El paranoico Aleaga

         

Esteban Morales

UNEAC

En realidad emplear dos cuartillas  y el esfuerzo de escribirlas, para en la práctica no decir nada, es perder el tiempo.

Yo no tengo  tanto  que decir a favor de  mis  amigos y colegas, Arboleya, Parodi y Alzugaray, ellos  son  más que suficientes para hacerlo si lo desean. Solo debo decir, que de donde salieron, donde trabajan y en que otros lugares prestan sus servicios, no me importa,  ni preocupa, lo que me  interesa es que son tres personas que dominan el tema académicamente y  que poseen   una gran experiencia política. Cualidades de  las cuales, Usted no  posee  ninguna. Solo por lo que ha escrito,  es fácil deducir su incapacidad.

Aunque  señor Aleaga no las comparta, se dijeron muchas cosas interesantes  y cada uno de los participantes, puso su grano de arena  para  que la actividad quedara bien. Sin embargo, usted, no dijo nada, ni antes, ni ahora. Solo se dedica a descalificar la actividad, a los ponentes  y  lo que se dijo, con una gran dosis de ignorancia, en el tema  sobre todo.

No creo que ninguno  de los participantes, estuviese allí para perseguir al Sr. Aleaga. Ninguno pierde el tiempo en esas boberías. Esa idea solo puede venir de un  complejo  de persecución mal  encaminado. De alguien que se   autoconsidera tan importante como para que lo persigan. Tal parece que Usted busca la persecución para sentirse importante.

Lo que sí es evidente es que al Señor Aleaga, no le gustó lo que allí se dijo, le molestó  y su intención no es otra,  que la de desprestigiar la actividad. Contando con una casi nula posibilidad  para hacerlo. Porque no  se preocupó  siquiera  por saber  ni cuál es su nombre. Para su información, se llama “Dialogar, dialogar” y es auspiciada por la Asociación Hermanos Saiz. Una  organización que goza  de bastante prestigio entre los jóvenes del país. El moderador era Elier Ramírez Cañedo,  Dr. en Ciencias Históricas.

De ser un poquito más  avispado, el Sr, Aleaga, hubiera podido utilizar su tiempo para oponerse, cuestionar, preguntar,  discutir y debatir abiertamente, tal y  como lo hicieron varios de los que allí estaban. Sin temores y abiertamente. Allí, al parecer,  el único temeroso era usted.

Pero el Sr. Aleaga  no tiene más que para hacer, lo que ahora hace, al estilo “gatica mariaramos”. Tirando la piedra y escondiendo la mano. Además, su artículo, que es  realidad  un  deficiente  informe sobre la reunión, carece de toda  lógica, tanto en el orden de las intervenciones, como de  lo que se dijo, las respuestas a las preguntas, etc. No se busca usted la vida haciendo informes. Los  que lo apadrinan, si es que los tiene,  deben saber  que no pueden  guiarse por sus informes para saber lo ocurrido donde ellos  no  participen de manera directa.

Además, si como Ud. dice allí no estuvo parte de la sociedad civil,  fue porque no le dio la gana, pues la promoción fue amplia y la asistencia era abierta y gratuita. Además, Sr. Aleaga para usted ¿Qué es la sociedad civil? Deben  ser, los que como usted van a cuestionárselo todo a espaldas de los ponentes, a mirar si los están persiguiendo  y después escribir un bodrio  como el  que usted ha escrito. Sin haber tenido la más mínima valentía de abrir la boca cuando tuvo la oportunidad. Porque allí no se le negó la palabra a nadie.

El Sr. Aleaga, empleó tanto tiempo en ver si estaba siendo vigilado, que se quedó sin decir nada. Ahora lo hace, escudándose  en un artículo en el cual no expresa ninguna idea que tenga valor. Qué manera tan tonta de perder el tiempo Sr. Aleaga. Acaso Ud., cree que ofende a los ponentes diciéndoles oficialistas, representantes del gobierno y todas esas tonterías. Esos calificativos que usted utiliza son a los que llamamos nosotros  “Bohemia Vieja”. Si desea hacer críticas, debiera comenzar por actualizar su lenguaje.

Los compañeros Arboleya, Alzugaray,  Parodi, y el que escribe,  estuvimos allí, expusimos abiertamente nuestras opiniones, respondimos francamente  a las preguntas y le hicimos el honor que la actividad merecía. Usted fue el que solo se preocupó, de manera paranoica, por  saber quiénes  lo vigilaban. Así, mejor se queda en su casa, se ahorra hacer el ridículo  y  le deja la silla a otro que le saque más provecho.

¡Qué fácil se gana Ud. la vida Sr. Aleaga¡

 

Diálogo entre segurosos

Julio Antonio Aleaga Pesant

Estaba sentado en la primera fila del foro que participó en el último Dialogo de Generaciones, el pasado 31 de julio por la tarde, en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, cuando recibí un mensaje en el móvil: “El tipo y amigos de la última fila del medio hace rato estaban nerviosos siguiéndote con los ojos. El finalmente se sentó al lado tuyo para ver tus fotos”.

 

El número del remitente no me era conocido, por lo que miré hacia atrás para ver quién me alertaba de ese cáncer que es la policía política detrás de uno. Saludé a un par de amigos, pero ninguno me contestó con la señal de que eran ellos los que me alertaban, por lo que estiré mis piernas y me fijé en que ciertamente el hombre canoso del pulóver de rayas rosadas y blancas, sentado a mi lado hacia poco y de manera un poco incómoda, bien podría ser el motivo de la alerta recibida.

 

El Dr. Esteban Morales, junto a los también doctores Carlos Alzugaray y Jesús Arboleya, formaron el prestigioso panel de académicos progubernamentales, que me llevó hasta aquel lugar esa calurosa tarde de julio.

 

Diálogo de Generaciones es un espacio creado por la Asociación Hermanos Saiz (AHS), para conversar de diferentes temas de interés para la UJC, para adoctrinar a sus jóvenes líderes. En esta oportunidad abordaba las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba.

 

El Dr. Carlos Alzugaray, reconocido diplomático con más de 50 años de carrera, consideró como positiva la actuación del actual gobierno norteamericano en sus relaciones con Cuba. Usó como matriz de opinión la frase, “no todo es subversivo en las acciones del gobierno norteamericano”. Quizás fue para rebatir a la constante amenaza que el Dr. Esteban Morales ve en cada paso que da la administración Obama.

 

El Dr. Arboleya, a la izquierda del panel, se dedicó, a mitad de camino entre las posiciones de los otros dos ponentes, a comentar sobre el rol de la comunidad cubana en EE. UU., y la posibilidad de estimular políticas más beneficiosas para el gobierno cubano, aprovechando las oportunidades creadas por la actual administración demócrata.

 

El ex coronel de la Inteligencia del MININT, Ramón Sánchez-Parodi, primer jefe de la Sección de Intereses de Cuba en los Estados Unidos (1977-1989) y principal negociador cubano en las relaciones con el vecino del norte, intervino desde el público. Refirió una larga e inacabable anécdota. Al terminar el encuentro, alguien comentó que su intervención fue como un “sabotaje” a la discusión.

 

Del público también intervinieron un joven investigador de uno de los centros de estudios del Comité Central, un periodista independiente, un bloguero, una periodista oficial, un profesor de Instituto Superior de Turismo y otro de la Universidad de La Habana. La mayoría de las preguntas e intervenciones fueron menores y en la línea de los panelistas.

 

En la “orilla polémica” se establecieron el periodista y el bloguero independiente. El periodista y también escritor estableció la diferencia necesaria entre la política norteamericana hacia el gobierno y la sociedad. Su intervención fue respondida con otro atrincheramiento del Dr. Morales. El informático por su parte, cuestionó las diferencias políticas entre un gobierno democrático que tuvo once presidentes, en los que Cuba solo tuvo dos, y si el gobierno cubano tenía preparada su agenda, si se diera la oportunidad de una negociación, lo que fue respondido de manera retórica.

 

Es plaudible la iniciativa de la AHS del Diálogo de Generaciones. Es un espacio para discutir ideas que nos lleven a la transición democrática. Pero, apunto:
Primero- Si entre los ponentes todos tienen la misma visión y pertenecen a la misma generación, como fue, se corre el riesgo de que se convierta más en el monólogo de una generación que en un diálogo.


Segundo- La baja o nula asistencia de los miembros de la sociedad civil y pensadores prodemocráticos, a veces tan activos en “coger la calle”, impide el intercambio racional de ideas en estos “espacios neutrales”, y deja el terreno de la discusión y el racionamiento en manos de los que apoyan al gobierno.

 

Por último, me surge una duda: si los segurosos no estaban por mí allí, pues nadie sabía que yo iría, ¿a quién vigilaban antes de mi llegada? ¿A los académicos o a los jóvenes del público? ¡Uhmmm! ¡Qué extraño está eso! ¿Es un diálogo de segurosos?

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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