Fidel sobre el sistema político cubano, 18 de marzo de 1990

 

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el encuentro con intelectuales brasileños, en el Palacio de Convenciones de Anhembi, Sao Paulo, Brasil, el 18 de marzo de 1990

(…)

En las entrevistas de prensa, pude percatarme de algo: un nivel de confusión considerable (RISAS), un nivel de desinformación muy grande. Creo que es una lección muy objetiva del poder de los medios masivos internacionales, las agencias de cables, los satélites y todos los medios con que cuenta Estados Unidos para hacer sus campañas y hacer su propaganda. Es algo en verdad notable.

(…)

Sobre elecciones en Cuba, una vez y otra vez, y sobre las elecciones directas; téngase presente que esas preguntas se hacen aquí en este país, donde hubo una gran batalla por las elecciones directas, en un momento determinado, que fue el camino de cambiar la situación que estaba viviendo el país. Sobre la Revolución y lo que va a pasar después que yo me muera y todas esas cosas.

Por ahí me hicieron algunas preguntas simpáticas, si le tenía miedo a la muerte, y qué va a pasar, cómo es; y esas preguntas se repetían. Y cuándo va a haber elecciones en Cuba, ya no directas, sino cualquiera (RISAS).

Con una gran paciencia, realmente, y con agrado les fui respondiendo y más de una vez les dije a algunos periodistas, ¿por qué ustedes no profundizan en los problemas? ¿Por qué no van a la esencia de los problemas? ¿Por qué se dejan guiar por consignas? ¿Por qué se dejan arrastrar por pautas que traza el imperialismo, que lo hace de esta manera y de otra?

(…)

Todo ese tipo de problemas lo vi y pensaba, desde luego, qué necesidad tan grande hay de esclarecer, y qué necesidad hay de dialogar y de debatir y de discutir. Lo que sí les puedo decir es que mis interrogadores, como regla, se quedaban sin contrarrespuesta, o se quedaban con la boca abierta. ¡Cuántas cosas he tenido que decir! Cualquiera podría pensar que me pasé un mes pensando todas esas cosas. Y no, se me ocurrieron en el acto muchas de ellas. Realmente nadie habría sido capaz de imaginarse tantas tonterías como he oído en estos días, y no siempre tonterías, y muchas de buena fe.

Pero me dolía, gente inteligente, gente preparada, que no viera más que un ángulo, un minúsculo ángulo, y un solo aspecto del problema.

Sobre el fenómeno de las elecciones directas ni se sabe las cosas que fui diciendo. Incluso les preguntaba: ¿Pero las elecciones directas son las únicas que existen en el mundo?

Díganme, ¿son las únicas? ¿Es la única forma de democracia que existe o que es admitida como forma democrática?

Ya resulta que no saben de nada más.

Les decíamos: “¿Ustedes saben si en Cuba hay elecciones o no? ¿Ustedes se han leído la Constitución de Cuba alguna vez?” “No.” “¿Ustedes saben que en Cuba hay una constitución?” ¡Ah!, no, ellos no saben que en Cuba hay una constitución. “¿Ustedes no saben que en Cuba hay elecciones cada dos años y medio?” ¡Ah!, no, no saben. “¿Usted sabe cómo en Cuba se escogen los candidatos en cada una de las más de 10 000 circunscripciones del país?” “No.” “¿Y usted sabe que allí es el pueblo y no el Partido el que postula a los candidatos?” “No.” Es así.

Tuvimos la buena suerte de adoptar ese método y no el que habían hecho otros países socialistas, y cómo son aquellas: no puede haber más de ocho ni menos de dos candidatos, y en casi todas hay que ir a una segunda vuelta, porque los dos que quedan en primer lugar necesitan el apoyo de la mitad más uno.

¿Y quiénes escogen? Los vecinos. ¿A quiénes escogen? A los mejores. El Partido no puede intervenir en la postulación de un delegado de circunscripción, y ese delegado de circunscripción es el que elige todos los poderes del Estado, constituye la Asamblea Municipal, y no solo eso, elige el Poder Provincial y elige la Asamblea Nacional del Poder Popular, y más del 60% de los miembros de la Asamblea Nacional del Poder Popular son esos delegados postulados por el pueblo y elegidos por el pueblo. Puede haber alguno que no sea delegado de circunscripción y lo elijan diputado nacional. Nosotros procuramos que los cuadros fundamentales no participen en esa elección de circunscripción, para que sea de una manera espontánea y libre la selección de los que van.

Puede postularse o lo pueden elegir, pero más del 60% son aquellos delegados de base elegidos diputados por los mismos delegados de circunscripción; no es que haya uno, dos, tres y una cadena de elecciones indirectas, sino que son los mismos que eligen allí en la base los que después constituyen todos los poderes del Estado.

Entonces les digo: “¿A todos los jefes de Estado los eligen por votación directa?” “No, no sé.” Digo: “Bueno, el Rey de España es jefe de Estado, ¿lo elige alguien por votación directa?” ¡No, si son descendientes de los Borbones, de no sé cuántos siglos, que tuvieron no sé que guerras dinásticas!, casi desde la época de la reina Isabel de Castilla, no por un derecho democrático, sino por un derecho genético (RISAS); son los genes trasmitidos desde la reina Isabel la Católica. Les dije: “Nadie va a España y ningún parlamento acuerda enviar un telegrama a España para que elijan al Rey por voto directo o al Jefe de Estado.” Lo eligieron hace 500 años, mucho más tiempo que el que hace que me eligieron a mí por primera vez Presidente (RISAS Y APLAUSOS).

He tenido distintos cargos, primero no tenía ninguno y me hice la ilusión de que podía estar sin ninguno, hasta que realmente se crearon unos problemas tremendos, estaba todo paralizado y a mí me exigieron ser Primer Ministro, yo no quería ser Presidente; es que no me gusta el título, da la casualidad. Y a mí nadie me dice Presidente ni cosa que se parezca, a mí me dice todo el mundo Fidel y ese nombre sí que no me lo van a quitar ahora, ¿no?, porque es que soy vecino de los ciudadanos, y eso no lo entienden. Se creen que yo soy un señor todopoderoso, por allá arriba, que vive en una urna de cristal, alejado del mundo, un dios allá en el Olimpo.

Fui Primer Ministro durante mucho tiempo, había otro Presidente, y fue la dichosa nueva Constitución la que me hizo a mí Presidente, porque establecieron el cargo de Presidente del Consejo de Estado que es, a su vez, jefe de gobierno. En nuestro país no hay ni siquiera un régimen presidencialista, es una presidencia colegiada, como hay una dirección del Partido colegiada. Yo no puedo decretar un indulto por mi cuenta, esa facultad la tienen todos los presidentes en todas partes; hay que reunir al Consejo de Estado y pedir la opinión de cada uno de los miembros del Consejo de Estado para indultar a alguien. No puedo nombrar a un embajador, es el Consejo de Estado el que nombra al embajador; no puedo nombrar a un ministro, señores, ¡yo no puedo nombrar a un ministro!, es el Consejo de Estado el que nombra a los ministros, y tiene que hacer un decreto con la participación de todos. Esto no significa que yo no tenga autoridad o que no tenga influencia o que no tenga peso en la vida del país.

Dicen: “¿Qué usted hace?” Lo que hago es hablar, no doy órdenes, hablo y persuado a las personas de lo que debe hacerse; y puedo persuadir, pero no es que hago decretos, hago cosas, nombro a este por mi cuenta. Señores, yo no designo ni embajadores, ni jefes de departamentos, ni jefes de direcciones del Estado. Todo eso tiene, incluso, su mecanismo, su fórmula; todo eso tiene una política de cuadros, se estudia y considera el expediente de cada cual.

Por ahí los gobiernos se pasan todo el tiempo firmando decretos, nombrando gente. En nuestro país están muy descentralizadas, incluso, las funciones del Estado.

Entonces les sigo preguntando —no es que a cada uno le haga preguntas, a uno le hago una y a otro otra—, les digo: “¿Cuántos jefes de gobierno de Europa se eligen por voto directo?” Digo: “A Felipe no lo eligen por voto directo, ni al Primer Ministro de Italia, ni al Primer Ministro de la RFA, ni a la Primera Ministra de Inglaterra o de Grecia”, los enumero todos y ninguno está elegido por voto directo, sino que votan por los parlamentarios, más o menos, en el Parlamento; a veces se reúne una coalición y nombran a un primer ministro, cuyo partido no tiene la mayoría de los votos en el Parlamento.

¿Y a los diputados cómo los eligen? Por listas, señores. Todo el mundo sabe el truco: un partido postula a 12, y pone uno, dos, tres y cuatro, como los primeros de la lista, y esos son los que van a salir. En Cuba la población elige a los delegados, y ellos eligen todos los poderes. En los países mencionados, el pueblo no participa ni en la elección directa de los diputados. Bueno, está bien, hasta me parece mejor, para que no haya una guerra entre cada uno de los aspirantes de un mismo partido. No es que lo impugne, pero no es un sistema de elección directa.

¿Por qué no les escriben allá a ellos? ¿Por qué no les plantean a toda esa gente que se elijan por voto directo? ¿Y por qué no le escriben al Primer Ministro de Japón? ¿Y por qué no hablan en Estados Unidos para que hagan otra forma de elección? Allí, en definitiva, vota el 48% de los electores, a los demás les parece una basura tan grande todo aquello que ni votan (APLAUSOS). Allí hay un solo partido, porque no hay nada más parecido en este mundo que el Partido Republicano y el Partido Demócrata, y más nada. Da lo mismo, ese es el tipo de alternancia que tienen: un partido burgués por otro partido burgués, un partido imperialista por otro partido imperialista. Y allí se turnan, y salen electos los presidentes de Estados Unidos con el 25% o 26% de los votos, y después el ciudadano en cuatro años no vuelve a saber para qué sirve el voto, ni vuelve a participar en cuatro años en la vida del país.

En nuestro país el delegado de circunscripción tiene que reunirse sistemáticamente con los electores, y rendir cuenta y explicar. El pueblo de Cuba tiene una participación en los problemas del país y en las actividades y decisiones del gobierno, que no la tiene ningún país en el mundo. Nosotros vamos de congreso en congreso de obreros, discutiendo toda la política con ellos; de congreso en congreso de mujeres; de congreso en congreso de Comités de Defensa de la Revolución; de congreso en congreso de estudiantes de nivel medio y de estudiantes de nivel universitario; de congreso en congreso de campesinos, de las masas del país organizadas, y prácticamente no hay política en nuestro país que no se discuta con cada una de esas organizaciones. Eso no pasa en ningún lugar del mundo. Y allí están la dirección del Partido y del Gobierno discutiendo cada uno de los problemas fundamentales con todas esas instituciones.

Hablan de los años en el poder y yo les digo: ¿Y a Felipe cuánto tiempo lo pueden elegir? ¿Y a la Thatcher cuánto tiempo la pueden elegir? ¿Y a Khol cuánto tiempo lo pueden elegir? ¿Y al Primer Ministro de Japón cuánto tiempo lo pueden elegir y cuántas veces? Un período, dos períodos. Hay algunos de ellos que, eufóricos, dicen: “Vamos a estar 30 años.”

¿Y si Felipe tuviera la salud de Matusalén y viviera 500 años y no cometiera grandes errores? Lo pueden elegir hasta ochenta veces. Puede ser Primer Ministro 320 años. Y no van allá a preguntarle: “Felipe, ¿qué tiempo tú vas a estar aquí, chico? ¿Cuántas veces te pueden elegir a ti?”

Entonces a la Thatcher, al de Japón, al de España, los pueden elegir ochenta veces y a mí no. ¿Por qué protestan? ¿Y si me eligen y me reeligen por qué protestan? Al fin y al cabo, no he cometido tan grandes meteduras de pata (APLAUSOS). Porque si, en definitiva, nosotros, como dirigentes de la Revolución Cubana, hubiéramos cometido grandes errores, no estaríamos ahí; no estaría la Revolución, no nosotros, no estaría la Revolución, y nosotros estaríamos seguramente muertos (APLAUSOS).

¿Es que acaso resulta lo más fácil en la historia de este mundo hacer una revolución a 90 millas de Estados Unidos y resistir más de 30 años el bloqueo imperialista, la hostilidad, la calumnia, la guerra contra nosotros, la permanente amenaza, que nos ha obligado a invertir tantos recursos y nos ha obligado a invertir tantas energías y hacer tantos sacrificios? ¿Habríamos podido resistir? ¿Quién iba a salvar el socialismo en Cuba, los tanques soviéticos? Los soviéticos estaban allá, bien lejos, no podrían llegar a Cuba. Los tanques que llegan allí rápido son los yankis, ¿comprenden? Eso nos ayudó mucho.

En vez de decir qué desgracia haber vivido tan cerca de Estados Unidos, puedo decir: qué suerte haber vivido tan lejos de la frontera de la Unión Soviética, que nunca se nos ocurrió confiarnos en que venían a salvarnos nuestra Revolución, si nosotros nos divorciábamos de las masas y del pueblo y empezábamos a cometer todo tipo de errores. Pero, además, qué suerte, porque a una revolución que no sea capaz de defenderse a sí misma, no vale la pena salvarla. ¿Para qué sirve una revolución que haya que estarla salvando? (APLAUSOS)

Esas han sido nuestras concepciones. Nos han obligado a trabajar duro, y a mantener como un principio elemental de la Revolución la estrecha vinculación con las masas y la estrecha unidad del pueblo, o no podríamos.

Salió una periodista de una agencia internacional y sacó también la historia, dijo: “Usted dijo que cuando uno está de visita en un país, es preferible marcharse un minuto antes y no un minuto después, y usted lleva tanto tiempo en Cuba.” Y le dije: “Pero tú te has olvidado de que en Cuba yo no soy visitante, soy vecino de allí, nací allí y pienso morirme allí.” ¿Qué tendrá que ver lo que yo dije?

Pero volviendo siempre a la misma idea, le expresé: “Mire, compañerita, la culpa no la tengo yo, la culpa la tienen los yankis, porque han estado 30 años tratando de matarme y no han podido” (RISAS). Pareciera que lo mejor es que los yankis hubieran tenido éxito. “Ellos llevan 30 años tratando de aplastar la Revolución y no han podido, y yo llevo una pelea con ellos y junto al pueblo. Y es el pueblo el que me ha puesto allí y me ha dado esa tarea; cuando me quiera dar otra, gustosamente la hago. Ojalá no me la dé ahora, porque estos momentos que vienen son difíciles y son los que, realmente, más le gustan a uno. Ahora, el revolucionario no deserta y, como dijo Mella, el descanso de los revolucionarios es la tumba. Lo cual no puede querer decir, bajo ningún concepto, ¡bajo ningún concepto!, que tenga que tener el mismo cargo, ni mucho menos.”

Bueno, para qué les voy a decir a ustedes. Creo que todos nosotros estamos haciendo el máximo aporte que hemos hecho nunca y trabajando, realmente, como no hemos trabajado nunca, con el cúmulo de experiencias que tenemos ahora. Creo que somos útiles y que las tareas que desempeñamos las podemos desempeñar perfectamente bien, porque el país ha tenido que vivir en tiempos difíciles y tiene que vivir un tiempo todavía más difícil. Pero creo que yo sería el primero, en el instante en que me diera cuenta de que soy inútil y que perjudico en lo que estoy haciendo, sería el primero en pedirles y exigirles a mis compañeros que me liberen de cualquier responsabilidad, si esa no la puedo cumplir; de la que no me liberaré nunca es de la responsabilidad de ser soldado de la Revolución. Y —como le dije a una de las entrevistadoras— mientras me lata el corazón, me funcione el cerebro y pueda mover un dedo, estaré luchando por la Revolución y seré soldado de la Revolución; aunque esté en silla de ruedas, me siento capaz de combatir.

(…)

 

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Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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