Martí es el símbolo de la virtud

Por: Wilmer Rodríguez / Fotos: Alexis Rodríguez

Eusebio Leal en la presentación de la revista Honda

Eusebio Leal en la presentación de la revista “Honda”

ENTREVISTA AL DOCTOR EUSEBIO LEAL SPENGLER SOBRE EL SER HUMANO QUE FUE JOSÉ MARTÍ

WILMER RODRÍGUEZ: Nos encontramos en los estudios de Habana Radio, para conversar con un hombre que toda Cuba lo quiere y lo venera. Un martiano convencido, un fidelista profundo. Por eso le estamos dando la bienvenida al Doctor Eusebio Leal Spengler. Buenas noches doctor.

EUSEBIO LEAL: Buenas noches, muchas gracias.

WILMER RODRÍGUEZ: Doctor, el aniversario 167 del natalicio de José Martí, el más universal de los cubanos, un hombre que ha marcado la ruta con su herencia de la nacionalidad cubana. Un Martí que nació en La Habana, un niño que nació en esta ciudad. ¿Cómo pudiera usted imaginar aquel Martí de niño, por estas calles de La Habana Vieja?

EUSEBIO LEAL: Imaginarse un poco ese tiempo. Fue un tiempo muy violento. Los años 49, 50, 51 fueron los años de las conspiraciones anexionistas, fueron los años en que debutan en La Habana los cuerpos de voluntarios para enfrentar el movimiento de Narciso López, es la ejecución de Ramón Pintó. Son años muy complicados. Es al mismo tiempo los años donde llega a la crisis el sistema esclavista, está al borde del colapso, y al mismo tiempo a él le corresponde nacer en un hogar de inmigrantes pobres, que tiene la connotación, para mí que conozco los lugares, he estado allí, de que tanto en Canarias, en Tenerife, donde nació su madre, como en Valencia, en la calle de Cordelet, donde nació el padre, la naturaleza de la gente es muy parecida, es muy entrañable, es muy amable; y me imagino que ellos aquí trataron de adaptarse, en medio de condiciones económicas muy difíciles. Independientemente de esos retratos bonitos que aparecen del padre y de la madre, y que generalmente eran retratos cuyos ropajes eran suministrados en el estudio fotográfico, quiere decir, que ellos debieron ser personas de muy modesta condición.

Segundo, un hogar de niñas, donde el único varón es Pepe, el único varón es él. Eso tiene una connotación en esa época, una connotación económica futura para la familia; una expectativa del padre con relación a su destino, para ayudarle; un padre que era hombre de pocas luces pero de sentimientos inmensos; una madre buena y generosa, que como toda madre es absolutamente amor; pero una madre que tiene que lavar para ocho, que tiene que lavar para la calle, que tiene que cocinar, que tiene que hacer mil acciones para vivir.

Eusebio Leal en la Casa natal de José Martí

Eusebio Leal en la casa natal de José Martí

Hoy, la casa natal nos parece una cosa preciosa, pitada, arreglada, cuidada, pero es una casa de los arrabales, a 50 metros de la muralla, una casa de periferia, una casa en la cual ellos ocupaban en la planta alta un pequeño espacio.
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La política para Martí: Un asunto del alma

Lil María Pichs Hernández en el espacio Dialogar, dialogar, impulsado por la AHS/Fotos: Edu.

Por Lil María Pichs Hernández, intervención en el espacio Dialogar, dialogar, de la AHS

Gracias por la invitación a este espacio. Deseo comenzar con referencias al texto de Cintio Vitier José Martí en la hora actual de Cuba, escrito en 1994, el cual me parece vital para entender fenómenos de aquel momento y el presente. El engranaje social no funciona todo lo bien que debería. La fórmula martiana “con todos y para el bien de todos” no ha llegado a todos los que tiene que llegar en nuestro país, y son, efectivamente, la educación y la cultura campos esenciales para revisarnos como país.

Es en el campo de la cultura donde Cintio ubica la solución a muchos de nuestros problemas. Y, de hecho, hace una comparación entre la Campaña de Alfabetización de 1961 y la nueva campaña de alfabetización o de culturización que haría falta entonces en 1994, según sus palabras.

Dijo Cintio entonces: “La campaña de alfabetización martiana que ahora necesitamos, en un pueblo que ya sabe leer y escribir, y que ha alcanzado niveles científicos admirables, pero que en su mayoría desconoce más su historia y por lo tanto el argumento de su propia vida, es una campaña de espiritualidad y de conciencia.  Hoy nuestro mayor problema espiritual, sin excluir los campos, está en las ciudades, y la ignorancia que hay que remediar es de otra especie, es en verdad la ignorancia de sí mismos, de la propia historia, de la propia naturaleza, de la propia alma.”

Por qué Cintio llama la atención acerca de estos elementos: historia, naturaleza y alma en la misma oración. Es algo que pudiera quedar flotando en este espacio y que pudiéramos retomar después en otro momento del debate.

Otro elemento que nos llamó la atención acerca de este artículo es la caracterización que hace de la juventud de 1994. Cintio Vitier dice en ese momento: “A 36 años del triunfo de la Revolución”–siéntanse libres de poner a más de 60 años del triunfo de la Revolución–, “comprobamos crecientes zonas de descreimiento y desencanto en los jóvenes, tanto iletrados como pertenecientes a las minorías intelectuales.  El nihilismo juvenil, filosóficamente articulado por la corriente llamada posmodernismo, es un fenómeno universal y que en nuestro país no es un fenómeno mayoritario.”

Quisiera preguntar si alguien sabe de qué está hablando Cintio Vitier cuando habla del nihilismo juvenil y del posmodernismo, unas palabras que se están poniendo bastante de moda en los últimos años.

Evidentemente, cuando se habla de nihilismo, se habla de una corriente filosófica que sostiene la imposibilidad del conocimiento y que, por lo tanto, niega la existencia y el valor de todas las cosas; negación de toda creencia o todo principio moral, religioso, político o social; ese sentimiento de que nada de lo que se haga tiene sentido. Por ejemplo, ¿por qué se va a estudiar en la Universidad si hay gente que no lo hace y gana más dinero que uno? ¿Por qué mis padres y mis abuelos trabajaron toda su vida, y de repente el haragán del barrio está mejor porque recibe remesas del exterior?

Hacerse esas preguntas y encontrar las respuestas a ellas: absolutamente nada tiene sentido, es asumir una posición nihilista.

Entonces este es un fenómeno asociado a la posmodernidad.  De la posmodernidad se comienza a hablar luego de la caída del Muro de Berlín y del supuesto fin de la guerra fría, cuando evidentemente el socialismo real, o el proyecto idealista soviético completamente queda abandonado, y el capitalismo, el polo que gana la guerra fría, Estados Unidos y su ideología capitalista e imperialista triunfan en el mundo.

Aparecen personajes que empiezan a hablar del fin de la historia.  Como la historia humana ha sido la historia de las guerras, si nos ponemos a pensar, la historia de los seres humanos es la historia del batallar constante por un objetivo; sin embargo, si pensamos nihilistamente y nada tiene sentido, y vemos que luego de la importancia que tuvo la guerra fría, de repente ganó una única manera de pensar, el capitalismo se instala en el mundo como único pensamiento racional, o sea, lo más lógico es querer trabajar para tener dinero y comprarse una casa y vivir bien, eso es lo lógico; pensar en el otro, o no pensar egoístamente, es ir en contra de la naturaleza humana.

Eso es verdad, se quedó impregnada en muchas personas, y es la verdad que triunfa luego de la guerra fría.

Esa forma de pensar lleva objetivamente a un cambio de época en el pensamiento. Entonces, como no se sabía qué nombre iba a tener esto filosóficamente -lo anterior era el modernismo, a la  primera etapa de desarrollo capitalista y toda su filosofía-, se le llamó posmodernismo. Era una cosa provisional, pero no hay nada más permanente que lo provisional. Así que por posmodernismo lo conocemos ahora y es evidentemente una corriente que entre sus características tiene, por ejemplo, la idea de que la historia ya no existe, lo único que tenemos es presente; el pasado en realidad es una ficción, es un cuento, son relatos, no tenemos que conocerlo; solo tenemos que vivir en el ahora, y ni siquiera preocuparnos por el mañana, y al final nada tiene sentido. Disfruta ahora, tírate varios selfis ahora, porque al final nada tiene sentido.

Luego, no hay dualismo ninguno, se pierde, dejan de existir el oriente y el occidente, dejan de existir blancos y negros, dejan de existir. Aunque se pueden hallar, por supuesto, todo tiene elementos positivos y negativos, aunque nos podemos identificar con algunos elementos positivos del posmodernismo, evidentemente esta dualidad que supuestamente deja de existir entre ricos y pobres, por ejemplo, desde nuestra filosofía, es algo que no se puede aceptar.

La idea de desconocer la dimensión histórica de los procesos y las causas que nos han llevado a que las cosas sean como son a nivel internacional, incluso a nivel nacional, cómo vivir en el presente sin conocer nuestro pasado, cómo pensar en qué hacer mañana y por qué hacemos las cosas, si no lo identificamos como un proyecto de vida; no digo un proyecto de nación, todo comienza desde el individuo, y desde el cómo las relaciones sociales, las relaciones familiares, nos van transformando en la cotidianidad. Cómo enajenarnos de eso y simplemente pensar que estamos aquí sin ninguna razón y que por lo tanto nada de lo que hagamos vale la pena, y que por lo tanto no tenemos nada que aportar al otro, no tenemos nada en que ayudar a las demás personas y nos encerramos en nosotros mismos.

Estas ideas son lamentablemente una de las grandes tendencias en el pensamiento. Y no quiero decir eso de que los jóvenes están perdidos, porque la frase data de la Grecia antigua. Sin dudas el artículo de Cintio tiene una visión muy integradora.

Él escribió por ejemplo sobre las relaciones entre política, el pueblo y la poesía. ¿Qué relación puede existir, cuando según algunas clasificaciones, sociedad civil es la parte de la sociedad que no toma las decisiones políticas, o sea, está separada de sus gobernantes?

Hay una sociedad civil que se encuentra completamente enajenada del proceso de construcción de su país, y que no hace nada para seguir construyendo.

Sin embargo, en la historia de Cuba hay un personaje que da respuesta a este problema de qué relación existe entre política, pueblo, poesía, cultura, de una manera muy particular y muy integradora, que es la que Cintio rescata. Por supuesto, estamos hablando de José Martí.  Y de ahí la importancia, una vez más, de recurrir al Apóstol a la hora de intentar encontrar herramientas para dar respuestas, desde nuestras propias realidades, desde nuestros propios pensamientos, nuestros intereses, los intereses de nuestra comunidad, a estos problemas a los cuales nos enfrentamos.
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Martí nos enseña el camino del bien

Pedro Pablo Rodríguez en el espacio Dialogar, dialogar, de la AHS.

Por Doctor en Ciencias Históricas Pedro Pablo Rodríguez, intervención en el espacio Dialogar, dialogar, de la AHS

¿Vieron todos en la televisión los personajes que les echaron la sangre a los bustos de Martí? Hay uno de ellos, que dice que él lo hizo porque el otro vino y le dijo que tenía una “pinchita” para ganar dinero. No sabemos cuánto.

Estas personas no tienen realmente ni la menor idea de quién es Martí, no lo sienten, no comprenden su dimensión. Solo así se entiende un poco que hagan semejante cosa.

Entonces yo pienso: ¿y cómo es posible que en Cuba, con todo lo que hablamos de Martí y todo lo que se publica y se hace, pues haya personas que, como esas, no conozcan la obra ni las esencias de José Martí, no sientan suficiente admiración y respeto?

Este es un asunto importante, un asunto central. Debemos entender cada día más por qué Martí resulta importante, por qué resulta significativo para nosotros, y no pensar simplemente que es por sus textos, sino también por lo que hizo. Les voy a poner unos ejemplos de unas personas extranjeras.  Nosotros, en el Centro de Estudios Martianos, recibimos estudiantes extranjeros con frecuencia. Llegó una vez una muchacha japonesa, que quería hacer estudios sobre Martí, a ver si escribía un trabajo, hasta un libro sobre él.
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Luz y semilla

 

Elier Ramírez Cañedo

Sergio Montes de Oca

«…Cuando se muere

En brazos de la patria agradecida,

La muerte acaba, la prisión se rompe;

¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!».

José Martí

Este 8 de enero estaría cumpliendo 80 años Sergio Saíz Montes de Oca. Creo que nunca serán suficientes las acciones que realicemos para mantener vivo en las nuevas generaciones el ejemplo de vida e ideales revolucionarios de Sergio, así como de su inseparable hermano Luis Saíz Montes de Oca, quienes contaban apenas con 17 y 18 años de edad, cuando fueron vilmente asesinados por esbirros de la dictadura el 13 de agosto de 1957, en San Juan y Martínez, Pinar del Río, día que habían escogido ambos hermanos para realizar una acción por el cumpleaños de Fidel.

Sergio y Luis cayeron compartiendo los sueños y luchas de aquella Generación del Centenario, que desde 1953 se había entregado a la causa de la verdadera independencia y justicia social para Cuba, dispuestos a dar su sangre y vida para que el Apóstol siguiera viviendo en el alma de la Patria.

Basta echar una ojeada a sus textos literarios y políticos para quedar sorprendidos y admirados de cómo, a pesar de su corta edad, había despertado en ellos una especial sensibilidad y vocación hacia el arte y la literatura, así como por la radicalidad, hondura, madurez y originalidad de su pensamiento político. No menos destacado fue su papel en el accionar revolucionario de la época. Encoleriza pensar hasta dónde hubieran llegado esos jóvenes —pudiéramos decir adolescentes— de no haberles arrebatado sus vidas la sangrienta dictadura.

Para explicarse las posiciones de ambos hermanos hay que tomar en cuenta la influencia determinante que recibieron en el seno familiar, tanto de su madre Esther Montes de Oca como de su padre, el juez municipal Luis Saíz Delgado, quienes los hicieron crecer en un ambiente marcado, además de por excepcionales valores humanos, por el conocimiento de la obra de José Martí, la historia de Cuba y universal, y lo más avanzado del pensamiento humanista.

A su corta edad habían leído además de a Martí, a Julián del Casal, Simón Bolívar, Benito Juárez, García Lorca, José Ingenieros, José Enrique Rodó, Haya de la Torre, Carlos Marx y Vladimir Ilich Lenin. El alegato de autodefensa de Fidel, La historia me absolverá, fue un texto que ejerció mucha influencia en ellos.

Todo ese acumulado cultural, más sus experiencias prácticas, los llevó a defender un proyecto autóctono socialista para Cuba, erigido sobre las columnas del pensamiento ético y emancipador de nuestro Héroe Nacional, distanciado de las malformaciones que ya advertían en el socialismo europeo. Aspectos que se vislumbran con gran precisión en el texto Por qué luchamos, considerado su testamento político.

Actividad revolucionaria intensa

Sergio nació el 8 de enero de 1940 en San Juan y Martínez, Pinar del Río. Hizo sus estudios primarios en la escuela José de la Luz y Caballero, donde enseñaba su madre Esther. Según los que lo conocieron, tenía un carácter inquieto e impetuoso, pero a la vez reflexivo. Igual que Luis, cultivó la poesía y de manera autodidacta la pintura y el dibujo.

Su actividad revolucionaria más intensa la desarrolló en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río, donde fue electo secretario de la Asociación de Alumnos. Desde esa institución impulsó la creación de una escuela popular nocturna para elevar la preparación y conciencia política de los obreros y campesinos, pero esta experiencia no sobrevivió mucho tiempo al ser clausurada por el régimen. Sergio llegó a graduarse de Bachiller y Letras y soñaba con estudiar la carrera de Medicina.

Durante esa etapa se incorporó al Directorio Revolucionario y más tarde al Movimiento 26 de Julio. En esta última organización sería nombrado jefe de Acción y Sabotaje en el municipio de San Juan y Martínez. Fue tal su activismo político en las tánganas, protestas y otras acciones contra la dictadura que sería fichado por el Servicio de Inteligencia Militar como el joven del «jacket verde».
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Ley Helms Burton: Instrumento para la reconquista neocolonial de Cuba

Caricatura: Osval.

“En 1953 la familia cubana tenía un ingreso de seis pesos a la semana. Del 15 al 20 por ciento de la fuerza de trabajo estaba crónicamente desempleada. Sólo un tercio de las castas de la Isla tenían agua corriente y en los últimos años que precedieron a la Revolución de Castro este abismal nivel de vida bajó aún más al crecer la población, que no participaba del crecimiento económico.

(…)

De una manera que antagonizaba al pueblo de Cuba usamos la influencia con el Gobierno para beneficiar los intereses y aumentar las utilidades de las compañías privadas norteamericanas que dominaban la economía de la Isla. Al principio de 1959 las empresas norteamericanas poseían cerca del 40 por ciento de las tierras azucareras, casi todas las fincas de ganado, el 90 por ciento de las minas y concesiones minerales, el 80 por ciento de los servicios y prácticamente toda la industria del petróleo y suministraba dos tercios de las importaciones de Cuba.

(…)

…Quizás el más desastroso de nuestros errores fue la decisión de encumbrar y darle respaldo a una de las dictaduras más sangrientas y represivas de la larga historia de la represión latinoamericana. Fulgencio Batista asesinó a 20 000 cubanos en siete años, una proporción de la población de Cuba mayor que la de los norteamericanos que murieron en las dos grandes guerras mundiales…Voceros de la Administración elogiaban a Batista, lo exaltaban como un aliado confiable y un buen amigo, en momentos en que Batista asesinaba a miles de ciudadanos, destruía los últimos vestigios de libertad y robaba cientos de millones de dólares al pueblo cubano.[i]

Estas palabras fueron pronunciadas por el joven senador demócrata J.F.Kennedy, durante la campaña presidencial de 1960. El mismo Kennedy que poco después, ya bajo la lógica sistémica y como presidente de Estados Unidos, tendrían a su cargo la invasión mercenaria por Playa Girón, la aprobación de la Operación Mangosta, la firma de la orden ejecutiva que oficializó el bloqueo contra Cuba, pero también el mismo Kennedy que exploraba un acercamiento secreto a Cuba, en los momentos en que se produce su asesinato. Ya fuera parte de la demagogia electoral o realmente sinceras, las palabras de Kennedy sobre la Cuba de los años 50 reflejan una realidad irrefutable. Es precisamente esa Cuba, la que siempre han pretendido  restaurar -ajustada a un nuevo contexto- los enemigos de la nación cubana que participaron en la elaboración o hicieron lobby a favor de la aprobación de la Ley Helms Burton en 1996. Son los mismos sectores reaccionarios de acendrada cultura plattista que ahora se encuentran envalentonados con el respaldo incondicional que les ha ofrecido la administración republicana de Donald Trump para su ofensiva de hostilidad contra la Revolución Cubana. Situación que ha puesto las relaciones bilaterales en su punto más bajo desde los tiempos de W. Bush; todavía con posibilidades de seguir empeorando.

Mucho se ha discutido sobre el extravío jurídico, en abierta violación del derecho internacional, que implica la Ley Helms Burton, pero en primera instancia todo ello parte de una aberración política de grupos de poder en Estados Unidos que representan un pensamiento retrógrado que se resiste a desaparecer y aceptar una realidad mucho más promisoria para las relaciones entre Cuba y la nación norteña.

A su vez, mucha más atención mediática han recibido por su impacto internacional los títulos III y IV de la Ley, sin embargo, sin restarle importancia a estos últimos, la esencia de la ley descansa en los títulos I y II, de hecho, en buena medida los títulos III y IV responden al interés de lograr los objetivos planteados en los dos primeros títulos.

A pesar de que sabemos que fue construida con retazos de numerosos proyectos anticubanos, la Ley Helms Burton hay que verla como un todo. En su letra y espíritu toda ella tiene un carácter extraterritorial y constituye una afrenta a la soberanía de Cuba, al no reconocer el derecho de la nación cubana a su independencia y autodeterminación.

Como se conoce, en el título I es donde se codifica el bloqueo, es decir, todas las regulaciones, medidas, órdenes ejecutivas y disposiciones que hasta ese momento formaban parte del andamiaje de guerra económica contra Cuba pasan a convertirse en Ley, de ahí que se produzca una transferencia de prerrogativas del ejecutivo al legislativo en cuanto a la posibilidad de levantar totalmente el bloqueo a la Isla. También en este título se fortalecen todas las sanciones internacionales contra terceros países que establezcan algún tipo de relación económico-comercial con Cuba o le presten algún tipo de asistencia, así como se oficializa el financiamiento y apoyo general a los grupúsculos contrarrevolucionarios en la Isla que actúan como quinta columna. De esta manera, son potenciados y llevados a nivel de Ley los dos componentes básicos que han definido la política agresiva de Estados Unidos contra Cuba durante décadas: el bloqueo y la subversión. Sin embargo, el título II, al cual quiero referirme brevemente en esta ponencia, rebasa incluso los límites de lo que podemos considerar irracional como parte de las ínfulas imperiales que han caracterizado la política de Estados Unidos hacia Cuba.

“Creo que no hay un ejemplo en la legislación internacional –expresó Ricardo Alarcón en el año 2000-, no hay un ejemplo de ningún Parlamento del mundo, en ninguna época de la historia de la humanidad, que haya hecho una cosa como esa, que haya, abiertamente legislado sobre otro país que no es colonia. Quizás lo hayan hecho en los tiempos imperiales algunos imperios con relación a sus colonias.

Por eso, si se quiere hablar de extraterritorialidad, es imposible encontrar un ejemplo más claro y más chocante, más repudiable de extraterritorialidad que todo este Título Segundo”.[ii]

Al leer esta Título de la Ley Helms Burton resulta imposible para cualquier cubano no establecer paralelismos con la Enmienda Platt, impuesta a la fuerza por el gobierno de Estados Unidos como apéndice de la Constitución cubana de 1901. La Enmienda Platt constituye en el imaginario cubano uno de los recuerdos más tristes y odiados de lo que fue la injerencia y la dominación estadounidense en la Isla durante 60 años de República Neocolonial Burguesa. La aplicación de esta enmienda provocó varias intervenciones militares –directas y preventivas- de Estados Unidos en Cuba, incluyendo una segunda ocupación, de 1906 a 1909. De ahí que el sello plattista, presente en la Ley Helms Burton, siga provocando el más enérgico rechazo del pueblo cubano, aunque también el hecho de pretender internacionalizar el bloqueo y establecer amenazas a terceros involucrados o deseosos de comerciar e invertir en Cuba, ha levantado no pocas voces de condena en la comunidad internacional, incluyendo al interior de Estados Unidos. No en balde, varios analistas han visto también en la Ley Helms Burton una especie de corolario de la Enmienda Platt y la Doctrina Monroe.

El título II en cuestión comienza con una declaración cínica y contraria al espíritu mismo de toda la ley cuando señala que la política de Estados Unidos es “apoyar la libre determinación del pueblo de Cuba” y más adelante expresa que “la libre determinación del pueblo cubano es un derecho soberano y nacional de los ciudadanos de Cuba que debe ejercerse sin injerencias del gobierno de cualquier otro país”.

Todo lo que sigue a este planteamiento es su negación misma.

Si la Enmienda Platt constituyó el puñal en la garganta del pueblo cubano que utilizó Washington para lograr sus designios bajo la amenaza de ocupación militar permanente, en La ley Helms Burton, y en especial su título II se ratifica al bloqueo económico, comercial y financiero, como la piedra angular de la política agresiva de Estados Unidos contra Cuba, con el objetivo de doblegar la voluntad soberana de toda una nación y condicionar el levantamiento de las sanciones económicas al regreso de Cuba a la zona de influencia y dominio de Estados Unidos.

La Enmienda Platt daba el derecho a Estados Unidos a intervenir en Cuba cada vez que lo estimara conveniente, pero la Ley Helms Burton va incluso más allá en su carácter injerencista, al establecer lo que el presidente y congreso de Estados Unidos entenderán como un gobierno de transición y electo democráticamente en Cuba, para poder levantar en un futuro el bloqueo y prestar asistencia económica a la Isla.

Mas situándonos hipotéticamente en que los sueños de reconquista neocolonial capitalista en Cuba fueran cumplidos, la desmesura de este título II es tal, que deja claro que incluso después de instaurado un gobierno contrarrevolucionario en el poder en Cuba, cumplidos los sueños del imperialismo, con democracia representativa burguesa y multipartidismo, economía de mercado, Radio Martí y TV Martí trasmitiendo sin interferencia, entre otros requisitos establecidos por la ley en este título, aun seguiría existiendo el bloqueo. Antes de su definitivo levantamiento, según este título II, en su sección 205, ese gobierno pro yanqui tendría que proceder a la devolución o indemnización de las propiedades confiscadas por el gobierno revolucionario cubano a los ciudadanos estadounidenses el 1ro de enero o después.

Y para dejar constancia de que este elemento es el más relevante de todo lo planteado en este título se declara: “Es el sentir del Congreso que la liquidación satisfactoria de las reclamaciones de propiedades por parte de un Gobierno cubano reconocido por los Estados Unidos sigue siendo una condición indispensable para el pleno restablecimiento de las relaciones económicas y diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba”.

La fecha del 1ro de enero de 1959 está incluida con toda intención, pues ahí no se está hablando solo de las “5 911 reclamaciones certificadas” hasta la aprobación de la Ley Helms Burton, ahí se están incorporando a los que no eran ciudadanos estadounidenses cuando se produce el proceso de nacionalización y la obtuvieron después, pero también –y ahí está lo inédito e inaudito al mismo tiempo- a los batistianos y toda la mafia que salió huyendo de Cuba en los primeros días de enero de 1959 al producirse el triunfo revolucionario y a los cuales no se le nacionalizó nada, sino que se les confiscó las propiedades que dejaron abandonadas ante la urgencia de saberse en peligro de enjuiciamiento por malversación, robo, asesinato y tortura. La desmesura de este título es tal que llega a definir un escenario en el que ya derrotada supuestamente la Revolución, con un gobierno títere y un funcionario de coordinación –al estilo de Leonard Wood, Enoch Crodwer y Sumer Welles- designado por el presidente de EE.UU, habría que entregar el país prácticamente en toda su extensión y riquezas a sus antiguos explotadores y dueños espurios o su descendencia, para que pueda levantarse de una vez y por todas el bloqueo genocida. Cuba volvería a ser un país atado de pies y manos al poder extranjero.

Ahí se devela sin afeites el propósito real de la Ley Helms Burton, que explica también la razón de estado de la política de Estados Unidos hacia Cuba y la esencia del conflicto entre ambos países durante más de dos siglos, en especial durante las últimas seis décadas. La democracia, los derechos humanos, el multipartidismo, la economía de mercado, la transición pacífica hacia el capitalismo y toda esa retórica que se utiliza como parte del discurso estadounidense para justificar su hostilidad hacia la Revolución Cubana, son medios, no el fin en sí mismo de la política de Washington hacia La Habana. A la mayor parte de los sectores que han conducido la política de Estados Unidos hacia Cuba, entre ellos los defensores a ultranza de la Ley Helms Burton y los halcones que hoy predominan en el diseño de la política hacia la Isla, poco le importan realmente la democracia liberal y los derechos humanos, si esto no les asegura por encima de todo la conversión de la Isla en un enclave de dominación yanqui. Lo último es lo verdaderamente importante para sus intereses, lo primero puede ser funcional, pero no condición sine qua non, aunque se disfrace en el discurso público. La historia y el presente de nuestra región latinoamericana y caribeña es la muestra más evidente de este aserto. Vemos países y gobiernos que violan sistemáticamente los derechos humanos, reprimen, torturan, asesinan, desaparecen personas, se mantienen en el poder de manera autoritaria y, sin embargo,  gozan del beneplácito de Washington; sobre ellos no pesan ni bloqueos, ni leyes Helms Burton, ni la más mínima sanción unilateral.  La Ley Helms Burton, y el título II al que nos hemos referido también está plagado de lenguaje engañoso y cínico. De hecho toda la ley está sustentada en la idea de que Cuba es una amenaza no solo a la seguridad nacional de Estados Unidos, sino incluso para la seguridad internacional. Pocas veces se ha visto en la historia una ley plagada de tantas calumnias ridículas e infames. Sabemos, que cuando Estados Unidos habla de “seguridad nacional” e incluso “seguridad internacional”, a lo que realmente está haciendo alusión es a la seguridad imperial de la clase dominante de ese país, hoy más desenfrenada y violenta que nunca ante el evidente declive de su hegemonía global.

Para concluir pudiéramos añadir que la Ley Helms Burton, no solo es ilegal e  ilegítima, sino también políticamente inviable, en tanto está anclada a un pasado ignominioso que los cubanos tuvieron que superar a fuerza de coraje, sacrificios, sudor, lágrimas y sangre de varias generaciones, y al que solo se podría volver eliminando físicamente a todo un pueblo y barriendo desde sus cimientos la historia, tradición y cultura de la nación cubana.

No obstante, lo lamentable es que mientras exista esta ley será bien difícil el camino para lograr avances sostenibles y significativos en el tiempo para las relaciones civilizadas entre ambos países y resultará imposible blindar cualquier proceso de normalización ante los vaivenes de la política doméstica en Estados Unidos. Algo que se ha puesto en evidencia durante el actual mandato presidencial de Donald Trump. Se hace imperioso que todos los que abogamos y defendemos una relación más civilizada en beneficio de ambos gobiernos y pueblos nos movilicemos hoy más que nunca en la condena de este instrumento político que con su pretensión de retomar la dominación de Estados Unidos sobre Cuba, busca también perpetuar y hacer insoluble en el tiempo el conflicto entre ambos países.

Como advirtiera Fidel en 1994: “La normalización de las relaciones entre ambos países es la única alternativa; un bloqueo naval no resolvería nada, una bomba atómica, para hablar en lenguaje figurado, tampoco. Hacer estallar a nuestro país, como se ha pretendido y todavía se pretende, no beneficiaría en nada los intereses de Estados Unidos. Lo haría ingobernable por cien años y la lucha no terminaría nunca. Solo la Revolución puede hacer viable la marcha y el futuro de este país”.[iii]

(Ponencia presentada en la XVIII edición de la Serie de Conversaciones de Cuba en la política exterior de Estados Unidos, ISRI, 17 de diciembre de 2019)

Notas

[i]Citado por Carlos Lechuga en: Itinerario de una Farsa, Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de La Habana, 1991, pp.127-129.

[ii] Transcripción de las palabras de Ricardo Alarcón en la Mesa Redonda Instructiva del 10 de julio del 2000.

[iii] Fragmento de carta enviada por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, al presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari el 22 de septiembre de 1994, tomada de Carlos Salinas de Gotari: Muros, Puentes y Litorales. Relación entre México, Cuba y Estados Unidos (Penguin Random House Grupo Editorial, S.A, 2017.

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Fidel es Cuba, Cuba es Fidel

Ahí está el heroico pueblo de Cuba, resistiendo, luchando, creando y venciendo, mientras esa continuidad creativa y renovadora esté presente, ahí estará por siempre Fidel. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Quiso el destino, como para alertarnos que solo se trataba de un nuevo viaje hacia otros horizontes de lucha y épica revolucionaria, dotar de gran simbolismo la fecha del fallecimiento del Comandante, ocurrida el 25 de noviembre de 2016, precisamente a 60 años de que el líder de la Revolución Cubana, desafiando todos los imposibles se lanzara al mar desde Tuxpan en el yate Granma junto a sus compañeros, decididos a liberar o entregar sus vidas a la patria.

Desde que comenzó sus luchas en la Universidad de La Habana hasta su último suspiro, Fidel se caracterizó por decir lo que pensaba y hacer lo que decía. El 8 de enero de 1959, el Comandante había señalado en su histórico discurso pronunciado en el campamento de Columbia:

“Sé, además, que nunca más en nuestras vidas volveremos a presenciar una muchedumbre semejante, excepto en otra ocasión —en que estoy seguro de que se van a volver a reunir las muchedumbres—, y es el día en que muramos, porque nosotros, cuando nos tengan que llevar a la tumba, ese día, se volverá a reunir tanta gente como hoy, porque nosotros ¡jamás defraudaremos a nuestro pueblo!”.

Y Fidel jamás defraudó a su pueblo, y esas muchedumbres volvieron a reunirse –multiplicada en millones– a lo largo y ancho de toda Cuba para despedirse y rendirle honores a su líder. Antes de morir, Fidel dejó planteada su última voluntad, no quería ni calles ni monumentos que llevaran su nombre, toda una lección de vida y expresión de la cualidad más extraordinaria que puede llevar en sí un revolucionario: la sencillez, donde descansa la verdadera grandeza.
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Más allá de los «13 días» de la Crisis de Octubre

Cuba tuvo que dar una intensa batalla diplomática en la onu por la Crisis de Octubre. 
Foto: tomada del sitio fidel soldado de las ideas
Cuba tuvo que dar una intensa batalla diplomática en la ONU por la Crisis de Octubre. Foto: Sitio Fidel Soldado de las ideas

Aún existen enfoques que, al referirse a la Crisis de Octubre, reducen los análisis a los conocidos «13 Días» –del 16 al 28 de octubre–, desconociendo que, si para Estados Unidos la crisis había comenzado en octubre de 1962, ya Cuba vivía una crisis que amenazaba su supervivencia como nación independiente y soberana desde mucho antes, enfrentada a las más disímiles formas de agresión del Gobierno de Estados Unidos, incluyendo la invasión mercenaria por Playa Girón en abril de 1961. Tampoco se puede entender lo sucedido en octubre de 1962 sin hacer mención a la Operación Mangosta, la más amplia operación de guerra encubierta diseñada e implementada por Estados Unidos contra otro país en esa década, aprobada por el presidente Kennedy desde noviembre de 1961. El propósito fundamental de esta operación era crear el escenario ideal que facilitara una invasión directa de las fuerzas armadas estadounidenses.

Pero tampoco la crisis concluyó definitivamente luego de que el 28 de octubre se hiciera pública la carta de Jrushchov a Kennedy, donde el premier soviético se comprometía a retirar los cohetes de la Isla, decisión que no había sido consultada al liderazgo cubano. Solo la posición valiente e intransigente de la dirección cubana, al negarse a cualquier tipo de inspección del territorio cubano y plantear los Cinco Puntos, fue lo que salvó el prestigio moral y político de la Revolución en aquella coyuntura.

Después del 28 de octubre de 1962 comenzó a ceder la escalada de confrontación, pero ello no significó que en los meses de noviembre y diciembre de 1962 desaparecieran la tensión y el peligro de una guerra termonuclear. En esos dos meses Cuba continuaría desarrollando una intensa batalla política y diplomática, siendo Fidel su principal artífice.

El lunes 29 de octubre, en Naciones Unidas, la delegación soviética anunció la designación del viceministro de Relaciones Exteriores, Vasilievich Kuznetzov, para encabezar las negociaciones con Estados Unidos. Por la parte estadounidense participarían Adlai Stevenson y John McCloy, y por Cuba, Carlos Lechuga. Otra noticia dada a conocer ese día fue la aceptación de U Thant, secretario general de la onu, de la invitación del Gobierno revolucionario para que visitara la Isla. En sus conversaciones con la alta dirección del país quedaron delineadas las posturas firmes de Cuba en cuanto al necesario cumplimiento de los Cinco Puntos. Se planteó que no se permitiría ninguna inspección de control en territorio cubano con pretensiones de verificar la verdadera retirada de los cohetes, pues Cuba no había violado ninguna ley internacional, y Estados Unidos sí, pero nadie controlaría el cumplimiento de su palabra de no invadir a la Isla.

U Thant coincidió con Fidel respecto a la ilegalidad del bloqueo y con otros muchos argumentos planteados por el líder de la Revolución, ello explica el por qué Washington evitó luego una discusión amplia en Naciones Unidas sobre la crisis y la participación directa de U Thant en las negociaciones.

Desde el regreso de U Thant a New York, los negociadores soviéticos y cubanos venían confeccionando un proyecto de Protocolo Tripartito para ser sometido al Consejo de Seguridad, en el que quedaban recogidos los intereses de Cuba planteados por Fidel en los Cinco Puntos.

El 6 de noviembre el Gobierno de Estados Unidos solicitó oficialmente, como solución de la crisis, la retirada de los IL-28 convertidos de pronto en armas «ofensivas». El bloqueo naval y las violaciones al espacio aéreo cubano continuarían todavía por varios días, al tiempo que Kennedy amenazaba con tomar nuevas medidas agresivas a partir del 20 de noviembre. Precisamente ese día, los soviéticos terminaron cediendo cuando llegó a la Casa Blanca un mensaje de Jruschov, en el cual se anunciaba que los IL-28 también serían retirados en un plazo de 30 días. El presidente estadounidense inmediatamente realizó una conferencia de prensa, donde declaró que se habían reducido significativamente los peligros, con la decisión soviética de retirar las «armas ofensivas», y que habría paz en el Caribe si estas se mantenían fuera del hemisferio y si no se usaba a Cuba.

Una batalla política y diplomática

No obstante, para Cuba continuó la batalla política y diplomática. En la tarde del 25 de noviembre, la Dirección Nacional de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ori) y el Consejo de Ministros de la República se reunieron, para tratar los problemas referentes a la solución de la crisis y discutir la respuesta a las palabras del presidente Kennedy. Allí se acordó hacer pública una declaración para dar a conocer al pueblo y al mundo la posición del Partido y el Gobierno cubanos, de condena a la violación flagrante del Derecho Internacional por parte del Gobierno de Estados Unidos.

El 26 de noviembre Carlos Lechuga, embajador cubano en Naciones Unidas, visitó a U Thant para expresarle que era muy importante que la onu no perdiera el control del proceso de negociaciones, pues ya a esas alturas los soviéticos y estadounidenses se reunían sin consultar a U Thant, a quien solo se le informaba después de los acuerdos tomados. Además, era de conocimiento público que U Thant, quien debía rendir cuentas de las gestiones como mediador, había manifestado en La Habana que los dos temas, el de la solución a corto plazo y el de la normalización de las relaciones internacionales en la zona del Caribe, estaban vinculados, por lo que las acciones subversivas y bélicas contra Cuba y el bloqueo económico también serían objeto de análisis, como aspectos esenciales de la solución de la crisis a la largo plazo. Por todo ello Estados Unidos evitó en todo momento verse en una posición tan incómoda en Naciones Unidas, y entrar en un debate con los cubanos. Incluso, en uno de los documentos desclasificados en Estados Unidos, que contiene las sugerencias que McCloy hizo a Kennedy antes de que éste último se reuniera el 29 de noviembre con el viceprimer ministro de la urss, Anastas Mikoyan, se recomendó al Presidente estadounidense que le expresara al dirigente soviético que si la urss mantenía la intención de incorporar a los cubanos en la discusión de los arreglos finales se examinaría la alternativa de interrumpir unilateralmente las negociaciones.

El 28 de noviembre, el Gobierno revolucionario cubano cursó instrucciones a su embajador en la onu, Carlos Lechuga, previendo una posible discusión en el Consejo de Seguridad de los proyectos independientes de declaración de Estados Unidos y la urss. Se le orientaba que, en caso de no arribarse a un acuerdo conforme a los puntos de vista de Cuba –que era lo más probable–, declarara que no existían garantías para Cuba y que fuese muy crítico frente a la posición estadounidense, denunciando ante la onu las consecuencias de esta, llamando la atención al Consejo de Seguridad Nacional sobre el descaro de entrar a discutir el derecho a la invasión, lo cual pugnaba con los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

Al día siguiente, Lechuga volvió a recibir instrucciones desde La Habana, en las cuales se le indicaba que, si bien estaba excluida una declaración tripartita, tampoco Cuba estaba de acuerdo con el proyecto de declaración de los soviéticos. La única alternativa era una declaración independiente, que dejara al desnudo la infame conducta de Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad.

El 3 de diciembre la oficina del ministro de Relaciones Exteriores, Raúl Roa, envió a Lechuga un mensaje cifrado, que era una versión de un memorando enviado por Dorticós a Roa, en el que se subrayaba que Cuba haría una sola declaración, de acuerdo con las instrucciones enviadas y que era «imposible ocultar en el Consejo de Seguridad las discrepancias entre la urss y Cuba», aunque no había que destacarlas expresamente, pero sí fijar la posición cubana de que la promesa de no invasión, sin las garantías mínimas contenidas en el proyecto de Protocolo, no constituían una seguridad para la Isla.

Una de las discrepancias fundamentales de Cuba con el proyecto de Declaración de la urss estuvo en la afirmación de que, en todo, el Gobierno soviético actuaba de acuerdo con el de la República de Cuba, lo cual no era cierto. Además, Cuba discrepaba con la declaración soviética cuando esta consideraba como compromisos algunos asuntos a los que nunca los estadounidenses se comprometieron, tales como el respeto a la soberanía de Cuba y la inviolabilidad de sus fronteras, así como la no interferencia en sus asuntos internos. En realidad, Kennedy no se comprometió oficialmente a nada. Todo quedó en palabras y letras de correspondencia. Además, Estados Unidos nunca se comprometió a dejar de seguir agrediendo a Cuba de las más disímiles maneras, sino a no invadirla directamente, sobre lo cual tampoco se establecieron garantías.

Finalmente, la crisis se liquidó de manera formal con dos cartas a U Thant, una muy breve firmada conjuntamente por Adlai Stevenson y V. Kuznetsov, y otra más extensa del Gobierno revolucionario cubano; ambas con fecha 7 de enero de 1963. Estados Unidos había logrado imposibilitar un amplio debate en las Naciones Unidas, y muy pronto reanudaron los planes de agresión abierta y encubierta contra la Isla. Los Cinco Puntos planteados por Fidel –que de haberse resuelto realmente hubieran permitido una solución justa y profunda más allá de la coyuntura– quedaron como constancia de que solo se había logrado una paz efímera y que aún el pueblo cubano tendría que seguir enfrentando por muchos años la política hostil de las distintas administraciones estadounidenses.

Los cinco puntos de Cuba

  1. Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económica de Estados Unidos contra nuestro país.
  2. Cese de todas las actividades subversivas.
  3. Cese de los ataques piratas.
  4. Cese de las violaciones de nuestro espacio aéreo.
  5. Retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por Estados Unidos.

(Tomado de Granma)

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