No puedo respirar

Brasil alcanza casi los 500 mil contagios de Covid-19

Fueron las últimas palabras de George Floyd: “No puedo respirar”. Yo tampoco. No logro respirar en este Brasil (des)gobernado por militares que amenazan las instituciones democráticas y exaltan el golpe de Estado de 1964 que implantó 21 años de dictadura; elogian a torturadores y escuadrones de la muerte; establecen un toma y daca con notorios corruptos del Centrão;[1] plagian ostensiblemente a los nazis; manipulan símbolos judíos: traman, en reuniones ministeriales, cómo actuar fuera de la ley; profieren palabrotas en reuniones oficiales, como si estuvieran en un antro de facinerosos; se burlan de quien observa los protocolos de prevención de la pandemia y salen a las calles, indiferentes a los 30 mil muertos y sus familias, como para celebrar tamaña letalidad.

“No puedo respirar” cuando veo la democracia asfixiada; la Policía Miliar protegiendo a neofascistas y atacando a quien defiende la democracia; al presidente más interesado en liberar armas y municiones que recursos para combatir la pandemia; al Ministerio de Educación dirigido por un semianalfabeto que amenaza con repetir la “noche de los cristales” de los nazis, proclama que odia a los pueblos indígenas y propone encarcelar a los “vagabundos” del Supremo Tribunal Federal.

“No puedo respirar” al ver a los comandantes de las Fuerzas Armadas callados delante de un presidente desaforado que no esconde que tiene como prioridad de gobierno su protección y la de sus hijos, todos sospechosos de graves crímenes y de complicidad con asesinos profesionales.

“No puedo respirar” ante la inercia de los partidos que se autocalifican de progresistas, mientras la sociedad civil se moviliza en contundentes manifestaciones de indignación y en defensa de la democracia.

“No puedo respirar” ante ese empresariado que, con los ojos puestos en el lucro e indiferente a las víctimas de la pandemia, presiona para que se abran de inmediato sus negocios, mientras que los lechos hospitalarios están llenos y se multiplican en los cementerios las fosas comunes como encías desdentadas de Tánatos.

“No puedo respirar” cuando en Brasil y en los Estados Unidos se agrede, encarcela, tortura y asesina a ciudadanos por el “crimen” de ser negros y, por tanto, “sospechosos”. Me falta el aire al ver a João Pedro, un muchacho de 14 años, perder la vida dentro de su casa al recibir un tiro de fusil por la espalda mientras jugaba con sus amigos. O a repartidores asesinados por policías que nos consideran imbéciles cuando tratan de justificar la muerte de tantos civiles desarmados.

“No puedo respirar” al pensar que el bárbaro crimen cometido contra George Floyd se repite diariamente y esos asesinatos permanecen impunes porque no hay una cámara para filmarlos. O al ver a Trump, desde lo alto de su arrogancia, reaccionar a las protestas antirracistas amenazando con callar a los manifestantes acusándolos de terroristas y haciendo intervenir las tropas del ejército.

¿Cómo oxigenar mi ciudadanía, mi espíritu democrático, mi tolerancia, al verme cercado por imitadores del Ku Klux Klan; por generales improvisados como ministros de Salud en plena tragedia sanitaria; por manifestantes que infringen impunemente la ley de seguridad nacional; y poruna Bolsa de Valores que sube mientras millares de ataúdes bajan a las tumbas que reciben a las víctimas de la pandemia?

¡Tengo que respirar! No dejar que sofoquen a la sociedad civil, los medios de comunicación, la libertad de expresión, el arte, los derechos civiles, el futuro de la generación condenada a vivir este presente nefasto.

Respiro, a pesar de todo, cuando leo lo que el diseñador Marc Jacobs posteó en Instagram después de que las protestas en Los Ángeles destruyeran uno de sus establecimientos: “Nunca dejes que te convenzan de que los vidrios rotos o el saqueo son violencia. El hambre es violencia. Vivir en las calles es violencia. La guerra es violencia. Bombardear a las personas es violencia. El racismo es violencia. La supremacía blanca es violencia. La carencia de cuidados de salud es violencia. La pobreza es violencia. Contaminar fuentes de agua para obtener ganancias es violencia. Una propiedad puede recuperarse, las vidas no.”

Hago míos los versos de Cora Coralina: quiero “más esperanza en mis pasos que tristeza sobre mis hombros”.

(Tomado de Cubadebate)

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Fidel, una criatura excepcional

Por: Elier Ramírez Cañedo, Wilmer Rodríguez Fernández

Fernández Retamar junto a Fidel Castro y García Márquez. Foto: La Ventana/Casa de las Américas.

“He vivido, enseñado y aprendido en muchos países, publicado más de veinte libros, conversado con centenares de personas, pero nada fue, ni desde lejos, tan importante como haber conocido a Fidel”, confesó el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, a menos de dos meses de su muerte, en su última entrevista.

Solo por el hombre del que hablaríamos aquella tarde de mayo él aceptó la entrevista. Fue hace apenas tres meses cuando llegamos a su casa del Vedado, allá por las calles H y 23, y desde el saludo de su hija en el portal comprendimos que Roberto Fernández Retamar, uno de los intelectuales más lúcidos de Cuba, no estaba bien de salud, pero a pesar de ello nos recibiría para ir tras sus recuerdos y anécdotas de Fidel.

No fue la nuestra una conversación de butacas y tazas de café, sino una mucho más íntima, de esas donde los hombres se abren el pecho a todo dar y sacan de lo más hondo las palabras que quieren que el viento no se lleve y perduren como escritas en las piedras. Allí, donde atrapó los últimos sueños y desvelos encontramos a Retamar, enfermo, acostado en su cama, rodeado de libros, pero lúcido y decente como siempre.

“Dentro de unos días voy a cumplir 89 años, edad a la que llegaré si los dioses son propicios, porque últimamente me han ocurrido muchísimas cosas”, fue de las primeras ideas que nos dijo; y así, como robándole minutos a la vida durante casi dos horas lo escuchamos hablar del Fidel que vio por vez primera en su juventud universitaria, y del guerrero, estadista e intelectual que nació y creció en la lucha revolucionaria, y se convirtiera después en su amigo.

A sus 88 años entre letras y batallas, Retamar confesó que había vivido, enseñado y aprendido en muchos países, publicado más de veinte libros, conocido centenares de personas, pero nada fue, ni desde lejos, tan importante como haber conocido a Fidel, “una criatura absolutamente excepcional que, para mí, solo es comparable con Simón Bolívar y con José Martí, esa es la tríada gigantesca de nuestro continente.

Roberto Fernández Retamar: Hace poco me pidieron que inaugurara una actividad en la Casa de las Américas, por el sesenta aniversario. No podía hacerlo —estoy encamado por problemas de salud—, pero yo había grabado algo, y pasaron esa grabación, en la que yo terminaba mencionando esa extraordinaria observación de Carlos Marx de “el viejo topo de la historia”.

Marx decía que la historia tiene más imaginación que nosotros, y hay el viejo topo de la historia, que uno no sabe dónde está trabajando. Y entonces, yo ponía el ejemplo: bueno, fuera de Fidel y algunos héroes legendarios, ¿en 1958 quién hubiera dicho que meses después se iba a desatar una de las grandes revoluciones de la historia? ¡Nadie! Bueno, Fidel sí.

Elier Ramírez: Hasta el punto de que ya en abril de 1961 se estaba declarando el carácter socialista de la Revolución, mucho menos imaginable, ¡era un imposible!

Roberto Fernández: O sea que realmente creo, como Marx, que la historia tiene más imaginación que nosotros y creo en “el viejo topo de la historia”. No sabemos en qué país, en este momento, está ocurriendo algo que puede desembocar en una cosa extraordinaria, así ha pasado.

El 24 de octubre de 1917, nadie en Petrogrado pensaba que unas horas después iba a estallar la Gran Revolución. Pero Lenin posiblemente sí. Lenin, como Fidel, vio lejos, ¿no? Había quien decía, hubo un gobernante de Argelia que decía: Fidel va al futuro, regresa y luego lo cuenta (Risas).

Elier Ramírez: Buteflika.

Roberto, yo creo que le explicaba, más o menos, lo que estamos haciendo, la intención que teníamos de empezar a hacer todas las entrevistas que podamos de vivencias, anécdotas, valoraciones sobre Fidel y sobre todas las personas que compartieron, en alguna medida, su época, compartieron con él, porque nos parece imprescindible para hoy y para el futuro.

Roberto Fernández: ¿Tú recibiste el libro, que tiene un texto tuyo y yo le hice el prólogo?

Elier Ramírez: Sí, cómo no, con el prólogo, excelente el prólogo suyo, los trabajos también.

Roberto Fernández: Muy bueno, útil, realmente.

Elier Ramírez: Se presentó en la Casa de las Américas, yo estuve allá.

Roberto Fernández: Lo malo que tiene ese libro que, realmente, me disgustó mucho, es la portada.

Siendo Fidel un hombre de aspecto tan extraordinario, las fotos de Fidel son memorables, solo comparables con las fotos de Mella que hizo Tina Modotti, o algunas del Che; por qué hacer un dibujo malísimo, en lugar de una foto.

Elier Ramírez: A mí tampoco me gustó la portada. Una portada fría, incluso.

Roberto Fernández: Fría, fría completamente. Pero el libro es útil.

Elier Ramírez: El contenido está muy bueno.

Roberto Fernández: El libro es útil, el trabajo ahí es bueno, realmente.

Y hay que hacer muchas cosas de esas, hay que mantener viva la memoria de Fidel. Se murió, como se murió Bolívar, como se murió Martí. Pero sin Martí no podríamos vivir, y sin Bolívar tampoco.

Elier Ramírez: Ciertamente.

Roberto Fernández: Es decir, Martí sigue siendo… Ya sabemos que todo el mundo se muere; pero no todo el mundo desaparece.

Yo estoy ahora leyendo mucho sobre Martí, de nuevo, me he pasado la vida leyendo sobre él, desde que yo tenía 12 años, porque me han pedido el prólogo del Diario de Campaña, traducido al francés. Me estoy leyendo muchas cosas y me he encontrado algunas sorpresas. Me he llevado algunas sorpresas.

El Diario de Martí, el llamado Diario de Campaña. Bueno, le han llamado ahora Diario de Campaña a dos diarios, el que él escribió de Santo Domingo a Cabo Haitiano, y el que él escribió de Cabo Haitiano a Dos Ríos, que es el auténtico Diario de Campaña. Entonces, ese último no apareció. Y en el año 1941 —aunque dice la portada que es en 1940, pero el colofón dice que es en 1941— apareció el Diario de Campaña de Máximo Gómez y, sorprendentemente, en el Diario de Campaña de Máximo Gómez, aparecía estampado el Diario de Campaña de Martí.

Evidentemente, un combatiente llamado Ramón Garriga —que era el que tenía el diario—, se lo dio a Gómez, como es natural, y Gómez hizo lo que tenía que hacer, lo cogió.

Entonces, yo tengo ahí la primera edición del Diario de Campaña de Gómez, que he leído muchas veces. Gómez que, por cierto, también era una criatura excepcional. No, y Maceo, ¡eran extraordinarios! Parece mentira que Cubita haya dado tanta gente maravillosa. En ese diario aparece el Diario de Martí. Pero el día 6 de mayo —o sea, el día siguiente de la reunión en el ingenio Mejorana—, aparecen ahí cuatro páginas en blanco, es uno de los grandes misterios de la historia de Cuba. ¿Qué pasó con esas cuatro páginas, las arrancó Martí, las arrancó Garriga, las arrancó Gómez? No se sabe.

Elier Ramírez: ¿Los familiares de Gómez? Ahí no se sabe, sería especular.

Roberto Fernández: Pero, hace un tiempo, en el anuario martiano, cuando lo dirigía —que lo dirigía muy bien— Cintio Vitier, salió un trabajo de una persona que no conozco, que se llama Abdiel Berrío y él sostiene ahí una tesis bastante impresionante. Dice que muerto Martí el día 19, inmediatamente Gómez, que no pudo vencer a Sandoval —porque tenía una tropa grandísima—, regresó.

Gómez le había dicho a Martí: “Quédese aquí”, prácticamente le había dado la orden de que no se incorporara a la lucha, lo que era lógico; pero Martí no hizo caso, y a Martí después lo mataron.

Cuando regresa Gómez, busca a Martí, no lo encuentra y le cuentan lo que ha ocurrido. Gómez queda desolado, y al día siguiente, un periodista norteamericano —los periodistas norteamericanos estaban en las tropas cubanas— le hace una entrevista a Gómez. Y recuerdo que en esa entrevista —que salió en un periódico norteamericano famoso, pero, además, se tradujo y salió en La Habana y también en muchos lugares, traducido— Gómez dice: “Si Martí se hubiera quedado conmigo, estaría vivo.” Él estaba vestido —no estaba vestido de campaña— con bombín, zapatos y todo, porque él debía salir hacia los Estados Unidos.

Parece que en Mejorana —eso no se dice, esas cuatro páginas arrancadas tienen un misterio particular—, parece que en Mejorana, Gómez y Maceo acordaron, una cosa que es hasta cierto punto irracional, que Martí no pintaba nada en la guerra y era fundamental en la preparación; pero, por otra parte, Martí no quería que lo acusaran de ser un guerrero de salón. La lucha es complicada, y parece que Martí, incluso, le dice a Maceo: “Bueno, déjeme escuchar el primer tiroteo, por lo menos.”

Bueno, lo cierto es que Martí está vestido, y por eso… A mí me llamaba la atención… Hay una escultura que hizo una norteamericana —que Eusebio Leal trajo aquí—, de Martí muerto a caballo, y está vestido con traje de gala. Y yo me dije: Esta mujer se equivocó. Martí estaba vestido como… No, no se equivocó, Martí estaba vestido con traje de gala, porque se iba, efectivamente, para Jamaica, posiblemente vía Santiago. Entonces, eso ha quedado así en el aire.

No sé si tú conoces un libro francamente maravilloso, de un autor joven llamado Froilán Escobar, ese libro lo conocen pocos, se llama Martí a flor de labios.

Elier Ramírez: Martí a flor de labios, ¡lindísimo!, yo lo leí.

Wilmer Rodríguez: Hace unos 20 años que se editó, en el noventa y tantos.

Roberto Fernández: Es un libro increíble.

Elier Ramírez: Pero se volvió a editar creo en los 2000, por la editorial Abril.

Roberto Fernández: Dice Cintio: “este libro es un prodigio…”

Elier Ramírez: Martí a flor de labios, es precioso.

Roberto Fernández: “…el único que lo hubiera podido prologar es José Martí” (Risas).

Entonces, en una de esas conversaciones de los muchachos, una de las últimas, un muchacho cuenta que Martí está vestido de calle, porque se iba, salía de Cuba. O sea, una versión más de que se iba.

Siendo así las cosas, ¿qué llevó a Martí a lanzarse a la batalla? Quería morir en batalla y no morir fuera, que le hubieran dicho horrores: cobarde, abandonó la guerra. Él sabía todas esas cosas, los enemigos lo iban a tratar… Entonces, entre esa opción y morir peleando, él prefería morir peleando; el revólver que llevaba no disparó una sola bala.

Entonces, esto no voy a tratarlo en el prólogo del Diario, pero me ha conmovido mucho leer todos esos materiales.

Fidel Castro junto a Roberto Fernández Retamar. Foto: La Ventana/Casa de las Américas.

Elier Ramírez: ¿Usted ha leído Dos Ríos: a caballo y con el sol en la frente?, de Rolando Rodríguez.

Roberto Fernández: Sí, sí.

Elier Ramírez: Porque él encontró los papeles que llevaba Martí arriba. Incluso él maneja la hipótesis de que Martí quería presenciar, escuchar las balas, dar el ejemplo. Martí decía: “Yo evoqué la guerra, mi deber empieza con ella, lejos de terminar”, pero que quería incluso llegar a Camagüey, a hacer gobierno en Camagüey y después entonces valoraría su destino.

Roberto Fernández: Así le dice a Mercado. Llevaba la carta a Mercado encima. Esa carta nunca la conseguimos los cubanos, esa carta la consiguió un militar español que se llama como nuestro amigo, Enrique Ubieta, supongo que no tiene parentesco ninguno, pero, bueno… Y este español, como español —como entonces se decía— pundonoroso, guardó todos los materiales de Martí e hizo publicar la carta a Mercado, y así la conocimos nosotros, que no tenemos la carta, pero que quedó inconclusa: “…Hay afectos de tan delicada honestidad…” Ahí termina. Entonces, me ha quedado la duda de si realmente era así, si Martí estaba obligado a irse. Porque todo el mundo tenía razón ahí, Gómez y Maceo tenían razón, porque, ¿qué pintaba Martí en medio de la guerra? Y Martí tenía razón, porque él quería estar en la guerra y no fuera.

Yo una vez tuve una conversación —ahora voy a citar a Fidel—, estábamos en una embajada, creo que en Uruguay, estábamos Fidel y yo, y durante un breve tiempo yo tuteé a Fidel; la mayor parte del tiempo, como es natural, le decía usted, pero en ese momento, no sé por qué, yo lo tuteaba, y surgió el tema de la muerte de Martí —todos los cubanos lo llevamos en el corazón siempre— y dijo Fidel: “Martí no debió haber ido nunca a la guerra.” Yo me quedé empavorecido y le dije: Fidel, la última persona en la Tierra que puede decir eso eres tú, porque si tú no vienes a pelear a Cuba tú no puedes dirigir la Revolución Cubana.

Pero el otro día una amiga me hizo una observación muy inteligente, que posiblemente era lo que estaba en el corazón de Fidel, porque lo que sentía Fidel por Martí era como hacia un padre, porque Fidel no quería que le mataran a su padre.

Elier Ramírez: Quería protegerlo hasta cuando ya no estaba.

Roberto Fernández: Esa debe ser la verdadera razón, porque a Fidel eso le bastó para darse cuenta de que Martí tenía que dirigir la guerra para poder dirigir la república, y él quería que la república naciera de las entrañas de la guerra, como no fue el caso, para nada; la república vino a salir de las entrañas de la guerra en 1959, que se hizo la república que Martí quería.

Bueno, vamos a comenzar entonces.

Yo estaba pensando, si a ustedes les parece bien, en lugar de enumerar…, hablar de distintos modos, de distintas cosas.

Wilmer Rodríguez: Una conversación.

Roberto Fernández: Dentro de unos días voy a cumplir 89 años, edad a la que llegaré si los dioses son propicios, porque últimamente me han ocurrido muchísimas cosas.

He visitado países en casi todos los continentes, he vivido en algunos de ellos, aparte de Cuba; he enseñado y aprendido en muchos de esos países también. He publicado más de veinte libros. He conocido centenares de personas, pero nada es, ni desde lejos, tan importante para mí como haber conocido a Fidel, una criatura absolutamente excepcional que, para mí, solo es comparable con Simón Bolívar y con José Martí, esa es la tríada gigantesca de nuestro continente.

Sin embargo, como había una pequeña diferencia de edad entre nosotros, en la universidad donde estudiamos no nos llegamos a conocer, él estudiaba Derecho y yo estudié primero Arquitectura un año y después Filosofía y Letras, ya él era alumno por la libre, o sea, que no asistía regularmente a clases, sino que iba a exámenes, de manera que nos vimos pocas veces, pero nos vimos, incluso pertenecíamos a algunas instituciones: por ejemplo, la FEU tenía un sector favorable a la liberación de Santo Domingo en el Comité Pro Democracia Dominicana, y Fidel pertenecía a este comité.

Había otro comité pro república española y yo pertenecía a ese comité. Lo primero hizo que Fidel se involucrara en lo que iba a ser conocido como la expedición de Cayo Confites y que se sintiera moralmente obligado a participar en esta expedición, que desgraciadamente fracasó. Incluso es famoso que Fidel se tiró al agua y logró salir. Una vez le preguntaron: ¿Es verdad que se tiró al agua? Y dice él: “Bueno, si no me hubiera ahogado.”

Además, pertenecíamos al Comité 30 de Septiembre, que lo presidía el Presidente de la Asociación de Derecho, Baudilio Castellanos, que le decían Bilito, y que después con el tiempo sería abogado de los asaltantes al Moncada, una figura…

Pero a pesar de eso nunca nos encontramos, nunca hablamos cara a cara, cosa que lamento mucho, pero sí lo recuerdo muy bien, y lo he contado. En una ocasión en que los estudiantes habíamos tomado la universidad de La Habana —ya no recuerdo por qué motivo, supongo que para impedir que aumentara el pasaje o algo así— y estábamos merodeando por ahí por la universidad, por la Plaza Cadenas, que ahora se llama Ignacio Agramonte, y en la universidad había un teatro universitario muy bueno que hacía sus representaciones en ese sitio, frente a lo que era entonces la Escuela de Ciencias, montaban una tarima y ahí hacían sus obras. Y parece que había sido el día anterior y no habían desmontado la tarima, y entonces Fidel se encaramó en la tarima. Me impresionó mucho, porque el perfil de Fidel es el perfil de los héroes griegos, es decir, de Aquiles, aquel que aparece en La edad de oro, de La Ilíada, y entonces empezó a hablar: Compañeras y compañeros; empezó a hablar a favor de la toma, y en un momento dado, cuando llega la…, pero en fin, ya era mediodía: “Hace mucho calor aquí, así que yo los invito a marchar todos hacia el Palacio Presidencial a hacer nuestras presiones.” Yo me quedé estupefacto, porque era la primera vez que oía a Fidel hablar y realmente era un orador extraordinario, se llevó a la masa consigo.

Ya después no recuerdo más de Fidel. Bueno, vino lo que vino, la preparación del Moncada, el Moncada, etcétera.

Y al triunfo de la Revolución, yo había pertenecido a un movimiento llamado de Resistencia Cívica, donde mi hermano Manolo tenía un papel muy destacado, ese hermano era íntimo de Camilo, porque éramos del mismo barrio, y nunca se perdonó no haber acompañado a Camilo en la Sierra. Yo le dije: Pero, Manolo, tú hiciste una tarea importante. “Sí, pero tenía que haber estado con Camilo”.

Cuando Camilo bajó de la Sierra fue a ver a los padres, y Manolo, que era íntimo de él, también fue a ver a los padres y se encontraron los dos, y la escolta de Camilo palanqueó para matar a Manolo, porque Manolo se tiró sobre Camilo y Camilo dijo: “No, no, no, es mi hermano, es mi hermano.” Entonces Camilo le pidió que lo acompañara en el ejército, y Manolo se negó porque le había quedado que no había estado con Camilo en la Sierra.

Siempre he pensado —el pensamiento es libre— que a lo mejor si Manolo hubiera trabajado con Camilo, no se hubiera muerto Camilo, a lo mejor hubiera habido alguna voltereta ahí, porque eran hermanos; eran unos locos que de muchachos se metían en la manigua a dispararse perdigones, no era para matar. Alguien me preguntó sobre Manolo, que para mí era mi hermano entrañable, el más brillante, el más romántico de todos nosotros, y yo le dije que cuando lo fueron a procesar para el Partido, un amigo entrañable dijo: Manolo no erraba. Manolo era un rebelde con causa. Y yo le dije, cuando me preguntó sobre Camilo: ¿Y acaso Camilo no era lo mismo, un rebelde con causa?

El caso es que al triunfo de la Revolución yo empecé a conocer a algunos dirigentes. Muy someramente conocí a Camilo, muy someramente, pero conocí más profundamente a Armando Hart que era ministro de educación y a su compañera Haydée…, yo iba a trabajar tan entrañablemente unido a Haydée.

Al triunfo de la Revolución la casa de Manolo fue prácticamente un cuartel del Movimiento de Resistencia Cívica, al punto de que la primera vez que Armando Hart salió de la cárcel y llamó por teléfono, llamó a esa casa y fui yo el que salió al teléfono. Yo hice muy buena amistad con Armando que era una persona extraordinaria. Y pasado el tiempo Armando me nombró en un cargo -en esa época había cargos rimbombantes-, que era director de relaciones culturales con el extranjero, tenía una oficina en el Ministerio de Educación y otra oficina en el Consejo Nacional de Cultura. Y extrañísimamente, para mi gran sorpresa, cuando fui a tomar posesión se apareció Fidel. Que yo recuerde fue la primera vez que lo vi después del triunfo de la Revolución. Me sorprendió completamente. Pero Fidel no se cansaba de sorprender y aparecía en cualquier parte, en un bar, en un taller, en una oficina. Creo que esa fue la primera vez que vi a Fidel.

Después, lógicamente, lo vería muchas veces más, no voy a tratar de enumerar todas ellas, pero voy a tratar de mencionar…

Fidel junto a trovadores cubanos. Foto: La Ventana/Casa de las Américas.

Elier Ramírez: Cuando Palabras a los intelectuales, que usted estaba ahí también.

Roberto Fernández: Claro, cuando Palabras a los intelectuales, que fue en junio de 1961, da la casualidad que yo estaba sentado al lado de donde se paró Fidel a dar su extraordinario discurso, un discurso que sigue siendo una guía; bueno, tú has trabajado sobre eso.

Yo he sugerido en algunas ocasiones una sola cosa: en ese discurso Fidel constantemente está aludiendo a intervenciones de otras personas, hace falta una edición en que se mencione qué es lo que las personas han dicho. Por ejemplo, un escritor católico, Mario Parajón, preguntó qué derechos tendrían los católicos en la Revolución. No sé por qué Lisandro Otero –que se equivocó más de una vez sobre eso- dijo que el que había hablado era Eliseo Diego, que no es verdad, era Mario Parajón. Lisandro también dijo que el primero que habló fue Virgilio Piñera, porque dijo: Voy a empezar a hablar, porque tengo más miedo que nadie. Eso es falso, Virgilio habló mucho después, incluso habló mucho después de mí y me cita a mí en sus palabras.

O sea, hay que, quizás —y a ti te toca eso— hacer otro trabajo político-filológico para rescatar eso tal como fue.

Bueno, el título mismo no se lo puso Fidel y no es un título feliz, no es Palabras a los intelectuales, intelectuales son también los médicos, los ingenieros, los mecánicos, los dentistas; palabras a escritores y artistas, no intelectuales, palabras a escritores y artistas, los que estábamos ahí no éramos ninguna de esas otras cosas que yo mencionaba; éramos escritores y artistas, unos buenos, otros malos, unos excelentes y otros peores, pero todos escritores y artistas.

Valdría la pena, aunque me estoy saliendo de la conversación, hacer una edición rigurosa de esas palabras que fueron realmente la guía de nuestra vida cultural hasta que llegó el llamado “Quinquenio gris”, que fue la traición de esas palabras de Fidel; hasta que nombraron ministro de Cultura a Armando Hart no se retomó el espíritu de esas palabras y continuó la línea, que yo encuentro magnífica, de la vida cultural de la Revolución Cubana. Lo que no quiere decir que no hayamos cometido errores. Pero es así.

Otros encuentros con Fidel. He adelantado que en dos ocasiones me invitó a que lo acompañara a la toma de posesión de dirigentes latinoamericanos, una vez en Brasil y otra en Venezuela. En Brasil recuerdo, particularmente, la brillantez de sus palabras, porque un politicastro español que no voy a nombrar, había dicho ya en el momento de la debacle del campo socialista, etcétera, que Cuba tenía que cambiar, que Cuba tenía que cambiar como cambiaron los demás países llamados socialistas o de lo contrario íbamos a ser como Numancia. Numancia es una pequeña ciudad española –Maguncia y Numancia- que combatieron a los romanos hasta la muerte, se dejaron asar, o sea que lo que decía este politicastro, llamado Felipe González, que si no hacíamos lo que él nos sugería, nos iban a matar a todos.

Entonces Fidel, con su prodigiosa inteligencia y su prodigiosa erudición dijo: No, si tenemos que hacer como Numancia, seremos Numancia a mucha honra, pero nuestra esperanza es ser como el pueblo español, cuando a principios del siglo XIX combatió contra las tropas napoleónicas y las venció; si no fuera por eso, ahora estarían hablando francés. Yo me quedé boquiabierto, realmente era de una inteligencia deslumbrante.

En vísperas de ese viaje a Brasil, los que lo íbamos a acompañar no estábamos con él, estábamos en un local más o menos resguardado y alguien vino a decirme: Fidel te ha nombrado. “¿A mí?” Dice: Sí, dijo: “En la delegación va a ir con nosotros el Quijote cubano.” En lo adelante me siguió diciendo el Quijote.

Pero un tiempo después, precisamente en casa de Armando Hart, estaba Fidel con una serie de invitados extranjeros, y estaba Raúl, y Fidel se dirigió a mí y le dijo a Raúl: “¿Qué te parece, Raúl, el Quijote cubano?.” Dice Raúl: “No, Fidel, él no quiere ser Quijote, él quiere ser Cervantes”. Yo no pensaba que Raúl tuviera ese grato ingenio y en lo adelante Raúl me dijo Cervantes, nunca me dijo Quijote.

Bueno, en el viaje a Venezuela hablamos de muchas cosas, tuvo la gentileza de preguntarme qué tal había estado él. Estuvo, desde luego, muy bien aquí o allá.

En un momento dado una periodista norteamericana le hizo una pregunta tramposa, a la cual Fidel respondió como solemos responder nosotros, los varones cubanos, con cierto rasgo machista, que eso tú sabes que para las feministas es fatal y para las feministas estadounidenses, mortal. Me dijo: “¿Qué te pareció mi intervención?” “Bueno, Comandante, me pareció muy buena, pero debo decirle –esta es mía- que la periodista lo entrampó y le hizo una pregunta a la que usted respondió como hubiera respondido yo como machista”, y él no dijo nada. Pero cuando en Cuba se pasó el documental, no estaba esa parte. O sea, por esas y muchas otras razones es que Fidel sí aceptaba críticas, sí aceptaba comentarios que no siempre coincidían con los suyos.

Yo, por lo general, estuve ciento por ciento de acuerdo con él y así se lo dije; pero en alguna ocasión que acabo de mencionar, en que le hice alguna sugerencia, él era sensible a esa sugerencia. Así que cuando yo oigo decir que Fidel no admite la crítica, no puedo aceptarlo. Yo creo que él sí aceptaba la crítica; por supuesto, había que saber hacérsela, había que ver la ocasión en que se hacía. Mil cosas sabía, como es natural; pero Fidel, por lo general, aceptaba grandiosamente…, también era sensible a alguna crítica.

En otras ocasiones, saltando así de palo pa’rumba, cuando murió Haydee, Fidel tomó la costumbre de invitar al Palacio de la Revolución, a principios de año, a los miembros del jurado del Premio Casa de las Américas y estuvo haciéndolo durante muchos años. Y, claro, a mí me correspondía presentarle a ese jurado, así que teníamos una relación on él muy estrecha, y él era de una generosidad con ese jurado, les contestaba, a todos les preguntaba, se pasaba hasta la madrugada hablando con ellos. La capacidad de persuasión, la capacidad de bondad de Fidel era infinita.

Wilmer Rodríguez: Fidel, además de ser un político, de un guerrillero, era un intelectual. ¿Qué valoración hace usted de ese hombre de letras y de pensamiento que fue Fidel?

Roberto Fernández: Más de una vez le dije: “Usted no es solo un guerrillero, usted es un intelectual”, y no le gustaba, no le gustaba que le dijeran eso. Por supuesto que lo era, era un superintelectual, pero no le gustaba que se lo dijeran. Lo considero un superintelectual.

Elier Ramírez: Le gustaba más el calificativo de guerrillero.

Roberto Fernández: Le pasaba como a Martí, que prefería que lo tomaran como guerrero que como un intelectual.

Wilmer Rodríguez: Pero tiene una obra vastísima Fidel.

Roberto Fernández: No, no, era un intelectual de primer orden, extraordinario. Antes de la Revolución, los artículos de él en Bohemia eran extraordinarios, los artículos que publicaban en la prensa, en otros lugares y lo que siguió publicando hasta el final.

Lamento que no me haya aceptado mi sugerencia, pero era un tremendo intelectual (Risas). Me hubiera gustado que me dijera que sí, pero seguramente si le hubiera dicho algo parecido a Martí, Martí me hubiera respondido como Fidel: “Yo soy un guerrero” (Risas).

Fidel Castro junto a Roberto Fernández Retamar. Foto: La Ventana/Casa de las Américas.

Elier Ramírez: ¿Y era sensible a la poesía?

Roberto Fernández: Muy sensible, muy sensible; no tan sensible como el Che. El Che que no era un buen poeta —para no decir que era un mal poeta—, era un lector de poesías apasionado y un gustador de poesías apasionado, más que Fidel; pero Fidel también era un buen lector de poesías. Incluso, a cada rato, en sus discursos mencionaba poemas, y en una ocasión yo le pregunté. Mencionó unos versos de Espronceda, La canción del pirata: “Y si caigo/¿qué es la vida?/Por perdida/ya la di,/Con el yugo/de un esclavo/como un bravo/sacudí”. Y yo le dije después que lo oí: “Comandante, ¿y esa cita de poesía?” “Me parece mentira que me lo preguntes tú, con la poesía se puede decir todo” (Risas). Varias veces citaba poemas y recordaba muchos poemas, sobre todo de cuando era estudiante de los jesuitas.

Como ha señalado con mucha sagacidad Frei Betto, el estudio por Fidel con los jesuitas fue fundamental, ahí se forjó su carácter. No se forjó su condición de revolucionario, esa se forjó en la Universidad de La Habana; pero su carácter sí se forjó con los jesuitas.

Wilmer Rodríguez: Fidel era un hombre de una memoria extraordinaria.

Roberto Fernández: Sí.

Wilmer Rodríguez: Se acordaba de todo.

Roberto Fernández: Sí, extraordinario.

Dos veces yo llevé a mi hija que es médica y había sido internacionalista en África, dos veces la llevé a reuniones con Fidel y las dos veces se acordaba de ella perfectamente. La memoria de Fidel era de elefante, no tiene nombre, se acordaba absolutamente de todo; no sé de qué no se acordaría.

Frei Betto, que escribió ese libro tan importante, Fidel y la Religión —un libro importantísimo sobre el que voy a volver después—, él atribuía esa resistencia de Fidel al dolor, a la pena, a todo, se lo atribuía a la enseñanza de los jesuitas, que los jesuitas le enseñaron a resistir.

Fidel, cuando estaba preso se empezó el rumor de que iban a liberar a los presos, que Batista lo iba a hacer para hacer las elecciones, qué sé yo, hubo vacilaciones y Fidel ni corto ni perezoso respondió: “Prefiero cien años más de cárcel que ser liberado en esas condiciones”. Era de una fortaleza verdaderamente excepcional.

Yo creo que en la historia de la humanidad no hay muchos hombres como Fidel, no ya en Cuba, no ya en América, en el mundo. Hay que remontarse a figuras excepcionales como lo era él realmente.

¿Estaba yo hablando de…?

Elier Ramírez: De los momentos que coincidió con Fidel en los viajes que hizo.

Yo le iba a preguntar, porque recuerdo que usted hablaba de Venezuela, pero recuerdo cuando era más joven que en la televisión se puso a Chávez y creo que estaba el Comandante, pero usted estaba en la primera fila y Chávez lee algo o lo menciona a usted y lee. No sé si es ese viaje a Venezuela, o ese fue posterior.

Roberto Fernández: Fue posterior. De la Venezuela que hablé, es cuando fue electo presidente este bandido.

Wilmer Rodríguez: Carlos Andrés Pérez.

Roberto Fernández: Que, por cierto, Fidel habló, y cuando Fidel hablaba hasta las piedras temblaban. Entonces, cuando estoy en el avión me preguntó Fidel qué me había parecido la intervención de Carlos Andrés y la de él. “Le voy a ser sincero: usted acabó con Carlos Andrés, él se sintió profundamente celoso de usted, porque el pueblo no lo seguía como seguía a Fidel”.

Esto que tú dices es mucho tiempo después, cuando Chávez es el Presidente.

Pasó una cosa francamente curiosa, Elier. Al principio del llamado período especial, en 1991, hubo un periodista o un escritor chileno que visitó varios países latinoamericanos haciéndoles entrevistas a intelectuales de cada uno de esos países.

Yo debo reconocer que no soy un guerrero, soy intelectual, me da mucha pena tener que confesarlo. No he dejado de tener armas en la mano y no he dejado de combatir, pero soy un intelectual. Y él escogió como intelectual de Cuba a mí y escogió a Octavio Paz, en México, a fulano, mengano y zutano.

Bueno, era una situación bastante difícil porque empezaba el período especial y Cuba estaba en la “fuácata” realmente. Me hizo muchas preguntas enojosas a las que yo… “Es un proyecto ya sobrepasado, ¿no?” Yo dije: “No, es un proyecto del porvenir, no sobrepasado”. Evidentemente, eso lo leyó en la cárcel Chávez y le produjo —digo yo, me imagino— un impacto tremendo, porque a cada rato me citaba, para mi sorpresa. Incluso, tiempos después, me impuso la medalla.

La muerte de Chávez es otra tragedia, murió joven. ¿Será posible que los yanquis le hayan inoculado cáncer, como se dice? No sería imposible. Y murió en plena juventud.

Mi hija me contó una cosa muy bonita. A un hombre humilde, zapatero, no sé qué, a la muerte de Chávez le preguntaron: “¿Qué piensa usted de la muerte de Chávez?” Y él respondió: “Lo siento mucho, porque él hacía feliz a Fidel”. ¡Qué bonito!

Elier Ramírez: ¿Y usted lo pudo ver? ¿Esa relación entre ellos dos la pudo palpar directamente?

Roberto Fernández: Cómo no, cómo no. Bueno, parecían padre e hijo. A pesar de que cuando nació Chávez, Fidel estaba en la cárcel, o sea, Chávez era de otra generación. A diferencia del Che que era de la misma generación que Fidel, Chávez era de una generación más joven; pero llegaron a tener una identificación verdaderamente extraordinaria. Chávez quería mucho a Fidel, aprendió mucho de Fidel; pero tenía también lo suyo, aportó también lo suyo, no se limitó a recibir, dio también. La nueva Venezuela, la Venezuela bolivariana y chavista debe inmensamente a Fidel, pero debe también a Chávez, que realmente hizo mucho y su muerte ha sido una tragedia tremenda. Tenemos que apoyar a Maduro y al pueblo venezolano con toda nuestra fuerza, pero la pérdida de Chávez es una pérdida verdaderamente terrible. Déjeme ver si me acuerdo de alguna otra cosa de mis encuentros con Fidel, he contado algunas cosas.

Cuando lo del niño Elián, Fidel recogió a un grupo de escritores para que se reunieran con él a hacer consignas sobre Elián. De más está decir que Fidel se pasaba la mañana, la tarde, la noche y la madrugada trabajando como si tal cosa. A la hora de comer lo que comía era una toronja. Yo no sé cómo Fidel logró vivir tanto tiempo, porque realmente se maltrataba terriblemente, físicamente no se cuidaba.

Entonces, en ese momento aportamos distintos criterios y alguien sugirió hacer un afiche que dijera: “Liberen Elián”. Y dije: “No, no, no estoy de acuerdo, debe ser ‘Liberen a Elián’, no ‘Liberen Elián’”. Se armó una discusión, qué sé yo, al fin triunfó la tesis equivocada “Liberen Elián”.

Entonces, pasado el tiempo, ya hablar de otra cosa, le dije a Fidel: “Fidel, yo haría un afiche que dijera ‘Liberen la A…’ Dice Fidel: “Me parece muy gracioso, pero no es muy revolucionario”, porque él tenía mucho sentido del humor también.

Fidel Castro en el Salón de Presidencia de la Casa. Foto: La Ventana/Casa de las Américas.

Wilmer Rodríguez: Decía usted ahorita —y eso lo comprobamos— que Fidel no descansaba.

Roberto Fernández: Yo he estado varias veces con Fidel en el interior y fuera, incluso en otros países. Yo sé cuando Fidel dormía, dormía dos o tres horas; siempre lo vi despierto a cualquier hora, si se acostaba se despertaba a las dos o tres horas. Dicen que así era Napoleón, que dormía tres horas. Se sabe que hay criaturas excepcionales. Yo necesito dormir muchas horas, me producía una enorme sorpresa verlo a él que prácticamente podía o no dormir o dormir una cantidad ínfima, y, además, lo acabo de recordar, comía muy poco también, no era tampoco de mucho comer. Es casi sorprendente que haya llegado a tan gran edad, porque físicamente no se cuidó nada.

Me imagino que, por ejemplo, Raúl, le instaba mucho a que se cuidara, incluso en ese momento terrible en que Fidel se bajó después de un discurso y trastabilló, cayó y se rompió la pierna, fue tremendo. Parece que Raúl se puso verde contra los que cuidaban a Fidel. Los pobres, no tenían culpa, porque Fidel caminó solo; pero Raúl cuidaba mucho a Fidel. Si por Raúl hubiera sido, Fidel hubiera dormido más tiempo.

Wilmer Rodríguez: Eran hermanos que se querían mucho, hermanos del alma.

Roberto Fernández: Eran hermanos del alma realmente, toda la vida. Incluso, el 26 de Julio, o sea, cuando marchaban al Moncada, Raúl era militante de la Juventud Socialista; el Partido Socialista Popular y por extensión su juventud, no estaban de acuerdo con lo que vino a ser el asalto al Moncada, al punto de que el Partido Socialista Popular hizo una declaración en contra; pero Raúl, indiferente a eso, siguió a su hermano del alma, Fidel, porque para Raúl era mucho más importante Fidel que cualquier otra situación en la vida.

Yo no sé si Raúl siguió siendo o no militante de la Juventud Socialista. Me dijo Raúl Valdés Vivó que también lo fue Ñico López, y que llegó un momento en que ambos eran militantes de la Juventud Socialista y del 26 de Julio, los dos, y me dijo Raúl Valdés Vivó que firmaron una carta conjunta diciendo que en caso de muerte de uno de ellos, el otro asumiría toda la responsabilidad del sobreviviente; el que vino a morir fue Ñico López, que desgraciadamente murió relativamente temprano y que todo hace pensar que fue otra criatura extraordinaria. Él, en Guatemala, fue amigo del Che y le contaba del asalto al Moncada, y el Che le respondía: “Hazme otro cuento de cowboy”, porque él no creía que eso fuera verdad. El Che era tremendo.

Wilmer Rodríguez: Y después de la Revolución seguro que fue usted testigo de ese cariño entre Raúl y Fidel.

Roberto Fernández: Sí, por supuesto, por supuesto. Yo he aplicado al Che y a Fidel –algo que ahora voy a aplicar a Raúl y a Fidel–, la definición que daba Aristóteles de la amistad, él decía: “La amistad es un alma que vive en dos cuerpos”, así eran Fidel y Raúl, y así eran Fidel y el Che.

Cuando me preguntan si Fidel y el Che discutieron… Hombre, yo no dudo de que hayan discutido alguna vez, todos hemos discutido alguna vez, pero el vínculo entre Fidel y Raúl, entre Fidel y el Che, es indestructible.

No hay que olvidar que Raúl es quien le lleva al Che a Fidel en México. En México conocían al Che: Ñico López que había estado en Guatemala y Raúl que lo conoció allí en México, y Raúl fue quien llevó al Che a hablar con Fidel una fría noche de México. Que, por cierto, yo quise hacerle una entrevista a Fidel que no marchó. Me pidieron qué preguntas le iba a hacer, y con gran ingenuidad y torpeza, dije: la primera pregunta es: ¿De qué hablaron realmente la primera noche que se encontraron en México? Nunca me dieron la entrevista. ¿Pero de qué hablaron? Hablaron de cuestiones internacionales. Evidentemente el Che planteó allí que después del triunfo de la Revolución él tenía que ir a pelear a otros lugares, me imagino que mencionó, sobre todo, a Argentina; pero, sobre todo, otros lugares. De hecho, cuando salió a pelear en 1965, fue a África.

Wilmer Rodríguez: Además, usted fue testigo, y ahorita Elier le preguntaba, de aquella época del “quinquenio gris”, de aquella época del juicio a Padilla, es decir, de aquella situación que vivió Cuba. ¿Cómo Fidel asumió en el momento o después estos conflictos, estos problemas de esa época?

Roberto Fernández: No creo que Fidel interviniera en eso, realmente.

Había varias cosas a considerar. En el año 1968 Padilla había ganado el Premio de Poesía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, por un libro que se llamaba Fuera del juego. Era un libro equívoco, el título mismo lo dice, ¿no?, y fue muy criticado, según mi criterio, demasiado. Pero Padilla, por otra parte, se encargaba de visitar a los extranjeros que venían a Cuba para hablarles mal de la Revolución, esa es una realidad objetiva, desgraciadamente fue así.

En el año 1971 detienen a Padilla, que tuvo algo más de un mes preso, todavía no se ha dicho por qué razón se detuvo a Padilla, pudo haberse dicho que por haber hablado mal…, pero no se ha dicho nunca. Y al final de esos cuarenta y pico de días, Padilla pronunció un discurso que yo lo escuché, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, junto a mí estaba Fayad Jamís —a Fayad le decíamos el Moro— y Padilla empezó a decir cosas tan horribles sobre él, que yo le dije: Moro, pero Bebo está loco, qué está diciendo, él no ha hecho ninguna de esas cosas.

Pasó el tiempo y Guillermo Rodríguez Rivera, un escritor cubano importante, desgraciadamente ya muerto, que escribió un libro que se llama Decirlo todo, que publicó Silvio, él cuenta muchas cosas interesantes en ese libro, del “quinquenio gris”, y cuenta que en Madrid, a principio de los años noventa se encontró con Padilla y le preguntó: Heberto, ¿esas palabras tuyas eran una caricatura de los discursos que habían pronunciado los bolcheviques que fueron fusilados después? Y según Guillermo, Heberto le dijo: Por supuesto. Le habían detenido por solo publicar un libro, y eso fue el… O sea que lo que él hizo…

Él había vivido un tiempo en la Unión Soviética, en la Unión Soviética que después se pudriría, como sabemos en el interregno se pudrió otra gente también, hubo gentes que se estropearon en la Unión Soviética y uno de ellos fue Padilla. Él había elegido esos discursos que son terribles, terribles. Entonces, como una manera de vengarse de que lo hubieran detenido, su supuesta autocrítica fue la caricatura de esos discursos que realmente eran horribles, yo le dije a Fayad: Moro, ¿qué está haciendo Bebo?, eso es una locura; se acusaba de las cosas más terribles del mundo. Y después de eso lo liberaron.

Mi criterio es que todo en el caso de Padilla está mal, todo: el libro, las críticas al libro, la prisión, el discurso y que lo hubieran dejado después, todo es malo, mi criterio es ese. A estas alturas nunca se ha dicho por qué se detuvo a Padilla. La Revolución tiene varios asuntos pendientes, no es algo ahora del asunto.

La Revolución nunca se ha autocriticado por las UMAP. Las UMAP es una de las vergüenzas de nosotros los revolucionarios. Hace falta que se haga una autocrítica. Lo más cerca que hubo de una autocrítica, tenía que venir de quien vino. Una periodista mexicana homosexual, Carmen Lira, gran periodista, que dirige un gran periódico, La Jornada, le hizo una entrevista a Fidel, y en un momento dado le pregunta por el problema de los homosexuales y Fidel dice: “yo tengo la culpa”. Cosa que, por supuesto, es completamente falso, ¡completamente falso!

Wilmer Rodríguez: ¿Y por qué él se culpa?

Roberto Fernández: Porque tenía que hacerlo, como Jefe de la Revolución, o tenía que culpar a otra persona, que no le correspondía a él hacerlo. Él sabía quién era esa otra persona; pero, lógicamente, no podía decirlo. Entonces, como Jefe de la Revolución, así como se atribuía las muchísimas cosas buenas, se atribuyó ese hecho incorrecto.

Wilmer Rodríguez: Además, otros no se explican por qué, si eso estaba pasando, Fidel no sabía lo que estaba pasando, cómo era posible que Fidel no lo supiera.

Roberto Fernández: Bueno, a mí me contó Armando Hart que fue un íntimo amigo mío, que una vez iba paseando con Fidel y pasaron por una UMAP y salieron los homosexuales que estaban asomados gritando: ¡Viva Fidel, viva Fidel, viva Fidel!, pero muy amaneradamente, ¿no? Y Fidel le preguntó a Armando: “¿Armando, qué cosa es esto?” Y Armando fue quien le contó lo que eran las UMAP. Poco tiempo después desaparecieron las UMAP, cuando se enteró Fidel. Fidel no se enteró, Fidel no podía enterarse de todo lo que pasaba en este país.

Elier Ramírez: Era imposible.

Roberto Fernández: Pero cuando se enteró, se acabaron las UMAP.

Otra cosa mala, que eso no lo alimentó la Revolución, por supuesto, es la campaña contra los homosexuales, que fue terrible porque eso trajo consecuencias: gente que perdió su trabajo, que perdió sus estudios, sí.

Wilmer Rodríguez: O que perdió hasta la vida.

Roberto Fernández: Hasta la vida.

Cuando se suscitó este hecho tan grave, varios escritores y artistas tomamos el partido de atacar esa medida, entre ellos estaba Tomás Gutiérrez Alea, que tiempo después filmaría Fresa y Chocolate.

Mi argumentación, frente a compañeros que eran participantes, hay que reconocer que la homofobia sigue siendo vigente en Cuba, sigue habiendo mucha gente en Cuba homófoba.

Cuando se discutió el proyecto de la Constitución no se aprobó el punto del matrimonio entre homosexuales porque sigue habiendo muchos homofóbicos, esa es la realidad.

Wilmer Rodríguez: Una cuestión cultural.

Roberto Fernández: Es muy complicada la historia.

Este hermano mío, Manolo, que es una gloria, el más inteligente, el más brillante, el más barítono; pero tengo otro hermano que es homófobo, mucho más joven. Bueno, el caso es que yo, mi argumentación, cuando me reunía con gente del gobierno era: los que pertenecemos a comunidades minoritarias sentimos mucho que se nos discrimine y que el mundo esté hecho contra nosotros. Yo seguía hablando, y la gente pensaba: “coño, Retamar se va a declarar maricón” (Risas). Cuando había avanzado decía: Porque yo soy zurdo.

Los derechos no se dan cuenta, pero el mundo está hecho para los derechos: los automóviles, las tijeras, todo está hecho para los derechos; los pobres zurdos… Mi madre era zurda y uno de mis hermanos, zurdo, y yo no sé por qué —nunca he averiguado por qué— en la escuela me enseñaron a escribir con la derecha, lo noto muy raro; pero yo, por ejemplo, a la hora de jugar pelota, soy zurdo; a la hora de disparar, mi ojo visor es el izquierdo. Yo soy zurdo de todo.

Entonces, la realidad es que nadie sabe por qué se nace zurdo, y nadie sabe por qué se nace homosexual, al parecer es una cosa misteriosa que ocurre. No sé por qué entre los escritores y artistas hay muchos homosexuales, pero yo les voy a contar lo siguiente: Un astrónomo se enamora de su jardinero, pero nadie se entera, porque el astrónomo no lo hace público. Un poeta se enamora de su jardinero, y se jode, porque le escribe un soneto al jardinero (Risas).

Elier Ramírez: Y sale en todos lados.

Roberto Fernández: La realidad es que hay homosexuales en todas las carreras y en todas.

Wilmer Rodríguez: Fidel era un hombre que tenía amigos que eran homosexuales, o se vinculó con personas homosexuales. Fidel tenía amistades, trataba a las personas que eran homosexuales.

Roberto Fernández: Bueno, yo siempre he tratado a los homosexuales con igual respeto, desde que era muy muchacho.

Tenía un amigo que era homosexual, muy joven, y este amigo, de repente, se separó de mí, no volví a saber de él. Pasó mucho tiempo y me encontré con él y le dije: “Chico, ¿por qué tú te has alejado de mí?” Dice: “Porque yo soy homosexual y no quería influirte a ti”. Yo no creo que los homosexuales se influyan, yo creo que los homosexuales nacen.

José Luis Díaz-Granados, su esposa Gladys , Fidel y Retamar (febrero de 2001). Foto: La Ventana/Casa de las Américas.

Elier Ramírez: Roberto, volviendo a Fidel. ¿Usted le ha dedicado algún poema a Fidel?

Roberto Fernández: Si supieras que no. Le he dedicado trabajos a Fidel.

Elier Ramírez: Ensayos.

Roberto Fernández: En la única…, yo creo que no, no lo he nombrado… Sí, lo nombré una vez, lo nombré una vez.

Elier Ramírez: Ese poema suyo tan conocido El otro, es un homenaje a la generación de Fidel, a los caídos en la lucha.

Roberto Fernández: Ese poema yo lo escribí en una guagua, el primero de enero de 1959, por eso se llama El otro.

Había llegado la noticia de la caída de Batista y yo fui a ver a mis padres que vivían en la Víbora, y de repente llegó el poema y lo escribí. Pasó el tiempo, ese poema, incluso, traducido al vietnamita, tuvo mucha vida internacional; pero, un comemierda, en una reunión de poetas, donde yo no estaba, alguien mencionó una cosa obvia, para bien o para mal, ese es el primer poema que se escribe después del triunfo de la Revolución. Puede ser el peor poema del mundo, pero se escribió entonces, y es que sale el poema. Pero ese alguien de quien te contaba, dijo “Ese poema no tiene importancia ninguna, ese es un poema puramente personal, es el criterio de la persona”.

Yo me enteré de eso y entonces, mi próximo libro se llamó: Juana y otros poemas personales (Risas). Yo nunca he escribo poemas impersonales, todos mis poemas son personales, tienen que ver con personas, con cosas, con realidad.

Elier Ramírez: Y está su poema: “Explico al lector por qué al cabo no concluí aquel poema sobre la Comuna.”

Roberto Fernández: Ese mismo. Era un poema que no voy a leerlo completo, porque es enorme.

Cuando ocurrió el centenario de la Comuna, la Gaceta de Cuba, lógicamente, le dedicó un número y me pidieron un texto que yo, gustosamente, empecé a escribir. Pero era el año —no te olvides— de 1971, el año del centenario de la Comuna, pero es también el año en que inicia el período del “quinquenio gris” en el que los errores no son solo nuestros, sino también de los extranjeros que nos atacaron vilmente, como si nosotros fuéramos “estalinistas”, etcétera.

Entonces, yo empecé a escribir el poema aquel, la primera parte; escribí la segunda parte, y cuando voy a escribir la tercera parte, empiezan a mandar las cartas a Fidel, cartas contra la Revolución. Y, entonces, ya no pude terminar el poema. Y explico lo siguiente.

Antes de eso, le menciono a Fidel, le digo: Si Dios existe —desespera un dicho—, ¿por qué yo no soy Dios? Lo que se comprendía en esos días: si Fidel, el Che, Camilo, Raúl, Almeida existen, ¿por qué yo no soy uno de ellos? Entonces, esa, mi generación sufrió lo que tu generación no sufrió. Ese era el complejo de no haber estado en la Sierra Maestra. Eso lo sintió muy duramente mi hermano Manolo, que tuvo una participación muy fuerte revolucionaria, pero no estuvo con Camilo, como él hubiera querido. Y al final digo:

“El 19 de marzo de 1971 escribí de un tirón las líneas que anteceden, ellas debían formar parte de un poema-ensayo sobre la Comuna, y también, evidentemente, sobre otras muchas cosas. Digamos, sobre nuestra Comuna, sobre la historia tal como la vivimos, no tal como la leemos y sobre la manera de cómo se comportan ciertos escritores cuando el pueblo asalta el cielo. Pero ese día tuve que salir a una reunión, a esa reunión que espera como un charco en mitad de la vida, y cuando regresé, ya no tenía más versos, ya se había apagado, por el momento, esa necesidad, esa extrañeza que reclama darse en palabras, con algo de música, algo de verdad, y que no puede encender según mi capricho, como si fuera un radio o un editorial para la revista, aunque hasta el editorial requiere un poco de esa extrañeza.

“Pasaron algunos días, yo tenía la esperanza de reanudar de un momento a otro el poema. Me eché encima la libreta —esta misma donde ahora escribo—, y cuando me encontraba con el ‘bueno’ de Adolfo le decía que sí, que estaba trabajando, que le iba a dar algo distinto para el número de la Gaceta sobre la Comuna. Pero el poema se había quedado detenido como una catarata congelada por el invierno, o por una fotografía, donde la forma de la inminente caída es en realidad, la forma de la detención. Yo esperaba, sin embargo, esperaba, confiadamente, en que volvieran a arrancar los versos; pero lo que arrancó de nuevo no fueron los versos, sino la propia historia, quiero decir, arrancó de nuevo el asunto del poema, aquello sobre lo que yo aspiraba añadir unas cuantas palabras más hasta hacerlo inteligible y unitario, como un cuento o un rostro. En esas condiciones, cómo escribir el poema, cuando su asunto reverdece, vuelve a echar brotes y centellas, se va por delante, se hace carne en las previsibles cartas, los previsibles improperios, torpezas, incomprensiones, cobardías, arrogancias, trágicas frivolidades de que ya habló Machado. ¿Qué le ocurre al novelista cuyos personajes de pronto…?”

Roberto Fernández: Entonces pasó que, de repente, mientras yo estaba escribiendo el poema, aparecieron las agresiones, las cartas, cartas a Fidel, la primera de las cuales no era tan agresiva, fue una petición directa a Fidel; la segunda era francamente contrarrevolucionaria y Vargas Llosa admitió haberla escrito él, y hubo muchos textos contrarios a la Revolución, como si nosotros equivaliéramos a los estalinistas que habían fusilado a los bolcheviques.

Elier Ramírez: Usted entró en esa polémica y respondió varias de esas cartas, defendiendo a la Revolución.

Roberto Fernández: Claro, claro. Y, lógicamente, ya no podía terminar mi poema, porque, como se dijo: ¿Qué le pasa al novelista, cuyos personajes, de pronto reales, empiezan a vivir por sí mismos? De repente el poema empezó a vivir; los gusanos de ayer fueron los gusanos de hoy.

Elier Ramírez: Fue un poco más el guerrero el que funcionó ahí que el intelectual, aunque ambos están indisolublemente ligados.

Roberto Fernández: Ah, sí, claro, ahí tuve que ser el guerrero; pero cuando he tenido que ser guerrero, yo no he dejado de ser guerrero. Yo estuve acuartelado cuando Girón, cuando la Crisis de Octubre. Por cierto que cuando la Crisis de Octubre estuve en un campamento con Vilo Acuña, estaba también Titón, ¡qué casualidad!, amigo mío, y alguien encontró en el suelo una hoja impresa por el periódico, con una serie de noticias militares y un poema. El poema era mío.

Entonces yo era secretario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, habíamos organizado un taller para hacer obras de utilidad, afiches, cuentos, poemas, lo que hubiera que hacer. La mayor parte de esos poemas eran malísimos, pero, bueno, los hacíamos con muy buena voluntad, y uno no era tan malo, y yo le puse como título inicial “Epitafio de un invasor”; pero a la hora de mandarlo al periódico, porque eso se publicaba todos los días en el periódico, le quité ese título tan bueno, y le puse “Epitafio para el vástago de una familia detenida”, un título horrible. En la hoja del periódico le habían quitado este título horrible y le habían puesto “Epitafio de un invasor”, que era el título correcto, y le habían borrado mi nombre, o sea que ese poema era como el poema del Cid, anónimo.

Voy a citar el poema, por la razón que cuento. Se supone que esté en la familia, la familia de un invasor.

Tu bisabuelo cabalgó por Texas

Violó mexicanas trigueñas y robó caballos

Hasta que se casó con Mary Stonehill y fundó un hogar

De muebles de roble y Good Bless our Home

Tu abuelo desembarcó en Santiago de Cuba,

Vio hundirse la Escuadra española, y llevó al hogar,

El vaho del ron y una oscura nostalgia de mulatas.

Tu padre, hombre de paz,

Solo pagó el sueldo de doce muchachos en Guatemala

Fiel a los tuyos,

Te dispusiste a invadir Cuba, en el otoño de 1962.

Hoy sirves de abono a las ceibas.

¿Tú sabes dónde me encontré este poema? Yo creo que a él se debe el que se haya puesto…, eso no lo sé.

Pasado algún tiempo y antes de salir yo de Cuba, un amigo extranjero quiso visitar el despacho del Che. Hice la gestión, lo autorizaron y visitamos el despacho del Che y estaba tal cual lo había dejado, después lo cambiaron mucho. Bueno, vimos, abrí la gaveta y en una de las gavetas había notas de su viaje a África, y yo agarré, llamé a la secretaria y le dije: Saquen rápidamente esto de circulación. Pero debajo de la mesa de cristal había una hoja: esa, esa hoja.

Elier Ramírez: La hoja del poema. La tenía el Che ahí.

Roberto Fernández: Para mí ha sido la gran gloria de mi vida como poeta que el Che tuviera ese poema ahí.

El Che era un lector extraordinario de poesías, no era un autor bueno de poesía, pero un lector extraordinario. Evidentemente leyó eso en un periódico y finalmente apareció en su mesa.

Elier Ramírez: ¿Y lo puso ahí en la…, lo dejó y se quedó tal cual ahí?

Roberto Fernández: Bueno, yo me imagino que después cambiaron todo, yo no he vuelto, pero estaba como él lo había dejado.

Yo después coincidí con el Che en su viaje a África. En Praga tomamos un avión que nos llevó a Shannon y ahí se rompió, se pasó varios días esperando la pieza y después volamos a Cuba y hablamos enloquecidamente, enloquecidamente, es uno de mis grandes privilegios, realmente.

Elier Ramírez: Ahí fue la anécdota de cuando le preguntó de El socialismo y el hombre en Cuba, y usted le dijo: No, pero eso nadie me lo va a publicar, y él le dijo: “Yo sí, yo te lo publico.”

Roberto Fernández: Así es. Me preguntó varias cosas. Me dijo: ¿A qué tú atribuyes que la Unión Soviética se haya ido a al carajo? Estábamos en marzo de 1965, y yo me quedé en una pieza… Yo acababa de leer varios libros de un autor polaco, Deutscher, que yo admiro mucho, autor de una biografía extraordinaria sobre Trotsky y de muchos textos.

Elier Ramírez: En tres tomos: El profeta armado, El profeta desarmado y El profeta desterrado.

Roberto Fernández: Exacto. Este hombre había pertenecido al Partido Comunista polaco —era polaco—, dejó el Partido, era antiestalinista, pero nunca fue anticomunista. Cuando una serie de escritores que habían sido comunistas escribieron para un libro que se llamó El Dios que fracasó, The God that failed, incluso escritores buenos, Deutscher salió a echarle con el rayo, abiertamente, él nunca fue anticomunista, fue antiestalinista, pero nunca anticomunista. Bueno, yo le cité la tesis de Deutscher al Che y no se convenció para nada, y me dijo —y él lo ha repetido después muchas veces— que la culpa la tenía la NEP, la Nueva Política Económica, y el hecho de que al morir Lenin, tan temprano, no pudo rectificar, etcétera. Él atribuía a la NEP todo lo que pasó después, y llegó a ser hipercrítico el Che.

Esa vez nos dimos a leer materiales, había salido en Cuba Socialista, “Martí y el Tercer Mundo”, y yo se lo di a leer. Era en enero de 1965, y él me dio a leer el manuscrito de El socialismo y el hombre en Cuba. Él fue muy generoso con mis trabajos, y yo lo fui, por lo visto, lo fui menos con el suyo. No, era un trabajo extraordinario, excelente, fue una de las primeras —que yo conozca— intervenciones en antropología filosófica, hecha por un marxista. Hay muchas cosas buenas.

Yo publiqué después esa carta. ¿Tú la leíste?

Elier Ramírez: Sí, sí.

Roberto Fernández: Porque salió en Cuba Defendida, pero tengo algunas objeciones que hacer, y él me dijo: “Házmelas, escríbelas y publícala”. Yo le dije: “Comandante, hay que tener cojones en Cuba para publicar una réplica al Héroe de Santa Clara”, como le decían al Che. Figúrate, años antes había pensado ya él irse de Cuba.

El socialismo y el hombre en Cuba vino a tener un carácter casi testamentario. Él se fue de Cuba por esa época. Fidel leyó la carta de despedida, que es impresionante, el 3 de octubre de 1965, y habíamos regresado juntos en marzo de 1965. Entre ese momento se fue. Tiene que haber decidido ya irse, y al pobre Fidel le cayó encima la acusación de que él había matado al Che, y Fidel aguantó a pie firme.

De todas maneras, Elier, qué falta nos hizo el Che realmente. Yo comprendo que él tenía ese compromiso consigo mismo, esa vocación, lo que fuere; pero Cuba lo va a seguir necesitando…

Elier Ramírez: Hasta hoy.

Roberto Fernández: Hasta hoy.

Elier Ramírez: Hoy más que nunca.

Wilmer Rodríguez: Como la canción que dice “si el Che viviera…”.

Roberto Fernández: La canción de Carlos Puebla que dice “Aquí se queda la clara, /la entrañable transparencia/ de tu querida presencia, /comandante Che Guevara”.

Bueno, personas como el Che hay muy pocas.

¿Cómo Fidel tan rápidamente…? Bueno, el genio Fidel se dio cuenta de quién era, porque el primer Comandante de los combatientes de la Sierra Maestra fue el Che, porque Fidel se dio cuenta de quién era este hombre y lo hizo el primer Comandante. Después lo llevó a recorrer la isla junto con Camilo; después le dio cargos tremendos: Presidente del Banco Nacional, Ministro de Industrias. Yo lo vi a la semana de regresar, fui a verlo, había quedado hechizado por el Che y tenía la ilusión de trabajar con el Che.

Pero el Che tenía la idea, que no se cumplió, de hacer publicar una editorial en lenguas extranjeras para que los discursos de Fidel —en inglés y francés se traducían— se conocieran en África, porque él decía que en África no se conocían.

Y yo pensé: a lo mejor puedo trabajar con él en esto. Estaba reunido con el secretario Manresa, que ya ha muerto, y me dijo: “No te vayas, no te vayas”. Se abrió la puerta y salió el Che con Regino Boti y dice: “Bueno, los dejo a ustedes entre filósofos”. En realidad no nos dijo nada. Yo quise hablar de … para que me invitara a trabajar con él y le dije: “Bueno, me he quedado sin trabajo” y dijo el Che: “Yo también estoy de más aquí”. Posiblemente ya entonces…

Elier Ramírez: Estaba ya pensando, o más bien ya tenía decidido salir a luchar en otras tierras.

Roberto Fernández: Entonces, antes de irme —nos quedamos sin trabajo, sin libros, sin nada— le presté ese libro, una antología de poesías española, y lo perdí, no quería perderlo, y el Secretario me dijo: “Se lo voy a dar, y el Che me dijo que le copiara un poema, pero no se lo digas”. A la hora de irme, ya en la escalera, me quedé pensando por qué el Che le había pedido a Manresa que le copie un poema llamado Farewell, que quiere decir adiós, de Neruda.

Murió con 39 años, más joven que Martí que murió con 42. Hubiera podido vivir 20 años más y hubiera podido triunfar en Bolivia.

Bolivia no fue bien escogido, el lugar, era un lugar muy inhóspito.

¡Qué valiente era el Che!

Elier Ramírez: ¿Cuándo fue la última vez que vio a Fidel?

Wilmer Rodríguez: ¿Ya había enfermado Fidel?

Roberto Fernández: No.

Wilmer Rodríguez: ¿Después que enfermó no lo vio?

Roberto Fernández: Me hubiera encantado haber estado en el Aula Magna cuando pronunció ese extraordinario discurso, uno de los últimos a la nación, que es realmente la radiografía de la Cuba actual, que Fidel habló de que la corrupción cubana puede terminar con la Revolución.

Elier Ramírez: El 17 de noviembre de 2005.

Roberto Fernández: “Nosotros mismos, los revolucionarios, podemos terminar con la Revolución”, advirtió. Y, bueno, tuvimos el privilegio de tenerlo.

Elier Ramírez: Y lo seguiremos teniendo y tenemos que encargarnos de seguir teniéndolo.

Roberto Fernández: Así es.

Wilmer Rodríguez: ¿Fidel era un poeta?

Roberto Fernández: Bueno, en sus actos sí, los actos son de un gran poeta épico, en palabras no sé. En cambio, el Che no era un buen poeta (Risas).

Elier Ramírez: Aunque en actos también era un gran poeta.

Roberto Fernández: Aunque en actos era. Se sabía de memoria una cantidad enorme de poemas, recitaba de memoria a muchísimos poetas.

Elier Ramírez: Un compañero que entrevistamos que trabajó en la última etapa con Fidel, de los ayudantes, nos mencionaba que Fidel les recitaba poemas, y creo que nos mencionó Canción del Pirata de Espronceda.

Wilmer Rodríguez: Lo recitó de memoria hasta tiempos antes de morir.

Roberto Fernández: Es posible sí. Eran lecturas que él había hecho cuando era alumno de bachillerato. Ese bachillerato suyo resultó muy importante, por eso creo —como Frei Betto— que los jesuitas forjaron su carácter; pero la Revolución se la debe a la Universidad.

Wilmer Rodríguez: ¿Se extraña a Fidel?

Roberto Fernández: Lo extraño todos los días de mi vida. Personas así no solo no deben morir, sino que en cierta forma no mueren nunca. Yo pienso en Fidel, como pienso en el Che y como pienso en Martí constantemente.

Wilmer Rodríguez: Gracias a usted.

Elier Ramírez: Discúlpenos por tenerlo tanto tiempo…

Wilmer Rodríguez: Gracias, Roberto.

Elier Ramírez: De verdad que es un inmenso privilegio poder conversar con usted, no solo de leerlo sino de escucharlo directamente.

(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)

(Tomado de Cubadebate)

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A quien no quiere limonada…

Díaz-Canel intercambia con el pueblo en una de sus visitas a Trinidad. Foto: Estudios Revolución.

Hay quienes viven un idilio eterno con el odio; son los que “buscan coléricos la mancha o defecto y gozan cuando la hallan”. Así retrató José Martí a esas “almas ruines”, que han reverdecido en las últimas semanas en las redes sociales y en medios de prensa, que vegetan —financieramente hablando— mientras profesan su ojeriza hacia la Revolución cubana. Vienen a ser —ahora me sale la estirpe montuna— gallos y gallinas con el pico abierto, debajo de la mata de ateje, en espera de que caiga el racimo, no de frutos rojizos, sino verdes, verdecitos.

En esas coordenadas se inscribe el reciente capítulo de la campaña de satanización de los líderes cubanos, específicamente del Presidente de la República Miguel Díaz-Canel, blanco de mofas que pretenden ridiculizarlo ante la opinión pública, porque les carcome que la Revolución no terminara con sus guerrilleros.

Como siempre, buscan o inventan algún pretexto, un pie, en este caso más que forzado; esta vez todo comenzó a raíz de una información publicada en el Noticiero Nacional de la Televisión (NTV) el pasado 24 de mayo, centrada en un tema de la agenda gubernamental: la producción de alimentos, análisis encabezado por Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero Cruz.

Además de citar a Marrero Cruz y a los titulares de la Industria Alimentaria y de la Agricultura, Manuel Sobrino Martínez y Gustavo Rodríguez Rollero, en ese orden, el reporte en cuestión incluyó el llamado del mandatario a incrementar la producción de alimentos.

Ese sector adquiere un valor estratégico —recordó Díaz-Canel— refrendado por documentos rectores como los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista y el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030.

Más adelante, el Presidente reflexionó en torno a un asunto que no ha encontrado suficientes oídos receptivos, al menos en acciones visibles: la urgencia de romper todas las trabas y la arraigada mentalidad importadora, y de aumentar las exportaciones para captar el tan necesitado financiamiento.

Finalmente, instaba a retomar la producción de jugos naturales como la de guarapo, y a fomentar el cultivo de limones. Y a sabiendas de que si algo le sobra a este archipiélago son los grados Celsius, añadía: “La limonada es la base de todo, (…) a una base de refresco de limón, tú le echas cualquier otra cosa y es un refresco superagradable y superbueno”.

Solo bastó esa frase, más en específico: “La limonada es la base de todo”, para que medios de comunicación y perfiles en redes sociales —con alergia crónica a la Revolución— la descontextualizaran y vertebraran la alharaca con el malsano propósito de denostar al Jefe de Estado de una y mil formas, incluida una lluvia de memes.

Del árbol —léase la información de marras del NTV— tomaron una hoja y se olvidaron del tronco, de las ramas y de su raíz. Omitieron que ante la situación económica internacional provocada por la COVID-19, el Gobierno cubano implementa medidas para enfrentar la crisis, con prioridad tanto para la sustitución de importaciones como para el fomento de las exportaciones.

Las autoridades de la isla no han dejado de concederle preeminencia en su temario a la producción alimentaria y, por consiguiente, se labora en la reactivación de la tecnología de ese sector y en promover la industria a nivel local y municipal. Obviaron todo ello y más, y se quedaron —ya dije— con una hoja, a conveniencia.
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Fidel contra la COVID-19 y más allá

Fidel Castro en el Centro Nacional de Genética Médica, junto al Dr. Juan C. Dupuy Núñez, coordinador fundador del Contingente Médico Internacional para el enfrentamiento a desastres y graves epidemias Henry Reeve. foto: archivo de granma
Fidel Castro en el Centro Nacional de Genética Médica, junto al Dr. Juan C. Dupuy Núñez, coordinador fundador del Contingente Médico Internacional para el enfrentamiento a desastres y graves epidemias Henry Reeve. Foto: Archivo de Granma

Que la respuesta de Cuba a la COVID-19 está muy por encima de la mayoría de los países de su entorno, incluyendo Estados Unidos y también varios europeos, es una realidad que se va abriendo paso. Un sistema de Salud basado en la prevención, con presencia en todas las manzanas de consultorios médicos, estructurado desde las comunidades por policlínicos docentes en cada poblado o barrio, hospitales generales y especializados en todas las capitales de provincia y algunas de las ciudades más importantes, al igual que facultades de Medicina, junto a centros de avanzada para la investigación biomédica, ha permitido un pesquisaje activo y constante en busca de enfermos asintomáticos, así como su aislamiento y tratamiento temprano con protocolos y medicamentos nacionales, además de la creación de una tecnología propia para realizar pruebas capaces de detectar pacientes portadores del virus, con un mínimo gasto de reactivos en laboratorios preexistentes en todos los municipios del país.

Cuba, a la que Estados Unidos le sustrajo en los años inmediatamente posteriores al triunfo de la Revolución de 1959, la mitad de sus médicos, dejándola apenas con 3 000 facultativos, tiene hoy 95 000 de esos profesionales, con el promedio más alto de médicos por habitantes en el planeta.

Cuando en todo el mundo la mayoría de los ensayos clínicos terapéuticos buscan tratamientos para contener en enfermos de la covid-19  la llamada tormenta de citocinas, hiperrespuesta inflamatoria desencadenada por la covid-19, Cuba lo ha logrado exitosamente con un medicamento propio (cigb-258), trabaja aceleradamente, al igual que grandes potencias como Estados Unidos, Alemania, China, Rusia y Reino Unido, en tener una vacuna para la prevención de la enfermedad, y desarrolla su prototipo de ventilador pulmonar para las salas de terapia intensiva.

Lo anterior, como también la creación de centros de investigación biotecnológica de primer nivel mundial, la formación de miles de científicos altamente calificados y comprometidos con la salud de su pueblo, que han permanecido en Cuba, enfrentando carencias y escaceses, a pesar de la política sistemática de robo de cerebros espoleada desde el Norte contra todos los países del Sur y que el asedio estadounidense multiplica en el caso cubano, es resultado de la visión fidelista que, desde los inicios de la década de 1980, estimuló la producción nacional de medicamentos como el interferón; novedosas  vacunas contra enfermedades, como la hepatitis b y la meningitis meningocócica; anticuerpos monoclonales para el tratamiento de distintos tipos de cáncer, y remedios únicos en el mundo, como el que impide la amputación del pie diabético en un altísimo número de casos, entre muchos otros resultados. Igualmente, investigaciones innovadoras, relacionadas con el cerebro y medios diagnósticos propios que permiten detectar tempranamente malformaciones congénitas en el feto, enfermedades presentes en la sangre como el vih y otras, a las que viene a sumarse la covid-19. Todos esos tratamientos están disponibles, muchas veces gratuitamente o a un costo simbólico, para los cubanos a nivel comunitario, que además son vacunados sin pago alguno desde la niñez contra 13 enfermedades.

Fue también a mediados de los años 80 del siglo pasado, cuando Fidel comenzó a hablar, mientras en Cuba se multiplicaban las facultades de Medicina y crecía el número de estudiantes de especialidades relacionadas con la Salud, entre las dudas de no pocos escépticos y las burlas de sus enemigos, de que el país sería una potencia médica mundial.

Cuando unos pocos años después la desaparición de la urss desató la crisis económica más profunda de la historia cubana, se siguieron abriendo centros de investigación científica, mientras el Comandante repetía: «este país vivirá de las creaciones de su inteligencia». La exportación de servicios médicos es hoy la principal fuente de divisas de la economía cubana, a pesar de la persecución del Gobierno estadounidense, y los desarrollos de productos innovadores en la biomedicina son también un importante aporte.

A eso se suma la colaboración solidaria en Salud, de la que Cuba es líder mundial presente en los más recónditos lugares de  países pobres y ofreciendo miles de becas para estudiantes de Medicina, además del trabajo del Contingente internacionalista Henry Reeve para situaciones de desastre.

No  es algo traído por los pelos relacionar todo lo anterior con Fidel, porque los cubanos lo vieron explicarlo por televisión en argumentados discursos, inaugurando consultorios médicos, hospitales, policlínicos y centros científicos, y escucharon sus intervenciones en graduaciones de médicos, no con la demagogia del político capitalista que se aprovecha de ello para hacer relaciones públicas, sino con el conocimiento milimétrico de quien lo gestó e impulsó hasta el detalle y sabe el por qué y para qué de cada cosa, pensando siempre en el beneficio que puede aportar al más humilde ciudadano.

Si no fuese suficiente, está la disponibilidad de instituciones universitarias en todo el país, con capacidades de alojamiento para albergar gratuitamente a estudiantes de localidades lejanas, que han servido como centros de aislamiento, entre ellas una Universidad de Ciencias Informáticas, ideada por Fidel, donde se han formado miles de profesionales y se han desarrollado aplicaciones para

telefónos móviles, como las creadas para que la población se autopesquise sobre la epidemia o para facilitar información sobre ella. Asimismo, fue el Comandante quien impulsó la creación de capacidades para producir clases por televisión, lo que hoy ha permitido que estudiantes de la educación general y artística puedan continuar su aprendizaje desde los hogares.

¿Y después de la pandemia qué?

Todo eso está muy bien, diría un observador, sin duda Cuba va resolver antes que otros la crisis sanitaria, pero qué va a pasar después, cuando al impacto de las recrudecidas sanciones estadounidenses que ya venía golpeando la economía cubana, se haya sumado la crisis económica global, que la pandemia ha profundizado con su impacto negativo en actividades como el turismo, que tienen un peso importantísimo en los ingresos en divisas de la nación. El daño económico de esta situación es un enorme desafío para todos los países y lo es mucho más para el que sufre el bloqueo económico más prolongado de la historia.

Como se ha planteado por la dirección del país, resulta imprescindible avanzar decididamente en la implementación, aún en las nuevas y más desfavorables condiciones, de las transformaciones económicas acordadas en el vii Congreso del Partido Comunista.

El Gobierno cubano ha planteado que la prioridad en la economía será la producción nacional de alimentos, una parte mayoritaria, junto a los combustibles, de la factura de importaciones, que ya no podrá ser respaldada por nuestras mermadas arcas; el impulso a todo rubro exportable, y la apertura segura al turismo cuando las condiciones lo permitan. Y ahí también las ideas de Fidel pudieran desempeñar un papel importantísimo.

La producción intensiva de plantas proteicas, objetivo al que el Comandante dedicó los esfuerzos en sus últimos años y que, según la fao, tienen un alto potencial como alimento animal. Con la participación de científicos cubanos, Fidel trabajó desde 2011 en la investigación con las plantas de moringa, morera y tithonia como alimento para animales monogástricos (pollo, cerdo) y poligástricos (vacunos y ovejos). Algunos, como ocurrió con la proyección de la Salud o la biotecnología también tuvieron burlas, pero investigaciones científicas avalan que las tres plantas superan en productividad por hectárea a la soya, el girasol y la alfalfa, y permiten hasta ocho cortes al año con una alta densidad en su cultivo.

El conocimiento innovador, profundo, amplio y único, acumulado por Cuba en este campo, pudiera ser muy atractivo para la inversión extranjera, tanto asociada a la satisfacción del mercado interno como para la exportación. Los proyectos de desarrollo local, facilitados por las facultades otorgadas a los municipios en la Constitución, también pudieran tener en esta tecnología una nueva oportunidad. Desde 2018 el Gobierno cubano creó la entidad de Ciencia, Tecnología e Innovación Sierra Maestra, para dar continuidad a este trabajo iniciado por Fidel.

También fue el Comandante quien concibió la explotación turística de cayos accesibles a través de carreteras sobre el mar, construidas en los duros años 90 del siglo pasado, que hoy cuentan con una sólida infraestructura, incluyendo aeropuertos; o en playas prácticamente vírgenes en sitios sin población residente, en el norte de la Isla que permitirían la apertura inicial a visitantes internacionales sin poner en riesgo a núcleos poblacionales. Ya compañías hoteleras como Meliá e Iberostar están incorporando la sostenibilidad sanitaria como un valor fundamental en su estrategia pospandemia, y pocos destinos turísticos en el mundo pueden competir con lo que Cuba está en condiciones de ofrecer cuando estén creadas las garantías y seguridades para volver a abrir fronteras.

No se trata de una panacea, esta no existe en algo como la economía, más en tiempos de tanta incertidumbre y crisis a nivel mundial, pero se hace evidente que el Comandante está muy lejos de ser «el responsable del desastre económico», como afirma la cubanología, y sí el aportador de importantísimas fuentes de ingresos para que un país no petrolero, sin grandes recursos naturales y con tierras poco feraces, que obligan al riego y a la fertilización, pueda no solo sobrevivir en condiciones de cerco económico, sino desarrollar un proyecto de justicia social que defiende para todos sus ciudadanos servicios básicos de los que carecen muchos países de su entorno, sin los problemas que allí son endémicos, como el crimen organizado  y el trabajo infantil.

Además de la formación masiva de recursos humanos de alto nivel, que constituyen un incentivo para la inversión extranjera, y de la exportación de servicios profesionales y de productos únicos a nivel mundial con alto valor agregado, el trabajo incansable de Fidel Castro por su pueblo puede no ser solo un factor decisivo para que no haya ocurrido en la Isla caribeña el desastre humanitario que está a la vista en muchos otros lugares que se le han opuesto como modelo. En el aporte de su tenacidad, servicio al pueblo, afán de conocimiento y rigor científico hay soluciones que permiten a Cuba volver a hacer fracasar el sueño ultraderechista de convertirla en el «híbrido de casino con prostíbulo» que algunos creen viable para ella a la luz de la «tormenta perfecta» que suponen producirá la combinación de un bloqueo económico recrudecido con la llegada de un virus que, si algo ha puesto al desnudo, es la inviabilidad del sistema económico, político y social que el Comandante dedicó su vida a combatir.

(Tomado del períodico Granma)

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LAS “NOBLES” SANCIONES ESTADOUNIDENSES

 

Jesús Arboleya

Diversos países y organizaciones de diverso carácter, incluyendo a la ONU, así como individuos a través de las redes sociales,han solicitado al gobierno de Estados Unidos que, como respuesta humanitaria a la pandemia de la COVID-19, suspenda las sanciones establecidas sobre algunas naciones. Aunque son muchos los países sobre los que pesaalgún tipo de sanción norteamericana, se mencionan de manera especial los casos de Irán, Venezuela, Corea del Norte, Cuba y Rusia, que son los más afectados.

En respuesta a estas presiones, el Departamento del Tesoro acaba de emitir una declaración titulada “FactSheet: Provision of HumanitarianAssistance and Trade to Combat COVID-19”, según su título en inglés, donde se explica la posición estadounidense al respecto. En una breve nota al pie del documento, se aclara que un “factsheet” tiene solo un valor informativo, por lo que no puede ser utilizado para sustituir lo establecido en la ley ni como argumento para modificarla. No hay que llamarse a engaño, este documento no goza de autoridad para anunciar cambios en la política vigente, ni es una señal de posible benevolencia, como han interpretado algunos.

En realidad, no se habla de una eliminación de las sanciones, ni siquiera de una atenuación de las mismas. Por el contrario, lo que hace el Departamento del Tesoro es tratar de justificar estas políticas enfatizando el supuesto sentido democrático que las impulsa y una pretendida “nobleza” en su aplicación, toda vez que, según dice, siempre han estado previstasexcepciones con fines humanitarios, establecidas mediante Licencias Generales o Específicas, a las que pueden recurrir los estados afectados.

Es cierto que estas disposiciones existen, sería políticamente incorrecto presentar a la opinión pública acciones devastadoras para otros pueblos, en la mayor parte de los casos impuestas de manera unilateral y violatorias de la ley internacional, sin establecer ciertas salvaguardas humanitarias, precisamente para salvar la cara, como ha ocurrido en este caso. Sin embargo, cualquier país bloqueado por Estados Unidos sabe lo complicado que puede resultar llevar a buen término alguna gestión basada en estas excepciones, dada la gran madeja de complicaciones legales y burocráticas que hay que salvar, máxime cuando la voluntad política del gobierno se orienta en sentido contrarioy un clima de amenazas desestimula la participación de productores, comerciantes o entidades bancarias relacionadas con este comercio potencial.

En el caso de Cuba, las licencias generales mencionadas y algunas específicas concedidas, fueron en su mayoría resultantes de la interpretación más amplia que hizo el gobierno de Barack Obama de lo establecido en la ley Helms-Burton.Precisamente para abrir brechas al bloqueo, contra el cual se expresó personalmente, y así facilitar el mejoramiento de las relaciones entre los dos países.Aun así, ni siquiera siendo política oficial, priorizada por el presidente, fue fácil romper las barreras existentes. De todas formas, estas disposiciones sirvieron para ampliar las relaciones económicas en algunos frentes y anunciar perspectivas en otros, un proceso que se modificó radicalmente con la llegada al poder de Donald Trump.

La intención declarada del gobierno de Donald Trump ha sido revertir lo avanzado y restringir al mínimo las posibilidades de alternativas comerciales. En verdad, si ahora pueden mencionar estas licencias en el caso de Cuba, es porque sobrevivieron la devastación que sufrió la mayoría.

Además, se incrementaron las persecuciones, no solo contra entidades norteamericanas, sino también extranjeras, con el objetivo de cerrar el cerco económico contra Cuba. No es un secreto, el propio presidente se ha vanagloriado de tal grado de hostigamiento y los daños que causa a la economía cubana, porque esoes lo que le pide la ultraderecha cubanoamericana de Miami y ningún coronavirus se puede sobreponer a los planes electorales del magnate newyorkino.

Con todo lo que diga el FactSheet del Tesoro, tampoco las donaciones humanitarias han escapado a esta lógica diabólica. En medio de la pandemia,acaba de ocurrir el retraso de una importante donación privada de productos sanitarios chinos, porque la empresa transportadora adujo posibles sanciones del gobierno norteamericano, para solo mencionar un caso.

Es un mal chiste que, a raíz de la publicación del documento del Tesoro, Pompeo nos diga que el bloqueo no es tan malo y se encarame en la política de Obama, repudiada por ellos hasta el delirio, para hablar de aperturas, asegurando que las puertas siempre han estado abiertas, solo que Cuba no ha sabido utilizarlas. Menos sentido tiene que se diga ahora, precisamente cuando las puertas de Estados Unidos están cerradas para todo el mundo, toda vez que, más que ofrecer, cosa que ha prohibido el presidente, el gobierno se dedica a piratear productos sanitarios destinados a otros países.

Creo que estamos en presencia de un ejercicio de manipulación bastante burdo y quizás por eso la notificación del Departamento del Tesoro ha tenido poca repercusión en los medios de prensa. Lo lamento por aquellos que lo recibieron con algún viso de esperanza, es solo otra “fakenews”, de Trump y sus compinches.

(Tomado de Progreso Semanal)

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Mambises en tiempos de coronavirus

El espíritu internacionalista del general mambí Henry Reeve está hoy presente en las brigadas médicas cubanas que combaten a la peligrosa pandemia global del nuevo coronavirus. Foto: Archivo de Granma

Tengo el hábito permanente de vincular el día a día con la historia de nuestra gesta independentista. De la hermosa y turbulenta contienda, de la gloriosa epopeya de nuestros mambises, hombres, mujeres, ancianos y niños de aquellos tiempos, que sin una formación política e ideológica sólida practicaron la solidaridad y el humanismo, nacen momentos de sinceros compromisos e inspiración, que alimentan el espíritu.

Cuando en la mañana del 17 de marzo el crucero MS Braemar de la línea británica Fred Olsen entraba en aguas de la bahía del Mariel, en la provincia de Artemisa, mi primer pensamiento fue para los mambises ingleses. Recordaba que, entre los más de 3 000 insurrectos nacidos en otras tierras, una veintena eran británicos, dos de ellos teniente coroneles de la guerra necesaria: John W. Caldwell Smidt y Herbert Acton Clews. Aquellos hombres lo dejaron todo, familia y bienes, para luchar por nuestra independencia, al igual que los expedicionarios ingleses del vapor Virginius, fusilados en Santiago de Cuba, en 1873.

Viendo el listado de la nacionalidad de los turistas: canadienses, belgas, holandeses, colombianos, irlandeses, italianos, japoneses, australianos, neozelandeses, noruegos y suecos, meditaba que, de la mayoría de esas naciones, hubo combatientes en nuestro Ejército Libertador.

Canadienses fueron el brigadier Washington Albert Claudio Ryan, uno de los intrépidos jefes de la caballería camagüeyana junto a Ignacio Agramonte, expedicionario del Virginius, fusilado también en Santiago de Cuba, el 4 de noviembre de 1873, el teniente coronel Joseph Napoleón Chapleaux, muerto en combate el 30 de agosto de 1897, durante la toma de Las Tunas, y Charles Huntington, caído también en combate contra una guerrilla española en 1897, en territorio de Camagüey.

Colombia enviaría a la Guerra Grande la expedición del Hornet, con más de 40 combatientes de ese país, entre los que se destacó el después general de división del Ejército Libertador José Rogelio Castillo y Zúñiga, un hombre de Baraguá. En el 95, dos colombianos comandarían, como generales, fuerzas cubanas: Avelino Rosas Córdova, general de división, y Adolfo Peña Rodríguez, general de brigada, ambos imbuidos por el espíritu latinoamericanista del Lugarteniente General Antonio Maceo.

Hubo también mambises belgas, holandeses e irlandeses.

Italia, donde hoy combate por la vida una brigada de galenos cubanos, aportó un contingente importante de mambises, entre los que se destacan las figuras del coronel Orestes Ferrara, miembro del Estado Mayor del generalísimo Máximo Gómez; del teniente coronel Gerardo Hugo Ricci, que combatió en Matanzas, y del médico y comandante Francisco Federico Falco, todos, combatientes de la guerra de Martí.
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Martí es el símbolo de la virtud

Por: Wilmer Rodríguez / Fotos: Alexis Rodríguez

Eusebio Leal en la presentación de la revista Honda

Eusebio Leal en la presentación de la revista “Honda”

ENTREVISTA AL DOCTOR EUSEBIO LEAL SPENGLER SOBRE EL SER HUMANO QUE FUE JOSÉ MARTÍ

WILMER RODRÍGUEZ: Nos encontramos en los estudios de Habana Radio, para conversar con un hombre que toda Cuba lo quiere y lo venera. Un martiano convencido, un fidelista profundo. Por eso le estamos dando la bienvenida al Doctor Eusebio Leal Spengler. Buenas noches doctor.

EUSEBIO LEAL: Buenas noches, muchas gracias.

WILMER RODRÍGUEZ: Doctor, el aniversario 167 del natalicio de José Martí, el más universal de los cubanos, un hombre que ha marcado la ruta con su herencia de la nacionalidad cubana. Un Martí que nació en La Habana, un niño que nació en esta ciudad. ¿Cómo pudiera usted imaginar aquel Martí de niño, por estas calles de La Habana Vieja?

EUSEBIO LEAL: Imaginarse un poco ese tiempo. Fue un tiempo muy violento. Los años 49, 50, 51 fueron los años de las conspiraciones anexionistas, fueron los años en que debutan en La Habana los cuerpos de voluntarios para enfrentar el movimiento de Narciso López, es la ejecución de Ramón Pintó. Son años muy complicados. Es al mismo tiempo los años donde llega a la crisis el sistema esclavista, está al borde del colapso, y al mismo tiempo a él le corresponde nacer en un hogar de inmigrantes pobres, que tiene la connotación, para mí que conozco los lugares, he estado allí, de que tanto en Canarias, en Tenerife, donde nació su madre, como en Valencia, en la calle de Cordelet, donde nació el padre, la naturaleza de la gente es muy parecida, es muy entrañable, es muy amable; y me imagino que ellos aquí trataron de adaptarse, en medio de condiciones económicas muy difíciles. Independientemente de esos retratos bonitos que aparecen del padre y de la madre, y que generalmente eran retratos cuyos ropajes eran suministrados en el estudio fotográfico, quiere decir, que ellos debieron ser personas de muy modesta condición.

Segundo, un hogar de niñas, donde el único varón es Pepe, el único varón es él. Eso tiene una connotación en esa época, una connotación económica futura para la familia; una expectativa del padre con relación a su destino, para ayudarle; un padre que era hombre de pocas luces pero de sentimientos inmensos; una madre buena y generosa, que como toda madre es absolutamente amor; pero una madre que tiene que lavar para ocho, que tiene que lavar para la calle, que tiene que cocinar, que tiene que hacer mil acciones para vivir.

Eusebio Leal en la Casa natal de José Martí

Eusebio Leal en la casa natal de José Martí

Hoy, la casa natal nos parece una cosa preciosa, pitada, arreglada, cuidada, pero es una casa de los arrabales, a 50 metros de la muralla, una casa de periferia, una casa en la cual ellos ocupaban en la planta alta un pequeño espacio.
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La política para Martí: Un asunto del alma

Lil María Pichs Hernández en el espacio Dialogar, dialogar, impulsado por la AHS/Fotos: Edu.

Por Lil María Pichs Hernández, intervención en el espacio Dialogar, dialogar, de la AHS

Gracias por la invitación a este espacio. Deseo comenzar con referencias al texto de Cintio Vitier José Martí en la hora actual de Cuba, escrito en 1994, el cual me parece vital para entender fenómenos de aquel momento y el presente. El engranaje social no funciona todo lo bien que debería. La fórmula martiana “con todos y para el bien de todos” no ha llegado a todos los que tiene que llegar en nuestro país, y son, efectivamente, la educación y la cultura campos esenciales para revisarnos como país.

Es en el campo de la cultura donde Cintio ubica la solución a muchos de nuestros problemas. Y, de hecho, hace una comparación entre la Campaña de Alfabetización de 1961 y la nueva campaña de alfabetización o de culturización que haría falta entonces en 1994, según sus palabras.

Dijo Cintio entonces: “La campaña de alfabetización martiana que ahora necesitamos, en un pueblo que ya sabe leer y escribir, y que ha alcanzado niveles científicos admirables, pero que en su mayoría desconoce más su historia y por lo tanto el argumento de su propia vida, es una campaña de espiritualidad y de conciencia.  Hoy nuestro mayor problema espiritual, sin excluir los campos, está en las ciudades, y la ignorancia que hay que remediar es de otra especie, es en verdad la ignorancia de sí mismos, de la propia historia, de la propia naturaleza, de la propia alma.”

Por qué Cintio llama la atención acerca de estos elementos: historia, naturaleza y alma en la misma oración. Es algo que pudiera quedar flotando en este espacio y que pudiéramos retomar después en otro momento del debate.

Otro elemento que nos llamó la atención acerca de este artículo es la caracterización que hace de la juventud de 1994. Cintio Vitier dice en ese momento: “A 36 años del triunfo de la Revolución”–siéntanse libres de poner a más de 60 años del triunfo de la Revolución–, “comprobamos crecientes zonas de descreimiento y desencanto en los jóvenes, tanto iletrados como pertenecientes a las minorías intelectuales.  El nihilismo juvenil, filosóficamente articulado por la corriente llamada posmodernismo, es un fenómeno universal y que en nuestro país no es un fenómeno mayoritario.”

Quisiera preguntar si alguien sabe de qué está hablando Cintio Vitier cuando habla del nihilismo juvenil y del posmodernismo, unas palabras que se están poniendo bastante de moda en los últimos años.

Evidentemente, cuando se habla de nihilismo, se habla de una corriente filosófica que sostiene la imposibilidad del conocimiento y que, por lo tanto, niega la existencia y el valor de todas las cosas; negación de toda creencia o todo principio moral, religioso, político o social; ese sentimiento de que nada de lo que se haga tiene sentido. Por ejemplo, ¿por qué se va a estudiar en la Universidad si hay gente que no lo hace y gana más dinero que uno? ¿Por qué mis padres y mis abuelos trabajaron toda su vida, y de repente el haragán del barrio está mejor porque recibe remesas del exterior?

Hacerse esas preguntas y encontrar las respuestas a ellas: absolutamente nada tiene sentido, es asumir una posición nihilista.

Entonces este es un fenómeno asociado a la posmodernidad.  De la posmodernidad se comienza a hablar luego de la caída del Muro de Berlín y del supuesto fin de la guerra fría, cuando evidentemente el socialismo real, o el proyecto idealista soviético completamente queda abandonado, y el capitalismo, el polo que gana la guerra fría, Estados Unidos y su ideología capitalista e imperialista triunfan en el mundo.

Aparecen personajes que empiezan a hablar del fin de la historia.  Como la historia humana ha sido la historia de las guerras, si nos ponemos a pensar, la historia de los seres humanos es la historia del batallar constante por un objetivo; sin embargo, si pensamos nihilistamente y nada tiene sentido, y vemos que luego de la importancia que tuvo la guerra fría, de repente ganó una única manera de pensar, el capitalismo se instala en el mundo como único pensamiento racional, o sea, lo más lógico es querer trabajar para tener dinero y comprarse una casa y vivir bien, eso es lo lógico; pensar en el otro, o no pensar egoístamente, es ir en contra de la naturaleza humana.

Eso es verdad, se quedó impregnada en muchas personas, y es la verdad que triunfa luego de la guerra fría.

Esa forma de pensar lleva objetivamente a un cambio de época en el pensamiento. Entonces, como no se sabía qué nombre iba a tener esto filosóficamente -lo anterior era el modernismo, a la  primera etapa de desarrollo capitalista y toda su filosofía-, se le llamó posmodernismo. Era una cosa provisional, pero no hay nada más permanente que lo provisional. Así que por posmodernismo lo conocemos ahora y es evidentemente una corriente que entre sus características tiene, por ejemplo, la idea de que la historia ya no existe, lo único que tenemos es presente; el pasado en realidad es una ficción, es un cuento, son relatos, no tenemos que conocerlo; solo tenemos que vivir en el ahora, y ni siquiera preocuparnos por el mañana, y al final nada tiene sentido. Disfruta ahora, tírate varios selfis ahora, porque al final nada tiene sentido.

Luego, no hay dualismo ninguno, se pierde, dejan de existir el oriente y el occidente, dejan de existir blancos y negros, dejan de existir. Aunque se pueden hallar, por supuesto, todo tiene elementos positivos y negativos, aunque nos podemos identificar con algunos elementos positivos del posmodernismo, evidentemente esta dualidad que supuestamente deja de existir entre ricos y pobres, por ejemplo, desde nuestra filosofía, es algo que no se puede aceptar.

La idea de desconocer la dimensión histórica de los procesos y las causas que nos han llevado a que las cosas sean como son a nivel internacional, incluso a nivel nacional, cómo vivir en el presente sin conocer nuestro pasado, cómo pensar en qué hacer mañana y por qué hacemos las cosas, si no lo identificamos como un proyecto de vida; no digo un proyecto de nación, todo comienza desde el individuo, y desde el cómo las relaciones sociales, las relaciones familiares, nos van transformando en la cotidianidad. Cómo enajenarnos de eso y simplemente pensar que estamos aquí sin ninguna razón y que por lo tanto nada de lo que hagamos vale la pena, y que por lo tanto no tenemos nada que aportar al otro, no tenemos nada en que ayudar a las demás personas y nos encerramos en nosotros mismos.

Estas ideas son lamentablemente una de las grandes tendencias en el pensamiento. Y no quiero decir eso de que los jóvenes están perdidos, porque la frase data de la Grecia antigua. Sin dudas el artículo de Cintio tiene una visión muy integradora.

Él escribió por ejemplo sobre las relaciones entre política, el pueblo y la poesía. ¿Qué relación puede existir, cuando según algunas clasificaciones, sociedad civil es la parte de la sociedad que no toma las decisiones políticas, o sea, está separada de sus gobernantes?

Hay una sociedad civil que se encuentra completamente enajenada del proceso de construcción de su país, y que no hace nada para seguir construyendo.

Sin embargo, en la historia de Cuba hay un personaje que da respuesta a este problema de qué relación existe entre política, pueblo, poesía, cultura, de una manera muy particular y muy integradora, que es la que Cintio rescata. Por supuesto, estamos hablando de José Martí.  Y de ahí la importancia, una vez más, de recurrir al Apóstol a la hora de intentar encontrar herramientas para dar respuestas, desde nuestras propias realidades, desde nuestros propios pensamientos, nuestros intereses, los intereses de nuestra comunidad, a estos problemas a los cuales nos enfrentamos.
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Martí nos enseña el camino del bien

Pedro Pablo Rodríguez en el espacio Dialogar, dialogar, de la AHS.

Por Doctor en Ciencias Históricas Pedro Pablo Rodríguez, intervención en el espacio Dialogar, dialogar, de la AHS

¿Vieron todos en la televisión los personajes que les echaron la sangre a los bustos de Martí? Hay uno de ellos, que dice que él lo hizo porque el otro vino y le dijo que tenía una “pinchita” para ganar dinero. No sabemos cuánto.

Estas personas no tienen realmente ni la menor idea de quién es Martí, no lo sienten, no comprenden su dimensión. Solo así se entiende un poco que hagan semejante cosa.

Entonces yo pienso: ¿y cómo es posible que en Cuba, con todo lo que hablamos de Martí y todo lo que se publica y se hace, pues haya personas que, como esas, no conozcan la obra ni las esencias de José Martí, no sientan suficiente admiración y respeto?

Este es un asunto importante, un asunto central. Debemos entender cada día más por qué Martí resulta importante, por qué resulta significativo para nosotros, y no pensar simplemente que es por sus textos, sino también por lo que hizo. Les voy a poner unos ejemplos de unas personas extranjeras.  Nosotros, en el Centro de Estudios Martianos, recibimos estudiantes extranjeros con frecuencia. Llegó una vez una muchacha japonesa, que quería hacer estudios sobre Martí, a ver si escribía un trabajo, hasta un libro sobre él.
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Luz y semilla

 

Elier Ramírez Cañedo

Sergio Montes de Oca

«…Cuando se muere

En brazos de la patria agradecida,

La muerte acaba, la prisión se rompe;

¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!».

José Martí

Este 8 de enero estaría cumpliendo 80 años Sergio Saíz Montes de Oca. Creo que nunca serán suficientes las acciones que realicemos para mantener vivo en las nuevas generaciones el ejemplo de vida e ideales revolucionarios de Sergio, así como de su inseparable hermano Luis Saíz Montes de Oca, quienes contaban apenas con 17 y 18 años de edad, cuando fueron vilmente asesinados por esbirros de la dictadura el 13 de agosto de 1957, en San Juan y Martínez, Pinar del Río, día que habían escogido ambos hermanos para realizar una acción por el cumpleaños de Fidel.

Sergio y Luis cayeron compartiendo los sueños y luchas de aquella Generación del Centenario, que desde 1953 se había entregado a la causa de la verdadera independencia y justicia social para Cuba, dispuestos a dar su sangre y vida para que el Apóstol siguiera viviendo en el alma de la Patria.

Basta echar una ojeada a sus textos literarios y políticos para quedar sorprendidos y admirados de cómo, a pesar de su corta edad, había despertado en ellos una especial sensibilidad y vocación hacia el arte y la literatura, así como por la radicalidad, hondura, madurez y originalidad de su pensamiento político. No menos destacado fue su papel en el accionar revolucionario de la época. Encoleriza pensar hasta dónde hubieran llegado esos jóvenes —pudiéramos decir adolescentes— de no haberles arrebatado sus vidas la sangrienta dictadura.

Para explicarse las posiciones de ambos hermanos hay que tomar en cuenta la influencia determinante que recibieron en el seno familiar, tanto de su madre Esther Montes de Oca como de su padre, el juez municipal Luis Saíz Delgado, quienes los hicieron crecer en un ambiente marcado, además de por excepcionales valores humanos, por el conocimiento de la obra de José Martí, la historia de Cuba y universal, y lo más avanzado del pensamiento humanista.

A su corta edad habían leído además de a Martí, a Julián del Casal, Simón Bolívar, Benito Juárez, García Lorca, José Ingenieros, José Enrique Rodó, Haya de la Torre, Carlos Marx y Vladimir Ilich Lenin. El alegato de autodefensa de Fidel, La historia me absolverá, fue un texto que ejerció mucha influencia en ellos.

Todo ese acumulado cultural, más sus experiencias prácticas, los llevó a defender un proyecto autóctono socialista para Cuba, erigido sobre las columnas del pensamiento ético y emancipador de nuestro Héroe Nacional, distanciado de las malformaciones que ya advertían en el socialismo europeo. Aspectos que se vislumbran con gran precisión en el texto Por qué luchamos, considerado su testamento político.

Actividad revolucionaria intensa

Sergio nació el 8 de enero de 1940 en San Juan y Martínez, Pinar del Río. Hizo sus estudios primarios en la escuela José de la Luz y Caballero, donde enseñaba su madre Esther. Según los que lo conocieron, tenía un carácter inquieto e impetuoso, pero a la vez reflexivo. Igual que Luis, cultivó la poesía y de manera autodidacta la pintura y el dibujo.

Su actividad revolucionaria más intensa la desarrolló en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río, donde fue electo secretario de la Asociación de Alumnos. Desde esa institución impulsó la creación de una escuela popular nocturna para elevar la preparación y conciencia política de los obreros y campesinos, pero esta experiencia no sobrevivió mucho tiempo al ser clausurada por el régimen. Sergio llegó a graduarse de Bachiller y Letras y soñaba con estudiar la carrera de Medicina.

Durante esa etapa se incorporó al Directorio Revolucionario y más tarde al Movimiento 26 de Julio. En esta última organización sería nombrado jefe de Acción y Sabotaje en el municipio de San Juan y Martínez. Fue tal su activismo político en las tánganas, protestas y otras acciones contra la dictadura que sería fichado por el Servicio de Inteligencia Militar como el joven del «jacket verde».
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