Varadero.

El mismo Ministerio de Turismo se ha dado cuenta que mientras menos tiempo permanezcan los turistas en el hotel, más comida tienen, más agua tienen y mejor servicio pueden dar. Y la única manera de sacar a los turistas del hotel es haciéndoles propuestas fuera del contexto hotelero.  Y muchas de esas propuestas pueden ser perfectamente ¾no solo ir a bañarse con los delfines, que bien que se bañen con los delfines, es decir, no es excluyente¾ las múltiples posibilidades que tienen las opciones culturales que puedan ser convertidas de potencialidad al destino turístico.  Y eso, por supuesto, lleva mucha gestión.

Está muy bien estudiado a nivel internacional ¾estoy pensando en la revista Pasos¾, pues los que hemos tenido acceso a esa revista sabemos que se dedica plenamente a temas del turismo cultural, con todas sus contradicciones, con todas sus implicaciones, valora lo que aporta y los desafíos.

Yo recuerdo haber atendido aquí en La Habana a la Maestría en Turismo Cultural de la Universidad de Barcelona y ellos, con toda intención, quisieron contratar la peor de las empresas turísticas en el país y quisieron, por razones obvias, ir a Varadero; Varadero, que hoy día es homologable a Isla Mujeres, Cancún, Honolulu, etcétera, que están muy bien identificados. Hay un libro clásico del autor francés Marc Augé, que se llama Los no lugares, que son aquellos lugares con ausencia plena de identidad porque los ha desdibujado la globalización.  Y ese es un tema que está latente no solo en el caso de Varadero.  Sabemos perfectamente aquí, por el profesor Perelló, que otros sitios también en Cuba pueden correr el peligro de perder su identidad, y este es un tema que estaba advirtiendo con tiempo el profesor Hugo. De ahí la necesidad no solo de mirar las proyecciones del turismo desde arriba, es decir, desde el nivel central, sino propiciar procesos de participación popular, porque las expresiones culturales de Maisí no se parecen en nada a las expresiones culturales del otro extremo del país; la capital no es para nada idéntica ni igual a otras capitales de provincias, de ahí la riqueza, la complejidad que hay que tomar en consideración y el desafío permanente que van a tener los guías, porque no es igual el guía de ómnibus que el guía local, que nació ahí y sí se conoce los detalles de la comunidad.

Eso lo están explotando muy bien los peruanos con el tema de sus sitios históricos, que están procurando por todos los medios que los guías sean locales; por ejemplo, tanto el Museo de Saña dedicado a la africanía, como cuando van al Machu Picchu incaico, que sean personas de la localidad, preparados en la localidad y que puedan dominar las propuestas en este caso idiomáticas que visitan.

Vale la pena revisar este sitio de América Latina sobre el turismo cultural, solidario o comunitario, como quieran llamarle, que tiene un protagonismo fuerte a nivel político por algunos de los países miembros del ALBA, y eso no es ni tonto ni ingenuo, porque están conectados con los principales emisores internacionales de turismo, pero con sus reglas de juego, con el respeto precisamente a las características culturales.  Ellos son conscientes de los peligros, pero también son conscientes de los beneficios que puedan tener, a nivel comunitario, estas propuestas.  De modo que ahí está un tema interesante y de debate, que esperemos que podamos dialogar al respecto.

Gracias (APLAUSOS).

 

Pedro de la Hoz:

(Periodista y crítico de arte. Poseedor de la Distinción por la Cultura Nacional. Vicepresidente de la UNEAC)

No soy propiamente experto en el tema, sino vengo de la experiencia práctica de cosas que tengo que ver desde el punto de vista de la política misma.

Me gustaría comenzar por un concepto: no se hace cultura para el turismo, sino la gestión turística debe insertarse en la trama cultural de una comunidad, de un país. Creo que uno de los errores de base que venimos arrastrando todavía data de cuando se relanzó y  replanteó la industria turística como una de las fuentes principales de la economía del país: todo comenzó por un malentendido: por hacer cultura para el turismo.  Todavía hay muchos lugares donde se hace cultura para el turismo, y los turistas no se insertan naturalmente en la cultura del país.

No solamente se trata –como decía Guanche– de tener a la gente encerrada en un hotel, de hacer sitios para uso exclusivo del turismo, cosa que se complicó más en Cuba, como ustedes saben, por la realidad económica nuestra, por la circulación de dos monedas, por la crisis económica, por la reestratificación social que vino con la crisis de los ’90. Hablo de esto porque se complica aún más la cosa porque el manejo del turismo ya no solamente depende –aunque metodológicamente así se diga– del Ministerio del Turismo ni de las instituciones políticas; ahora el sector no estatal influye de una manera tremenda también en la percepción que se tenga del turismo en Cuba y en la explotación que se tenga de la imagen Cuba, la apreciación que se tenga de Cuba.

A mí me gusta hablar más bien de los espacios públicos, en los cuales se mueven turistas o no turistas.  La calificación de estos espacios públicos tienen mucho que ver con la defensa o la destrucción de nuestra identidad, y tienen mucho que ver por supuesto con los réditos que pueda dar la gestión turística, y al mismo tiempo también los beneficios o las pérdidas para la población cubana.

Hablo de esto porque es un peligro nuevo. A los viejos problemas se añade el nuevo problema del sector no estatal.  Aquí mismo cerca lo tenemos: bares como el King Bar, u otros por el estilo.  Habría que preguntarse: ¿pueden ser paradigmas de la utilización de un espacio público en una función cultural recreativa? ¿Tienen que ver los shows estos que a veces se hacen en los lugares privados con la imagen cultural auténtica de Cuba?. ¿Benefician o perjudican la trama cultural de La Habana o de otras ciudades del país?

Quiero decirles que si hicieron El Campesino en Cienfuegos, aquí hay un centro que se llama El Guajirito que no está mal, la comida es de primer nivel, pero los estereotipos culturales que se presentan, tanto para consumo nacional como para consumo foráneo, son bastante discutibles.

Y otra cosa que quiero apuntar sobre el sector no estatal: aparecen ya anuncios que recuerdan eso que hubo del año ’20; hay lugares ya, de los sitios manejados por el sector no estatal, que están poniendo en internet u otros sitios por ahí, nas clasificaciones muy restrictivas para los empleados que deben utilizar.  He visto sitios ya donde las empleadas tienen que ser muchachas solteras, rubias, blancas, agradables, menores de 30 años, porque no admiten a otra gente.  Eso está pasando.  Y hay que ver cómo se va a manejar esa cuestión, porque ya no depende de ninguna de las instituciones políticas, pero sí tienen que depender de la gestión del Estado cubano y de la influencia también de la sociedad cubana, de las instituciones culturales, porque aquí en Cuba existe una sociedad civil que no puede desconocer estos fenómenos ni puede estar ajena a ellos.

Eso, por una parte. Por otra, me interesa caracterizar los dos polos del turismo: uno, el turista que viene, y el cubano que se relaciona con el turista.  Habría que estudiar qué expectativas tienen los turistas que vienen a Cuba.  Todos no son iguales, pero hay mucha gente que viene a buscar sol y playa ciertamente. Sol y playa también hay en Santo Domingo, en Guadalupe, en casi todo el Caribe hay características muy similares de sol y playa.  Algunos vienen también porque Cuba es un poco más barata que otros lugares del Caribe.

Aunque se advierta cierta equiparación  en los precios, se sabe que el circuito turístico sí es más barato que algunos lugares del Caribe, y además, aquí  no tienen que estar necesariamente encerrados en una locación. Vienen también porque es segura, vienen también por el mito  histórico –que los mitos también existen y los mitos no son malos–, y a Cuba sobre todo ahora viene el turismo norteamericano de las doce categorías aprobadas por el Departamento de Estado; viene a descubrir qué cosa es lo que pasa en Cuba también.  Aprovechemos el boom, pero tengamos también ojo avizor con eso, porque a ese turista también hay que educarlo. Y no lo digo con un sentido de desprecio ni nada de eso, sino que debe recibir   mensajes para que comprendan mejor nuestra realidad.

Ese es uno de los grandes retos que tenemos: ir por encima de los estereotipos, porque generalmente la publicidad turística, no en Cuba, en el mundo,  es estereotipada, parte de tópicos y lugares comunes.  Esto de que Cuba es el país de la rumba va a ser muy difícil de obviar; pero habría que ver qué se entiende por rumba: si una simplificación o un sentido más profundo e integral… También nosotros somos culpables, porque Cuba se ha convertido en el país del Chan-Chan, y es una canción de valores indiscutibles, pero hagan una prueba –por eso yo digo que les hablo en el orden práctico–: vayan una tarde por la calle Obispo para que esc chen  cómo el Chan-Chan se repite, como un leitmotiv, de un café al otro.

Hablo del Chan-Chan y de fenómenos similares: la música del Buena Vista Social Club, que tiene una riqueza tremenda, sin embargo, por su reiteración, su mala explotación, se ha convertido en un estereotipo también, eso sí, que vende.  O sea, vende por una parte pero, por otra, abarata también la apreciación de la realidad diversa del país.  Ya vienen turistas a oír reggaetón a Cuba.  Viene mucha gente a oír el reggaetón y eso lo he entendido en la práctica porque mientras en otros lugares el reggaetón es diferente, digamos en Dominicana casi no se oye el reggaetón –por factores que pudiera explicarlos aquí, pero que no vienen al caso–, viene mucha gente a oírlo aquí, porque hay determinado sector de turistas que vienen oír eso y hay una cantidad determinada de gente aquí dentro que está interesada en vender ese producto.

Yo no estoy hablando de si el reggaetón es bueno o malo; estoy hablando de particularidades y de pautas que se establecen a partir de la difusión de determinadas tipologías musicales vinculadas a ciertos comportamientos sociales.  Es decir, yo lo que hago es un llamado para que vean cómo los estereotipos dañan, o por lo menos, opacan la imagen que uno tiene de cómo desearíamos el país como destino turístico, y se distorsiona lo que puede buscar el turista en Cuba.

En el estereotipo también entra la escenografía, y esto que voy a decir no es herético.  Uno de los esfuerzos más bellos que se han hecho en Cuba de las relaciones de salvaguarda del patrimonio, restauración y atractivo turístico es La Habana Vieja; sin embargo, la escenografía de La Habana Vieja, es decir, algunas personas de La Habana Vieja, las negras falsas que ponen con hierbas, con atributos seudofolclóricos… eso no tiene nada que ver con Cuba, es una imagen tópica, y es una imagen tópica horrible. Pero, bueno, alguna gente se pone brava cuando uno dice eso. Entonces te dicen: “No, ellas, las pobres, están luchando”, porque también en Cuba se ha convertido eso en un estereotipo social, cultural: “No, no, oye, la lucha es permitida, déjala que luche ahí.”  Igual que el tipo del perrito vestido del equipo de beisbol de  Industriales.  “Deja, que el tipo está luchando, está luchando, él no se mete con nadie.  Paga impuestos.”  Está bien, paga impuestos, ¿pero vamos a dejarlo ahí?

Esas son cosas que, cuando ustedes van a ver, parecen detalles, pero van creando en conjunto una imagen que no creo sea la que desean los firmantes de los convenios entre instituciones para la promoción del turismo.  Porque esto es lo otro que pasa; porque los convenios pueden ser divinos, los Ministros puede darse un abrazo y estar de acuerdo, pero por abajo pasan cada cosas tremendas.

Para no cansarlos, hablemos de dos asuntos más. Tal vez ustedes no sepan que casi ninguna orquesta de gran convocatoria cubana, de las que más le gustan a la gente y las que más me gustan a mí, casi no tienen trabajo en el turismo, ni Los Van Van, ni Revé, ni Síntesis, ni X Alfonso, ni David Blanco; apenas tienen trabajo en el turismo.  Sencillamente alguien, los gestores económicos, han decidido que las orquestas son muy caras y por tanto no pueden ir, digamos , al Salón de Embajadores. Juan Formell murió y quedó con el deseo de animar bailables, incluso para gentes de altos estándares económicos, en el Salón de Embajadores, y fue imposible.  La Comisión de Cultura y Turismo de la Uneac está tratando  de encauzar este problema de las orquestas en estos lugares.

Nada más han quedado como sitios de baile las Casas de la Música, y en La Habana son tres, y siete más en el resto del país, cuando en Cuba sobran las posibilidades de programar agrupaciones de altísima calidad y variedad. Mucha gente las viene buscando porque son las que giran fuera de Cuba, todos los años hacen giras por Europa y por Estados Unidos. Entonces, ¿dónde las escuchas en Cuba?  No, en Cuba es imposible escucharlas. Aparte de que el Ministerio de Cultura y las instituciones turísticas no han resuelto aún el tema de la programación e información anticipada. Supongamos que yo vivo en Londres o en Hanoi, y quiero saber qué va a pasar el día 30 de junio en el Gran Teatro de La Habana –bueno, en el Gran Teatro de La Habana ya se sabe más o menos–, pero qué va a pasar en otros espacios del país. No lo voy a encontrar. Es una deficiencia que debe ser enmendada si queremos ayudar a que el turista se inserte, como es deseable, en la vida cultural de la nación.

 

Notas

[i] Véanse Jesús Guanche «El trabajo cultural comunitario: desafíos y sostenibilidad (I)». En La Jiribilla. Revista de cultura cubana, no 821, 1 al 7 de abril del 2017, año XVI La Habana, Cuba,  http://lajiribilla.cu/el-trabajo-cultural-comunitario-desafios-y-sostenibilidad-i (ISSN: 2218-0869); y «El trabajo cultural comunitario: desafíos y sostenibilidad (II)». En La Jiribilla. Revista de cultura cubana, no 822, 8 al 14 de abril del 2017, año XVI La Habana, Cuba,  http://lajiribilla.cu/el-trabajo-cultural-comunitario-desafios-y-sostenibilidad-ii (ISSN: 2218-0869)

[ii] La Bodeguita del Medio en Holguín no está en el medio de la cuadra, sino en una esquina y no es una bodeguita, sino un bodegón azul, que bien podría tener un nombre más allegado a lo local.

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Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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