Fidel y la UNEAC

Elier Ramírez Cañedo

En momentos en que se celebra el  IX Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), es imposible no tener presente a Fidel; su vínculo con esta organización fue íntimo, emotivo, intenso y sistemático durante décadas. El 30 de junio de 1961, reunido con escritores y artistas del país en la Biblioteca Nacional, el líder de la Revolución pronunció lo que pasaría a la historia como Palabras a los Intelectuales. No se puede hablar del origen y nacimiento de la UNEAC sin referirse a estas reuniones de junio de 1961. Pero lo cierto es que habrían muchas otras palabras a los intelectuales de Fidel, prácticamente en todos los congresos y reuniones de la UNEAC, y es que Fidel inauguró un método, una práctica de diálogo  con la vanguardia artística e intelectual cubana que trascendió al tiempo y las circunstancias. Ello permitió que se salvaguardara la unidad entre los artistas y escritores cubanos, al tiempo que se potenciaba la democratización de la cultura por todo el cuerpo social de la Isla. Fidel entendió desde el inicio que era imposible una verdadera y perdurable Revolución en Cuba, sino se producía una profunda revolución cultural. Siempre visionario, no solo se preocupó por mejorar las condiciones para que los escritores, artistas e intelectuales pudieran desplegar todas sus potencialidades en un ambiente de amplia libertad de creación, sino por lograr que lo mejor de nuestra cultura llegara al corazón mismo del pueblo. En los momentos más difíciles no dudó en señalar que lo primero que había que salvar era la cultura. Sus ideas hoy siguen convocándonos a poner lo mejor del arte y el pensamiento humanista en función del pueblo y de las causas más nobles de la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El pueblo es la meta principal

“El pueblo es la meta principal.  En el pueblo hay que pensar primero que en nosotros mismos.  Y esa es la única actitud que puede definirse como una actitud verdaderamente revolucionaria.

(…)

La Revolución no les puede dar armas a unos contra otros, la Revolución no les debe dar armas a unos contra otros.  Nosotros creemos que los escritores y artistas deben tener todos oportunidad de manifestarse; nosotros creemos que los escritores y artistas, a través de su asociación, deben tener un magazine cultural amplio, al que todos tengan acceso.

¿No les parece que eso sería una cosa justa?

La Revolución puede poner esos recursos, no en manos de un grupo: la Revolución puede y debe poner esos recursos de manera que puedan ser ampliamente utilizados por todos los escritores y artistas.

Ustedes van a constituir pronto la Asociación de Artistas, van a concurrir a un congreso.  (…) y una de las cosas que nosotros proponemos es que la Asociación de Artistas, adonde deben acudir todos con espíritu verdaderamente constructivo…  Porque si alguien piensa que se le quiere eliminar, porque si alguien piensa que se le quiere ahogar, nosotros podemos asegurarle que está absolutamente equivocado.  Por eso debe celebrarse ese congreso con espíritu verdaderamente constructivo, y puede celebrarse.  Y creemos que ustedes son capaces de celebrar en ese espíritu ese congreso. Que se organice una fuerte asociación de artistas y de escritores —y ya era hora—, y que ustedes organizadamente contribuyan con todo su entusiasmo a las tareas que les corresponden en la Revolución.  Y que sea un organismo amplio, de todos los artistas y escritores.

Creemos que esa sería una fórmula para que cuando nos volvamos a reunir —y creemos que debemos volvernos a reunir (APLAUSOS)…  Por lo menos nosotros no debemos privarnos voluntariamente del placer y de la utilidad de estas reuniones, que para nosotros han constituido también un motivo de atención sobre todos estos problemas.  Tenemos que volvernos a reunir.  ¿Qué significa eso?  Pues que tenemos que seguir discutiendo estos problemas.  Es decir, que va a haber algo que debe ser motivo de tranquilidad para todos, y es conocer el interés que tiene el gobierno por los problemas y, al mismo tiempo, la oportunidad esta de discutir en una asamblea amplia todas estas cuestiones.

Nos parece que eso debe ser un motivo de satisfacción para los escritores y para los artistas.  Y con eso nosotros también seguiremos tomando información y adquiriendo mejores conocimientos por nuestra parte.

El Consejo Nacional debe tener también otro órgano de divulgación.  Creo que eso va situando las cosas en su lugar.  Y eso no se puede llamar cultura dirigida ni asfixia al espíritu creador artístico.  ¿A quién que tenga los cinco sentidos y además sea artista de verdad le puede preocupar que esto constituya asfixia al espíritu creador?   La Revolución quiere que los artistas pongan el máximo esfuerzo en favor del pueblo, quiere que pongan el máximo de interés y de esfuerzo en la obra revolucionaria.  Y creemos que es una aspiración justa de la Revolución.

(Del discurso pronunciado por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, como conclusión de las reuniones con artistas y escritores cubanos, efectuadas en la Biblioteca Nacional, los días 16, 23 y 30 de junio)

 

Semillas de la patria de mañana

“Lo más importante a nuestro entender es el espíritu con que el Congreso se ha llevado adelante.  Para el pueblo era un acontecimiento enteramente nuevo.  Primero con el manifiesto, después con la diaria información, el pueblo ha estado conociendo de que se estaba efectuando este congreso de escritores y artistas cubanos.

Algunos, posiblemente los que todavía no son capaces de ver lo que es la Revolución —y hay que estar bien ciego a estas horas, o irremisiblemente ciego— hayan estado intrigados sobre este congreso, ¿de qué se va a tratar en ese congreso?  No faltarían quienes pensaran que este congreso tenía por fin amordazar el espíritu artístico, que tendría por fin coaccionar a los escritores y artistas.

Hay muchas personas a quienes un insalvable prejuicio les impide penetrar profundamente en las grandes verdades de la Revolución; tienden a tergiversarlo todo, y lo ven a través del cristal de su pesimismo crónico.

Este congreso de escritores y artistas se ha caracterizado precisamente por dos cosas:  por su espíritu fraternal y por su espíritu democrático.

Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que los escritores y artistas que se iban a reunir en este congreso, eran los escritores y artistas que, casi al cumplirse tres años de la Revolución, han permanecido en Cuba y no se han marchado de su país (APLAUSOS).  Eran, antes que nada, escritores y artistas que han permanecido en el seno de la patria, que están produciendo y están trabajando en nuestro país.

(…)

A todos nosotros, sin excepción, nos corresponde el papel de enseñar; a todos nosotros, sin excepción, nos corresponde el papel de maestros.  La tarea más importante de todos nosotros es preparar el porvenir; nosotros somos, en esta hora de la patria, el puñado de semillas que se siembra en el surco de la Revolución para hacer el porvenir.

Nosotros tenemos que considerarnos principalmente como eso.  ¿Cuál es nuestra obra?, ¿cuál es la obra de todos nosotros?  La obra de todos nosotros es el porvenir.  Y el porvenir es mucho más importante que el presente, y los frutos de ese porvenir serán mucho más importantes que nosotros (APLAUSOS), lo que nosotros estamos haciendo vale mucho más que nosotros mismos (APLAUSOS).

Con ese espíritu —porque ya hace rato que consciente o inconscientemente estamos actuando así— se ha reunido este congreso.  Y se reunió con profundo espíritu democrático y con verdadero espíritu fraternal, porque la unión que aquí ha prevalecido —unión tan firme y tan honda, tan espontánea y tan sincera entre los escritores y artistas; unión que ha hecho que en vez de “Asociación” el organismo se llame “Unión” (APLAUSOS)— es el producto de ese espíritu de que hablábamos, ese espíritu de entrega a la causa revolucionaria, esa conciencia del valor de la tarea que a cada cual le corresponde, ese renunciamiento de pasiones, ese renunciamiento de egoísmos, de personalismos y de ambiciones.

Esa unión es la mejor prueba, porque ¿habría sido posible en otras circunstancias tan estrecha unión?, ¿se habría podido producir jamás un congreso semejante, una hermandad semejante, una comprensión semejante?  No, para ello era necesario, primero que nada, la gran depuración que la Revolución ha significado en todos los órdenes; y, en segundo lugar, el espíritu generoso y desprendido que la Revolución ha inculcado a los verdaderos patriotas, a los verdaderos creadores, a los verdaderos y dignos ciudadanos de este país (APLAUSOS).

Y es para todos nosotros un motivo de verdadero regocijo, un motivo de verdadero optimismo, el saber cómo se ha desarrollado el congreso y cómo ha concluido el congreso; la impresión que ha quedado en todos nosotros de lo que eso significa para la Revolución y de lo mucho que ha avanzado la conciencia revolucionaria, y la impresión que ha de quedar en ustedes de la importancia tan grande de la misión que les corresponde, la impresión que ha de quedar en ustedes de la oportunidad extraordinaria que se les ofrece para trabajar, de la impresión consciente y clara que ha de quedar en ustedes y la alegría del privilegio que significa ser escritor o ser artista, ser creador, en una hora de creación como esta (APLAUSOS), en esta hora en que todo el pueblo se entrega a la tarea de crear una vida nueva, en que de la sociedad vieja surge una sociedad nueva, en que la historia de nuestro país crea una de sus páginas más hermosas, en que culmina el esfuerzo de generaciones y generaciones de cubanos, en que culminan los sueños de nuestro pueblo, desde que empezó a tener conciencia de sí mismos el privilegio de ser creador en esta hora, en que todo lo creado por el esfuerzo de nuestra nación surge como hermosa realidad, en todos los órdenes; cuando, al fin, somos dueños de nuestros destinos; cuando, al fin, podemos dedicarnos a trabajar como estamos trabajando.

Ese espíritu de unión, ese espíritu de libertad, ese espíritu de responsabilidad, es el que ha prevalecido, y nuestro pueblo recogerá sus frutos.

Nosotros no tenemos que decirles a ustedes lo que han de hacer; de la realidad misma, surgen las tareas que ustedes tienen delante.  Lo evidente es que ustedes cuentan hoy con las condiciones ideales, con las mejores condiciones para trabajar; y la realidad es que el intelectual, el escritor y el artista cobra en esta hora revolucionaria todo su valor y toda su importancia; el valor y la importancia que solo la Revolución podía darles; el valor y la importancia que solo las clases humildes, liberadas, de nuestro pueblo, podían darles; la importancia que jamás habrían podido darles, el valor que jamás habrían podido concederles las clases explotadoras.

Cuando la explotación ha desaparecido en nuestro país como sistema o como base del sistema social, se presenta por primera vez la oportunidad a los escritores y artistas de trabajar no para una minoría explotadora, sino para una mayoría del pueblo, es decir, de trabajar para el pueblo (APLAUSOS).

(…)

Hoy nos reunimos con ustedes, los escritores y los artistas, para finalizar este congreso.  Ustedes también son trabajadores (APLAUSOS), ustedes también tienen que producir, ustedes también tienen que crear riquezas, y ustedes también son acreedores a la infinita felicidad de los que producen, de los que crean.

(…)

Y así están organizados los obreros, las mujeres, los jóvenes, los niños; así está organizado el pueblo, todo el pueblo está organizado, y ahora podemos decir que los artistas y escritores también están organizados (APLAUSOS), y están organizados para trabajar, están organizados para propender a todo lo que contribuya a la creación artística, están organizados para crear, sin que esto signifique que tenga su forma de organización que chocar con alguna otra forma de organización.

La Unión de Escritores y Artistas se forma, fundamentalmente, para los fines de creación, independientemente de la organización sindical, que tiene otros fines:  todo lo que se refiera a los problemas del trabajo.  Hay muchos que no pertenecen a la unión y pertenecen al sindicato.  Y aquí está representado también el esfuerzo de muchos que no pertenecían al sindicato, que no estaban agrupados en el sindicato, y están agrupados en la unión.

(…)

Tenemos que ir a enseñar a los campos, tenemos que ir a enseñar a los campesinos, y, después, sacaremos de los campesinos, de los jóvenes campesinos, lo mejor, lo que más vocación tenga, y entonces en el futuro organizaremos…  (APLAUSOS) Vamos a sacar el coro de los campos.  Recuerden que nosotros somos semillas, que tenemos que sembrarnos para producir una cosecha grande (APLAUSOS).  Y ustedes, los instructores, son semillas que tienen que ir a sembrarse allí, de donde vinieron, para que de cada uno de ustedes surjan incontables artistas (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Cumpliremosl”).  Ustedes tienen que ir a escoger a los niños y a las niñas que irán a la Escuela Nacional de Arte que ya la Revolución está construyendo, y que comenzará a funcionar para el próximo año, a principios del próximo año (APLAUSOS) y que tendrá capacidad para 3 000 jóvenes, algunos de los cuales irán allí a estudiar desde los ocho años y pasarán allí, en la escuela, todo el tiempo necesario recibiendo una educación integral (APLAUSOS).

Nosotros tenemos que sacrificarnos, recuerden que lo más importante es el porvenir, y este pensamiento debemos llevarlo todos con nosotros, todos, los futuros instructores, los actuales escritores, y los actuales artistas, para que en los congresos venideros podamos ver siempre en sus labios la sonrisa de los obreros de ayer (APLAUSOS), la sonrisa de los creadores, en cada congreso.

(…)

 

Los felicitamos a todos calurosamente; les deseamos que pronto puedan cosechar los frutos del esfuerzo que han hecho; les deseamos que siempre puedan mantener esa ejemplar unión, y que cada día sea más fraternal y más estrecha; les deseamos el mayor éxito como escritores, como artistas, es decir, como creadores, pero sobre todo, como semillas de la patria de mañana (APLAUSOS).

(Del discurso pronunciado por el Comandante en Jefe, en la Clausura del Primer Congreso de Escritores y Artistas, efectuada en el Teatro “Chaplin”, el 22 de agosto de 1961)

 

 

 

La cultura es lo primero que hay que salvar

 

[…]

A este país no le queda más remedio que vivir en el mundo en que está viviendo hoy, y no le quedará más remedio que utilizar su recurso. Siempre he dicho que si hubiéramos tenido el petróleo de Kuwait o de Venezuela no le habríamos dado ningún impulso al turismo, e incluso durante treinta años, la Revolución todo el impulso que le dio al turismo fue con un objetivo de tipo nacional, pero nosotros tenemos que acostumbrarnos a un mundo donde va a haber cada vez una intercomunicación mayor y una relación , y tenemos que sobrevivir empleando los recursos de que podemos disponer honorablemente y debemos hacerlo honorablemente, pero tendremos que luchar duro contra todos esos peligros y todos esos riesgos que nos puede traer el turismo.

Alguien daba la idea de que la virtud se desarrollaba combatiendo el vicio y creo que combatiendo todos esos peligros y todos esos vicios se puede desarrollar virtud, en un mundo cada vez más cosmopolita.

[…]

La voluntad del país hoy es sobrevivir, desarrollarnos pero, por encima de todo, mantener los principios revolucionarios, mantener la ética revolucionaria mantener la moral revolucionaria, solo que ahora tenemos que defenderla en condiciones mucho más difíciles, porque no solo está el turismo, están las empresas mixtas, está la inversión de capital extranjero, está la presencia de un gran número de funcionarios y de técnicos de esas empresas.

[…]

Ahora tenemos que aprender a vivir, a luchar y a triunfar en medio de estos problemas que hemos estado mencionando aquí. Y yo realmente me alegro muchísimo, me siento feliz cuando hay conciencia de los problemas, cuando veo apego a determinados valores, y como ustedes aquí hoy han planteado muchas cosas relacionadas con todo esto que nos duele en el alma, nos compensa y nos consuela saber que haya tan fuerte conciencia en relación con todo esto.

[…]

Creo por eso que es muy apreciable este sentimiento de amor a los valores que la Revolución trajo, a las virtudes que la Revolución trajo, a la justicia que la Revolución trajo; porque una de las cosas que se le pueden reprochar a la Revolución es que trajo demasiada igualdad para la vida real, llegó a establecer el igualitarismo y eso hubo que rectificarlo, porque no duncionaba, y menos funciona en la pobreza: mientras más pobreza, menos funcionará el igualitarismo.

Pero la gente aprendió a convivir con todos esos valores y yo lo he apreciado. Todas esas manifestaciones que veo, para mi son manifestaciones de lo profundamente arraigadas que están en nuestra sociedad y en nuestro país determinadas ideas, determinados valores, determinadas creencias que se han puesto aquí de manifiesto; pero lo menos que puedo sugerir aquí es que seamos capaces de mantener nuestro apego y nuestro amor por todos esos valores, en estos tiempos tan difíciles en que tantas cosa nos amenazan, en que tantos riesgos nos amenazan. Y la cultura es lo primero que hay que salvar, y si estamos dispuestos a darlo todo por restaurar La Habana Vieja y salvarla, cómo no hacerlo con la cultura.

[…]

Si es importantísimo que la cultura no se pierda, es lógico y de suma importancia, y nos tiene que preocupar a nosotros, a los revolucionarios, porque sabemos cuánto ha hecho la Revolución en este campo y cuánto hizo de forma desinteresada, simplemente por el desarrollo de la cultura, no con la idea mercantilista de buscar ingresos; si importante es salvar la cultura, importantísimo es preservar los intelectuales y artistas que ha formado el país. Por lo tanto, tenemos que ver qué hacemos y cómo hacemos las cosas, porque en realidad muchos han tenido que salir porque no tenían taller, no tenían tarea concreta que realizar.

No es el caso de todos los que salieron, ya aquí se dijo que hay algunos casos que lo hicieron por otras razones, a otros los obligaron a hacer declaraciones contra la Revolución, en fin… Pero tenemos que preservar a los artistas y a los intelectuales que se han formado en estos años, eso es importantísimo, y las medidas estas que yo decía que estábamos analizando, tenían el objetivo de crear las posibilidades de trabajo para esos artistas, mantenerlos vinculados al país, no perderlos, incluso las posibilidades de trabajo para esos artistas, mantenerlos vinculados al país, no perderlos, incluso, la posibilidad de que puedan traer dinero que ganan en el exterior y guardarlo aquí, depositarlo aquí.

El objetivo fundamental, repito, no era presentarnos en el congreso con determinados problemas de tipo material y económico resueltos, sino adoptar medidas que protegieran nuestra cultura, que promovieran el desarrollo de nuestra cultura que permitieran al país recibir los beneficios de ese desarrollo cultural, beneficios no solo espirituales, sino también materiales, y algo importantísimo en estas condiciones preservar el caudal, el tesoro humano que hemos acumulado en estos años. Esa era la motivación principal que teníamos en todo esto.

Perdóname Abel que te haya robado unos minutos del escasísimo tiempo de que disponemos, pero me parece muy importante, ya que se hayan tocado algunos puntos de estos temas, hacer estos esclarecimientos, y sobre todo, llevar a la conciencia de nuestros intelectuales y artistas que en condiciones difíciles, muy difíciles, tenemos que librar esta batalla, y que, después, que libremos y ganemos esta batalla, debemos ser mejores y debemos ser más puros.

 

(Fidel en el V Congreso de la UNEAC, Granma, 25 de noviembre de 1993, en Memorias del V Congreso de la UNEAC, La Habana, diciembre de 1993,  pp.3-7)

 

 

Un examen de conciencia de verdad

 

Parecía que dándole oportunidades a todos y abriendo aquellos clubes aristocráticos a toda la población y el acceso a las playas y las escuelas,  a las universidades a todos, todas las posibilidades, estábamos logrando hacer desaparecer la discriminación. Pero hemos comprendido que el problema es mucho más serio. Creíamos que incluso desapareciendo las clases y los explotadores y los ricos, se iba a crear la verdadera igualdad de oportunidades para todos. Pero después nos dimos cuenta de que la discriminación era un aspecto social y cultural. Si uno le da igualdad de condiciones a todos, no puede olvidar que hay sectores sociales que tienen mucho más nivel de cultura, de preparación. Ellos educan a sus hijos, tienen mejores viviendas, mejores condiciones para todo. Esos sectores sociales, que también son revolucionarios, y no ricos ni terratenientes, están por encima. Y entonces para entrar en una escuela selectiva, solo ingresan los hijos de los profesionales, y los de los vecinos de la Habana Vieja no ingresan. Porque los de los profesionales tienen al padre profesional, que ayuda a su hijo en la educación, le repasa las clases o le busca un repasador. Mientras que un núcleo familiar tiene todas las condiciones para hacerlo, el otro núcleo no lo tiene. Y podemos observar que entre quienes tienen acceso a determinadas instituciones, la proporción de personas de color blanco, aunque no sean racistas, es mucho más alta que la proporción de personas de color negro. Y yo sí no creo en absoluto que eso sea un fenómeno genético ni mucho menos, pienso todo lo contrario.

Hay hasta una especie de discriminación histórica, porque los esclavos fueron los precursores de la independencia de este continente, aunque la independencia quedó como una cuestión de blancos. Las guerras de independencia que se conocen en este hemisferio fueron las que iniciaron las clases dominantes, los criollos. Y en la propia Cuba, en el siglo pasado, surgió la idea del anexionismo, las grandes plantaciones, las grandes riquezas, los grandes propietarios de esclavos, eran los criollos. Por eso no querían la independencia, tenían miedo con lo que pasó en Haití.

El hecho es que nosotros no hemos resuelto ese problema, y no es por falta de voluntad ni mucho menos, es que hay una cultura heredada de la esclavitud y aún después. Porque los negros estaban peor casi que cuando eran esclavos. De dónde iban a salir ilustres, grandes eminencias, grandes intelectuales si no iban a la escuela. Y esa es la situación de la población negra en nuestro país, estoy absolutamente convencido.

Nuestra ilusión fue creer que únicamente la Revolución lo cambiaría todo al cambiar el sistema de propiedad y socializarlo todo y que iba a poner fin a la discriminación. Pero observamos con tristeza cómo se prolonga el fenómeno, aún en medio de la Revolución tan radical como la nuestra. Tenemos que hacer un examen de conciencia de verdad. Hay que crear una escuela sobre esta problemática. Nosotros que somos, como ustedes dicen, multiétnicos, multirraciales y multiculturales, tenemos que resolver este problema y deberíamos ser ejemplo en su solución. Y hay que decir, después de tantos años de Revolución, que nos hicimos ilusiones acerca de su naturaleza.

(Tomado de “Arte cubano, retos y jerarquías”, Memorias. VI Congreso de la UNEAC 5 al 7 de noviembre de 1998, Ediciones Unión, La  Habana, 1998, pp.94 – 192.Las palabras de Fidel, pp. 100-102) (Estas palabras de Fidel en el VI Congreso de la UNEAC, 5-7 de noviembre de 1998, se derivaron a partir de una intervención de Tito Junco y otros delegados que se refirieron a la prevalencia de prejuicios raciales en la sociedad cubana)

 

 

 

 

 

Todo lo que fortalezca éticamente a la revolución es bueno, todo lo que la debilite es malo

Queridos Miguel Barnet y demás miembros de la UNEAC

No puedo estar con ustedes en los debates. Conozco las preocupaciones de algunos de los miembros de la organización ―sobre todo las tuyas, Miguel― debido a la costumbre tradicional de mi presencia en los congresos de nuestros escritores y artistas.

Deseo no obstante, como un modesto aporte a la reunión, expresar algunas inquietudes que me vienen a la mente, habituada a plantearse complicadas interrogantes, aunque no siempre con la calma y el tiempo de que ahora forzosamente dispongo. Seré breve, sintético y limitado a muy pocas observaciones.

El ser humano moderno no es menos egoísta que el griego de la época de Platón. Por el contrario, el de hoy está sometido a un diluvio de publicidad, imágenes e influencias a las que jamás lo había sido.

En el socialismo no se puede excluir la fórmula de que cada cual aporte según su capacidad y reciba según su trabajo. ¿De dónde saldrán los recursos de la sociedad para ofrecer los servicios esenciales de la vida a todos, puedan o no trabajar, produzcan o no bienes o servicios económicos?

El aporte a la sociedad no puede escapar de una parte proporcional, y nunca igual, de lo que sea capaz de crear. El impuesto es irrenunciable y no puede ser simplemente una proporción. Hay un momento, por su alcance, en que puede llegar a ser casi la totalidad de lo creado.

El impuesto directo ha liquidado a gobiernos de izquierda en los países nórdicos y otros europeos. No hay nada más antipático. La captación del excedente en valor de los servicios exportados, aparte de aquellos que se ofrecen gratuitamente en la esfera internacional por decenas de miles de compatriotas, no sólo es justo, sino más comprensible que el cobro directo de una creciente proporción del ingreso personal como un puñal en el pecho exigiendo la bolsa o la vida.

Los estímulos que se instrumentan no sólo en divisas para comprar en el mercado, sino también a través de numerosas formas de contenido social, humano y familiar altamente eficaces, no incitan el individualismo y el egoísmo que conducen a la negación, con los más diversos disfraces, de la sociedad que pretendemos crear.

Escuché los discursos pronunciados hoy por la mañana, varios de ellos excelentes por su expresión y contenido. Mientras elaboraba y pasaba en limpio este mensaje los escuché todos. Tus palabras, Miguel, constituyeron una sincera estocada a los corruptos que, en beneficio personal, se embolsillan una tajada de ese excedente. Hay que golpearlos “con furia de mano esclava sobre su oprobio”, como al tirano. Tomo las palabras de uno de los Versos Sencillos de Martí.

Me pregunto, ¿pueden los métodos con que se administra una bodega crear la conciencia requerida para alcanzar un mundo mejor?

No tendría sentido hablar de conciencia revolucionaria si no existiera el capitalismo desarrollado y globalizado, ya previsto hace casi cien años.

La conciencia del ser humano no crea las condiciones objetivas. Es al revés. Sólo entonces puede hablarse de revolución.

Las palabras bellas, necesarias como portadoras de ideas, no bastan; hacen falta meditaciones profundas.

Hace dos días, en un artículo de prensa extranjera, se habló de treinta inventos geniales que transformaron el mundo: disco compacto, GPS y DVD, teléfono celular, fax, Internet, microonda, Facebook, cámara digital, correo electrónico, etcétera, etcétera, etcétera.

La cantidad de dólares que implica ―y en parte implicó ya― la venta de cada uno de los productos acumula en manos de las transnacionales tantos ceros, que es ininteligible. Peor todavía: cada uno de ellos será sustituido por otro invento más efectivo y ya no puede siquiera garantizarse el secreto de lo que habla una pareja en el banco de un parque.

¿Tiene algún sentido ese tipo de existencia que promete el imperialismo? ¿Quiénes rigen la vida de las personas? ¿Puede incluso garantizarse la salud mental y física con los efectos no conocidos todavía de tantas ondas electrónicas para las cuales no evolucionó ni el cuerpo ni la mente humana?

Un congreso de la UNEAC no puede dejar de abordar estos espinosos temas. Muchos dirán: es fatalismo. Respondo. No, fatalismo es dejar de plantear el problema. Ni siquiera los molestaría a ustedes con estas líneas.

El clima está cambiando como consecuencia de la acción irresponsable del hombre. El equilibrio se ha roto. Cómo restablecerlo es el gran problema por resolver.

Les he mencionado sólo una parte de las preguntas que, observando las realidades del mundo, pasan por mi mente.

Disfruto mucho cuando veo los avances de nuestro pueblo en diversos campos, que otras sociedades libres de crueles bloqueos y mortales amenazas no han podido alcanzar, incluso en materia de lucha por la preservación del medio ambiente.

Eso provoca el odio de nuestros adversarios. He visto artículos de renombrados órganos de prensa capitalista que nos atacan en jauría. Hablan de nuestro país cual si fuésemos indigentes y partiéramos de cero, y no un pueblo con los niveles de educación mínima no alcanzados por los más desarrollados, un índice de salud excelente y seguridad social tal vez demasiado alta, como pensé cuando un delegado del congreso habló con justeza de quienes maltratan groseramente determinados bienes sociales y llamaba a luchar contra hábitos que nuestra sociedad repudia.

El adversario comete errores serios y muestra torpeza inconcebible en su batalla contra la verdad objetiva. Hace muy poco empresas yanquis contratadas para la prestación de servicios, por órdenes del gobierno yanqui privaron a cientos de miles de ciudadanos suecos del acceso al sitio Rebelión de Internet, que publica noticias sobre Cuba. Simplemente les cortan arbitrariamente ese acceso. Son incapaces de comprender que el interés por Rebelión se multiplica y la batalla de ideas entre Cuba y el imperio se intensifica.

Perdonen, queridos compañeros, si me extendí.

Observo al imperio y sus siniestros planes.

Partiendo de nuestros esfuerzos sanos, patrióticos e internacionalistas en las tareas manuales e intelectuales que realizamos cada día, me atrevería a expresar: todo lo que fortalezca éticamente a la revolución es bueno, todo lo que la debilite es malo.

Un fuerte abrazo a todos.

Fidel Castro Ruz

1º de abril de 2008

6 y 44 p.m.

01/04/2008

 

 

 

 

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Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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