Un libro para remover la conciencia

 

(Palabras de presentación del libro de Elier Ramírez Cañedo Obama y el “nuevo enfoque” hacia Cuba, Casa Editorial Verde Olivo, La Habana, 2017, 485 páginas, el 16 de febrero de 2019, en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana)

 

Jorge Hernández Martínez*

 

Ante todo, queremos reconocer la iniciativa de la Editorial Verde Olivo, del Instituto Cubano del Libro, el Ministerio de Cultura y los organizadores de la Feria, por la presentación de esta obra, Obama y el “nuevo enfoque” hacia Cuba, así como felicitar a su autor, el joven historiador e investigador, Elier Ramírez Cañedo, y agradecer la posibilidad que nos han brindado, de decir unas palabras sobre este texto, lo cual asumimos con gran satisfacción.

Al presentar un libro, es necesario destacar al menos tres cosas. Se debe hablar del autor, de la obra y de su significación. Procuraremos hacerlo con brevedad, teniendo en cuenta que en espacios como éste, lo que más desean los asistentes es que la presentación termine, para proceder a adquirir el texto.

Conocemos al autor desde que no hace aún mucho tiempo, realizaba sus estudios universitarios en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, donde se distinguía por su liderazgo en las organizaciones juveniles, y desde cuando casi de inmediato, prosiguió su acelerado proceso de desarrollo profesional a través de sus tesis de Maestría y de Doctorado, bajo la tutela del profesor Esteban Morales, con quién luego escribiera algunas de sus primeras obras. Desde entonces mostraba sus condiciones para el quehacer intelectual, caracterizándose por su talento, dedicación, laboriosidad, rigor y compromiso revolucionario. Hoy, Elier es ya un conocido profesional en el campo de los estudios históricos, de lo cual habla la calidad y cantidad de los textos que ha aportado a la bibliografía referida a la Revolución Cubana y a las relaciones con los Estados Unidos. Su activismo intelectual en la Asociación “Hermanos Saíz” (la AHS), ha contribuido a hacer familiar su rostro, coordinando el espacio “Dialogar-Dialogar”, unido a su participación en numerosos foros académicos, culturales y políticos, en los que ha compartido ideas y resultados investigativos con importantes figuras, exponentes del pensamiento crítico latinoamericano y del quehacer revolucionario en nuestro país. Así ha sucedido en eventos tan disímiles como las mesas redondas televisivas, los congresos anuales de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), las Conferencias Internacionales por el Equilibrio del Mundo, el Foro de Sao Paulo, las Cumbres de las Américas y encuentros de solidaridad promovidos por la Red en Defensa de la Humanidad, como el realizado recientemente en Caracas, en apoyo a la Revolución Bolivariana de Venezuela. En la última etapa, no podemos omitir, desde luego, su condición de Diputado en nuestra Asamblea Nacional, ni su muy intensa labor, relacionada con la elaboración, en su  versión definitiva, de la nueva Constitución de la Patria.

Elier ha sumado a la literatura reciente que se produce en el campo de las ciencias sociales relevantes contribuciones, publicadas por diversas casas editoras, como las editoriales de Ciencias Sociales, Ocean Sur y la Editora Política, entre otras, sobre todo en el territorio de la indagación historiográfica, referidas a las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, incluyendo el papel de Che Guevara y la crisis de Octubre, y acerca del imperialismo norteamericano, con las cuales ha contribuido a revelar con creatividad y originalidad pasajes poco conocidos de nuestra historia, en los que ha mostrado su oficio como historiador. Pero también ha dedicado tiempo (en una ocasión le preguntamos que de donde lo sacaba, conociendo su labor profesional cotidiana, que le compromete en otras tareas, y la atención que brinda a su familia) a seleccionar textos y conformar compilaciones, como una concerniente a las trascendentes “Palabras a los Intelectuales”, de Fidel, y otra, con documentos que reflejan el pensamiento y la acción del Che en la política exterior cubana.

En un escenario como éste, nos parece conveniente mencionar un trabajo de Elier al que le concedemos gran importancia, tanto por su contenido como por el modo en que se aproxima al tema tratado, que quizás no sea tan familiar a los presentes como los libros aludidos, aunque ha sido divulgado en no pocas redes sociales. Y con ello, de paso, destacamos la labor del CEHSEU, el Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos, el cual dirigimos durante casi una veintena de años, que es la institución que elaboró la obra colectiva en la cual se inserta ese trabajo de Elier. Nos referimos a su ensayo “Estados Unidos-cuba: ocho mitos de una confrontación histórica”, que forma parte del libro Cuba, Estados Unidos y el 17 D. Cambios y continuidades, publicado hace poco por la Editorial UH.  Se trata de un texto colocado en el centro de la lucha ideológica, que confronta los análisis superficiales, las manipulaciones y tergiversaciones históricas de una amplia literatura que en lo fundamental se ha generado fuera de Cuba, configurado la llamada cubanología, y que Elier valora –utilizando sus palabras– “como la vía predilecta para atacar el proyecto cubano dentro de una estrategia más amplia de guerra cultural contra el socialismo en Cuba”, reconocimiento que le lleva, acudiendo de nuevo a sus palabras, “a desbancar algunos de los mitos en torno al conflicto Estados Unidos-Cuba que todavía en nuestros días pretenden convertirse en verdades establecidas”.

Con esta referencia queremos subrayar la condición de Elier como un intelectual orgánico, comprometido con su tiempo, con su Revolución, con nuestra Revolución, que no hace concesiones, que no se encierra en un gabinete a escribir, sino que se compromete con las batallas que libramos a diario, en la que no existen, como algunos creen, posiciones intermedias y pone su pluma al servicio revolucionario. Así, ha dejado claro a través de páginas como las de Cuba Debate y Cuba Socialista, que es de aquellos que apuestan por un mundo mejor, que es posible. Elier Ramírez es de los que piensan lo que dicen, y de quienes dicen lo que piensan, siempre con sentido responsable y cívico, como un joven íntegro, sin doble lenguaje.

Sobre el libro, apenas haremos unos comentarios, ya que contando con la presencia del autor, que se referirá de seguro al contenido, sería casi que pecaminoso extendernos en ello. Se trata, como puede advertir el público presente, de un texto voluminoso, de 486 páginas, con una cubierta sobria, estructurado en nueve capítulos, con un prólogo escrito por el también joven investigador Ernesto Limia, quién ofrece una sucinta valoración de lo tratado en el texto. Acompaña la edición una amplia sección de anexos, que comprende, entre otros documentos, discursos, entrevistas, cartas, declaraciones, que le imprimen a la obra un valor agregado.

Por consiguiente, nos limitaremos a destacar la esencia del libro, anunciada en el título mismo, Obama y el “nuevo enfoque” hacia Cuba, y enfatizada al entrecomillar el nuevo enfoque, todo lo cual anticipa al lector que en rigor, éste es sólo novedoso en su apariencia. Lamentablemente, no pocos interesados en el tema y algunos estudiosos perdieron de vista ese detalle, confundiendo realidades y apariencias. En tal sentido, recordamos que a raíz de la victoria electoral de Obama en el año 2008, en muchos ámbitos de la academia latinoamericana e incluso, mundial –a lo que no escapaban ciertas miradas en nuestro país–, se le veía bajo el signo de una gran expectativa, formulándose incluso análisis que afirmaban que sería el presidente norteamericano que echaría abajo el bloqueo y pondría fin al histórico conflicto bilateral.  De ahí que en los nueve trabajos que integran el libro, Elier utilice como reflexión central, cual hilo conductor, el examen de la Administración Obama bajo el lente de su correspondencia con los objetivos permanentes de la política exterior norteamericana y de su aplicación hacia nuestro país, mostrando y demostrando que los cambios a partir del 17 de diciembre de 2014 concernían más a los medios empleados que a los fines perseguidos por Estados Unidos. En un esfuerzo sintético, por expresarlo con la mayor brevedad posible, es ahí donde radica el elemento transversal, la idea básica que atraviesa los análisis que lleva a cabo y expone el autor. No deja lugar a dudas cuando incursiona en el tejido político estadounidense, de que el proyecto hacia Cuba se define en términos de una dominación enfrentada al de la Isla, concebido éste con una vocación de soberanía.

Desde esa perspectiva, debe retenerse que en la campaña presidencial de 2008, no se trataba de que el candidato republicano, John McCain, fuese el malo y el contrincante demócrata, Barack Obama, de piel negra y descendencia africana, fuera el bueno. Ambos eran exponentes del sistema, y en aquellas circunstancias, en que la imagen mundial y el descrédito interno de la presidencia de George W. Bush, habían generado tal cansancio, hastío y desconfianza en el electorado, se reclamaba un cambio. Esta necesidad subjetiva, junto a lo imperioso que en el orden objetivo apuntaba hacia un giro en las proyecciones del gobierno de Estados Unidos y en las representaciones que del mismo se forjaran, fue captada por Obama desde temprano, cuando basó su campaña en torno a la consigna del cambio (Change). Por eso es que Obama representaba entonces mejor los intereses y necesidades del imperio que McCain.

Elier se mueve en sus análisis sobre ese telón de fondo, distinguiendo en sus reflexiones entre el discurso de Obama y el decurso de la política que en realidad va impulsando. Lo hace de forma rigurosa, con el oficio del historiador que mencionamos al inicio de estas palabras. Lo hace sin perder de vista el contexto en que se articula la política de Obama hacia Cuba, incorporando a su mirada el entorno geopolítico existente en América Latina al finalizar la primera década del presente siglo y comenzar la segunda, marcado por una correlación de fuerzas entre la izquierda y la derecha, entre revolución y contrarrevolución, entre el imperialismo y los procesos progresistas, emancipadores, revolucionarios, en Nuestra América. Lo hace reteniendo el simbolismo y el reto cultural que representaba la nueva etapa que se abría en las relaciones entre los dos países, considerando, como lo señala explícitamente, que “el antimperialismo que forma parte de nuestra cultura política constituye una de nuestras mayores fortalezas, ahora que la imagen del enemigo pretende desdibujarse ante los ojos de los cubanos, en especial de los más jóvenes. Es innegable que el imperialismo ha dado por perdida su lucha contra la generación histórica de la Revolución y trabaja en la construcción de las bases que le permitan alcanzar sus pérfidos objetivos de siempre con las nuevas generaciones, a través de métodos e instrumentos mucho más sutiles y sofisticados, los del llamado poder inteligente. Ahora que Próspero se nos presenta con nuevos ropajes, la mirada descolonizadora de Calibán debe acompañarnos todo el tiempo”.

Así, a través de los distintos ensayos, el libro avanza, conformando por un lado una unidad de lectura progresiva que hace posible se lea como un texto único, donde la lectura de cada trabajo cree un precedente o antecedente al abordar el siguiente; pero por otro, brindando la posibilidad de que se lean de manera arbitraria, dado que cada ensayo posee una lógica interior y constituye una suerte de unidad analítica en sí misma.

Pasando ahora a la significación de la obra, es importante señalar, ante todo, su utilidad para la comprensión, sin visiones estereotipadas o reduccionismos, de la política exterior norteamericana, a menudo explicada mediante frases establecidas, simplificadoras, que la abordan con esquematismo y la adjetivan como imperialista, perdiendo de vista sus condicionamientos históricos reales, las particularidades culturales que la explican, entre mitos, falacias y verdades. Desde este punto de vista, el libro lleva consigo un valor adicional, como herramienta útil para los lectores interesados en el tema, sobre todo, para los más jóvenes, dado que el texto se ha concebido de forma amena, motivante. Según lo expresa Limia en su prólogo, “Elier ha sido capaz de mover al razonamiento con Obama y el “nuevo enfoque” hacia Cuba, consigue remover la conciencia y convidar al combate. Su prosa limpia, clara, directa y profunda constituye el instrumento idóneo para acompañar un liderazgo que, sin proponérselo, se ha ideo fraguando en torno a su figura entre lo más legítimo de nuestros jóvenes pensadores”.

La publicación del libro resulta muy oportuna, dada la actual coyuntura que define la situación geopolítica en América Latina, en medio de una sostenida ofensiva de la estrategia imperialista desestabilizadora, que apela a todas las variantes de agresión, que ha conseguido éxito en el retroceso de determinados procesos emancipadores y progresistas, que han avanzado con el apoyo de las tendencias oligárquicas locales, entre errores y limitaciones de las fuerzas de izquierda. Ello le imprime una utilidad como arma intelectual, en el campo de la investigación y de la enseñanza, en la reflexión sobre la política de Obama, ya que es a partir de ella que comienza a apreciarse el giro en su reacomodo, palpable con el golpe de Estado con nuevo rostro en Honduras, el 28 de junio de 2009 y con el esfuerzo por reactivar el sistema de bases militares en Colombia, con lo cual quedó claro el carácter demagógico de las palabras de Obama unos meses antes, en la Cumbre de las Américas realizada en Trinidad Tobago, en abril de ese mismo año. A la luz del presente, con la Administración Trump y su reforzamiento de la agresividad imperial contra Nuestra América, siendo consecuente son sus consignas que expresan su convicción de la primacía de Estados Unidos y imperiosa revitalización (Estados Unidos primero, America First, y recuperar la grandeza de Estados Unidos, Make Great America Again), no debe olvidarse que ese empeño es viable por la cosecha de Obama, cuyo legado en el caso latinoamericano se tradujo en un escalamiento de posiciones en el diseño subversivo, basado en las concepciones y prácticas del llamado Cambio de Régimen, empleando fórmulas apoyadas en el denominado Poder Inteligente, en el Golpe Suave, en la aplicación de la conocida Dominación de Espectro Completo. Definitivamente, Obama no era el bueno, desde la campaña presidencial de 2008, sino el mejor y más conveniente exponente de las urgencias de la política imperialista. El libro de Elier es iluminador en este sentido, y sobre todo porque se nutre de trabajos que fue escribiendo y publicando progresiva, oportunamente, como un trabajo de educación política, de esclarecimiento ideológico, de enriquecimiento de la conciencia revolucionaria, de contribución académica con una mirada desde las ciencias sociales, del escrutinio historiográfico. En ellos ha trazado una línea de continuidad entre la política de Obama y sus predecesores, en unos casos más visible que en otros. Así, por ejemplo, y sin desconocer diferencias necesarias, con los gobiernos de anteriores presidentes demócratas, como Kennedy, Carter y Clinton, tendría Obama puntos de contacto.

Como señala Elier en el texto, “la primera variable a considerar a la hora de entender el ´nuevo enfoque´ de política hacia Cuba, anunciado por el presidente Barack Obama el 17 de diciembre de 2014, es la propia resistencia del pueblo cubano y la sabiduría de su liderazgo histórico”.  Esta precisión de Elier es la piedra angular para la comprensión del proceso que allí se inicia, dirigido a un restablecimiento de relaciones, con una convivencia civilizada entre muchas diferencias, en cuyo camino la normalización quedaba aún lejos. Las palabras del Comandante en Jefe en su reflexión titulada “El hermano Obama” subrayan esa idea, cuando al referirse a su visita a nuestro país señalaba: “Obama pronunció un discurso en el que utiliza las palabras más almibaradas para expresar: es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos al futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza” (…). Se supone que cada uno de nosotros –añadía Fidel– corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del presidente de Estados Unidos (…). Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura (…). No necesitamos que el imperio nos regale nada”.

La presentación de este libro es una excelente entrega  a los lectores, en el año en que la Feria se realiza conmemorándose los 60 años del Triunfo de la Revolución Cubana y los 10 años del comienzo de la etapa de la Revolución Bolivariana en el poder en la hermana Venezuela, que es hoy el centro de la agresión imperialista, como parte de un diseño global dirigido contra Nuestra América y que sigue teniendo a Cuba en el foco. Por eso defendiendo a Venezuela defendemos a las mejores causas de nuestro subcontinente y a nuestra Revolución, convencidos, como Elier, de que en su prédica hacia nuestro país, en verdad los gobiernos de Estados Unidos no desean una Revolución reformada, sino una Revolución arrodillada. No cabe la ingenuidad ni las terceras posiciones. Como expresó Fidel en su nota a sus compañeros de la FEU el 26 de enero de 2015, “no confío en la política de Estados Unidos”. Ese punto de vista lo compartimos con Elier, y estamos seguros de que todos los presentes, como parte de nuestra sociedad revolucionaria. El enfoque de Obama hacia Cuba pretendía ejercer la subversión de nuestro proceso a través de la seducción, tendiendo puentes, confundiendo. Lo novedoso radicaba más en la narrativa que acompañaba su política, que en la implementación real de ésta.

Como suele ocurrir en una actividad de este tipo, los asistentes, lectores potenciales del texto que se presenta, más que al presentador desean escuchar al autor. De modo que optamos por terminar, y reiteramos el agradecimiento a los organizadores, al autor y a la casa editora por habernos brindado esta posibilidad.

Muchas gracias.

 

 

* Profesor e Investigador Titular del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU). Presidente de la Cátedra “Nuestra América”. Director de la revista Universidad de La Habana.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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