Retamar: un Ariel con entrañas de Caliban

Yusuam Palacios Ortega

Hubiese querido que este texto no iniciara así, con palabras de dolor por la partida física de un hombre a imitar, de un profundo pensador. Como homenaje a él, a quien dedicamos la pasada edición del Seminario Juvenil de Estudios Martianos, fueron escritas estas palabras que ahora, después de la triste noticia, adquieren otra connotación. La muerte, nos advertía Martí, no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida; y este hombre de carácter entero: Roberto Fernández Retamar, no murió.

Nuestra América se debate entre la nociva dominación imperial, que a toda costa pretende hundir en el peor de los abismos a los pueblos de esta región dolorosa y sufrida, y la obstinada lucha por la verdadera liberación. La historia nos lleva de la mano por los entramados de una confrontación que hoy adquiere niveles insospechados. El corazón de nuestra América o las garras del monstruo imperialista, los aires de prosperidad maldita o la calibanesca presencia del nuestroamericano. Es un debate de larga data, pero con una actualidad impresionante, toda vez que hoy se advierte una vuelta al fascismo perpetrado por el imperialismo yanqui y sus aliados de la derecha neoliberal que pulula en la región.

Ante un escenario como este, en que las venas de América Latina siguen abiertas, es deber generacional asumir, como plataforma teórica de descolonización cultural, el pensamiento emancipador de hombres a quienes pudiéramos llamar “hijos de Ariel”, personaje shakesperiano de la obra La tempestad, figurado por el uruguayo José Enrique Rodó, en su representación del “nuevo humano”, del hombre que se conoce a sí mismo, que busca en su interior las motivaciones de su vida, su lucha, que crece y crea, que es de firme orientación moral, que es joven de espíritu, pensamiento y acción. Vamos en busca de Ariel y el hombre nuevo en nuestra América. Claro está, y valga la salvedad, cuando hacemos referencia a Ariel se trata de aquel cuya elección fue echar su suerte con los explotados, con las clases dominadas por la burguesía. No es el Ariel que sirve a Próspero (el colonizador) sino el intelectual que opta por el camino de la liberación, de la descolonización.

Un Ariel que se conecta de inmediato con una fuerza natural corporificada en el hombre que rompe las cadenas del oprobio y se enfrenta resueltamente a la dominación, que hurga en sus entrañas, se sostiene en su identidad, bebe de su raíz autóctona y transforma la realidad que lo inquieta con sentido revolucionario. Un Ariel calibanesco, tocado por los valores de ese otro referente shakesperiano: Caliban. Adquiere el pensamiento y la praxis revolucionaria una mayor connotación, es el gran aporte al pensamiento descolonizador de uno de esos hijos de Ariel que figuró de manera excepcional el ser Caliban.Hablamos de Roberto Fernández Retamar, uno de los grandes intelectuales cubanos y de nuestra América; quien nos brinda las dos caras o posiciones de Ariel (en su ensayo Caliban), a lo que no pudo llegar, a nuestro juicio, José Enrique Rodó. Y refiriéndose a estas posiciones de Ariel nos dice Retamar: “(…) puede optar entre servir a Próspero –es el caso de los intelectuales de la anti-América–, con el que aparentemente se entiende de maravillas, pero de quien no pasa de ser un temeroso esclavo, o unirse a Caliban en su lucha por la verdadera libertad…”[1]

Es Retamar un auténtico escritor, dueño de un estilo reflexivo y transgresor de lo trillado, hombre que ha vivido la Revolución con una eticidad probada, con la dignidad de los verdaderos hijos de la patria. Es Retamar una escuela, reservorio de una cultura prolíferay un constante ejercicio del pensar, que no sólo practica, sino que lo trasmite a las generaciones más jóvenes; de ahí su ejemplo como intelectual comprometido con la historia patria, con el presente desafiante en materia cultural y con el futuro de la humanidad. Hace la conjunción perfecta entre Ariel y Calibán: es un Ariel con entrañas de Calibán, así pudiéramos definirlo.

Siempre al lado de los jóvenes; de ahí su condición de maestro de juventudes. Su apego a los jóvenes se ha evidenciado de disímiles maneras: en sus clases como profesor universitario, exponente de una vanguardia de pensamiento en Cuba, es uno de los fundadores de la Sociedad Cultural José Martí, fue el primer director del Centro de Estudios Martianos y actual presidente de la Casa de las Américas. En ambas instituciones tuvo como premisa la dignidad de la Revolución y aún hoy, en la casa de la cultura nuestroamericana, descolonizadora y promotora del buen diálogo; continúa Retamar invitando a los jóvenes a descubrir las esencias de nuestras vidas.

Martiano raigal, estudioso y promotor de la vida, obra y pensamiento de José Martí; nos acerca, en sus textos sobre el Apóstol de la independencia, al gran pensador, político y ser humano que fue Martí, con un método crítico y una coherencia discursiva que mucho se agradece. Y es que Retamar, como él mismo dijera, es: “fiel a los ideales de José Martí que, en esencia, han permaneci­do y permanecerán vivos, lla­meantes…[2]Es Retamar un maestro de varias generaciones que ha sabido introducirlas en los estudios martianos con originalidad y belleza; de ahí que el Movimiento Juvenil Martiano le haya otorgado su más alta distinción: el premio Joven Patria en el año 2013, y le haya dedicado la edición 44 del Seminario Juvenil de Estudios Martianos, principal evento de pensamiento que organiza.

Es Retamar un intelectual que interpreta con magistralidad la política cultural de la Revolución, y más que eso, ha sabido aplicarla con una ética impresionante y un sentido de lo justo que lo distingue. Desde las medulares palabras a los intelectuales pronunciadas por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y hasta hoy, encontramos en Roberto Fernández Retamar, un referente esencial en la cultura de nuestro país, la identidad y la defensa de los valores y la ideología del Socialismo; un convencido de que la hora actual sigue siendo de lucha, de sacrificios, de definiciones: “…el por­venir que merecemos no ha visto ni verá a los hombres y las mujeres de buena volun­tad conformarse con el des­tino que los poderosos y los avaros, ya impugnados en el sermón de la montaña, definen para los pobres de la tierra, ni ha visto ni verá apagarse la luz encendida por José Martí…[3]

 

Notas

[1]Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban, Fondo Cultural del ALBA, 2006, p.75.

[2]Palabras del Dr. Roberto Fernández Retamar al recibir el Premio Internacional José Martí de la UNESCO el 28 de enero de 2019 en la inauguración de la IV Conferencia Internacional Por el Equilibrio del Mundo, La Habana, Cuba.

[3]Ibídem

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Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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