Nuevas palabras a los intelectuales para continuar viviendo la Revolución

 

Yusuam Palacios Ortega

 

Hay textos que marcan épocas o momentos trascendentales en la historia, discursos contentivos de premisas para incentivar los cambios que hacen parte de un proceso revolucionario, palabras que definen líneas de acción y legitiman principios sobre los cuales colocamos el programa de lucha que determinan las circunstancias o el tiempo histórico que vivimos. En Cuba hay una tradición de pensamiento que ha sabido enarbolar las banderas de la masa pujante del pueblo y ha permitido que la identidad cubana se preserve, nuestra cultura de resistencia, la alternativa a un modelo que en nada nos resulta ni confiable ni viable. Y esa tradición, fruto de un emancipador ejercicio del pensar y la coherencia entre la idea y la acción, para la imprescindible transformación; tiene un reflejo nítido en documentos, textos o discursos definitorios.

 

Son muchos los ejemplos antes y después del triunfo de la Revolución, pero nos ocupará en lo adelante unas breves reflexiones a propósito del discurso del presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Miguel Díaz-Canel Bermúdez en la clausura del 9no Congreso de la UNEAC; precisamente el día en que conmemoramos 58 años de aquellas palabras de Fidel a los intelectuales cubanos el 30 de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional; hecho de gran trascendencia, no solo para el momento en que fueron dichas sino para todos los tiempos; como también ya constituye un hecho memorable el discurso de Díaz-Canel por su altura ética, su visión preclara de los desafíos de hoy y su firmeza intelectual en medio del drama aterrador que vive la humanidad.

 

Volver sobre Palabras a los Intelectuales, revisitar el contexto histórico de entonces y adecuarlas a este que vivimos; hace parte de un deber que artistas, intelectuales, políticos y pueblo en general tienen en medio de una crisis humanística que degrada al ser humano y lo convierte en bestia; de un escenario de convivencia internacional eminentemente nocivo, bajo la dominación de un capitalismo terrible que continúa destruyendo la vida en la Tierra y despojando a los pueblos de sus identidades, culturas, valores propios. Una poderosa guerra cultural que pretende aniquilar el pensamiento y coronar la desmemoria, se desata hoy cual caja de Pandora que ha sido destapada.

 

A propósito de Palabras a los Intelectuales, el presidente Díaz-Canel convocó a todos a hacer una lectura contextualizada: “Nuestro deber es leerlo conscientes de que, siendo un documento para todos los tiempos, por los principios que establece para la política cultural, también exige una interpretación contextualizada”.[1] En este sentido expresó:

“…resulta reduccionista limitarse a citar su frase fundamental:Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada, soslayando que Revolución es más que Estado, más que Partido, más que Gobierno, porque Revolución somos todos los que la hacemos posible en vida y en obra.Y también sería contradictorio con la originalidad y fuerza de ese texto, pretender que norme de forma única e inamovible la política cultural de la Revolución. Eso sería cortarle las alas a su vuelo fundador y a su espíritu de convocatoria”[2].

 

Revisitar Palabras a los intelectuales precisa de nosotros un ejercicio de pensamiento que nos permita adecuarnos al momento presente, a los códigos nuevos de la comunicación y la información, a los escenarios de lucha ideológica y cultural. La guerra es cultural y ante la burda pretensión neoliberal e imperialista de restaurar el sistema capitalista en Cuba y someter a los pueblos de nuestra América y fracturar sus identidades; asirnos a una plataforma descolonizadora como estas medulares palabras de Fidel, es deber de hoy y mañana. El presidente Díaz-Canel continuó expresando:

 

“Hoy tenemos el deber de traer sus conceptos a nuestros días y defender su indiscutible vigencia, evaluando el momento que vivimos, los nuevos escenarios, las plataformas neocolonizadoras y banalizadoras que tratan de imponernos y las necesidades, pero también las posibilidades que con los años y los avances tecnológicos se han abierto.Hay que hacer lecturas nuevas y enriquecedoras de aquellas palabras. Hacer crecer y fortalecer la política cultural, que no se ha escrito más allá de Palabras… y darle el contenido que los tiempos actuales nos están exigiendo[3].

 

En medio de tal crisis tuvo lugar la magna cita de la vanguardia artística e intelectual cubana; cuando el gobierno de los Estados Unidos y sus aliadosconfiguran una especie de internacional fascista que a través del intervencionismo e injerencia, en un resurgir de las prácticas macartistas alrededor de la denigrante Doctrina Monroe, dirigen sus esfuerzos a recrudecer la política agresiva contra pueblos y gobiernos que consideran adversarios, con la pretensión de aniquilar los valores de la sociedad y degradar la conciencia y cultura política de las masas. Así hacen en la actualidad de manera impúdica, fortaleciendo la guerra no convencional, desde la judicialización de la política hasta la guerra cultural y simbólica que destruye pueblos y enajena mujeres y hombres.

 

En un contexto tan hostil, donde la batalla por la dignidad humana hay que librarla tanto en las calles como en las redes sociales; la cultura se levanta como pilar esencial para la salvación del ser humano. El gran intelectual y revolucionario Armando Hart nos advirtió que: “donde no esté la cultura está el camino a la barbarie”. Defender nuestra cultura (incluye la de la Patria Grande) precisa avanzar en el desarrollo, fortalecimiento, divulgación y enriquecimiento de la riqueza cultural de nuestros pueblos, que nos permita dar una batalla cultural a fondo contra los valores enajenantes del capitalismo, creando así una nueva hegemonía. De ahí que debamos trabajar por conformar un frente de pensamiento común anticapitalista que movilice a la intelectualidad que ha sido excluida por el poder hegemónico y que sea capaz de generar contenidos de carácter verdaderamente descolonizadores, que doten a las personas de referencias culturales sólidas en un mundo cada día más ganado por el consumismo y la banalidad.

 

En la hora actual que vivimos deviene imprescindible Martí y su ensayo magistral Nuestra América. Su llamado es a tomar como bandera las ideas: “No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados[4]. Y son escuadrones denigrantes los que pretenden aniquilarnos culturalmente, los que promueven con sus garras la banalidad, el resquebrajamiento de los valores humanos, la codicia enferma y la indecencia en el comportamiento ciudadano; todo ello con el fin de recolonizarnos y despojarnos de nuestra libertad. Fidel nos advirtió con meridiana claridad: “sin cultura no hay libertad posible”.

 

Que nuestra nube de ideas sea antídoto contra el veneno seudocultural capitalista y arma indiscutible en el enfrentamiento a los mercenarios culturales. Lo aprendimos de Martí y con Fidel lo afianzamos: “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras” Ese es el camino; nuestra batalla es cultural y estamos en el deber de asumirla con capacidad crítica desde los códigos comunicacionales de hoy, adecuándonos al momento presente sin ceder en los principios que nos mueven. Que nuestra batalla sea contra la incultura y la indecencia. Ese llamado de Díaz-Canel adquiere especial relevancia por cuanto el tejido espiritual de la nación precisa de una urgente recuperación para salvarlo y salvar la Patria de insensibles, de trasnochados oportunistas, de propagadores de antivalores. Hay que salvar la cultura, sentencia lapidaria que define y convoca.

 

Ese fue el espíritu del Congreso de la UNEAC, que no se detiene ahí sino que, como exhortara Díaz-Canel, no se debe dejar morir. Se pone de manifiesto la idea de que somos continuidad, y en ese sentido, pensamos y actuamos:

 

“Es algo que nuestra generación les debe a los fundadores en primer lugar, desde Céspedes a Martí. A los creadores que continuaron sus luchas y fundamentalmente a Fidel, el indiscutible intelectual y guía de la generación histórica que, junto con la entrega de la tierra y las fábricas a los que la trabajaban, alfabetizó al pueblo, universalizó la enseñanza, creó poderosas instituciones culturales y en los momentos más difíciles nos enseñó que “la cultura es lo primero que hay que salvar”[5].

 

[1]Discurso pronunciado por el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba Miguel Díaz-Canel Bermúdez en la clausura del 9no Congreso de la UNEAC el 30 de junio de 2019.

[2]Ibídem

[3]Ibídem

[4]José Martí: Nuestra América, El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891, en Obras Completas, t. 6.

[5]Discurso pronunciado por el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba Miguel Díaz-Canel Bermúdez en la clausura del 9no Congreso de la UNEAC el 30 de junio de 2019.

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Fidel Castro frente al imperialismo estadounidense

Sobre la mirada profunda que caracterizaba al líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, en sus análisis sobre los Estados Unidos, expresaría el premio nobel de literatura, Gabriel García Márquez: “El país del cual sabe más después de Cuba, es Estados Unidos. Conoce a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo”.[i] Esta es una de las razones que responde a la frecuente pregunta que se hacen millones de personas de cómo fue posible que Fidel lograra sortear y vencer la política agresiva de más de 10 administraciones estadounidenses.

En este trabajo intentamos sintetizar algunas claves que caracterizaron su táctica y estrategia para lidiar con el coloso vecino del norte.

1. Evitar el pretexto para la intervención

Sobre la base de una comprensión y asunción hondísima de las enseñanzas de la historia de Cuba y de la Universal, así como del pensamiento de José Martí, una de las grandes obsesiones de Fidel, desde que inició su lucha revolucionaria en las montañas de la Sierra Maestra, consistió en evitar por todos los medios posibles un escenario que facilitara o estimulara una intervención de los Estados Unidos en Cuba, que frustrara la victoria de los rebeldes frente a la tiranía batistiana, e impedir así que se repitiera la historia de 1898, cuando la victoria de los mambises cubanos fuera escamoteada por la intervención yanqui.

En los meses finales de 1958, ese peligro se hizo mayor al producirse varios incidentes, evidentemente fabricados por el dictador Fulgencio Batista y el embajador yanqui, con la intención de generar una situación que provocara la intervención de los marines en Cuba. El primer intento tuvo lugar en julio de 1958, cuando el estado mayor de la dictadura, de acuerdo con el embajador de los Estados Unidos, retiró sus tropas del acueducto de Yateritas que abastecía de agua la base naval estadounidense en Guantánamo y solicitó a las autoridades de los Estados Unidos presentes en la base el envío de soldados a ese punto del territorio nacional. El propósito era generar un conflicto entre las fuerzas del Movimiento 26 de julio y los marines yanquis y así justificar la intervención militar. La actitud responsable, serena, y a la vez muy firme de las fuerzas rebeldes y del propio Fidel, propiciaron una solución diplomática del problema.

Luego, para el mes de octubre de 1958, la dictadura en su desesperación maniobró para que la zona de Nicaro, donde estaban instaladas las plantas de níquel de compañías estadounidenses, se convirtiera en un campo de batalla que estimulara la intervención de los Estados Unidos. Estos incidentes —que no fueron los únicos— y su intencionalidad, serían denunciados por el Comandante en Jefe, a través de Radio Rebelde.

La voz como arma revolucionaria. Radio Rebelde. Foto: Tomada del sitio Fidel Soldado de las Ideas

Después del triunfo revolucionario de 1959, se haría aun más notoria la maestría del líder de la Revolución Cubana para evitar cualquier circunstancia que pudiera servirle como excusa a los Estados Unidos para intervenir militarmente en la Isla, en especial en los momentos en que se produjeron crisis significativas en las relaciones bilaterales.

Entrevista

2. Capacidad de influir políticamente

La desventaja de Cuba frente al poderío de Estados Unidos, no solo militar y económica, sino también ideológica y cultural, no llevó jamás a Fidel a una posición de atrincheramiento tal, que evitara cualquier contacto con la sociedad estadounidense, todo lo contrario, además de incentivar el intercambio pueblo a pueblo, él mismo dedicó mucho tiempo a esa interacción con el ánimo de potenciar la capacidad de influir en la sociedad estadounidense para mostrar la realidad sobre Cuba, destruyendo todo tipo de estereotipos, así como falacias construidas y repetidas hasta el cansancio por los medios de comunicación hegemónicos. Este fue uno de los mayores éxitos de Fidel desde que se encontraba en las montañas de la Sierra Maestra. El líder cubano recibió a numerosos periodistas estadounidenses en la Sierra, y a través de ellos, además de asestar fuertes golpes mediáticos a la dictadura, logró trasladar importantes mensajes hacia los Estados Unidos. Al más conocido de todos, el periodista Herbert Matthews, del New York Times, le expresó Fidel el 17 de febrero de 1958: “Puedo asegurar que no tenemos animosidad contra los Estados Unidos y el pueblo norteamericano”. Mensajes similares trasladaría Fidel al resto de los periodistas que continuarían la senda abierta por Matthews.[ii]

Mensajes conciliadores hacia el pueblo y gobierno de los Estados Unidos trasladó Fidel cuando viajó a ese país en abril de 1959. Asimismo se encargó de desmentir todo tipo de calumnias que sobre la Revolución se venían reproduciendo en los medios de comunicación occidentales y en declaraciones de representantes de la administración Eisenhower.

Conversación con el periodista Herbert Mattew en la Sierra Maestra. Foto: Tomada de Cubadebate

Después de producirse la ruptura de las relaciones diplomáticas en enero de 1961 el líder de la Revolución no perdió oportunidad alguna para construir los puentes necesarios con la sociedad estadounidense y la clase política de ese país, los que pudieran fomentar las tendencias favorables al cambio en la política de los Estados Unidos hacia Cuba y la normalización de las relaciones.

Durante años el Comandante en Jefe dedicó largas horas de su apretada agenda a recibir y atender personalidades de la política, los medios y la cultura de los Estados Unidos. La gran mayoría de esos visitantes regresaban a su país con una visión distinta sobre Cuba y del propio líder de la Revolución, y en muchos casos se convertían en abanderados de la lucha contra el bloqueo y por la normalización de las relaciones entre ambas naciones.

3. La normalización de las relaciones

Fidel jamás fue un obstáculo para la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba como han tergiversado y divulgado durante décadas enemigos ideológicos de la revolución cubana. En abril de 1959, cuando Fidel viajó a los Estados Unidos, quedó definida su postura favorable al diálogo y a las relaciones civilizadas. Pero además, en muchas ocasiones la iniciativa de buscar un modus vivendi con los Estados Unidos partió de su parte.

Empleando la diplomacia secreta, Fidel fue el gestor de numerosos intentos de acercamiento bilateral. A través del abogado James Donovan, quien negoció con Fidel la liberación de los mercenarios presos a raíz de la invasión de 1961; de la periodista Lisa Howard y de otros canales, el líder de la Revolución hizo llegar al gobierno de Kennedy, una y otra vez, su disposición de conversar en busca de un entendimiento.

Fidel envió además un mensaje verbal al ya presidente Lyndon Johnson a través de la periodista Lisa Howard en 1964, que entre otras cosas decía:

“Dígale al Presidente (y no puedo subrayar esto con demasiada fuerza) que espero seriamente que Cuba y Estados Unidos puedan sentarse en su momento, en una atmósfera de buena voluntad y de mutuo respeto, a negociar nuestras diferencias.

Creo que no existen áreas polémicas entre nosotros que no puedan discutirse y solucionarse en un ambiente de comprensión mutua. Pero primero, por supuesto, es necesario analizar nuestras diferencias. Ahora, considero que esta hostilidad entre Cuba y los Estados Unidos es tanto innatural como innecesaria y puede ser eliminada”.[iii]

En una reveladora carta escrita el 22 de septiembre de 1994 al presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, quien había servido de mediador entre Fidel y el presidente estadounidense William Clinton, el Comandante en Jefe expresó nuevamente su posición favorable a la normalización de las relaciones:

“La normalización de las relaciones entre ambos países es la única alternativa; un bloqueo naval no resolvería nada, una bomba atómica, para hablar en lenguaje figurado, tampoco. Hacer estallar a este país, como se ha pretendido y todavía se pretende, no beneficiaría en nada a los intereses de Estados Unidos. Lo haría ingobernable por cien años y la lucha no terminaría nunca. Sólo la Revolución puede hacer viable la marcha y el futuro de este país”.[iv]

Se podrían mencionar otros ejemplos. Pero estos son más que suficientes para demostrar que la postura de Fidel fue siempre la de estar en la mejor disposición al diálogo y la negociación con el vecino del norte.

Sin embargo, siempre insistió, con sobrada razón y teniendo como respaldo el derecho internacional y un conocimiento profundo de la Historia de Cuba, que este diálogo o negociación fuese en condiciones de igualdad y de respeto mutuo, sin la menor sombra que viole la soberanía de Cuba.

Seis semanas después de los anuncios del 17 de diciembre del 2014, Fidel ratificó su posición en cuanto a una normalización de las relaciones con los Estados Unidos.

“No confío en la política de los estados Unidos”. Foto: Tomada de Resumen del Sur

No confío en la política de los Estados Unidos”, dijo, teniendo suficientes elementos de juicio para hacer ese planteamiento. Pero también expresó que, como principio general, respaldaba “cualquier solución pacífica y negociada a los problemas entre Estados Unidos y los pueblos o cualquier pueblo de América Latina, que no implique la fuerza o el empleo de la fuerza[v]

4. Adelantarse siempre a las movidas del contrario

Fidel también se destacó por su capacidad de adelantarse siempre a las movidas del contrario. Muchos años antes de los históricos anuncios del 17 de diciembre de 2014, Fidel vaticinó, en varias de sus intervenciones públicas y en entrevistas, que el gobierno de los Estados Unidos podía adoptar una política de seducción para lograr los mismos propósitos que no había alcanzado la política de fuerza con relación a Cuba.

En un discurso pronunciado el 5 de diciembre de 1988, en la Plaza de la Revolución, Fidel proclamó:

“Aun cuando un día formalmente mejoraran las relaciones entre Cuba socialista y el imperio, no por ello cejaría ese imperio en su idea de aplastar a la Revolución Cubana, y no lo oculta, lo explican sus teóricos, lo explican los defensores de la filosofía del imperio. Hay algunos que afirman que es mejor realizar determinados cambios en la política hacia Cuba para penetrarla, para debilitarla, para destruirla, si es posible, incluso, pacíficamente; y otros que piensan que mientras más beligerancia le den a Cuba, más activa y efectiva será Cuba en sus luchas en el escenario de América Latina y del mundo. De modo que algo debe ser esencia del pensamiento revolucionario cubano, algo debe estar totalmente claro en la conciencia de nuestro pueblo, que ha tenido el privilegio de ser el primero en estos caminos, y es la conciencia de que nunca podremos, mientras exista el imperio, bajar la guardia, descuidar la defensa”[vi]

Al ser entrevistado por Tomás Borge en 1992, volvería sobre el tema:

“Tal vez nosotros estamos más preparados incluso, porque hemos aprendido a hacerlo durante más de 30 años, para enfrentar una política de agresión, que para enfrentar una política de paz; pero no le tememos a una política de paz. Por una cuestión de principio no nos opondríamos a una política de paz, o a una política de coexistencia pacífica entre Estados Unidos y nosotros; y no tendríamos ese temor, o no sería correcto, o no tendríamos derecho a rechazar una política de paz porque pudiera resultar más eficaz como instrumento para la influencia de Estados Unidos y para tratar de neutralizar la Revolución, para tratar de debilitarla y para tratar de erradicar las ideas revolucionaras en Cuba”.[vii]

Ocho años más tarde, durante el período de la administración Clinton, expresaría Fidel:

Sueñan los teóricos y agoreros de la política imperial que la Revolución, que no pudo ser destruida con tan pérfidos y criminales procedimientos, podría serlo mediante métodos seductores como el que han dado en bautizar como “política de contactos pueblo a pueblo”. Pues bien: estamos dispuestos a aceptar el reto, pero jueguen limpio, cesen en sus condicionamientos, eliminen la Ley asesina de Ajuste Cubano, la Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton, las decenas de enmiendas legales aunque inmorales, injertadas oportunistamente en su legislación; pongan fin por completo al bloqueo genocida y la guerra económica; respeten el derecho constitucional de sus estudiantes, trabajadores, intelectuales, hombres de negocio y ciudadanos en general a visitar nuestro país, hacer negocios, comerciar e invertir, si lo desean, sin limitaciones ni miedos ridículos, del mismo modo que nosotros permitimos a nuestros ciudadanos viajar libremente e incluso residir en Estados Unidos, y veremos si por esas vías pueden destruir la Revolución cubana, que es en definitiva el objetivo que se proponen”. [viii]

5. Política cauta y viril

Cuando faltaba muy poco para la nueva arrancada independentista, en enero de 1894, Martí definió la postura “cauta y viril” como línea rectora de la política cubana frente a los Estados Unidos. Ante la asimetría de poder había que imponer el respeto del adversario por la capacidad de crear, erguirse, resistir y de vencer.

Ni pueblos ni hombres —decía Martí— respetan a quien no se hace respetar. Cuando se vive en un pueblo que por tradición nos desdeña y codicia, que en sus periódicos y libros nos befa y achica, que, en la más justa de sus historias y en el más puro de sus hombres, nos tiene como a gente jojota y femenil, que de un bufido se va a venir a tierra; cuando se vive, y se ha de seguir viviendo, frente a frente a un país que, por sus lecturas tradicionales y erróneas, por el robo fácil de una buena parte de México, por su preocupación contra las razas mestizas, y por el carácter cesáreo y rapaz que en la conquista y el lujo ha ido criando, es de deber continuo y de necesidad urgente erguirse cada vez que haya justicia u ocasión, a fin de irle mudando el pensamiento, y mover a respeto y cariño a los que no podremos contener ni desviar, si, aprovechando a tiempo lo poco que les queda en el alma de república, no nos les mostramos como somos”.[ix]

“Ni pueblos ni hombres —decía Martí— respetan a quien no se hace respetar”. Foto: Tomada de Cubasi

Esta posición viril que recomendaba Martí, fue la que caracterizó a Fidel ante cada amenaza e intento por cercenar la soberanía de Cuba de las distintas administraciones estadounidense. Así fue durante la invasión mercenaria de Playa Girón. El propio asesor del presidente Kennedy, Arthur Schlesinger tuvo que reconocer el papel que desempeñó el liderazgo de Fidel en la derrota yanqui de abril de 1961: “Porque la realidad fue que Fidel Castro resultó ser un enemigo mucho más formidable y estar al mando de un régimen mucho mejor organizado de lo que nadie había supuesto. Sus patrullas localizaron la invasión casi en el primer momento. Sus aviones reaccionaron con rapidez y vigor. Su policía eliminó cualquier probabilidad de rebelión o sabotaje detrás de las líneas. Sus soldados permanecieron leales y combatieron bravamente. Él mismo nunca fue presa del pánico, y si se le pudo atribuir alguna falta, fue el haber estimado con exceso la fuerza de la invasión y el haber mostrado una preocupación indebida en el ataque por tierra contra la cabeza de playa. La forma en que se desenvolvió fue impresionante”.[x]

La única discrepancia con Schlesinger en esta valoración es acerca de lo que él denomina “preocupación indebida”, en nuestra consideración este fue el más importante elemento estratégico empleado por Fidel que posibilitó la victoria de Cuba sobre los invasores y la frustración de los planes intervencionistas estadounidenses.

Otro momento descollante fue durante la Crisis de Octubre, donde solo con su posición valiente e intransigente —apoyada mayoritariamente por el pueblo cubano— al negarse a cualquier tipo de inspección del territorio cubano, al plantear los Cinco Puntos e impedir en todo momento que se le presionara, se pudo salvar el prestigio moral y político de la Revolución en aquella coyuntura. Esto fue así, a pesar de que la URSS tomó decisiones inconsultas con la parte cubana que trajeron como consecuencia que la Isla fuese la más desfavorecida con la solución que se le dio a la crisis.

En mayo de 1970, Fidel haría alusión a esta necesaria posición de firmeza de Cuba ante las amenazas del gobierno de los Estados Unidos:

“Este país, frente a un enemigo tan poderoso como el que tiene al lado, a 90 millas, si este país no tuviera una actitud muy decidida y muy firme, sin vacilaciones de ninguna clase, el imperialismo se lo habría tragado.

“A este país, entre otras cosas, lo ayuda a salvar su verticalidad, su firmeza, su valor, su falta de miedo. Si nosotros vaciláramos, si retrocediéramos frente a ese imperialismo, sucedería como con los peces voraces en el mar.

“Conversando con algunos compañeros del Ministerio del Interior, les contaba que quien ha pescado alguna vez en el fondo del mar, ve cómo se comportan las picúas, por ejemplo. Se aparecen por allí…si ustedes les van huyendo…

“Y les conté una experiencia que me pasó a mí una de las primeras veces que estábamos pescando submarino por allí un día. Me habían enseñado el fondo del mar, me entusiasmó. Me quedo solo, alejado del bote, y una picúa está dando vueltas y está enseñando los dientes. Entonces me voy replegando hacia el bote —medida muy prudente. ¡Pero la picúa se ponía más agresiva! Entonces siento vergüenza de estar en aquella actitud de retirada frente a la picúa. Viro hacia la picúa y avanzo hacia ella, y entonces salió huyendo. ¡Huyó enseguida! (…).

“Si este país frente al imperialismo, que es fiera, picúa, tiburón, buitre, todas las alimañas juntas —¡todas las alimañas juntas!—; si este pequeño país demostrara temor frente a los imperialistas y vacilaciones, nos habrían devorado.

“Y por eso lo único que nunca encontrarán en este país es ni vacilación, ni temor. Encontrarán una firmeza tremenda. ¡Y cuando quieran devorarnos tienen que tragarnos enteritos: desde la Punta de Maisí hasta Guanahacabibes! (Aplausos.) ¡Tienen que tragarnos enteritos!

“Si este país pequeño tan cerca de los imperialistas vacilara alguna vez, sería devorado. Por eso nosotros no podemos hacer nunca una concesión, porque se llenarían de aliento, se volverían sobre nosotros como hacen las fieras y como hacen los buitres”.[xi]

También fue memorable su discurso en respuesta a las amenazas del presidente estadounidense W. Bush, el 14 de mayo de 2004 cuando expresó:

“Puesto que usted ha decidido que nuestra suerte está echada, tengo el placer de despedirme como los gladiadores romanos que iban a combatir en el circo: Salve, César, los que van a morir te saludan.

Sólo lamento que no podría siquiera verle la cara, porque en ese caso usted estaría a miles de kilómetros de distancia, y yo estaré en la primera línea para morir combatiendo en defensa de mi patria”.[xii]

Paz, amistad y cordialidad entre un “pueblo menor” y un “pueblo mayor” como lo definía Martí, no podía jamás implicar dependencia y servidumbre. Como tampoco jamás Fidel entendió la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, desde la dominación. En cada uno de los reducidos momentos en que se estableció alguna posibilidad de diálogo o negociación, Fidel fue enfático en cuanto a que la soberanía de Cuba, tanto en el plano doméstico como en el internacional, no era negociable, y que la Isla jamás renunciaría a uno solo de sus principios.

6. De la unión depende nuestra vida

Asumiendo y enriqueciendo las ideas de Simón Bolívar, Martí y Fidel concedieron, como parte de su estrategia revolucionaria, un lugar privilegiado a la necesaria unidad de América Latina y el Caribe.

En su concepción revolucionaria, Fidel siempre vio el proceso cubano como parte de una Revolución mayor, la que debía acontecer en toda América Latina y el Caribe. De ahí su constante solidaridad y apoyo a los movimientos de liberación en la región y la denuncia de cada acto de injerencia yanqui. Esa posición partió en primera instancia de un sentimiento de identidad y de ineludible deber histórico, pero también como una necesidad estratégica para la preservación y consolidación de la Revolución Cubana. Sobre todo, teniendo en cuenta que desde el siglo XIX en adelante, el principal enemigo común de la verdadera emancipación de los pueblos al sur del río Bravo eran —y continuaban siéndolo— los Estados Unidos, los que en no pocas ocasiones utilizaron con éxito para sus propósitos la máxima de “divide y vencerás”, estrategia que han utilizado hasta nuestros días.

A esa compresión había llegado Fidel desde antes de 1959, y la puso de manifiesto en acciones concretas en las que, incluso, puso en riesgo su propia vida durante sus luchas como estudiante universitario. Fidel integró el comité Pro Independencia de Puerto Rico, el comité Pro democracia dominicana, participó en 1947 en la frustrada expedición de Cayo Confites contra el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y en los sucesos conocidos como el Bogotazo, donde compartió su destino con el pueblo colombiano que enfrentaba a las fuerzas reaccionarias que habían asesinado al líder popular Jorge Eliécer Gaitán. Además, ya desde aquella época, se había pronunciado a favor del derecho de los panameños a la soberanía sobre el canal interoceánico y el de los argentinos sobre las Islas Malvinas.

No obstante, luego del triunfo de enero de 1959, la vocación integracionista de Fidel se hizo más explícita en numerosos pronunciamientos públicos. Sus ideas y amplia acumulación de experiencias durante años, así como los continuos cambios en el contexto internacional, lo hicieron ir perfilando su pensamiento. De ahí que, en el Cuarto Encuentro del Foro Sâo Paulo, efectuado en La Habana en 1994, entre otras muchas ideas vinculadas a ese trascendental tema, declarara:

“¿Qué menos podemos hacer nosotros y qué menos puede hacer la izquierda de América Latina que crear una conciencia en favor de la unidad? Eso debiera estar inscrito en las banderas de la izquierda. Con socialismo y sin socialismo. Aquellos que piensen que el socialismo es una posibilidad y quieren luchar por el socialismo, pero aun aquellos que no conciban el socialismo, aun como países capitalistas, ningún porvenir tendríamos sin la unidad y sin la integración”.[xiii]

Fidel por la integración y la unidad latinoamericana. Foto: Tomada del sitio Fidel Soldado de las Ideas

Los esfuerzos colosales realizados por Fidel en pos de la unidad y la integración de la región comenzaron a rendir sus frutos con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela en 1998, momento que inició un verdadero cambio de época en América Latina. En el 2004 Chávez y Fidel crearían la hoy conocida como Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) y al año siguiente, en Mar del Plata, el imperialismo estadounidense sufría ya una gran derrota, al ser enterrado el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), iniciativa que venía impulsando el gobierno de los Estados Unidos. En el 2011, nacería en Caracas, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y con ello el sueño más preciado de Fidel y, por tradición, de Martí, Bolívar y otros próceres de nuestra América, se hacía realidad. Sin duda, una de las primeras victorias políticas de esa unión, sería el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos anunciados el 17 de diciembre de 2014, por los presidentes de ambos países. Cuba sola, sin el fuerte apoyo regional que recibió, no habría llegado a ese resultado. Esa unidad es hoy más imprescindible que nunca cuando los halcones de la Casa Blanca cada vez se aprestan más a dividirnos y devorarnos. ¡No pasarán!

El pensamiento y la práctica política de Fidel frente al imperialismo estadounidense, constituyen un referente ineludible, no solo para el pueblo cubano, sino para todos los pueblos latinoamericanos que resisten hoy la ofensiva neo colonizadora del norte revuelto y brutal que nos desprecia. Como advertía José Martí en 1891, en ese extraordinario ensayo y programa revolucionario que es Nuestra América: “Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”.[xiv]

Ilustración del banner: Francis Rojas
Notas:
[i] Luis Báez, Así es Fidel, Casa Editora Abril, La Habana, 2009, p.177.
[ii]Entre el 23 y 28 de abril del propio año, el periodista de la cadena televisiva estadounidense CBS (Columbia Broadcasting Systems), Robert Taber (Bob), en unión del camarógrafo Wendell Hoffman, realiza un reportaje que apareció el 18 de mayo de ese mismo año por la CBS. Se trató de un documental de media hora de duración titulado Rebeldes en la Sierra Maestra, cuya secuencia final fue realizada en el Pico Turquino el 28 de abril, con Fidel y Raúl al frente de los guerrilleros cantando el Himno Nacional. Al mes siguiente, el 17 de mayo, Fidel fue entrevistado por el periodista estadounidense Andrew Saint George. La entrevista apareció en la revista Look, bajo el título “Dentro de la revolución cubana”. En enero de 1958 Fidel concedió también una entrevista al periodista Hoomer Biggart. La entrevista se publicó el 27 de febrero en el New York Times.  En ese propio mes apareció en la revista estadounidense Coronet el artículo “¿Por qué luchamos?”, bajo la firma de Fidel.
[iii] «Del primer ministro Fidel Castro al presidente Lyndon B.Johnson, mensaje verbal entregado a la señorita Lisa Howard de la ABC News, el 12 de febrero de 1964, en La Habana, Cuba»,www.gwu.edu/-nsarchiv/ (Traducción del ESTI).
[iv] Véase Carlos Salinas de Gortari: Muros, puentes y litorales. Relación entre México, Cuba y Estados Unidos, Penguin Random House. Grupo Editorial, Ciudad de México, 2017, pp. 125-126.
[v] Fidel Castro: Para mis compañeros de la Federación Estudiantil Universitaria, mensaje publicado en el periódico Granma el 26 de enero del 2015.
[vi] Discurso en el acto por el XXXII aniversario del desembarco del Granma, fundación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y proclamación de la Ciudad de La Habana “Lista para la defensa en la primera etapa”, 5 de diciembre de 1988 en la Plaza de la Revolución “José Martí”
[vii] Tomás Borge, Un grano de maíz. Entrevista concedida por Fidel Castro a Tomás Borge, Fundación Editorial el perro y la rana, Caracas, 2011, pp.144-145.
[viii] Discurso del Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la Tribuna Abierta celebrada en la Plaza de la Revolución «Comandante Ernesto Che Guevara», en conmemoración del Aniversario 47 del Asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Villa Clara, 29 de julio del 2000. En: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2000/esp/f290700e.html. (Internet)
[ix] José Martí, La protesta de Thomasville, en: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, t.2, p.347.
[x] Arthur M.Schlesinger, Los mil días de Kennedy, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p. 239.
[xii] Fidel Castro, Proclama de un adversario al gobierno de Estados Unidos, 14 de mayo de 2004, en: sitio web Fidel Soldado de las Ideas, http://www.fidelcastro.cu/es/discursos/proclama-de-un-adversario-al-gobierno-de-estados-unidos.
[xiii] Fidel Castro. Discurso pronunciado en la clausura del IV encuentro del Foro de Sao Paulo, efectuada en el Palacio de Convenciones, el 24 de julio de 1993.
[xiv] José Martí, “Nuestra América”,  El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891, en: José Martí, Obras Completas, t.6, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 15-23.
(Tomado de La Jiribilla)
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Retamar: un Ariel con entrañas de Caliban

Yusuam Palacios Ortega

Hubiese querido que este texto no iniciara así, con palabras de dolor por la partida física de un hombre a imitar, de un profundo pensador. Como homenaje a él, a quien dedicamos la pasada edición del Seminario Juvenil de Estudios Martianos, fueron escritas estas palabras que ahora, después de la triste noticia, adquieren otra connotación. La muerte, nos advertía Martí, no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida; y este hombre de carácter entero: Roberto Fernández Retamar, no murió.

Nuestra América se debate entre la nociva dominación imperial, que a toda costa pretende hundir en el peor de los abismos a los pueblos de esta región dolorosa y sufrida, y la obstinada lucha por la verdadera liberación. La historia nos lleva de la mano por los entramados de una confrontación que hoy adquiere niveles insospechados. El corazón de nuestra América o las garras del monstruo imperialista, los aires de prosperidad maldita o la calibanesca presencia del nuestroamericano. Es un debate de larga data, pero con una actualidad impresionante, toda vez que hoy se advierte una vuelta al fascismo perpetrado por el imperialismo yanqui y sus aliados de la derecha neoliberal que pulula en la región.

Ante un escenario como este, en que las venas de América Latina siguen abiertas, es deber generacional asumir, como plataforma teórica de descolonización cultural, el pensamiento emancipador de hombres a quienes pudiéramos llamar “hijos de Ariel”, personaje shakesperiano de la obra La tempestad, figurado por el uruguayo José Enrique Rodó, en su representación del “nuevo humano”, del hombre que se conoce a sí mismo, que busca en su interior las motivaciones de su vida, su lucha, que crece y crea, que es de firme orientación moral, que es joven de espíritu, pensamiento y acción. Vamos en busca de Ariel y el hombre nuevo en nuestra América. Claro está, y valga la salvedad, cuando hacemos referencia a Ariel se trata de aquel cuya elección fue echar su suerte con los explotados, con las clases dominadas por la burguesía. No es el Ariel que sirve a Próspero (el colonizador) sino el intelectual que opta por el camino de la liberación, de la descolonización.

Un Ariel que se conecta de inmediato con una fuerza natural corporificada en el hombre que rompe las cadenas del oprobio y se enfrenta resueltamente a la dominación, que hurga en sus entrañas, se sostiene en su identidad, bebe de su raíz autóctona y transforma la realidad que lo inquieta con sentido revolucionario. Un Ariel calibanesco, tocado por los valores de ese otro referente shakesperiano: Caliban. Adquiere el pensamiento y la praxis revolucionaria una mayor connotación, es el gran aporte al pensamiento descolonizador de uno de esos hijos de Ariel que figuró de manera excepcional el ser Caliban.Hablamos de Roberto Fernández Retamar, uno de los grandes intelectuales cubanos y de nuestra América; quien nos brinda las dos caras o posiciones de Ariel (en su ensayo Caliban), a lo que no pudo llegar, a nuestro juicio, José Enrique Rodó. Y refiriéndose a estas posiciones de Ariel nos dice Retamar: “(…) puede optar entre servir a Próspero –es el caso de los intelectuales de la anti-América–, con el que aparentemente se entiende de maravillas, pero de quien no pasa de ser un temeroso esclavo, o unirse a Caliban en su lucha por la verdadera libertad…”[1]

Es Retamar un auténtico escritor, dueño de un estilo reflexivo y transgresor de lo trillado, hombre que ha vivido la Revolución con una eticidad probada, con la dignidad de los verdaderos hijos de la patria. Es Retamar una escuela, reservorio de una cultura prolíferay un constante ejercicio del pensar, que no sólo practica, sino que lo trasmite a las generaciones más jóvenes; de ahí su ejemplo como intelectual comprometido con la historia patria, con el presente desafiante en materia cultural y con el futuro de la humanidad. Hace la conjunción perfecta entre Ariel y Calibán: es un Ariel con entrañas de Calibán, así pudiéramos definirlo.

Siempre al lado de los jóvenes; de ahí su condición de maestro de juventudes. Su apego a los jóvenes se ha evidenciado de disímiles maneras: en sus clases como profesor universitario, exponente de una vanguardia de pensamiento en Cuba, es uno de los fundadores de la Sociedad Cultural José Martí, fue el primer director del Centro de Estudios Martianos y actual presidente de la Casa de las Américas. En ambas instituciones tuvo como premisa la dignidad de la Revolución y aún hoy, en la casa de la cultura nuestroamericana, descolonizadora y promotora del buen diálogo; continúa Retamar invitando a los jóvenes a descubrir las esencias de nuestras vidas.

Martiano raigal, estudioso y promotor de la vida, obra y pensamiento de José Martí; nos acerca, en sus textos sobre el Apóstol de la independencia, al gran pensador, político y ser humano que fue Martí, con un método crítico y una coherencia discursiva que mucho se agradece. Y es que Retamar, como él mismo dijera, es: “fiel a los ideales de José Martí que, en esencia, han permaneci­do y permanecerán vivos, lla­meantes…[2]Es Retamar un maestro de varias generaciones que ha sabido introducirlas en los estudios martianos con originalidad y belleza; de ahí que el Movimiento Juvenil Martiano le haya otorgado su más alta distinción: el premio Joven Patria en el año 2013, y le haya dedicado la edición 44 del Seminario Juvenil de Estudios Martianos, principal evento de pensamiento que organiza.

Es Retamar un intelectual que interpreta con magistralidad la política cultural de la Revolución, y más que eso, ha sabido aplicarla con una ética impresionante y un sentido de lo justo que lo distingue. Desde las medulares palabras a los intelectuales pronunciadas por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y hasta hoy, encontramos en Roberto Fernández Retamar, un referente esencial en la cultura de nuestro país, la identidad y la defensa de los valores y la ideología del Socialismo; un convencido de que la hora actual sigue siendo de lucha, de sacrificios, de definiciones: “…el por­venir que merecemos no ha visto ni verá a los hombres y las mujeres de buena volun­tad conformarse con el des­tino que los poderosos y los avaros, ya impugnados en el sermón de la montaña, definen para los pobres de la tierra, ni ha visto ni verá apagarse la luz encendida por José Martí…[3]

 

Notas

[1]Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban, Fondo Cultural del ALBA, 2006, p.75.

[2]Palabras del Dr. Roberto Fernández Retamar al recibir el Premio Internacional José Martí de la UNESCO el 28 de enero de 2019 en la inauguración de la IV Conferencia Internacional Por el Equilibrio del Mundo, La Habana, Cuba.

[3]Ibídem

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El héroe caído que, simbólicamente, reclama órdenes para continuar peleando por la Revolución

Prólogo del General de Ejército Raúl Castro Ruz al libro “Ramón Paz Borroto, en la forja de una proeza”, de Alberto Alvariño Atiénzar, Mílderth Álvarez Pérez y Cecilio Jiménez Marroquíla, bajo el sello de la editorial Verde Olivo.

Ramón Paz Borroto se incorporó al Ejército Rebelde en noviembre de 1957, cuando ya era un destacado luchador y dirigente clandestino en las minas de Charco Redondo, y se distinguió en el segundo combate de Pino del Agua el 16 de febrero de 1958. No tuve la posibilidad de conocerlo de cerca e intimar con él porque a inicios de marzo de ese año partí con la columna número 6 para fundar el Segundo Frente Oriental Frank País. En los meses posteriores, Paz escribiría páginas sobresalientes en muchas acciones.

Su heroica caída resulta inseparable del escenario en el que participó hace algo más de sesenta años bajo el mando directo del Comandante en Jefe.

Muchos autores han significado la importancia de la sucesión de combates y batallas librados en los distintos frentes durante el año 1958 y su contribución final al triunfo revolucionario; sin embargo, poco se ha valorado en su justa dimensión, lo que en mi consideración fue, en su conjunto, una proeza militar, escrita durante el rechazo y la victoria decisiva contra la Ofensiva de Verano de la tiranía y sobre la cual el Che, con toda precisión expresó: “El ejército batistiano salió con su espina dorsal rota”.

Jamás en la historia militar cubana hubo una correlación similar entre las partes beligerantes, como en este caso en que un número aproximado de doscientos combatientes armados al inicio de la operación —algo más de trescientos al concluir— enfrentó a 10 000 soldados bien equipados, acompañados de tanques, apoyados por la artillería, la aviación, unidades navales y abundante aseguramiento logístico. Para que se tenga una idea, baste señalar que se concentraron 14 batallones de infantería y siete compañías independientes.

De nada valió su mayor y último intento. El adversario sufrió más de mil bajas, de ellas un número superior a trescientos muertos y 443 prisioneros. No menos de cinco grandes unidades fueron aniquiladas, capturadas o desarticuladas. En poder de las fuerzas rebeldes quedaron 507 armas, incluidos dos tanques, diez morteros, varias bazucas y 12 ametralladoras calibre 30.

Durante 74 días de incesante lucha se libraron 30 combates y seis batallas de trascendencia, en los que 31 oficiales y combatientes del Ejército Rebelde ofrendaron sus vidas. Con el arsenal capturado se formaron nuevas columnas que invadieron el centro del país y el Camagüey, y otras se desplazaron hacia el norte de la antigua provincia de Oriente, con lo cual quedó cubierto todo su territorio.

Es un referente el hecho de que un pequeño ejército revolucionario, no profesional, con escaso e inferior armamento, poco equipamiento y apenas sin posibilidades de supervivencia, venciera a fuerzas entre 30 y 50 veces superiores.

Opuesta a la lógica de la matemática en las acciones militares, el Ejército Rebelde ratificó el valor inobjetable que tiene el potencial político y moral en cualquier guerra, a pesar de la superioridad extraordinaria del adversario. Pero, el factor esencial de aquella victoria determinante fue la sabia dirección y conducción personal de Fidel en los combates y las batallas, en los que demostró su pensamiento militar y capacidad visionaria para adelantarse a los hechos y adoptar las decisiones que exigía cada momento.

En medio de aquella epopeya, entre los jefes a los que Fidel se dirigía y encargaba las acciones más complejas y riesgosas estaba Ramón Paz Borroto con una disposición a toda prueba, quien sabía interpretar a cabalidad las ideas de las acciones del máximo jefe rebelde y cumplía con firmeza invariable las misiones recibidas. A fuerza de cualidades de dirección, disciplina y valentía supo ganarse la confianza del líder de la Revolución.

No resultó un hecho casual que el Che, parco en elogios, respondiera a la misiva de un combatiente: “… no olvides que Paz es nuestro mejor capitán, un poco duro a veces, pero justo y muy valiente”.

Paz, cuando tuvo confusión con una indicación de combate de Fidel, su respuesta no pudo ser otra que, con la vergüenza que le caracterizaba, pedir que le mandara órdenes pero para pelear, y entonces lo hizo del modo más elocuente. Creció tanto en el orden militar, en tan poco tiempo, que le valió el ascenso a comandante apenas cuarenta y ocho horas antes de su muerte gloriosa, el 28 de julio.

Llegó a contar entre los imprescindibles. Cuando Fidel narraba las últimas acciones para expulsar definitivamente del territorio de la Sierra Maestra al adversario, en los días de la estocada final en Las Mercedes, exclamó: “¡Qué falta nos hubiera hecho en ese momento un Paz o un Cuevas!”.

No resultó un hecho fortuito que Fidel recordara a Paz y lo destacara entre los primeros cada vez que venían a su memoria aquellos días del rechazo de la ofensiva de la tiranía en el verano de 1958; así lo mencionó reiteradamente muchas veces hasta sus últimos días de vida. Tengo la certeza de que él habría tenido mucha satisfacción con la salida a la luz de esta obra que sentía como una deuda para que se conociera y perpetuara la memoria del fiel combatiente. Esta edición cumple tal propósito.

Aprecio la amplia investigación realizada en poco tiempo por los autores de este volumen biográfico. Era algo pendiente porque Paz no se conocía lo suficiente y es una muestra del rescate de la historiografía que las nuevas generaciones no deben desconocer ni olvidar.

Ramón Paz Borroto cayó en la forja de una proeza militar que escribió el Ejército Rebelde. Allí, en Providencia, en una sencilla tumba en la tierra donde libró su último combate, yacen los restos del héroe caído que, simbólicamente, reclama le manden órdenes para continuar peleando por la Revolución.

Esta edición deviene monumento imperecedero a su memoria.

(Tomado de Cubadebate)

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Elegía


elegia

En 1950 aparecía Elegía como un himno, un manojo de versos tan pequeño que cabía en la palma de una mano. Había nacido Roberto Fernández Retamar, un poeta veinteañero. Estaba dejando su primera huella, a la vez que asumía un destino, el suyo, el de un país, el de una historia, a los que nunca habría de renunciar. El libro bautismal rendía homenaje a Rubén Martínez Villena.

Esta propuesta iniciática preludiaba una extensa y renovadora obra de poesía y pensamiento imbricados. La alegría del autor ante su estreno en letra impresa fue también la mía. Éramos compañeros de estudio. Casi siempre sentados en pupitres vecinos, Roberto me pasaba los poemas que iba anotando en el curso de ciertas clases, particularmente aburridas. Nos habíamos conocido algo antes, cuando, estudiante de bachillerato, yo meditaba acerca de la selección de mi futura carrera universitaria. Lector insaciable, sensible a las artes visuales y a la música, Roberto unía a su curiosidad por las obras, el deseo de conocer a los autores. Una mañana, valido de su amistad con el pintor Víctor Manuel, se presentó en mi casa, centro de lo que el poeta llamaría más tarde, algo en broma, el «peñapobrismo», espacio de intercambio de ideas en nuestro pequeño apartamento de La Habana Vieja. Después de complacer a Víctor con su acostumbrado lager, comenté con el joven visitante mis deseos de estudiar Arquitectura. Casualmente, Roberto acababa de abandonar la carrera y me persuadió de no cometer su error. Así, apenas conocido, el muchacho delgado, con rasgos que marcaban todavía el tránsito de la adolescencia a la juventud, camisa de mangas cortas y pantalones algo anchos, entró de manera decisiva en mi vida. No podíamos adivinarlo en esa mañana calurosa de la calle Peña Pobre. Comenzaba una existencia compartida en el estudio, en el aprendizaje de la vida política universitaria y en el andar juntos a través de los hermosos y ásperos días de la Revolución. Ahora, cuando me habrá de faltar su cálida y bien timbrada voz, me espanta la dimensión de la deuda contraída por desidia, apresuramiento, espíritu de estar en la onda con la valoración, indispensable para marchar hacia adelante, con la contribución de la obra de la Revolución al pensamiento de nuestra América. En ese contexto, aún pendiente de edificación, habremos de conceder el sitio que merece a la huella dejada por Roberto Fernández Retamar. Lo afirmo con plena responsabilidad, despojada del dolor del momento y de un afecto fraternal, afianzado en la brega común.

En tiempos adversos de horizonte tenebroso, Elegía como un himno, expresa un compromiso ético y un llamado a la esperanza. Trabajador incansable, obsesivo cazador de ideas, riguroso en el detalle, Roberto Fernández Retamar dio a conocer una producción precoz en la poesía y en el pensamiento. En su memoria de artista convergían presencias tan contradictorias como las de Julián del Casal, Martí y el sentimiento trágico de Miguel de Unamuno. Lo obsesionaban preocupaciones de orden filosófico, cultural, estético, social y político. Las interrogantes esenciales lo perseguían noche y día en sus lecturas afiebradas, en el verso que brotaba repentinamente, en el incesante balanceo de su algo chirriante sillón.

A poco de terminar su carrera universitaria defendió una tesis sobre la poesía contemporánea en Cuba. Publicada luego, sigue siendo referencia obligada para los estudiosos del tema. Ganó por oposición una cátedra de Lingüística, que lo convirtió, a los 24 años, en el más joven profesor de nuestro más alto centro docente. Aunque su vocación literaria lo llevara a dedicarse a la enseñanza de las letras, la base científica resultó ventajosa cuando en el campo de la teoría literaria tomaba cuerpo la orientación estructuralista. De ese aprendizaje surgió Idea de la estilística. Todavía veinteañero, fue invitado a ofrecer un curso en la Universidad de Yale. En noches de desvelo, edificó una visión integral de la poesía latinoamericana.

Hubiera podido desarrollar una carrera académica, asido a la falsa noción de la «neutralidad de la cultura», en los Estados Unidos. Optó por regresar a Cuba. Para el autor de Elegía como un himno, el triunfo de enero representaba la Vuelta de la antigua esperanza, poemario que brotó en esos días fervorosos. Sin apelar a populismos paternalistas, su palabra dio carne al sentimiento de muchos.

Toca a los intelectuales orgánicos poner su experiencia y su conocimiento al servicio de la institucionalidad revolucionaria. Retamar lo hizo en la Universidad, en la Uneac, en el servicio exterior, en el Centro de Estudios Martianos y en la Casa de las Américas.

Parte irrenunciable de su tarea procede del reclamo de repensar el país, definir sus contextos y el lugar que le corresponde en el mundo. Impregnado por la obra de Martí, Roberto Fernández Retamar lo hizo teniendo en cuenta una relectura creativa del Maestro y rescatando en términos de contemporaneidad el múltiple legado del marxismo en sus fuentes originarias y en la tradición emancipatoria latinoamericana. Colocó a Martí en su «Tercer Mundo». Desde esa perspectiva original, perfiló un pensamiento descolonizador a través del cual revisa algunas de las polémicas en torno a nuestra América, repasa la llamada «leyenda negra» y desemboca en la redención de su Caliban, texto riguroso y provocador, motivo de estudio y debate en muchos lugares, aunque no tanto en la Isla para la que fundamentalmente fue escrito.

Todavía bajo el impacto emocional de su pérdida, no tengo tiempo ni espacio para abordar el tema como lo merece. Convido a los jóvenes que están emergiendo, a los veinteañeros de hoy, a remprender una lectura crítica de la vertiente descolonizadora de nuestra cultura, a hacerlo prescindiendo de prejuicios y consignas. No hay que esperar la caída del árbol para medir la anchura de su tronco.

(Tomado de Cubarte)

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“YO QUISIERA MERECER ESE EPITAFIO”


por Francisco López Sacha


Palabras del escritor Francisco López Sacha en la ceremonia de despedida a Roberto Fernández Retamar, 27 de julio de 2019 en áreas del Malecón habanero, frente a la Casa de las Américas.

Estimados amigos y amigas:

Quizás la cercanía de esta pérdida nos impida ver en profundidad la enormidad y estatura de Roberto Fernández Retamar, lo que ha perdido toda nuestra cultura, la gran familia del espíritu en este continente, su familia toda y sus amigos, las letras hispanoamericanas, las letras hispánicas y la cultura latinoamericana que él conoció y defendió como nadie.

Desde muy joven, desde que publicara en 1950 Elegía como un himno, Roberto Fernández Retamar estaba innovando ya la poesía de este continente. Y no solo la poesía.  Estaba reclamando un espacio histórico para la figura de Rubén Martínez Villena y para la continuidad extraordinaria con los héroes que habían fundado el movimiento revolucionario de la década del 30 y en los cuales también él se vería, puesto que, desde muy joven, en la lucha contra la dictadura de Batista, Roberto Fernández Retamar formó parte del Movimiento de Resistencia Cívica. Y no solo formó parte de él, sino que arriesgó su vida por las ideas, por la poesía, por todo lo que creó en esos años cuando estuvo muy cerca de las grandes academias en los Estados Unidos y cuando vivió en París y siguió los cursos de Martinet y regresó con uno de los grandes libros del idioma que es Idea de la estilística.

Retamar ya era grande en ese instante y pudo dejar ese espacio porque tenía un deber que cumplir con la Revolución cubana, de la cual fue Consejero Cultural en París de 1960 a 1965 y más tarde Secretario Ejecutivo de la UNEAC al lado de Nicolás Guillén.

Con Vuelta de la antigua esperanza, el libro que de todas maneras cambió la lírica cubana, dejó el poema El otro, que es el reclamo que él mismo hiciera para su propia vida y el reclamo que continuó en el desarrollo de su extraordinaria participación en el movimiento intelectual y político cubano de los primeros años de la Revolución.

En el año 1965 se hizo cargo de la Revista Casa de las Américas y la convirtió en la primera revista del idioma, en una de las grandes revistas que todavía existe y que lleva su impronta, su sello y su personalidad.

Así mismo, participó junto con Julio García Espinosa en la guerra de Viet Nam y escribió el Cuaderno paralelo, y estuvo bajo los bombardeos cuando García Espinosa filmara Tercer Mundo, tercera Guerra mundial.  Ya entonces había publicado uno de los grandes ensayos, Ensayo de otro mundo, una mirada nueva sobre José Martí, de quien fuera un conocer absoluto y un hombre que viviera bajo la ética de su pensamiento preclaro.

No hay duda de que Roberto Fernández Retamar con el Caliban alcanzó una cota de elevada estatura en la ensayística continental. Caliban demostró nuestra condición de latinoamericanos y probó, basándose en el famoso estudio de La tempestad, de Shakespeare, que éramos, exactamente, lo que los pueblos europeos nos habían preterido y que, sin embargo, teníamos una personalidad, un mundo, un espíritu y una identidad que nadie nos podía robar.

Retamar más tarde inició los estudios filológicos para nuestra cultura con ese libro extraordinario que se llama Teoría para una literatura hispanoamericana, donde demostró que los ejemplos de la literatura en sí son los que se toman en cuenta para formular una teoría. Bajo ese principio, rechazó el mundo eurocéntrico y se concentró en la relación entre el idioma, la realidad y el mundo hispanoamericano que ya tenía obras maestras, modelos y paradigmas a seguir en el campo literario.

Retamar se hizo cargo de la Casa de las Américas, fundó el Centro de Estudios Martianos y al mismo tiempo fue miembro activo de Consejo de Estado de la República de Cuba, de modo que fue también un gran político.

No podemos olvidar su cercanía con la poesía y la literatura de los jóvenes; la cercanía extraordinaria que tuvo con Haydee Santamaría; y el rasgo esencial que lo distinguió que fue la defensa de todos los principios fundamentales de la literatura cubana contemporánea y de la literatura que nuestro continente estaba produciendo, y no solo la literatura, la plástica, la música y el cine; todas las obras que pudo realizar;  todos los premios que recibió de los cuales se sentía modestamente merecedor y que le llevaron a la cúspide del idioma como pensador , poeta, humanista y escritor.

Nos dejó un testimonio muy grande en uno de los poemas que cita la propia Casa de las Américas:

“Sería bueno merecer este epitafio”

Puso a disposición de los hombres lo que tenía de inteligencia

(Poco o mucho, pues no es de eso de lo que se trata),

Y quedan por ahí algunos papeles y algunas ideas y algunos amigos

(Y quizás hasta algunos alumnos, aunque esto es más dudoso)

Que podrán dar fe de ello.

Les entregó lo que tenía de coraje

(Poco o mucho, pues tampoco es de eso de lo que se trata).

No faltará algo o alguien

Que pueda verificarlo.

Se sabe que deploró de veras no haber estado la madrugada de aquel 26 entre los atacantes al cuartel,

No haber venido en aquel yate,

No haberse alzado en la montaña.

No haber sido, en fin, de los elegidos.

Pero, como se ve

(Espero que el epitafio pueda llevar esta oración sin forzar la realidad),

Hizo su parte, llegado el momento.

Se sabe también que lamentó no haber escrito

“Nuestra América”, Trilce, El 18 Brumario

(¿Para qué hablar del Capital?)

Aunque tú, lector, recuerdas

Probablemente

(Sobre este adverbio no debe insistirse mucho)

Aquella página.

Se equivocó más de una vez, y quiso sinceramente hacerlo mejor.

Acertó, y vio que acertar tampoco era gran cosa.

De todas maneras, llegado al final, declaró que volvería a empezar si lo dejaran.

De él en vida se dijo bien y mal, y con los años, ésos en los que

Todo se va borrando y confundiendo,

No faltará quien lo mencione de modo que lo hubiera complacido,

Mezclando su nombre con otros nombres, bajo el epígrafe revolución.

Mi amigo Yoel Mesa le robó uno de sus versos: Yo quisiera merecer este epitafio, cuando vio un papalote deshilachado sobre el tendido eléctrico. Y escribió: Murió por traer el cielo. Ese epitafio, Roberto, lo mereces, para todos nosotros y para siempre. Muchas gracias.


Fuente: Casa de las Américas

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La historia levanta sus máscaras

 

Un nuevo libro sobre Antonio Guiteras toca a la puerta para revelar detalles ignorados y bastante polémicos de la Revolución del 30

 Por: Luis Vázquez Muñoz

Rolando Rodríguez García muestra fotos relacionadas con la vida del hombre del Gobierno de los Cien Días.

Ciego de Ávila.— El historiador Rolando Rodríguez García (Santa Clara, 1940) continúa su serie de la Revolución del 30. A sus estudios sobre la colonia, la República neocolonial, la dictadura de Gerardo Machado y el Gobierno presidido por Ramón Grau San Martín —al cual insiste en llamar el Gobierno de los 127 días—, se le suma un nuevo libro: Antonio Guiteras, el héroe.

El volumen, editado por Ediciones Capiro, se presentó en el 11no. Fórum Nacional de Historia, organizado por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), con una conferencia de su autor y la presentación del joven Doctor e historiador Elier Ramírez Cañedo.

En sus páginas, el Premio Nacional de Ciencias Sociales (2007) y de Historia (2008) retoma una figura de la que, al parecer, se había dicho todo y ahora, a medida que leemos el libro, nos damos cuenta de que todavía quedan unas cuantas cuestiones por decir u otras por develar.

Y, sobre todo, un dato: la historia continúa. «Sí, voy a continuar. Empecé con Colón y he pasado por todas las etapas hasta la Revolución del 30 y voy a continuar con lo ocurrido en la década de 1940», nos dice.

—Profesor, sobre Guiteras se han realizado varios estudios. Desde la biografía de José A. Tabares del Real hasta la de Paco Ignacio Taibo II; pero ahora aparece esta investigación. ¿Cuál es la novedad que nos trae su libro?

—Aunque parezca mentira, en este libro se aclara con lujo de detalles quiénes fueron las personas involucradas en la ejecución de Carmelo González Arias, el traidor que denunció los planes de «Tony» Guiteras para salir del país. Cuando se recuperaron los restos de Tony y Carlos Aponte, se dio una versión del ajusticiamiento. Pocos días después, Luis Buch, dirigente de la Joven Cuba y uno de los protagonistas del ajusticiamiento, envió una carta a Raúl Roa y a Jesús Montané en la que expresaba su inconformidad con esa versión. En la misiva contaba paso a paso cómo ocurrieron los hechos.

«Otra novedad es que se presenta la información recopilada en los Archivos Nacionales de  Estados Unidos, entre estos los despachos de la Embajada estadounidense; también se muestran documentos del Partido Comunista y de la Joven Cuba, que ilustran las complejidades de la lucha y las contradicciones entre las organizaciones de izquierda.

«Pero una de las cuestiones más relevantes es que, por primera vez, se pueden apreciar los intercambios de criterios en las reuniones del Gobierno de los 127 días a través de las actas del Consejo de Secretarios. Esos documentos no se encontraban a la mano de los historiadores, y logré acceso a ellas».

—Guiteras es una personalidad decisiva en la historia; sin embargo, en determinados momentos su personalidad apenas se ha mencionado en Cuba. ¿Por qué esos olvidos?

—Debido a las cicatrices dejadas por los conflictos, los dogmatismos y errores de visión entre los revolucionarios del 30, y que derivaron en la falta de unidad entre las fuerzas de izquierda. Al referirse a esas complejidades, Carlos Rafael Rodríguez dijo que la Internacional Comunista le llamó la atención al Partido Comunista por confundir al social-revolucionario Guiteras con el social-reformista Grau. Por supuesto que no eran iguales, a pesar de que estaban en el mismo Gobierno; pero esas diferencias no se apreciaron en su momento.

 

Grau quiere fusilar, Batista llora y Grau lo perdona

—Cuenta el periodista Mario Kuchilán en su libro Fabulario, que Guiteras intentó fusilar a Batista por traidor…

—Quienes quisieron fusilar a Batista fueron Guiteras y el Directorio del 30. Grau San Martín lo aprobó. La historia de cómo ocurrieron los hechos me la contaron básicamente Willi Barrrientos, Salvador Vilaseca y Segundo Curti. El Directorio Estudiantil Universitario (DEU) se enteró de las conversaciones de Batista con el ex embajador estadounidense Benjamín Sumner Welles, y Carlos Prío, que era uno de los dirigentes de esa organización, corrió a Palacio. Grau se enfureció y lo informó al DEU. Acordaron celebrar una reunión a las nueve  de la noche en casa del periodista Sergio Carbó, que había sido miembro de la Pentarquía. Allí juzgarían a Batista.

«Tony se encontraba ajeno a todo. Los detalles los cuento en el libro. Él se entera porque conoce de la reunión en Palacio y le pregunta a Willi Barrientos, uno de los miembros del DEU, qué estaba sucediendo. “Batista quiere deponer a Grau”, le respondió. Entonces citó a su gente para la casa de Carbó».

—Se dice que en esa reunión Guiteras increpó a Batista, lo llamó traidor y pidió el fusilamiento.

—Quien increpa a Batista es Grau. Tony se recostó a una columna de la biblioteca donde se celebraba la reunión. Desde allí lo miraba todo. Al llegar Batista, Grau hablaba con los jefes de distritos militares que todavía no habían traicionado y lo detuvo: «Batista, no te acerques, que estoy hablando con estos señores».

«Batista se dio cuenta de que estaba muerto. Luego subieron a la biblioteca. Curti se recostó sobre el respaldo de la butaca de Batista. Desde ahí notó que sudaba intensamente. Grau habló a los presentes, anunció: “Señores, voy a dimitir porque he permitido que el jefe del ejército hable con el ex embajador americano, y eso es muy grave”. Hubo protestas. Batista intentó hablar y Grau lo detuvo: “Batista, tú hablarás cuando yo te lo permita”. Y empezó a narrar lo que era una traición. Al fin Grau lo autorizó a hablar.

«Batista se movió hacia la punta del asiento, luego tocó con la rodilla el suelo y empezó a pedir perdón. Dijo que él no sabía lo que había hecho, que él era un pobre guajirito ignorante y ellos personas instruidas. Que Grau había nacido en cuna de seda y él en un pesebre —un miembro del DEU dijo: “Yo nunca entendí de dónde sacó eso del pesebre”—. Que había sido invitado a la mansión de González de Mendoza, un empresario azucarero, quien lo había llevado ante Welles, pero él se lo iba a contar todo a Grau. Y que lo perdonaran, por favor, que pensaran en su mujer y en su hijita».

—¿Pero por qué Grau lo salva? ¿Por lástima, porque lo subestimó o porque veían en él un contrapeso a la figura de Guiteras?

—Grau quería salir impoluto del Gobierno, sin las manos manchadas de sangre, para luego postularse como un mirlo blanco, y salir electo presidente constitucional. También había un desprecio de clase. Ramón Grau San Martín era un burgués, de familia adinerada de Pinar del Río, y Batista era un mestizo pobretón de Banes, en Oriente. Cuando el DEU recriminó a Grau por el perdón, dijo que total, Batista, Pedraza, López Migoya y los demás sargentos todos eran lo mismo, escoria, pura basura. «Daban lo mismo y al menos ya Batista estaba advertido», aseguraba.

—¿Tony sí adivinó desde un primer momento quién era Batista?

—Exacto. Cuando Tony vio que lo habían perdonado bajó y le dijo a sus hombres: «Vámonos». Luego comentó: «Ahora Batista sí es peligroso, porque ya está advertido». Aquella noche Fulgencio Batista hizo la mejor actuación de su vida y la decisión de Grau pesó mucho en la historia. Nos costó la vida de Tony y la de miles de cubanos.

Guiteras se planta. Grau se pone bajito de sal y engaña

—¿Qué tan feliz era la relación entre Grau y Guiteras?

—No debieron ser muy cordiales. En una de las reuniones del gabinete, Guiteras declaró: «Yo soy de izquierda, pero este Gobierno no». Así aparece en una de las actas del Consejo de Secretarios del Gobierno. En otra ocasión, Grau expuso en el gabinete que había sostenido conversaciones con Sumner Welles, y Guiteras planteó que entonces dimitía porque no estaría en un Gobierno en que el presidente hablaba de cuestiones internas con el «extranjero».

«Grau dio marcha atrás. Dijo que sí habían conversado; pero no de política interna, sino de asuntos de economía y de asuntos internacionales. No era cierto. Habían hablado de la entrega del poder. Grau era un zorro y mentía. También es verdad que Grau necesitaba a Guiteras para compensar el peso de Batista y del ejército en el Gobierno de los 127 días. Con el tiempo, Grau se convirtió en el enemigo solapado de Guiteras».

—En su conferencia a los estudiantes de la FEU, usted habló de los comunistas primitivos. ¿A quién se refiere específicamente?

—A los comunistas bisoños del primer Partido; porque el segundo es el fundado por Fidel. No se puede dudar que aquel primer Partido lo integraron compañeros muy valiosos, verdaderos patriotas, dispuestos a los mayores sacrificios. Pero también es cierto que entre sus dirigentes existía una visión estrecha del marxismo y de la sociedad, que los ubicó en un margen de maniobra política muy reducido y confundían marxismo y anarquismo. Llegaron a sancionar a Mella por la huelga de hambre y Ruthemberg, un alto dirigente de la Internacional Comunista, les escribió: «Han cometido un error. Han sancionado al hombre de más talento que hay entre ustedes».

«A Tony lo atacaron muy duro. Llegaron a decir que se encontraba en vías de convertirse en un fascista. No aceptaron ni comprendieron los gestos de Guiteras al ofrecerles plazas dentro de la policía y la infantería de Marina para contrarrestar el poder de Batista y la reacción. En ellos pesó la confusión generada por la masacre perpetrada por Batista en el entierro de las cenizas de Mella.

«Culparon a Guiteras, quien era el secretario de Gobernación, y lo cierto fue que había sido Enrique Fernández, el subsecretario, quien aprobó el entierro. En medio de las acusaciones sobre su persona, Tony reprendió a su subordinado. Dijo que él nunca hubiera autorizado el entierro público porque solo llevaba 15 días en el cargo y todavía no tenía control sobre Batista».

—¿El plan insurreccional de Antonio Guiteras tenía posibilidades reales de triunfar en la década del 30?

—Era quizá el único que podía triunfar. ¿Cuál otro podía lograrlo? El viejo Partido sostenía la tesis de la lucha de clase contra clase y de la lucha de masas. También propugnaba los soviets de obreros, campesinos, soldados y marinos.

«Bajo las indicaciones en esos momentos de la Internacional Comunista, querían realizar en Cuba una revolución semejante a la de la Unión Soviética, sin acabar de entender que las condiciones eran distintas y los obreros no entendían ni qué era el término soviet.

«Con Batista el ejército se volvió aún más represivo y no titubeaba en masacrar a su propio pueblo. Igual pasaba con la oligarquía cubana. La única manera de derribar ese sistema era como lo hizo Fidel: por la lucha armada y no con manifestaciones y huelgas».

—Al morir Guiteras, muchas personas de diversas tendencias políticas afirmaron que en él primaba el terror por el terror y no la lucha revolucionaria. ¿Qué usted opina de ese criterio?

—¿Tony terrorista? Léete el programa de la Joven Cuba. Ahí encontrarás la verdad. Era marxista, y como Fidel, no usaba clichés, como lucha de clases, dictadura del proletariado. No solo era antimperialista. En el libro demuestro quién era Guiteras y la altura de su pensamiento.

—Si Guiteras alcanzaba el poder, ¿qué hubiera pasado en Cuba?

—Hubiera tratado de acabar con el latifundio; los trabajadores tendrían derechos reconocidos y jornadas de ocho horas, más de 30 000 campesinos se habrían beneficiado con la entrega de tierra y el Gobierno hubiera apoyado la educación, la creación de una industria nacional y hasta de una marina mercante. Hubiera seguido un camino no capitalista.

—¿Y los estadounidenses lo hubieran dejado?

—No, ¿y qué? ¿Dejaron tranquilo a Fidel? Todo podía suceder; incluso que Stalin, una figura que no es para nada de mi agrado, pudiera haberle vendido a Cuba petróleo y maquinaria a cambio de azúcar, porque había un Gobierno al cual no entendían mucho, pero que desafiaba a los capitalistas.

—La Revolución del 30 significó un antes y un después en la vida del país. De cierta manera nada volvió a ser igual en Cuba y ese cambio, en cierta medida, también se refrendó en la Constitución de 1940. ¿Hasta qué punto el legado de Guiteras estuvo en esa carta magna?

—Un análisis detallado demuestra que muchas medidas defendidas por Guiteras en el Gobierno de los 127 días o el pensamiento de Joven Cuba, se recogieron en esa Constitución. Me refiero, entre otras, a la condena al latifundio, a la defensa de un sistema de educación pública, al derecho de voto para la mujer y la protección a los obreros y su jornada de ocho horas. Esa Constitución fue muy avanzada; pero la oligarquía y los sucesivos Gobiernos nunca permitieron la promulgación de las leyes complementarias para su aplicación o se buscaron formas para escamotear lo reflejado en ella.

«Sin embargo, el principal legado de Tony está en su ejemplo. Hasta que él aparece, nadie en Cuba se atrevía a desafiar a los estadounidenses. ¿Expulsar al exembajador de Columbia u ordenar que le dispararan al primer marine que saliera de la Base Naval de Guantánamo en son de interventores…? Eso nunca había ocurrido hasta que llegó Guiteras. Él rompió con una cultura política del complejo de inferioridad y eso, te diría, es de lo más importante: la herencia de dignidad y valentía que nos dejó Antonio Guiteras Holmes».

La nueva biografía de Antonio Guiteras Holmes revela detalles inéditos.

A escasos metros de la desembocadura del río Canímar se halla el obelisco que perpetúa la caída de Antonio Guiteras y Carlos Aponte.

Una de las salas del Museo Memorial El Morrillo donde está hoy el túmulo que guarda los restos de Antonio Guiteras y del venezolano Carlos Aponte.

Patio y parte de la explanada del El Morrillo, un antiguo fuerte colonial español, donde ocurrió la muerte de los héroes.

(Tomado de Juventud Rebelde)

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