Multilateralismo versus unipolarismo

Desde 1959 ha sido invariable el compromiso de Cuba con el multilateralismo y la igualdad soberana de los estados, así como el rechazo a los hegemonismos, las sanciones unilaterales, la violación del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas. Principios que están hoy refrendados en una nueva Constitución redactada con la opinión y participación de millones de cubanos -ejercicio democrático pocas veces visto en la historia- y que será sometida a referendo popular en la Isla el próximo 24 de febrero.

Lejos de haber constituido garantía de la paz y la seguridad internacional, el injusto orden mundial actual, no ha logrado frenar los conflictos bélicos, la exorbitante carrera armamentista –incluyendo armamento nuclear- los cada vez más nocivos efectos del cambio climático, las extremas desigualdades y otros muchos flagelos que ponen en riesgo la sobrevivencia misma de la especie humana.

Se hace evidente que el gobierno de los Estados Unidos solo se ha comprometido con el multilateralismo, cuando este ha sido funcional a su aferrada unipolaridad. La clase dominante de ese país se niega a aceptar el nacimiento de un nuevo orden internacional multipolar y multicéntrico, donde prevalezca un real multilateralismo. Un mundo en el que Washington deba compartir su liderazgo con otros estados y organismos internacionales sobre la base del diálogo, la negociación y la construcción de consensos, no a través del uso o la amenaza del uso de la fuerza.

Hemos venido precisamente a este evento de parlamentarios, en los mismos instantes en que más se vulnera y desprecia el multilateralismo por el actual gobierno estadounidense.

Washington de manera sistemática ha estado aplicando contra la República Bolivariana de Venezuela y su gobierno legítimo y constitucional, una política de sanciones económicas, bloqueos financieros y comerciales, en flagrante violación del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, con el propósito de crear asfixia económica e inestabilidad política interna en esa nación y, finalmente, el cambio de régimen. No son los derechos humanos del pueblo venezolano lo que preocupa al gobierno de los Estados Unidos, sino el control de importantes reservas de petróleo y otros recursos estratégicos de esa nación, así como afianzar su dominio en un punto geográfico que constituye unos de los epicentros fundamentales de la lucha geopolítica en el escenario internacional. Andrew McCabe, ex director interino del FBI en su nuevo libro afirma que, en 2017, el presidente Trump dijo sobre Venezuela: “Ése es el país contra el cual debíamos ir a una guerra (…) Tienen todo ese petróleo y están justo en nuestra puerta trasera”.

Guerra psicológica y mediática, intentos de magnicidio, y otros planes maquiavélicos han formado parte también de la conspiración contra la Revolución Bolivariana. El fracaso de todas esas obsesivas políticas ha llevado recientemente a Washington a la amenaza de una intervención militar directa en Venezuela, bajo el pretexto de una “crisis humanitaria” junto al reconocimiento de un autoproclamado presidente.

El futuro del multilateralismo, la seguridad internacional y paz mundial está en juego hoy en Venezuela. Hacemos un llamado a defender la paz en Venezuela y a exigir la no injerencia en sus asuntos internos. Permitir tal bofetada al derecho internacional, crearía un precedente funesto para el futuro de la región latinoamericana y caribeña, declarada como zona de paz en La Habana, en 2014, en ocasión de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Aún estamos a tiempo de hacer sonar más alto los tambores de la paz frente a los tambores de la guerra. Creo que no hay asunto más urgente para los que defendemos el multilateralismo en las relaciones internacionales que salvar la paz en Venezuela.

La guerra económica que hoy se practica contra Venezuela es una historia muy bien conocida por las cubanas y los cubanos, quienes desde los años iniciales de la Revolución hemos sido víctimas de un genocida bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington, con el objetivo de crear hambre y desesperación en el pueblo cubano, y el derrocamiento del gobierno. Esto acompañado como es costumbre en la política exterior de los Estados Unidos, bajo la sombrilla de la defensa de los derechos humanos y la democracia. Si Estados Unidos dejara de politizar el tema de los derechos humanos en Cuba, encontraría a 90 millas de sus costas un aliado formidable para la cooperación multilateral en materia de derechos humanos en numerosos países del mundo, incluido los Estados Unidos.

Si vamos a hablar y debatir sobre los desafíos que enfrenta el multilateralismo, es casi obligado recordar que Estados Unidos ha ignorado olímpicamente el voto contra el bloqueo de casi la absoluta mayoría de los países miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas, durante ya 27 años consecutivos. De ahí que sea cada vez más necesaria una reforma profunda que democratice la ONU, que refleje mejor los intereses de los pueblos y que la Asamblea General ocupe el lugar que le corresponde. “Un país, un voto” debe dejar de ser un eslogan y convertirse en realidad conquistada.

Quisiera terminar mi intervención recordando las siguientes palabras de Fidel que reafirman su pensamiento y compromiso con un mundo regido por los principios del multilateralismo y que hoy continúa siendo uno de los fundamentos de la política exterior de Cuba:

“Queremos un mundo sin hegemonismos, sin armas nucleares, sin intervencionismos, sin racismo, sin odios nacionales ni religiosos, sin ultrajes a la soberanía de ningún país, con respeto a la independencia y a la libre determinación de los pueblos, sin modelos universales que no consideran para nada las tradiciones y la cultura de todos los componentes de la humanidad, sin crueles bloqueos que matan hombres, mujeres y niños, jóvenes y ancianos, como bombas atómicas silenciosas.”

(Tomado de Cubadebate)

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En nuestra Constitución está Martí

Por Alina Martínez

Este 24 de febrero, aniversario del estallido de la Guerra Necesaria organizada por Martí, los cubanos estamos convocados para un Referendo que ratificará una nueva Constitución socialista, donde está presente de varias maneras el pensamiento del Apóstol.

Pedro Pablo Rodríguez, doctor en ciencias histórica del Centro de Estudios Martianos.

Así lo asegura el Doctor en Ciencias Históricas Pedro Pablo Rodríguez, Investigador Titular del Centro de Estudios Martianos, donde es director general de la edición crítica de las Obras Completas de José Martí.

Toda Constitución, explica, obedece a una época y hay una tradición en los revolucionarios cubanos, desde Guáimaro, de que las constituciones traten de adecuarse al momento histórico y abran un camino hacia el futuro, dentro de los principios generales que rigen los movimientos revolucionarios en cada coyuntura.

Eso estaba en el centro del espíritu de Martí. No copió ni repitió en su labor como líder político todo lo que habían pensado y hecho los luchadores del 68, ni siquiera los de la Guerra Chiquita en la que estuvo involucrado. Quizás su gran lección es que las formas organizativas de una sociedad tienen que adecuarse a las condiciones concretas del país, a su identidad cultural, porque de lo contrario se estaría actuando en contra de sus propias raíces.

Si algo ha caracterizado la ideología de la Revolución cubana es precisamente su capacidad de preservar sus raíces nacionales, y de no perder la influencia decisiva del ideario de Martí.

Cuando el Apóstol hablaba de cómo organizar a Cuba, por lo general estaba aportando conceptos éticos, principios morales que están recogidos en la Ley de leyes por la cual vamos a votar.

Es bueno subrayar que el sentido democrático de la Constitución no está solo en su letra, sino en la manera en que se ha procedido para llegar a su formulación definitiva. La Comisión encargada de redactar el texto llevó al Parlamento un proyecto que suscitó un gran debate por parte de los diputados, y después se realizó una amplia consulta popular en la que se recogieron múltiples opiniones que transformaron en un poco más de la mitad el articulado.

Creo que así está representada la voluntad, el deseo y sobre todo las aspiraciones de la inmensa mayoría del pueblo, y en ello también está el espíritu martiano.

Un elemento bien fijado en la Carta Magna que llevaremos a Referendo es el respeto a la individualidad, algo que en ocasiones ha sido tergiversado y quizás no suficientemente contemplado en las ideas sobre la sociedad socialista. Reconocer que cada persona es un ente propio, que comparte cosas con los demás, pero a su vez es un individuo, constituye un elemento importante y creo que ahí hay también un espíritu martiano, que está presente asimismo en la amplitud que se le otorgaron en la Constitución a los derechos de todo ciudadano, de un modo que cierra el paso a cualquier tipo de discriminación.

Martí dijo, y a veces hay personas que no lo entienden y piensan que es un error suyo, que la república tenía que buscar un equilibrio entre las fuerzas sociales, lo que no quiere decir, igual que su frase famosa que se repite tanto de “con todos y para el bien de todos”, que no comprendiera que había luchas de clases, intereses encontrados. Lo que estaba tratando de hacer era ver qué factores, fuerzas, elementos sociales, de ideas, culturales, de diverso tipo, se podían emplear para lograr la independencia.

Sabía que una vez alcanzado este propósito aparecerían otros elementos a tomar en cuenta, por eso él expresó en un momento dado que “ahí vendría el señorío napolitano”, fíjese que manera elegante de calificar a algún sector propietario en Cuba, ese señorío a la antigua que no podría admitir los derechos democráticos de las grandes mayorías de la población, y que posiblemente se excluirían a sí mismos del proceso que conduciría a la república, que al ser con todos y para el bien de todos, estaba indicando que no era de pocos, y para el bien de pocos, como sí ocurría en la colonia.

La Constitución reafirma cosas básicas por las que Martí luchó, como la soberanía nacional y la independencia de Cuba como Estado. La república cubana de hoy no puede ser para los que están pensando en un país dominado por Estados Unidos. El propio Martí alertó de ese peligro y trató de conjurarlo. ¿Cómo después de tantos años de independencia, de soberanía, aunque la Revolución como toda obra humana haya cometido errores, vamos a volver a la Cuba prerrevolucionaria que es lo que nos ofrecen las fuerzas imperialistas, sus ideólogos y algunas personas que se dicen cubanos, pero no piensan como tales? De lo que se trata, como dijo Fidel en su concepto de Revolución, es de transformar todo lo que haga falta ser transformado, en función siempre de mantener los objetivos logrados y continuar avanzando.

Pensemos en el desastre ocasionado por el reciente tornado que azotó a La Habana y la velocidad con que se ha emprendido la recuperación, y comparemos esa situación con lo ocurrido en Puerto Rico, donde mucho tiempo después del paso de un ciclón, la población padece todavía graves secuelas sin que se hayan emprendido acciones para resolverlas. La respuesta cubana ante un fenómeno de esta naturaleza solo es posible en un régimen social que tiene como prioridad a las personas y no a intereses poderosos.

Ahí está otra de las claves del espíritu martiano, ese trabajar pensando en función de los demás, pensando en la patria, una sociedad basada en principios éticos como lo quiso el Apóstol, como la solidaridad y el humanismo, recogidos en el texto constitucional y consustanciales a la Revolución.

 

Fuente: Trabajadores

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Discurso de Trump contra Venezuela: mensajes, amenazas y mentiras

Por Rafael González Morales

Donald Trump pronunció un discurso en la Universidad Internacional de la Florida el 18 de febrero como parte del despliegue de su campaña electoral en busca de su reelección en los comicios presidenciales del 2020. Se dirigió a una representación de venezolanos que viven en la Florida y promueven el derrocamiento del gobierno bolivariano.

Fue un espectáculo y montaje político que se caracterizó por el empleo de un lenguaje amenazante, agresivo y enfocado en promover que la situación en Venezuela tendrá una salida a corto plazo, aunque haya que utilizar la fuerza. Trump estuvo acompañado por los senadores republicanos Marco Rubio y Rick Scott, así como por el gobernador de la Florida Ron DeSantis, quienes se han involucrado personalmente en el diseño e implementación de acciones dirigidas a desestabilizar a la nación suramericana bajo la premisa de que «todas las opciones están sobre la mesa».

El mandatario estadounidense con este discurso perseguía cuatro objetivos fundamentales: redoblar las presiones contra Venezuela empleando un tono amenazante; persuadir a los militares venezolanos para que traicionen su patria; ganar simpatizantes dentro del electorado venezolano del Sur de la Florida y criticar el socialismo presentándolo como un sistema fallido que no puede tener espacio en Estados Unidos.

Por lo tanto, fue una intervención que cumplía múltiples propósitos tanto en el área de la política exterior como en materia de política interna. ¿Cuáles fueron los principales mensajes de Trump? ¿Qué implicaciones tienen?

Con una fuerte e irrespetuosa retórica, el mandatario estadounidense presentó un escenario de la situación interna en Venezuela en correspondencia con las líneas de mensajes que han trasladado altos funcionarios de su gobierno y los grandes medios de desinformación occidentales. Fue un ejercicio de mentiras y exageraciones que tuvo el objetivo fundamental de proyectar ante la comunidad internacional una Venezuela sumida «en el caos y la hambruna» por la supuesta responsabilidad de su gobierno. Esta imagen distorsionada de la realidad, Washington considera que es necesario promoverla como elemento legitimador de la denominada «ayuda humanitaria».

Trump afirmó que un «nuevo amanecer está llegando a América Latina» y enfatizó que pronto «este llegará a ser el primer hemisferio libre en toda la historia humana». Aunque el lenguaje grandilocuente está siempre presente en las intervenciones del mandatario estadounidense, estas referencias van más allá de la construcción semántica debido a que evidencian una percepción de que este es el momento para acelerar los planes de cambio de régimen en la región. Las menciones a Cuba y Nicaragua en sus pronunciamientos, se inscriben en este contexto y en ese sentido constituyen una amenaza abierta a ambos países que están sometidos a sistemáticas acciones de coerción económicas y planes subversivos.

Con relación al objetivo final que persiguen en Venezuela, el mandatario estadounidense destacó que están buscando una «transición pacífica», lo que constituye un eufemismo debido a que desde el primer momento Estados Unidos ha apostado por tratar de imponer la desestabilización interna promoviendo la confrontación y rechazando cualquier alternativa para el diálogo.

Posteriormente, Trump mencionó su frase favorita desde hace tiempo para intimidar y amenazar: «todas las opciones están sobre la mesa». Atendiendo a la evolución de los acontecimientos y las maniobras políticas y militares que está desarrollando el gobierno estadounidense en la actualidad, la variante del uso de la fuerza se ha convertido en una posibilidad real. A medida que transcurre el tiempo y se mantiene la situación sin una solución visible, Estados Unidos se acerca más a valorar el cómo, cuándo y bajo qué condiciones es factible emplear la opción militar.

En el discurso se insistió en trasladar mensajes a los militares venezolanos, lo que no es novedoso y ha constituido una práctica sistemática del Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton y del senador Marco Rubio, quienes a través de las redes sociales a diario promueven el levantamiento contra el gobierno de sectores de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. En el caso de Trump, empleó no solo la amenaza sino el chantaje político al plantear que si seguían apoyando a Nicolás Maduro «no encontrarán refugio seguro, no van a encontrar soluciones fáciles y no van a encontrar salidas. Lo perderán todo».

En el contenido y tono de estos pronunciamientos hay una mezcla de frustración, desespero y ansiedad por lograr que los militares que están comprometidos con la Revolución Bolivariana se sometan a las órdenes de Washington, lo que constituye un propósito estratégico a alcanzar desde que comenzaron el intento de golpe de Estado.

Continúan apostando con desesperación a un escenario en que sectores de las Fuerzas Armadas alentados por la compleja situación que vive Venezuela decidan traicionar a su pueblo. Con ese propósito, Trump realizó un llamado a que los militares aceptarán la oferta de amnistía indicada por Washington y trasladada por su títere Guaidó, lo qe ha sido un rotundo fracaso.

Esta intervención también tuvo el claro propósito de sumar base de apoyo para Trump dentro del electorado venezolano que en su amplía mayoría vive en el Sur de la Florida que constituye uno de los estados decisivos en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. El mandatario estadounidense aspira garantizar el voto de los venezolanos-americanos con un enfoque similar al empleado con los votantes cubanoamericanos de línea dura, la confrontación con su país de origen por el simple hecho de haber decidido soberanamente construir el socialismo en el Hemisferio Occidental, lo que es considerado por este gobierno como un desafío a sus intereses nacionales.

Sobre el contenido del discurso de Trump, solamente se podría coincidir con él en la siguiente frase: «ahora es el momento para todos los patriotas venezolanos de actuar juntos, como un pueblo unido», solo faltaría agregarle: contra la injusta, arbitraria e irracional agresión del gobierno de Estados Unidos y sus aliados.

(Tomado de Contexto Latinoamericano)

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Crónica de un encuentro en el frente de batalla

Nos lo confirmaron el sábado, y el domingo viajamos a Caracas, para asistir a la Jornada Internacional por la Democracia y la Paz y en solidaridad con la Revolución Bolivariana. La delegación la presidió Abel Prieto, director de la Oficina del Programa Martiano, y fueron parte de ella la estudiante universitaria Mirtia Brossard, presidenta de la OCLAE, el joven dramaturgo Rafael González, presidente de la AHS, y el historiador y diputado Elier Ramírez, quienes hasta la noche anterior estaban inmersos en la recogida de escombros y en la asistencia a los damnificados por el tornado recién sufrido en la capital cubana; también la integró el escritor Omar González, coordinador en Cuba de la Red en Defensa de la Humanidad, y el periodista Ángel Guerra, residente en México. Los trovadores Karel García y Danilo Vázquez completan el pequeño grupo. Cumplo en parte mi deseo más íntimo, estar allí, en el frente antimperialista más importante de las Américas.

Foto: Sitio del Gobierno Bolivariano de Venezuela.

Es la ida por la vuelta, pero la campaña mediática es tan intensa que uno de mis hijos llama y me dice “quiero que sepas que te quiero papá”, como si yo marchara a la guerra —la que no existe, pero puede ser provocada en horas o días y que, según los medios hegemónicos, ya transcurre—; “yo también”, respondo emocionado. Pero en Venezuela hay alrededor de 20 000 trabajadores cubanos de la salud, maestros, entrenadores, ingenieros, profesionales de disímiles especialidades, en lugares intrincados de su geografía, que viven la heroica cotidianidad de un pueblo que es ya también el suyo, cuya razón de ser es la solidaridad.

La aerolínea Copa se une a la guerra sicológica (¿habrá recibido una orientación de Washington o es una víctima de las “fake news”?) reduce los vuelos a horarios diurnos y explica a los viajeros que “la situación social y política” de Venezuela aconseja viajar de día. Las últimas declaraciones del imperio y sus lacayos de América y Europa parecen anunciar la guerra: ultimatos, advertencias, amenazas. En las próximas horas, dicen, entrarán a territorio nacional fuerzas extranjeras no autorizadas para repartir una ayuda “humanitaria” que no tendría sentido si se descongelan las cuentas del gobierno bolivariano y cesa el bloqueo financiero. Un anuncio deslizado en las redes precisaba que el hecho se produciría la noche previa al evento. Mi amiga, la historiadora Carmen Bohorquez, me dice que estuvo hasta altas horas de la madrugada pendiente de si se cumplía la amenaza. El objetivo es crear confusión e incertidumbre. El golpista Guaidó —Guiado, escribió sin querer John Bolton en un tuit— es virtual, ha sido reconocido en apresurados tuits de presidentes “encargados”, que siguen la señal del emperador.

“Es un presidente 2.0, es real, pero no existe”, dice el argentino Marco Teruggi. Ordena lo que le ordenan a través de las redes y en furtivas salidas a la calle, y desaparece tras los muros de la Embajada yanqui. Pero Teruggi advierte: quieren presentar este momento como el de “la ofensiva final”.

A pesar de todo, en Caracas brilla el sol. Salgo a la calle apenas llego. Encuentro, para mi sorpresa, una ciudad distendida, en plena calma. Es domingo y, como siempre, hay menos personas de lo habitual en el bulevar de Sabana Grande, un barrio de clase media. Algunos niños juegan despreocupados, tres bailadores de break dance se retuercen de manera rítmica ante un grupo de transeúntes y, a unos metros del primero, otro grupo celebra los trucos de un mago. Muy cerca, en el propio bulevar, dos buscavidas disfrazados de Mickey Mouse y su novia incitan a los niños a retratarse con ellos.

Una larga cola de padres espera su turno para comprar helados. El desabastecimiento en Venezuela es intencional y selectivo: los productores y comerciantes opositores golpean a la población en aquellos renglones que afectan sus necesidades identitarias. La guerra económica, según la destacada economista venezolana Pasqualina Curcio, tiene tres vertientes: el acaparamiento de los productos más consumidos por la población, la devaluación inducida de la moneda (alteran los costos de producción) y el bloqueo financiero.

Pero en el gran centro comercial El Recreo, la gente sube y baja, entra y sale. Hay más visitantes que compradores, lo cual es normal en estos establecimientos caros. Más que a las boutiques, la gente va a los pequeños restaurantes de comida rápida que existen en su interior; la mayoría son de firmas trasnacionales, como la Mc Donald, algunos de comida “italiana” o “japonesa”.

Descubro el torso de cartón de la Estatua de la Libertad que cuelga del techo, entre las escaleras eléctricas. Recuerdo haberlo visto hace al menos 14 años, cuando trabajaba en mi libro sobre Barrio Adentro. El símbolo de la libertad, transformado en el símbolo del imperialismo que la pisotea. Pienso que quizás es la que hicieron desfilar los escuálidos envuelta en la bandera de Venezuela, para asombro del mundo. Esos manifestantes, faltos de pudor, enarbolan también la bandera de las barras y las estrellas, y le piden a Trump que invada el país donde nacieron. No hay disimulo, la guerra es abierta. La posibilidad de una invasión imperialista y el desenfado con que la piden los mercenarios, empuja a los menos politizados a defender la Patria, acrecienta en todos el fervor patriótico.

La historia se repite, los “pitiyanquis” —término que emplean los venezolanos para identificar a los colonizados, a los que usan la Patria de pedestal, y solo ven sus propios intereses—, impotentes ante una Revolución popular que no pueden derrotar por sí mismos, se postran frente a la potencia extranjera que les vende protección: eso hicieron y hacen en Cuba los anexionistas y los autonomistas, en viejas y nuevas versiones. Los de aquí y los de allá, son los mismos.

El lunes 4 de febrero, Día de la Dignidad Nacional, nos reunimos en la Casa Amarilla, sede de la Cancillería bolivariana. Es una bella construcción decimonónica que sirvió como Casa de Gobierno. Hay mucha historia dentro de estos muros. Han llegado prestigiosos intelectuales de América Latina, de Canadá y de Europa. El canciller Jorge Arreaza declara enérgico, durante el breve saludo inicial: “el único reconocimiento que nos interesa es el del pueblo venezolano y el de la solidaridad de todos los pueblos del mundo”. Adán Chávez toma la palabra y expresa su convencimiento de que, ante una intervención militar del imperialismo, “vendrán millones de hermanos latinoamericanos a luchar con nosotros”.

La tarde reserva dos momentos especiales. El primero es indescriptible: en la Plaza Bolívar del centro histórico hay una tarima desde donde músicos y grupos tradicionales de danza complacen a la multitud reunida, que viene a expresar su apoyo al Presidente Maduro y a la Revolución bolivariana. Los trovadores cubanos Karel y Danilo interpretan sus canciones y son ovacionados. El programa es conducido por el nieto de Alí Primera. Pero nos convocan, y vamos pasando por la tarima, uno tras otro, los invitados de otras tierras. ¿Qué podemos decir los que nos sentimos más cómodos tras una computadora, cuando una multitud nos reclama el discurso “de trinchera”? Es una prueba que debe pasar todo intelectual revolucionario. Ante nosotros, la estatua de Bolívar que Martí fue a honrar sin apenas quitarse el polvo del camino; pero no estamos frente a frente, sino a sus espaldas, vamos tras él. Es un instante mágico. Los rostros curtidos, morenos, de los chavistas que escuchan y vitorean la amistad entre Venezuela y Cuba, entre Chávez y Fidel, y los nexos históricos de continuidad entre Bolívar y Martí, quedan para siempre grabados en el corazón. Brillantes las intervenciones de Elier, de Mirtia, de Rafael, los más jóvenes del grupo. Todavía emocionados, se produce el segundo momento: Nicolás Maduro, el presidente constitucional de Venezuela, conversa con los invitados. Cuenta que ya se han registrado dos millones de milicianos, habla de su encuentro con más de trescientos pilotos de guerra, enfatiza que el concepto, en caso de agresión, es el de la guerra de todo el pueblo. “¿Creen que Venezuela no tiene quien la defienda?” y afirma rotundo: “No entrarán impunemente en el territorio nacional”. Pero reitera que desea la paz y convoca al diálogo: “Va a triunfar en Venezuela la paz con dignidad”, afirma. Anuncia que se hará pública una carta firmada por diez millones de venezolanos dirigida al pueblo de los Estados Unidos.

El Presidente Maduro habla confiado, seguro de sí, sin poses alarmistas. A su lado la vicepresidenta Delcy Rodríguez y el canciller Arriaza. De pie, a un costado del patio de la Casa Amarilla, el vicepresidente de Comunicación Jorge Rodríguez. En primera fila, el ministro de Cultura Ernesto Villegas y Adán Chávez. Los venezolanos comprenden que la batalla los trasciende: no es entre una oposición desgastada, moribunda y las fuerzas revolucionarias, es entre el imperialismo y la Patria de Bolívar. No está en juego la existencia de la Revolución bolivariana, sino Venezuela, como entidad jurídica, como Estado soberano. Los invitados lo saben también: venimos a defender al pueblo venezolano, y a todos los pueblos del continente. No permitiremos que mancillen un pedazo de la Patria común, como lo hicieron y hacen en Libia o Iraq. “Estamos en el epicentro de la geopolítica mundial. En Venezuela se decide el destino de la región y del mundo”, señala Maduro.

Algunos han llegado de lejos y se quedan por más tiempo. Los envidio. Pero sabemos cuál es nuestra tarea inmediata: crear un poderoso movimiento de solidaridad. Se habla de Vietnam, es decir, de la derrota que sufrirían los invasores si se atreven a entrar. América Latina estaría dispuesta, como nosotros, a entregar por Venezuela “hasta la última gota de sangre”. No será una nación en pie de lucha, sino un continente.

(Tomado de La Jiribilla)

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La OEA: esa cosa tan fea

Ilustración: Vicman/ Facebook.

Con gran clarividencia en 1829 Simón Bolívar advirtió que los Estados Unidos parecían destinados por la providencia a plagar la América de miserias a nombre de la libertad. Luego no sería solo a nombre de la libertad, sino también se utilizarían hasta el presente otros eufemismos como el de “intereses de seguridad nacional” y la defensa de los “derechos humanos”.

Lo cierto es que Estados Unidos logró los objetivos fundamentales de su política exterior hacia América Latina y el Caribe en el siglo XIX: la expansión territorial a costa de más del cincuenta por ciento del territorio mexicano; la posesión de la Florida; hacer permanecer a Cuba y Puerto Rico en manos de España, en espera de la hora oportuna en que pudiera adueñarse de ellas; frustrar los propósitos unitarios de Bolívar y sembrar las discordias y la división entre los países recién independizados de España para conducirlos a la idea del panamericanismo, en la cual Estados Unidos tendría absoluto control; y comenzar a desplazar a Inglaterra del dominio económico de la región. Ya  concluida la Segunda Guerra Mundial en el siglo XX, Washington había logrado la supremacía absoluta en el Hemisferio Occidental.

Fue en ese contexto, en 1948, que surgió la Organización de Estados Americanos (OEA), como instrumento de Estados Unidos para modernizar e institucionalizar su dominación sobre le región latinoamericana y caribeña. Su nacimiento fue bautizado con el derramamiento de sangre del pueblo colombiano, en medio de un levantamiento popular cuyo detonante fue el asesinato del líder progresista Jorge Eliécer Gaitán. El gobierno servil a los intereses de Washington impuesto luego de aquellos acontecimientos sería el único que enviaría tropas a la guerra de Corea para complacer al amo del Norte.

De inmediato comenzó a evidenciarse, que el propósito de la OEA nada tenía que ver realmente con la “unidad y la solidaridad continental” frente a desafíos comunes y “amenazas extra regionales”, sino que constituía una pieza más en el nuevo sistema mundo que surgía en función de satisfacer los intereses hegemónicos de la élite de poder de Estados Unidos. El llamado sistema interamericano, era en realidad parte del sistema de dominación de Estados Unidos. La OEA simplemente constituía una adecuación de la Doctrina Monroe al escenario posbélico. De ahí su inutilidad –más allá de la posibilidad de condenar verbalmente al imperialismo estadounidense- para representar los intereses de los pueblos latinoamericanos y caribeños.
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Venezuela no está sola

 

 

Las y los miembros de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad (REDH), participantes en la Jornada Internacional por la Democracia y la Paz y en Solidaridad con la Revolución Bolivariana,  en Caracas, apoyamos al Presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y al pueblo venezolano frente al golpe de estado en curso y a la anunciada intervención militar del gobierno de EE.UU., junto a sus satélites.

Organizada en conmemoración del 4 de febrero de 1992, Día de la Dignidad Nacional, esta Jornada nos permitió recibir información actualizada y de primera mano sobre los efectos de la guerra económica, del bloqueo financiero y comercial, del desabastecimiento intencional y selectivo, de la hiperinflación inducida y de una agresión mediática sin precedentes. Resultó estimulante constatar una vez más la fortaleza moral y la conciencia patriótica con la que el pueblo venezolano enfrenta este difícil momento de su historia.

Recibimos datos muy significativos que demuestran que Venezuela no necesita “ayuda humanitaria”. Con los fondos retenidos en EE. UU., que ascienden a alrededor de 23 mil millones de dólares, por ejemplo, el país podría importar los medicamentos necesarios para el pueblo venezolano durante 20 años.

Un proyecto político que ha construido y entregado a la población 2 millones y medio de viviendas equipadas en solo 8 años, que lleva adelante una masiva campaña anual de vacunación y asegura que 7 millones 600 mil niños y niñas estén escolarizadxs no puede asociarse a una “crisis humanitaria”.

La legitimidad del Presidente Maduro está fuera de discusión. Los datos del mismo ente electoral que reconoció la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias de 2015, documentan que a las presidenciales concurrieron más de 9 millones de votantes, de los cuales un 67. 84 por ciento optó por Maduro (más de 6 millones).

Apelamos a la conciencia de los hombres y mujeres amantes de la paz y de un orden mundial basado en el diálogo, en el respeto a la convivencia civilizada entre naciones, y a los principios del derecho internacional. En Venezuela se defiende hoy el principio de la soberanía de los Estados. La República Bolivariana de Venezuela está en el epicentro de la disputa geopolítica mundial. La agresión del imperialismo estadounidense es contra los pueblos de Nuestra América.

Apoyamos la senda de soberanía e independencia del proceso bolivariano con todas nuestras fuerzas. Convocamos a todas y a todos los intelectuales, artistas y a los movimientos sociales a ser protagonistas en la defensa del pueblo venezolano ante la amenaza que significa la actitud entreguista del Grupo o cártel de Lima.

Retomando la diplomacia de la paz y la unidad latinoamericana impulsada por Chávez y Fidel, la REDH ratifica su compromiso inquebrantable con el proceso revolucionario bolivariano y su autodeterminación.

Red en Defensa de la Humanidad

Caracas el 4 de febrero 2019.

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“CADÁVERES AMADOS”

 

(Palabras de presentación del filme Inocencia, en la premier realizada en el Cine Chaplin, 29 de enero de 2019)

 

Elier Ramírez Cañedo

 

Hay filmes que trascienden a su época y se convierten en referentes ineludibles para todos los tiempos; no tengo la menor duda de que así sucederá con Inocencia. Una vez más, se demuestra que cuando se unen el patriotismo, el talento y el apoyo institucional se pueden lograr resultados memorables en la manera de llevar nuestra intensa y gloriosa historia a la pantalla grande. Con Inocencia se confirma, además, como desde el audiovisual se puede llegar a lo más profundo de la fibra humana y conectar a los espectadores con figuras y hechos de nuestro pasado histórico, algo más difícil de alcanzar con un libro de texto.

A pesar de las indispensables licencias propias de toda obra de ficción, Inocencia nos recrea con gran fidelidad, uno de los hechos más atroces del siglo XIX cubano, donde en pocas horas, La Habana vivió una escalada de corrupción, odio y terror, reflejo del sistema opresivo colonial que prevalecía en la Isla y sus peores y fanatizadas fuerzas: los cuerpos de voluntarios, quienes con gran mezquindad pisoteaban diariamente el honor y la dignidad humana contra las ansias libertarias de un pueblo, sentimiento este último que no solo se expresaba en la manigua cubana, sino que palpitaba en el corazón de lo más valioso de la juventud de la época. De ahí que toda la furia de los voluntarios se volcara sobre aquellos universitarios, estudiantes de medicina, que en su mayoría no sobrepasaban los 20 años de edad.

Creo es otro mérito de la película el mostrarnos como dentro de aquel ambiente de insania y odio, hubo también hombres que hicieron gala de sus principios morales, en defensa del honor y la justicia, llevando en sí el decoro de muchos hombres, entre ellos, el profesor oriundo de Canarias, Domingo Fernández Cubas y el capitán nacido en Valencia, Federico  Capdevilla, quienes valientemente defendieron a los estudiantes enfrentándose a la ira de aquellas bestias sedientas de sangre. Y no serían los únicos que expresarían su indignación, también lo harían los capitanes del ejército español, Víctor Miravalles y Nicolás Estévanez.

Esta maravillosa obra de arte es un merecido tributo a Fermín Valdés Domínguez, a su empeño por encontrar los restos mortales de sus amigos y demostrar su inocencia. ¡Nunca olvidará Cuba –diría Martí-, ni los que sepan de heroicidad olvidarán, al que con mano augusta detuvo, frente a todos los riesgos, el sarcófago intacto, que fue para la patria manantial de sangre; al que bajó a la tierra con sus manos de amor, y en acerba hora de aquellas que juntan de súbito al hombre con la eternidad, palpó la muerte helada, bañó de llanto terrible los cráneos de sus compañeros¡ El sol lucía en el cielo cuando sacó en sus brazos, de la fosa, los huesos venerados: ¡jamás cesará de caer el sol sobre el sublime vengador sin ira¡

Creo una magnífica oportunidad, ahora que nuestra juventud sin duda será estremecida por este filme y se interesará en profundizar sobre la historia de los 8 estudiantes de medicina, se reeditara el justiciero libro de Fermín, así como la mayor investigación realizada hasta la fecha sobre los sucesos del 27 de noviembre, publicada en 1971 por el profesor Luis Felipe Le Roy Gálvez.

Este último demostró fehacientemente, algo que también se refleja en la película, que si bien los 8 estudiantes de medicina y el resto de sus compañeros condenados, eran inocentes del delito de profanación –ratificando la tesis de Fermín Valdés Domínguez-, no lo eran en su mayoría de simpatizar con la causa independentista,  pues para nada estaban ajenos al ambiente de rebeldía que se respiraba en la Universidad. Ello explica también, el porqué hoy los retratos de los 8 estudiantes de medicina ubicados en el simbólico Salón de los Mártires de la Universidad de La Habana, con toda justicia, encabezan la larga lista de los caídos en las luchas del estudiantado universitario cubano.

Nuestro Apóstol José Martí, valoró lo ocurrido aquel 27 de noviembre de 1871 como uno de “los sucesos más tristes y fecundos de nuestra historia” y en bello poema titulado A mis hermanos muertos, expresó: “Cadáveres amados, los que un día/Ensueños fuisteis de la patria mía, / Arrojad, arrojad sobre mi frente/ Polvos de vuestros huesos carcomidos¡/ ¡Tocad mi corazón con vuestras manos¡ /Gemid a mis oídos¡ /Cada uno ha de ser de mis gemidos/Lágrimas de uno más de los tiranos¡ (…) ¡Y más que un mundo más¡ Cuando se muere/En brazos de la patria agradecida/ La muerta acaba, la prisión se rompe; /Empieza, al fin con el morir, la vida¡ (…)

Debemos agradecer hoy y siempre a Alejandro Gil, a su guionista Amilkar Salatti, y a todo el equipo de realización de Inocencia, por saldar esta deuda que desde el cine aun existía con este acontecimiento fundamental de nuestra historia, por este regalo al pueblo de Cuba que hoy tendremos el placer de disfrutar; también al ICAIC, el Ministerio de Cultura y la Oficina del Historiador de la Ciudad, por su inconmensurable apoyo para que este sueño fuera posible. Tengo la convicción, de que a partir de ahora, cada 27 de noviembre será vivido y homenajeado en nuestra Isla, en especial por los jóvenes, de una manera mucho más sentida, profunda y comprometida.

¡Muchas gracias¡

 

 

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