Símbolos patrios, memoria y tradición ética

En el carapacho de una tortuga, el triángulo rojo y la estrella solitaria. El quelonio, en su lento avance, deja un rastro de franjas azules y blancas. La imagen difundida en la blogosfera ilustró un comentario sobre alcances y retardos en cierta zona de la economía nacional. Se puede estar o no de acuerdo con el contenido de la polémica nota, pero la grotesca manipulación de uno de nuestros símbolos patrios no debe ser pasada por alto.

El uso y abuso de estos atributos ha sido un tema recurrente en los últimos tiempos. Existe un marco legal que define las características, la naturaleza y las normas para su utilización. En 1983 la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó la Ley no. 42 y luego en 1988 el Consejo de Ministros estableció el reglamento mediante el decreto no. 143. También sabemos que se dan pasos muy firmes para la actualización de la legislación vigente.

Vivimos, lamentablemente, momentos en que desde los centros hegemónicos del poder y con una irradiación a escala global se han trivializado los símbolos. Hay que ver una parada festiva en cualquier ciudad estadounidense y observar una lluvia de confetis con los colores de la bandera norteamericana y personas disfrazadas de Tío Sam montadas en zancos. Hay que ver caricaturas e imágenes distorsionadas de los padres fundadores de la nación.

En varios países de la región y en los propios Estados Unidos se han alzado voces contra el irrespeto a los símbolos patrios; dígase la proliferación indiscriminada en artículos de vestir y utensilios, y hasta su reproducción en prendas para animales domésticos.

Antes de fin de año, en una comparecencia televisada, Eusebio Leal alertó: «Existe una vulgarización de los símbolos nacionales a propósito con una idea absolutamente comercial por parte de personas que tergiversan un poco la necesidad y convierten en comercio lo que no es comerciable. (…) Imitando las malas costumbres de un comercio brutal que entra en el país no solo desde los Estados Unidos, sino desde cualquier otro lugar, traen de allí múltiples cosas que son de una vulgaridad extraordinaria y creo que no se puede responder a la vulgaridad con otra».

Por otra parte, el intelectual Fernando Martínez Heredia ha recordado cómo «gana cada vez más terreno a escala mundial la homogeneización de opiniones, valoraciones, creencias firmes, modas, representaciones y valores que son inducidos por el sistema imperialista mediante su colosal aparato cultural-ideológico. Una de sus líneas generales más importantes es lograr que disminuyan en la población de la mayoría del planeta —la que fue colonizada— la identidad, el nacionalismo, el patriotismo y sus relaciones con las resistencias y las revoluciones de liberación, avances formidables que se establecieron y fueron tan grandes durante el siglo XX. La neutralización y el desmontaje de los símbolos ligados a esos avances es, por tanto, una de sus tareas principales».

Nuestra relación con los símbolos patrios debe ser entendida, sin embargo, más allá de toda consideración formal. Cada uno de ellos representa un vínculo muy profundo con la memoria histórica y la tradición ética de la nación.

La manera en que los asumimos tiene mucho que ver con la conciencia cívica en que nos hemos educado. En tal sentido, vale tomar en cuenta el análisis formulado por Abel Prieto cuando llamó a discernir entre las «fuerzas, corrientes, tendencias que provienen de la cubanía, y se orientan en favor de la defensa de nuestro perfil nacional, de su completamiento y profundización» y otras «por fortuna minoritarias, que se nutren de una cubanidad castrada, parten de aceptar lo más superficial y externo de la cultura cubana para subordinarse en lo esencial y convertirse, de manera más o menos consciente, en cómplices de la desnacionalización de Cuba».

La bandera, por ejemplo, es mucho más que un objeto material. Lo que le confiere máximo valor transita por las vidas que se han entregado por ella, la épica que se ha consustanciado en su representación. Es un enunciado de la Patria; respetarla constituye un acto de confirmación ciudadana.

(Tomado de Granma)

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Un libro de trascendencia

En una ocasión el presidente Raúl Castro expresó “que fuimos capaces de hacer la historia pero incapaces de escribirla”. El excelente libro de Elier Ramírez y Esteban Morales, De la confrontación a los intentos de “normalización” (Editorial de Ciencias Sociales, 2014)  es un paso importante para llenar este vacío.

El libro, basado en un dominio de las fuentes secundarias estadounidenses y cubanas, así como en una rica muestra de documentos estadounidenses y también —lo que es una primicia—numerosos documentos cubanos, ana­liza los intentos de normalización durante las presidencias de Gerald Ford (1974-1977) y Jimmy Carter (1977-1981). Ambos son los únicos episodios —antes de Obama— en que hubo un intento serio para normalizar las relaciones entre los dos países. Hubo también un conato de intento bajo Kennedy, que Ra­mírez y Morales describen en el primer capítulo del libro.

Tanto bajo Ford como bajo Carter, África fue, como muy bien lo explican los autores,   “el escollo insuperable” que impidió la normalización entre EE.UU. y Cuba. Las negociaciones iban avanzando en 1975 cuando las tropas cubanas llegaron a Angola, desafiando a la URSS, que estaba en contra; desafiando a Sudáfrica que había invadido Angola y cuyas tropas se estaban acercando a Luanda; y desafiando a EE.UU., que estaba en impúdico contubernio con Pretoria. Fidel decidió intervenir porque sabía que la victoria del Eje del Mal —Washington y Pretoria— hubiera significado la victoria del apartheid, el reforzamiento del dominio blanco sobre los pueblos de África Austral. Quince años más tar­de, en un poco usual arranque de honestidad,

Henry Kissinger, secretario de Estado de EE.UU. en 1975, reconoció en el último volumen de sus memorias que Cuba había actuado por su propia iniciativa, planteándole a la URSS un hecho consumado. Fidel, dijo Kissinger, “era tal vez el líder revolucionario en el poder más genuino de aquellos momentos”.

Cuba salvó a Angola y EE.UU. se vengó parando en seco las conversaciones sobre la normalización de las relaciones. Después estas se reanudaron con Carter. Ramírez y Morales detallan esas conversaciones entre funcionarios estadounidenses y cubanos en 1977-1978 con un pincel hábil y profundo, utilizando tanto documentos cubanos como documentos norteamericanos, una hazaña excepcional que ningún otro historiador de estas conversaciones ha logrado, incluyendo al autor de estas líneas.

Una vez más, África fue “el escollo insuperable”. A finales de 1977 las tropas cubanas llegaron a Etiopía para ayudar a derrotar la invasión somalí. Lo que pasó parece Ma­condo: el gobierno de Carter fustigó a Cuba porque había enviado tropas para parar a un agresor que pretendió desmembrar a Etiopía, violando groseramente todas las normas del derecho internacional. Sin embargo, tal como la historiadora Nancy Mitchell lo demuestra en un libro magistral que habría que publicar en Cuba, el mismo Carter, ese presidente “bueno”, había alentado la agresión de So­malia contra Etiopía por un cálculo cínico, arraigado en la mentalidad de la guerra fría: Estados Unidos había perdido la alianza con Etiopía, cuyo gobierno simpatizaba con el bloque socialista, y por ende había que buscar la alianza con Somalia. La manera de conseguirlo era ayudando al presidente somalí Siad Barre en sus afanes de agresión. Años después, el mismo Carter le dijo a Nan­cy Mitchell: “Moralmente escogimos el lado equivocado porque apoyamos a Siad Barre quien invadió a Etiopía”. (Nancy Mitchell gra­bó la conversación con Carter, la cual duró más de dos horas, y yo tuve el privilegio de escuchar dicha grabación).

Pero más que Etiopía, el escollo insuperable fue Angola. Carter exigía que las tropas cubanas salieran de allí. Hasta la CIA reconoció que la presencia de las tropas cubanas “era necesaria para preservar la independencia de Angola”, amenazada por la Sudáfrica del apartheid, pero eso no bastaba para satisfacer el hubris imperial de Washington. Estados Unidos, que mantenía cientos de miles de soldados en los países de Europa Occidental para defenderlos de una muy teórica amenaza soviética, no permitía que Angola tuviera tropas cubanas para defenderse de una amenaza sudafricana muy real. Como muy bien le dijo Fidel a dos enviados de Carter en diciembre de 1978, Estados Unidos “parecía decir que existen dos leyes, dos sistemas de reglas y dos tipos de lógicas, una para Estados Unidos y otra para el resto de los países”, una triste verdad que arranca desde los tiempos de Thomas Jefferson y sigue hasta hoy.

Cuba rechazó el chantaje de Carter que con­dicionaba la normalización a la retirada de las tropas cubanas de Angola. Las presiones de Carter no cambiarían “la posición fir­me y ca­tegórica de Cuba,” le dijo al pre­si­dente Agos­tinho Neto, Jorge Risquet, el hombre de pun­ta de Fidel en Angola. “La presencia cubana en Angola es asunto que solo le incumbe a ambos países y no es objeto de ninguna ne­gociación entre Cuba y Es­tados Uni­dos”.  Cuando yo leo estas palabras no puedo evitar pensar en la deuda inmensa del pueblo angolano y de su gobierno con Cuba. Tam­bién pienso en Risquet, quien siempre me insistió que la política hacia An­gola la trazaban Fidel y Raúl, él solo cumplía con sus instrucciones. Pero hasta una gran política necesita a quienes la sepan ejecutar en el terreno. Para eso estaban hombres como Polo Cintra Frías en lo militar y Risquet en lo político. Además quisiera hacer una reflexión personal: para mi Risquet fue un hermano, durante más de dos décadas pude admirar la sabiduría, la inteligencia y la ho­nestidad de este magnífico revolucionario tan entregado a la causa y a sus líderes, Fidel y Raúl Castro.

El libro de Ramírez y Morales es una de las obras más importantes sobre la política exterior de la revolución cubana que ha sido publicada durante las últimas décadas en Cuba y afuera de Cuba. Los autores nos brindan magistralmente una prueba irrefutable de la nobleza y generosidad de la política ex­terior cubana. Su análisis es claro, riguroso y basado en los hechos.

*Piero Gleijeses es miembro correspondiente extranjero de la Academia de la His­toria de Cuba y profesor de política exterior de Estados Unidos en la Universidad Johns Hopkins en Washington.

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En #LaPupilaTv: Rescatamos una hora conversando con el Che. (+ video)

(Tomado de blog la pupila insomne)

Este jueves y el siguiente, 9.55 pm por Cubavisión, nuestro programa de televisión La pupila asombrada transmitirá. Por primera vez en televisión 47 minutos de conversación en español con el Comandante Che Guevara sobre economía, relaciones CubaEEUU, la continuidad de la Revolución aún sin Fidel al frente, el socialismo como alternativa al capitalismo y otros temas de impresionante actualidad.

Por su extensión, será un programa especial en dos partes a partir de la entrevista que realizara la periodista Lisa Howard para el canal de televisión norteamericano ABC del que solo salieron al aire 22 minutos doblados al inglés el 22 de marzo de 1964 y que se grabara originalmente en el despacho del entonces Ministro de Industrias de Cuba un mes antes.

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Claves del anticapitalismo y el antimperialismo hoy

Fidel Castro Ruz, líder histórico de la Revolución Cubana.

Fidel Castro Ruz, líder histórico de la Revolución Cubana, inspiración para los movimientos sociales y populares del mundo. Foto: Archivo.

El primer homenaje que recibió Fidel al morir fue una consigna de hoy, una invención de jóvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: “yo soy Fidel”. Así se demostró que Fidel es del siglo XXI, y que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible.

En esos días del duelo Fidel libró su primera batalla póstuma, y volvió a mostrarle a todos, como en 1953, el camino verdadero.

Hoy, cuando vamos a compartir acerca de los caminos de las luchas –porque lo verdadero son las luchas–, es natural comenzar con la ayuda de Fidel, y emular con sus ideas y sus actos para sacarles provecho, no imitándolos, sino traduciéndolos a nuestras necesidades, situaciones y acciones.

Para sacarle provecho a Fidel, tenemos que evitar repetir una y otra vez lugares comunes y consignas. Conocer más las creaciones y las razones que lo condujeron a sus victorias, las dificultades y los reveses que Fidel enfrentó, lo que pensó sobre los problemas, sus acciones concretas, puede aportarnos mucho, y de esa manera será más grande su legado.

En el tiempo de su vida pueden distinguirse tres aspectos: Fidel, joven revolucionario; el líder de la Revolución cubana y el líder latinoamericano, del Tercer Mundo y mundial Fidel brinda un gran número de enseñanzas, tanto para el individuo como para las luchas políticas y sociales. Quisiera enumerar muy brevemente algunas de las características de su legado que me parecen importantes para nuestros objetivos:

1-Partir de lo imposible y de lo impensable, para convertirlos en posibilidades mediante la práctica consciente y organizada y el pensamiento crítico,  conducir esas posibilidades actuantes hacia la victoria al mismo tiempo que se forman y educan factores humanos y sociales para poder enfrentar situaciones futuras, y mediante las luchas, los triunfos y las consolidaciones convertir las posibilidades en nuevas realidades.
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¿Qué cambia y qué se mantiene con el nuevo acuerdo migratorio entre Cuba y Estados Unidos?

Sergio Alejandro Gómez

Los cambios en la política migratoria de los Estados Unidos hacia Cuba estaban cantados desde que los viejos enemigos de la Guerra Fría emprendieran el camino de la normalización de sus relaciones bilaterales hace dos años.

No pocos cubanos se llevaron la seña y decidieron partir antes de que se cerraran a cal y canto las puertas del sueño norteamericano, las mismas que estuvieron abiertas para todos aquellos en la Isla dispuestos a arriesgar sus vidas en el mar o en peligrosas travesías por tierra a lo largo de América Latina.

Una noticia que afecta los planes de decenas de miles de personas y que tiene el potencial de desatar una avalancha humana, no se anuncia con antelación. De ahí que el mundo conoció del fin de los privilegios migratorios de los cubanos en Estados Unidos en el mismo momento que llegaban a su fin, ocho días antes de la salida de Barack Obama y la llegada a la Casa Blanca del magnate republicano Donald Trump.

Aunque cualquier cambio en las relaciones entre La Habana y Washington pasa por una maraña de legislaciones que se superponen , el giro en este caso es de 180 grados. Muchos aspectos de la política anterior cambian mientras otros, como la Ley de Ajuste Cubano de 1966, permanecen inmutables.

Diario del Deshielo comparte con sus lectores una lista de lo que se va sacando en claro respecto al alcance de lo acordado este jueves entre Cuba y Estados Unidos.

LO QUE CAMBIA

 

  1. Se elimina la política de pies secos-pies mojados

La derogación de la política de pies secos-pies mojados, establecida en 1995 por el presidente demócrata Bill Clinton, es el fin de una época marcada por las esperanzas de millones de personas que decidieron abrirse camino en Estados Unidos, pero también por muerte y dolor en el Estrecho de la Florida.

El concepto de pies mojados se refería aquellos balseros interceptados en el mar que eran devueltos a Cuba en un procedimiento expedito entre los guardacostas de ambos países.

En cambio, los pies secos son aquellos que llegan a territorio estadounidense por cualquier vía y sin importar el medio utilizado. El procedimiento estándar hasta este martes era facilitar los trámites de Parole (entrada bajo palabra) para garantizar a todos su acceso a la Ley de Ajuste.
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“La revolución no es tarea de un hombre, es tarea de un pueblo.”

 

 Por Fidel Castro

 (Tomado del blog La Pupila Insomne)

Como un adelanto de varios materiales de video que estamos trabajando para nuestro programa La pupila asombrada compartimos estos fragmentos inéditos de un diálogo de extraordinaria actualidad que sostuvo  el Comandante en Jefe Fidel Castro en febrero de 1964 con la periodista Lisa Howard para un documental de la televisora norteamericana ABC. Para la traducción -Fidel responde todas las preguntas  en inglés- contamos con la inestimable colaboración de la compañera Esther Pérez. 

Fidel en diálogo con Lisa Howard

Fidel en diálogo con Lisa Howard

Lisa Howard: Quiero preguntarle algo sobre los intentos de asesinato, porque ese fue un tema la otra semana. A menudo se leen informes de atentados contra su vida. ¿Teme por su vida?

FC: Por ejemplo, en la Unión Soviética nunca se leen esas cosas, porque nadie quiere matarme. En los Estados Unidos hay muchos contrarrevolucionarios y varias personas a las que les gustaría enterarse de que me han matado. Confunden sus deseos, sus ilusiones, con la realidad. Pero hasta este momento he vivido cinco años en medio del pueblo y nadie me ha disparado. Me siento seguro, no estoy preocupado. Y es mi trabajo. Fíjese qué paradoja: en los Estados Unidos el presidente se sentía seguro, absolutamente seguro. Estoy seguro de que el gobierno de los Estados Unidos tomaba muchas más medidas para su seguridad personal de las que tomo yo. Y la noticia de que el presidente de los Estados Unidos había sido asesinado fue una sorpresa. Para nadie en Cuba fue una buena noticia, porque, sinceramente, podemos ser enemigos políticos, pero no deseamos la muerte de nadie. En cierto sentido, nos sentimos como cuando tiene un oponente y este desaparece: uno no se siente satisfecho. En cierto sentido, eso fue lo que sentí: un oponente que desapareció de una manera con la que no podemos estar de acuerdo. Bueno, creo que mucha gente querría que me mataran. Todo el mundo está llamado a morir más tarde o más temprano. ¿Hay alguien que no lo sepa? Nosotros lo sabemos muy bien. Mientras vivamos, trabajamos, cumplimos nuestra tarea. Y estamos satisfechos, felices, no estamos preocupados por eso.

LH: Si algo le sucediera, ¿cuál cree que sería la suerte de la revolución cubana?

FC: Al principio, mi muerte podría haber sido un golpe muy duro para la revolución, pero ahora no. Tenemos cinco años, tenemos una organización, tenemos varios hombres con condiciones extraordinarias para conducir el país. Estoy absolutamente seguro de que no pasaría nada. Yo puedo darle a la revolución mi experiencia. Todos nosotros hemos aprendido durante estos años. Yo tengo cierta experiencia. Ayudo a la revolución con mi experiencia, pero puede estar segura, como yo lo estoy, de que no pasaría nada. Por supuesto, no queremos hacer la prueba, pero no estamos preocupados. Sinceramente, eso no nos preocupa. Una revolución no es tarea de un hombre. Una revolución es tarea de un pueblo. Y la gente se une en las situaciones difíciles y elige un jefe en las situaciones difíciles. Ninguna revolución ha desaparecido porque desapareciera el jefe. No quiero hacer comparaciones. Soy el líder de un país pequeño, de una pequeña revolución. Pero piense en una gran revolución, la revolución soviética. En una situación muy difícil, mucho más difícil que la muestra, Lenin murió, y la revolución continuó. La revolución no es tarea de un hombre, es tarea de un pueblo.

LH: ¿Quién asumiría el poder?

FC: Esta no es una monarquía y no hay una decisión sobre eso. Al principio, cuando entendía que era un peligro para la revolución que me mataran, mencioné a Raúl. Pero ese es un problema que deberá resolver la dirección colectiva de la revolución. Tenemos muchos hombres. Como ve, tenemos un presidente, yo soy el primer ministro. Mi tarea es política y le doy impulso a muchas cosas. Pero tenemos un presidente, un consejo de ministros, un partido político, la dirección del partido político. En esa situación, la dirección nacional de nuestro partido designaría un primer ministro para llevar adelante la tarea que yo realizo. Aquí en Cuba, los principales problemas políticos se discuten en el seno de nuestra dirección. Todos los problemas importantes. Nunca tomo una decisión personal. Oigo las opiniones de todos, y cuando todos llegamos a un acuerdo, tomamos la decisión.

LH: Doctor Castro, ¿existe alguna posibilidad de que esta revolución pueda tomar otra dirección, esto es, volver a ser una democracia, celebrar elecciones libres, asumir muchas de las ideas que usted proclamó en la Sierra Maestra?

FC: A un ciudadano común de los Estados Unidos no le resulta fácil entender esos problemas. Ustedes tienen una idea de la democracia, nosotros tenemos nuestra idea de la democracia. Hay muchos ejemplos. Por ejemplo, podría hablar del desempleo, de los negros en los Estados Unidos, los que viven en el Sur de los Estados Unidos No se les puede hablar de democracia a muchos pobres, a muchos infortunados que viven en los Estados Unidos. Para ellos, la democracia es una formalidad. Ustedes tienen dos partidos, ambos controlados por la oligarquía y le llaman a eso democracia. En la antigua Atenas, en Grecia, hablaban de democracia, democracia, y había miles de esclavos. Y hablaban de democracia. Los Estados Unidos tienen muchos intereses en todo el mundo. En la América Latina y en el resto del mundo, sus compañías hacen trabajar muy duro a millones que carecen de derechos, no tienen un nivel de vida, educación, asistencia médica. Y ustedes hablan de su democracia. Es por eso que no es fácil, pero un día entenderán nuestra idea de la democracia.lisa-en-el-suelo-conversando

LH: Doctor Castro, todas las personas con quienes hablamos que se oponen a usted, dicen que lo hacen porque pensaron que iba a hacer una revolución democrática, y en lugar de ello hizo una revolución comunista.

FC: Cuando dicen revolución democrática quieren decir revolución capitalista, revolución de libre empresa, influencia en Cuba de los monopolios. Piensan en sus intereses de clase, no en los obreros, en los campesinos, en los negros, en los estudiantes, en los intelectuales. Piensan en su interés material. Es a eso a lo que llaman democracia. Batista decía que él era democrático. Todos los ricos, los latifundistas, hablaban de democracia. Eso es lo que entendían por democracia. Lincoln dijo que la democracia es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. La revolución también es el gobierno que toma el poder con el pueblo y toma medidas para el pueblo. Nadie puede negar que nuestro gobierno es un gobierno honesto. Hemos desterrado todo tipo de vicios de nuestra sociedad, todo tipo de robos, malversaciones. Y todas las medidas que se toman son para ayudar al pueblo. Hemos hecho muchas cosas para el pueblo. Un millón de cubanos no sabía leer y escribir, ahora saben. Todo el mundo en Cuba tiene la educación garantizada. Todo el mundo tiene empleo asegurado, la posibilidad de estudiar. Todo el mundo: blancos, negros, todo el mundo en Cuba. El pueblo lo siente. Así que tiene que analizar profundamente el problema de Cuba para entenderlo. Ahora bien, no hemos formalizado varias cosas. Tenemos que darles forma a varias cosas, que institucionalizarlas. No hemos tenido tiempo para hacer tantas cosas en estos cinco años.

LH: Hemos visitado muchas de las escuelas y encontramos una uniformidad extraordinaria. Los niños parecen responder de memoria. Parece haber una buena dosis de adoctrinamiento marxista. Parece haber muy poco pensamiento independiente. ¿Eso le preocupa?
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Un instrumento de lucha

 

Hassan Pérez Casabona⃰

Justo al mediodía del miércoles 17 de diciembre del 2014 un anuncio estremeció a la opinión pública internacional: Estados Unidos y Cuba decidían restablecer relaciones diplomáticas y comenzar así un nuevo tipo de vínculos.

La propia jornada (minutos antes de ese planteamiento, cuya génesis radicó en el reconocimiento del presidente Barack Obama de que la política implementada por sus país hacia la Mayor de las Antillas a lo largo de más de cincuenta años fracasó), el pueblo cubano vibró de emoción al escuchar al General de Ejército Raúl Castro Ruz informar que regresaron a la patria, Gerardo, Antonio y Ramón, completando así la presencia entre nosotros de los Cinco Héroes Antiterroristas.

Fue precisamente por el retorno de esos jóvenes, los cuales representan los mejores valores del socialismo, que toda la nación libró una heroica lucha -a la que se sumaron  millones de voces en el planeta- desde que el Comandante en Jefe sentenció en la Tribuna Abierta del Cotorro, el 23 de junio del 2001: “Solo les dio una cosa: ¡Volverán!”

El 20 de julio del 2015, con la enseña nacional ondeando en el cielo estadounidense a partir de la reapertura de nuestra embajada en Washington, y más tarde el 14 de agosto, con la ceremonia equivalente efectuada por las autoridades norteamericanas para reabrir la sede cerrada por ellos el 3 de enero de 1961 -cuando el presidente Eisenhower decidió romper unilateralmente los nexos oficiales con Cuba-, concluyó la primera parte de ese proceso y echó a andar una etapa más compleja, dada en llamar por políticos y expertos como el camino hacia la normalización entre ambas naciones.

Desde el instante inicial nuestros dirigentes dejaron claro que, como mismo EE.UU. debió excluirnos de la injusta y arbitraria lista en la que nos consideraba desde 1982 como país  patrocinador del terrorismo internacional -aspecto clave para el restablecimiento de las relaciones-, resultaba imprescindible la solución de determinadas cuestiones, para asegurar la efectividad de esos lazos.

En esa línea debía eliminarse el bloqueo comercial, económico y financiero que pesa sobre nuestras vidas, oficialmente desde la proclama 3447 firmada por el presidente Kennedy en febrero de 1962, pero puesto en práctica casi desde el triunfo mismo revolucionario. Asimismo tenían que cesar las trasmisiones radiales y televisivas diseñadas contra nosotros -en desacato a todas las regulaciones internacionales sobre telecomunicaciones- al igual que los instrumentos concebidos para fomentar la subversión interna.

De igual manera nuestro pueblo debe recibir las compensaciones correspondientes por los daños materiales y humanos ocasionados por el bloqueo; violatorio de cuanta convención y tratado existe, los cuales consideran privar de alimentos y medicamentos, incluso en época de confrontaciones bélicas, como crímenes de lesa humanidad.

Otro asunto cardinal es la devolución del territorio que ocupan ilegalmente en la provincia de Guantánamo, donde tienen enclavada una Base Naval contra la voluntad del pueblo y gobierno cubano.[1]

Relacionado con  este último tema tuvo lugar la presentación del texto Base Naval en Guantánamo: Estados Unidos versus Cuba, de la autoría de Ernesto Limia Díaz, Elier Ramírez Cañedo, Harold Bertot Triana y René Gonzalez Barrios, cuatro investigadores cubanos de diferentes generaciones.

La obra es uno de los múltiples empeños de la editorial Ocean Sur por divulgar las mejores ideas relacionadas con la lucha revolucionaria, y el pensamiento descolonizador, propósito en el que descuellan numerosos materiales sobre el Comandante en Jefe Fidel Castro y el Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara.

Los Héroes de la República de Cuba, Gerardo Hernández Nordelo y Fernando González Llort, tuvieron a su cargo las palabras introductorias al volumen, en una actividad desarrollada en la sede del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” (ISRI) ante un público mayoritariamente joven, que incluyó a estudiantes de la academia diplomática de Haití.
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