Nuestra batalla es de pensamiento, y no puede prescindir de la verdad

 

Enrique Ubieta Gómez

(Intervención en el Panel sobre los Retos de la Izquierda. Encuentro Antimperialista de Solidaridad, por la Democracia y contra el Neoliberalismo. La Habana, 1ro. de noviembre de 2019)

Hace unos días conversaba con un amigo sobre la impunidad con la que el imperialismo miente. No importa que al correr de los días se descubra la falsedad: la mentira permitió la acción deseada y dejó una huella en la conciencia de las masas. Reflexionaba que la guerra que se nos hace no es, en sentido estricto, de pensamiento, no es una batalla por la verdad, sino por la toma del poder y por su conservación; para el imperialismo, vale todo.

Foto: Tomada de Trabajadores.cu

Sin embargo, la guerra, la nuestra, sí es de pensamiento: no se dirime ante el enemigo, cínico y sordo; pero debe demostrar a los potenciales lectores-espectadores-oyentes que los mensajes que ha recibido son trampas que explotarán en sus manos.

Es una batalla que no puede prescindir de la verdad, del conocimiento —hay que elaborar estrategias, caminos, construir una conciencia crítica—, pero no debe confundirse con el debate académico. Esta doble condición —que solo existe para los revolucionarios—, crea divisiones que el enemigo aprovecha bien, porque no siempre coincidimos. El imperialismo, en cambio, desprecia la verdad, su intención única es mantener el poder político. El resultado es que la izquierda se divide y la derecha se une.

La unidad también es un hecho cultural que debe construirse sobre el reconocimiento de las identidades marginadas. Reivindiquemos toda la justicia (todo acto de justicia, por pequeño que parezca, es grande), y sobre ese presupuesto no nos dejemos arrebatar la unidad mayor: la de los oprimidos frente a los opresores. Porque el enemigo último, el decisivo, de todas las injusticias (aunque la herencia cultural extienda sus tentáculos más allá) es el capitalismo.

El mismo televisor que transmite un discurso de Fidel, de Chávez o de Maduro, de Evo, una hora más tarde transmite una película cuyo contenido ideológico, enmascarado, conduce en sentido contrario las emociones, los deseos, y las ideas del espectador.
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Los vaivenes de un rostro. Apuntes sobre Trump vs Cuba. Revelaciones de una nueva era de confrontación

 

Hassan Pérez Casabona

La pretensión de la élite política estadounidense de controlar los destinos de Cuba, a través de las más variadas estratagemas, ha devenido en obsesión ancestral. En el más estricto apego a la verdad histórica, es una idea que ronda las mentes de varias de las figuras más relevantes de dicho conglomerado, incluso antes de configurarse como estado moderno.

Esa actitud marcó, desafortunadamente, buena parte de la proyección imperial hacia la Mayor de las Antillas, durante los últimos 250 años, en tanto nuestro archipiélago se asumió por ese sector de poder, desde la combinación de múltiples instrumentos, como pieza de especial significación dentro del contexto hemisférico.

Lo cierto es que, más allá de declaraciones enfiladas a ganar simpatías fuera de sus fronteras —con la aspiración añadida de conquistar cerebros de cualquier geografía, propalando por todos los medios que ellos representan un sistema de valores superior, es decir un modo de vida a imitar— y de reajustes relacionados con los imperativos coyunturales, la maquinaria política del poderoso vecino no dejó a lo largo del tiempo (ni renuncia en el presente, y es prácticamente seguro proseguirá en esa posición en el futuro) de llevar adelante acciones concretas, encaminadas a coronar esa invariable determinación.

Ello se erige, entre no pocos tópicos, en el ente aglutinador en el comportamiento de esa potencia hacia nuestros lares, desde la época de la “fruta madura” y la Doctrina Monroe (cuyo hálito jamás abandonó el proscenio latinoamericano y caribeño) hasta la etapa más reciente en nuestras retinas, en que un hombre locuaz e inteligente como Barack Obama, daba pasos en pos de una convivencia civilizada con Cuba, en la misma medida que consideraba a Venezuela como amenaza “inusual y extraordinaria” a su Seguridad Nacional.

Obama, por cierto, tuvo el  mérito, desde la óptica de los objetivos del establishmentque representa, de proyectar en no pocos espacios de diversos confines una imagen cándida, erigida a su vez sobre la desmemoria histórica.Con su manera desenfada de conducirse, protegiendo a su esposa Michelle de la inclemencia de la lluvia habanera, o dialogando con personas comunes en supermercados asiáticos y recintos de la más variada naturaleza por el mundo (no olvidar sus incursiones en programas humorísticos como Vivir del Cuento) realizó una contribución, no despreciable, en cuanto a desdibujar el rostro imperial, acrecentando así la desmovilización en varios puntos cardinales del orbe, en torno a una batalla que, desde la visionaria alerta martiana, es esencialmente de ideas.

 

 

El ganador, inexplicablemente….

El 8 de noviembre del 2016 una noticia impactó con particular fuerza en el concierto internacional: Donald Trump, magnate inmobiliario, con profundas conexiones con los reality shows y la farándula asociada a la industria del entretenimiento, se alzaba con la victoria en la contienda electoral de Estados Unidos.

En realidad, nunca será ocioso reiterarlo, el cuadragésimo quinto presidente de ese país no llegó a la Casa Blanca imbuido del glamur con el que se identifica un triunfo legítimo, en cualquier competición. Por el contrario, su arribo al Despacho Oval estuvo marcado por la aberración más inaudita que pueda concebirse, en materia de dirimir escaños en las urnas.

Todavía parece de ciencia ficción —si bien su explicación “legítima” se remonta a vetustas legislaciones de los albores del siglo XIX, puestas en prácticadesde entonces con la marcada intención de asegurar,a cualquier costo,el control de la rama principal del sistema político, la presidencia, y que esta estuviera siempre en manos “adecuadas”, en cuanto a los sectores que representaban— el hecho de que los “compromisarios” del Colegio Electoral decretaran ganador a quien recibió 2, 8 millones de votos menos que su contrincante, la demócrata Hillary Clinton.

Es verdad que no era la primera vez en la historia que ello sucedía (el escamoteo a Al Gore por George W. Busch fue el referente más cercano) pero también lo es que nunca antes emergió un vencedor —y uno puede atreverse a afirmar que es bastante probable no vuelva a ocurrir, en esa magnitud, en lo adelante— con tal nivel de descrédito. Es más, en ninguna otra nación del planeta es posible que quien es vapuleado en los comicios de esa manera, se levante como la figura sonriente.

Es algo así como decir, por solo mencionar un ejemplo, que, en la Copa del Mundo de Fútbol de Brasil 2014, los anfitriones fueron los ganadores, y no lo alemanes, luego de que la “canarinha” cayera (un segundo Maracanazo, por su connotación simbólica, con independencia de que esta vez el choque fue en la semifinal, y no se efectuó en el Coloso de Río de Janeiro, como sucedió en el emblemático partido contra Uruguay, en la disputa del máximo trofeo universal, en 1950, sino en el Estadio Mineirao, de Belo Horizonte) por un estrepitoso marcador de siete goles contra uno. No menos apabullante, repito, fue la andanada contra Trump a la hora de depositar los ciudadanos sus papeletas. Únicamente el surrealismo que se enseñorea en temáticas políticas en predios del norte, carcomidas desde sus entrañas, es capaz de explicar tal anomalía.

Yo, el mejor de todos…

En un mundo lleno de falsedades, verdades a medias, afirmaciones descontextualizadas e intentos de manipular el comportamiento humano, en una amplia gama de asuntos y valiéndose de los más insospechados métodos, es una cuestión de primerísimo orden colocar cada pieza del engranaje en su justo lugar.

Esa virtud, si tuviésemos que resumir sus méritos, es una de las principales del libro Trump vs Cuba. Revelaciones de una nueva era de confrontación, de la autoría de Rafael González Morales, que la editorial Ocean Sur acaba de poner a circular.

El texto es, sin lugar a dudas, uno de los intentos más abarcadores desarrollados hasta el momento,en el afán de comprender los factores determinantes sobre el comportamiento del actual mandatario estadounidense hacia nuestro país, desde que asumió la jefatura imperial, el 20 de enero del 2017.

González Morales, licenciado en Derecho en la Universidad de La Habana, en el 2003, y máster en Relaciones Internacionales en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) “Raúl Roa García”, en el 2006, nos devela, mediante una documentada investigación, los múltiples rostros del controvertido personaje a través de los años. Es así que afloran en las páginas de su libro, desde las maquinaciones hacia Cuba de un empresario que no se cansa de presentarse como “súper exitoso”, en un primer momento,  hasta los diferentes papeles por los que transita, a partir de su peculiar relación con la extrema derecha de la mafia de origen insular, una vez instalado en la oficina de la avenida Pennsylvania.

Ese es otro acierto del libro presentado en el ISRI: brindar elementos que nos aproximan a la policromía de un hombre que, si bien suele divulgarse hasta el cansancio se comporta la mayor parte de las veces como un elefante dentro de un cristalería, está lejos de ser un improvisado, en cuanto a tejer urdimbres que favorezcan sus aspiraciones. Trump, en otras palabras, no es un neófito, ni mucho menos —aun cuando no desempeñó antes ningún cargo formal al respecto— en materia de la narrativa política estadounidense.

Es más, a todas luces representa, sin que ello niegue la singularidad que aporta su figura, un producto de los entuertos y contradicciones inherentes al complejo laberinto que encarna el capitalismo monopolista financiero transnacional, cuyo epicentro permanece en Estados Unidos, independientemente de la declinación relativa experimentada por esa nación, a nivel global, desde mediados de la década del 70 de la centuria pasada.

El autor, joven y experimentado analista en cuestiones vinculadas con los asuntos de seguridad internacional, hurga en diversos aspectos muchas veces ignorados, lo cual le permite enhebrar una historia fluida, llena de revelaciones y matices que atraparán de seguro al más exigente lector.

A través de un cuerpo vertebrado en tres capítulos, el hoy profesor e investigador del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana, hilvana la trama en la que, en distintos grados de relación a su protagonista,desfilan otros actores, algunos de ellos acostumbrados a tener sobre si los reflectores de medio mundo, como el senador Marco Rubio, y otros menos conocidos, pero con peso en el diseño y ejecución de la actual política gubernamental estadounidense hacia Cuba.

La lectura sosegada de los vericuetos asociados a cómo se produjo el desmontaje de los canales de comunicación efectivos alcanzados con la contraparte cubana, durante los años finales de la administración Obama —intríngulis perversa y hasta ahora oculta para el gran público— nos permite, en última instancia, apreciar las falencias y vulnerabilidades de un ser humano permeado por la megalomanía desde sus tiempos de imberbe, el cual, en la práctica, está lejos siquiera de actuar como estadista interesado en fortalecer los intereses de su nación. De qué otra manera puede explicarse que casi echara por la borda los veintitrés memorandos, acuerdos y otros mecanismos de entendimiento, logrados entre los dos países, desde el 1ero de julio del 2015 hasta el 19 de enero del 2017, considerados por expertos de cualquier procedencia beneficiosos para cada lado.

No fue casual, en modo alguno, que la mayoría de los representantes de la etapa de Obama que encontró Trump, dentro de los diversos departamentos y el entramado interagencial en Washington, se opusieran a que la política hacia Cuba, bajo el mando del nuevo presidente, experimentara un giro brusco.

Nada más revelador que lo planteado por el propio Marco Rubio a Trump, cuando sin tapujos le afirmó, aprovechando la cordialidad del mandatario al recibirlo en su oficina el miércoles 3 de mayo del 2017, encuentro al que Rubio llegó en compañía de Mario Díaz-Balart, y en el que Trump convocó a otros miembros de su ejecutivo, que: “Lo que te has comprometido a hacer sobre Cuba, lo que quieres hacer con Cuba, nunca va a venir de los burócratas. Tiene que venir de arriba hacia abajo. Vas a tener que decirles lo que tienen que hacer. Los funcionarios de carrera en el Departamento de Estado y el Tesoro, así como en otras agencias, no están a favor de cambiar esta política”. [1]

Si Trump fuera en realidad un hombre de negocios seguro de sí mismo (no la representación de esa idea que atrapa su imaginación) no necesitaría de pretextos para dinamitar el intercambio académico, cultural, deportivo y empresarial con este pequeño país caribeño. Acudir a invenciones del corte de los “supuestos incidentes sónicos” es una muestra mayúscula de debilidad, al tiempo que el comportamiento ejemplar antillano, sin renunciar a principios y tendiendo permanentemente una rama de olivo en favor del diálogo,  viene a confirmar el por qué muchos nos consideran como gigante moral.

La filosofía ética de nuestra parte, cincelada desde el magisterio de Fidel y Raúl, y que el presidente Díaz-Canel y el resto de la dirección del país hacen realidad en el presente, cobra vida lo mismo en el papel desempeñado dentro del Movimiento de Países No Alineados, el Foro de Sao Paulo, en las conversaciones por la paz en Colombia, o en el encuentro antiimperialista que acaba de concluir con una denuncia rotunda al neoliberalismo, y al sistema capitalista en general.

Este libro, he ahí otro tanto a favor, no está pensado exclusivamente para especialistas. El umbral de lectores potenciales que se propone conseguir resulta amplio, lo cual habla de la importancia que le concede el autor a brindar argumentos, a diversos sectores de nuestra sociedad, sobre tópicos muchas veces complejos.

En la puesta en circulación, que tuvo lugar en el ISRI, participaron, entre otros, un nutrido grupo de diplomáticos, profesores, investigadores y estudiantes, así como el colectivo de Ocean Sur, encabezado por su presidente David Deutschmann. Esta casa editorial preparó, en tiempo récord, la obra, la cual se suma al amplio catálogo que atesoran desde que comenzaron a laborar en nuestro país, hace más de tres décadas. Gerardo Hernández Nordelo, Héroe de la República de Cuba y vicerrector de la institución anfitriona, expresó, entre varias ideas, emotivas palabras de agradecimientos a todos los que, desde el anonimato, contribuyeron al regreso a la Patria de los Cinco.

El doctor Abel Enrique González Santamaría, prologuista del libro y autor el mismo de varios textos editados por Ocean Sur, cerró su intervención con un fragmento de lo que escribiera José Martí, el 7 de julio de 1887. “Para conocer a un pueblo se le ha de estudiar en todos sus aspectos y expresiones: ¡en sus elementos, en sus tendencias, en sus apóstoles, en sus poetas y en sus bandidos!”.[2] Tal como reconoció González Santamaría, Trump vs Cuba… es un texto de enorme valor para conocer a uno de los personeros encumbrados del pillaje, en el norte “revuelto y brutal” que no deja de despreciarnos.

Notas, citas y referencias bibliográficas

[1]Mar Caputo: “Inside Marco Rubio’scampaigntoshapeTrump’s Cuba crackdown”, en: Rafael González Morales: Trump vs Cuba. Revelaciones de un nueva era de confrontación, Ocean Sur, 2019, p. 60.

[2]José Martí: “México en los Estados Unidos. Sucesos referentes a México”, El Partido Liberal, 7 de julio de 1887. En sus Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. 7, p. 51., en: Ibídem, p. 7.

 

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Camilo nuestro

Fidel y Camilo en Bayamo. Foto: Archivo.

Desde los sentimientos más malévolos y oportunistas, detractores de la Revolución Cubana han gastado ríos de tinta y realizado varios documentales para tratar de tergiversar la verdad de lo ocurrido con la desaparición del Comandante Camilo Cienfuegos. El odio visceral ha llevado a estos enemigos a ofender el propio legado del legendario héroe cubano, en cuya limpia y leal trayectoria no se encuentra ni siquiera un pétalo que lo distancie de la Revolución y, en especial, del líder cubano Fidel Castro.
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El sentido de la responsabilidad colectiva

(Transcripción del espacio Dialogar, dialogar +Fotos)


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Fidel: “¡todo el pueblo cubano es hoy un Camilo!”

(FRAGMENTOS DEL DISCURSO PRONUNCIADO POR FIDEL CASTRO RUZ, EN CONMEMORACION DEL XXX ANIVERSARIO DE LA DESAPARICION FISICA DE CAMILO CIENFUEGOS, EN LAWTON, CIUDAD DE LA HABANA, EL 28 DE OCTUBRE DE 1989)

“En los días aquellos en que murió Camilo, estaban las campañas anticomunistas en pleno vigor, como arma, como instrumento principal del imperialismo contra la Revolución para sembrar la desconfianza, para sembrar la división y la duda. Y aquellos problemas de Camagüey fueron originados en esos sentimientos anticomunistas y antisocialistas de elementos de procedencia burguesa, o pequeñoburguesa, que se enrolaron en esa campaña porque ese era su pensamiento dominante y trataron de producir una grieta en la Revolución, una división en la Revolución. Son los sucesos de Camagüey que se han recordado en estos días, cuando un señor —cuyo nombre no vale la pena ni mencionar al lado de los nombres que tenemos que mencionar en un día como hoy, pues no vale la pena mencionar al lado del nombre de Camilo tales personajes, porque Camilo vale un millón de veces más lo que valía ese señor (APLAUSOS)—, cuya bandera era sencillamente el anticomunismo, en nombre del anticomunismo trató de promover la sedición.

Posibilidades de tener éxito no existía ninguna, porque al pueblo no se le puede engañar tan fácilmente. Aunque alguien hubiera podido confundir en aquellos tiempos a unos pocos todavía no suficientemente maduros, sin una suficiente cultura y educación políticas; habrían sido aplastados, pero tal vez se habría derramado sangre en el seno de la Revolución.

En estos días se ha recordado la marcha, junto al pueblo camagüeyano de aquel 21 de octubre. Porque la intención no fue aplastar por la fuerza; estábamos preparados para hacer polvo aquel cuartel, pero lo íbamos a dominar con las masas, con el pueblo. Habría sido fácil disponer de unas cuantas unidades con los morteros, las bazucas y los tanques necesarios para aplastar aquel cuartel, pero la idea fue dominar con la fuerza de las masas a los sediciosos.

Ese día fue uno de los días gloriosos de Camilo, se demostró una vez más lo que era Camilo. Por ahí se ha hecho la historia —he leído algunas reflexiones y algunos datos—, yo la recuerdo muy bien.

La contraofensiva revolucionaria se empezó a hacer por teléfono con el compañero Jorge Enrique Mendoza, que se encontraba en Camagüey; al que se le dio instrucción de tomar una de las estaciones de radio y empezar la denuncia, con el apoyo de un batallón rebelde que estaba en las afueras de la ciudad. Así lo hicieron. Queríamos ver la reacción de los conspiradores, si se lanzaban a recuperar o no la estación. Realmente empezaron a desmoralizarse.

Por la mañana llegamos nosotros, no sé si fue un avión o dos —habrá que ver a algunos de los testigos de aquel episodio para reconstruirlo con exactitud. No recuerdo si llegó Camilo antes que yo, o llegué yo unos minutos primero que Camilo, no recuerdo si es que fuimos en dos aviones o fuimos en tres; pero inmediatamente de recibirse las noticias de la sedición la noche antes, la estación de radio informó a la población de Camagüey la traición de aquel señor, y el pueblo estaba preparado y unido para enfrentarla.

Tan pronto llegamos a la ciudad se reunió una enorme multitud, y con la multitud marchábamos hacia el cuartel, íbamos con el pueblo. Aquella manifestación no habría tenido ningún sentido si ya los conspiradores hubiesen sido dominados, o si ya los conspiradores hubiesen sido aplastados. El pueblo camagüeyano avanzaba desarmado hacia un cuartel.

¿Cuál fue la proeza de Camilo? Camilo se separó de nosotros no sé cómo —habrá que reconstruir todos esos detalles, tienen que haber compañeros vivos que recuerden los detalles—, se dirigió al cuartel, entró al cuartel y desarmó a los conspiradores, los sometió; entró con un puñado de hombres y con su autoridad, con su moral, con su presencia, con su valentía, los doblegó. No hizo falta que el pueblo llegara al cuartel (APLAUSOS).

¿Pero dónde está su sentido de la responsabilidad, dónde está la prueba de sus sentimientos, dónde está el mérito de aquello? El pensó, como podíamos pensar nosotros, que habría tal vez muchos muertos, que tal vez podría producirse una sangrienta balacera. ¿Quién podía garantizar ciento por ciento que se rindieran? Y nuestra idea era tomar el cuartel con las masas, para enseñarles de una vez por siempre a los traidores lo que es ponerse frente a los intereses del pueblo, costara lo que costara (APLAUSOS).

Pudo no ocurrir nada, pudo ser que los conspiradores no se atrevieran a disparar al pueblo, pero tal vez la acción de Camilo salvó muchas vidas; porque también pudo ocurrir cualquier otra cosa, y él se adelantó para evitar una situación y un peligro de esa naturaleza. Es una muestra de la confianza que tenía en sí mismo, de su heroísmo, de su arresto y de su capacidad de actuar, de manera excepcional, en circunstancias determinadas.

Pero lo que esgrimía aquel grupo y su cabecilla, lo que enarbolaba, era la bandera del anticomunismo. Por eso tienen un profundo significado esas palabras de Camilo que escuchamos en el día de hoy, cuando recita los versos de Bonifacio Byrne y cuando plantea que esta Revolución tiene que ir hasta el final.

¿Qué quiere decir Camilo cuando se acaba de aplastar un brote sedicioso anticomunista, con que esta Revolución tenía que llegar hasta el final? ¡El final era el socialismo y el comunismo, ese final que nos proponemos alcanzar! (APLAUSOS PROLONGADOS)

Camilo estaba muy claro sobre lo que significaba revolución: no en balde tenía antecedentes revolucionarios en su familia, no en balde fue trabajador humilde, no en balde bebió desde la cuna las ideas revolucionarias, no en balde tenía un tremendo temperamento revolucionario, no en balde tenía un gran alma revolucionaria.

Ahora es fácil decir esto; pero hay que medir lo que significaba en aquellos tiempos, cuando todavía en nuestro país había tantos prejuicios que se podían hacer leyes revolucionarias y más leyes revolucionarias, y el pueblo las aplaudía, pero ni siquiera se podía mencionar la palabra socialismo.

Vean ustedes que Camilo muere en 1959, y es el 16 de abril de 1961 que se declara el carácter socialista de la Revolución ante el pueblo armado. Y fue el pueblo armado el que levantó los fusiles y apoyó con todas sus fuerzas la idea de la Revolución socialista, cuando ya se habían vencido muchos obstáculos y se había formado una conciencia revolucionaria más madura, cuando no era solo entusiasmo y rebeldía, cuando no era solo odio a la tiranía, sino algo más que eso: un gran objetivo histórico. Y ya en Girón combatieron nuestros hombres y mujeres por el socialismo; ya en Girón derramaron su sangre por el socialismo. Hacía alrededor de año y medio que había muerto Camilo y ya no podíamos contar con su presencia física. Es bueno recordar todo esto.

En aquellos días amargos el enemigo se ensañó con todo tipo de calumnias, haciendo ver que Camilo había sido asesinado, que Camilo había sido desaparecido por problemas y rivalidades; hasta, incluso, alguna vez dijeron que porque Camilo se oponía a la línea de la Revolución, todo ese tipo de infamias. Fueron muy amargos aquellos días, el enemigo no perdió oportunidad —como no la ha perdido nunca— de sembrar veneno y sembrar toda clase de cizaña.

Lo volvieron a repetir cuando el Che. Cuando el Che estuvo mucho tiempo ausente y por razones de su propia seguridad para proteger su secreto, sus planes, sus intenciones, no se podía divulgar la carta que escribió antes de partir, tuvimos que soportar igualmente un diluvio de calumnias de todo tipo.

Eso hicieron también en aquellos días amargos en que desapareció Camilo, al no llegar el avión a su destino, promoviendo una terrible consternación, un insuperable dolor en el pecho de todos sus compañeros, que nos enfrascamos febrilmente en su búsqueda durante casi una semana entera, en la esperanza de que pudiera estar en un islote, en un lugar solitario, en algún punto.

Es bueno recordar estas cuestiones, ya que la causa directa de aquel accidente fue el problema surgido en Camagüey por los elementos anticomunistas. En aquellas circunstancias, Camilo, por sus responsabilidades, tuvo que viajar varias veces a esa provincia; audaz como era, no respetaba ni el día, ni la noche, ni el tiempo y salió hacia la capital en un pequeño avión. Porque en aquella época no teníamos experiencia, ni teníamos aviones seguros, ni teníamos nada, y así unos cuantos compañeros perdieron la vida, pues hubo más de un accidente aéreo; ¡de milagro no fueron más los que murieron de esa forma en los primeros años de la Revolución!

Cobra todo su significado la historia de Camilo, no solo por lo que hizo, no solo por sus heroicas proezas combativas, sino también por sus ideas, por sus conceptos, por sus propósitos profundamente revolucionarios. También por eso decía que un día como hoy Camilo sería feliz, y si hay pelea por delante, más feliz todavía; si hay dificultades, más feliz; si hay reto, más feliz; si quedan injusticias por subsanar, más feliz; y si se mantiene en todo su vigor la lucha heroica e histórica de nuestro pueblo contra el imperio, ¡más feliz sería Camilo!

El camino de nuestro pueblo, la marcha firme de nuestro pueblo, sin claudicación ni vacilación, sus logros en medio de las agresiones y del bloqueo, sus perspectivas futuras, estoy seguro de que habrían entusiasmado extraordinariamente a Camilo.

Es necesario que hoy, cuando lo recordamos con tanto cariño, tengamos presente eso: desapareció temprano, ¡cuánto habría podido hacer en estos años! Pero lo importante es que aquellas cosas por las que luchó con pasión y por las que dio su vida, estén haciéndose y se hayan hecho, y que este pueblo sea el mismo al que él le habló allá, en el viejo Palacio, cuando dijo que la frente no se inclinaría, sino ante los muertos, para decirles un día que la Revolución se ha cumplido.

¡Hoy podemos decir que nos inclinamos ante los muertos para decir que la Revolución se ha cumplido, pero a la vez tendríamos que seguir apelando a los muertos! (APLAUSOS) ¡Podríamos arrodillarnos ante los 20 000 muertos de que habló Camilo, que dieron su vida por la Revolución, a los que habría que añadirles los miles de muertos que dieron su vida para consolidar la Revolución, luchando contra bandidos, luchando contra terroristas, luchando contra mercenarios y los que han muerto cumpliendo gloriosas misiones internacionalistas! (APLAUSOS PROLONGADOS)

¡Qué orgulloso se habría sentido Camilo participando o dirigiendo cualesquiera de esas misiones!, él que dijo que todos los revolucionarios, en cualquier parte del mundo, eran sus hermanos.

Pero les expresaba que no solo podríamos arrodillarnos ante nuestros muertos para decir que la Revolución se ha cumplido, sino que seguimos apelando a nuestros muertos, para que nos acompañen en esta lucha que no ha concluido, para defender lo que se ha hecho, para que nuevos objetivos de la Revolución se cumplan en las batallas que a la Revolución esperan todavía (APLAUSOS); porque los muertos —y eso lo vio Camilo y lo dijo con esas hermosas palabras— nos acompañan.

Por eso hoy hablé de la muerte física, que esa es una cosa, y otra es la presencia del ejemplo, de la inspiración, ¡de los valores morales que nos legaron hombres como Camilo y el Che! (APLAUSOS)

Por eso él dijo y repitió aquella idea de Byrne: ¡Que nuestros muertos, alzando los brazos, serán capaces de defender todavía la patria! ¡Y en la etapa que vivimos, en la consolidación de lo que se ha hecho y en la tarea de hacer lo que falta por hacer, nuestros muertos, alzando los brazos, seguirán luchando y defendiendo a la patria! (APLAUSOS)

(…)

En aquellos días de confusión en que querían atemorizar a todo el mundo con el mote de comunista, o hacer campañas sobre esa cosa terrible que era el comunismo, los camagüeyanos no vacilaron; a pesar de que la prensa burguesa por aquella época estaba alentando a aquel grupo, no hubo un solo camagüeyano que vacilara aquella mañana cuando llegamos con Camilo a Camagüey, y, como un solo hombre, el pueblo entero avanzó hacia el cuartel; estos son tiempos en que hace falta aquella vigorosa y combativo unidad, son tiempos en que hace falta esa maravillosa intuición de Camilo, son tiempos en que hace falta esa maravillosa audacia de Camilo, esa firme convicción de Camilo.

Recuerdo que a raíz de su muerte dije una frase: “En el pueblo hay muchos Camilo.” Camilo salió del pueblo, tuvo la posibilidad de potenciar y desarrollar sus extraordinarias facultades; pero cuando veo a nuestros jóvenes al pie de un torno, al pie de un horno de fundición, cuando los veo en un laboratorio, cuando los veo trabajando 10, 12, 13 y 14 horas, me confirmo más y más en aquella profunda convicción de que en el pueblo hay muchos Camilo.

Y cuando pienso en estos momentos en que en nuestro país se trabaja con entusiasmo, con confianza, con seguridad, sin miedo a nadie ni a nada, sin desalentarse porque puedan surgir dificultades de cualquier tipo; cuando sé que nuestro pueblo es capaz de enfrentarse a cualquier cosa, cuando sé que nuestro pueblo es capaz de alcanzar cualquier objetivo, de alcanzar cualquier meta, de desafiar cualquier peligro; cuando sé que nuestro pueblo es capaz de defender el socialismo, el comunismo y el marxismo-leninismo hasta la última gota de sangre, digo con la misma convicción de aquel año: ¡todo el pueblo cubano es hoy un Camilo!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(OVACION)

 

 

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Fiel e invencible seguidor de Martí

Yusuam Palacios Ortega

Un hombre de su tiempo y para todos los tiempos; un creador original, auténtico y de pensamiento propio: ese es Eusebio Leal, martiano en su esencia, abanderado de los valores que sustentan nuestra obra social, política, económica y cultural: la construcción del Socialismo en Cuba. Defensor de la memoria histórica como pilar fundamental  para andar hacia el futuro, creando y sembrando. Recordemos sus reflexiones, citando a Fidel, en acto político y ceremonia militar de inhumación de los restos de Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales el 10 de octubre de 2017:

“Ya en 1965, en la escalinata de la Universidad, ante especulaciones sobre las razones de los próceres, Fidel afirma categóricamente, en frases definitorias: “Nosotros entonces hubiéramos sido como ellos. Ellos hoy habrían sido como nosotros”. Esa conjunción dialéctica la explicará luego en tres lecciones históricas magistrales: la primera, el 10 de octubre de 1968, en ese lugar conmemora el primer el primer centenario de la lucha por la independencia. La segunda, el 11 de mayo en Jimaguayú, en 1973, en que define la forma del análisis histórico y da continuación perfecta a lo que es perlamás preciosa de su última y grande aspiración, la que tuvo Céspedes, la que tuvo Martí: la de la unidad nacional en torno a la idea. Y, finalmente, el gran discurso del 15 de marzo de 1978, bajo los Mangos de Baraguá, donde jura continuar la obra de aquel Titán que a los 33 años sorprendió a su adversario por su juventud, por su apolínea figura y por su voluntad de servicio”.

Cual condición aprehendida de lo mejor de nuestra tradición filosófica, ética y cultural: Varela, Luz y Caballero, Martí, Varona; ha sabido elevarse sobre lo común de la naturaleza humana, como homagno martiano u hombre nuevo: de tal dimensión es su carácter, su altura ética y dignidad; sobre todo, se nos presenta Eusebio Leal como intelectual comprometido con los principios e ideología revolucionaria.Sus palabras en una entrevista concedida para el espacio Mesa Redonda el 26 de diciembre de 2016 se revelan esclarecedoras de su cosmovisión:

“Cuando miro hacia atrás me pregunto: ¿A qué edad murió Bolívar? ¿A qué edad murió Martí? ¿A qué edad Gómez, García, Céspedes, Maceo?…Nos tocó el privilegio de poder vivir y ver a los hombres de la Revolución; vivir y sobrevivir a ella, cambiarla, retomar el camino, analizar los necesarios extravíos, rectificar errores, cometerlos que es de humanos. Es una Revolución hecha por hombres, no por arcángeles disfrazados de seres humanos; y en medio de ese vorágine vivir, y de pronto, conmovidos por el resultado al vivir tanto, poder afirmar como el filósofo (…) “Pienso, luego existo” Quiere decir que si pensamos es que vivimos”.

Con qué coherencia, basta observar su imagen pública y proyección social, ha llevado su vida. Nos percatamos de la fortaleza ideológica de su oratoria, la emoción que despierta el verbo de Leal, la capacidad que ha desarrollado para conmover. Es un martiano Eusebio, lo asume como filosofía de vida, es una condición perenne en la conjunción de pensamiento y acción que cotidianamente practica. De él ha dicho una gran mujer, nuestra Fina García Marruz: “En su sacrificio humilde, en la entrega tenaz de sus horas, en la vehemencia prometeica con que ama a La Habana, Eusebio Leal- como en otras tantas cosas-, es donde está su huella. Cuando lo olviden los hombres, todavía lo recordarán las piedras”.

Lo más importante en Eusebio es su apego a la raíz, su amor por Cuba y la humanidad, su vida preñada de una vocación: la de servicio; ahí están las claves de su martianidad. Al lado de los pobres, de los más humildes, echó, como el Apóstol de Cuba, su suerte con ellos; fue esa su elección, la que un militante por la vida y la justica social toma para sí. Prefiere el deber, está donde este lo indica; sabe, y esa ha sido su vida, que el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor sino de qué lado está el deber.

Vive para su patria;pues para él como para Martí y Fidel, la patria necesita sacrificios, es ara y no pedestal, se la sirve pero no se la toma para servirse de ella. Ahí está la obra social de Eusebio Leal liderando la salvaguarda del valor patrimonial e histórico de la ciudad cuna de Martí, la Oficina del Historiador de La Habana, su tenaz trabajo de restauración y conservación, su pasión por construir, amar y fundar, pues es del bando de los que aman y fundan y no de los que odian y deshacen. Leal no flaquea, no se acoquina, se levanta ante las peores y más difíciles dificultades: es un hombre a imitar, un ejemplo para los jóvenes de hoy y de mañana, un hacedor de maravillas.

Su mensaje a la juventud en la entrevista aludida, una entre tantas lecciones, así lo confirma: “A la juventud cubana siempre hay que conquistarla, los jóvenes son siempre nuevas generaciones, nuevas, nuevas y nuevas…Hay jóvenes que nacen viejos, tú los ves y actúan como viejos mentalmente. Es una cuestión genética. Y hay jóvenes para toda la eternidad. No muestran una actitud juvenil ridícula, sino una actitud juvenil consecuente: arresto, carácter, esfuerzo, sonrisas, capacidad creativa. Esa es la juventud, poder, energía, fuerza, voluntad de conquista”.

Como jóvenes de hoy, herederos de la obra humana que nos ha antecedido, y portadores de la llama de la Patria, nos queda un camino: ser consecuentes con el momento histórico y salvar la obra construida y por construir todavía, con fuertes retos y enormes desafíos; ello desde la experiencia de vida que se va adquiriendo y el legado, bien asumido, de nuestros mayores. Como planteara Eusebio Leal, fiel e invencible seguidor de Martí:“Ahora nos queda el camino que lo ha trazado Fidel. En el momento en que se va le presta el último gran servicio en vida temporal al pueblo cubano, se acuesta en la trinchera y nos convoca: vengan y únanse, que la única forma de salvarnos es perseverar. Por último, deshace todas las concepciones que sobre su persona, su psicología y su espíritu han tenido sus detractores. No quiero busto, ni monumento, ni estatua, ni sello de correo, ni plaza, ni calle con su nombre, y hace un desafío a la frivolidad de los frívolos y se convierte en algo más importante. Él sabe cuán difícil es la mente de los hombres y la evolución de las sociedades, y cree como Martí que lo más importante son las ideas, y eso es lo que hay que defender, las ideas. Esa es a partir de hoy la más importante joya de los cubanos, su legado martiano, su legado por ende cubano. Un legado íntegro en Martí, íntegro en Fidel, que se une creando una fuerza de pensamiento y de cultura, que aun en los necesarios errores y extravíos de los hombres y de los procesos políticos, emerge con una fuerza y vitalidad, para mí incontestable”.

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Fragmentos de la Comparecencia Televisada del Comandante Camilo Cienfuegos, en el canal 11 de Televisión Camagüey, el 22 de octubre de 1959, sobre la traición de Hubert Matos

 

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Cuando tuvimos conocimiento de la renuncia del Comandante Hubert Matos y las demás renuncias que se estaban haciendo por distintos compañeros del Ejército Rebelde, las renuncias que iban a hacer distintos hombres de la vida civil, precipitadamente, después de conversar con Fidel, salimos para esta ciudad de Camagüey, ya que nosotros conocíamos de las intenciones de Hubert Matos. Sabíamos de sus relaciones íntimas y gran amistad que lo habían unido a Pedro Díaz Lanz, conocíamos de las innumerables visitas que hiciera a Urrutia y a los contactos descarados que había hecho tratando de atraerse compañeros oficiales de otras provincias. La conspiración que tenía muy inteligentemente planteada Hubert Matos, no era solamente en la provincia de Camagüey, sino que intentó captarse compañeros de otras provincias por medio del engaño y la mentira, como hizo con distintos compañeros a los cuales captó de una forma muy solapada y con una estrategia con toda la mala intención que pueda albergar un hombre que va a traicionar a su patria.
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Nunca hasta ahora se había dado un solo caso de que por la renuncia o la sustitución de un jefe militar se produjeran infinidad de renuncias y las que venían después, que nosotros teníamos conocimiento de que se iban a producir en masa. Al llegar al Regimiento había, y aquí están firmadas las renuncias que habían hecho oficiales del Ejército Revolucionario –todas estas-, y los demás compañeros estaban esperando, algunos para renuncias posteriormente
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…, como sujeto a investigación, aquí está casi todo el mundo, sabe. Nosotros, honradamente, como traidor consideramos a Hubert Matos, como único y verdadero culpable de esto.
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Cuando hablamos…., cuando a la llegada de Fidel, Fidel le explicó a esos compañeros, él no habló con Hubert, lo dejó arriba, a los demás compañeros se les ordenó que bajaran, así lo hicieron, entonces Fidel habló con cada uno de ellos, un solo grupo general, les explicó las pruebas que teníamos de la traición de Hubert Matos, les explicó personalmente a ellos que no consideraba que sabían que era maniobra de Hubert. Ellos le pidieron a Fidel que los dejara hablar, pero en aquel momento no se podía porque sabíamos que Huber iba a negarlo todo. El se iba a fingir una víctima. La maniobra de él era fingirse como una víctima que iba a negar, iba, incluso, a extralimitar allí para evitar un penoso incidente, cosa que no era necesario aclarar allí más nada, puesto que nosotros estábamos convencidos, conocíamos perfectamente de la jugada de Hubert Matos, fue por eso que Fidel decidió no hablar en ese momento con él, ni creo que tenga interés en hacerlo ahora, porque si de algo estábamos convencidos, segurísimos, es de la traición de Hubert Matos.
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Es bueno que sepan, más o menos todos los todos los hombres que estaban en esos mandos habían sido designados por Hubert Matos y hasta ellos llegó la campaña solapada. Porque lo que Hubert Matos ha hecho aquí, y es bueno que se sepa, es que él se dedicó aquí, desde un principio, a colocar peones. El ponía uno aquí, ponía otra allá, hombres de entera confianza, hombres que no le respondieran, los sacó de la provincia y los marginó por completo.
Lo mismo hizo con el señor ese, con el coordinador provincial, el cual era un incondicional de Hubert Matos. Y aquí lo único que ha hecho Hubert Matos es hacerse fuerte poniendo hombres de toda confianza, hombres que tenía engañados, haciéndose pasar por un verdadero revolucionario. El se ha hecho aquí de cierto prestigio y de cierta popularidad a base de propaganda en los periódicos, y ahí está la propaganda diaria, los actos constantes en que participaba Hubert Matos. El se rodeó de una serie de compañeros, que no hacía sino leer lo mismo, él se sugestionó, él pensó que los aplausos que le tributaba el pueblo donde quiera que iba se lo dedicaban a él, lo que no sabía era Hubert Matos es que esos aplausos, como dijera Fidel aquí, no se los tributan a Hubert, ni a Camilo, ni a nadie, esos aplausos los dedica el pueblo a la Revolución, a los 20 000 muertos que hicieron posible esta, ¿sabe? (aplausos)
Y esto es una cosa que aquí se puede demostrar, y es una cosa que se va a demostrar, se pueden ver todos los periódicos, que son publicados desde que Hubert Matos tomó el mando de la provincia. Hay periódicos que a diario publican la foto y los elogios a Hubert Matos. Los distintos compañeros de las provincias, incluso, casi nunca salían, porque se dedicaban no solo a hacerse propaganda, no a recibir aplausos, sino a trabajar, a trabajar fuerte y decididamente a favor de la Revolución. Mientras Hubert, demagógicamente lo que hacía era asistir a cuanto acto el mismo citaba, en unió del coordinador provincial, y abandonaba sus verdaderas labores, como era la Reforma Agraria, que estaba completamente paralizada. Que aquí en Reforma Agraria, con las facilidades que ha dado Fidel, debía ser la principal provincia que hubiera avanzada en la Reforma Agraria. Y esta provincia estaba paralizada completamente, se puede decir.
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…, él se valía de sus mañas, de sus mañas, él daba un acto aquí casi a diario. Y salía y hablaba al pueblo, hablaba de Reforma Agraria, teoría de la Reforma Agraria que nunca llevó a ejecución y nunca practicó y nunca permitió practicar aquí. Y esto fue lo que hizo Hubert Matos, y ahí están los periódicos, los periódicos donde se pueden ver, se pueden coger los cinco jefes de las demás provincias para ver si los cinco juntos tiene ni siquiera la mitad de la propaganda publicitaria que se hizo Hubert Matos.
Aquí el hizo una revista, muy buena, que cuesta 7 000 pesos mensuales, que todavía no sabemos de dónde sacaba ese dinero, donde todo era cantos y elogios “al valeroso comandante, al valeroso y heroico Jefe del Regimiento”. Siete mil pesos mensuales en una revista, mientras otros compañeros en La Habana se dedicaban a recoger los niños en los pueblos; como el escuadrón de La Lisa, que un compañero capitán que vino conmigo, se dedicó a recoger más de 1000 muchachos y tenía una escuela allí, que nos costaba al Ejército más de 3000 pesos mensuales y se dedicaba ese dinero, se dedicaban los esfuerzos de esos compañeros a los niños, sin propaganda porque es bueno que se sepa que allí nunca se hizo propaganda y los compañeros que verdaderamente no quieren propaganda no se gastan el dinero en propaganda, y eso es gastar el dinero de la Revolución, el dinero del Ejército, el dinero que tanto necesita la república en hacerse propaganda particular.
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Mire, hay una carta que tiene Fidel, en que se ven las relaciones íntimas que mantenían Hubert Matos y Urrutia. Yo les voy a decir a ustedes que siendo yo jefe del Ejército y siendo Hubert Matos Jefe del Regimiento de Camagüey, ese señor no fue a verme a mí ni una sola vez. Yo se lo dije ayer delante de los compañeros. Le dije: “¿Cuántas veces me fuiste tú a ver a mí a La Habana, o en ocasiones que yo estuve aquí, para plantearme problemas de ningún tipo?”. Nunca. Los compañeros allí presentes tampoco lo hicieron. Sin embargo, Hubert Matos cuando las visitas que hice yo al palacio presidencial, estaba allí, fueron numerosas las ocasiones que Hubert Matos iba a ver al presidente de la República, Urrutia. Y fueron muchísimas las ocasiones, incluso dos días antes de la traición de Díaz Lanz, que Hubert Matos visitó a Diáz Lanz. Es una prueba los papeles que se lanzaron ayer en La Habana firmados por Díaz Lanz, es una prueba de que concordaba con la traición de Hubert Matos aquí en la provincia. Ellos están ligados los tres: Urrutia, Díaz Lanz y Hubert Matos; porque Hubert Matos no era aviador Hubert se justificaba que fuera a ver al presidente de la República, pero no tenía justificación alguna que fuera y se entrevistara constantemente con Diaz Lanz, incluso dos días antes de desertar, y antes de traicionar a la Revolución, y él lo hacía, esas son pruebas irrebatibles. Hay la carta, la carta que tiene Fidel que va a enseñar esta noche. Y hay las visitas esas que no las puede justificar Hubert Matos de ninguna forma”.

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