Crónica de un encuentro en el frente de batalla

Nos lo confirmaron el sábado, y el domingo viajamos a Caracas, para asistir a la Jornada Internacional por la Democracia y la Paz y en solidaridad con la Revolución Bolivariana. La delegación la presidió Abel Prieto, director de la Oficina del Programa Martiano, y fueron parte de ella la estudiante universitaria Mirtia Brossard, presidenta de la OCLAE, el joven dramaturgo Rafael González, presidente de la AHS, y el historiador y diputado Elier Ramírez, quienes hasta la noche anterior estaban inmersos en la recogida de escombros y en la asistencia a los damnificados por el tornado recién sufrido en la capital cubana; también la integró el escritor Omar González, coordinador en Cuba de la Red en Defensa de la Humanidad, y el periodista Ángel Guerra, residente en México. Los trovadores Karel García y Danilo Vázquez completan el pequeño grupo. Cumplo en parte mi deseo más íntimo, estar allí, en el frente antimperialista más importante de las Américas.

Foto: Sitio del Gobierno Bolivariano de Venezuela.

Es la ida por la vuelta, pero la campaña mediática es tan intensa que uno de mis hijos llama y me dice “quiero que sepas que te quiero papá”, como si yo marchara a la guerra —la que no existe, pero puede ser provocada en horas o días y que, según los medios hegemónicos, ya transcurre—; “yo también”, respondo emocionado. Pero en Venezuela hay alrededor de 20 000 trabajadores cubanos de la salud, maestros, entrenadores, ingenieros, profesionales de disímiles especialidades, en lugares intrincados de su geografía, que viven la heroica cotidianidad de un pueblo que es ya también el suyo, cuya razón de ser es la solidaridad.

La aerolínea Copa se une a la guerra sicológica (¿habrá recibido una orientación de Washington o es una víctima de las “fake news”?) reduce los vuelos a horarios diurnos y explica a los viajeros que “la situación social y política” de Venezuela aconseja viajar de día. Las últimas declaraciones del imperio y sus lacayos de América y Europa parecen anunciar la guerra: ultimatos, advertencias, amenazas. En las próximas horas, dicen, entrarán a territorio nacional fuerzas extranjeras no autorizadas para repartir una ayuda “humanitaria” que no tendría sentido si se descongelan las cuentas del gobierno bolivariano y cesa el bloqueo financiero. Un anuncio deslizado en las redes precisaba que el hecho se produciría la noche previa al evento. Mi amiga, la historiadora Carmen Bohorquez, me dice que estuvo hasta altas horas de la madrugada pendiente de si se cumplía la amenaza. El objetivo es crear confusión e incertidumbre. El golpista Guaidó —Guiado, escribió sin querer John Bolton en un tuit— es virtual, ha sido reconocido en apresurados tuits de presidentes “encargados”, que siguen la señal del emperador.

“Es un presidente 2.0, es real, pero no existe”, dice el argentino Marco Teruggi. Ordena lo que le ordenan a través de las redes y en furtivas salidas a la calle, y desaparece tras los muros de la Embajada yanqui. Pero Teruggi advierte: quieren presentar este momento como el de “la ofensiva final”.

A pesar de todo, en Caracas brilla el sol. Salgo a la calle apenas llego. Encuentro, para mi sorpresa, una ciudad distendida, en plena calma. Es domingo y, como siempre, hay menos personas de lo habitual en el bulevar de Sabana Grande, un barrio de clase media. Algunos niños juegan despreocupados, tres bailadores de break dance se retuercen de manera rítmica ante un grupo de transeúntes y, a unos metros del primero, otro grupo celebra los trucos de un mago. Muy cerca, en el propio bulevar, dos buscavidas disfrazados de Mickey Mouse y su novia incitan a los niños a retratarse con ellos.

Una larga cola de padres espera su turno para comprar helados. El desabastecimiento en Venezuela es intencional y selectivo: los productores y comerciantes opositores golpean a la población en aquellos renglones que afectan sus necesidades identitarias. La guerra económica, según la destacada economista venezolana Pasqualina Curcio, tiene tres vertientes: el acaparamiento de los productos más consumidos por la población, la devaluación inducida de la moneda (alteran los costos de producción) y el bloqueo financiero.

Pero en el gran centro comercial El Recreo, la gente sube y baja, entra y sale. Hay más visitantes que compradores, lo cual es normal en estos establecimientos caros. Más que a las boutiques, la gente va a los pequeños restaurantes de comida rápida que existen en su interior; la mayoría son de firmas trasnacionales, como la Mc Donald, algunos de comida “italiana” o “japonesa”.

Descubro el torso de cartón de la Estatua de la Libertad que cuelga del techo, entre las escaleras eléctricas. Recuerdo haberlo visto hace al menos 14 años, cuando trabajaba en mi libro sobre Barrio Adentro. El símbolo de la libertad, transformado en el símbolo del imperialismo que la pisotea. Pienso que quizás es la que hicieron desfilar los escuálidos envuelta en la bandera de Venezuela, para asombro del mundo. Esos manifestantes, faltos de pudor, enarbolan también la bandera de las barras y las estrellas, y le piden a Trump que invada el país donde nacieron. No hay disimulo, la guerra es abierta. La posibilidad de una invasión imperialista y el desenfado con que la piden los mercenarios, empuja a los menos politizados a defender la Patria, acrecienta en todos el fervor patriótico.

La historia se repite, los “pitiyanquis” —término que emplean los venezolanos para identificar a los colonizados, a los que usan la Patria de pedestal, y solo ven sus propios intereses—, impotentes ante una Revolución popular que no pueden derrotar por sí mismos, se postran frente a la potencia extranjera que les vende protección: eso hicieron y hacen en Cuba los anexionistas y los autonomistas, en viejas y nuevas versiones. Los de aquí y los de allá, son los mismos.

El lunes 4 de febrero, Día de la Dignidad Nacional, nos reunimos en la Casa Amarilla, sede de la Cancillería bolivariana. Es una bella construcción decimonónica que sirvió como Casa de Gobierno. Hay mucha historia dentro de estos muros. Han llegado prestigiosos intelectuales de América Latina, de Canadá y de Europa. El canciller Jorge Arreaza declara enérgico, durante el breve saludo inicial: “el único reconocimiento que nos interesa es el del pueblo venezolano y el de la solidaridad de todos los pueblos del mundo”. Adán Chávez toma la palabra y expresa su convencimiento de que, ante una intervención militar del imperialismo, “vendrán millones de hermanos latinoamericanos a luchar con nosotros”.

La tarde reserva dos momentos especiales. El primero es indescriptible: en la Plaza Bolívar del centro histórico hay una tarima desde donde músicos y grupos tradicionales de danza complacen a la multitud reunida, que viene a expresar su apoyo al Presidente Maduro y a la Revolución bolivariana. Los trovadores cubanos Karel y Danilo interpretan sus canciones y son ovacionados. El programa es conducido por el nieto de Alí Primera. Pero nos convocan, y vamos pasando por la tarima, uno tras otro, los invitados de otras tierras. ¿Qué podemos decir los que nos sentimos más cómodos tras una computadora, cuando una multitud nos reclama el discurso “de trinchera”? Es una prueba que debe pasar todo intelectual revolucionario. Ante nosotros, la estatua de Bolívar que Martí fue a honrar sin apenas quitarse el polvo del camino; pero no estamos frente a frente, sino a sus espaldas, vamos tras él. Es un instante mágico. Los rostros curtidos, morenos, de los chavistas que escuchan y vitorean la amistad entre Venezuela y Cuba, entre Chávez y Fidel, y los nexos históricos de continuidad entre Bolívar y Martí, quedan para siempre grabados en el corazón. Brillantes las intervenciones de Elier, de Mirtia, de Rafael, los más jóvenes del grupo. Todavía emocionados, se produce el segundo momento: Nicolás Maduro, el presidente constitucional de Venezuela, conversa con los invitados. Cuenta que ya se han registrado dos millones de milicianos, habla de su encuentro con más de trescientos pilotos de guerra, enfatiza que el concepto, en caso de agresión, es el de la guerra de todo el pueblo. “¿Creen que Venezuela no tiene quien la defienda?” y afirma rotundo: “No entrarán impunemente en el territorio nacional”. Pero reitera que desea la paz y convoca al diálogo: “Va a triunfar en Venezuela la paz con dignidad”, afirma. Anuncia que se hará pública una carta firmada por diez millones de venezolanos dirigida al pueblo de los Estados Unidos.

El Presidente Maduro habla confiado, seguro de sí, sin poses alarmistas. A su lado la vicepresidenta Delcy Rodríguez y el canciller Arriaza. De pie, a un costado del patio de la Casa Amarilla, el vicepresidente de Comunicación Jorge Rodríguez. En primera fila, el ministro de Cultura Ernesto Villegas y Adán Chávez. Los venezolanos comprenden que la batalla los trasciende: no es entre una oposición desgastada, moribunda y las fuerzas revolucionarias, es entre el imperialismo y la Patria de Bolívar. No está en juego la existencia de la Revolución bolivariana, sino Venezuela, como entidad jurídica, como Estado soberano. Los invitados lo saben también: venimos a defender al pueblo venezolano, y a todos los pueblos del continente. No permitiremos que mancillen un pedazo de la Patria común, como lo hicieron y hacen en Libia o Iraq. “Estamos en el epicentro de la geopolítica mundial. En Venezuela se decide el destino de la región y del mundo”, señala Maduro.

Algunos han llegado de lejos y se quedan por más tiempo. Los envidio. Pero sabemos cuál es nuestra tarea inmediata: crear un poderoso movimiento de solidaridad. Se habla de Vietnam, es decir, de la derrota que sufrirían los invasores si se atreven a entrar. América Latina estaría dispuesta, como nosotros, a entregar por Venezuela “hasta la última gota de sangre”. No será una nación en pie de lucha, sino un continente.

(Tomado de La Jiribilla)

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La OEA: esa cosa tan fea

Ilustración: Vicman/ Facebook.

Con gran clarividencia en 1829 Simón Bolívar advirtió que los Estados Unidos parecían destinados por la providencia a plagar la América de miserias a nombre de la libertad. Luego no sería solo a nombre de la libertad, sino también se utilizarían hasta el presente otros eufemismos como el de “intereses de seguridad nacional” y la defensa de los “derechos humanos”.

Lo cierto es que Estados Unidos logró los objetivos fundamentales de su política exterior hacia América Latina y el Caribe en el siglo XIX: la expansión territorial a costa de más del cincuenta por ciento del territorio mexicano; la posesión de la Florida; hacer permanecer a Cuba y Puerto Rico en manos de España, en espera de la hora oportuna en que pudiera adueñarse de ellas; frustrar los propósitos unitarios de Bolívar y sembrar las discordias y la división entre los países recién independizados de España para conducirlos a la idea del panamericanismo, en la cual Estados Unidos tendría absoluto control; y comenzar a desplazar a Inglaterra del dominio económico de la región. Ya  concluida la Segunda Guerra Mundial en el siglo XX, Washington había logrado la supremacía absoluta en el Hemisferio Occidental.

Fue en ese contexto, en 1948, que surgió la Organización de Estados Americanos (OEA), como instrumento de Estados Unidos para modernizar e institucionalizar su dominación sobre le región latinoamericana y caribeña. Su nacimiento fue bautizado con el derramamiento de sangre del pueblo colombiano, en medio de un levantamiento popular cuyo detonante fue el asesinato del líder progresista Jorge Eliécer Gaitán. El gobierno servil a los intereses de Washington impuesto luego de aquellos acontecimientos sería el único que enviaría tropas a la guerra de Corea para complacer al amo del Norte.

De inmediato comenzó a evidenciarse, que el propósito de la OEA nada tenía que ver realmente con la “unidad y la solidaridad continental” frente a desafíos comunes y “amenazas extra regionales”, sino que constituía una pieza más en el nuevo sistema mundo que surgía en función de satisfacer los intereses hegemónicos de la élite de poder de Estados Unidos. El llamado sistema interamericano, era en realidad parte del sistema de dominación de Estados Unidos. La OEA simplemente constituía una adecuación de la Doctrina Monroe al escenario posbélico. De ahí su inutilidad –más allá de la posibilidad de condenar verbalmente al imperialismo estadounidense- para representar los intereses de los pueblos latinoamericanos y caribeños.
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Venezuela no está sola

 

 

Las y los miembros de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad (REDH), participantes en la Jornada Internacional por la Democracia y la Paz y en Solidaridad con la Revolución Bolivariana,  en Caracas, apoyamos al Presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y al pueblo venezolano frente al golpe de estado en curso y a la anunciada intervención militar del gobierno de EE.UU., junto a sus satélites.

Organizada en conmemoración del 4 de febrero de 1992, Día de la Dignidad Nacional, esta Jornada nos permitió recibir información actualizada y de primera mano sobre los efectos de la guerra económica, del bloqueo financiero y comercial, del desabastecimiento intencional y selectivo, de la hiperinflación inducida y de una agresión mediática sin precedentes. Resultó estimulante constatar una vez más la fortaleza moral y la conciencia patriótica con la que el pueblo venezolano enfrenta este difícil momento de su historia.

Recibimos datos muy significativos que demuestran que Venezuela no necesita “ayuda humanitaria”. Con los fondos retenidos en EE. UU., que ascienden a alrededor de 23 mil millones de dólares, por ejemplo, el país podría importar los medicamentos necesarios para el pueblo venezolano durante 20 años.

Un proyecto político que ha construido y entregado a la población 2 millones y medio de viviendas equipadas en solo 8 años, que lleva adelante una masiva campaña anual de vacunación y asegura que 7 millones 600 mil niños y niñas estén escolarizadxs no puede asociarse a una “crisis humanitaria”.

La legitimidad del Presidente Maduro está fuera de discusión. Los datos del mismo ente electoral que reconoció la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias de 2015, documentan que a las presidenciales concurrieron más de 9 millones de votantes, de los cuales un 67. 84 por ciento optó por Maduro (más de 6 millones).

Apelamos a la conciencia de los hombres y mujeres amantes de la paz y de un orden mundial basado en el diálogo, en el respeto a la convivencia civilizada entre naciones, y a los principios del derecho internacional. En Venezuela se defiende hoy el principio de la soberanía de los Estados. La República Bolivariana de Venezuela está en el epicentro de la disputa geopolítica mundial. La agresión del imperialismo estadounidense es contra los pueblos de Nuestra América.

Apoyamos la senda de soberanía e independencia del proceso bolivariano con todas nuestras fuerzas. Convocamos a todas y a todos los intelectuales, artistas y a los movimientos sociales a ser protagonistas en la defensa del pueblo venezolano ante la amenaza que significa la actitud entreguista del Grupo o cártel de Lima.

Retomando la diplomacia de la paz y la unidad latinoamericana impulsada por Chávez y Fidel, la REDH ratifica su compromiso inquebrantable con el proceso revolucionario bolivariano y su autodeterminación.

Red en Defensa de la Humanidad

Caracas el 4 de febrero 2019.

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“CADÁVERES AMADOS”

 

(Palabras de presentación del filme Inocencia, en la premier realizada en el Cine Chaplin, 29 de enero de 2019)

 

Elier Ramírez Cañedo

 

Hay filmes que trascienden a su época y se convierten en referentes ineludibles para todos los tiempos; no tengo la menor duda de que así sucederá con Inocencia. Una vez más, se demuestra que cuando se unen el patriotismo, el talento y el apoyo institucional se pueden lograr resultados memorables en la manera de llevar nuestra intensa y gloriosa historia a la pantalla grande. Con Inocencia se confirma, además, como desde el audiovisual se puede llegar a lo más profundo de la fibra humana y conectar a los espectadores con figuras y hechos de nuestro pasado histórico, algo más difícil de alcanzar con un libro de texto.

A pesar de las indispensables licencias propias de toda obra de ficción, Inocencia nos recrea con gran fidelidad, uno de los hechos más atroces del siglo XIX cubano, donde en pocas horas, La Habana vivió una escalada de corrupción, odio y terror, reflejo del sistema opresivo colonial que prevalecía en la Isla y sus peores y fanatizadas fuerzas: los cuerpos de voluntarios, quienes con gran mezquindad pisoteaban diariamente el honor y la dignidad humana contra las ansias libertarias de un pueblo, sentimiento este último que no solo se expresaba en la manigua cubana, sino que palpitaba en el corazón de lo más valioso de la juventud de la época. De ahí que toda la furia de los voluntarios se volcara sobre aquellos universitarios, estudiantes de medicina, que en su mayoría no sobrepasaban los 20 años de edad.

Creo es otro mérito de la película el mostrarnos como dentro de aquel ambiente de insania y odio, hubo también hombres que hicieron gala de sus principios morales, en defensa del honor y la justicia, llevando en sí el decoro de muchos hombres, entre ellos, el profesor oriundo de Canarias, Domingo Fernández Cubas y el capitán nacido en Valencia, Federico  Capdevilla, quienes valientemente defendieron a los estudiantes enfrentándose a la ira de aquellas bestias sedientas de sangre. Y no serían los únicos que expresarían su indignación, también lo harían los capitanes del ejército español, Víctor Miravalles y Nicolás Estévanez.

Esta maravillosa obra de arte es un merecido tributo a Fermín Valdés Domínguez, a su empeño por encontrar los restos mortales de sus amigos y demostrar su inocencia. ¡Nunca olvidará Cuba –diría Martí-, ni los que sepan de heroicidad olvidarán, al que con mano augusta detuvo, frente a todos los riesgos, el sarcófago intacto, que fue para la patria manantial de sangre; al que bajó a la tierra con sus manos de amor, y en acerba hora de aquellas que juntan de súbito al hombre con la eternidad, palpó la muerte helada, bañó de llanto terrible los cráneos de sus compañeros¡ El sol lucía en el cielo cuando sacó en sus brazos, de la fosa, los huesos venerados: ¡jamás cesará de caer el sol sobre el sublime vengador sin ira¡

Creo una magnífica oportunidad, ahora que nuestra juventud sin duda será estremecida por este filme y se interesará en profundizar sobre la historia de los 8 estudiantes de medicina, se reeditara el justiciero libro de Fermín, así como la mayor investigación realizada hasta la fecha sobre los sucesos del 27 de noviembre, publicada en 1971 por el profesor Luis Felipe Le Roy Gálvez.

Este último demostró fehacientemente, algo que también se refleja en la película, que si bien los 8 estudiantes de medicina y el resto de sus compañeros condenados, eran inocentes del delito de profanación –ratificando la tesis de Fermín Valdés Domínguez-, no lo eran en su mayoría de simpatizar con la causa independentista,  pues para nada estaban ajenos al ambiente de rebeldía que se respiraba en la Universidad. Ello explica también, el porqué hoy los retratos de los 8 estudiantes de medicina ubicados en el simbólico Salón de los Mártires de la Universidad de La Habana, con toda justicia, encabezan la larga lista de los caídos en las luchas del estudiantado universitario cubano.

Nuestro Apóstol José Martí, valoró lo ocurrido aquel 27 de noviembre de 1871 como uno de “los sucesos más tristes y fecundos de nuestra historia” y en bello poema titulado A mis hermanos muertos, expresó: “Cadáveres amados, los que un día/Ensueños fuisteis de la patria mía, / Arrojad, arrojad sobre mi frente/ Polvos de vuestros huesos carcomidos¡/ ¡Tocad mi corazón con vuestras manos¡ /Gemid a mis oídos¡ /Cada uno ha de ser de mis gemidos/Lágrimas de uno más de los tiranos¡ (…) ¡Y más que un mundo más¡ Cuando se muere/En brazos de la patria agradecida/ La muerta acaba, la prisión se rompe; /Empieza, al fin con el morir, la vida¡ (…)

Debemos agradecer hoy y siempre a Alejandro Gil, a su guionista Amilkar Salatti, y a todo el equipo de realización de Inocencia, por saldar esta deuda que desde el cine aun existía con este acontecimiento fundamental de nuestra historia, por este regalo al pueblo de Cuba que hoy tendremos el placer de disfrutar; también al ICAIC, el Ministerio de Cultura y la Oficina del Historiador de la Ciudad, por su inconmensurable apoyo para que este sueño fuera posible. Tengo la convicción, de que a partir de ahora, cada 27 de noviembre será vivido y homenajeado en nuestra Isla, en especial por los jóvenes, de una manera mucho más sentida, profunda y comprometida.

¡Muchas gracias¡

 

 

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MELLA Y LOS CUBANOS EN LA LIBERACION VENEZOLANA

 

 Rolando Rodríguez

El día de 1908 en que el general Cipriano Castro, presidente de Venezuela, embarcó en La Guaira para llegar a Suiza, en busca de un remedio urgente para sus riñones hechos ripios, no podía soñar con que se convertiría en piedra errabunda, sin retorno. Sin embargo, así sería, no a causa de la enfermedad que lo envolvía en fiebres triturantes, sino porque su compadre, el vicepresidente de la república, general y andino igual que él, Juan Vicente Gómez, le quitaría la poltrona presidencial. El motivo del cuartelazo era transparente: Cipriano Castro se había negado a liquidar la deuda externa venezolana, y únicamente había firmado una conciliación con las potencias acreedoras después de que barcos de guerra ingleses, alemanes e italianos, bombardearon Maracaibo y Puerto Cabello, y más tarde los estadounidenses lo presionaron para que pactara el pago. Pero, sobre todo, influyó en el golpe de Estado su resistencia a entregar las concesiones para explotar el petróleo venezolano. A partir de la asunción de Gómez esa situación cambió de raíz, primero los angloholandeses de la Brithish Petroleum, y luego la Standard Oil, de los Rockefeller, se convirtieron en los dueños del combustible venezolano. Desde entonces el dictador demostró que no solo era un hijo de las estructuras semifeudales y  del caudillismo, sino también del imperialismo, sobre todo el estadounidense, que durante muchos años se encargaría de amamantarlo.

Años después quizás tampoco Julio Antonio Mella, el gran dirigente de los estudiantes universitarios cubanos, pudo sospechar al ver arribar a Cuba a los exiliados venezolanos perseguidos por la saña del déspota caraqueño, que él iba a ser uno de los fundadores del Partido Revolucionario Venezolano, miembro de su Comité Central Ejecutivo, e integrante de una proyectada expedición armada que se dirigiría a las costas venezolanas para derrocar a Gómez.

Gobernaba a Cuba entonces el permisivo Alfredo Zayas, y el clima político de la isla creaba un refugio acogedor para los perseguidos políticos de las dictaduras de una América convulsa. En Cuba se había ido concentrando un grupo numeroso de exiliados venezolanos, que levantaron tienda mientras armaban planes para derribar a Gómez. En busca de acercarse a las costas de la tierra del Libertador, habían arribado, procedentes de París y graduados de abogados, Gustavo Machado y Salvador de la Plaza, que habían tomado parte destacada en 1918 y 1919, cuando todavía eran estudiantes, en una conspiración cívico-militar que, debelada, llevó a la mayoría de sus participantes a La Rotunda, la siniestramente famosa ergástula de Caracas, y algunos a la muerte en medio de atroces torturas. También, habían llegado el general Bartolomé Ferrer, jefe de un alzamiento contra Gómez, y Carlos Aponte, un joven graduado de la Academia Militar de Caracas, quien durante una de las tantas insurrecciones frustradas contra el Gocho Gómez había ganado los grados de capitán, y quien luego de seis meses de arrastrar grillos en prisión logró, gracias a las siempre socorridas gestiones familiares, poner mar de por medio. De igual forma, desembarcaron en Cuba un hijo de el Mocho Hernández, otro general venezolano antigomecista, el pintor Luis López Méndez y un joven escritor andino, Francisco Laguado Jayme, primo de Juan Vicente Gómez, pero no por eso menos enemigo de la dictadura de su familiar y conterráneo por partida doble; y tras la huella de Gustavo Machado llegó a Cuba su hermano Eduardo, un joven estudiante que había tenido que huir de Venezuela luego del apresamiento del mensajero de una expedición que, desde México, iría a combatir a Gómez, conjura en la que estaba envuelto.
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“Deme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo”

Elier Ramírez Cañedo

A solo 23 días del triunfo de la Revolución Cubana, el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, con la clarividencia que siempre le caracterizó, en discurso pronunciado en Caracas dijo:

“Venezuela es el país más rico de América, Venezuela tiene un pueblo formidable, Venezuela tiene dirigentes formidables, tanto civiles como militares; Venezuela es la patria de El Libertador, donde se concibió la idea de la unión de los pueblos de América Luego, Venezuela debe ser el país líder de la unión de los pueblos de América; los cubanos los respaldamos, los cubanos respaldamos a nuestros hermanos de Venezuela”.

Tendrían que pasar aun 40 años para que Venezuela ocupara ese lugar tan privilegiado en la historia de América Latina. Y fue precisamente Hugo Chávez –el más fiel heredero de las ideas de Simón Bolívar- quien con su fuerza volcánica impulsó un cambio geopolítico en nuestro continente en favor de las ideas progresistas y de izquierda, como nunca antes visto, al menos desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959. Las ideas de integración y unidad entre nuestros pueblos y gobiernos jamás habían llegado tan lejos. Como había advertido Fidel en 1959, solo Venezuela, por su historia, posición geográfica y riquezas naturales, podía imprimirle un impulso revolucionario de esa magnitud a la historia.
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1959: ¿origen y causa del conflicto EE. UU.-Cuba?

 

EEUU y Cuba
Sostener hoy que el origen y la causa de todos los males en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, hay que buscarlas en la Revolución que triunfa en Cuba el 1ro. de enero de 1959, es desconocer la evolución histórica de un conflicto cuyas primeras expresiones se remontan a finales del siglo XVIII, cuando comenzó a perfilarse lo que sería la esencia fundamental de la confrontación bilateral: hegemonía versus soberanía. Por supuesto que el triunfo del 1ro. de enero de 1959 significó un punto crítico en las relaciones bilaterales al acentuarse la soberanía de Cuba. Por el mismo punto geográfico que Estados Unidos había comenzado a construir su dominio imperial, este comenzaba a ser desafiado, pero el conflicto venía expresándose desde mucho antes. Las fuentes documentales existentes demuestran que las pretensiones de anexar o dominar a Cuba estuvieron presentes en los padres fundadores de la nación estadounidense incluso desde antes de alcanzada la independencia de las Trece Colonias.Ya en 1767 Benjamín Franklin había recomendado al lord William Petty II, conde de Shelburne y secretario de Estado para los asuntos coloniales de Inglaterra, fundar un asentamiento en Illinois para que, ante un posible conflicto armado, sirviera de puente para descender hasta el golfo de México y luego tomar Cuba o México mismo.1 También en una fecha tan prematura como 1783, John Adams, segundo presidente de Estados Unidos, había hecho la siguiente declaración: «Cuba es una extensión natural del continente norteamericano y la continuidad de los Estados Unidos a lo largo de ese continente torna necesaria su anexión».2

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