Fidel: «¡todo el pueblo cubano es hoy un Camilo!»

(FRAGMENTOS DEL DISCURSO PRONUNCIADO POR FIDEL CASTRO RUZ, EN CONMEMORACION DEL XXX ANIVERSARIO DE LA DESAPARICION FISICA DE CAMILO CIENFUEGOS, EN LAWTON, CIUDAD DE LA HABANA, EL 28 DE OCTUBRE DE 1989)

“En los días aquellos en que murió Camilo, estaban las campañas anticomunistas en pleno vigor, como arma, como instrumento principal del imperialismo contra la Revolución para sembrar la desconfianza, para sembrar la división y la duda. Y aquellos problemas de Camagüey fueron originados en esos sentimientos anticomunistas y antisocialistas de elementos de procedencia burguesa, o pequeñoburguesa, que se enrolaron en esa campaña porque ese era su pensamiento dominante y trataron de producir una grieta en la Revolución, una división en la Revolución. Son los sucesos de Camagüey que se han recordado en estos días, cuando un señor —cuyo nombre no vale la pena ni mencionar al lado de los nombres que tenemos que mencionar en un día como hoy, pues no vale la pena mencionar al lado del nombre de Camilo tales personajes, porque Camilo vale un millón de veces más lo que valía ese señor (APLAUSOS)—, cuya bandera era sencillamente el anticomunismo, en nombre del anticomunismo trató de promover la sedición.

Posibilidades de tener éxito no existía ninguna, porque al pueblo no se le puede engañar tan fácilmente. Aunque alguien hubiera podido confundir en aquellos tiempos a unos pocos todavía no suficientemente maduros, sin una suficiente cultura y educación políticas; habrían sido aplastados, pero tal vez se habría derramado sangre en el seno de la Revolución.

En estos días se ha recordado la marcha, junto al pueblo camagüeyano de aquel 21 de octubre. Porque la intención no fue aplastar por la fuerza; estábamos preparados para hacer polvo aquel cuartel, pero lo íbamos a dominar con las masas, con el pueblo. Habría sido fácil disponer de unas cuantas unidades con los morteros, las bazucas y los tanques necesarios para aplastar aquel cuartel, pero la idea fue dominar con la fuerza de las masas a los sediciosos.

Ese día fue uno de los días gloriosos de Camilo, se demostró una vez más lo que era Camilo. Por ahí se ha hecho la historia —he leído algunas reflexiones y algunos datos—, yo la recuerdo muy bien.

La contraofensiva revolucionaria se empezó a hacer por teléfono con el compañero Jorge Enrique Mendoza, que se encontraba en Camagüey; al que se le dio instrucción de tomar una de las estaciones de radio y empezar la denuncia, con el apoyo de un batallón rebelde que estaba en las afueras de la ciudad. Así lo hicieron. Queríamos ver la reacción de los conspiradores, si se lanzaban a recuperar o no la estación. Realmente empezaron a desmoralizarse.

Por la mañana llegamos nosotros, no sé si fue un avión o dos —habrá que ver a algunos de los testigos de aquel episodio para reconstruirlo con exactitud. No recuerdo si llegó Camilo antes que yo, o llegué yo unos minutos primero que Camilo, no recuerdo si es que fuimos en dos aviones o fuimos en tres; pero inmediatamente de recibirse las noticias de la sedición la noche antes, la estación de radio informó a la población de Camagüey la traición de aquel señor, y el pueblo estaba preparado y unido para enfrentarla.

Tan pronto llegamos a la ciudad se reunió una enorme multitud, y con la multitud marchábamos hacia el cuartel, íbamos con el pueblo. Aquella manifestación no habría tenido ningún sentido si ya los conspiradores hubiesen sido dominados, o si ya los conspiradores hubiesen sido aplastados. El pueblo camagüeyano avanzaba desarmado hacia un cuartel.

¿Cuál fue la proeza de Camilo? Camilo se separó de nosotros no sé cómo —habrá que reconstruir todos esos detalles, tienen que haber compañeros vivos que recuerden los detalles—, se dirigió al cuartel, entró al cuartel y desarmó a los conspiradores, los sometió; entró con un puñado de hombres y con su autoridad, con su moral, con su presencia, con su valentía, los doblegó. No hizo falta que el pueblo llegara al cuartel (APLAUSOS).

¿Pero dónde está su sentido de la responsabilidad, dónde está la prueba de sus sentimientos, dónde está el mérito de aquello? El pensó, como podíamos pensar nosotros, que habría tal vez muchos muertos, que tal vez podría producirse una sangrienta balacera. ¿Quién podía garantizar ciento por ciento que se rindieran? Y nuestra idea era tomar el cuartel con las masas, para enseñarles de una vez por siempre a los traidores lo que es ponerse frente a los intereses del pueblo, costara lo que costara (APLAUSOS).

Pudo no ocurrir nada, pudo ser que los conspiradores no se atrevieran a disparar al pueblo, pero tal vez la acción de Camilo salvó muchas vidas; porque también pudo ocurrir cualquier otra cosa, y él se adelantó para evitar una situación y un peligro de esa naturaleza. Es una muestra de la confianza que tenía en sí mismo, de su heroísmo, de su arresto y de su capacidad de actuar, de manera excepcional, en circunstancias determinadas.

Pero lo que esgrimía aquel grupo y su cabecilla, lo que enarbolaba, era la bandera del anticomunismo. Por eso tienen un profundo significado esas palabras de Camilo que escuchamos en el día de hoy, cuando recita los versos de Bonifacio Byrne y cuando plantea que esta Revolución tiene que ir hasta el final.

¿Qué quiere decir Camilo cuando se acaba de aplastar un brote sedicioso anticomunista, con que esta Revolución tenía que llegar hasta el final? ¡El final era el socialismo y el comunismo, ese final que nos proponemos alcanzar! (APLAUSOS PROLONGADOS)

Camilo estaba muy claro sobre lo que significaba revolución: no en balde tenía antecedentes revolucionarios en su familia, no en balde fue trabajador humilde, no en balde bebió desde la cuna las ideas revolucionarias, no en balde tenía un tremendo temperamento revolucionario, no en balde tenía un gran alma revolucionaria.

Ahora es fácil decir esto; pero hay que medir lo que significaba en aquellos tiempos, cuando todavía en nuestro país había tantos prejuicios que se podían hacer leyes revolucionarias y más leyes revolucionarias, y el pueblo las aplaudía, pero ni siquiera se podía mencionar la palabra socialismo.

Vean ustedes que Camilo muere en 1959, y es el 16 de abril de 1961 que se declara el carácter socialista de la Revolución ante el pueblo armado. Y fue el pueblo armado el que levantó los fusiles y apoyó con todas sus fuerzas la idea de la Revolución socialista, cuando ya se habían vencido muchos obstáculos y se había formado una conciencia revolucionaria más madura, cuando no era solo entusiasmo y rebeldía, cuando no era solo odio a la tiranía, sino algo más que eso: un gran objetivo histórico. Y ya en Girón combatieron nuestros hombres y mujeres por el socialismo; ya en Girón derramaron su sangre por el socialismo. Hacía alrededor de año y medio que había muerto Camilo y ya no podíamos contar con su presencia física. Es bueno recordar todo esto.

En aquellos días amargos el enemigo se ensañó con todo tipo de calumnias, haciendo ver que Camilo había sido asesinado, que Camilo había sido desaparecido por problemas y rivalidades; hasta, incluso, alguna vez dijeron que porque Camilo se oponía a la línea de la Revolución, todo ese tipo de infamias. Fueron muy amargos aquellos días, el enemigo no perdió oportunidad —como no la ha perdido nunca— de sembrar veneno y sembrar toda clase de cizaña.

Lo volvieron a repetir cuando el Che. Cuando el Che estuvo mucho tiempo ausente y por razones de su propia seguridad para proteger su secreto, sus planes, sus intenciones, no se podía divulgar la carta que escribió antes de partir, tuvimos que soportar igualmente un diluvio de calumnias de todo tipo.

Eso hicieron también en aquellos días amargos en que desapareció Camilo, al no llegar el avión a su destino, promoviendo una terrible consternación, un insuperable dolor en el pecho de todos sus compañeros, que nos enfrascamos febrilmente en su búsqueda durante casi una semana entera, en la esperanza de que pudiera estar en un islote, en un lugar solitario, en algún punto.

Es bueno recordar estas cuestiones, ya que la causa directa de aquel accidente fue el problema surgido en Camagüey por los elementos anticomunistas. En aquellas circunstancias, Camilo, por sus responsabilidades, tuvo que viajar varias veces a esa provincia; audaz como era, no respetaba ni el día, ni la noche, ni el tiempo y salió hacia la capital en un pequeño avión. Porque en aquella época no teníamos experiencia, ni teníamos aviones seguros, ni teníamos nada, y así unos cuantos compañeros perdieron la vida, pues hubo más de un accidente aéreo; ¡de milagro no fueron más los que murieron de esa forma en los primeros años de la Revolución!

Cobra todo su significado la historia de Camilo, no solo por lo que hizo, no solo por sus heroicas proezas combativas, sino también por sus ideas, por sus conceptos, por sus propósitos profundamente revolucionarios. También por eso decía que un día como hoy Camilo sería feliz, y si hay pelea por delante, más feliz todavía; si hay dificultades, más feliz; si hay reto, más feliz; si quedan injusticias por subsanar, más feliz; y si se mantiene en todo su vigor la lucha heroica e histórica de nuestro pueblo contra el imperio, ¡más feliz sería Camilo!

El camino de nuestro pueblo, la marcha firme de nuestro pueblo, sin claudicación ni vacilación, sus logros en medio de las agresiones y del bloqueo, sus perspectivas futuras, estoy seguro de que habrían entusiasmado extraordinariamente a Camilo.

Es necesario que hoy, cuando lo recordamos con tanto cariño, tengamos presente eso: desapareció temprano, ¡cuánto habría podido hacer en estos años! Pero lo importante es que aquellas cosas por las que luchó con pasión y por las que dio su vida, estén haciéndose y se hayan hecho, y que este pueblo sea el mismo al que él le habló allá, en el viejo Palacio, cuando dijo que la frente no se inclinaría, sino ante los muertos, para decirles un día que la Revolución se ha cumplido.

¡Hoy podemos decir que nos inclinamos ante los muertos para decir que la Revolución se ha cumplido, pero a la vez tendríamos que seguir apelando a los muertos! (APLAUSOS) ¡Podríamos arrodillarnos ante los 20 000 muertos de que habló Camilo, que dieron su vida por la Revolución, a los que habría que añadirles los miles de muertos que dieron su vida para consolidar la Revolución, luchando contra bandidos, luchando contra terroristas, luchando contra mercenarios y los que han muerto cumpliendo gloriosas misiones internacionalistas! (APLAUSOS PROLONGADOS)

¡Qué orgulloso se habría sentido Camilo participando o dirigiendo cualesquiera de esas misiones!, él que dijo que todos los revolucionarios, en cualquier parte del mundo, eran sus hermanos.

Pero les expresaba que no solo podríamos arrodillarnos ante nuestros muertos para decir que la Revolución se ha cumplido, sino que seguimos apelando a nuestros muertos, para que nos acompañen en esta lucha que no ha concluido, para defender lo que se ha hecho, para que nuevos objetivos de la Revolución se cumplan en las batallas que a la Revolución esperan todavía (APLAUSOS); porque los muertos —y eso lo vio Camilo y lo dijo con esas hermosas palabras— nos acompañan.

Por eso hoy hablé de la muerte física, que esa es una cosa, y otra es la presencia del ejemplo, de la inspiración, ¡de los valores morales que nos legaron hombres como Camilo y el Che! (APLAUSOS)

Por eso él dijo y repitió aquella idea de Byrne: ¡Que nuestros muertos, alzando los brazos, serán capaces de defender todavía la patria! ¡Y en la etapa que vivimos, en la consolidación de lo que se ha hecho y en la tarea de hacer lo que falta por hacer, nuestros muertos, alzando los brazos, seguirán luchando y defendiendo a la patria! (APLAUSOS)

(…)

En aquellos días de confusión en que querían atemorizar a todo el mundo con el mote de comunista, o hacer campañas sobre esa cosa terrible que era el comunismo, los camagüeyanos no vacilaron; a pesar de que la prensa burguesa por aquella época estaba alentando a aquel grupo, no hubo un solo camagüeyano que vacilara aquella mañana cuando llegamos con Camilo a Camagüey, y, como un solo hombre, el pueblo entero avanzó hacia el cuartel; estos son tiempos en que hace falta aquella vigorosa y combativo unidad, son tiempos en que hace falta esa maravillosa intuición de Camilo, son tiempos en que hace falta esa maravillosa audacia de Camilo, esa firme convicción de Camilo.

Recuerdo que a raíz de su muerte dije una frase: «En el pueblo hay muchos Camilo.» Camilo salió del pueblo, tuvo la posibilidad de potenciar y desarrollar sus extraordinarias facultades; pero cuando veo a nuestros jóvenes al pie de un torno, al pie de un horno de fundición, cuando los veo en un laboratorio, cuando los veo trabajando 10, 12, 13 y 14 horas, me confirmo más y más en aquella profunda convicción de que en el pueblo hay muchos Camilo.

Y cuando pienso en estos momentos en que en nuestro país se trabaja con entusiasmo, con confianza, con seguridad, sin miedo a nadie ni a nada, sin desalentarse porque puedan surgir dificultades de cualquier tipo; cuando sé que nuestro pueblo es capaz de enfrentarse a cualquier cosa, cuando sé que nuestro pueblo es capaz de alcanzar cualquier objetivo, de alcanzar cualquier meta, de desafiar cualquier peligro; cuando sé que nuestro pueblo es capaz de defender el socialismo, el comunismo y el marxismo-leninismo hasta la última gota de sangre, digo con la misma convicción de aquel año: ¡todo el pueblo cubano es hoy un Camilo!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(OVACION)

 

 

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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